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Full text of "México en 1554. Tres diálogos latinos que Francisco Cervántes Salazar escribió é imprimió en México en dicho año"

íSá^^üsm 





IN MEMORY 

OF 

aibert (Bortón (5rcenc 

OF THE ClASS OF 1820 
FUND GIVEN BY 

Samuel Cotftn Bastman 

OF THE CLASS OF 1857 



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BOOKS 

ABOÜT 

MÉXICO 









MÉXICO EN 1554 



DIÁLOGOS 



Francisco Cervantes Salazar, 



I 



DE ESTE LIBRO 

SE HAN IMPRESO CIENTO SESENTA Y CINCO EJEMPLARES EN PAPEL COMÚN 

Y QUINCE EN PAPEL MARQUILLA. 



Nüm,:.lo...Q.. 



IMPRESO POR F. DÍAZ DE LEÓN Y S. WHITE. 
Calle de Lerdo núm. 2. 



M[ÉXICOENi554 



TRES DIÁLOGOS LATINOS 

QUE 

Francisco Cervantes Salazar 

ESCRIBIÓ É IMPRIMIÓ EN MÉXICO 

EN DICHO AÑO. 



LOS REIMPRIME, CON TRADUCCIÓN CASTELLANA 



JOAQUÍN garcía ICAZBALCETA 

Individuo de Número de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística , 

Miembro Correspondietite 

de las Reales Academias Española y de la Historia, de Madrid. 




MÉXICO 

L DE AnD] 
e Agustinos 

1875 



Antigua Librería de Andrade y Morales, 

Portal de Agustinos núm.3. 



et^i 



AL SEÑOR 



DON ¡OSE MARÍA ANDRADE 



EN TESTIMONIO 
DE ANTIGUA, SINCERA Y NUNCA INTERRUMPIDA AMISTAD, 



Joaquín García Icaxbalceta. 



H77¿1? 



s 



NOTICIAS 



DEL AUTOR Y DE LA OBRA, 




L ilustre bibliotecario español D. Nicolás Anto- 
nio anduvo tan escaso de noticias de nuestro 
Francisco Cervantes Salazar, que no pudo 
decir de él otra cosa, sino que nada sabia : nescto 
quis, aut unde oriundas. El diligente académico 
D. Francisco Cerda y Rico, que en 1772 reim- 
primió las obras de Cervantes, nos dio en el pró- 
logo unos incompletos apuntes biográficos del autor, sin mencionar 
para nada su traslación á México. Aunque son pocos los datos 
que he podido recoger por otras partes, sirven, sin embargo, para 
ampliar algo las noticias deCerdá y Pvico. (i) 

No queda duda de que Cervantes nació en Toledo; pero no es 
posible señalar con certeza la fecha de su nacimiento. Creí, y 
aun así lo dije (2), que podia fijarse la de 1521, porque su maes- 
tro Venegas, en el Prólogo de las Obras impresas en 1546, dice 
que ((siendo (Cervantes) de edad de veinticinco años, ha tirado la 
((barra sobre más de cuarenta.)) Pero no tardé en reflexionar dos 
cosas: la una, que aun cuando ese prólogo se imprimió en 1546, 



1 Copio al fin, literalmente, los pasajes de los autores que me han 
servido para formar esta biografía. Así pongo al lector estudioso en ap- 
titud de juzgar si he entendido mal ó desperdiciado algún dato. A estas 
noticias hay que agregar las pocas que se encuentran esparcidas en los 
Diálogos que á continuación se reimprimen. 

2 Diccionario Universal de Hisioria y de Geografía, tom. II, pág. 305. 



Vril NOTICIAS 

no es seguro que se escribiera ese año, en que acaso habia ya muerto 
Venegas; la otra, que de las palabras de este no se infiere de una 
manera absoluta que al tiempo que él escribía tuviese Cervantes 
los veinticinco años, sino que cuando tenia esa edad habia aven- 
tajado á otros mayores; si bien es verdad que las palabras «ha 
«tirado,)) reducen la latitud de tal interpretación, pues designan 
una época no muy lejana. La necesidad de atrasar el nacimiento 
de Cervantes se confirma al ver que en la Descripción del Arzo- 
bispado de MéxicOy hecha en 1570, se le llama «hombre viejo;)) 
calificación que no seria propia, si el que era objeto de ella hu- 
biera nacido en 1521, pues solo tendría entonces cuarenta y nueve 
años. El Sr. Arzobispo Moya de Contreras decia después, en 
1575, que nuestro Cervantes tenia «más de sesenta años, )) lo cual 
nos lleva á fijar su nacimiento antes del año de 151 5. Esta fecha, 
lejos de oponerse á alguna otra de las que tenemos bien conocidas 
en su vida, se ajusta mejor con ellas que la de 1521. No parece 
probable que á los veinticinco años tuviera ya hechos sus estudios 
de humanidades, y ademas de haber viajado fuera de su pais, hu- 
biera escrito y publicado el volumen de sus obras, en que algunas 
circunstancias revelan que el autor gozaba ya de cierta considera- 
ción en la sociedad, y en cuyo prólogo consta que tenia escritas 
otras. Beristain dice que Cervantes nació «á principios del siglo 
« XVI ; )) y por poco que nos contente tan vaga designación, es ne- 
cesario conformarnos con ella, porque no hay datos para precisarla 
más. El maestro Venegas alude á la nobleza de los ascendientes 
de Cervantes; pero sin duda esa nobleza no iba acompañada de 
los bienes de fortuna, á juzgar por los empleos que desempeñó 
nuestro autor. 

Discípulo fnuy querido de Vives fué Cervantes, si hemos de creer 
á Beristain; pero este testimonio único, me parece muy debili- 
tado, ó más bien destruido, por el argumento negativo que ofrecen 
los escritos del mismo Cervantes. Respetaba y admiraba á Vives; 
tradujo su Introducción y Camino para la Sabiduría, comentó y con- 
tinuó sus Diálogos, y ni en la dedicatoria de aquella obra, ni en 
lugar alguno de esta, ni en ningún otro escrito suyo que conozca- 
mos, se vanagloria de haber sido discípulo del sabio valenciano: 
cosa, que á ser cierta, no habría dejado de mencionar para honra 
propia. El pasaje de la Fida de Vives, puesta al frente de los Diá- 
logos, solo prueba que tenía amistad con él; y su silencio en oca- 
sión tan oportuna para decir que le había tenido por maestro, es 
una prueba de lo contrario. 

Mas si Cervantes no fué discípulo de Vives, fuélo indudablea 
mente del sabio y piadoso Alejo de Venegas (i), que en su patri- 

I Alejo de Venegas (ó de Vanegas) de Busto fué natural de Toledo 



DEL AUTOR Y Uli LA OBRA. IX 

Toledo buscaba, por medio de la enseñanza, la subsistencia de su 
numerosa familia. Del aprovechamiento de Cervantes, sobre todo 
en la lengua latina, da testimonio el mismo Venegas en el prólogo 
á las obras del discípulo, de quien sabemos también, que estudió 
cánones en Salamanca. 

La preponderancia de España en aquel siglo y la grande ex- 
tensión de sus dominios, eran causa de que los jóvenes españoles 
viajaran á menudo por diversos paises, en especial por Italia y 
Flandes, unos para instruirse, otros para buscar fortuna en las ar- 
mas ó en los empleos civiles, y agregados otros al servicio de los 
personajes que pasaban á desempeñar cargos en las provincias su- 
jetas á la corona. Nuestro Cervantes fué de estos últimos, y pasó 
á Flandes, ignórase con qué carácter, en compañía del Lie. Girón. 
No he podido fijar la fecha de este viaje, ni su duración, y solo 
hallo que de regreso á su patria ejercía ya Cervantes en 1540 el 
empleo de secretario latino del cardenal D. Fr. García de Loaysa, 
general de la orden de Sto. Domingo, obispo de Osmay deSigüenza, 
arzobispo de Sevilla, consejero de Estado, comisario de Cruzada, 
inquisidor general, y sucesor del arzobispo Fonseca en la presi- 
dencia del Consejo de Indias. Ocupaba todavía Cervantes este 
empleo el 25 de Agosto de 1 545 ; mas parece que le había dejado 
antes del 22 de Abril del año siguiente, fecha del fallecimiento 
del cardenal, porque precisamente se estaban imprimiendo enton- 
ces en Alcalá las obras de Cervantes, y no hace en ellas mención 
alguna del protector que acababa de perder. En 1550 era el au- 
tor catedrático de retórica en la universidad de Osuna, y hay quien 



y floreció en la primera mitad del siglo XVI. Estudió teología, con in- 
tención de abrazar el estado eclesiástico; pero mudado luego el propó- 
sito, se casó, y abrió en Toledo una escuela de latinidad y letras huma- 
nas. No sé en qué año falleció. D, Nicolás Antonio i^Bibl. Hisp. Ahva, 
tom. I, pág. 8), Juan Ginés de Sepúlveda (Epist. 3, lib. VII, apud Opera, 
tom, III, pág. 331) y otros, hacen grandes elogios de su erudición. Es- 
cribió varias obras, entre ellas la intitulada Diferencias de Libros que hay 
en el Universo, la cual no es, como pudiera creerse por su título, una 
crítica literaria, sino un tratado de filosofía, acerca del modo de leer en 
los libros de Dios, que son la Naturaleza, el Hombre y el Cristianismo. 
También escribió la Agonía del tránsito de la Mtiei'te, con los Avisos y 
Consuelos que cerca della son provechosos. Ticknor creyó que la primera 
edición de esta obra era la de Alcalá, 1574, en 8?; pero es, cuando me- 
nos, la tercera, pues en el Catalogus del Marqués de Morante se cita una 
de Alcalá, 1565, en 4?, y yo tengo una de Toledo, Juan de Ayala, 1547, 
en 4? fiot., que debe ser la primera, aunque la dedicatoria y demás prin- 
cipios tienen la fecha de 1537. Después se reimprimió por cuarta vez 
en Valladolid, 1583, en 8? Lo más curioso de esta obra es la Breve de- 
claración de las sentencias y vocablos oscuros, que lleva al fin, formando 
un libro separado, y cuya dedicatoria está fechada en Toledo á 31 de 
Octubre de 1543. 



NOTICIAS 



diga que fué profesor en la de Alcalá. Es noticia de Beristain, 
quien, al parecer, la tomó, con otras, de la Crónica de la Univer- 
sidad de México f escrita por Cristóbal Plaza: obra que disfrutó 
nuestro bibliotecario, y que hoy, por desgracia, ya no se encuen- 
tra; pero es ciertamente extraño, que haciendo el mismo Cer- 
vantes, en sus Diálogos, mención expresa de haber enseñado retórica 
en una universidad menor, como era la de Osuna, callara la cir- 
cunstancia, más honrosa para él, de haber sido profesor en la in- 
signe Complutense. Es de creerse, sin embargo, que hubo de 
residir en aquella ciudad, pues allí hizo imprim.ir sus obras. 

La vida de nuestro autor se divide naturalmente en dos partes : 
el tiempo que pasó en España, y el que residió en México. Antes 
de entrar á referir lo que se sabe de este período, terminaremos 
lo tocante al primero con la noticia de las obras que Cervantes 
publicó en España. 

Estas obras no son de grande extensión, ni le pertenecen sino 
en parte. Redúcese todo á un tomo en 49 impreso en Alcalá de 
Henares, por Juan de Brocar, hijo del célebre Arnaldo Guillen de 
Brocar, impresor de la Poliglota Complutense. Tuve una vez á 
la vista esa edición original; mas descuidé anotar la descripción 
de ella. Me guio ahora por la reimpresión que D. Francisco Cerda 
y Rico hizo en 1772, en casa de D. Antonio de Sancha, también 
en un tomo en 4? 

El título de la antigua edición, que Cerda compendió en la 
nueva, era como sigue: (i) 

(( Obras que Francisco Cervantes de Salazar ha hecho, glossado y 
«traduzido. La primera es un Diálogo de la Dignidad del Hombre, 
«donde por manera de disputa se trata de las grandezas y maravi- 
«llas que hay en el hombre, y por el contrario de sus trabajos y 
«miserias, comenzado por el maestro Oliva, y acabado por Fran- 
(c cisco Cervantes de Salazar. La segunda es el Apólogo de la 
«Ociosidad y el Trabajo, intitulado Labricio Portundo, donde se 
«trata con maravilloso estilo de los grandes males de la ociosidad, 
«y por el contrario de los provechos y bienes del trabajo, com- 
« puesto por el protonotario Luis Mexia, glosado y moralizado 
«por Francisco Cervantes de Salazar. La tercera es la Litroduc- 
«cion y Camino para la Sabiduría, donde se declara qué cosa sea. 



I Se ha rectificado este título conforme al n? 158 de las Adiciones á 
la Biblioteca Americana Vetiistissima. El autor ( Mr. Heury Harrisse ) 
incluyó las Obras de Cervantes Salazar entre los libros relativos á Amé- 
rica, solo por la epístola dedicatoria á Hernán Cortés. Hay en ese ar- 
tículo algunas inexactitudes, como decir que en México se proyectaba 
hacer una reimpresión de las obras de Cervantes. De lo que hablé varias 
veces al autor fué de la reimpresión de estos Diálogos. 



DEL AUTOR V DE LA OBRA. XI 

«y se ponen grandes avisos para la vida humana, compuesta en la- 
ce tin por el excelente varón Luis Vives, vuelta al castellano con 
«muchas adiciones que al proposito hacian, por Francisco Cer- 
(( vántes de Salazar. » 

Cada obra tiene portada y foliatura particular. La primera está 
dedicada á Hernán Cortés, por medio de una epístola, llena de 
elogios al Mecenas, como era natural, pero que no ofrece circuns- 
tancia alguna por donde merezca que la copiemos aquí. La parte 
que añadió Cervantes á la obra de Oliva es mucho mayor que ella, 
y tanto, que en la edición de Cerda, el Diálogo de Oliva ocupa 
44 págs., y la continuación de Cervantes 127. 

La segunda obra es el Apólogo de la Ociosidad y el Trabajo, por 
el protonotario Luis Mexia. Ticknor dice (i) que nada se sabe 
de este autor; que el Apólogo está tomado en gran parte de la Fi- 
sión deleitable del Br. Alfonso de la Torre, y que su estilo es cas- 
tizo y bastante elevado: á mí me parece una cansada alegoría. Le 
cargó Cervantes de notas curiosas, henchidas de erudición greco- 
latina, y dedicó todo á D. Juan Martinez Silíceo, arzobispo de 
Toledo. Tras la dedicatoria viene un interesante prólogo del 
Maestro Alejo de Venegas al benig?io y pió lector y y no sé por qué 
está colocado en este lugar, siendo el suyo propio al principio del 
tomo, puesto que se refiere á las tres obras contenidas en él. Sigue 
luego un Argumento y moralidad de la obra, por Francisco Cervan- 
tes de Salazar, á continuación el Apólogo, y al fin una nota en que 
se expresa que aquella obra se imprimió en Alcalá de Henares, 
en casa de Juan de Brocar, en el mes de Mayo del año de 1546. 

La tercera y última parte del volumen es la célebre Introduc- 
ción á la Sabiduría, escrita en latin por Luis Vives, y traducida al 
castellano, con algunas notas, por nuestro Cervantes. (2) La tra- 
ducción es algo parafrástica, mas no carece de mérito: las notas 
se reducen á unos breves comentarios para aclaración, ó más bien 
confirmación del texto. Una de ellas, acaso la más larga, quiero 
copiar aquí, como muestra del estilo castellano de Cervantes Sa- 
lazar, á quien D. Diego Clemencin, en su gran Comentario al 
Quijote, no contó entre los que condenaron y abominaron la per- 
niciosa lectura de libros de caballerías. Dice Vives que no deben 



1 Historia de la Literatura Española, trad. de G^ayangos y Vedia, 
2^ época, cap. 5. 

2 También tradujo al castellano esta obra Diego de Astudillo ; y lo 
que es más extraño, la tradujo en verso en 1791 el Dr. D. Pedro ^chó y 
Rius, á quien censuró acremente, y con sobrada justicia, por su insufri- 
ble prosaísmo, el Sr. D. Leopoldo Augusto de Cueto, en su excelente 
Bosqziejo Histórico-Críiico de la Poesía Castellana del Siglo XVI /I, puesto 
al frente del tomo 61 de la Biblioteca de Autores Españoles, de Rivade- 
nevra. 



XII NOTICIAS 



leerse libros malos ni viciosos, y Cervantes agrega: «En esto se 
«habia más de cargar la mano, y es en lo que más nos descuida- 
«mos, porque tras el sabroso hablar de los libros de caballerías, 
«bebemos mil vicios, como sabrosa ponzoña; porque de allí viene 
«aborrecer los libros sanctos y contemplativos, y el desear verse 
«en actos feos, cuales son los que aquellos libros tratan. Ansi que 
«con el falso gusto de los mentirosos, perdemos el que tendríamos, 
«si no los oviese, en los verdaderos y sanctos: en los cuales, si 
«estuviésemos destetados de la mala ponzoña de los otros, halla- 
« riamos gran gusto para el entendimiento, y gran fruto para el 
«ánima. Guarda el padre ásu hija, como dicen, tras siete paredes, 
«para que quitada la ocasión de hablar con los hombres, sea más 
«buena; y déjanla un Amadis en las manos, donde deprende mil 
«maldades, y desea peores cosas, que quizá en toda la vida, aun- 
«que tratara con los hombres, pudiera saber ni desear; y vase tanto 
«tras del gusto de aquello, que no quisiera hacer otra cosa; ocu- 
«pando el tiempo que habia de gastar en ser laboriosa y sierva de 
«Dios, no se acuerda de rezar ni de otra virtud, deseando ser otra 
«Oriana, como allí, y verse servida de otro Amadis. Tras este 
«deseo viene luego procurarlo, de lo cual estuviera bien descui- 
«dada, si no tuviera donde lo deprendiera. En lo mesmo corren 
«también lanzas parejas los mozos, los cuales, con los avisos de 
«tan malos libros, encendidos con el deseo natural, no tratan sino 
«cómo deshonrarán la doncella, y afrentarán la casada. De todo 
«esto son causa estos libros, los cuales, plega á Dios, por el bien 
«de nuestras almas, vieden los que para ello tienen poder, w Estas 
justísimas observaciones son tan aplicables á los libros de caballe- 
rías, como á las novelas modernas. 

Dedicó Cervantes su traducción á la Serma. Sra. D?- María, 
infanta de España, hija de Carlos V, después Emperatriz de Ale- 
mania, y reina de Hungría. Al fin de la primera edición consta 
que se acabó de imprimir á i8 de Julio de 1546. Cerda añadió 
en la segunda el texto latino de Vives. Las obras mencionadas, 
con un prólogo del editor, y el discurso de Ambrosio de Morales en 
favor de la lengua castellana, es lo que contiene la edición de 1772. 
Costeó la impresión D. Manuel Negrete, marques de Torreman- 
zanal, coronel del regimiento de Voluntarios extranjeros, (i) 

Estas son las noticias que he podido hallar, pertenecientes al 
tiempo que Cervantes Salazar vivió en España: veamos ahora lo 



I D. Nicolás Antonio, al mencionar el libro de Cervantes, dice quem 
vulgus terit : expresión que Beristain creyó despreciativa, tomándola en 
el sentido de que el libro «andaba entre los pies del vulgo; » mas en esto 
padeció error el erudito deán, porque tero, tratándose de libros, no sig- 
nifica " 



DEL AUTOR V DE Lx\ OBRA. XIII 

que hizo en México, adonde ignoraron los literatos españoles que 
hubiese pasado, perdiéndole totalmente de vista desde que en i 546 
publicó el tomo de sus obras. 

Duda Beristain si Cervantes vino á México convidado por Cor- 
tés, á quien habia dedicado el Diálogo de la Digriidad del Hombre ^ 
ó llamado por su pariente el Dr. Rafael Cervantes, tesorero déla 
Iglesia Metropolitana. Lo primero no parece ni probable, porque 
Cortés murió en España á fines del año siguiente de 1547, y el 
viaje de Cervantes no se verificó sino hasta unos tres años después: 
lo segundo podrá ser cierto, aunque Beristain lo da como dudoso, 
y yo no encuentro ningún otro .dato ó indicio, ni aun de que hu- 
biera parentesco entre los dos Cervantes. Más natural es creer 
que habiendo estado el nuestro al servicio del cardenal Loaysa, 
presidente del Consejo de Indias, tuvo por eso ocasión de conocer 
á muchos de los que volvían de América á tratar negocios en 
aquel consejo, de lo cual vinieron las relaciones con Cortés, y más 
adelante la determinación de visitar unos paises de que ya tendría 
largas y favorables noticias. Tal vez la falta de nuevo protector, 
ó de empleo en que ganar la subsistencia, le obligó á emigrar, co- 
mo tantos otros, para buscar fortuna en el Nuevo Mundo. 



«chos, tener muchos lectores,» lo cual, lejos de ser una calificación inju- 
riosa, demuestra más bien estimación. Horacio ( Ep. I, lib, II ) dijo : 

.... Quid nunc essct vetus? aut quid haheret 
Quod tegeret tereretqiic viritim puhlicus ttsus? 

que Burgos tradujo: 

" ¿ Qué habría antiguo ahora ? ¿ Cuáles libros 
Leyera y releyera todo un pueblo? " 

En Marcial vemos ( Epig. 3, lib. VIII ) Teritar nostcr ubique liber, y 
(Epig. 3, lib. XI) A rigido teritiir Centtinom liber. Seguramente que 
Marcial no habia de decir que su libro era pisoteado en todas partes, y 
hasta por los soldados. Lo único de D, Nicolás Antonio que pudiera in- 
terpretarse en mala parte, es la circunstancia de decir que el libro andaba 
en las manos del vulgo, cuando pudiera haber dicho en las de todos; si 
bien vulgus significa también el público en general, y no exclusivamente 
lo que nosotros entendemos por vulgo. Se acaba de desvanecer la sospe- 
cha al ver que el artículo termina mencionando el elogio que Ambrosio 
de Morales hizo de las obras publicadas por Cervantes; tal vez la expre- 
sión vulgus solo significa que por estar escritas esas obras en roi7iance, 
se hablan vulgarizado. Pero sea favorable ó adversa la calificación, ¿qué 
motivo tuvo D. Nicolás Antonio para hacerla? Si es un elogio, no pa- 
rece fundado, porque el libro no se habia impreso sino una sola vez en 
más de un siglo, lo cual no es indicio de gran popularidad. Si es una 
frase de desprecio, no es justa, porque el libro no es despreciable, ni por 
su asunto ni por su desempeño. No puede pensarse tampoco que alguna 
pasión influyese en el ánimo del gran bibliotecario español, pues se tra- 
taba de un autor que sobre llevar un siglo de muerto, le era totalmente 
descoriocido. 



XVI NOTICIAS 

« en diversas materias y difíciles, y por allí me pueden juzgar, pues 
«por los hechos públicos se conocen las personas, y no por las 
«hablillas de rincones. Allende de esto, señores, he leido muchos 
«dias de los cuatro libros de Sentencias, siempre con grande au- 
« ditorio; y si se perdieron los oyentes que me han oido, vuestras 
«mercedes lo saben. Pero porque nuestra contienda es sobre la 
«lición de Filosofía moral de Aristóteles, diré de ella en especial. 
«Vuestras mercedes saben cuantos tiempos han pasado que en esta 
«cátedra ningún lector tuvo auditorio, sino solo maestro Gonzalo, 
« do bien se ha mostrado que es cosa de gran dificultad leer bien la 
«doctrina de Aristóteles en lo moral, que no lo puede hacer sino 
«hombre de muchas partes y de especial suficiencia. . . . Pues si yo 
« he leido muchas veces esta lición extraordinaria, y no con menos 
«oyentes que el maestro Gonzalo tuvo cuando tenia más, verísi- 
«mil cosa es que para esta lición tengo la suficiencia que es me- 
«nester. Y si en Retórica y Matemáticas, que ni oi de preceptor 
«ni lei en escuelas, .... dicen que sé tanto, ¿qué no sabré en las 
«otras disciplinas que tantos años he ejercitado en escuelas?» (i) 
Por este estilo va todo el Razonamiento^ en un tono de vanidad 
insoportable; y sin embargo, el gran Ambrosio de Morales dice 
que todos celebraban mucho la modestia con que está escrito! 
¿ Qué no estarían acostumbrados á leer y oir los que así pensaban? 
A lo menos en sus escritos no mostró tanta vanidad el pobre de 
Cervantes. 



I Si este Razonaniienio desagrada, es por la circunstancia de ala- 
barse tanto á si propio el autor, pues por lo demás era cierto lo que decía. 
Pérez de Oliva nació en Córdoba en 1492. Estudió en Salamanca, Al- 
calá, Roma y París, Viajó mucho, y nos dice que anduvo más de tres mil 
leguas fuera de España. Los papas León X y Adriano VI le hicieron 
proposiciones ventajosas para fijarle en Italia; pero él prefirió volver á 
su patria, donde fué catedrático, y luego rector en la universidad de Sa- 
lamanca. Murió en lo mejor de su edad el año de 1530. Sus obras fueron 
publicadas por su sobrino Ambrosio de Morales, en Córdoba, año de 1585, 
en 4?, y reimpresas en Madrid, 1787, 2 tomos en 8? Las principales son, 
el Diálogo de la Dignidad del Hombre, un Discurso de las Potencias del 
Alma, otro sobre la navegación del Gtiadalquivir, y el Razonamiento ya 
citado. Hay ademas traducciones castellanas del Anfitrión de Plauto, 
de la Venganza de Agamenón y de la Hécuba triste de Eurípides ; que 
son más bien refundiciones. Con estas obras se publicaron otras de Mo- 
rales. Escribió ademas Oliva diversos tratados que quedaron manuscritos 
ó se perdieron, entre ellos uno De Magnete, del cual nos da Morales 
la siguiente curiosísima noticia : « Pudiera también poner aquí lo que el 
«Maestro Oliva escribió en latín de la piedra imán, en la cual halló, 
«cierto, grandes secretos. Mas todo era muy poco, y estaba todo ello 
« imperfecto y poco más que apuntado, para proseguirlo después despacio, 
«y tan borrado, que no se entendía bien lo que le agradaba ó lo que re- 
aprobaba. Una cosa quiero advertir aquí cerca de esto. Creyóse muy de- 



DHL AUrOR V üi: Iw\ OBRA. XVII 

El peor cargo que le dirige su prelado es sin duda el de desarre- 
glo en las costumbres, y debemos suponer que el respetable arzo- 
bispo no avanzarla tan grave acusación sin fundamento bastante; 
pero valdría más que la hubiera omitido en un documento de esa 
naturaleza, en que deben pesarse las menores palabras, ya que el 
acusado ignora el cargo y no tiene medio alguno de defensa. Me- 
nos le tiene hoy Cervantes después de dormir tres siglos en el 
sepulcro. Pero si es que no tuvo virtud suficiente para resistir á 
sus pasiones, á lo menos no sembró semillas de corrupción en sus 
escritos, como tantos otros que han perpetuado así el escándalo y 
el daño de la sociedad. Nada hay en las páginas de Cervantes que 
pueda ofender la moral más rígida, y antes bien están llenas de 
excelentes máximas. A ser cierta la acusación, seria Cervantes el 
reverso del sucio Marcial, que decia. Lascivia est nobis pagina, 
sed vita proba, y ofrecerla un ejemplo más de la contradicción que 
con frecuencia se nota entre las palabras y los hechos de los es- 
critores. Y después de todo ¿quién es más reprensible? ¿El que 
cae de flaqueza y lo oculta, sin hacer alarde del vicio ni escanda- 
lizar á la posteridad, ó el que se complace en ostentar la corrup- 
ción y comunicarla á los demás? Juzguemos á Cervantes como 
escritor, agradezcámosle el provecho que saquemos de sus obras, 



«veras de él, que por la piedra imán halló cómo se pudiesen hablar dos 
^ausentes: es verdad que yo se lo oi platicar algunas veces, porque aun- 
«que yo era muchacho, todavía gustaba mucho de oírle todo lo que en 
«conversación decia y enseñaba. Mas en esto del poderse hablar así dos 
«ausentes, proponía la forma que en obrar se había de tener, y cierto era 
«sutil; pero siempre afirmaba que andaba imaginándolo, mas que nunca 
«allegaba á, satisfacerse, ni ponerlo en perfección, por faltar el fundamento 
«principal de una piedr;i imán de tanta virtud, cual no parece se podría 
«hallar. Pues él dos tenia extrañas en su fuerza y virtud, y había visto 
«la famosa de la Casa de la Contratación de Sevilla, Al fin esto fué cosa 
«que nunca llegó á efecto, ni creo tuvo él confianza que podría llegar.» 
Sin duda que esta indicación de Morales no presta fundamento para atri- 
buir á Oliva la primera idea del telégrafo electro-magnético; pero es 
cosa bien singular, aunque hasta ahora no ha llamado la atención, ver 
que en los primeros años del siglo XVI, cuando aun no se conocía ni el 
nombre de electricidad, un sabio español esperaba encontrar un modo 
de que por medio del im.an se hablasen dos ausentes, es decir, lo que al 
cabo vino á obtenerse por la combinación del magnetismo y de la elec- 
tricidad. 

Ademas de las obras mencionadas, consta que Oliva escribió en Seyi- 
11a, hacia 1525, probablemente á la vista de D, Fernando Colon y por 
los documentos que este mismo le proporcionó, una Historia en caste- 
llano de la Vida y hechos del Almirante D. Cristóbal. Este precioso ma- 
nuscrito, que estuvo en la Biblioteca Colombina, ha desaparecido y se ig- 
nora su paradero. Véase Fernand Colomb, sa vie, ses aitvres, (por Mr. fí. 
Harrisse) pág. 151. 



NOTICIAS 



y si como hombre tuvo defectos y flaquezas, aquel que esté sin 
pecado tírele la primera piedra. 

Al llegar Cervantes á México traia ya escrito el comentario á 
los Diálogos de Vives, y los cuatro primeros de los siete Diálogos 
originales que añadió: los tres restantes, (reimpresos en este vo- 
lumen), fueron escritos en México, y acabados, ó á lo menos re- 
tocados, en el mes de Agosto de 1554. Inmediatamente los dio á 
la prensa, puesto que la impresión quedó concluida el 6 de No- 
viembre del mismo año. Sea porque se imprimieron pocos ejem- 
plares, ó pornue todos ellos fueron á parar en las destructoras 
manos de los estudiantes, el caso es que el librito de Cervantes 
ha venido á ser sumamente raro, y tanto, que en 1844 el Sr. Ala- 
man le consideraba totalmente perdido, (i) Mas por los años de 
1849, el Sr. D. José María Andrade (cuyo nombre ha de men- 
cionarse siempre que se trata de un servicio á nuestra historia ó 
literatura) me avisó que había encontrado un ejemplar entre los 
libros de su finado hermano D. Manuel, quien á su vez le había 
hallado entre los que dejó á su fallecimiento el célebre botánico 
D. Vicente Cervantes. El Sr. D. José María Andrade había pres- 
tado el libro al Sr. Alaman, quien por eso le mencionó ya en el 
Prólogo del tomo III de sus Disertaciones (1849), ofreciendo 
publicarle en el Apéndice; promesa que no llegó á cumplir, ni 
tampoco, por consiguiente, la de acompañarle un plano de la ciu- 
dad, «comparando su actual estado y forma, con la que se le dio 
«cuando se reedificó.» Pasado algún tiempo recogió el libro el 
Sr. Andrade, y tuvo la bondad de regalármele: esta es la historia 
de mi ejemplar. Durante muchos años fueron infructuosas mis di- 
ligencias para encontrar otro de donde copiar las fojas 289 y 290, 
que faltaban en el mío, y comprendían el final del último diálogo 
Mexicus Exterior. Al cabo, en Abril de 1866, me comunicó el 
Sr. Lie. D. Joaquín Cardoso otro ejemplar trunco y muy maltra- 
tado, que no comprendía los Comentarios á Vives, sino solamente 
los Diálogos originales de Cervantes: desgraciadamente, de las 
varias fojas que le faltaban era una la 289, y solo pude copiar la 
290. Muy remota, casi nula, es la esperanza que queda del ha- 
llazgo de otro ejemplar, y he tenido que resolverme á dejar ese 
hueco en la reimpresión. 

El libro es en 89 menor y de letra romana. Falta también en 
el mío la portada impresa, que está suplida con otra de mano, y 
solo contiene estas palabras : « Comme?itaria in Ludovici Vives (sic) 
« Exercitationes Lingu¿c LatiiiíC, Mexici, apud Joannem Paulum 



I Discrladoncs sobre /a Historia de la República Mexicana , tom. II, 
pág. 251. 



DKL AUTOR V DK LA OBRA. XIX 

HBristnsern. i 554. » Dudo mucho que sea copia exacta de la ori- 
ginal. 

En la foja aij se halla la siguiente dedicatoria á la Universidad. 

u^ Per celebri Academi? Mexican?, & clariflimis eius patro- 
nis, Francifcus Ceruantes Salazarus fauíla omnia precatur. 

Sentio, multis ac magnis beneficijs, adeo me Academit,» Mexi- 
cana, & vobis eiusdem patronis deuinctü efle : ut nihil perinde 
curauerim, qua quo pacto ipfis refpondedo quatum in me foret: 
pluribus & maioribus me dignum pr^ílarem, quumcp nifi confeíla 
re, coquiefcere minime potuiíTem : qua tádiu optaueram, animum 
manifellandi meum, occafionem nadus: ut in noua regione, & in 
noua magis Academia, non nihil proficuus accederem : elucida- 
tiones, quas olim in Viuem, quum agerem in Hispania, compo- 
fueram: recognitas, una cum aliquot Diálogis, Viuis inílituto fa- 
uentibus, euulgare cóílitui. Partim ut hic liber pr^ceptoribus, 
quorú nonnullisnegotiumfaceíTebat: dilucidior accederet. Partim 
uero ut una cú adieftione colloquiorum, utilior & proinde com- 
mendatior, Sermonis latini íludiofis, uelut renafceretur. Adieci 
Ítem quo labor meus magis commendaretur, permixtas lucubra- 
tionibus meis, interpretationes: quas ante me iam pridem Motta 
Complutenfis, uir certe doftiíTimus, in autoris cognitionem pu- 
blicauerat: nequid eíTet, quod fedulus inñitutor, & cupidus auditor 
desiderare potuiíTent. Eo namqp oportebat lingu? latin? Exerci- 
tatione (hic enim e libro titulus digniíTimus) explicatiorem, & 
magiftris & difcipulis tradi : quo ad comparandum latinü idioma 
ex multis libris utilior eíl. Quare Gymnafij Mexicani munificé- 
tiíTimi patroni, meum hunc labore (fi quis eñ) ita excipite ut & 
ueílris in me maximis beneficijs, non nihil refpondiíTe confirme- 
tis: & alioqui ultro currenti, maioraqp parati, íic calcar addatis, ut 
etiam íi uelim, nifi cü dedecore defiílere non poíTim. Válete.» 

En seguida viene (aiij) la vida de Vives, que el lector puede 
ver en el apéndice á esta noticia, con el n9 IV. 

El texto de Vives y el Comentario de Cervantes, empiezan en 
la foja 4 y llegan á la 227. Las cinco primeras (i á 5) no están 
numeradas, y la 8, última del pliego a y compañera de la portada, 
falta asimismo en mi ejemplar. El texto de Vives está de carác- 
ter grueso, como el que hoy se llama atanasiay y el comentario 
de otro más pequeño, como entredós. No va el comento al fin 
de cada Diálogo, sino intercalado en él á pedazos. Sirva de mues- 
tra el primer trozo. 

«tSVRRECTIO MATUTINA. 
BEATRIX puella, EMANVEL, EVSEBIVS. 
lESVS Chriñ5 exufcitet vof á fomno uitiorum. Heus pueri. 



XX NOTICIAS 

eílís ne hodie euigilaturir EV. Nefcio quid inciditmihi i oculos, 
ita uideor eos habere plenos harén?. BE. H?c e tua prima catio 
matutina, & bene uetus. aperiam feneílras hafce ambas, ligneá & 
uitream, ut feriat clarú mane ueftros amborum oculos. Surgite. 
EV. Tam multo mane? BE. proprior é meridies, quam aurora. 
Vis tu Emanuel recente fubuculam? EM. Nihil nunc eíl neceíTe, 
h?c eíl fatis munda, eras fumam altera. Cedo mihi thorace. 
BE. Quem? fimplü an diploidem? EM. Quem uoles, mea nihil 
refert. Porrige huc ñmplum, ut fi íim hodie lufurus pila, minus 
grauer. 

Surre¿lio matutina. 
Ceruantes. 

^ Et bene uetus, ideíl fatis uetus, aperiam íeneilras hasce 
ambas lignea, Ne qui Flandrie morem ignorauerit, ambas fene- 
ílras duas eífe putet, fciat: propter frigus, quod máximum eíl in 
ea regione, vitreis & liguéis januis, eandem feneftram claudi folere: 
ut die apertis liguéis, vitre? qu? clauf? manet, frigus propellant a 
cubículo, lucemq^ admittát. Sonat Hifpane abriré los dos Pares 
de encaxes: el de madera y el de vidro. Id genus funt alij multi 
loci, quos exponendos ceníui, intelligens nimirum, nifi ab eo, qui 
apud Flandros uerfatus fuerit, percipi non poíle. Quare hunc in 
fe animum, íludiofi boni coníulant. recen, fubu-camifa limpia, 
tora, el iubon. fim. an dip. el fenzillo o el eílofado-nam diploos. 
u. interptatur dúplex, vnde diplois. dis. por cofa doblada o afor- 
rada, minus grauer elle mas fuelto o mas ligero. 

La vuelta de la foja 227 es blanca. En el frente de la 228, sig- 
natura Fiiij está la portada particular de los Diálogos de Cer- 
vantes, que reproducimos al frente de ellos en fotolitografía, (i) 

La dedicatoria al Sr. Montúfar ocupa la vuelta de esta portada 
y toda la foja siguiente 229. Siguen luego la dedicatoria á la Uni- 
versidad y los cuatro Diálogos Sa/íus, Ludus Sphera per annulum 
ferreuTUy Obeliscortimyswe lignearum pyramidularum ludus, y Ptlce 
palmarice ludus, que terminan casi al fin de la vuelta del f9 247, 
donde empieza el quinto Diálogo Academia Mexicana, que acaba 
en el frente del f9 257, y allí mismo está el titulo del sexto, Ci- 
vitas Mexicus interior, cuyo final toma dos líneas del frente del 
f9 279. El séptimo Diálogo Mexicus Exterior, ocupa desde allí 
hasta llenar el f9 290: ya he dicho que en mi ejemplar falta aun 
el 289. Concluye el libro con cuatro fojas sin numerar, que com- 
prenden la epístola de Alfonso Gómez, discípulo de Cervantes; 
la fe de erratas del Comentario á Vives, otra de los Diálogos de 

I Esta fotolitografía ha sido ejecutada por mi hijo Luis, que de afi- 
ción se ha dedicado á esta clase de trabajos. 



DEL AUTOR V Dt I-A OBRA. XXI 

Cervantes, la epístola del impresor Juan Pablos, y e) colofón en 
la vuelta de la última de estas cuatro fojas. 

Cervantes y sus elogiadores hablan de otras obras «más impor- 
«tantesw que estaba escribiendo, ó tenia ya concluidas. A juzgar 
por el carácter del autor, su profesión y estudios, es de creerse 
que se trataba de algunas obras teológicas ó filosóficas; pero nin- 
guna ha llegado á nosotros. La obra principal de Cervantes fué, 
á Jo que parece, su Crónica ó Historia de las Indias, escrita en 
castellano, y que nunca se ha impreso, ni consta que exista hoy 
manuscrita en parte alguna. Estuvo en la biblioteca del conde- 
duque de Olivares: túvola Barcia en su rica librería, y en el mis- 
mo tiempo había una copia en la Biblioteca particular del Rey. 
Creyendo yo que de estas copias se habría conservado á lo menos 
la última, hice todas las diligencias posibles para averiguarlo; pero 
se eslrellaron, por entonces, en las puertas de aquella biblioteca, 
cerradas á todo el mundo. Mucho tiempo después entré en cor- 
respondencia con el bibliotecario mismo de ella, el conocido y 
diligente literato D. M. Remon Zarco del Valle, mi buen amigo, 
quien me aseguró en carta 13 de Setiembre de 1869, haber bus- 
cado sin fruto la Crónica de Cervantes. 

Según Barcia dice, faltaba el final en su copia, y estaba firmada 
por el Lie. Falderrama, que él cree era el inflexible visitador de 
la audiencia de México, llamado el molestador de los indios. Al- 
guno intentó plagiar la obra de Cervantes, y al efecto corrigió los 
pasajes en que el autor hablaba en primera persona, poniéndolos 
en tercera; mas no sé qué fundamento tuvo Beristain para decir 
que el reo de ese conato de plagio fué el mismo Lie. Valderrama. 
De la Crónica solo se sabe que era la Historia de la Nueva Es- 
paña y de su conquista; que había en ella una descripción de la 
ciudad de México, en la cual el autor se refiere á los Diálogos 
(que Barcia no conoció), y por lo mismo se prueba que fué es- 
crita después de estos ; sin duda antes de 1565, año en que regresó 
á España el Lie. Valderrama, quien se llevaría entonces la copia 
que luego fué de Barcia. El cronista Herrera disfrutó la obra, y 
califica á su autor de «varón diligente y erudito.» 

Vanas han sido también todas mis diligencias para encontrar 
otra obra de Cervantes que indudablemente vio Beristain, es de- 
cir, el Túmulo Imperial, ó sea la relación de las exequias hechas 
en México al Emperador Carlos V, impresa por Antonio de Es- 
pinosa en 1560, en 4?. «Papel raro, dice Beristain, y digno de 
«reimprimirse, por la grandiosa idea que da de la lealtad y riqueza 
«mexicana. » Cierto que si lograra yo haberle á las manos no tar- 
daría en reimprimirle, porque aparte de su extraordinaria rareza, 
ha de contener noticias curiosísimas del estado de la ciudad de 
México en aquella época. También merecería la reimpresión. 



XX U NOTICIAS 

por ser, á lo que entiendo, el primogénito de la dilatada familia 
de exequias y arcos triunfales^ entradas y eanonizacio?ieSyjuraSy certa- 
menesy &c., que con títulos casi siempre extravagantes, se publica- 
ron abundantemente en México durante la dominación española, 
y que hoy se ven con poco aprecio, á pesar de su rareza y de que 
contienen noticias preciosas y únicas acerca de las costumbres del 
pueblo y del estado de las artes. Son ademas unos documentos 
indispensables para la historia de la literatura mexicana, y aun de 
la española, de que la nuestra era entonces una rama. En esos li- 
bros se nota cómo esta rama mexicana, aunque tan apartada del 
tronco, seguia la misma suerte de este, y le igualaba, ó acaso le 
superaba en decadencia. Verdaderamente espanta ver en esos li- 
bros las hazañas que ejecutaban- aquellos poetas en laberintos, rue- 
das, estrellas, acrósticos y qué sé yo cuántas otras combinaciones 
increibles, castellanas, latinas y hasta griegas, produciendo al fin 
unas composiciones tan laboriosas como ininteligibles, que causan 
pena al lector, por aquel lastimoso despilfarro de ingenio en tan 
absurda y estéril «gimnástica del entendimiento)) como la llama 
un escritor moderno, y al mismo tiempo le asombran por la co- 
pia de estudios que revelan. Curioso seria comparar el libro de 
Cervantes con los de sus sucesores: atendiendo á la época y al 
autor, es de presumirse que no andará escaso, sirio sobrado de eru- 
dición sagrada y profana; pero no igualará á los otros en oscuridad 
y extravagancia. 

Gustaba Cervantes de elogiar á los escritores contemporáneos, 
tal vez con el objeto de que su nombre figurara hasta en obras 
agenas, por medio de epístolas laudatorias. Cinco conozco: una 
en el Vergel de Sanidad ó banquete de caballeros y orden de vivir 
del Dr. Luis Lobera de Ávila, que se imprimió en Alcalá de He- 
nares, en casa de Juan Brocar, 1542, fol. ; está en latín y caste- 
llano. Otra en el Arte Triphariay de Fr. Juan Bermudo, impresa 
en Osuna, por Juan de León, 1550, 4?, got. Otra en la Dialéc- 
tica Resolutio de Fr. Alonso de la Veracruz, impresa en México, 
por Juan Pablos, 1554. fol. La cuarta va al frente del Speculum 
Conjugiorum del mismo autor, impreso también en México por 
Juan Pablos, 1556, 49; y la quinta está en las Opera Medicinalia 
del Dr. Francisco Bravo, impresas en México, 1570, 89 Hallo 
además otra epístola latina de nuestro Cervantes á Juan de Mal- 
donado, en la Noticia Crítica de varios libros curiosos impresos por 
D. Antonio de Sancha, que se imprimió en 1778 al fin del tomo I 
de las Obras Poéticas de D. Fícente García de la Huerta, (i) 



I Daremos algunas otras noticias de estas epístolas tic Cervantes, y 
libros en que se hallan. 

T. No he visto el Vergel de Sanidad, y solo conozco la epístola por 



DEL AUTOR V DE LA OHKA. 



AI decidirme (en 1854) ^ reimprimir ios Diálogos^ con tra- 
ducción castellana y notas, hube de comenzar por la corrección 
del texto latino, impreso con la antigua ortografía, y sin orden al- 
guno en la puntuación, como puede notarse en las muestras que 
con tal objeto he puesto en esta introducción. Logre que se en- 



astar copiada en la Abolida Crítica de Varios Libros Curiosos impresos por 
D. Antonio de Sancha, pág. 5. No tiene fecha, ni ofrece interés particular. 

II. El Arte Tripharia de Fr. Juan Bennudo, comprende «tres arte- 
«zicas breves, una de canto llano, otra de canto de órgano, y la tercera 
«de tañer órgano.» La epístola de Cervantes, dirigida «A la yllustre y 
«muy reuereda señora doña ysabel pacheco abadesa del monesterio de 
« Sancta clara de montilla, » lleva fecha en Osuna á 4 de Febrero de 1550. 
Demuestra que el autor era á la sazón catedrático de retórica en aquella 
universidad, y «aficionado á la música.» Debo la noticia de este libro y 
copia de la carta de Cervantes, á mi amigo el Sr. Zarco del Valle. 

III y IV. De estas dos obras del Mtro. Veracruz se habló ya en su 
biografía, pág. 65 de este tomo, y las epístolas de Cervantes, no contie- 
nen cosa que merezca mencionarse. 

V. La obra de Bravo tiene el siguiente título: «Opera Medicinalia, 
«in qbus q( plurima extant scitu medico necessaria in 4. li. digesta, quíe 
«pagina versa cótinentur, Authore Francisco Brauo Orsunesi doctore, ac 
«Mexicano medico. \ Mexici, apud Petrum Ocharte. Cum priuilegio, » 
En 8? El único ejemplar que se conoce de este libro pertenece al célebre 
bibliófilo de Nueva York, Mr. J. Lenox. El título está en el centro del 
mismo pórtico que figura al frente de los Diálogos de Cervantes ; y como 
W^XiO., grabada en la misma pieza, la fecha de 1549, no faltó quien cre- 
yera ser la del libro, por lo cual le incluyó Mr. Harrisse en su Bibliotheca 
Afnericana Vetustissima, que comprende los libros relativos á América 
publicados de 1493 á 1550. Pero allí mismo expresó, como era natural, 
graves dudas acerca de la legitimidad de la fecha, puesto que el libro 
está dedicado al virey Enriquez, cuyo gobierno fué muy posterior (1568- 
1580). Quien primero me díó noticia de este libro fué mi estimado amigo 
el Dr. Berendt, manifestando igual duda é incluyéndome un calco de la 
portada, con lo que me bastó para conocer el origen del error, y demos- 
trarle, tanto al doctor como á Mr. Harrisse. Posteriormente me escribió 
Mr. Lenox, enviándome copia de los preliminares de su libro, y pregun- 
tándome si podria yo fijar la fecha de él. Creí que podia señalarle la de 
1576 ó 77, fundado en que á la vuelta de la portada hay un sumario ó 
índice, que comienza así: «^ i lib. co7itinet tmiversam doctrinamimma- 
anis ?norbi (tavardete vulgo dicti) qzd per hanc mexicaiiam provinciam. 
v.popíilariter grassatur in quo libro natura ejus exponitur, caztsa:, signa, 
v-syjiiptomata, ct debita juedella proponitur ; )t lo cual entendí que se refe- 
ria á la gran peste de 1576. Pero después (16 de Agosto de 1871) me 
escribió de Paris Mr. Harrisse, que en Madrid liabia visto la tirilla mis- 
ma cortada en lo bajo del frontis al ejemplar de Mr. Lenox, y en la cual 
aparece la fecha de 1570. Añade que esa mutilación del libro la hizo 
uno de sus poseedores, para vengarse de un librero I 

El Sr. Lenox tuvo la bondad de enviarme copia de la epístola de Cer- 
vantes, que se reduce á elogiar al virey Enriquez. 

En el Apéndice he colocado la carta á Juan de Maldonado, por con- 
tener algunas noticias de nuestro autor. 



XXIV NOTICIAS 

cargase de tan delicado trabajo mi excelente y lamentado amigo, 
el Sr. D. José Bernardo Couto, quien le desempeñó como debia 
esperarse de su literatura. Me habia ofrecido revisar también la 
traducción castellana, que comencé á hacer conforme al texto ya 
corregido; pero diversas ocupaciones, y entre ellas la publicación 
de la Colección de Documentos para la Historia de México, lle- 
naron de tal modo mi tiempo, que antes de concluir yo mi tra- 
ducción, terminaba el Sr. Couto su carrera mortal, el dia 1 1 de 
Noviembre de 1862. Tan deplorable acontecimiento, lo agitado 
de la época, y más que todo, un golpe de la muerte que pocos 
meses antes me habia herido en lo íntimo del hogar doméstico, 
fueron causa de que olvidase yo aquellos papeles. Años después, 
tropecé con ellos cuando me ocupaba en publicar la Historia Ecle- 
siástica Indiana de Fr. Gerónimo de Mendieta (1870); acabada 
esta, volví mi atención á los Diálogos, y puramente á ratos per- 
didos completé lo que faltaba de la traducción y notas, buscando 
en semejante trabajo un entretenimiento útil y una distracción á 
mis penas. Mi buen amigo el Sr. D. José María de Bassoco, miem- 
bro correspondiente de la Academia Española, me ha instado con- 
tinuamente á publicar esta obrita; tomó á su cargo hacer una nueva 
revisión del texto, corrigió igualmente la traducción, y por últi- 
mo se ha tomado el trabajo de leer todas las pruebas, tarea que 
no interrumpió ni aun enmedio de una penosísima enfermedad. 
Sin su empeñosa cooperación, acaso no habría salido á luz este 
volumen. No debo temer que persona tan versada en ambos idio- 
mas, haya dejado escapar ningún ejror de importancia. 

Los pasajes oscuros, y las alusiones á la literatura antigua, pe- 
dían algunas notas; pero sobre todo eran necesarias para esclare- 
cer la descripción misma de la ciudad antigua. Quise ademas tocar 
algunas materias generales, que dieran mayor atractivo á una pu- 
blicación que por su naturaleza solo podía interesar á los habi- 
tantes de la ciudad de México. Este trabajo de anotación, que 
mi erudito amigo, el Sr. D. Manuel Orozco y Berra, ha tenido 
la bondad de revisar por entero, (i) se comenzó bajo un plan muy 
limitado, que fué ensanchándose insensiblemente. Llevado del 
atractivo que para mí tenia el asunto, dejé correr la pluma sin ad- 
vertirlo, y cuando quise poner remedio, cercenando lo que parecía 
superfluo, ni mis amigos lo permitieron, ni yo tuve valor para 
desechar lo que tanto trabajo me habia costado. El lector no debe, 
pues, considerar estas notas como un comentario en regla, sino más 
bien como una conversación en que unas especies traen otras, hasta 



I Debo igualmente á la amistad del Sr. D. José Joaquín de Arriaga 
varias indicaciones útiles, sobre todo en lo tocante á historia natural. 



DEL AUTOR Y DE LA OBRA. XXV 

que sin sentir se va dejando muy lejos el asunto primitivo, (i) 
Al cabo, no es tanto lo que se ha escrito acerca de nuestra histo- 
ria, para que esté de sobra una publicación cuyo objeto no es tan 
solo conservar á la posteridad un curioso monumento, próximo á 
perderse, sino revivir también la memoria de los gloriosos hechos 
de nuestros antepasados, que en breve tiempo ejecutaron la gigan- 
tesca obra de conquistar, convertir y colonizar casi toda la exten- 
sión del doble continente americano, y enviaron á él, no sola- 
mente la hez del pueblo, como se ha repetido hasta el fastidio, 
sino muchísimos hombres honrados, y muchos de verdadero mérito 
que podian figurar y aun de hecho hablan figurado airosamente, 
así en la madre patria como en las naciones extranjeras. Al mis- 
mo tiempo se procuraba difundir la noticia de algunas glorias de 
México, casi olvidadas hoy de sus mismos naturales, más dili- 
gentes, por lo común, en instruirse de lo extraño, que en averi- 
guar lo de su propia casa. En gracia de la diversidad de materias 
que he tenido necesidad de tratar, el lector benévolo disimulará 
algunos errores, y yo me daré por contento si he proporcionado 
una lectura útil y agradable á todos aquellos que desean saber de 
sus antepasados algo más que el mero hecho de que existieron. 

Al tender la vista por el largo espacio de un cuarto de siglo que 
ha pasado desde que por primera vez pensé en ejecutar el trabajo 
que hoy concluyo, no puedo dejar de rendir infinitas gracias á la 
Providencia Divina, por haberme conservado la vida, y por los 
innumerables beneficios que me ha dispensado, entre los cuales 
cuento en primer lugar los castigos que para enmienda de mis yer- 
ros he recibido de su paternal mano. Por eso, al despedirme del 
lector, le invito á que de lo intimo de su corazón alabe conmigo 
al Autor de todo bien, diciendo: 

Soli Deo honor et gloria in sécula saeculorum. Amen! 

México, 8 de Noviembre de 1874. 

Joaquín García Icazbalceta. 



I Únicamente para abreviar las citas y para que el lector pueda ve- 
rificarlas fácilmente, he puesto al fin ;del tomo una lista de los autores 
citados en las notas. Una costosa experiencia me ha hecho conocer que 
estas bibliografías son bien útiles al lector estudioso. El que no lo sea, 
puede dejarlas á un lado. 



APÉNDICE. 



I. 

«Cervantes Salazar Joanni Maldonato S. — A prandio signifi- 
caverat mihi, qui has ad te dabit, Maldonate doctissime, istuc 
expediundi cujusdam negotii causa se velle proíicisci: cumque ad 
te scribendi desiderio arderem, ñeque ad hoc temporis essem 
nactus ocasionem, hanc juxta proverbium premendam censui; illud 
tametsi vererer, ne ignotus, et bonarum fere litterarum ignarus 
tibi aut molestus, aut ingratas accederem. Utcumque tamen con- 
tingat, jacta est alea: extorquebo a te epistolam clava, et Diome- 
dis ut fíat permutatio, dabimus asnea et accipiemus áurea: nec 
id, si velis, negabis. Vestrum enim est, hoc est, doctissimorum 
virorum, ut responsione neminem dedignemini. Ne vero quis, 
quave conditione sim te lateat, Cervantes nomen est, Toleti sum 
natus, et Cardinalis Hispalensis a secretis latinae linguse. Nostra 
omnia nunc accipe, qui tua jam diu novimus. Bene vale, patriae 
tuse ornamentum, Cervantemque inter tuos non postremum colloca. 
Vallisoleti VIII. kalend. Sept. (1545)» 

( Hállase en la Noticia Critica de Varios Libres Curiosos^ impresos por D. An- 
tonio de Sancha^ y allí dice que se tomó de un Códice MS, de D. Ramón de 
Cabrera.) 

II. 

«Pues Francisco Cervantes de Salazar imprimió quantas cofas 
ai de las dos philosophias, fin otras mui buenas de diverfas difci- 
plinas, clara i agraciadamente dichas, que nadie de ellas podian 
eftar bien en nueílra lengua. » 

(Ambrosio de Morales, Discurso sobre la Lengua Castellanay al frente délas 
Obras de Cervantes Saladar, Madrid, 1772, pág, 24,) 



XXVIH APÉNDICE. 

III. 

«Todas eftas obras van en Romance, como es manifiefto, len- 
gua muí celebrada i eftimada, aun fuera de Efpaña; por donde 
no se deve tener en poco por fer en lengua materna : que pues él 
(Cervantes) teniendo tan fácil eílilo en Latin, como los que le co- 
nocemos, juzgamos, tuvo por mejor aprovechar a muchos en la 
lengua vulgar, que a pocos en la latina. » 

«Cierto es que no es de tener en poco, que fiendo él (Cervan- 
tes) de edad de veinte i cinco años, ha tirado la barra fobre mas 
de quarenta. I en efte tiempo, quando mas repofo avia de tener, 
fue con el mui manifico feñor Licenciado Girón á Flandes: aun- 
que por fu diligencia lo que le faltava del eíludio quieto, ganava 
con la converfacion de muchos varones doctos, con quien por allá 
conversó, i defpues que vino de allá empleófe en el fervicio del 
Revereridifsimo feñor Cardenal Don García de Loaisa, Arzobifpo 
de Sevilla, &c., fu patrono i feñor de felice recordación: por los 
quales eílorvos se puede efperar, que facaria á luz otras muchas 
obras aventajadas, íi hallaífe efpaldas en el favor de los que devrian 
favorecer los buenos trabajos. Efpecialmente que de todas partes 
eílá tan bien rodeado, que aun la línea de sus mayores Cervantes 
i Salazaresy familias por cierto nobles i antiguas, le da algunas 
alas para efcrevir libremente. Aqui eftendiera yo un poco la plu- 
ma, fino me hiciera callar el Ángel fant Raphael con la refpueíla 
que en el capitulo V. hizo callar a Tobias, que pidiéndole el buen 
viejo del linage de fus mayores, dixo el Ángel: Tengote de fervir 
con la nobleza de mi linage, ó con la fidelidad de mi oficio, que 
es acompañar a tu hijo? Deña manera diré yo, que pues Fran- 
cisco Cervantes de Salazar no ha de fervir al prefente con fu 
noble i antigua genealogía, tomemos fus obras con que nos puede 
fervir, que yo soi cierto que ellas darán teílimonio mas cierto que 
todos los blafones de las alcuñas. Eñas darán teílimonio de sí y 
de las otras que le quedan: las quales faldrán á luz quando eftas 
les hicieren camino, que a la verdad yo no quiero decir lo que 
del fiento, porque por aver fido el autor mi difcipulo, el juicio 
que del yo dieífe, mas fe penfaria que falia de amor i afición, que 
le tengo, que de la fencilla verdad, la qual fuele fer fospechofa, 
quando corre las parejas con el amor. » 

(Alejo de Venegas, Prólogo al Apólogo de la Ociofidad y el Trabajo^ en las 
mismas Obras de Cervantes Solazar^ págs. XV, XIX.) 

IV. 

^ Compendiosa Lvdouici Viuis uita: per Francifcum Ceruan- 
tem Salazarum. 

Fuit Ludouicus Viues, fiquid id facit, ad ueram eius comanda- 



APENDICH. 



tionem, iiatione Hilpanus: Patria, ut operum ticulus declarat Va- 
lentinus: honefto natus genere: llatura mediocri: & qu^ ad procera, 
magis qj ad breuem accederet. Vultu hilari, cü inata qdam gra- 
uitatc. puer patria reliquit, poilqj ibidc factum latin^ lingu? ty- 
rocinium, luteti^ Parrifiorum, primü Grecis literis, & quidem 
maximis pfectibus, operam dedit. deinde Dialéctica & vtraqj 
Philolbphiam, cum Theologia, fic coniunxit, vt ad omnia diui- 
nitus effictus videretur. Hiiloria omnium máxime tenuit, vt plane 
eius in Aguilinum de ciuitate Dei commentaria teilantur, facilí- 
tate tanta, tum Gr?ce, tum Latine loqucdi fuit, vt nQcp loque- 
retur: quin pr^meditatus dicere videretur, id autc nulli mirum 
accedet, qui acérrimo eü ingenio, & maturo iudicio, íirmiílimacp 
memoria, fuille ex me fciuerit. mihi enim vt gratificaretur, Di- 
ctatorü, Conlulum, Cenforú, Pr^torü &: aliorum, q cuteros magi- 
ftratus geílerüt nomina, cü agnominibus, pr^nominibus. Se cogno- 
minibus, & quid fmguli, quibus velocis, pr^clarum facerent: quaíi 
eo tempere vixifiet, & familiariffime cü illis egiíTet: memoriter 
recenfuit. Brugis multa fcripfit. Louani floruit. & Luteti? inumera 
admirabilis eruditionis, S¿ eloqueti? fu§ Documenta edidit. Lutero 
q tune impune p Germaniá graílabatur (tá pius fuit) accerrime 
íemper obílitit , tametñ ab eodem multis pollicitationibus prouo- 
catus. vixit annos paulo plus quinquagintafex. obijt Brugis morbo 
articular!, fepultus ibidem honorificentiíTime, Do¿l:orum omnium 
fu? tempeñatis, plurimis infcriptionibus de.coratus. 

( Francisco Cervantes de Salazar, l^ida de Vi'veí^ al frente del Comenta- 
rio á sus Diálogos, México, 1554.) 

V. 

((El doctor Francisco Cervantes teólogo y buen latino honbre 
viejo y de poca espiriencia e las cosas del coro e igl'ia. » 

(Descripción de! arzobispado de México. Pieza n? 3. Relación que da el con- 
tador Pedro Cuadrado de lo que han producido los diezmos desde 1 550 á 1 558. 
Fecha 9 de Octubre de 1569. Al pié de este documento hay una posdata de di- 
versa letra sin fecha ni firma, que contiene una noticia de las personas que en- 
tonces formaban el coro de la Iglesia Catedral, y entre los canónigos se cuenta 
á Cervantes. MS, original en mi poder.) 

VI. 

((El canónigo Francisco Cervantes de Salazar, natural de tierra 
de Toledo, de mas de sesenta años, ha veinticinco que está en 
esta tierra, á la cual vino lego en opinión de gran latino aunque 
con la edad ha perdido algo desto. Leyó muchos años la cátedra 
de Retórica en esta universidad, graduóse de todos tres grados en 
Artes por suficiencia, ordenóse habrá veinte años de todas órde- 



XXX APÉNDICE. 

nes, y oyó teología cuatro años, al nn de los cuales se graduó de 
bachiller, y después de licenciado y doctor, habiéndose graduado 
á los principios de bachiller en cánones, por remisión de cursos. 
Es amigo de que le oigan y alaben, y agrádale la lisonja: es li- 
viano y mudable, y no está bien acreditado de honesto y casto, y 
es ambicioso de honra, y persuádese que ha de ser obispo, sobre 
lo cual le han hecho algunas burlas. Ha doce años que es canó- 
nigo: no es nada eclesiástico, ni hombre para encomendarle ne- 
gocios. )> 

( Relación de los clérigos que hay en ¡a Santa Iglesia. y Arzobispado de McxicOj 
por el arzobispo D. Pedro Moya de Contreras, dirigida á S. i^f., y por su 
mandado hecha reser-v adámente á 24 de Marzo de 1575. MS. original. Nota 
comunicada por el Sr. D. Francisco González de Vera, de Alcalá de Henares.) 

VIL 

(cQuando el Rey nueílro feñor Don Felipe II (de gloriofa me- 
moria) me mado efcreuir eíla general hiñoria, ordeno q fe me 
dieíTen los papeles q auia en fu Real cámara, y en la Guardajoyas 
.... Vi también treinta y dos fragmetos manufcritos e impreífos 

de diuersos autores y las memorias del Doílor Ceruantes, 

Dean de la fanta Iglesia de México, varó diligete y erudito.» 

(Antonio de Herrera, Historia General de los Hechos de los Castellanos en 
las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, Madrid, 160 1, 1615, 4 toms. fol., 
Déc. VI, lib. 3, cap. 19. -En la lista de ^^Los Autores impresos y de mano que 
^^han escrito cosas particulares de las Indias Occidentales^'''' puesta al frente de la 
obra, consta " El Dean CeruantesT ) 

VIII. 

((Diofele la Cathedra de Rhetorica, al Licj» Francifco de 

Ceruantes.» (Prólogo, ^ 6.) «Y á 3. de lunio inicio los eíludios 
con Oración el Licenciado Francifco de Ceruantes. » (Ib., vto.) 
«El dia figuiente 22. de lulio, de dicho año (1553) (fué electo 
consiliario) el Licenciado Francifco de Ceruantes, Cathedratico 
de Rhetorica.» (Ib., fol. seq.) 

{^Estatutos y Constituciones Reales de la Imperial y Regia Universidad de Mé- 
xico, México, 1668, fol.) 

IX. 

«Franciscus Cervantes de Salazar, nefcio quis aut unde oriun- 
dus, infcripfit fe auftorem ei libro, quem vulgus terit, nempe : 

« Oirás que Francifco Cervantes de Salazar ha hecho, glofado y 
traducido. Hasc fcilicet: 

ü Apólogo de la Ocifiodad y el Trabajo, intitulado Labricio Por- 



APÉNDICE. XXXI 

tuno (sic) por el Protoíiotario Luis Mexii, gíofoie y declaróle Fnui- 
cifco Cervantes. 

« Dialogo de la dignidad del hombre empezado por el Maejlro 
Oliva: quem aiiftor perfecit. 

« La Introducción o Camino para la fabiduria^ de Luis Vives. 
Compluti ex ofíicina Joannis Brocar anno 1546. 4. Ambrofius 
quidem Morales, vir judicio undequaque ac prasfertim rcbus in 
noílris gravilfimo, multa ex his quae Cervantes edidit talia eíTe ait, 
in quibus difciplinarum diíEciles plerique loci prccter fpem fie 
perlpicue atque apte tractantur, ut nec veneres jucunditatemquc 
fermonis deíiderare quifquam pofsit. Ipsum videfis, in opufculo, 
quod Difcurfum vernacule indigitavit;>;-¿? lingua Hispánica. 

«Anonymus de Cervantes, fcripfit hiíloriam Indiarum, cujus 
exemplum fuit in bibliotheca Olivarieníi, uti ex ejus constat ca- 
talogo, fie infcriptum, in folio: 

« Crónica de Cervantes de las Indias, w 

(Nic. Antonii Bibliotheca Hispana Nova y Roma?, 1672. Editio altera, 
Matrid, 1783-1788, 2 tomos en folio, vol. I, pág. 414; vol. II, pág. 340.) 

X. 

«Dean Cervantes. Pónele Antonio de Herrera entre los hif- 
toriadores de Indias, de lo que efcrivio no hallo memoria.)) 

(Antonio de León, Ep'nomt de la Biblioteca Oriental y Occidental Náutica y 
Geográfica^ Madrid, 1629, i tomo en 4? ) ' 

((DocT. Cervantes, Cathedratico de la Univerfidad de Mé- 
xico: Chronica de las Indias, M. S. 4. eílaba en la Librería de 
Barcia con' 444. ojas, aunque falta al fin, con la firma de L. Val- 
derrama, quien parece fer el Vijltador de la Audiencia de México; 
fuera eílaba rotulada: Chronica del Maejiro Cervantes-. Es la Hif- 
toria de Nueva España, i fu Conquifta, i alguno que intento apli- 
carfela, entrerrenglono las partes donde el Autor hablava de si, en 
primera perfona, poniéndolas en -tercera, D. Nicolás Antonio, 
tom. z.fol. 275. dice eílaba en la Librería del Conde Duque, fol. 
eftá en la del Rei, en 4.)) (Col. 599.) 

«DocT. Cervantes, descrivió la ciudad de México, en fu Chro- 
nica de las Indias, lib. 3. i fe remite á los Diálogos que anadio á 
Luis Vives, con eftas Palabras: Defcrivile interior, i exteriormente 
en Latin, en vnos Diálogos que añadí a los de Luis Vives, por pa- 
recer me que era ra^on, que pues To era Morador de ejla insigne Ciu- 
dad, i Catedrático de fu Vniverfidad, fupiesen de m\, ante que de 
otro la Grandeva y Magejiad fuia ; eílas, i otras palabras tenia 
borradas, el que trató de aplicarfe eíla obra, como fe ha advertido, 
i al margen pufo en fu lugar : Efcrivelo mui bien el DoSl. Ccrvan- 

d 



XXXII APÉNDICE. 

tcsy CiUiojiigo de México, en vnos Diálogos que rJiadio a Luis Vi- 
ves,)-^ (Col. 698.) 

- ((Dean Cervantes, poncle Anío?iio de Herrcr¿¡ entre los Hif- 
toriadores de Indias: de lo que efcrivio no hallo memoria, parece 
el mismo que el Do5t^ Cervantes, que queda pueño Tit. IF de 
ejia Bibliotheca. )> (Col. 911.) 

(Antonio de León Pinelo ( y Andrés González de Barcia), Epitome de 
la Biblioteca Oriental y Occidental^ Náutica y Geográfica^ Madrid, 17 37-17 38, 
3 tomos en tbl.) 

XI. 

((Nüíbtros tampoco hemos podido averiguar mas circunílancias 
que las que refiere el maeílro Alexio de Venegas en lu prologo 
que precede al Dialogo de Labricio Portundo : a faber, que Cer- 
vantes fue fu difcipulo, que publicó eftas obras en Romance, 
aunque tenia muy fácil eílilo en Latin, de edad de xxv. años, 
defpues de aver eílado en Flandes con el Lie. Girón, i converfado 
por allá con muchos varones doctos; i que a fu vuelta fe empleó 
en fervicio del Cardenal Don Gareia de Loaisa, Arzobifpo de Se- 
villa, fu patrono. El mifmo nos aífegura que era de las familias 
nobles i antiguas de Cervantes i Salazares, i que tenia efcritas 
otras obras que faldrian a luz, quando las prefentes les hicieílen 
camino. No fabemos ni el paradero de ellas, ni los progreñbs que 
haria aquel ingenio fazonado y juiciofo ya defde fu edad juvenil; 
o fi faltó luego, como lo perfuade el que no facó a luz los traba- 
jos que ya tenia períicionados. Lo cierto es que de alli a mui poco 
falleció fu Mecenas Don Fr. Garda de Loaisa, natural de Tala- 
vera de la Reina, de la orden de fanto Domingo, Obifpo que fue 
de Ofma i Siguenza, Arzobifpo de Sevilla, Comiílario General de 
Cruzada, Inquifidor general, i Cardenal con el titulo de Santa Su- 
fana. Murió en Madrid á 22. de Abril de m. d. xlvi.;) 

(Francisco Cerda y Rico, en las Advertencias á la nueva impresión de las 
Obras de Cervantes Salazar, Madrid, 1772, i tomo en 4?, pág. XV.) 

XII. 

« CERrJNTES SALAZAR {D. Francisco) digno de que la 
Biblioteca Americana eternice su nombre, consagrándole los elo- 
gios, que no logró en la Hispana de D. Nicolás Antonio. Nació 
en Toledo á principios del siglo 16. Fué discípulo muy querido 
del inmortal Valenciano Juan Luis Vives, y enseñó la Retórica en 
la Universidad de Osuna, después de haber sido profesor en la de 
Alcalá. Cerca del año 1550 pasó á Mégico, ó bien convidado del 
invicto Conquistador Cortés, á quien habia dedicado uno de sus 
Libros del año de i 546. ó llamado acaso de su pariente el Dr. Ra- 



APIiNDICE. \X\III 

íael Cervantes, Tesorero de la Mctropolicana. A la sazón se pro- 
vcian las Cátedras de la nueva Universidad literaria, y se le ad- 
judico la de Retórica á nuestro Cervantes, quien se dedicó al 
mismo tiempo al estudio de la Teologia, hasta recibir la borla de 
Doctor. Fué después nombrado Rector de dicha Academia, y 
provisto Canónigo en 1566. Este varón docto, que habia sido 
bien conocido y estimado en Europa, con su viaje á la América 
se eclipsó tanto á los ojos de los posteriores eruditos, que D-. Ni- 
colás Antonio, hablando de él en su Bibliotccay se explica así : 
Franciscüs Cervantes ^ nescio quis, aut linde oriundus^ inscripsit se 

Auctnrem ei Libro , quem vulgus tcrit, ncnipCy &c Mas justo 

y avisado anduvo el Cl. D. Gregorio Mayans en la Vida de Luis 
Vives, donde tratando de las diferentes ediciones de aquella exce- 
lente Obra de su paisano: Introductio ad Supientiam, dice: Sed 
pracipue debet haber i in prcctio Editio Biirgensis anno 1544 quam 
sequtitus fuH Franciscüs Cervantes S alazar in translatione hispana. 
Y haciendo relación de ésta y otras traducciones castellanas de 
aquel libro, añade: Primus provinciam hanc aggressus fuit Fran- 
ciscüs Cervantes S a lazar, utilibtis additionibus ad rem facientibus, 
Compluti et Officina Joannis de Brocar 1546 ?nense Maio: et ob 
Libri raritatem et prastantiam prodiit iteriim Madridi 1772 apud 
Antonium Sancha in 4. Pero aun á este eruditísimo Valenciano se 
escondieron todas las Obras de Cervantes relativas á las de Vives, 
pues no hace mención en la noticia que dá de sus Escritos en la 
Vida de aquel extendida con nimia escrupulosidad, de la Ilustra- 
ción que nuestro Autor hizo á los Diálogos ó Latinee Lingual Excr- 
citationes. Solo Ambrosio de Morales hizo cabal justicia á la me- 
moria de Cervantes en el discurso sobre la Lengua Castellana que 
se halla en el Tom. 2. de la nueva edición de sus Opúsculos, donde 
dice así: «Pues Francisco Cervantes Salazar imprimió muchas 
« cosas en castellano de la buena Filosofía, sin otras muy buenas de 
«diversas disciplinas, clara y agraciadamente dichas, que no cre- 
«yera nadie de ellas, que pudieran estar bien en nuestra Lengua.» 
Gloríese enhorabuena la Universidad de Alcalá de haber educado 
un hijo, que pasando á este otro lado de los mares, fué el padre 
de una generación ilustre y dilatada de Oradores y Profesores de 
las bellas letras: y la Universidad de Mégico reconozca, que el 
primer Maestro que enseñó en sus Aulas la Latinidad y la Elo- 
cuencia fué un discípulo del gran Luis Vives, que los Diálogos de 
éste aumentados por Cervantes fueron las primeras lecciones que 
aprendieron sus escolares. Escribió pues el Dr. Francisco Cer- 
vantes, en primer lugar aquel Libro, que D. Nicolás Antonio dice 
con tono de desprecio, que andaba entre los pies del vulgo: quem 
vulgus terit. ¡Ojalá y jamás hubiese tomado cl vulgo otros en sus 
manos! Véanse los Tratados que contiene: 



APÉNDICE. 



(( I . Apólogo de la ociosidad ^ del trabajo^ intitulado : Labricio 
Fortuno (sic) escrito por el Protonotario Luis Megia y glosado y 
declarado por Francisco Cervantes. 

(( 2. Diálogo de la dignidad del hombre empezado por el Maes- 
tro Olivay y concluido por Francisco Cervantes. 

«3. La introducción ó camino para la Sabiduría^ escrito en latin 
por "Juan Luis Vives y traducido al castellano por Francisco Cer- 
vantes. Imp. todo en Alcalá por Juan Brocar, 1546. 4. 

«Las siguientes Obras no llegaron á noticia del Bibliotecario 
Español: 

(( Commentaria in Ludovici Vives excrcitationes Lingucs Latinee. 
Mexici apud Joannem Paulum Brisensem. 1554. ^* 

(( Por ser tan raro este libro, y para ilustración de este Artículo, 
quiero copiar aquí la dedicatoria. (Véase en la pág. XIX.) 

^iFrancisci Cervantes Salazarii, Toletani, ad Ludovici Vives 
Valentini exercitationem aliquot Dialogi. Mexici 1554. 8. 

« Estos Diálogos originales de nuestro Cervantes, añadidos á los 
de Vives, son siete, y sus títulos los siguientes. I. Saltusy inter- 
locutores Morales et Mata. II. Ludus Sphera per annulum fer- 
reum: interlocutores. Carees et Mota. III. Obeliscorum, seu li- 
gnearum pyramidularum ludus: interlocutores, Marin, Alcázar et 
Villicus. IV. Filie palmarles ludus: interlocutores, Gaitan, Vi- 
veroy Manrique^ Mendoza, et Ludimagister. V. (este y los siguien- 
tes son compuestos en Mégico) Academia Mexicana, interlocu- 
tores Mesa et Guterrius. VI. Civitas Mexicus interior: interlo- 
cutores Cuaco, Zamora et Al/aro. VII. Mexicus exterior: inter- 
locutores Zamora, Cuaco et Al/aro. Ni temo parecer molesto si 
doy aquí una muestra de estos Diálogos: sea del Diálogo V. 
Academia Mexicana, en que describiendo las Aulas de la Univer- 
sidad, dice Mesa: «Hoc quod est ad dexteram, enarrands SacríE 
«Theologiss gymnasium dicatum est; in quo á secunda ad tertiam 
«horam vespertinam Magister Cervantes mulíis ipsum c^terarum 
(ídisciplinarum candidatis et eloquentias studiosis audientibus, 
«quod ad ipsas sit ornamentum, Rhetoricam profitetur. Guter- 
«Rius. Is est, ni fallor, quem etiam Orsunensis Academia habuit 

«Artis dicendi prasceptorem. Mesa. Ipsemct.» Cet 

(íAl principio de la Dialéctica del P. Mtro. Fr. Alonso de la 
Veracruz se halla 

((Epístola Francisci Cervantes Salazarii in commendationem 
(( Magistri sui Fr. Alfonsi á Veracruce, Augustinensis, Doctoris 
«Mexicani. Mexici 1554« » (i) 

I Beristain no podía, en ningún caso, prescindir de la manía de al- 
terar los títulos. El de esta Epístola es como sigue : Francisais Cei-van- 
tes Salazarus Toletamis; Bojiantm Afiium Candidatns, et in calcbri No- 



APÉNDICE. XXXV 

Otra semejante se lee al principio de la Obra ¿c dicho Mtro. 
Vera Cruz; Speculum Corijugiorum. 
« También escribió: 

« Crónica de las Indias y ó Historia de la N. E. n 
«Esta Obra, de la que no se encuentran ni vestigios en Mégico, 
fué muy conocida en España; y es la misma que exlstia, (según 
Jos Adicionadores de Pinelo) en la Librería del Sr. Barcia, y cons- 
taba de 444 foxas en fol. y estaba firmada del Lie. Valderrama, 
Visitador que fué de Mégico. Este Manuscrito se notaba mali- 
ciosamente enmendado por el plagiario que quiso vestirse con las 
plumas de nuestro Cervantes; pues donde el autor habla en pri- 
mera persona, como testigo de vista de lo que refiere, sustituyo 
Valderrama la tercera, citándolo así: «De esto escribió el Canó- 
«nigo Cervantes en los Diálogos, que añadió á los de Luis Vi- 
« ves. )) D. Nicolás Antonio en su Apéndice de Anónimos dice que 
en la Biblioteca del Conde de Olivares estaba una Historia inti- 
tulada: «Crónica de Cervantes de las Indias.)) El cronista Her- 
«rera alaba la Historia de Cervantes; y el Jesuíta Clavijero hace 
mención de ella. 

«Por último, y para confirmar el trato íntimo que el Dr. Cer- 
vantes tuvo con el famoso Luis Vives, y afirmar mas la gloria de 
los Megicanos españoles de estar nutridos en las Letras humanas 
y en la Filosofía con la leche doctrinal de aquel gran Maestro de 
la Europa, concluyo con lo que nuestro Autor escribe en el Pró- 
logo á la «ilustración de los Diálogos de Vives,» en que después 
de ponderar la incomparable erudición de éste en la Filosofía, 
Teología, Historia, Antigüedades y Lenguas, añade : « Id autem 
«nulli mirum accedet, qui acérrimo eum ingenio, et maturo judi- 
ado, firmissimaque memoria fuisse ex me sciverit. Mihi enim ut 
«gratificaretur, Dictatorum, Consulum, Censorum, Przetorum, et 
«aliorum qui c^eteros magistratus Romoí gesserunt, nomina cum 
«agnominibus, praenominibus et cognominibus, et quid singuli, 
«quibusve locis príeclarum fecerit, quasi eo tempere vixisset, et 
«familiarissime cum illis egisset memoriter recensuit.» 

«D. Francisco Cerda y Rico, erudito Valenciano, bien conocido 
entre los literatos, hizo en 1772 en Madrid, en la Imprenta de 
Sancha una Edición de los primeros Opúsculos de Cervantes, que 
no he podido ahora haber á las manos. 

«Por último escribió Cervantes: 



va: Hispanta Academia Mexicana Rhctorice Professor candido Icctori. S. 
— La del Specidum Conjtigiorian,%& encabeza así: Franciscus Cervantes 
Salazariis artiu7}i magistcr, inris pontificci ¿^ sacra: Theologia: Candida- 
tus in Academia Mexicana Rhetoriac professor, candido Icctori. S. 



XX^CVI APÉNDICE. 

« túmulo Imperial. Imp. en Mégico por Antonio Espinosa 
1560. 4. 

«Es una Descripción de las magníficas Honras fúnebres que 
celebró Mégico al Emperador Carlos Quinto: papel raro y digno 
de reimprimirse por la grandiosa idea que da de la Lealtad y ri- 
queza Megicana.» 

(Doctor D. José Mariano Beristain de Souza. Biblktzca H'upano-Amt- 
rica Septentrional j México, 18 16-21, 3 tomos en fol.) 

XIII. 

«Francisco Cervantes de Salazar, a man of learning, completed 
the Dialogue of Oliva on the Dignity of Man, which had been 
lefc unfinished, and, dedicating it to Fernando Cortés, published 
it in 1546, together with a long prese fable by Luis Mexia on 
Idleness and Labor, writen in a puré and somevvhat elevated style, 
but too much indebted to the «Vision» of the Bachiller de la 
Torre. » 

(G.TiCKNOR, History of Spar/ish L'turaturt^ Boston, 1849, Period II, ch. V.) 




CORRECCIONES. 



EN EIv CASTELLANO. 

Pág. Lili. 

VIII 42 dice indudablea léase indiulablc- 

,, 43 dice patri- léase patria 

12 25 dice 1854 ¡éase 1 584 

,, 34 dice estara un ¡éase estar aun 

49 21 í/?Ví^ algunas léase cada una 

57 4 de las notas, ¿//¿-i.'" dominicos /tw^ dominicos 
5S Al fin de la nota i^ añádase Es noticia tomada de Villaseñor, 

Teatro Americano, tom. II, pág. 26. 

60 20 íi'/r^ regulares /t'íw¿' seculares 

61 última de la nota, suprímase la coma después de caso 

65 después de la linca 28 añádase Está impresa en la Crónica de 

Michoacan, del P. Beaumont, lib. II, cap. 27. 

93 16 póngase 7ina cotna después de ves 

105 18 dice venia léase venia 

214 36 sobra el ir con que empieza la línea. 

228 15 de las notas, dice al poniente de la misma léase de la mismo, 

que mira al poniente 

236 -¿'S sobra la co?na después de calles 

246 7 dice Netzahualcotl léase Netzahualcóyotl 

» -11 de las xíoíZk.'s,; póngase una coma después de palabra 

250 34 dice Nazanero léase Nazareno 

279 3 dice perecieron millares /t^^rít' perecieron innumerables millares 

293 32 dice ahora léase hora 

303 30 la llamada de la nota es I y no 9, y lo mismo en la nota 
311 I dice Cómo léase Como 

320 22 dice hacienda léase hacienda 

EN EL latín. 

2 3 dice TEOLOGLE léase THEOLOGEE 

4 2 dice adictus léase addictus 
24 últ. dice adolescentuim léase adolescentium 
30 23 dice Pontificeum léase Pontiñcium 

50 13 /(? mismo. 

124 19 dice Genitricen léase (Jenitricem 

276 penúlt. dice fanniniquc léase fceminccquc 

„ ,, dice idolíes léase idolis 

290 8 dice que léase nui 



*jT^k^^l(^\*^^l^k^^l^k^^*J^^^V9k 



SUPLEMENTO 



-©5«- 




ONCLUiDA la impresión de este volumen, he tenido opor- 
tunidad de examinar la preciosa colección de libros y ma- 
nuscritos que ha reunido el Sr. D.José de Agreda, quien 
tuvo la bondad de ponerlos á mi disposición, añadiendo á este 
favor, el de ocuparse en buscar y recoger noticias concernientes 
á la biografía de Cervantes Salazar. 

Entre los manuscritos del Sr. Agreda hay un extracto que el 
P. Pichardo, del Oratorio de San Felipe Neri, hizo de la Cró- 
nica de la Universidad, escrita por Plaza; obra de que varias ve- 
ces he hecho mención, considerándola como perdida. En ese 
manuscrito se encuentran, como era de esperarse, noticias de los 
primeros catedráticos de la Universidad, y por consiguiente de 
nuestro Cervantes. 

Hallé también entre los impresos, el que tanto deseaba y por 
tanto tiempo habia buscado en vano: el «Túmulo Imperial» ó 
relación escrita por Cervantes, de las exequias hechas en México, 
en 1559, al Emperador Carlos V. Desgraciadamente el ejemplar 
está incompleto, como diré más adelante. 

No era ya tiempo de incorporaren mi trabajo las noticias nue- 
vamente adquiridas, y me resolví á reunirías en este Suplemento. 
Pongo primero las que se encuentran en el extracto de la Cró- 
7iica de Plaza; viene luego lo que halló el Sr. Agreda en las Actas 
del Cabildo de nuestra Iglesia Metropolitana, y por último la 
descripción del rarísimo libro «Túmulo Imperial», con varios ex- 
tractos de él que me parecieron conducentes á mi propósito. 

Por estos nuevos datos se viene en conocimiento de que Cer- 
vantes tomó posesión de su cátedra de Retórica el 12 de Julio de 
I 553, y la sirvió hasta 14 de Febrero de 1557, con sueldo de i5ops. 
anuales, que á la verdad era bien corto, y por lo mismo el pro- 
fesor no carecía de fundamento para quejarse, en sus Diálogos, de 
la insuficiencia de los sueldos asignados á los catedráticos. Así lo 
consideraba también la Universidad, pues ya á fines de Diciem- 



XL SUPLEMENTO. 

bre de I553> pedia que se aumentasen los salarlos de las cátedras, 
«haciendo saber á S. M. las costas de esta tierra.)) 

Graduóse de licenciado y Maestro en Artes á 4 de Octubre de 
1553; y en 23 de Julio del siguiente año 1554 se presentó á exa- 
men para bachiller en Cánones. A 26 de Noviembre de 1556 
pidió ser examinado de bachiller en Teología. En 1560 tenia el 
empleo de Cronista de la ciudad de México, que tal vez se le dio 
á consecuencia de la publicación de sus Diálogos, y en cuyo des- 
empeño escribiría la Crónica que he mencionado en su biografía, 
y que parece haber sido compuesta hacia ese tiempo. 

No están en lo cierto los autores que dicen haber obtenido Cer- 
vantes la canongía en 1 567, sino los que señalan la fecha de 1 563. 
En efecto, consta que el i 6 de Marzo de ese año, tomó posesión 
de la canongía, en virtud de una merced de S. M.; pero no se 
encuentra confirmación de que ascendiera á la dignidad de deán. 

Con referencia á Beristain dije (pág. xiv) que Cervantes había 
sido rector de la Universidad, y que la noticia era de creerse, por- 
que estaría tomada de la Crónica de Plaza. Así es en efecto, y en 
ese manuscrito aparece que Cervantes fué rector, no una sola vez, 
sino dos, por lo menos. Le eligieron por un año el 10 de No- 
viembre de 1567, y después vemos que tenia el mismo cargo en 
Febrero de 1573 y en Julio de 1574. Finalmente, los asientos 
de los libros del Cabildo Eclesiástico nos autorizan para fijar el 
fallecimiento de nuestro autor en Septiembre ú Octubre de 1575. 

Las noticias últimamente recogidas, no solo nos dan algunos 
datos nuevos para la biografía de Cervantes, sino también para su 
defensa. No es creíble que un letrado que desempeñó cátedras; 
que obtuvo el cargo de cronista de la Imperial Ciudad de Méxi- 
co ; que ocupó un asiento en el coro de la Iglesia Metropolitana, 
y que dos veces fué escogido por la Universidad para regirla, ca- 
reciese de mérito y adoleciera de los defectos y aun vicios que le 
atribuye el Sr. Arzobispo Moya de Contreras. Sin disminuir en 
nada el respeto debido á este prelado, podemos creer que, como 
hombre, incurrió en error. ¿ Cómo no era Cervantes persona para 
encomendarle negocios, y la Universidad le fiaba por dos veces 
el manejo de los suyos? 

Respecto á los demás puntos tocados en mis anotaciones, y á 
cuyo esclarecimiento pudiera contribuir la Crónica de Plaza, te-r 
nemos, en primer lugar, que nada nuevo dice acerca de la funda- 
ción de la Universidad, pues ya no se encontraban en su archivo 
constancias auténticas del suceso, y para referirle apela á la Cró- 
nica de Grijalva, lo mismo que yo. Lo que se prueba por diver- 
sas menciones bien claras es que la Universidad ocupaba en 1586 
una casa perteneciente al Hospital de Jesús, cuyo representante si- 
guió pleito contra la Universidad para cobrar los arrendamientos. 



SUPLEMENTO. XLI 



Consta en la Crónica, que el primer catedrático de Prima de 
Teología, fué el P. Fr. Pedro de Peña, como dije en la pág. lo, 
y que comenzó á desempeñarla el lunes 5 de Junio de 1553. Ha- 
bia entonces dos cátedras de Prima de esta facultad, iguales en 
categoría: tenia la una el P. Peña, y la otra el P. Veracruz. De 
este habla Cervantes y no de aquel; tal vez porque habría dejado 
la cátedra durante el año que trascurrió entre la fundación de la 
Universidad y la impresión de estos Diálogos. 

El Dr. Morones, primer catedrático de Decretales, empezó á 
leer tn 5 de Junio de i 553, y aparece haber continuado hasta i 556. 
Sucedióle en 5 de Diciembre de dicho año el Dr. Arévalo Sedeño: 
este era ya catedrático de Decreto desde 20 de Agosto de 1554: 
hasta entonces, desde 5 de Junio de 1553, había tenido esa cátedra 
el Dr. Melgarejo. Así se explica que Cervantes no le mencione, 
y todo confirma que estos Diálogos se escribieron por Septiembre 
ú Octubre de 1554. La primera cátedra que se dio por oposición 
en forma, fué esta de Decreto, al Dr. D. Luis Anguís el 23 de 
Enero de 1560: luego antes no habia habido oposiciones, y así 
lo conjeturaba yo. (V. nota 19 del Diálogo Primero, pág. 68.) 
El Dr. Frías y Albornoz desempeñó la cátedra de Instituía 
hasta el 16 de Diciembre de 1564, y la dejó porque se fué á 
España. 

Del primer catedrático de Gramática, Blas de Bustamante, nos 
da varias noticias la Crónica. Cuando obtuvo esa cátedra llevaba 
veinte años de enseñar gramática »n la ciudad, es decir, desde 1533. 
Se graduó de Maestro en Artes el 26 de Agosto de 1553, y de 
Doctor en Cánones el 1 1 de Octubre de 1 563. Fué abogado de la 
Real Audiencia, opositor á las cátedras de Decreto é Instituta, 
examinador de los estudiantes que habían de pasar á oír otra fa- 
cultad (Abril, 1567) y alcalde ordinario de México en 1569. 

Al Br. Diego Díaz, que leia gramática fuera de la Universidad, 
le ordenó el claustro pleno (no se dice en qué fecha) que cesase 
en la lectura, ó que viniese á leer en la Universidad. Este es aquel 
á quien yo llamé Diego i)/V2; (pág. 37), traduciendo así el latín 
Diecius. 

Los primeros matriculados no fueron los diez religiosos agus- 
tinos de que hablé en la pág. 1 1, sino D. Luís de Castilla, y sus 
hermanos D. Lope, D. Diego y D. Alonso, hijos de D. Luis de 
Castilla y de D?- Juana de Sosa, pertenecientes por lo mismo á una 
de las principales familias de México, y que en 13 de Junio de 
1553 se matricularon para oir Artes. Al día siguiente se matriculó 
Diego Velazquez, canónigo, en Cánones: el 5 de Julio el Br. Blas 
de Bustamante, en la misma facultad, y aun otros, antes que los 
diez agustinos, asentados en 8 de Agosto. 

Hallo también que en i9 de Diciembre de 1553 recibió el 



XLII SUPLEMENTO. 

Br. Damián de Torres el grado de Doctor en Medicina, y le 
arguyo Juan Vázquez de Ávila, Doctor en la misma ciencia. 

La mención de estos médicos nos lleva como por la mano á 
tratar de los dos doctores Pedro López, que dieron motivo á la 
nota 45 del Diálogo 2?, pág. 204. La Crónica de Plaza aumenta 
las pruebas de la existencia de dos individuos del mismo nombre. 

En el cap. XIII, n9 1 1 2 leemos : <( En 1 2 de dicho mes y año 
(((Agosto de 1553) pidió por petición el Lie. Pedro López (el 
({fundador de San Lázaro), que le incorporasen de Licenciado 
((en dicha Universidad, y le señalasen el primer domingo del mes 
«de Septiembre, para doctorarse en medicina.» Y en otro lugar 
(cap. 31, n9 252) se lee lo siguiente: ((Antes de pasar adelante 
(( será bien dar noticia de las buenas prendas que tuvo dicho Dr. Pe- 
((dro López, que no es digno de quedar en olvido, ni que con el 
((tiempo se borren las buenas obras. Fué nuestro Doctor el pri- 
((mero que recibió el grado de Doctor en Medicina, aunque como 
«hemos dicho, hubo otro licenciado más antiguo en esta facultad. 
((Fué graduado con toda pompa en la Santa Iglesia Catedral de 
((esta ciudad: fué varias veces electo por diputado de hacienda y 
((por consiliario de esta Real Universidad, y sobre haber sido 
((docto en su facultad, observó una de las virtudes, que es la de la 
«caridad, instituyendo y fundando el hospital de San Lázaro, ex- 
((tramuros de esta ciudad, donde se retiró con suma virtud á ocu- 
((parse solo en el ministerio y curación de los enfermos de su hos- 
«pital, que fuera de ser obra de caridad, le seria de grande mérito 
((por curarse en dicho hospital la enfermedad del mal que comun- 
((■ mente llaman de San Lázaro, que fuera de ser de suyo asqueroso 
((el achaque, es muy contagioso, y por eso se cura en este hospi- 
((tal, y con providencia se fundó fuera de lo que comprende la 
{( ciudad, quedando el dicho hospital medio en despoblado, para que 
(( por todas partes no tuviese vecindad, y está determinado que nin- 
((guna persona se cure de esta enfermedad en sus casas, sino en dicho 
((hospital, por lo contagioso de tal enfermedad. Quedó el patro- 
{(nato de este hospital á sus descendientes, con que podemos decir 
((que quien estuvo en caridad, que obró tan buenas cosas, habrá 
(f sido premiado de la mano poderosa, y que habrá recibido ciento 
((por uno, porque Dios no se olvida de premiar las buenas obras.» 

Me parece que tales noticias no pueden aplicarse al Dr. Pedro 
López, que desde 1524 andaba con Cortés en la expedición de 
las Hibueras, y era protomédico en 1527. El hijo, pues, y no el 
padre, fué el que se graduó en i 553. No estará (ie sobra advertir 
que la piadosa fundación del doctor desapareció en nuestros dias, 
según costumbre. El hospital de San Lázaro está destinado á otros 
usos, y los lazarinos ocupan un departamento del hospital de San 
Pablo. 



SUPLEMENTO. XLIII 

En el ((Túmulo Imperial,» lo que se encuentra más á nuestro 
propósito, es la confirmación de que la primera iglesia ÓQ S. Fran- 
cisco estaba en el mismo lugar que la última, y la capilla de San 
José (de Naturales, en (ion(Je (después estuvo la (de Servitas; tO(do 
conforme lo (dije en las notas al Diálogo Segundo. Por lo demás, 
no puede leerse ese pequeño volumen, sin admirar (da lealtad y 
grandeza mexicana,» como dice Beristain. Los extractos que en 
seguida veremos, darán una idea del punto de grandeza á que ha- 
bia llegado México en treinta y ocho años, y disiparán las dudas 
que acerca de esto pudieran haber quedado, aun después de la lec- 
tura de los Diálogos de Cervantes. El ((Túmulo Imperial» es 
ciertamente muy ¿igno de una reimpresión, y desde luego la ha- 
ría yo, si por desgracia, el único ejemplar que he hallado no es- 
tuviera incompleto en parte interesante. Como se halló este, podrá 
tal vez hallarse otro que le complete; pero supuesta esa buena 
fortuna, ¿habrá entonces quien conserve tanto afecto á estas pre- 
ciosas reliquias de la antigüedad, que quiera emplear tiempo y di- 
nero en salvarlas del olvido? 

I 

((Chronica de la Real é Insigne Universidad de México de la 
Nueva España, en edades, desde el año de 1553 hasta el de 1687. 
Por el Br. D. Christóval Bernardo de la Plaza y Jaén, Secretario 
y Maestro de Ceremonias de dicha Real Universidad. Dedicada 
á Christo Señor nuestro crucificado. » i tomo en fol., MS. 

« Cap. III, n9 9. — La razón que se halla del primer inicio que 
se tuvo en esta Universidad, es una certificación de que el año de 
1553, á 3 de Junio, se hizo inicio de las Escuelas de esta Univer- 
sidad en presencia del Illmo. Sr. D. Luis de Velasco, virey, y 
de la Real Audiencia, el cual hizo el Lie. Cervantes de Salazar. 
Y lunes siguiente 5 del dicho mes, comenzaron á leer los catedrá- 
ticos de Teología, Cánones y Gramática, y lo firmó por verdad 
Esteban del Portillo, notario público. 

((Cap. X. — De la cátedra de Retórica, y sus primeros cate- 
dráticos. — No dejarían de concurrir todos los requisitos de un 
buen retórico en el Lie. D. Francisco Cervantes de Salazar, pues 
se le entregó esta cátedra en 12 de Julio de 1533. Empezó á leerla 
señalado para ello por el muy ilustre señor Velasco, virey, y por 
los Sres. Presidente y Oidores de la Audiencia de México, en 
cumplimiento de la cédula de S. M. intimando que se instituya 
Universidad, siendo testigos el Sr. Dr. Quesada, y el Sr. Lie. Me- 
jía, oidores. Parece haber leido esta cátedra nuestro primer cate- 
drático hasta 14 de Febrero de 1557, que desde entonces no leyó 
más. Graduóse de Licenciado y Maestro en la facultad de Artes 



XLIV SUPLEMENTO. 

miércoles en la tarde que se contaron 4 de Octubre de 1553, en 
las casas de la Audiencia Real de esta ciudad, en presencia del 
muy ilustre Sr. D. Luis de Velasco, virey, y de los Sres. Docto- 
res D. Antonio Rodríguez de Qaesada, D. Francisco de Herrera, 
D. Antonio Mejia, oidores de la Real Audiencia de México, 
D. Juan Negrete, rector de la Universidad, D. Alvaro Treraiño, 
Maestrescuela, el Mtro. Fr. Alonso de la Veracruz, y el Mtro. 
Fr. Pedro de la Peña, para cuyo efecto leyó públicamente una 
lección de Lógica y otra de Filosofía. Dióle el grado dicho D. Al- 
varo, con las insignias doctorales. Parece haber asistido puntual- 
mente nuestro catedrático á las funciones que se ofrecieron en la 
Universidad. Tuvo de salario en cada un año, ciento cincuenta 
pesos, según parece por sus recibos. 

((Núm. 61. — Por un claustro de rector y consiliarios de 10 de 
Noviembre de 1 567, determinaron que por lo que conviene al pro 
y útil de la Universidad, seria bien se diese el cargo de rector á 
persona que bien lo usase y administrase, y que de la persona del 
Dr. Francisco Cervantes de Salazar, canónigo de la Santa Iglesia 
de esta ciudad, estaban satisfechos que usarla y ejercerla el oficio 
y cargo de rector como convenia, por concurrir en él todas las 
calidades y requisitos necesarios, fueron de parecer que dicho 
Dr. Cervantes fuese electo en esta Universidad por este año. En 
cuya conformidad, habiendo votado, salió electo con todos los vo- 
tos por rector, y que se le mandase dar noticia de la elección ; que 
habiéndosele dado, aceptó el dicho oficio, y lo ejerció desde dicho 
dia hasta 10 de Noviembre del año siguiente de 1568, asistiendo, 
como parece, á todas las funciones de la Universidad. » 

Del claustro que se celebró el sábado, último dia de Febrero 
de 1573 para tratar de la cátedra de Decreto, consta que era rec- 
tor D. Francisco Cervantes de Salazar, y del celebrado en 12 de 
Julio del siguiente año de 74, consta que aun lo era. 

En claustro de 23 de Julio de 1554 ^^ determinó entre otras 
cosas, «que el Dr. Quesada examine al Mtro. Cervantes para ba- 
«chiller en Cánones, y hallándole suficiente, lo gradué leyendo 
«diez lecciones. » 

En claustro celebrado en 26 de Noviembre de 1556: «Ulti- 
« mámente proveyeron á una petición del Mtro. Cervantes, que 
«probando cuatro años de haber oido, y haciendo las demás so- 
«lemnidades, se pueda graduar de bachiller en Teología.» 

«Cap. XXV, núm. 209. — Se ha acostumbrado y está dispuesto 
que no pueda, según los Estatutos de esta Universidad, ser electo 
por rector el que el año antecedente á la elección lo hubiere si- 
do, por mucho ó poco tiempo; que como el Br. Bartolomé de Es- 
trada habia sido electo, según hemos visto en el capítulo antece- 
dente, se trató en 10 de Noviembre de 1567, de elegir rector; y 



SUPLEMENTO. XLV 

en atención y por io que convenia á la utilidad de la Universidad, 
que se diese dicho cargo á persona de autoridad y utilidad, y porque 
en la del Dr. D. PVancisco Cervantes Salazar, canónigo de la Santa 
Iglesia Catedral, concurrían las calidades que se requieren, todos 
los electores unánimes y conformes lo eligieron por rector de esta 
Real Universidad, sin perjuicio de los estudiantes de ella, y por- 
que no hubo al presente estudiante tan bastante como se requiere 
para dicho cargo. » 

II 

Del Libro 29 de Actas del Cabildo Eclesiástico de México, 
que comienza en 24 de Enero de 1559, y concluye con el enca- 
bezamiento de la Acta de Cabildo celebrado el sábado 7 de Abril 
de 1576, he sacado lo que sigue: 

En la acta del Cabildo celebrado el martes 16 de Marzo de 
1 563, se dice así : « En este dicho dia, mes y año, el Mtro. Fran- 
« cisco Cervantes de Salazar pareció en este cabildo de esta Santa 
«Iglesia de México, con una provisión real de S. M. en que le 
((hacia merced de una canongía de esta dicha iglesia, á la cual 
((obedecieron los dichos señores deán y cabildo, y se le dio la po- 
(( sesión de la canongía, en forma, quieta y pacíficamente. Ante 
((mí: Gonzalo Fernandez, notario apostólico.)) Al margen: ((Pre- 
((sentacion y posesión del Mtro. D. Francisco Cervantes de Sa- 
(( lazar, de una Canongía.» 

Ya asistió como canónigo al cabildo siguiente, que fué el vier- 
nes 19 del mismo Marzo. 

Parece que el último cabildo á que asistió fué al celebrado el 
viernes 9 de Septiembre de 1 575 ; á lo menos ya no se le cuenta 
entre los asistentes en los demás cabildos. 

En el celebrado el martes 18 de Noviembre del mismo año de 
1575, ((se proveyó y mandó que la capellanía que vacó por el 
((Dr. Cervantes se áé al racionero Muñoz para que la sirva; la 
((Cual dicha capellanía se ha de servir en el hospital, y ansí lo 
((proveyeron y mandaron: la cual dicha capellanía es la que ins- 
(( tituyó el tesorero Rafael de Cervantes.» 

También he registrado el Libro 39 de Actas que comprende 
algunos años desde el de 76, y no se encuentra en todo él al ca- 
nónigo Cervantes entre los que asistían á los cabildos. 

(Este apunte me comunicó el Sr. D. José de Agreda, de quien es también el 
que sigue, y que nos revela la existencia de otra epístola de Cervantes, por la cual 
consta que fué catedrático de Decreto, cosa que no he hallado en otra parte, y 
al mismo tiempo indica una edición del siglo XVI, que me es desconocida.) 

En una hoja que vi, no recuerdo dónde, arrancada de algún li- 
bro, que parecía ser en 89 ó i 29, encontré lo siguiente: 



XLVI SUPLEMENTO. 

Por un lado el escudo de armas de Martin de Yrcio, cuñado 
del virey D. Antonio de Mendoza, y suegro de D. Luis de Ve- 
lasco, el segundo, y abajo del escudo un letrero en tres renglones 
y medio, que decia así : 

«Al muy magnífico Señor Martin dircio, el Maestro Cervan- 
tes de Salazar, Lector de decretos y de Rhetorica en la vniuer- 
sidad de México. S. » (signatura a ij.) 

Por el otro lado decia así : « Si vemos, como parece por las hyf- 
«torias, conferuadoras de los buenos hechos, y maeftras de la vida 
«humana, q los q o con fus perfonas, o con fus haziedas fueron 
«puechofos o dieron horra a la república dode biuieron : fueron no 
«íblamente de los fuyos, pero de los eftraños muy eñimados: tanto 
((que aüq por la muerte, deuda for9ofa, dexaron de parecer en fu 
«república qdaro immortales: o por lo q dellos otros fcriuiero, 
«o por las eñatuas y otras horofas memorias q les puíiero, por las 
«qles fe dio el duido honor a los muertos, gloria a fus dfcédietes 
«y patria, y mayor animo a los varones generofos pa hazerfe fe- 
«mejátes a ellos, mereciedo la immortalidad, que por ningún otro 
«camino fe a]can9a fino por hazer bien. Hallo muy magnifico 
«feñor, cotejado las obras de muchos dios panados, con las de 
«vuelfa merced, que las vnas fueron muertas porq hechas por fola 
«la gloria del mundo, y las otras biuas, porque encaminadas pa la 
«uida fm muerte. PaíTo vuefla merced a eíle nueuo miúdo, como 
«parecerá por la crónica que deíla tierra efcriuo : empleo fu hedad 
«y fuerzas en ayudar q tan grandes reynos » 

III 

TVMVLO IMPERIAL 1| de la gran ciudad de México. 

Debajo de las dos líneas de este título está un gran escudo de 
armas, coronado por la cabeza y alas de una águila, y tiene abajo 
un adorno dentro del cual se lee: 

EN MÉXICO. II Por Antonio de Efpinofa. |¡ 1560. 

El libro es en ^9 menor, y consta solamente de dos fojas sin 
numerar, i con un grabado, y 26 numeradas: todo en letra ro- 
mana pequeña. 

A la vuelta de la portada está la licencia del virey D. Luis de 
Velasco, fecha i9 de Marzo de 1560, en que dice haber mandado 
formar la relación de las honras que se hicieron al Emperador 
Carlos V, en la capilla de S. José del monesterio del señor sant 
Francisco de la ciudad de México, y da licencia al impresor An- 
tonio de Espinosa para que pueda «imprimir la relación de las 
dichas honras, con los verfos y epitafios, profas, letreros, afi en 
Latín como en Romance, como en el dicho Túmulo eRaua: con 
el debuxo del. « 



SUPLEMENTO. XLVIl 

Allí mismo empieza una advertencia del Doctor Alonso de 
Corita, oidor de la Audiencia Real que reside en México, al pru- 
dente lector, en la cual, después de haber hablado de los honores 
que siempre ha sido costumbre tributar á los muertos, concluye 
así, en la página siguiente: «Y porq todos (los monumentos) 
puede jullamcte dar la ventaja al Túmulo o Monumcto, y a lo 
demás q eñlle oficio funerario de la. M. del Emperador nfo feñor, 
el Illullrilsimo vilorrey della nueua Elpaña, y ella infigne y muy 
leal ciudad de México hiziero, q cierto fue de tata popa y magellad, 
q podemos muy bien dezir q, Omnis Ca?fareo cedat labor Am- 
phiteatro. Y q, Vnum pro cü¿lis fama loquatur opus. Pues ver- 
daderamente en todo ello moílraron el amor y lealtad con q fiem- 
pre an feruido y amado á fu rey y feñor, y q a ninguno otro con 
mas razo se deuia. Por manera q ellos hiziero lo q eran obligados, 
y los naturales lo mifmo a fu ymitacio y exemplo: de mas q con 
tan claras mueílras entendiero la lealtad q atan gran feñor y mo- 
narcha se deuia, a li en la muerte como en la vida, y que la dis- 
tancia tan grade que ay deílas partes a Efpaña, no es caufa para q 
menos que aqllos reynos fintiefen tan gran perdida. Y porque el 
maeñro Ceruantes de Salazar lo efcriue con la prudencia & ynge- 
nio que fuele hazer lo demás [como por la obra parefce] ruego al 
que eílo leyere, no dexe de verlo haña el cabo, porque le hago 
cierto que no le defagradara.» 

La vuelta, ó sea 4?' página, está ocupada con una epístola in- 
titulada: 

«Al Illuílrifsimo feñor don Luys de Velafco, Viforrey de la 
nueua Efpaña, y Capitíi general della, Preíidete del Audiecia real 
que refide en México. El maeílro Ceruates de Salazar.. S.» 

De ella extractamos el siguiente pasaje: «Y porq a£lo ta cele- 
bre, manifellador de la fidelidad y amor, q á fu rey y feñor elle 
nueuo mudo tiene, era razo q eñl antiguo no eíluuieíTe encubierto, 
y q la M. del rey do Phelipe nfo rey y feñor fupieíTe qn leal- 
mete es feruido, determine efcreuir eñe libro y dirigirle a V. S. 
afsi por auer fido la principal causa di, como porq la juílicia y 
regimiéto deíla infigne ciudad, cuyo coroniña soy, llamadome a fu 
cabildo, me mado q fcriptas eíias obfequias Imperiales las publi- 
cafle debaxo del nobre de V. S. á quié fuplico tega e mas el zelo 
y volütad co q firuo q el trabajo, pues co mucho no llega adode 
deuia, y yo quifiera. » 

Foja ia_TVMVLO IMPERIAL, A LAS OBSEQVI- 1| as 
del inui£tifsimo Cefar Carlos quinto. Hecho en la infi || gne y muy 
leal cibdad de México^ por mandado del || Illujlrifsimo Viforre-^j de 
la "Nueua Efpaña. 

Dase primeramente noticia del fallecimiento del Emperador, y 
prosigue: «Cuya muerte defpues de auer fido fentida y llorada 

/ 



XLVIIl SUPLEMENTO. 

con aquel afeólo q íu vida fue amada por todo el antiguo mudo, 
luego q en eñe nueuo fe fupo, por do Luys de Velafco fu antiguo 
criado, viforrey y gouernador de la nueua Efpaña, hecho el fen- 
timiento q era obligado: entro en acuerdo con el audiencia real y 
defpues co el ar9obifpo juílicia y regimiento de la ciudad de Mé- 
xico cabera deíle nueuo mudo, tratando donde y como fe cele- 
brarían las obfequias Imperiales. Y afsi defpues de varios y di- 
uerfos parefceres q vuo, porq la ygleña catredal de Pvlexico era 
pequeña y baxa, y no auia lugar, dode el Túmulo Imperial en 
aquella altura y grádeza q conuenia fe plantafe, y la cafa real de 
dode auia de falir en procefsion el Virrey y audiencia con toda 
la ciudad eílaua muy cerca de la ygleña mayor, para q pudiese fer 
viña y vuieñe lugar por donde anduuiefle: y porque para eñe 
efefto auia todas comodidades que conue.nian en la capilla de fant 
lofeph y patio del moneñerio de fant Francifco, fe determinó se 
hiziefie allí. « 

Sigue refiriendo que el virey comisionó á Claudio de Arciniega 
(c architecto excelente, )> para que trazase y ordenase el túmulo. Hí- 
zolo así, procurando idear una cosa nueva, y « no concurrir con los 
otros túmulos. » Quedó encargado de correr con todo lo relativo á 
la solem.nidad, Bernardino de Albornoz, alcaide de las Atarazanas 
y regidor de México. En acabar el túm.ulo se emplearon tres me- 
ses, y porque una danza ( i ) de catorce arcos de cantería muy 
bien labrada, estorbaba la vista del túmulo, se mandó derribar. 
Asimismo se mandó que en toda la comarca de México se pin- 
tase gran cantidad de escudos imperiales y reales, y otras muchas 
historias y figuras. Por la circunstancia de haberse mandado hacer 
estas pinturas, «en toda la comarca de México,» y por no ser pro- 
bable que 'hubiese ya tantos pintores españoles como eran necesa- 
rios, para hacer en poco tiempo las muchas pinturas que en efecto 
adornaron el túmulo, según se ve por su descripción, es de creerse 
que se confió el trabajo, á lo menos en parte, á los pintores in- 
dios: tal vez á los que habían aprendido en la escuela que Fr. Pe- 
dro de Gante tenia junto á la misma capilla de S. José. 

Dando en seguida razón del lugar en que se erigió el túmulo, 
se expresa de este modo nuestro Cervantes: «Es pues el patio de 
fant Francifco quadrangular, mas largo que ancho, cercado por 
todas partes de paredes altas de piedra, entrafe a el por dos puer- 
tas, la vna que mira al Septentrió (2) y la otra al Occidente (3): 

1 Esta palabra parece significar hilera ó serie de arcos, y en el mis- 
mo sentido se usa en el avalúo de las casas del Marques del Valle, como 
puede verse en la nota de la pág. 164. Pero no hallo tal acepción en 
ningún diccionario. 

2 La de la calle de vS. Francisco. 

3 La de la calle de S. Juan de Letran. 



SUPLEMENTO. XLIX 

a cada vna de las qualcs, relponde otra de la yglclia principal del 
moneílerio (i). Al derredor de las paredes va rodeado de altos y 
copiólos arboles. En el medio ella leuantada vna Cruz de madera, 
tan alta que de fuera de la ciudad se vee de tres ó quatro leguas. 
A la mano yzquierda por la puerta del Septentrión tiene vna ca- 
pilla que fe llama de lime lofeph (2), a la qual fe fube por dos 
gradas, es muy grande, y eíla fundada fobre muchas colunas que 
hazen siete ñaues: las quales para hermofear el architectura del 
Túmulo fe jafpearon. Cabrán en efta Capilla y patio quarenta 
mili hombres (3), porque mas que ellos fe hallaron de Efpañoles 
y Naturales, quando las horas fe celebraron. Hizofe el Túmulo 
fuera de la capilla, pero cerca della, porque el officio funerario fe 
auia de hazer en la capilla, y auia de eílar en ella toda la ciudad, 
y el Túmulo fuera della fe pudieíTe Icuantar tan alto quanto con- 
uino, y los que eiluuieíTen en la capilla y eñl patio pudieíTen a 
plazer gozar del Túmulo, el qual era de la forma siguiente. » 

Sigue en efecto la descripción del túmulo, acompañada de dos 
grabados : el uno de la planta, y el otro de la elevación. Por ellos 
se advierte que era un templete ó capilla abierta, sostenida por 
cuatro columnas y con un cuerpo avanzado en cada frente, lo cual 
hacia subir el número de columnas á doce, todas de orden dórico. 
La capilla central tenia veinticuatro pies en cuadro, y se subia á 
ella por catorce gradas. Los pedestales de las columnas eran de 
ocho pies de alto: las columnas de veinticuatro, y en todo treinta 
y dos. En el centro de la capilla principal estaba la tumba, cu- 
bierta con un rico paño de brocado y encima una cruz de cristal 
guarnecida de oro, «tan rica y tan artificiosam.ente labrada, que 
era la mejor pieza que habia en estas partes. )) Este primer cuerpo 
remataba en unos frontones triangulares y unas agujas ú obeliscos. 
Su descripción no está com.pleta en el ejemplar que tengo á la 
vista, porque se interrumpe en el fin de la f?- 3?-, y faltan las fs. 4?- 
y 5?- En la 6?- aparece comenzada ya la descripción y explicación 
de las muchas pinturas y letras latinas con que se adornó este 
cuerpo, algunas bastante ingeniosas. 

La descripción del segundo cuerpo es bien confusa, y no puede 
aclararse con el auxilio del dibujo, porque la hoja en que este se 
encuentra está cortada, y ni aun se ven por completo los remates 
del primer cuerpo. Parece que consistía solamente en una pequeña 
capilla, y dentro de ella las armas imperiales. Adornábanla tam- 

1 Lo mismo sucedía con la última iglesia, aunque la puerta de occi- 
dente no estaba exactamente en línea con la del atrio á ese viento. 

2 Estas señas corresponden exactamente al lugar que después ocupó 
la capilla de los Servitas, 

3 Téngase presente que entonces no existían las otras capillas, que 
después ocuparon una parte consíderaljle del atrio. 



L SUPLEMENTO. 

bien alegorías y versos latinos. No se dice de qué materia era la 
fábrica. 

Parece asimismo que todo el túmulo quedaba debajo de una 
como iglesia de siete naves correspondientes á las siete de la ca- 
pilla de S. José, sostenida por altas columnas y techada á dos 
aguas. Pusiéronse también allí figuras y letras latinas ; y en las co- 
lumnas de la dicha capilla de S. José más cercanas al túmulo, se 
colocaron igualmente epitafios y versos latinos y castellanos. Para 
el dia de las honras se cubrió todo de paños negros, y sobre ellos 
se pusieron multitud de escudos imperiales y figuras de la muerte. 
((Hizieronfe de madera 40 altares para quatrocientos sacerdotes que 
auian de dezir mifia el dia de las obfequias, dixo cada horde por 
íi mifia en fus 10. altares, y aiTi lo hizo en los fuyos la Clerezia, fue 
cofa' de ver que para tantos altares y tantos facerdotes, q en ellos 
auian de dezir miíla, ouieíTe ta buenos aderemos y tantos miniílros 
que ayudaíTen que parefcia cada altar fer de vna particular yglefia 
rica.» La cera fué tanta, que se estimó en doscientas arrobas. 

Veinte dias antes de las exequias se publicó el luto, y fué tan 
general que «parecía imposible haber tantos sastres en la ciudad, 
que en tan breve tiempo pudiesen hacer tantos y tan suntuosos 
lutos, porque hubo caballero que en ellos gastó mas de mil pesos.» 
Concurrió de fuera innumerable multitud de gente, de manera 
«que la ciudad de México nunca estuvo tan de ver como estuvo 
entonces, porque por las plazas y calles se veian por horas gentes 
de fuera. » 

Siento no poder copiar, por ser muy extensa, la descripción que 
hace Cervantes de la solemnísima procesión que se formó el dia 
de S. Andrés, 30 de Noviembre, para llevar á la capilla las insig- 
nias imperiales y cantar allí el oficio de la vigilia. Iban en ella el 
virey, audiencia, arzobispo, obispos de Nueva Galicia y Michoa- 
can, clérigos, religiosos, ayuntamiento, universidad, nobles y 'ca- 
balleros, con los gobernadores de indios de México, Tacuba, 
Tezcoco y Tlaxcala. Vino la procesión por la calle de S. Fran- 
cisco, y era tan numerosa que «bien largo estaba la mitad ya en 
el monesterio, cuando la otra parte comenzó á salir de la casa real.» 

Repitióse al dia siguiente la procesión para la misa, que dijo el 
obispo de Michoacan, predicando en ella el arzobispo. Acabada, 
se disolvió la reunión, y de esta manera fueron celebradas en Mé- 
xico el año de 1559, las honras del Emperador Carlos V. 

Espero que el lector me perdonará fácilmente, que me haya 
alargado en los extractos de este curiosísimo libro. Contra lo que 
yo esperaba, no hay en él alarde de erudición; antes está escrito con 
gran llaneza y claridad, sin extraviarse en digresiones inoportunas. 



Ekuata. — Pág. XVII, lín. 14, dice Lascivia lóase Lasciva 



228 




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"'J 



Francisci Cervantis Salazaris, 

TOLETANI, 

AD LUDOVICI vivís, VALENTINI, EXERCITATIONEM 

JLI^UOT DIALOGL 
1554- 

VARIOS DIÁLOGOS 
AÑADIDOS A LOS DE LUIS VIVES, VALENCIANO, 

POR 

Francisco Cervantes Salazar, 

NATURAL DE TOLEDO. 

1554- 



f 




Clanssimo et eidem ómnibus 

ANIMI BONIS ORNATISSIMO, SACR^E 
teología MAGISTRO, FRATRI AL- 
PHONSO A MONTUFARE, ARCHI- 
PRiESULI MEXICANO, FRANCISCUS 
CERVANTES SALAZARUS, S. 

AULO antequam in hanc provinciam, optatis- 
simus certe, commeasses, Antistes praestan- 
Ij tissime, Academiae Mexicanas, quas beneficio 
et liberalitate Caesaris erecta est, et in qua ipse di- 
cendi rationem regio stipendio trado, Commentaria 
inVivis Exercitationem alumnus matri dicavi, quod 
nihil tam ex officio fore putarem, quam ipsi a qua et 
alitus et educatus sum, quantum in me positum es- 
set, referreparia. Nunc autemfelici tuo adventu, qui 
deinde sequutus est, ita et eorum qui enarrant et eo- 
rum qui disciplinas audiunt, animi novis quibus- 
dam aculéis incitati sunt, ut novas vires, novosque 
spiritus sumant, quo aiacrius et propensius, hi in 
discendo et illi in docendo ulterius pergant: brevi 
omnes tales evasuri, ut Novum hunc Orbem, dia- 
boli et infidelium antehac sedem, omni macula pur- 
gatum, Deo Máximo et vero domicilium faciant. 
In his ego etiam, si meritis postremus, non minus 
animatus sum, quam solent milites fortissimo et 
felici duce pugnante; ut aliquid non omnino indi- 



Al muy ilustre y muy cumplido 

SEÑOR DON FRAY ALONSO DE 
MONTUFAR, MAESTRO EN SAGRA- 
DA teología y ARZOBISPO DE 
MÉXICO. 



oco antes de vuestro deseado arribo á esta 
tierra, Ilustrísimo Prelado, dediqué, como 
hijo agradecido, unos Comentarios sobre los 




Diálogos de Vives, ala Universidad de México, fun- 
dada por la merced y liberalidad del Emperador, y 
en la que disfruto sueldo de S. M. por enseñar la 
Retórica; pues tuve por primera obligación corres- 
ponder, en cuanto estuviera de mi parte, á quien me 
educa y alimenta. * Ahora, con vuestra feliz llegada, 
ocurrida posteriormente, así maestros como discípu- 
los han de sentirse animados con tan nuevos estímu- 
los, que cobren mayor brío y fuerza para proseguir 
con mas empeño y gusto, los unos en la enseñanza 
y los otros en el estudio. Pronto llegarán todos á ser 
tales, que este Nuevo Mundo, asiento antes del de- 
monio y de la idolatría, limpio ya de toda mácula, 
quede convertido en morada del Dios único y verda- 
dero. Y para escribir algo que no sea del todo indig- 
no de la luz pública, yo, aunque el último en mérito, 

* Dice esto, porque al mismo tiempo que por enseñar la Retórica 
recibia sueldo de la Universidad, estudiaba en ella Artes y Teología. 



epístola nuncupatoria. 



gnum lucepararem. Quapropter, tametsi graviori- 
bus studiiSjTheologicis scilicet, adictus essem, dum 
majora molior, nihil antiquius duxi quam Diálogos 
hos quos successivis horis, institutum Vivís sequu- 
tus, in rem studiosse juventutis conscripseram, tibi 
uni hac in regione studiorum fautori et Msecenati 
consecrare; non ut quicquam munúsculo hoc plañe 
levidensi dignitati tuse addi posse arbitrer, quse su- 
blimior est quam ut ipsam res adeo parva contin- 
gere possit, sed ut ipse operi meo in tenebris deli- 
tescenti, tuo nomine lucem et splendorem aíFeram. 
Quare, Pater Reverendissime, et nobis ómnibus 
multis nominibus observande, jam tuos (quia tibi 
nuncupatos) nostros labores sic fove et amplectere, 
ut ad multo majores, longeque graviores, nobis 
spem facias; et ad uberiorem linguae latinas cogni- 
tionem, studiosam juventutem magis ac magis in- 
cendas et inflames. 

Bene vale, Mexicanae Ecclesiae columen, Aca- 
demiae decus et Novae Hispaniae máximum orna- 
mentum. 



DEDICATORIA. ^ 

no me siento con menor ánimo que el de un soldado 
cuando pelea á las órdenes de un capitán valeroso y 
afortunado. Por lo cual, aunque dedicado á estudios 
mas graves, como son los teológicos, y mientras, 
emprendo cosas mayores, en nada he tomado mas 
empeño que en ofrecer estos Diálogos (escritos en 
ratos perdidos y á imitación de los de Vives, en be- 
neficio de la juventud estudiosa) á vos, el principal 
protector y Mecenas de los estudios en estas regio- 
nes; no porque piense yo que tan pequeño don pue- 
da añadir algo á vuestra dignidad, demasiado alta 
para que llegue hasta ella cosa tan insignificante, si- 
no para que vuestro nombre dé lustre y esplendor 
á esta mi obra que sin eso se pierde en la oscuridad. 
Así, pues. Padre reverendísimo y digno por mil tí- 
tulos de nuestro respeto, amparad y favoreced de 
tal suerte estos mis trabajos (vuestros ya, porque 
os están dedicados), que me alentéis para otros mu- 
cho mas extensos é importantes, y encendáis cada 
vez mas en la juventud aplicada el deseo de profun- 
dizar el estudio de la lengua latina. 

Dios os guarde. Primado de la Iglesia Mexicana, 
lustre de nuestra Universidad, y principal ornamen- 
to de la Nueva España. 

Francisco Cervantes Salazar. 



Introducción al Diálogo Primero. 




I hemos de dar crédito al cronista Herrera, la primera dis- 
posición para fundar Universidad data de 1539. Refiere 
que en ese año, á petición de Fr. Bartolomé de las Casas, 
que andaba entonces en España, se ordenó, entre otras cosas, al vi- 
rey D. Antonio de Mendoza, que se fundase Universidad en Mé- 
xico (i). Paréceme, sin embargo, dudosa, por lo menos, la espe- 
cie, porque no es creíble que el mandato quedara tanto tiempo sin 
cumplir, y porque en la cédula de fundación nada se habla de otra 
disposición anterior. Lo que de su contexto se deduce es que el 
caso pasó de la manera que vamos á referirle. 

D. Antonio de Mendoza habia ya fundado ó favorecido diver- 
sos establecimientos de enseñanza, como el colegio de Tlaltelolco 
para los indios, y los de S. Juan de Letran y la Concepción para 
los mestizos de uno y otro sexo; mas no contento con eso, á ins- 
tancias de la ciudad, que pedia se fundase en ella « una Universidad 
«de todas ciencias, donde los naturales y los hijos de los españo- 
(des fuesen industriados en las cosas de nuestra santa fe católica y 
«en las demás facultades,)) señaló desde luego maestros que diesen 
lecciones de las ciencias más estimadas entonces, animándolos con 
la esperanza de que se habia de crear Universidad con todas sus 
cátedras, y cediendo, para principio de la fundación, unas estan- 
cias de ganado, que eran de su propiedad particular. Lástima es 
que no tengamos mayores noticias de esta primitiva fundación, que 
tanto honra al buen D. Antonio de Mendoza, pues no hallo men- 



Déc. VI, libro 7, cap. 6. 



8 INTRODUCCIÓN 

cion de los nombres de los profesores, ni de las materias que en- 
señaban, ni del lugar y época en que comenzaron las lecciones. 

Considerando el virey que aquel principio no podia llegar á per- 
feccionarse sin la autorización y auxilio del soberano, acudió á él 
en unión de la ciudad, prelados y religiosos, pidiendo la creación 
formal de la Universidad, con la dotación correspondiente. Ha- 
lló buena acogida la petición, como sucedía siempre con todas las 
que tenían por objeto el bien y engrandecimiento de las provin- 
cias conquistadas; y aunque el favorable despacho no se verificó 
sino después que D. Antonio de Mendoza habia dejado en 1550 
el gobierno de la Nueva España para ir á tomar el del Perú, á él 
corresponde la gloria del principio de la ejecución: honra que le 
defraudan comunmente con su silencio los que refieren la funda- 
ción de la Universidad. 

A su sucesor D. Luis de Velasco, de memoria no menos grata, 
cupo la satisfacción de dar cima al feliz pensamiento. En efecto, 
el Emperador Carlos V, por cédulas despachadas en Toro á 21 de 
Setiembre de i 5 5 1 , y firmadas por el príncipe que después fué Fe- 
lipe II (i), ordenó la fundación de la Universidad de México, 
dotándola con mil pesos de oro de minas en cada año (2), ademas 
de lo que producían las estancias donadas por D. Antonio de Men- 
doza (que no sabemos cuánto era), y concediéndole los privilegios 
y franquicias que gozaba la de Salamanca, con algunas limitaciones, 
que después levantó el mismo Felipe II, ya rey, por cédula dada 
en Madrid á 17 de Octubre de 1562. La Silla Apostólica, á pe- 
tición del rey, confirmó en 1555 la fundación y privilegios, dis- 
poniendo que se rigiese por los estatutos de la de Salamanca, y 
disfrutase las mismas gracias. Concedió el patronato á los reyes 
de España, como fundadores, y más adelante le dio el título de 
Pontificia. Tal fué el origen de la Universidad de México, fun- 
dada casi al mismo tiempo que la de San Marcos de Lima, por 
aquellos monarcas que, según quieren decir algunos, solo pensaban 
en mantener á sus subditos de América en el mayor embruteci- 
miento, y en sacar de ellos la mayor suma posible de dineros. 

Hallándose, pues, el virey D. Luis de Velasco con comisión tan 
de su gusto, trató desde luego de preparar un lugar á propósito para 
los estudios, y al efecto eligió las casas que eran de D?- Catalina 
de Montejo (3), aunque un autor respetable duda si eran de Juan 

1 PUGA, Cedulario, fol. 137, 138. 

2 Barcia hizo decir á Herrera ( Déc, VIII, lib. 7, cap. 13 ) que la do- 
tación fué de cien mi¿ pesos, cantidad exorbitante é increíble; pero la pri- 
mera edición de Herrera (1615) no dice sino 7nil pesos, como consta tam- 
bién de las cédulas. 

3 Grijalva, Crónica, Edad II, cap. 13. — El Sr. Alamán {Diserta- 
ciones, tom. II, pág. 253) escribió por error Doña Catalina Montaña. 



AL DIALOGO PRIMERO. 9 

Martinez Guerrero (i). Fuera el dueño quien fuese, consta que 
estaban situadas en la esquina de las calles del Arzobispado y Se- 
minario: los Diálogos de nuestro Cervantes no dejan duda de ello. 
Dispuesto el local, se procedió á la fundación el dia de la Conver- 
sión de San Pablo, 25 de Enero de 1553, reuniéndose al efecto el 
virey, audiencia, tribunales, y religiones en el colegio de S. Pablo 
de los religiosos agustinos. Así lo dicen dos padres de la orden, 
que son el Mtro. Grijalva en su Crónicay y el Dr. Solís y Haro 
en el Prólogo de los Estatutos de la Universidad, y así lo han re- 
petido otros después, sin mas examen; pero no puede ser cierto, 
porque el referido colegio no se fundó sino veintidós años después, 
como consta por testimonio del mismo P. Grijalva (2). Notó ya 
D. Carlos de Sigüenza el anacronismo (3), y aun dudó si existia 
entonces la iglesia como curato secular, pues en una memoria que 
poseía, escrita en mexicano por Pedro Juárez, indio sacristán de 
la iglesia, se apuntaba el principio de la fábrica á 8 de Mayo de 
I 563. En opinión de Sigüenza, la procesión salió de la iglesia del 
hospital de Jesús Nazareno (4); pero Cabrera (5) sostiene que de 
la antigua iglesia de S. Pablo, fundada por los religiosos francisca- 
nos, inmediatamente después de la conquista (6). Observa, ade- 
mas, que la noticia del sacristán de Sigüenza no se refiere á la fá- 
brica primitiva, sino á una reedificación. Pudo ser que la comitiva 



1 Sigüenza y GóngorA, Piedad Heroica de D. Fernando Cortés, cap. 
10. — El motivo de la duda de Sigüenza es que en la carta de donación 
que hizo el Sr. Zumárraga de las casas en que vivia (el palacio arzobis- 
pal) al hospital del Amor de Dios, donación que después anuló el Em- 
perador, se dice que las casas donadas lindaban con las de Juan Martinez 
Guerrero. Pero allí consta también que lindaban por el otro lado con las 
de Juan de Cueva, y como no se expresa á qué lado quedaba cada uno de 
estos colindantes, la designación no es del lodo clara. Robustece la opi- 
nión de Sigüenza la circunstancia de que en su tiempo poseía las casas de 
la esquina, en vinculo de mayorazgo, D. Gabriel Guerrero. 

2 Edad III, cap. 32. 

3 Triunfo Farténico, fol. 89. 

4 Dícelo así dos veces Carrillo y Pérez en su Aíéxico Católico, MS. 
(lib. II, cap. 9, § 3; líb. VII, cap. i, ^ i); pero sin citar la obra de Si- 
güenza en que consta. 

5 Escudo de Armas, lib. III, cap. 7, n? 514. 

6 Betancurt ( Teatro, Pte. IV, trat. 2, cap. 3, n? 63) dice que la igle- 
sia de S. Pablo fué fundada por Fr. Pedro de Gante, y luego la dio la re- 
ligión á un clérigo que puso el Sr. Arzobispo Montúfar. Pero quien por- 
menoriza mas la fundación es Carrillo y Pérez, quien dice así : « En los 
«años inmediatos á la conquista y debelación de esta ciudad, fabricó á su 
«costa la primera iglesia en este barrio un señor pariente muy inmediato 
«del emperador Moctezuma, á quien el Emperador Carlos V concedió un 
« privilegio de armas, y el Papa Clemente VII hizo caballero de la espuela 
«de S. Pedro. Fué el primer gobernador de la parcialidad de S. Juan.» 



lO INTRODUCCIÓN 

saliese en efecto de la iglesia de S. Pablo, antes que aquello fuera 
colegio de los agustinos, y que por serlo ya cuando escribieron los 
padres Grijalva y Solís, usaran de ese nombre. No pudiendo acla- 
rar satisfactoriamente este punto, proseguiré mi narración diciendo, 
que desde luego se hicieron los nombramientos de rector y maes- 
trescuelas en los oidores D. Antonio Rodríguez de Quesada y D. 
Gómez de Santillana, y que los primeros catedráticos fueron los 
siguientes: de Prima de Teología, el P. Fr. Pedro de la Peña, do- 
minico (i) ; de Sagrada Escritura, Fr/ Alonso de la Veracruz, agus- 
tino ; de Prima de Cánones, con título de cátedra de Decretales, 
el Dr. Pedro Morones, fiscal de la Audiencia; de Decreto, el 
Dr. Bartolomé Melgarejo (2); de Instituta, con título de Cátedra 
de Leyes é Instituta, el Lie. Bartolomé de Frias ; de Artes, el pres- 
bítero Juan García, canónigo de la Metropolitana; de Retórica, 
nuestro Cervantes, y de Gramática el Br. Blas de Bustamante. Di- 
cha una misa solemne, se ordenó una lucida procesión con asistencia 
de todas las personas de letras que habia en la ciudad, y de los ve- 
cinos de los pueblos comarcanos, convocados al efecto, dirigién- 
dose todos á las casas dispuestas para asiento de la Universidad, con 
lo cual concluyó la ceremonia. El 3 de Junio se abrieron los es- 



1 De los catedráticos que menciona Cervantes daré en sus respectivos 
lugares las noticias que he podido hallar; mas como no habla del P. Pe- 
ña, diré aquí que fué natural de Covarrúbias, en el obispado de Burgos. 
En esta ciudad tomó el hábito, y profesó á 3 de Marzo de 1540. Fué cole- 
gial de S. Gregorio de Valladolid, y discípulo del gran teólogo español 
Fr, Domingo de Soto. Pasó en 1550 á la Nueva España: en 1553 era 
prior del convento grande, y en 1559 provincial. El rey le presentó para 
el obispado de la Verapaz, y luego fué promovido al de Quito, en 28 de 
Febrero de 1563 : fundó allí el convento de la Concepción. Murió en Li- 
ma á 7 de Marzo de 1583, asistiendo al concilio que celebró Santo Tori- 
bio de Mogrovejo. ( Dávila Padilla, Suma de los Capítulos, al fin de 
su Historia. — Gil González Dávila, Teatro Ecles. de Indias, tom. I, 
pág. 172; tom. II, fol. 45 vto. — Beristain, tom. II, pág. 465.) Parece 
que el lUmo. Peña desempeñó muy poco tiempo la cátedra de la Univer- 
sidad, ó acaso no llegó á servirla, porque en 21 de Julio del mismo año 
se dio al P, Veracruz, juntamente con la de Escritura que ya tenia. (Pró- 
logo de los Estatutos.) 

2 Tampoco el Dr. Melgarejo hubo de desempeñar mucho tiempo la 
cátedra de Decreto, porque cuando Cervantes escribía, ya estaba en ella 
el Dr. Arévalo Sedeño. El Dr. Melgarejo era natural de Toledo, como 
nuestro autor, y doctor por Alcalá. Pasó á la Nueva España poco antes 
de la fundación de la Universidad; y si no es distinto del que con igual 
nombre y apellido menciona D. Nicolás Antonio, tradujo y adornó con 
escolios las Sátiras de Persio ( NiC. Ant. Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 
199. — Beristain, tom. II, pág. 283). Fué oidor, según González Dávi- 
la ( Teat. Ecles. de Indias, tom. I, pág. 32) ; mas desconfío de la exactitud 
de esta noticia. 



AL DIÁLOCO PlíUJERO. II 

tudios, inaugurándolos con una oración latina nuestro Cervantes, 
según dijimos en su Vida. El dia 5 comenzó la primera cátedra, y 
en los siguientes las otras, hasta el 24, no habiéndose abierto to- 
das á un mismo tiempo, sino sucesivamente, porque el virey y au- 
diencia quisieron asistir á la primera lección de cada una. Los pri- 
meros que se matricularon, en 29 de Agosto, fueron diez religiosos 
agustinos, entre ellos el lUmo. D. Fr. Pedro de Agurto, mexicano, 
entonces simple religioso sacerdote, y después obispo de Zebúen 
Filipinas (i). 

El primer claustro pleno de que hay noticia, es uno de 21 de 
Julio de 1553, en que incorporaron en Teología al P. Fr. Alonso 
de la Veracruz, dándole la cátedra de Prima de esta facultad, con 
la de Escritura que ya tenia. Se incorporó asimismo de maestro 
en Artes, D. Juan Negrete, arcediano de la Metropolitana, y le 
dieron el grado de Doctor en Teología, así como al P. Peña los 
tres grados en Artes y en Teología, y al presbítero Juan García, 
catedrático de Artes, el de Maestro en dicha facultad. Al dia si- 
guiente se verificó, ya en las casas de la Universidad, la primera 
elección de rector, que recayó en el Dr. D. Juan Negrete; y en- 
tre los consiliarios que el mismo dia se nombraron, tué uno nues- 
tro Cervantes. 

Con esto quedó establecida definitivamente la Universidad. No 
es mi ánimo referir por menor su historia. El carácter de esta in- 
troducción no permite hacer entrar en ella lo que pide libro sepa- 
rado, ni cuento con los elementos necesarios para el desempeño de 
tal trabajo. Es de sentirse el descuido con que se ha visto lo que 
tanto podia contribuir á enaltecer las glorias patrias. Entre los in- 
numerables é ilustres hijos de la Universidad, no sé que haya ha- 
bido uno que escriba de propósito su historia. El secretario Cris- 



I Fr. Pedro de Agurto era natural de México, é hijo del escribano San- 
cho López de Agurto. Aunque Beristain dice que profesó en 1560, vemos 
que cuando se matriculó en 1553 ya era religioso. Desempeñó los princi- 
pales cargos de su orden : fué prior del convento de México, y primer rec- 
tor del colegio de San Pablo. En 1584 le eligieron provincial, y en 15S5 
asistió al tercer concilio mexicano, como teólogo consultor. Sirvió tara- 
bien la cátedra de Prima de Teología, por ausencia del P. Fr. Alonso de 
la Veracruz. En 1595 le presentó el rey por primer obispo de Zebú en las 
islas Filipinas, donde murió con fama de santidad el 14 de Octubre de 
1608. Supo las lenguas mexicana y tarasca, y era gran partidario de que 
se administrase el sacramento de la Eucaristía á los indios, con cuyo mo- 
tivo escribió un Tratado de que se deben admmistrar los Sacraineiitos de la 
Santa Eucaristía y Extreiuauncion á los indios de N'ueva España, impreso 
en México por Antonio de Espinosa, 1573, en 8?, Ict. got., y reimpreso en 
Manila, 1606, en 4? { Grijalva, O'ónica, Edad III, cap. 32; Edad IV, 
caps. II, 27, 28. — Beristain, tom. I, pág. 32. — Martínez, Hist. de Fi- 
lipinas, cap. 12). 



12 INTRODUCCIÓN 

tóbal Plaza formó una crónica que comprendía desde la fundación 
hasta 1689; pero la obra quedó manuscrita, y aunque todavía la 
disfrutó Beristain, hoy no se halla (i). 

Hay indicios vagos de que la Universidad ocupaba en i 561 una 
casa perteneciente al hospital de Jesús. Si fué porque el hospital 
habia adquirido para entonces la casa en que se hizo la fundación, ó 
porque la Universidad se habia pasado á otra parte, no es posible 
averiguarlo. Creo que ni uno ni otro es cierto, y á lo menos no hay 
constancia de tal traslación. En i9 de Junio de 1574 hizo el rey 
merced á la Universidad del solar de las casas de Alonso de Ávi- 
la, confiscadas y mandadas derribar á consecuencia de la parte que 
su dueño tomó en la conjuración del Marqués del Valle (2); mas 
no llegó á ocuparlas la Universidad por no tener la extensión su- 
ficiente. Los claustros plenos se celebraron primero en el palacio 
real, después en la sala capitular de la iglesia catedral, y más ade- 
lante en las casas de Cabildo, hasta tanto que la Universidad se es- 
tableció definitivamente en el lugar en que la conocimos. 

A 24 de Mayo de 1584 se presentó el rector de la Universidad 
á la Audiencia pidiendo se le concedieran, por su justo precio, los 
cuatro solares que el Marques del Valle estaba autorizado para ven- 
der, de los que tenia en la plazuela del Volador. No obstante la 
oposición del apoderado del Marques, la Audiencia accedió á la pe- 
tición del rector, y los solares fueron apreciados á quinientos pesos 
cada uno. Siguió el pleito; pero no impidió que con gran solem- 
nidad se pusiese la primera piedra el 29 de Junio de 1 854, quedan- 
do la obra á cargo del maestro Melchor de Ávila. Pero habiendo 
obtenido el Marques, en el año siguiente de 1585, una cédula que 
mandaba llevar los autos al Consejo de Indias, y que las cosas que- 
dasen en el estado en que se hallaban, hubo de suspenderse la obra. 

Así permaneció, hasta que habiéndose caido en 9 de Julio de 
1589 parte del edificio en que estaban las escuelas, ocurrió el rec- 
tor pidiendo que se providenciase lo conveniente, á fin de que no 
cesasen los estudios. Por de pronto se establecieron en las casas del 
Marques del Valle, en el Empedradillo ; y á pesar de estara un pen- 
diente el pleito en el Consejo de Indias, mandó el virey Marques de 
Villamanrique que se prosiguiese la obra comenzada en la plazuela 



1 El Illmo. Adame y Arriaga, que con el título de Imperialis Mexi- 
cana Universitas ilhtstj'ata imprimió en 1698 un difuso comentario latino 
á las Constitucioites de la Universidad, habría empleado mejor su tiempo 
en escribir una historia de ella. 

2 Sobre la situación de estas casas, véase la nota 51 del Diálogo Se- 
gundo. Dio el solar á censo la Universidad, y en 1645 le tenían los he- 
rederos de D) Ana Carrillo, por 172 pesos que pagaban cada año. ( Esta- 
hitos, tít. 32.) 



AL DIALOGO PRIMERO. 



del Volador, quedando á salvo el derecho del Marques del Valle, 
en cuanto al valor de los solares, que al fin se fijó en ocho mil pe- 

Para la compra primitiva del terreno y principio de la obra, ha- 
bla prestado el Ayuntamiento una cantidad de doce mil pesos: des- 
pués hizo otros dos préstamos de á cuatro mil, uno de tres mil, y 
franqueó ademas quinientos cahíces de cal. En i 589, aun no con- 
cluido el edificio, se pasó á él la Universidad, y se abrieron las 
cátedras. Continuó la obra, y no vino á perfección sino hasta el 
reinado de Carlos III. Llamaba principalmente la atención una 
vistosa portada de tres cuerpos, con prolijos follajes al estilo chur- 
rigueresco, y adornada con las estatuas del Derecho Civil, Medi- 
cina, Filosüíla, Teología y Derecho Canónico, con los bustos de 
los tres Carlos, y con el escudo de las armas reales; pero «toda 
« esta bellísima, delicada, vistosa y costosa portada, se demolió, alla- 
«nándose para el adorno en la jura del Sr. D. Carlos IV, quedando 
«solo uniformemente de perspectiva toda la fachada, pintada con 
«adornos del orden toscano. » (2) 

Las cátedras se fueron aumentando sucesivamente, y al comenzar 
el siglo actual había veinticuatro, entre ellas las de idiomas mexica- 
no y otomí, fundadas en 1 640. Al principio se rigió la Universidad 
por los estatutos provisionales que le dieron el virey y audiencia, 
modificando los de Salamanca donde lo pedían las circunstancias 
particulares del país. Corrigiólos el oidor Farfan en 1580, y en 
1583 hizo nueva corrección el Sr. Arzobispo Moya de Contre- 
ras. Por último, habiendo sido nombrado visitador de la Univer- 
sidad el Illmo. Sr. Palafox, formó en 1645 nuevos estatutos, que 
confirmados por el rey, quedaron rigiendo exclusivamente. Im- 
primiéronse en 1668, y por segunda vez en 1775. A esta fecha 
se habían ya graduado mil ciento sesenta y dos doctores, y vein- 
tinueve mil ochocientos ochenta y dos bachilleres: no hallo men- 
ción del número de licenciados, y eso que entre ellos hubo uno 
que vale por muchos: nuestro insigne poeta dramático D. Juan 
Ruiz de Alarcon (3). Rico catálogo pudiera hacerse de los hijos 
de esta escuela que subieron á las mas altas dignidades en el orden 
civil y en el eclesiástico, tanto en su propio país como en España, 
pues solamente los arzobispos y obispos pasaron de ochenta. No 



1 Alaman, Disertaciones, tom. II, págs. 216-218. 

2 Carrillo y Pérez, México Católico, MS. lib. 7, cap. i, g 8. 

3 El expediente formado para conferir á Alarcon el grado de licen- 
ciado en leyes se publicó por primera vez en el tomo IX del Boletin de 
la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y luego le reimprimió 
el Sr. D. Luis Fernandez-Guerra en los Apéndices de su extensa Vida de 
Alarcon, que mas que una biografía es el cuadro literario de la época. 



14 INTRODUCCIÓN 

siendo posible nombrarlos todos, no agraviaré á los demás men- 
cionando unos pocos, y prefiero renovar la memoria de algunos fe- 
nómenos de erudición que van cayendo en el olvido. 

El P. Dr. y Mtro. Fr. Marcelino Solís y Haro, de la orden de 
S. Agustín, natural de México, y autor de la Dedicatoria á la Uni- 
versidad que precede á la primera impresión de los Estatutos, asien- 
ta que entre los bachilleres graduados hasta entonces, habia muchos 
(cde edad de doce á catorce años, y algunos en facultades mayores, 
«de la misma edad, con lecciones de veinticuatro horas, del texto 
« que se les ha señalado. Y asimismo han hecho oposición muchos, 
«con admiración, á cátedras, de quince y menos años de edad, le- 
«yendo magistralmente. )> Pero ningún ejemplo mas notable de la 
proverbial precocidad de los ingenios americanos, que el mismo 
P. Solís y Haro. Oigamos sus propias palabras. Viene hablando 
de los favores que su familia debia á la Universidad, y luego pro- 
sigue así: «Y confiéselo á voces mi atención, pues de trece años 
«de edad, pocos mas días, merecí que V?- Señoría (la Universi- 
« dad ) me honrase con los grados de bachiller en cánones y leyes; 
« premio que me dio el paso á que de catorce me recibiese el Real 
«Acuerdo por su abogado de su Real Audiencia, y luego me ocu- 
« pase en el ejercicio de una vacante de relator en ella, y me ascen- 
«dió, de edad de diez y seis y medio al grado de licenciado y doctor 
«en la facultad de cánones, ocupándome en muchas y diversas sus- 
«tituciones de cátedras, hasta subirme al último perfectivo de sus 
«honras, con elegirme por su rector en el presente año, con el 
«aplauso que se ha experimentado.)) Este prodigio de precocidad 
es apenas conocido entre nosotros, y completamente ignorado de 
los extraños. Y no hay fundamento para ponerle en duda, porque 
el P. Solís no habia de asentar una falsedad en documento tan se- 
rio y á la faz de tantos testigos que podian desmentirle. 

Aun mas asombroso, si cabe, es el caso de D. Pedro de Paz 
Vasconcelos, natural también de México, y ciego de nacimiento, 
que con solo la asistencia á las cátedras, y «costándole sumo cau- 
«dal el tener personas de letras que le leyesen, y otras que para 
«la comprensión de lo leido le asistiesen á recordarle noticias,» 
aprendió perfectamente gramática, retórica, filosofía y teología, cu- 
yos grados recibió en la Universidad. No contento con eso, se de- 
dicó, en el estadio particular de un abogado, á la jurisprudencia 
teórica y práctica, en que hizo tales progresos, «que no solo com- 
« prendía prontamente las especies, sino que las vertía cuando se 
«ofrecía, citando fielmente los autores, lugares y páginas que le ha- 
«bian dictado. » Mucho era esto, pero no fué todo. En 1622, te- 
niendo diez y nueve años de edad, se opuso á la cátedra de Vísperas 
de Filosofía, y mostró tal aptitud, que obtuvo gran número de vo- 
tos, de manera, que si no ganó la cátedra, hubo á lo menos mu- 



AL DIALOGO PRIMERO. I 5 

clios que le juzgaron digno de ella (i). La extraordinaria memoria 
de Vasconcelos no se hará increíble sabiendo que D. Antonio Cal- 
derón, alumno también de la Universidad, luego que leia un libro 
le vendia, pues no volvía á necesitar de él, «por quedarle tan fir- 
«mes las materias que trataba, que cuando se le ofrecía, no solo 
«tenia presentes los puntos, sino que cit^aba fielmente los lugares, 
«hasta las páginas, de cuyos hechos (añade el cronista) viven aún 
«(1775) muchos testigos.» (2) 

Acostumbrada estaba la Universidad de México á presenciar ha- 
zañas literarias; pero algunas eran tales, que dejaban especial me- 
moria. Fueron de ellas las que al principiar el segundo tercio del 
siglo XVII ejecutó el dominicano Fr. Francisco Naranjo, natural 
de México. Por orden de su prelado se opuso en 1635 á la cáte- 
dra de Prima de Teología, y después á la de Vísperas de la mis- 
ma facultad, no para ganarlas, sino para manifestar en público la 
gran sabiduría de que Dios le había dotado. Después de haber ha- 
blado con maravillosa maestría en ambas ocasiones, preguntó en la 
segunda á sus superiores, qué demostración haría que pareciese 
grande. Mandáronle que repitiese en la Universidad lo que mu- 
chas veces ejecutaba en su celda, esto es, dictar á un tiempo á tres 
ó cuatro escribientes. Así lo verificó ante el numeroso concurso 
que acudió á presenciar la prueba. Leído después lo que durante 
una hora habia ido dictando alternativamente á los cuatro escri- 
bientes, sin detenerse ni preguntar nada, resultaron cuatro diserta- 
ciones perfectas, cada una de diversa materia. La admiración del 
concurso fué tal, que no faltó quien calificase de milagroso el he- 
cho. El P. Naranjo, que en su juventud habia servido en la mi- 
licia, era un religioso humilde y recogido, á quien no desvanecían 
los aplausos. Informado el rey de su mérito, le premió con la mi- 
tra de Puertoríco; pero murió antes de ser consagrado. (3) 

Más conocidos que los del P. Naranjo son los actos literarios 
que en los días 28 de Mayo, 6 y 1 1 de Junio de 1754, sustentó 
por mañana y tarde el Dr. D. Antonio Lorenzo López Portillo y 
Galíndo, nacido en Guadalajara el año de 1730. Prolijo sería re- 



1 Falleció este insigne ciego á, i? de Noviembre de 1678. Debia con- 
tar setenta y cinco años de edad, si cuando se opuso en 1622 á la cátedra 
tenia diez y nueve. ( Medina, Crónica de S. Diego, fol. 237.) 

2 Constituciones de la Universidad, prólogo. 

3 Ni Diez de la Calle {Memorial, fol. 18 vto.), ni Alcedo {Dicciona- 
rio, tom. IV, pág. 310) nombran á nuestro Naranjo entre los obispos de 
Puertoríco, siendo así que ponen los nombres de otros electos y no con- 
sagrados. La relación por menor de sus famosos actos literarios, puede 
verse en el artículo respectivo de la Biblioteca de Beristain, y en el Pró- 
logo de las Constituciones de la Universidad, donde se refieren también 
los de otras personas. 



l6 INTRODUCCIÓN 

ferir todo lo que hizo en aquellos seis actos: baste decir que los 
desempeñó con t*l lucimiento, que la Universidad le concedió in- 
mediatamente las cuatro borlas de Maestro en Artes y de Doctor 
en Teología, Cánones y Leyes, mandando colocar su retrato en el 
general para estímulo de la juventud estudiosa. El rey le nombró ca- 
nónigo de México, y luego de Valencia, donde murió en 1780. (i) 

Pronosticaba Cervantes que la Universidad tendría biblioteca, 
y grande: dos siglos fueron necesarios para que se cumpliera su 
pronóstico, y no por completo. El Dr. D. Manuel Ignacio Beye 
de Cisneros, que era rector en 1760, erigió la biblioteca y formó 
sus estatutos, confirmados por el rey en 1761. Llegó á tener mas 
de diez mil volúmenes, entre los cuales había bastantes relativos á 
nuestra historia, muchos de ellos raros y preciosos. Estaba abierta 
al público por mañana y tarde, á cuyo fin había dos bibliotecarios 
doctores. 

Antes de desaparecer definitivamente, pasó la Universidad por 
muchas vicísitudes'en los tiemposmodernos. Su primera extinción 
fué obra del presidente Farías en 1833. Santa-Anna derribó esa 
administración y reinstaló la Universidad en 1834, con variacio- 
nes en sus estatutos. El plan de estudios de 18 de Agosto de 1843 
hizo una muy notable, cual fué quitar á los estudiantes de los co- 
legios la obligación de asistir á las cátedras de la Universidad. En 
31 de Julio de 1854 el mismo Santa-Anna la organizó de nuevo, 
variando las cátedras, las cuales quedaron únicamente para los />tf- 
santes de las diversas facultades, confiriendo el grado de doctor á 
muchas personas, sin preceder los ejercicios requeridos, é intro- 
duciendo multitud de reformas que no llegaron á establecerse por 
completo (2). El descrédito en que había caído la Universidad, 
ya por la instabilidad de las leyes que la regían, ya por serle con- 
traría la opinión dominante, vino á ser causa de que solo existiese 
de nombre, sirviendo el edificio mas bien para elecciones y reu- 
niones políticas, y aun para cuartel, que para la enseñanza. El pre- 
sidente Comonfort la extinguió por decreto de 14 de Septiembre 
de 1857, el cual fué derogado por otro del general Zuloaga, á 5 
de Marzo de 1858. En una orden de 23 de Enero de 1861 dis- 
puso el presidente Juárez que la Universidad volviera al estado en 
que se encontraba antes del plan de Tacubaya, esto es, que que- 



1 Escribió en latín su Vida el P. jesuíta Maneiro. El autor era ni- 
ño cuando Portillo hizo su famoso alarde de erudición, y testifica en tér- 
minos expresivos la fama que había ganado en México. « Quacicmque 
\f.mgrcderctnr per vias urhis (dice entre otras cosas) dígito notabahir, et 
«hic Portillus est, hic ille sapiens, alter alteri repctchant.y\ ( Pág. 14. ) 

2 Diccionario Universal de Historia y de Geografía, tom. X, 
690, 691. 



AL DIALOGO PRIMERO. I7 

dará extinguida, y que el local, con cuanto le pertenecía, fuera en- 
tregado al Sr. D. José F. Ramírez. Después, no sé si por dispo- 
sición especial de la Regencia, ó simplemente por considerarse de 
hecho nula la orden citada, revivió la Universidad á mediados de 
1863, hasta que el emperador Maximiliano la suprimió definiti- 
vamente por su decreto de 30 de Noviembre de 1 865, que declaró 
vigente el de 14 de Setiembre de 1857 (i). Con tal motivo fué 
extraída la biblioteca del lugar que ocupaba, y quedó encajonada : 
hay quien diga haber desaparecido, sin saberse cómo (2): lo cierto 
es que si aun existe, de nada sirve al público. En el edificio se es- 
tableció entonces el Ministerio de Fomento, y hoy se halla con- 
vertido en Conservatorio de Música y Declamación. 



1 Diario del Imperio, del 5 de Diciembre de 1 865. 

2 Boletin de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 2* épo- 
ca, tom. I, pág. 359. 




DIALOGUS PRIMUS. 
ACADEMIA MEXICANA. 

Mesa. — Guterrius. 

■ QPg 

Mesa. 

AUDEo sane te in hanc regionem adventasse, 
quem accipio et in multis Hispaniae gy- 
mnasiis versatum, et quemadmodum re 
ipsa manifestas, novarum rerum cupidum, 

ut cum te docuero quae non vidisti, ediscam quae 

nosse voló. 

Guterrius. 

Nihil homini tam naturale, vel Aristotele teste, 
quam sponte ferri et rapi in sapientias cognitionem, 
quae cum multarum et maximarum rerum notitia 
sit, varietatedelectat: quaetiam gaudet natura, quae 
per momenta nimium inter se diversa generat: gra- 
ta ideo semper mortalibus. Ac, ut oculi diversarum 
rerum aspectu detinentur, ita semper animus in 
nova et nunquam visa intendit: ubique sui simi- 
lium taedio aífectus. Haec eo spectant omnia, ut 
scilicet intelligas, non me quaestus, quod plerique 




ctiA ÍAIA ctiA CXyj. CXU. eXjJi CtlA <t^ ttiX <ti>. Ct>>l Ctl> ftiA CtlA <tlA CTIA Ct^J. <t^ (tjA 



DIÁLOGO PRIMERO. 

LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO. 

Interlocutores. — Mesa, Gutiérrez. 
• ^S 

Mesa. 

LEGRÓME en verdad de tu venida á esta tier- 
ra, pues como sé que conoces muchos co- 
legios de España, y según en tu viaje mis- 
mo lo manifiestas, eres amigo de ver cosas 

nuevas, al mostrarte lo que no has visto, aprenderé 

lo que deseo saber. 

Gutiérrez. 

Nada es tan natural al hombre, y así lo dice Aris- 
tóteles, como sentir una inclinación innata é irresis- 
tible á adquirir la sabiduría, que por abarcar tantas 
y tan elevadas materias, nos encanta con su varie- 
dad. En esta se complace igualmente la naturaleza, 
produciendo sin cesar cosas tan diversas, y por lo 
mismo tan gratas á los hombres. Y como la varie- 
dad atrae y detiene la vista, así el ánimo se fija en 
lo que percibe por primera vez, fastidiándole infali- 
blemente la repetición de lo que ya conoce. Dígote 




ZO DIALOGUS PRIMUS. 

faciunt, sed incomperta videndigratia, tam magnum, 
tanto cum periculo Oceanum navigasse. 



Mesa. 

Trahit sua quemque voluptas. Utque tu hoc stu- 
dio, sic alii aliis ducuntur; verum hoc tuum magis 
placet. 

GuTERRIUS. 

Sic SE res habet. Sed doce rogo quod ex alio scire 
nolui: quae sit hsec domus quae altero membro, tot 
ac tantis supra subterque factis fenestris, forum, et 
facle publicam viam respicit, in quam bini modo, 
modo terni, nunc turmatim, veluti magistrum of- 
ficii gratia assectantes, in palliis oblongis et quadra- 
tis piléis, ad aures usque demissis, juvenes ingre- 
diuntur. 



Mesa. 

Academia est et formatorium adolescentium: qui 
ingrediuntur sunt scholastici, Minervae et Musa- 
rum amatores. 

GuTERRIUS. 

Locus est ullus sapientias ubi imperium tenet cu- 
piditas? 

Mesa. 
Vicit quae est potior et fortior. 

GuTERRIUS. 

Apud eos qui de rebus sic judicant, ut talem 



DIALOGO PRIMERO. 21 

todo esto para que entiendas, que no la codicia, co- 
mo en muchos sucede, sino el deseo de ver cosas 
nuevas, es lo que me ha hecho atravesar con tanto 
nelicrro el inmenso Océano. 



M 



ESA. 



A cada uno arrastra su inclinación (i). Y como 
tú te dejas llevar de esa, así otros ceden á otras; pero 
en verdad que prefiero la tuya. 

Gutiérrez. 

Así sucede. Pero sírvete informarme de lo que 
no he querido preguntar á ningún otro: ¿qué edifi- 
cio es ese con tantas y tan grandes ventanas arriba y 
abajo, que por un lado da á la plaza, y por el frente 
á la calle pública, en el cual entran los jóvenes, ya 
de dos en dos, ya de tres en tres, luego en tropel, 
como si fueran acompañando á un maestro por hon- 
rarle, y llevan capas largas y bonetes cuadrados me- 
tidos hasta las orejas? 

Mesa. 

Es la Universidad, donde se educa la juventud: 
los que entran son los alumnos, amantes de Miner- 
va y de las Musas. 

Gutiérrez. 

En tierra donde la codicia impera, ¿queda acaso 
algún lugar para la sabiduría? 

Mesa. 
Venció la que vale y puede mas. 

Gutiérrez. 
Sí; en aquellos que estiman las cosas en lo que 



22 DIALOGUS PRIMUS. 

quamquam existiment, qualis ipsa est: neque vilia 
pro speciosiSj neque speciosa pro vilibus sumentes. 

Mesa. 

Et hos principio debellavit, ditionisque suae fecit 
sapientia. Alioqui enim praepostere de rebus ómni- 
bus judicium facerent. 

GUTERRIUS. 

Obtinuisti. Jam quaeso introeamus una. Am- 
plum quidem vestibulum et spatiosa satis inferna 
deambulacra. 

Mesa. 

Talia superna sunt. 

GUTERRIUS. 

Atrium, pro frequentia et discentium numero, sa- 
tis capax, et loci nimium a sinistro hoc latere, quar- 
tum ut membrum, dextro non inferius, erigi possit. 
Verum, quod est potius, quodque Academiam vere 
nobilitat, quales habet institutores? 

Mesa. 
Óptimos. 

GUTERRIUS. 

Non de probitate rogo, sed de doctrina et docen- 
di dexteritate. 

Mesa. • 

Industrios et in omni scientia versatissimos: vis 
dicam? minime vulgares et quales paucos habet Hi- 
spania. 



DIALOGO PRIMERO. 23 

realmente valen, y no toman las viles por preciosas, 
ni al contrario. (2) 

Mesa. 

Pues á estos que así juzgan, los venció y dominó 
antes la sabiduría; que á no ser así, de todo forma- 
ran juicio errado. 

Gutiérrez. 

Razón tienes. Pero ruégote que entremos juntos. 
Ancho es, por cierto, el zaguán, y muy espaciosos 
los corredores de abajo. 

Mesa. 

Iguales son los de arriba. 

Gutiérrez. 

Para el número y concurrencia de estudiantes tie- 
ne bastante amplitud el patio; y por este lado iz- 
quierdo hay espacio sobrado para cuadrar el edificio, 
igualando el lado derecho. Pero dime lo que impor- 
ta mas, y que realmente ennoblece á una Universi- 
dad, ¿qué tales profesores tiene.? 

Mesa. 

Excelentes. 

Gutiérrez. 

Por supuesto que no pregunto de su honradez, 
sino de su instrucción y práctica en la enseñanza. 

Mesa. 

Son empeñosos, y versadísimos en todas ciencias. 
Y hasta te diré, nada vulgares, y como hay pocos 
en España. 



24 DIALOGUS PRIMUS. 

GUTERRIUS. 

Ecquis fuit rei tantae auctor? 

• Mesa. 

Caesar, cujus auspiciis et ductu multa sunt ubique 
terrarum praeclare gesta. 

GUTERRIUS. 

Quibus immunitatibus et privilegiis? 

Mesa. 

Maximis et multis, et in ómnibus a Salmanticen- 
sibus nihilo dissimilibus. 

GUTERRIUS. 

Multo pluribus, ac si fieri posset, majoribus di- 
gni sunt, qui et tam procul a patria docent, et qui 
in tanta opulentia et parentum deliciis discunt. 

Mesa. 

Quin potius, quod dicere debuisses, eo utrique 
honore afficiendi sunt, quod Novum Orbem, sa- 
pientiae fulgore, ignorantiae nébula qua obscurabatur, 
primi omnium liberent, et indos in fide cultuque 
Dei sic connrment ut ad posteros semper firmior de- 
rivetur integritas. 

GUTERRIUS. 

Rectissime judicas, ut nihil supra. Sed quod aveo 
scire jam expone: qua mercede, quamdiu, et qui 
sint tam strenui adolescentuim formatores. 



DIÁLOGO PRIMERO. 2$ 

Gutiérrez. 
¿Y á quién se debe tan grande obra? 

Mesa. 

Al Emperador, bajo cuyos auspicios y gobierno 
se han hecho en todo el orbe cosas tan insignes. 

Gutiérrez. 
¿Cuáles son sus inmunidades y privilegios? 

Mesa. 

Muchos y grandes; conformes en todo á los de 
Salamanca. 

Gutiérrez. 

Merecen muchos mas y mayores, si posible fuera, 
así los que enseñan tan lejos de su patria, como los 
que estudian en medio de los placeres y de la opu- 
lencia de sus familias. 

Mesa. 

Antes bien debieras haber dicho, que á unos y 
otros debe honrarse por haber' de ser los primeros 
que con la luz de la sabiduría disipen las tinieblas 
de la ignorancia que oscurecían este Nuevo Mundo, 
y de tal modo confirmen á los indios en la fe y culto 
de Dios, que se trasmita cada vez con mayor pureza 
á la posteridad. 

Gutiérrez. 

Juzgas tan acertadamente, que no hay mas que 
añadir. Pero dime ya lo que tanto ansio saber: qué 
emolumentos gozan, cuánto tiempo enseñan, y quié- 
nes son estos celosos maestros de la juventud. 



20 DIALOGUS PRIMUS. 



Me 



SA. 



Stipendium non idem ómnibus proponitur; quí- 
dam ducentis, alii tercentis nummis aureis, pro disci- 
plinarum dignitate et enarrantium eruditione, quo- 
tannis conducuntur. In universum tamen,pensitata 
ipsorum in docendo industria et provinciae caritate, 
tenue admodum pretium est: nam, quod nunquam 
nisi expertus credes, quge nummo aeneo, triente aut 
quadrante, in Hispania comparas, hic argénteo du- 
plo, ne dicam triplo, neutiquam vendibilia reperies. 

GUTERRIUS. 

Habeo fidem, qui invitus periculum feci: nihil 
tam vile et ubique expositum emens, quod non ar- 
génteo constiterit. Nulla est minuta pecunia, ut in 
Hispania: quodque illic argenteus, hic aureus num- 
mus est. 



M 



ESA, 



Oporteret propterea eo salario profiteri magistros, 
ut illud unum agerent quod agunt, ad alia minime 
distracti, quo se suamque familiam mediocriter ale- 
re possent: fieretque inde quod in óptima quaque 
schola contingat necesse est: ut major esset virorum 
sapientium proventus, et majoribus profectibus, ali- 
quando institutores futuri, juvenes ediscerent. 



GUTE 



RRIUS. 



Augebit praemium Carolus id ubi edoctus fuerit: 
facietque studiosis ómnibus quo indefessi pergant 
magnos ánimos, si, ut audio, ecclesiasticas dignita- 
tes et muñera reliqua, eis duntaxat obvenire digna- 



DIALOGO PRIMERO. Z'] 



Mes. 



No á todos se da el mismo sueldo; á unos dos- 
cientos, á otros trescientos pesos de oro al año (3), 
según la importancia de la facultad y la ciencia del 
profesor. Sin embargo, considerando en general el 
esmero con que enseñan, y la carestía de la tierra, 
es bajísima de todos modos la asignación. Porque 
solo la propia experiencia podrá hacerte creer, que lo 
que en España compras con cualquier moneda de 
cobre (4), aquí no hallas quien te lo venda, no digo 
por el duplo, pero ni aun por el triplo de plata. 

Gutiérrez. 

Bien lo creo, porque á mi pesar lo he experimen- 
tado : lo mas ordinario y común no se consigue sino 
con plata; no hay moneda de vellón como en Espa- 
ña, y la que allá es pieza de plata, aquí es de oro. (5) 

Mesa. 

Convendria, por lo mismo, que á los catedráticos 
se diese un sueldo tal que solo se ocupasen en lo que 
tienen á su cargo, sin distraerse para nada en otras 
cosas, y que les bastara para sustentar medianamente 
sus personas y familias. Resultaria de esto lo que es 
preciso que suceda en cualquier escuela bien orga- 
nizada: que habría mayor concurso de sabios, y es- 
tudiarían con mas ardor los jóvenes que algún día 
han de llegar á ser maestros. 

Gutiérrez. 

Aumentará los honorarios el Emperador luego 
que sea de ello informado; y si, como se dice, las 
dignidades eclesiásticas y demás empleos se han de 
reservar para los que habiendo dado pruebas de su 



28 DIALOGUS PRIMUS. 

bitur, qui facto priuseruditionis periculo, digniores 
exstiterint. 



Mesa. 

Ita futurum magna spes est. Sed jam, ut caetera 
quse rogas intelligas, scias oportet, die toto qui fe- 
riatus non sit, mane a séptima usque ad undeci- 
mam, et meridie a secunda ad sextam usque horam, 
continuatas haberi praelectiones et auctorum enar- 
rationes. Ex praeceptoribus quídam bis, plerique 
semel disciplinas tradunt. 

GUTERRIUS. 

Ita fit Salmanticae. 

Mesa. 

Sermotionalium sive rationalium scientiarum, 
quse ad cseteras ducatum praebent, tres sunt minime 
vulgares professores. 

GUTERRIUS. 

Cedo, qui et quibus horis profiteantur. 

Mesa. 

Ule quem vides inambulantem per amplum illud 
inferius gymnasium, in tanta scholasticorum fre- 
quentia, magister est Bustamantius, qui matutino 
tempore ab octava ad nonam, et pomeridiano a se- 
cunda adtertiam industrie pariter etdiligenterGram- 
maticam profitetur, cujus est primarius moderator; 
explicat auctores sedulo, labyrinthos solvit, et quae 
sunt potiora docte satis observat. In Dialéctica et 
Philosophia, quarum est magister, non leviter ver- 
satus; et quiaperannosviginti sex indefessus juven- 



DIÁLOGO PRIMERO. 29 

erudición sean considerados mas dignos, esto infun- 
dirá grande ánimo á los escolares para proseguir in- 
cansables en sus estudios. 

Mesa. 

Hay muchas esperanzas de que así se hará. Mas 
ahora, para que sepas lo demás que preguntas, debo 
decirte que los dias no feriados hay continuas leccio- 
nes y explicaciones de autores, de las siete á las once 
de la mañana, y de dos á seis de la tarde. Algunos 
profesores dan cátedra dos veces al dia, y los mas 
una sola. 

Gutiérrez. 
Lo mismo es en Salamanca. 

Mesa. 

De las ciencias concernientes al lenguaje y al ra- 
ciocinio, que guian á las demás, hay tres sobresa- 
lientes profesores. 

Gutiérrez. 
Dime quiénes son y á qué horas enseñan. 

Mesa. 

El que ves paseando por aquella grande aula de 
abajo, tan llena de discípulos, es el maestro Busta- 
mante, que de ocho á nueve de la mañana, y por la 
tarde de dos á tres, enseña con tanto empeño como 
inteligencia la gramática, de que es primer profesor. 
Explica con cuidado los autores, desata las dificul- 
tades, y señala con bastante inteligencia las bellezas. 
No es poco versado en Dialéctica y Filosofía, en las 
cuales es maestro: y como hace veintiséis años que 
se emplea sin descanso en la enseñanza de la juven- 



30 DIALOGUS PRIMUS. 

tutem mexicanam instituit, vix est ullus qui aut 
concionetur aut doceat, qui non ejus fuerit disci- 
pulus. 

GuTERRIUS. 

Quam multos habebit nepotes ! si qui format ani- 
man non minus quam qui corpus generat, pater est. 



Mesa. 

Plañe quamplurimos, quos magnis compendiis 
docuit, et ad virtutem, quantum tulerunt ipsorum 
ingenia, feliciter instruxit. Jam sursum ascendamus, 
nam in superiori loco reliqua sunt auditoria. Hoc 
quod est ad dexteram, enarrandae Sacrae Theologise 
gymnasium dicatum est, in quo a secunda ad tertiam 
Magister Cervantes, multis ipsum caeterarum disci- 
plinarum candidatis et eloquentiae studiosis audien- 
tibus, quod ad ipsas sit ornamentum, Rhetoricam 
profitetur. 

GuTERRIUS. 

Is est, ni fallor, quem etiam Orsunensis Acade- 
mia habuic artis dicendi praeceptorem. 



Me 



SA, 



Ipsemet. In illo ángulo, post magnificum illud 
auditorium in quo Jus Pontificeum et Caesareum 
enarratur, dúo sunt cubicula ampia satis, in quorum 
primo Joannes Garcias, presbyter et idem Artium 
Magister, Dialecticam magno conatu et non minori 
profectu tradit; idque facit in die bis. Vir est et lit- 
teris et probitate commendandus. 



DIALO(;0 PRIMERO. JI 

tud mexicana, apenas hay en el dia predicador ó ca- 
tedrático que no haya sido discípulo suyo. (6) 



Gutiérrez. 

¡Cuan larga será su descendencia! si quien forma 
el ánimo no merece menos el nombre de padre, que 
quien ha dado la existencia. 

Mesa. 

Ciertamente muy dilatada. A todos enseñó con 
gran brevedad y encaminó con buen éxito por la sen- 
da del saber, en cuanto permitió el ingenio de cada 
uno. Pero subamos, que allá arriba están las demás 
cátedras. La que se ve á la derecha está destinada á 
la lección de sagrada Teología, y en ella, de dos á tres, 
el Maestro Cervantes enseña Retórica á los aficiona- 
dos á la elocuencia, que vienen á oirle, y á los es- 
tudiantes de las demás facultades, para que realce 
el mérito de todas. 

Gutiérrez. 

Este Cervantes, si no me engaño, es el que tam- 
bién fué catedrático de Retórica en la universidad 
de Osuna. (7) 

Mesa. 

El mismo. En aquella esquina, pasada la magní- 
fica clase en que se lee Derecho Civil y Canónico, hay 
dos salas bastante amplias. En la primera, el pres- 
bítero y Maestro en Artes, Juan García (8), enseña 
dos veces al dia la Dialéctica, con mucho empeño y 
no menor provecho. Es persona digna de aprecio 
por su probidad y literatura. 



32 DIALOGUS PRIMUS. 

GUTERRIUS. 

Bone Deus! quantis clamoribus et quanta ma- 
nuum jactatione obesus ille scholasticus cum gracili 
altero contendit! Vide quam urgeat et instiget. 

Mesa. 

Parla facit, et obslstit contra vehementissime al- 
ter: ambo tamen, ut video, de lana caprina conten- 
dunt, cum de re magna disceptare videantur. 



GuTERRIUS. 

Quem tot agustiniani monachi, una cum alus 
presbyteris, audituri, Theologicum gymnasium in- 
grediuntur? 

Mesa. 

Fratrem Alphonsum a Vera Cruce, Artium et 
Theologiae, si quem habet provincia nostra, Magi- 
strum doctissimum, primum sacratissimseac divinae 
scientiae interpretem, variae et multijugae eruditionis 
hominem, in quo virtus eximia cum singular! et 
admiranda doctrina contendit. 

GuTERRIUS. 

Felicissimum virum mihi narras, et tanta, prae- 
ter caetera, sicuti audio, modestia, ut omnes admi- 
retur, contemnat neminem, modice semper de se 
sentiens. 

Mesa. 

Cañones sacros enarraturus, cathedram conscendit 
Doctor Morones, optime de Jurisperitia meritus, 



DIALOGO PRIMERO. 33 



UTIERREZ. 



¡Dios mío! ¡con qué gritos y con qué manoteo 
disputa aquel estudiante gordo con el otro flaco! 
Mira cómo le hostiga y acosa. 

Mesa. 

Lo mismo hace el otro, y se defiende vigorosa- 
mente: sin embargo, según advierto, ambos dispu- 
tan por una bagatela, aunque al parecer se trata de 
cosa muy grave. 

Gutiérrez. 

¿A quién van á oir tantos frailes agustinos que 
junto con algunos clérigos entran á la cátedra de 
Teología? 

Mesa. 

A Fray Alonso de la Veracruz (9), el mas emi- 
nente Maestro en Artes y en Teología que haya en 
esta tierra, y catedrático de prima de esta divina y 
sagrada facultad : sugeto de mucha y varia erudición, 
en quien compite la mas alta virtud con la mas ex- 
quisita y admirable doctrina. 

Gutiérrez. 

Según eso es un varón cabal, y he oido decir ade- 
mas que le adorna tan singular modestia, que esti- 
ma á todos, á nadie desprecia, y siempre se tiene á 
sí mismo en poco. 

Mesa. 

Para leer Cánones, de que es catedrático de Prima, 
sube á la cátedra el Doctor Morones, á quien tanto 

5 



34 



DIALOGUS PRIMUS. 



auditoribus, quos habet multos, perspicuitate gra- 
tus: cujus partes in Canónico Jure interpretando 
primae sunt. 

GüTERRIUS. 

Multi ipsum sequuntur. 

Mesa. 

Et quidcm mérito. A decima vero ad undecimam 
usque, eodem loco, Doctor Arevalus Sedenus Pon- 
tificum Decreta sic exacte et absolute explicat et eno- 
dat, ut quod jurisperitissimi reprehendant inveniant 
nihil, quae autem admirentur, tanquam ab oráculo 
quodam profecta, multa. Abundans est in argumen- 
to sterili; concisus infertili; promptus in citando; 
subtilis in inferendo; laqueos intendit, eosdem sol- 
vit; nihil quod sit in Jure magnum et abditum igno- 
rans, ac ut semel dicam, solus qui possit auditores, 
jurisconsultos reddere. 

GUTERRIUS. 

Audivi ipsum Salmanticae, et quam de se maxi- 
mam semper spectationem dederat, in dies magis ac 
magis auxit. 

Mesa. 

A meridie a tertia ad quartam, Joannes Negrete, 
Artium ac Theologiae Magister, qui superiori anno 
Academias Rector exstitit, Theologiam enarrat; 
in Philosophia et Mathematicis ad admirationem 
usque versatus, et nequid ei deesset quominus 
disciplinarum Cyclopaediam absolveret, Medicinae 
non ignarus. 



DIÁLOGO PRIMERO. 35 

debe la Jurisprudencia. Sus discípulos, que son 
muchos, le oyen con gusto por su claridad. (lo) 



Gutiérrez. 
Muchos le siguen. 

Mesa. 

Y con razón. De las diez á las once, y en la mis- 
ma cátedra, el Doctor Arévalo Sedeño (i i) explica y 
declara los Decretos Pontificios con tal exactitud 
y perfección, que los mas doctos en Derecho nada 
encuentran digno de censura, sino mucho que ad- 
mirar, como si fuesen palabras de un oráculo. Es 
copioso en los argumentos estériles, conciso en los 
abundantes, pronto en las citas, sutil en las deduc- 
ciones. Presenta sofismas y los deshace, nada ignora 
de cuanto hay mas oscuro y elevado en Derecho, y 
por decirlo de una vez, es el único que puede hacer 
jurisconsultos á sus discípulos. 

Gutiérrez. 

Le oí en Salamanca, y cada dia fueron creciendo 
las esperanzas que siempre se tuvieron de él. 



M 



ESA. 



Por la tarde, de tres á cuatro, lee Teología, el 
Maestro en ella y en Artes, Juan Negrete (12), que 
el año pasado fué rector de la Universidad. Asom- 
bra su saber en Filosofía y Matemáticas, y porque 
nada le falte para abrazar todas las ciencias, tampoco 
ignora la Medicina. 



36 DIALOGUS PRIMUS. 

GUTERRIUS. 

Necessarius quidem tanto gymnasio vir. 



Me 



SA. 



Eodem tempore a quarta ad quintam, Justiniani 
Institutiones Doctor Frías, et ídem Artium Ma- 
gister, graece et latine doctissimus, ingenióse satis 
exponit: annos, quod mirabere, nondum triginta 
quatuor transgressus. 

GUTERRIUS. 

In nascente Academia magnos mihi et eximios vi- 
ros narras, et qui in confirmatissima et aucta, mul- 
tis et opimis reditibus jure suo singuJi muñera sua 
obire potuissent. Estne tamen alius Mexici gram- 
maticus? nam unus, etiamsi peritissimus, nescio an 
possit esse satis. 



Mesa. 

Fuerunt antehac Puebla, Vazquius, Tarragona, 
Martinus Ferdinandus, in Dialecticis et Physicis non 
vulgariter eruditus, et quidam Cervantes, in grasca 
et latina litteratura multorum testimonio versatis- 
simus, aliique multi qui non infeliciter instituerunt, 
sed destituere, alio vocante consilio: nuper autem 
venit ex Hispania quidam Didacus Diecius, qui in 
privata schola et praecepta etauctores eméndate ni- 
mium exponit, utilior semper, nam audio gnaviter 
ipsum litteris incumbere, adolescentibus futurus. 



DIÁLOGO PRIMERO. 37 

Gutiérrez. 

Sugeto como se necesitaba para tan insigne Uni- 
versidad. 

Mesa. 

De las cuatro á las cinco da cátedra de Instituta, 
con bastante acierto, el Doctor Frias, Maestro tam- 
bién en Artes, peritísimo en griego y latin; pero lo 
mas admirable es que aun no ha cumplido treinta 
y cuatro años. (13) 

Gutiérrez. 

Según me informas, hay en esta naciente escuela 
profesores sabios é insignes, todos muy capaces de 
desempeñar con gran fruto su cargo en cualquiera 
otra Universidad de las mas antiguas y famosas. 
¿ Pero no hay, por ventura, en México otro gramá- 
tico? Porque uno solo, por instruido que sea, no 
sé si podrá bastar. 



M 



ESA. 



Tuvimos antes á Puebla, Vázquez (14), Tarra- 
gona, Martin Fernandez, de no común erudición en 
Dialéctica y Física, y un tal Cervantes (15), que se- 
gún decían muchos, era muy versado en letras grie- 
gas y latinas: hubo ademas otros varios que enseña- 
ron con buen éxito, pero no han proseguido en ello, 
por haberse dedicado á otras ocupaciones. Sin em- 
bargo, vino hace poco de España un Diego Diez, 
quien en una escuela privada explica con todo es- 
mero las reglas y los autores; y será cada día mas 
útil á la juventud, porque él también se dedica asi- 
duamente al estudio, según me dicen. 



38 DIALOGUS PRIMUS. 

GUTERRIUS. 

Recte quidem: sed quis est ille tam procerus, in 
veste talari, humero clavam argenteam gestans? 



Me 



SA. 



Academiae clavarius, quem hispane Bedelum dici- 
mus; virque, quod in eo muñere satis congruit, non 
ineruditus. 

GUTERRIUS. 

Ecquid, capite detecto, Theologo moderatori 
nuntiat? 

Mesa. 

Crastina die, quae ex Academiae legibus feriata est, 
ei a labore praelegendi cessandum esse. 

GUTERRIUS. 

Stata et constltuta est dies Jovis, si dies festus in 
hebdómada alius non inciderit? 

Mesa. 
Sic habet Academiae mos. 

GUTERRIUS. 

Quid continet papyrus illa januas fixa? 

Mesa. 

Physicas et Theologicas assertiones, problemáti- 
cas quasdam, alias affirmativas, negativas alias, sicuti 
ibidem suscriptum est, die tertia, seu, ut academici 
loquuntur, feria tertia, hoc in theologico auditorio 
publice defendendas et impugnandas. 



DIALOGO PRIMERO. 39 



GUTIÉRREZ. 

Perfectamente. Pero ¿quién es aquel hombre tan 
alto, con ropa talar, y una maza de plata al hombro? 

Mesa. 

El macero de la Universidad, que en castellano 
llamamos Bedel. Es hombre de estudios, circuns- 
tancia que no sienta mal en tal empleo. (i6) 

Gutiérrez. 

¿Y qué dice, con la cabeza descubierta, al cate- 
drático de Teología? 

Mesa. 

Que mañana no ha de dar cátedra, por ser día fes- 
tivo, según las constituciones de la Universidad. 



GUTI 



errez. 



I Está señalado por tal el jueves, si no hay otro 
dia de fiesta entre semana? 

Mesa. 
Así es costumbre en esta Universidad. 



Gutiérrez. 
¿Qué contiene aquel papel fijado en la puerta? 



Mesa. 



Conclusiones físicas y teológicas; unas problemá- 
ticas, otras afirmativas, otras negativas, que según 
allí mismo se expresa, se han de defender é impug- 
nar en esta cátedra de Teología el martes, ó la fe- 
ria tercera, como dicen los escolares. 



40 



DIALOGUS PRIMUS. 



GUTERRIUS. 



Acriterne impetuntur quicumque axiomata tu- 
taturi palasstram altercatoriam ingrediuntur? 

Mesa. 

Acerrime, et ea inter propugnantem et impu- 
gnantem pugna committitur, ad eumque modum 
manus conseritur, ut uterque non minus quam pro 
aris et focis digladiari videatur. Sedet sublimis li- 
tium compositor et quaestionum profligator, certa- 
minis (ut ait Vives) praeses et contentionum decre- 
tor, cum epitogio et ephestri doctorali insigni ejus 
ordinis et dignitatis, ex magistris cui secundum le- 
gem obtigit. 

GuTERRIUS. 

Nunquid ex aequo fortiter et strenue qui in are- 
nara descendunt decertant et contendunt? 

Mesa. 

Minime vero; quídam enim jugulum petunt, et 
ad recantandum adigunt concertatorem; alii idem 
conantur, sed non assequuntur. Nonnulli gladio 
adoriuntur plúmbeo, et qui statim retunditur, aut 
quia tyrones sunt, certamen nunquam ingressi, aut 
quia ingenio non usque adeo sunt perspicaci. 

GUTERRIUS. 

Datne manus aliquando propugnator? 



Mesa. 

Fere nunquam, quod aut a praeside aut ab alio 
ex veteranis et qui prselio saepe interfuerunt, juva- 
tur: fitque nonnunquam ut contraria sentientibus 



DIÁLOGO PRIMERO. 4I 

Gutiérrez. 

¿Son acometidos con mucho vigor los que des- 
cienden á la palestra para defender las conclusiones? 

Mesa. 

Terriblemente, y es tal la disputa entre el susten- 
tante y el arguyente, y de tal modo vienen á las ma- 
nos, que no parece sino que á ambos les va la vida 
en ello. En asiento elevado está, con muceta y ca- 
pirote doctoral, insignia de su grado y dignidad, uno 
de los maestros, á quien tocó el puesto según las 
constituciones, y es quien dirige la controversia y 
aclara las dudas: presidente del certamen y juez de 
la disputa, como le llama Vives. 

Gutiérrez. 

¿ Por ventura los que bajan á la arena pelean siem- 
pre con el mismo brío y fortaleza? 

Mesa. 

Nada de eso: unos descargan golpes mortales y 
hacen desdecirse al adversario: otros lo procuran y^ 
no lo consiguen. Algunos pelean con malas armas, 
que al punto se embotan; ya porque son princi- 
piantes y nunca han bajado á la palestra, ya por falta 
de ingenio suficiente. 

Gutiérrez. 

¿Acontece alguna vez que el sustentante se dé 
por vencido? 



Me 



SA. 



Casi nunca, porque no falta quien le ayude, bien 
sea el presidente ó algún otro de los aguerridos que 
se han hallado en muchos combates: y suele acon- 

6 



42 



DIALOGUS PRIMUS. 



doctoribus et designatis, vehementior multo inter 
ipsos quam inter eum qui ictus excipit et infert, 
concertatio oboriatur. 

GUTERRIUS. 

A quo dirimitur et componitur? 

Mesa. 

Nocte, nam alius non adest Palaemon : quod 
plerumque prasfectus certaminis, sive propugnato- 
ris tutor, gravius impugnatur, quam pupillus seu 
cliens cui patrocinatur, vel quem tela excipientem 
et retorquentem defendendum sumpsit. 

GuTERRIUS. 

Estnejam candidatorum lectioP 

Mesa. 

Nondum, quod in Dialecticis primam bachalau- 
reatus lauream nonfuerint discentes consequuti: erit 
tamen brevi, nam id hactenus per temporis angu- 
stian! non licult. Insacris tamen Canonibus, quod 
Salmanticaeipsos audierunt, Bernardus Lupus, pre- 
sbyter, inadministrationeAntiquerensisepiscopatus 
secundus a Praesule, vir eruditionis non aspernandas. 
Doctor Frias et Magister Cervantes primam coro- 
nam accepere. 



GUTERRIUS. 



A quo? 



Mesa. 
A Doctore Quesada, consiliario regio, viro utSal- 



DIÁLOGO PRIMERO. 43 

tecer que siendo de opiniones contrarias doctores y 
licenciados (17), se traba el combate entre ellos con 
mucho mas calor que entre los mismos que soste- 
nian antes la disputa. 

Gutiérrez. 

¿Quién pone término á la cuestión? 

Mesa. 

La noche, porque no hay allí otro Palemón (18): 
pues muchas veces el presidente del acto ó padrino 
del sustentante es acometido con mas vigor que el 
discípulo ó ahijado á quien patrocina, ó que algún 
otro cuya defensa tomó viéndole metido en la con- 
tienda. 

Gutiérrez; 
¿Ha habido ya lecciones de candidatos? (19) 

Mesa. 

Todavía no, porque los discípulos de Lógica aun 
no han obtenido el primer grado de bachiller; pero 
pronto las habrá, puesto que hasta ahora por falta 
de tiempo no se ha podido. Sin embargo, ya reci- 
bieron el primer grado en sagrados Cánones, porque 
los habían estudiado en Salamanca, el presbítero 
Bernardo López, provisor del obispado de Oajaca, 
persona de notable erudición, el Doctor Frias y el 
Maestro Cervantes. (20) 

Gutiérrez. 
¿Por quién fueron graduados? 

Mesa. 
Por el Doctor Quesada, oidor de la Real Audien- 



44 



DIALOGUS PRIMUS. 



mantica et Complutum testes sunt, in utroque Jure 
cum antiquis conferencio. 

GUTERRIUS. 

Qua pompa et quibus expensis imponitur pileus 
doctoralis? 

Mesa. 

Máxima sane, et eo pecuniarum dispendio, ut 
multo vilius constet Salmanticse. 

GuTERRIUS. 

Quantus est doctorum et magistrorum numerus? 

Mesa. 

Ex his qui Mexici supremam coronam sunt co«- 
sequuti, et his qui alibi eadem donati sunt, jam 
Academise alumni et illorum ordini adscripti, tan- 
tus, ut vix major sit Salmanticse: ad quam tanti 
gymnasii felicitatem hoc accessit, ut Alphonsus a 
Montufare, Mexicanus Archiepiscopus, in sacra 
Theologia eximius Magister, in serie et classe doc- 
torum primus reponeretur, sic in litteras et litteratos 
affectus, ut nihil tam enixe curet, quam quo pacto 
majores semper in re litteraria progressus fiant. 



GuTERRIUS. 

Quam recte ille: 

Da mihi Maecenates, non deerunt, Flacce, Marones ! 

Qui designantur aut in Theologicis, aut in Physicis, 
aut in Jurisperitia, quo periculo privatum certamen 
adeunt? 



DIALOGO PRIMERO. 45 

cia (21), sugeto tan perito en ambos Derechos, que 
es digno de ser comparado á los antiguos, según pue- 
den testificarlo Salamanca y Alcalá. 

Gutiérrez. 

¿Con qué aparato se da la borla y cuánto cuesta? 

Mesa. 

Con grandísima pompa, y con tal gasto, que mu- 
cho menos cuesta en Salamanca. 

Gutiérrez. 

¿Cuántos doctores y maestros hay? 

Mesa. 

Entre los que se han graduado en México, y los 
que alcanzaron el título en otras partes, pero que 
ahora son del claustro y gremio de esta Universidad, 
hay tantos, que apenas serán mas en Salamanca: á lo 
que se agrega, para mayor dicha de tan ilustre Aca- 
demia, que D. Fr. Alonso de Montúfar, Arzobispo 
de México, é insigne Maestro en sagrada Teología, 
se cuenta el primero en el número de sus docto- 
res (22); siendo tan aficionado á las letras y á los 
literatos, que nada procura con tanto empeño como 
excogitar medios para que sean siempre mayores los 
adelantos de la literatura. 

Gutiérrez. 

¡Cuan cierto es aquello de 

«Dame, Flaco, Mecenas, y no faltarán Marones!» (23) 

Los que desean graduarse en Teología, Filosofía ó 
Jurisprudencia, ¿qué comprometen en el examen 
privado? 



^6 DIALOGUS PRIMUS. 

Mesa. 

Máximo, honoris scilicet, qui apud plerosque 
vita potior habetur: nemo enim adeo sibi bene con- 
scius est, qui eo in conflictu praefigi sibi nigrum 
Cita magnopere non vereatur, cum alioqui nullus 
sit unquam undequaque consumatus. 

GUTERRIUS. 

Eaedem quae apud Salmanticenses probandi et im- 
probandi sunt litterae, A et R? 

Mesa. 

Eaedem omnino: tres tamen fuere apud antiquos 
inferendis suffragiis: C, quae condemnabat, de qua 
dixit ille nigrum prafigere cita\ A, quae approbabat; 
L et N, quae non liquet significabant. 

GUTERRIUS. 

Bibliothecam non habet schola? 

Mesa. 

Erit magna ubi coaluerit: interea tamen quae sunt 
in monasteriis non parvae, haud leviter juvabunt 
eos qui ipsas adire voluerint. Sed jam quaeso, quan- 
do quale sit gymnasium mexicanum accepisti, quae 
sit Salmanticensis descriptio (quodaudio in Hispa- 
nia celeberrimum), si non est molestum, paucis in- 
dicato. 

GuTERRIUS. 

Rem adeo magnam, quis possit paucis perstrin- 
gere? 



DIÁLOGO PRIMERO. 47 

Mesa. 

Lo mayor de todo, es decir, la honra, que mu- 
chos estiman más que la vida; ninguno hay tan con- 
fiado en sí mismo, que no tenga gran temor de que 
en aquel lance le pongan una negra C, porque nadie 
puede tener agotada una materia. 

Gutiérrez. 

Para aprobar y reprobar ¿usan aquí las mismas 
letras que en Salamanca, es decir, la A y la R? 

Mesa. 

Exactamente las mismas; pero los antiguos usa- 
ban tres para votar: la C que condenaba, por lo cual 
se á\] o poner una negra C (24) ; la A que aprobaba, 
y la L y N, que significaban non liquet, esto es, «no 
está claro.)) 

Gutiérrez. 
¿No tiene biblioteca esta Universidad? 

Mesa. 

Será grande cuando llegue á formarse. Entretanto, 
las no pequeñas que hay en los conventos servirán 
de mucho á los que quieran frequentarlas. Mas ya 
que te he hecho la descripción de la Universidad de 
México, dime en breves razones, si no te sirve de mo- 
lestia, cómo es la de Salamanca, que se tiene por la 
mas célebre de España. 

Gutiérrez. 

¿ Quién podrá compendiar cosa tan grande en po- 
cas palabras? 



48 DIALOGUS PRIMUS. 

Mesa. 

Qui potest multis explicare; nam Macrobius a 
Virgilio eo versu 

Et campos ubi Troja fuit, 
cxhaustam et absortam esse scribit 

GuTERRIUS. 

Absolvam igitur paucioribus quamforsan postu- 
lasti. Dúplex est schola: altera ab altera parum dis- 
juncta: superior altera, altera inferior dicitur. Su- 
perior multa et eadem amplissima, inferna habet 
auditoria, singula cum inscriptionibus disciplina- 
rum quas in ipsis traduntur. Atrium est pro gy- 
mnasiorum amplitudine longe lateque patens, por- 
ticibus capacissimis cinctum: sacellum quoque in 
inferior! loco, ubi sacrum celebratur, ornatissimum: 
horologium supra edito satis loco positum, non ho- 
ras modo integras, sed partes, duobus agnis mutuo 
in cymbalum arietantibus designans, videre est. An- 
telucano prope tempore, et sub noctem, nulla fere 
hora intermissa, scientiarum omnium prselectiones 
sunt, singularumque non dúo aut tres, sed multi 
doctissimi prseceptores exstant; idemque non omnes 
unius classis, ñeque eodem salario profitentur; nam 
quidam primi, secundi alii, alii tertii ordinis sunt: 
atque ita cum stipendia sint diversa, honor varius, 
non eamdem eruditionem in ómnibus sequitur. Pri- 
marii moderatores, et qui Decretum enarrat, tan- 
quam in bello duces, potiori sunt in loco. Ab his 
secundi qui vespertino tempore, a tertia scilicet ad 
quartam, docent. Scholasticorum frequentia nullibi 
major, penes quos in tribuendis cathedris suffragia 
sunt. Inferiorem scholam multi versatissimique 



DIÁLOGO PRIMERO. 49 

Mesa. 

El que pueda describirla con muchas, pues Ma- 
crobio escribe que Virgilio con este verso 

Los campos donde Troya fué, 

deshizo y borró una gran ciudad. (25) 
Gutiérrez. 

Pues lo diré, acaso con más brevedad de la que 
pedias. La Universidad se divide en dos escuelas, 
poco apartadas entre sí, y que llaman mayor y me- 
nor. La mayor tiene en el piso bajo muchas y gran- 
dísimas cátedras, cada una con el letrero de la facultad 
que en ella se enseña. El patio es tan largo y ancho 
como corresponde á la extensión de las cátedras, ro- 
deado de pórticos amplísimos. Hay también en el 
piso bajo una capilla muy bien aderezada, donde se 
celebran los oficios divinos: sobre ella, y á conve- 
niente altura, es de ver el reloj, que no solo da las 
horas sino también los cuartos, por medio de dos 
carneros que vienen á topar mutuamente en la cam- 
pana. Casi desde que amanece hasta que anochece 
se dan sin intermisión lecciones de todas ciencias: 
de algunas no hay solo dos ó tres catedráticos, sino 
muchos y muy doctos, aunque no todos son de la 
misma categoría, ni disfrutan igual sueldo. Los hay 
de primera, segunda y tercera clase; y así como los 
honores y emolumentos no son los mismos, tam- 
poco es igual en todos la erudición. Los catedráti- 
cos de Prima y el de Decreto tienen el primer lugar, 
corno los generales en un ejército: síguense los de 
Vísperas. En parte alguna hay mayor concurrencia 
de estudiantes, y á ellos toca votar para la provisión 
de cátedras. Ocupan la escuela menor muchos gra- 

7 



50 



DIALOGUS PRIMUS. 



grammatici, cathedrarum eodem ordine moderato- 
res, non uno et eodem praemio cuncti profitentes 
occupant. In utroque gymnasio, prseter eos qui re- 
gia mercede disciplinas tradunt, multi alii aeque docti 
cathedrarum competitores et candidati, ostentandi 
ingenii gratia, et ut favorem et applausum schola- 
sticorum comparent, etiam gnaviter et strenue ex- 
plicandis scientiarum arcanis incumbunt. Missafa- 
cio collegia innúmera, in quibus quidam ad annum 
septimum alii ad octavum et eo amplius, alieno 
sumptu aluntur. Ex his collegiis nuUus fere prodit, 
qui cathedrse candidatus, aut regio alicui praetorio 
adscribi vel praefici, aut Caesareum vel Pontificeum 
munus obire, non dignissime possit. In monaste- 
riis etiam, quse complura sunt, privatae sunt scho- 
lae Artium et Theologiae. Variae quoque, nequid 
desideres, litterariae concertationes. Vis dicam? et id 
quidem uno verbo, quod vel prolixa oratione asse- 
qui non potero: non est in Sicilia tanta frumenti 
copia, quantus est Salmanticae doctorum proventus. 
Vestra tamen Academia in barbara et antehac in- 
culta regione posita, modo etiam nascens, ejusmodi 
est inchoata principiis, ut brevi credam futurum 
Novam Hispaniam, ut hactenus argenti copia, ita 
in posterum sapientium multitudine, apud caeteras 
nationes optime audituram. 

Mesa. 

Multa in quam paucissima contulisti; quae in his 
fuerunt latius disserenda, rogabo alias, cum otii plus 
nacti erimus. Nunc autem, quoniam meridies ap- 
petit, pransum abeamus. 



DIÁLOGO PRIMERO. 5I 

máticos versadísimos, que con diversos sueldos re- 
gentan las cátedras de su ramo. En ambas escuelas, 
ademas de los profesores dotados por el rey, hay 
otros muchos igualmente doctos que aspiran á ga- 
nar cátedras, y que por lucir su ingenio ó captarse 
el aplauso y favor de los escolares, explican con todo 
empeño y claridad los arcanos de las ciencias. Omi- 
to hacer mención de los innumerables colegios don- 
de, sin pagar nada, son mantenidos algunos cole- 
giales siete años, otros ocho, y aun mas. De estos 
colegios apenas sale quien no pueda ser oidor ó pre- 
sidente de alguna audiencia real, ú obtener cualquier 
otro empleo en el orden civil ó eclesiástico. En los 
conventos, que son muchos, hay asimismo estudios 
particulares de Artes y Teología. Y para que nada 
se eche menos, también hay certámenes literarios. 
¿Quieres, por último, que en una sola palabra en- 
cierre yo lo que no cabria en un largo discurso ? No 
hay en Sicilia tanta abundancia de trigo (26), como 
en Salamanca de sabios. Con todo, esta Academia 
vuestra, fundada en región antes inculta y bárbara, 
apenas nace cuando lleva ya talesprincipios, que muy 
pronto hará, según creo, que si la Nueva España 
ha sido célebre hasta aquí entre las demás naciones 
por la abundancia de plata, lo sea en lo sucesivo por 
la multitud de sabios. 

Mesa. 

Mucho me has dicho en brevísimas razones. Cuan- 
do estemos mas desocupados te servirás explicarme 
algunas cosas que piden tratarse con mas deteni- 
miento. Por ahora, vamos á comer, que ya es cerca 
de medio dia. 



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yas^i 






^ 



Notas al Diálogo Primero. 



Nota I, pág. 21. 
Firg., Egl. II, V. 65. 

Nota 2, pág. 23. 

Al escribir esto Cervantes, tenia sin duda en la memoria el prin- 
cipio de la Introducción y Camino para la Sabiduría, de Luis Vi- 
ves, que no muchos años antes habia traducido al castellano. (( Vera 
iisapientia est de rebus incorrupte judicare, ut talem unamquamque 
nexistimemus qualis ipsa est, ne vilia sectemur tamquam speciosa, 
« aut pretiosa tamquam vilia rejiciamus. » 



Nota 



3> pag. 27. 



Aunque nummi auret deberia traducirse, en rigor, por monedas 
de oroy como tal traducción no daria al lector una idea, ni siquiera 
aproximada, del sueldo de los catedráticos, me pareció que la de- 
signación de Cervantes debia aplicarse á \os pesos de oro, que era la 
moneda común de cuenta en aquella época. Pero con esto no ade- 
lantamos, en verdad, gran cosa, porque habia varias especies de 
pesos de oro^ con valores muy diversos. Ademas del llamado sim- 
plemente peso de oro 6 castellano, hahí^ peso de oro de minas, pe so de 
oro ensayado, peso de oro común, y peso de oro de tepuzque. Los 



NOTAS AL DIALOGO PRIMERO. 53 

valores intrínsecos de estas diversas monedas, han sido fijados por 
e! Sr. Orozco y Berra (i) en esta forma: 

Peso de oro 2 ps. 93 es. 

Peso de oro de minas y peso de oro en- 
sayado 2 ,, 64 ,, 

Peso de oro común ^ yy 7 S >* 

Peso de tepuzque i „ 60 ,, 

; A cuál de estas monedas se refiere Cervantes? Ya ve el lector 
que si es á- los pesos Je oro ó castellanosy el sueldo de los catedrá- 
ticos equivalía á unos óoo ó 900 pesos de los actuales; pero si á 
ios pesos de tepuzque ^ se reduce á 320 ó 480 pesos al año. Creo 
que entre ambos extremos está la verdad, y que se trata de pesos 
de oro de minas y porque de estos se expresa que eran los mil pesos 
de que hizo merced el Emperador para la fundación de la Uni- 
versidad; con la circunstancia de que repetidas veces se les llama 
simpl emente /"¿"j-í^j- de oro y y una ^oXdi pesos de oro de minas y dándonos 
á conocer que esto era lo que comunmente se entendía al decir 
pesos de oro. Y en el título xxxii de los Estatutos ^ Constituciones 
de la Universidad, formados en 1645, se expresan todavía tn pesos 
de oro de minasy las principales partidas de las rentas del estable- 
cimiento. Si, pues, estos eran los nummi aurei de Cervantes, el 
salario de los profesores era de 528 á 792 pesos de los actuales. 
Concuerda bastante con esta graduación la nómina de salarios que 
consta en los citados Estatutos : allí vemos que los principales ca- 
tedráticos, esto es, los de Prima de Teología, Cánones y Leyes, 
tenían á 700 pesos; los de Vísperas á 600, habiendo otros de 500, 
400 y menos, hasta de 100 pesos anuales. 

Resta otra cuestión mas difícil todavía, cual es averiguar el va- 
lor estimativo de aquellos honorarios, es decir, calcular las como- 
didades que entonces proporcionaría tal renta, comparadas con las 
que resultarían de otra igual en nuestros tiempos. Según las labo- 
riosas investigaciones de Clemencin (2), el valor estimativo del 
castellano ó peso de om era en 1497 igual á 10 ps. 82 es., y con- 
forme á esta cuenta, el peso de minas equivalía á 9 ps. 75 es. En 
tal supuesto, la dotación de los catedráticos no podría llamarse 
mezquina, pues seria de 1950 á 2925 ps. anuales. Pero hemos de 
considerar que los cálculos de Clemencin, basados en el precio del 
trigo en Españay durante el reinado de D?' Isabel la Católica, no 



1 Diccionario Universal, tom. V, pág. 911. — El Sr. D. José F. Ra- 
mírez estima igualmente t\ peso de oro en 2 ps. 93 es. [N'otas á la Hist. 
de la Conq. de México por Prescott, nota ']^.) 

2 Elogio de la Reina Católica Doña Isabel, Ilustración XX. 



54 NOTAS 

son aplicables á México y á una época bastante posterior. Más 
luz puede darnos la comparación con otros salarios. Al virey Men- 
doza se le señalaron seis mil ducados, y dos mil mas para su guar- 
dia (i) : estos no deben computarse como sueldo, y los seis mil, á 
razón de 375 maravedís cada uno, hacen ^000 pesos de minas ^ de 
á 450 maravedís. Un catedrático de á 300 ps., tenia, pues, casi 
-^ del sueldo del virey, y no debía considerarse mal retribuido. 
Los oidores trajeron señalados seiscientos mil maravedís «que era 
«competente salario,» y después, para que se abstuvieran de tener 
encomiendas, se les aumentaron ciento cincuenta mil (2), de modo 
que vinieron con 1333 pesos y tuvieron luego hasta 1666. A los 
oficiales reales se asignaron, al tiempo de su venida, quinientos diez 
mil maravedís (3), que hacen 1133 pesos de minas. Estos pocos 
ejemplos, tomados de los empleos mas altos de la colonia, bastan 
para inclinarnos á creer que las quejas de Cervantes son exagera- 
das, y que se iba contagiando algo de la enfermedad reinante en 
un país ubi imperium tenet cupiditasy como antes dijo. Lo cierto 
es que en el punto de la remuneración de los catedráticos no ma- 
nifiesta el mismo desprendimiento y altivez que su modelo Vives, 
quien dice así en uno de sus diálogos latinos : (4) « Tyron. ¿ Por 
«cuánto enseñan? Spudeo. Quita allá con esa pregunta tan fea y 
«tan importuna: ¿en una cosa de tanta importancia se ha de pre- 
«guntar de la paga? Ni los mismos maestros conciertan ni pactan 
«cuánto les han de dar, ni á los discípulos conviene aun pensarlo: 
«¿qué paga puede recompensarlo?» Pero Vives lleva las cosas de- 
masiado lejos, pues los catedráticos no habían de vivir solo de ho- 
nores, ni era afrenta que recibieran la justa recompensa de su tra- 
bajo, porque siempre y en todo caso, dignus est operarius mercedesua. 

Nota 4, pág. 27. 

Triens y quadrans eran entre los romanos la tercia y la cuarta 
parte del as ó libra, y de toda unidad en general. Tengo por se- 
guro que al usar Cervantes estas palabras no las tomó como signos 
de cantidad fija, sino que quiso indicar unas monedas de poco va- 
lor, y por eso he empleado una designación igualmente vaga. Era 
también imposible estimar el valor actual del triens y quadrans, 
aunque solo fuera por las grandes variaciones que en diversas épo- 



1 PUGA, Cedulario, fol. 98 vto. 

2 PuGA, Cedulario, fol. 38 vto., 39. 

3 Cai'ta de Cortes, apud Colección de Documentos pora la Historia de 
México, tom. I, pág. 483. 

4 Schola. Traducción del Dr. Cristóbal Coret y Peris. 



AL DIALOGO PRIMERO. 55 

cas tuvo el valor del íis. Por lo demás, cualquiera que sea el que 
se dé al triens y quadrans de Cervantes, no se desfigurará su in- 
tención, porque siempre permanecerá la relación que él señala, 
esto es, que lo que en España se compraba con tal cantidad de 
cobre, sea la que fuere, costaba en México doble ó triple canti- 
dad de plata, en lo cual hay evidente exageración. Es cierto que 
por ese mismo tiempo aseguraba el P. Motolinia que la tierra es- 
taba «carísima y falta de bastimentos» (l), y no hay duda de que 
debian ser por entonces muy caros los efectos que se traian de Es- 
paña, pues solo el flete de Veracruz á México se tasó en 1531 á 
peso de oro la arroba (2), y aun por la carestía de la tierra se per- 
mitió que los escribanos y demás oficiales de audiencia cobrasen 
aquí triples los derechos del arancel de Valladolid (3); pero esa 
carestía estaba hasta cierto punto compensada con la baratura de 
los productos indígenas, y aun de los extrangeros aclimatados des- 
pués de la conquista. El mismo P. Motolinia que en 1555 se 
quejaba de la carestía, había dicho catorce años antes: «En prin- 
«cipios de este año (i 541) vi vender la fanega de trigo á real, que 
«en esta tierra no se estima tanto un real como en España me- 
«dio» (4). y el conquistador Andrés de Tapia dice también: 
«El año de 1539 yo merqué buen trigo, digo extremado, á menos 
«de real la hanega» (5). Vemos aquí una muestra de la rapidez 
con que abarataba el trigo: en Agosto de 1530 decía el Cabildo 
que se había cogido mucho trigo y se esperaba coger mas, por lo 
cual valia la hanega medio peso ; y unos diez años después se obte- 
nía por un real, ó sea poco menos de real y medio de nuestra mo- 
neda (6); cosa increíble, ano ser que entonces se entendiera por 
hanega una medida mucho menor que la que hoy conocemos con 
ese nombre (7), y ni aun así se comprende tal baratura. El vino 



1 Carta al Emperador, 2 de Enero de 1555, apud Colección de Docu- 
mentos para la Historia de México, tom. I, pág. 271. 

2 Libro Segundo de Cabildo, 27 de Enero de 1531. 

3 Cédula de 12 de Julio de 1530. ( Puga, Cedtdario, fol. 50 vto. ) 

4 Historia de los Indios de Nueva España, Epístola Proemial, apud 
Colección de Docujnentos para la Historia de México, tom. I, pág. 9. 

5 Relación de la Conquista de México, apud Colección de Docianentos 
para la Historia de México, tom. II, pág. 593. 

6 El peso de oro se dividía en 8 tomines, y cada tomín en 2 reales. 
Tenia por consiguiente 16 reales; y valiendo el peso de oro 2 ps. 93 es., 
tocan á cada real 0,183125. Los cálculos que siguen se fundan en el su- 
puesto, bastante fundado, de que los precios se refieren k pesos de oro : si 
se tratara (i^ pesos de minas, tendrían que sufrir una reducción de la dé- 
cima parte. 

7 Por \2í Aritmética Práctica y Especulativa del Br. Juan Pérez de Mo- 
ya, impresa en Alcalá, 1569, 8?, pág. 710, se viene en conocimiento de 
que la fanega tenia entonces 48 cuartillos, como ahora, y lo mismo se ve 



56 NOTAS 

costaba en 1528, 3 ps. la arroba (8 ps. 79 es.): hoy le hay mu- 
cho mas caro. La carne estaba en 1531 á 53 mrs. el arre I Je de 
carnero ó vaca, y á 25 el de puerco: como el arrelde era un peso 
de cuatro libras, tendremos que la libra de carnero ó vaca costaba 
cosa de 73/ es. y la de puerco poco mas de 3^^. En 1525, una ga- 
llina de la tierra (^pipila) «que no fuese polla,» debiar darse en las 
ventas por 4 rs. (731^ es.), y un gallo grande {guajolote^ en 6 rs. 
(l p. 9^ es.) (i). Los víveres iban abaratando de dia en dia, se- 
gún consta de repetidos pasajes de los Libros de Cabildo ; y aun 
cuando en la época en que Cervantes escribia haya sobrevenido 
una alza (como lo indican las palabras de la Carta del P. Moto- 
linia), no debió ser ni excesiva ni permanente. 

Nota 5, pág. 27. 

Ya para entonces habían desaparecido los doscientos mil pesos 
de moneda de cobre que mandó labrar D. Antonio de Mendoza en 
1542, y que los indios recogieron y arrojaron á la laguna. (2) 

Nota 6, pág. 31. 

Beristain copia las noticias de Cervantes relativas á este profe- 
sor, y solo agrega que era natural de Castilla y que enseñó gramá- 
tica hasta 1560. Concluye diciendo: «Parece, pues, justo dar á 
« Bustamante, entre tantos hijos y nietos suyos literatos, que ocupan 
«esta Bibliotecáy el lugar que ya le dio en la suya el Illmo. Eguia- 
«ra.» Como el catedrático Bustamante se llamaba Blasy debiera 
estar su artículo en el'tomo impreso de la Biblioteca de Eguiara, 
que comprende las letras A, B, C ; pero no se halla, y no sé dón- 
de le veria Beristain. Por benemérito que fuera el catedrático, no 
tenia derecho á lugar en una Biblioteca de Escritores. 

Por Dávila Padilla sabemos que Bustamante enseñó la gramá- 
tica durante muchos años á los frailes dominicos en su convento. (3) 



en el Arte de cuenta castellana, que está al hn del Arte siibtilissima para 
aprender á escribir, de Juan de Yciar, 1 555, fol. 82. Aun suponiendo que 
los cuartillos fueran excesivamente pequeños, todavía es increíble el pre- 
cio del P. Motolinia, y sin embargo, Andrés de Tapia aun le baja mas. 
Con todo, hay en las tablas de Clemencin un dato que llama la atención: 
allí vemos que en el año de 146S, señalado como de gran fertilidad, va- 
lió el trigo en Andalucía y Toledo, 2 rs. 21 mrs. de vellón la fanejja, ó 
sea poco mas de 13 es. — La actual fanega de trigo en España pesa de 90 
á 95 It)., mientras que la nuestra es de 175 Ib. 

1 Libros de Cabi/do. 

2 ToRQUEMAD.\, J/onar^uia Ijidiana, lib. V, cap. 13. 

3 Historia, lib. II, cap. 75. 



AL DIÁLOGO PRIMERO. 57 

Entre los clérigos que había en el Arzobispado de México el 
año de 1570, figura un bachiller Blas de Bustamante, que proba- 
blemente era hijo de nuestro profesor. Al margen tiene esta ano- 
tación: «Canonista y virtuoso: lengua mexicana.» (i; 

Nota 7, pág. 31. 

Ya habrá comprendido el lector que este Cervantes no es otro 
que el autor de los presentes Diálogos. 

Nota 8, pág. 31. 

De este catedrático no puedo dar otra noticia sino que era ca- 
nónigo de la iglesia de México. 

Nota 9, pág. 1,^, 

Fr. Alonso de la Veracruz, uno de los hombres más notables 
que pasaron á la Nueva España en los tiempos inmediatos á la 
conquista, era natural de Caspueñas, en la diócesis de Toledo. 
Nació hacia el año de 1504. Sus padres, Francisco Gutiérrez y 
Leonor del mismo apellido, eran bastante ricos, y quisieron dar á 
su hijo una educación esmerada. Al efecto le enviaron á Alcalá, 
donde aprendió Gramática y Retórica, pasando luego á estudiar Ar- 
tes y Teología en Salamanca, y allí tuvo por maestro al insigne 
dominicano Fr. Francisco de Victoria (2). Graduóse nuestro 
Fr. Alonso en Teología y ordenóse de misa. En seguida leyó un 
curso de Artes en la misma Universidad; y habiendo enviado el 
duque del Infantado dos hijos suyos á estudiar en ella, los puso 
al cuidado del Maestro Alonso Gutiérrez, señalándole un decente 
salario. 



1 Descripción del Arzobispado de Aléxico, MS. 

2 Este célebre teólogo español era natural de Vitoria en la provincia 
de Álava. Le llevaron niño á Burgos, en cuya dudad tomó el hábito de 
los dominicos. Estudió Teología en París, y fué rector del Colegio de S. 
Gregorio en Valladolid. Pasó á Salamanca, donde enseñó Teología; y 
tuvo por discípulo al insigne Melchor Cano. Falleció allí el 12 de Agosto 
de 1546. Después de su muerte se imprimieron en León (de Francia) sus 
Relectiones Theologicce XII, 1 557, en 8?, reimpresas después varias veces. 
Entre ellas hay dos, intituladas, la una De Indis instdanis, y la otra De 
Indis, sive de jure belli Hispanorum in barbaros, en que el autor defiende 
la opinión de que la circunstancia de ser infieles los indios, no era causa 
bastante para privarlos de su libertad y del domimo de sus tierras, SíC 

8 



58 NOTAS 

En tal posición se hallaba cuando en 1535 fué por segunda vez 
á España el P. Fr. Francisco de la Cruz, tan estimado en su pro- 
vincia de agustinos de la Nueva España, que no le conocían con 
otro nombre que el de «nuestro padre venerable.» Después de ha- 
ber reclutado algunos frailes de su orden, quiso traer ademas un 
clérigo letrado que enseñase Artes y Teología á los religiosos: de- 
terminación extraña, no faltando en su propia orden sugetos muy 
aptos para tal ministerio. Puso los ojos en el Maestro Alonso Gu- 
tiérrez; y aunque parecía imposible que este consintiera en dejar 
su ventajosa posición para seguir á un hombre casi desconocido que 
le quería llevar á un mundo nuevo, hízole sin embargo la propo- 
sición. Negóse al principio cortesmente el Maestro; pero á poco 
mudó de parecer, y se resolvió á seguir al religioso. Embarcáronse, 
y durante la navegación quiso Fr. Francisco completar la obra, 
atrayendo á su orden un sacerdote de tanto mérito. Le habló de 
ello, no encontró resistencia, pero tampoco decisión favorable por 
entonces. No tardó mucho en obtenerla, y llegados á Veracruz, 
por Junio de 1536, recibió allí el hábito nuestro Alonso, quien 
por el nombre de la ciudad y por el apellido de su nuevo prelado, 
dejó el de Gutiérrez, y tomó el nombre de Fr. Alonso de la Ve- 
racruz, con que le conocemos. Pasó luego á México, y cumplido 
el tiempo de su noviciado, hizo su profesión solemne. 

Inmediatamente después mereció tan señalada distinción como 
la de ser nombrado maestro de novicios, cuando acababa de ser 
uno de ellos. A los tres años, en el de 1540, se fundó la primera 
casa de estudios de la Provincia en Tiripitío (Michoacan) (i),y 
el P. Veracruz fué enviado á ella por lector de Artes y Teología, 
y también para que aprendiera la lengua tarasca; porque aquellos 
primeros padres creían que no ganaba legítimamente el sustento 
que recibía de los indios, el que no era su ministro y les hablaba 
en su lengua. 

Andaba entonces muy acalorada la cuestión de si debía ó no 
administrarse á los indios el sacramento de la Eucaristía. El P. Ve- 
racruz sostenía la afirmativa, y el óníco que le apoyaba era el cé- 
lebre franciscano dinamarqués, Fr. Jacobo Dacíano, misionero 
también en aquellas tierras. Los cronistas de ambas religiones re- 
claman respectivamente para su fraile la honra de haber sido el 
primero que administró ese sacramento á aquellos indios (2). Fue- 



1 Lexarza, en su Estadística de Michoacan, (pág. 109), dice que Ti- 
ripitío se hizo famoso «porque se estableció allí en 1540 la primera Uni- 
uversidad y casa de estudios de toda la Nueva España.» Confundió la 
provincia de los agustinos con el pais entero. 

2 Grijalva, Edad IV, cap. 11. — Larea, lib. I, cap. 31. — Mendie- 
TA, Historia Eclesiástica Indiana, lib. IV, cap. 5. 



AL DIALOGO PRIMERO. 59 

se el uno ó el otro, la opinión de dos varones tan sabios arrastró 
consigo la de los demás ministros. 

Ocurrió poco después, en i 542, que el lllmo. Sr. D. Vasco de 
Quiroga, obispo de Michoacan, resolviera partir para Europa, á 
asistir al concilio Tridentino, y con tal motivo eligió á nuestro 
Fr. Alonso por gobernador de su obispado. Aunque el Sr. Qu\- 
roga llegó á embarcarse, no tuvo efecto por entonces su viaje, por- 
que el navio empezó á hacer agua de tal manera, que hubo de 
volverse al puerto, desde donde, por no presentarse otra ocasión 
de emprender la jornada, regresó el señor obispo á su diócesis, des- 
puesdenuevemesesdeausencia (i). Mientras gobernaba Fr. Alon- 
so aquel obispado, le fué ofrecido el de León de Nicaragua, que 
renunció. 

Al año siguiente de 1543 salió electo provincial el P. Fr. Juan 
de San Román, y definidor nuestro Fr. Alonso. Esto era á tiem- 
po que llegaban á la Nueva España las famosas Nuevas Leyes de 
1542, que tantas restricciones ponian á las encomiendas, por lo 
cual los españoles resistieron la ejecución, y el virey D. Antonio 
de Mendoza, de acuerdo con el visitador Tello de Sandoval, la 
suspendió, permitiendo á los quejosos que enviasen á España sus 
procuradores para pedir la revocación. Nombrados que fueron, se 
agregaron á ellos los tres provinciales de las órdenes de S. Fran- 
cisco, Sto. Domingo y S. Agustín, quedando con este motivo Fr. 
Alonso como vicario provincial, lo cual se le cuenta como primer 
provincialato. En el capítulo del año 1545 le dieron el priorato 
de Tacámbaro, con el encargo de leer allí un curso de Artes; mas 
á petición suya se trasladó la casa de estudios á Atotonilco, como 
lugar mas acomodado, donde prosiguió su curso de Artes y Teolo- 
gía, que duró dos años. Al terminar el segundo, fué electo provincial 
en 1548, y como su larga residencia y empleos en Michoacan le 
hablan hecho cobrar afición á aquel reino, procuró dilatar en él 
su religión, para lo cual contaba también con el favor del V. obis- 
po Quiroga. Fundó allá, en efecto, muchos conventos, entre ellos 
los de Cuitzeo, Yurirapúndaro, Cupándaro, Charo y Guayanga- 
reo (Morelia). Acabó su oficio en 1551 : no sabemos qué em- 
pleos desempeñó en los dos años siguientes: el de 1553 le vemos 
nombrado catedrático de Escritura en la nueva Universidad. Esta 
cátedra se volvió después de Teología, y la desempeñó hasta que 
hizo viaje á España, como luego veremos. La provincia había que- 
dado tan contenta de su gobierno, que para reelegirle solo aguar- 
daba el trascurso de los seis años que deben pasar de una elección 
á otra en un mismo sugeto. Así fué que en 1557 le nombraron 



Moreno, Vida del Sr. Quiroga, lib. I, cap. 13. 



6o NOTAS 

provincial por tercera vez. Nada notable sabemos de su gobierno 
en esta ocasión: debió ser á satisfacción de todos, porque mas ade- 
lante volvieron todavía á elegirle. 

Venia defendiendo el P. Veracruz la opinión de que los indios 
no debian pagar diezmos á las catedrales, porque sustentando, co- 
mo sustentaban, las iglesias de los religiosos, cumplían con la obli- 
gación en que se funda el pago de los diezmos. Tal opinión no 
era del agrado de los obispos, y habiendo llegado el caso á noticia 
del rey, despachó una cédula con fecha 4 de Agosto de 1561, pre- 
viniendo al virey diera orden á Fr. Alonso para que viniese á Es- 
paña en los primeros navios. La cédula no mostraba disfavor, pues 
solo expresaba que el rey queria ser informado de cosas tocantes 
á su servicio. El viaje de Fr. Alonso se verificó, pero con otro 
motivo. 

Desde los primeros años de la conquista hablan gozado en Mé- 
xico las órdenes religiosas grandes privilegios concedidos por di- 
versas disposiciones de los Pontífices, y ejercían la administración 
espiritual de los indios con total independencia de los obispos. 
Aquellos privilegios habían sido necesarios en su época, no solo 
por la falta de clérigos regulares, sino también porque mientras 
se entendía en la conversión de los indios, eran considerados es- 
tos como neófitos, y no convenia mudarles gobierno y administra- 
ción (i) ; pero andando el tiempo y afirmados muchos en la fe, los 
obispos llevaban pesadamente tan amplías exenciones, que á la ver- 
dad eran un gran estorbo para el buen regimiento de sus diócesis. 
De ahí nacían continuas competencias de jurisdicción que agriaban 
los ánimos; y temiendo los regulares que las diligencias de los 
obispos en la corte dieran por resultado la diminución de los pri- 
vilegios de las órdenes, determinaron enviar también sus represen- 
tantes, que fueron nada menos que los tres provinciales: Fr. Fran- 
cisco de Bustamante, de los franciscanos, Fr. Pedro de Peña, de 
los dominicos, y Fr. Agustín de Coruña, de los agustinos. Es 
de notar que ninguno de los tres volvió á México, porque el fran- 
ciscano murió en Madrid, el dominico fué por obispo á Quito, y 
el agustino con la misma dignidad á Popayan. 

Partieron de la Nueva España estos padres en los primeros días 
del año de 1562 (2). La importancia de la comisión que lleva- 



1 Parra, Gobierno de los Regulares de Indias, n? 528. 

2 No es fácil fijar esta fecha, á causa de lo contradictorio de los da- 
tos en que ha de fundarse. Fr. Gerónimo de Mendieta, en su Hisíoria 
Eclesiástica Indiana (Lib. V, pte. I?, cap. 52), dice que el P. Bustamante 
«partió de acá el año de 1561, y murió en el siguiente de 1562.» Pero la 
carta que dirigió al mismo P. Bustamante en vísperas de la partida de 
este, tiene la fecha de i? de Enero de 1562. {Col. de Doc. para la Ilisí. 



AL DIÁLOGO PRIMERO. 6l 

ban, puede colegirse leyendo la carta que el franciscano Fr. Ge- 
rónimo de Mendieta escribía á su provincial en vísperas de em. 
prender este su viaje. Sea que nuestro Fr. Alonso hubiera recibido 
ya la cédula que le mandaba ir h España, sea (y es lo mas probable) 
que sin ese motivo los frailes quisieran llevar consigo un auxiliar 
tan importante, es lo cierto que Fr. Alonso partió con ellos, y á no 
haber sido por esa compañía, la empresa habría fracasado comple- 
tamente. Porque llegados á España, no tardó Fr. Alonso en en- 
contrarse solo, por la muerte de uno de los provinciales y presenta- 
ción de los otros dos á sillas episcopales, y eso cuando el negocio 
que se les había encomendado tomaba un carácter nuevo y mucho 
mas difícil, con la publicación, á principios de i 564, de los decretos 
del Concilio Tridentino, que restringían mucho los privilegios 
de los regulares, y señaladamente disponían que estuvieran sujetos 
al ordinario, cuando ejercieran ministerio de curas. No se arredró 
Fr. Alonso con tamaña dificultad, antes continuando acertada y 
enérgicamente la negociación, logró persuadir al rey que pidiese 
al Pontífice S. Pío V la revocación de esta parte del Concilio, co- 
mo se logró que lo ejecutara por su Breve de 24 de Marzo de 



de México^ tom. II, pág. 544. Véase también la pág. LXI del mismo 
tomo.) Luego el P. Bustamante no partió en 1561. Grijalva, (Edad II, 
cap. 18), precisa mas el viaje, diciendo que los provinciales salieron «por 
«Mayo de 1561,» Poco antes habia dicho que el provincial de S. Fran- 
cisco «murió dentro de seis meses después de llegados á la corte.» Sabe- 
mos por Mendieta que el dicho padre murió en 1562, y lo confirma Be- 
tancurt {Menologio) fijando la fecha al i? de Noviembre. Ahora bien: si 
el padre que murió el i? de Noviembre llevaba seis meses de residir en 
la corte, habia llegado á ella hacia el i? de Mayo de 1562, lo cual con- 
viene con la fecha de la carta del P. Mendieta. Y lo mejor es que el mismo 
P. Grijalva que nos mete en tales dificultades, viene después diciéndonos 
(Edad III, cap. 26) que el P. Veracruz, compañero de los provinciales 
«salió de la Nueva España el año de 1562.» La averiguación no es ociosa, 
porque de ella depende el saber si el P. Veracruz marchó á España obli- 
gado por la cédula real que ya habia recibido, como parece indicarlo el 
P. Basalenque (lib. I, cap. 8), ó si la partida fué voluntaria, según refiere 
Grijalva, quien vuelve aquí á embrollar las fechas. Habiendo dicho que 
los provinciales salieron por Mayo de 61, agrega que «luego por Agosto 
del mismo año» llegó la flota en que venia la cédula para el P. Veracruz. 
La cédula tiene, en la obra misma de Grijalva, la fecha de 4 de Agosto 
de 1 56 1, y dicho se está que no pudo llegar dentro del mismo mes en que 
fué expedida. Desaparecen estas discrepancias diciendo que el viaje de 
los provinciales se verificó en los primeros dias de 1 562 ; que por eso Men- 
dieta, residente entonces en Toluca, al hablar del suceso en su Historia^ 
se acordó mas del año que acababa de pasar, que del que apenas comen- 
zaba: que la primera fecha de Grijalva debe leerse «Mayo de 62» y no 
«Mayo de 61,» y que no es la de la sahda de los provinciales, sino la de 
su llegada á la corte. La cédula de Agosto de 61 no es extraño que lle- 
gara en Agosto de 62, en cuyo caso, ya no encontró aquí al P. Veracruz. 



02 NOTAS 

1567 (i), en que mandó quedaran las cosas en el estado que te- 
nian antes de la publicación de esos decretos del Concilio. El 
P. Veracruz hizo imprimir, autorizar y despachar á todas partes 
de la América miles de ejemplares del Breve y de una real cédula 
que ordenaba su publicación, para que viniera á conocimiento de 
los indios. Puesto feliz término á aquella grande empresa, aun ob- 
tuvo para los religiosos otras concesiones de menor importancia. 

Durante su larga permanencia en la corte, fué conocido y apre- 
ciado su mérito por los principales personajes de ella. El Lie. Juan 
de Ovando, presidente del Consejo de Indias, le escogió por con- 
fesor, y le ofreció el obispado de Michoacan, vacante por promo- 
ción del Sr. Morales y Molina al de la Puebla de los Ángeles. 
Rehusóle el padre, y creyendo el presidente que la renuncia pro- 
venia de sentimiento por habérsele preferido el obispo de Michoa- 
can en la promoción á la silla de Puebla, le ofreció esta. Menos 
quiso aceptarla, y como el presidente le encargase la conciencia, 
diciéndole que hacia mal en excusarse, porque el rey necesitaba 
personas tales para regir los obispados, le contestó que no falta- 
ban, y que ahí tenia al P. Fr. Diego de Chaves, quien fué en 
efecto nombrado obispo de Michoacan, aunque murió antes de 
recibir las bulas (2). Queriendo entonces el presidente retener á 
Fr. Alonso en la corte, le propuso darle en ella el empleo de co- 
misario general de su orden en Nueva España, Perú y Filipinas, 
con salario del rey: mas tampoco quiso aceptar, porque dijo que 
no convenia hubiese tal empleo. 

No hizo menos aprecio de él su propia orden, y le demostró 
nombrándole prior de Madrid y visitador de Castilla la Nueva. 
Por último, próximo ya á regresar á la Nueva España, le nombra- 
ron visitador de las provincias de América, en el capítulo celebrado 
en 1572, cuyo nombramiento aprobó el general de la orden, ha- 
ciéndole ademas su vicario general en las mismas provincias. Creía 
el P. Veracruz que no convenían aquellos envíos de visitadores, y 
nunca usó de sus poderes, asegurando haberlos aceptado, solamente 
para que no se dieran á otro que viniera á perturbar la provincia. 

Despachado ya del todo, y deseoso de continuar sus tareas de 
enseñanza y predicación en la Nueva España, se volvió á ella en 
1573, trayendo consigo diez y siete religiosos y varias reliquias, 

1 Traele á la letra Mendieta en el lib. IV, cap. 30 de su Jlisf. Ecl. 
Indiana. — Las bulas y la cédula se imprimieron también en México en 
casa de Antonio de Espinosa, 1568, en 4?, con este título: Bulla conjir- 
?nationis et novce concessionis prmilegiortini oni7iium ordinum Mendican- 
tium. Cwn certis Dcclarationibus Decretis &" Inhibitionibtts. S. D. N. 
D. Pij PapcB V. Motu proprio.)^ He visto esta edición. 

2 Grijalva, Edad III, cap. 24. — González Dávila {Teatro Ecl. de 
Indias, tom. I, pág. 120) dice que no aceptó. 



AL DIÁLOGO PRIMERO. 63 

entre ellas una del Lignum Crucis, de que dio una parte á la Igle- 
sia Catedral, donde hoy se venera. La orden aprovechó la primera 
oportunidad, que fué la del capitulo de 1575, para elegirle pro- 
vincial por cuarta vez, é inmediatamente, por el mes de Agosto 
del mismo año, fundó el colegio de S. Pablo, en virtud de una cé- 
dula en que el rey hacia merced de esa iglesia y de la doctrina de 
los indios de aquel barrio á los agustinos, siempre que así pareciese 
al virey, al arzobispo y al provincial. Aunque por parte del se- 
gundo hubo alguna contradicción, al fin fué confirmada por el rey 
la posesión en favor de los agustinos. El P. Veracruz, sin mas 
auxilio que las limosnas, levantó pronto un edificio para veinte 
colegiales, y dejó compradas casas y solares para ampliar el esta- 
blecimiento, como se verificó mas adelante: nombró rector al P. 
Fr. Pedro de Agurto (de quien ya dimos noticia), formó las cons- 
tituciones del colegio, y le enriqueció con una selecta librería, po- 
niendo por principio de ella sesenta cajones de libros que trajo de 
España, á los cuales fué añadiendo todos los que después venian 
á su noticia y no se hallaban en la biblioteca. Puso ademas en 
ella una colección de globos, mapas é instrumentos científicos. Se 
le deben también las bibliotecas de los conventos de México, Ti- 
ripitío y Tacámbaro, siendo de notar que esas cuatro bibliotecas 
daban testimonio del profundo estudio de su fundador, pues ape- 
nas habia en ellas libro que no estuviese rayado y anotado de su 
puño en todas las hojas. Tenia por costumbre examinar todos los 
libros nuevos que llegaban, y de su contenido tomaba materia pa- 
ra dar una lección extraordinaria á sus discípulos, ya después de 
comer, ya en otra ocasión que se presentara, exponiéndoles los 
puntos mas notables que habia encontrado, especialmente los que 
podían ofrecer dificultad, y las doctrinas que habia en contrario. 
Solo una vez, dicen, que faltó á esa costumbre, y fué tan notable 
el motivo, que quiero referir el caso con las palabras mismas del 
cronista, (i) 

(í Cuando el tribunal de la Santa Inquisición prendió al P. Mtro. 
«Fr. Luis de León, por aquellas proposiciones que tan mal sona- 
«ron en España, llegó acá la nueva con toda aquella ponderación 
«y sentimiento que el caso pedia: escribieron que habían conde- 
«nado las proposiciones todos los grandes hombres y todas las 
«universidades, no solo de España, sino de Italia y de Francia, y 
«que el P. Mtro. Fray Luis de León estaba tan pertinaz, que to- 
«davía quería defenderlas, de que nuestra religión estaba cuidado- 
« sísima y muy lastimada. Y llegando á leer las proposiciones, dijo 
«el P. Mtro. (Veracruz) sin alterarse: Pues á la buena verdad^ 
« que me pueden quemar á mí si á él lo queman^ porque de la mane- 

I Grijalva, Edad IV, cap. 11. 



64 NOTAS 

« ra que él lo dice lo siento yo. Con todo eso, no quiso hacer en 
«esta ocasión lo que hacia en todas las demás, porque no habló 
«mas en la materia, por el respeto que se debe á aquel tribunal 
«santo, hasta que últimamente dio la sentencia tan honrosa para 
«el Mtro. León, y tan alegre para nuestra religión.)) De este no- 
table testimonio en favor de Fr. Luis de León no sé que haya he- 
cho mención ninguno de sus biógrafos, tal vez por no haber tenido 
á la vista la rarísima crónica en que se encuentra. 

La enseñanza de sus discípulos, la composición de las obras de 
que después hablaremos, las respuestas á las innumerables consul- 
tas que se le dirigian de todas partes, las atenciones del gobierno, 
aquella inmensa lectura, forman tal cúmulo de ocupaciones, que 
es difícil comprender cómo tenia tiempo para todo. Pero solo dor- 
mía cuatro horas, era enemigo mortal de la ociosidad y las pláticas 
vanas, y no desperdiciaba jamás un solo momento. Continuamente 
repetía: Habete rationem temporis ; tened cuenta con el tiempo. 
Por cierto que podía repetir con autoridad el precepto, quien sa- 
bia tan bien ponerle en práctica. 

La influencia que tan justamente había adquirido no se limitaba 
á su provincia. Los agustinos de Filipinas, abrumados con el peso 
de aquella conversión, deseaban que ministros de otras órdenes 
fuesen á ayudarles. No sabiendo cómo conseguirlo, acudieron á 
nuestro Fr. Alonso, quien ocurrió al virey, y por su mediación se 
logró que en 1577 pasasen á aquellas islas diez y siete religiosos 
de S. Francisco. Y poco mas adelante, con motivo de las compe- 
tencias de jurisdicción que, como en México, se habían suscitado 
allá entre los agustinos y el obispo de Manila D. Fr. Domingo de 
Salazar, dominicano, el obispo consultó á Fr. Alonso «como orá- 
«culo que era de toda Nueva España,)) y recibió en respuesta una 
carta tan docta, que bastó para templarle (i). Los religiosos tu- 
vieron en adelante aquella carta como regla de su conducta, y como 
texto para resolver dificultades. 

A tanta doctrina juntaba Fr. Alonso una sólida virtud, una ex- 
tremada pobreza, y lo que es mas extraño en hombre tan sabio y 
tan versado en negocios arduos, un candor y sencillez admirables, 
en las cosas del trato común. «No es tan fácil engañar á una 
«criatura de cinco años, como lo era engañar al P. Maestro,)) di- 
ce su principal cronista: indicio de ánimo limpio y corazón sano. 
Dos años antes de su muerte enfermó de la orina, y llevó con in- 
vencible paciencia los atroces dolores consiguientes á su mal. En 
fin, á la edad de ochenta años, cargado de merecimientos reposó 
en el Señor, á principios del mes de Julio de 1584. Poco antes 
de morir escribió una carta á cada uno de los frailes de su provin- 

I Martínez, HisL de Filipinas, cap, 9. 



AL DIÁLOGO PRIMERO. 65 

cia, rogándole le encomendase á Dios, y empeñándole á ello con 
el recuerdo de algún obsequio ó beneficio que le habia hecho. 
Fué su muerte en el colegio de S. Pablo, y le enterraron con gran 
solemnidad en la capilla mayor. 
Dejó impresas las obras siguientes: 

I. Recognitio Summularum. México, Juan Pablos, 1554, fol. 
Reimp. Salamanca, 1573 y 1593, fol., según D. Nicolás Antonio. 

II. Dialéctica Resolutio cum Textu Arista te lis. México, Juan 
Pablos, 1554, fol. Reimp. Salamanca, 1573. 

III. Phisica (sic) Speculatio..,. Accessit Compendium Spher¿e 
Campaniad Complementum Tractatus de Coelo. México, Juan Pa- 
blos, 1557, fol. Reimp. Salamanca, 1573, fol. 

IV. Speculum Conjugiorum. México, Juan Pablos, 1556, 4? 
Reimp. Salamanca, 1562, 4^, y Alcalá, 1572, 49. — Publicado 
el Concilio de Trento, que hizo algunas reformas en lo relativo 
á matrimonios, nuestro autor formó y dio á luz, para ajustar su 
obra á las nuevas decisiones, un Appendix ad Speculum Conjugio- 
rum juxt a de finita in Sacro Universali Concilio 2'rideníino, circa 
matrimonia clandestina. Madrid, 1 571, 49 La obra y el Apéndice 
se reimprimieron en Milán, 1599, 49 

V. Constitutiones Religiosissimi Collegii Divi Apostoli Pauli ex 
Ordine Sancti Patris nostri Augustini, apud Grijalva, Edad III, 
cap. 32. 

VI. Avisos á los estudiantes de Teología. Id., cap. 33. 

VII. Carta al Illmo. D. Fr. Domingo de Salazar^ prelado de 
Filipinas, dada en México á 12 de Febrero de 1583, sobre facul- 
tades y privilegios de los regulares. Impresa, según Beristain, en 
las Crónicas de Filipinas^ sin especificar en cuál. 

Tenemos noticia de los siguientes MSS: 

I. Compendium Privilegiorum Regularium. MS. de 100 fs. Es 
el que Grijalva (fol. 188 vto.) dice que no se imprimió «por la 
«forzosa contradicción que habia de tener;» pero eran pocos los 
religiosos que no le tenian manuscrito. 

II. Expositio Privilegii Leonis X in favorem Religiosorum in 
Indiis existentium. En 49 

III. Declaratio Clementinay Religiosi de Privilegiis. En 4? 

IV. Commentarium in secundum Magistri Sententiarum librum* 
Le vio Eguiara MS. en la biblioteca del Colegio de S. Pablo. 

V. Commentaria in Epistolas Sancti Pauli in Univer sítate Mexi- 
cea e Cathedra dictata. (Eguiara.) 

VI. Relectio de Libris Canonicis super illud Pauli II ad Titum: 
Omnis Scriptura divinitus inspirata utilis est ad docendum, t^c. (Id.) 

VII. Relectio de dominio infidelium et justo bello, de que habla 
el autor mismo en su Speculum Conjugiorum, art 32, al margen. 
(Pág. 160 de la edición de México.) 



66 NOTAS 

VIII. Apología pro Religiosis commorantibus et evangelixantibus 
Verbiim Dei in partibus Maris Occeani. MS. según Eguiara. 

IX. Respuesta al Sr. D. Juan de Salce do ^ canónigo de México, 
sobre si los provinciales de Indias pueden dispensar la edad en sus 

frailes para ser ordenados presbíteros. En Tiripitío á 6 de Abril 
de 1574. MS. según Beristain. 

Hizo imprimir ademas los Sermones de Sto. Tomás de Villa- 
nueva, traducidos de latin á castellano. 

Nota 10, pág. 2S' 

El Dr. Pedro Morones era fiscal de la Real Audiencia. Y no 
sé de él otra cosa. 

Nota II, pág. 35. 

Beristain (tom. III, p. 147) llama Mateo 2\ Dr. Arévalo Se- 
deño, y por el colofón de estos mismos Diálogosy consta que ese 
era su nombre. En el prólogo de los Estatutos de la Universidad 
una vez se le llama Diego y otra Mateo. Añade Beristain que por 
haberle bautizado Eguiara con el nombre de Alvaro, le colocó en 
el tomo impreso de su Biblioteca. No hubo tal bautismo. Eguiara 
ignoró el nombre del Doctor, y le puso en la pág. 301 con solo 
el apellido; D. D. Arevalus Sedeñus. ¿Dónde, pues, vio Beris- 
tain t\ Alvaro? Sin duda leyó con su acostumbrada ligereza, y 
donde dice Arevalus vio Alvaro. — El Dr. Eguiara no alcanzó de 
él otras noticias, fuera de las que da Cervantes en el presente pa- 
saje, el cual copia. Beristain le copió también, pero agregando 
que el Dr. Arévalo fué natural de Segovia, y que siendo uno de 
los mas acreditados doctores de Salamanca, fué elegido para pri- 
mer catedrático de Derecho Canónico en la Universidad de Mé- 
xico, adonde pasó en 1550. Dudo que viniera con ese motivo: 
lo primero, porque en ese año aun no se decretaba la creación de 
la Universidad: lo segundo, porque no sabemos que de España 
viniera ningún catedrático fundador, sino que se tomaron de los 
letrados residentes en México, no indignos, por cierto de tal ho- 
nor: lo tercero, porque el Dr. Arévalo no fué de los catedráticos 
fundadores, sino que sucedió en la cátedra de Prima de Cánones 
al Dr. Morones: no a pocos días de su erección, como se dice en 
el prólogo de los Estatutos, sino por lo menos un año después, 
porque según consta del presente Diálogo de Cervantes, cuando 
le escribía, en Agosto ó Setiembre de 1 554, aun tenia esa cátedra 
el Dr. Morones. Quien parece haber ocupado poco tiempo la cá- 
tedra de Decreto fué el Dr. Melgarejo, pues ya no le menciona 
Cervantes, sino que pone en ella al Dr. Arévalo Sedeño. Este 



AL DIÁLOGO PRIMERO. 6j 

fué el primer catedrático que se jubiló á 6 de Junio de 1572. 
Éralo todavía de Cánones, y para la jubilación se le admitieron 
«cuatro años de lectura que juntamente con dicha cátedra de Pri- 
«ma habia tenido en la de Decreto.)) Añade Beristain, que fué 
provisor del arzobispado de México, oidor (y fiscal) de la Real 
Audiencia, y rector de la Universidad en 1575. 

Nota 12, pág. 2S' 

El omniscio Dr. Juan Negrete, Maestro en Artes por la Uni- 
versidad de Paris, Doctor en Teología por la nuestra, y arcediano 
de la iglesia de México, fué el primer rector nombrado por la 
Universidad en 22 de Julio de 1556. 

Nota 13, pág. 37. 

El Dr. Bartolomé Frias de Albornoz era natural de Talayera, 
y según los datos de Cervantes nació hacia 1520. Fué discípulo 
del gran jurisconsulto D. Diego Covarrubias, y doctor en Leyes 
por la Universidad de Osuna. Ignoramos cuando pasó á la Nue- 
va España. Tomó parte en la ruidosa polémica suscitada entre 
Fr. Bartolomé de las Casas y el Dr. Sepúlveda, escribiendo en 
contra del primero un Tratado de la conversión y debelación de 
los Indios^ de que solo nos queda el título, y que fué recogido por 
la Inquisición «porque el estilo deste licenciado para predicar el 
«Evangelio no es conforme al que el Príncipe déla Paz dejó en- 
«señado á sus apóstoles en el mesmo Evangelio.» (i) Escribió 
ademas nuestro autor un Arte de los ContratoSy dedicado á su maes- 
tro D. Diego Covarrubias, é impreso en Valencia, 1573, fol. 
Otro tratado De los Linajes de España quedó MS., y sirvió á Argote 
de Molina para su Nobleza de Andalucía. D. Nicolás Antonio 
dice de nuestro catedrático, que fué hombre de ingenio eminente 
y de memoria monstruosa (2) ; y el Brócense, que ciertamente 
era voto en la materia, le califica de «hombre doctísimo y en to- 
adas lenguas perfectísimo. » (3) 

Nota 14, páy. 37. 

«El primer nombrado para enseñar gramática en México fué el 
«bachiller Gonzalo Fazquex de Valverde, y se le dio su título en 

1 DÁviLA Padilla, lib. I, cap. 103. 

2 Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 194, 

3 Arte para saber latin^ apud Opera Omnia, tom. I, pág. 230. 



68 NOTAS 

«8 de Octubre del año de 1536, con sueldo de cincuenta pe- 
«sos. » (i) ¿a cuál establecimiento vino destinado este gramático? 

Nota 15, pág. 37. 

El nombre y las señas convienen á nuestro autor. 

Nota 16, pág. 29» 

El primer ¿ede/ que hubo en la Universidad se llamaba Juan 
Pérez, y es probablemente el mismo de que habla Cervantes. 

Nota 17, pág. 43. 

Traduzco designati ^or «licenciados,» con autoridad del mismo 
Cervantes. Comentando un pasaje de los Diálogos de Vives, dice: 
« Designatiy licenciados, sic nuncupati quod ordine designentur ad 
m doctor atus lauream consequendam quce etiam doctura appellatur.yi 

Nota 18, pág. 43. 

Alusión á la Égloga III de Virgilio. Palemón es allí el juez entre 
Dametas y Menalcas, que disputaban la primacía en el canto. 

Nota 19, pág. 43. 

nCandidati dicuntur Cathedrarum petitores ,» dice Adame 
(n9 1485), y según eso deberia yo haber traducido «lecciones de 
opositores. » Mas del contexto se deduce que no se trata de ellos, 
sino de los que pretendían grados. El corto tiempo que contaba de 
fundada la Universidad, parece que no daba lugar á preguntar si 
ya habia habido oposiciones á cátedras. 

Nota 20, pág. 43. 

Este Cervantes es nuestro autor, y parece que no pasó de ba- 
chiller en esa facultad. 

Nota 2I5 pág. 45. 

El oidor D. Antonio Rodríguez de Quesada fué, como antes 
vimos, el primer rector de la Universidad, nombrado por el Virey 
y Audiencia. Pasó luego de oidor y presidente á Guatemala. To- 

I González DávilA, Teatro Ecl. de Indias^ tom. I, pág. 7. 



AL DIÁLOGO PRIMERO. 69 

mó posesión á 14 de Enero de 1 555, y murió el 28 de Noviem- 
bre de 1558. (i) 

Nota 22, pág. 45. 

El Sr. Arzobispo Montúfar incorporó el grado de doctor en 
Teología el 8 de Agosto de 1554; y habiéndose concluido la im- 
presión de estos Diálogos el 6 de Noviembre del mismo año, re- 
sulta que Cervantes los escribió, ó por lo menos los retocó en ése 
intermedio. 

Nota 23, pág. 45. 

Este verso es del Epig. 56, lib. VIII, de Marcial, pero con 
una variante. El texto de Marcial dice así : ^ 

« Sint Maecenates, non deerunt, Flacce, Marones. » 

Nota 24, pág. 47. 
La cita es de Persio, Sat. IV, v. 13; 

«Et potis es nigrum vitio prsefigere theta.» 

La e era entre los griegos la letra que servia para condenar. 
Cuando los jueces votaban por la pena capital, escribían en la cé- 
dula la letra G, inicial de la palabra Qávaroqy muerte. Ausonio dice 
también (Epig. 128) : 

«Tuumque nomen Gsectilis signet.» 

Véase asimismo Marcial, Epig. 37, lib. VII. 

El Doctor Cervantes aplicó á una letra latina lo que se dijo de 
otra griega : mas ignoro por qué le dio el nombre de cita en vez 
de theta. Acaso se atuvo solo á la pronunciación. 

Nota 25, pág. 49. 

He aquí el pasaje de Macrobio : « Vis audire illum ( Virgilium) 
« tanta br evítate dicentem, ut arctari magis et contrahi br evitas ipsa 



I JuARROS, ^w/, de Guatemala, trat. III, pág. 258. — NlC. Ant., 
Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 156. — Alcedo, Dice, de Amér.ttoxa.. II, 
pág. 306. 



70 



NOTAS AL DIALOGO PRIMERO. 



unonpossitP Et campos ubi Troja fuit, ecce paucissimis ver bis maxi- 
umam civitatem hausit et absorpsit: non reliquit illi nec ruinam. » 
Saturn., lib. V, cap. i. 

Nota 26, pág. 51. 

La Sicilia, célebre entre los antiguos por su fertilidad, y sobre 
todo por la gran cantidad de trigo que producia, era el granero 
de Roma. 




(sJ^cr^<i\ 







'QJ <y> ^^~^~~^ ^' 






Introducción al Diálogo Segundo. 



• — »3& — 




iNGE Cervantes en este Diálogo, que los dos vecinos, Zuazo 
y Zamora, tratan de obsequiar al, forastero Alfaro, lleván- 
dole á recorrer la principal parte de la ciudad de México. 
Al efecto, los tres interlocutores salen de la calle de Santa Clara, 
y tomando la de Tacuba, siguen por el Empedradillo, Portal de 
Mercaderes, Diputación, Portal de las Flores, frente de Palacio, 
Seminario, i?- y 2?- calles del Reloj, Santa Catalina de Sena, Per- 
petua, Cerca de Santo Domingo, 2?- y i?- de San Lorenzo, la Con- 
cepción, Santa Isabel, San Juan de Letran, Hospital Real, i?- y 
2?- de San Juan, Vizcaínas, Portal de Tejada, 2?- de Mesones, 
Alfaro, Arco de San Agustín, y Jesús, hasta el Hospital del mismo 
nombre, en la entonces famosa ca//e de Ixtapalapa^ y de allí se 
van para la casa de Zuazo, donde se quedan á comer, para volver 
á salir en la tarde, como lo verificaron, yendo á Chapultepec, cuyo 
paseo da asunto al Diálogo tercero. 

En el presente tenemos, pues, la descripción de la mejor parte 
de la ciudad española, tal como se hallaba en 1554, treinta y tres 
años después de la conquista. Acaso Cervantes, por un movi- 
miento de orgullo, muy excusable en un español, exageraba la 
grandeza y hermosura de la nueva ciudad, pero aun descartando 
las exclamaciones é hipérboles que pone en boca de sus interlo- 
cutores, queda siempre un fondo de verdad innegable, porque no 
podía describir calles y edificios que no existieran. En la severa 
censura que hace de la mezquindad y pobreza de la primera ca- 
tedral, tenemos un ejemplo de que no elogiaba sin tasa. Su des- 
cripción no es tampoco un rasgo poético, como la Grandeza Mexi- 



72 INTRODUCCIÓN 

canüy de Balbuena, en que casi necesariamente se habia de abultar 
y embellecer la realidad, sino un diálogo familiar en prosa para 
ejercicio de unos estudiantes que tenian á la vista la ciudad des- 
crita, y podían burlarse á cada paso de las exageraciones de su 
profesor, con grave mengua del respeto que le debian. Es cierto 
que México, encerrado en los límites de la traza, no podia ser 
mas que un grupo, relativamente pequeño, de casas de españoles, 
entre las que descollaban algunas buenas fábricas. Las muchas ace- 
quias que cortaban la ciudad no contribuirían, por cierto, á su aseo; 
no es creíble tampoco que en todas las calles estuvieran ya com- 
pletas las dos hileras de edificios que las formaban, sino que se 
verían interrumpidas por solares vacíos (i); los empedrados eran 
raros; la policía estaba en completo abandono, y sí hoy nos fuera 
dado tener á la vista aquella ciudad, nos parecerían sin duda hasta 
risibles los encomios de Cervantes. Pero recordemos lo que eran 
entonces las grandes ciudades europeas, que hoy sirven de término 
de comparación para apocar la nuestra, y eso que llevaban siglos de 
fundadas. Aquellas se han engrandecido después de una manera 
sorprendente, mientras que México, víctima de las locuras de sus 
hijos, no ha seguido, con mucho, el mismo paso. Mas en el si- 
glo XVI, cuando las famosas ciudades de los Estados-Unidos no 
pensaban en salir del polvo, México, con sus amplios y sólidos 
edificios, su universidad, sus colegios, sus iglesias, su población 
mixta, su asiento en un gran valle, su antigua fama, su riqueza y 
su incomparable clima, aventajaba á muchas ciudades de Europa, 
y era, sin disputa, la primera de las Américas. Sin ir tan lejos, 
todavía á principios del presente siglo el Barón de Humboldt de- 
cía: «Por una reunión de circunstancias poco comunes, he visto 
«consecutivamente y en un corto espacio de tiempo, Lima, Mé« 
«xico, Filadelfia, Washington, París, Roma, Ñapóles, y las ma- 
«yores ciudades de Alemania. Comparando unas con otras las 
«impresiones que se suceden rápidamente en nuestros sentidos, se 
«puede llegar á rectificar una opinión que acaso se ha adoptado 
«con demasiada ligereza. En medio de las varias comparaciones 
«cuyos resultados pueden ser menos favorables para la capital de 
«México, debo confesar que esta ciudad ha dejado en mí cierta 
«idea de grandeza, que atribuyo principalmente al carácter de 
«grandiosidad y la naturaleza de sus alrededores.» (2) 



1 A fines de 1525 habia en México «casi ciento cincuenta casas de 
«españoles,» que estarían como perdidas en el espacio abarcado por la 
traza. ( Caj'ta de Rodrigo de Albornoz, apud Colección de Documentos para 
la Historia de México, tom. I, pág. 506.) Es indudable que en tiempo de 
Cervantes el número de edificios habia crecido notablemente. 

2 Ensayo político sobre la Nueva España, lib. III, cap. 8, g I. 



AI. DIALOGO SEGUNDO. 



73 



La antigua ciudad azteca estuvo dividida en dos, ó mejor dicho, 
se componia de dos ciudades contiguas, pero distintas, y cada una 
con sus reyes propios. La principa! se llamaba Tenochtitlan Mé- 
xico, y era la residencia de los emperadores mexicanos: la otra 
menor, llamada Tlaltelolco, estaba situada al N. E. de aquella: 
alli se hallaba el famoso mercado común á ambas: dividíalas una 
simple zanja. En una guerra que Moquihuix, rey de Tlaltelolco, 
emprendió contra su cuñado Axayacatl, emperador de México, 
fué vencido aquel, y el Tlaltelolco quedó desde entonces unido á 
la gran Tenochtitlan. Así las hallaron los españoles. 

El número de los habitantes de la antigua México se hace su- 
bir á trescientos mil (i). Suponiendo esto cierto, y tomando en 
consideración que una parte del actual sitio de la ciudad era agua, 
que las casas, por lo común, solo tenían un piso; que los palacios 
cogían una grande extensión de terreno, y que los templos, que 
no ocupaban menos, eran incontables, no puede quedar duda de 
que la población vivía apiñada en las casas. Tenía calles de tres 
especies: unas enteramente de agua, y que por lo mismo no eran 
transitables sino en canoas; á estas calles caían generalmente las 
puertas traseras de las casas, y por allí se hacia el servicio ordi- 
nario de ellas: á las orillas del agua tenían los vecinos sus huertas. 
Otras calles había, y eran las principales, con una acequia ó 
grueso caño de agua en el centro, y dos tránsitos de terreno fir- 
me á los lados. Otras, en fin, no tenían acequia y eran muy an- 
gostas: servían para la entrada á las casas por tierra. Todo este 
laberinto de acequias estaba cruzado, como es de suponerse, por 
innumerables puentes, que completaban el doble sistema de co- 
municación interior, por agua y por tierra. La ciudad, colocada 
en medio de las aguas como otra Venecia, se unía á la tierra firme 
por tres calzadas: la de Guadalupe, al norte, la de San Antonio 
Abad, al sur, y la de Tacuba al poniente: por la parte de oriente 
no había calzada que atravesase el gran lago de Tezcoco (2). 
Aunque los conquistadores nos han hecho pomposas descripciones 
de la orgullosa ciudad azteca, se percibe á través de ellas, que si 
bien los templos, los palacios y algunas casas de los señores princi- 



1 Prescott {Conq. of JMcxico, hook IV, ch. i) reco})iIó los testimonio 
de diversos autores acerca de la población de la antigua México, y dice 
que ningún contemporáneo la estima en menos de sesenta mil vecinos. 
Torquemada llega á decir que tenia ciento veinte mil casas, y más de 
trescientos mil vecinos ! ( l.ib. III, cap. 23.) 

2 Cortés (Carta II, pág. 102) numera cuatro calzadas: tal vez inclu- 
yó en la cuenta el ramal que de la calzada de Iztapalapa ( S. Antonio 
Abad) iba á Cuyoacan, y se desprendía en el punto donde estaba situado 
el fuerte de Xoloc (Bernai, Díaz, cap. 88), esto es, en la garita de 
S. Antonio Abad. (Alaman, Disert., tom. I, pág. 130.) 



74 



INTRODUCCIÓN' 



pales se hacian notables por su grande extensión, las habitaciones 
del común de los vecinos eran humildes y de poca cuantía. Así 
es que el Dr. Balbuena, escribiendo en los primeros años del siglo 
siguiente, se creyó autorizado para decir que menos de cien años 
atrás, solo se veían en México 

«Chozas humildes, lamas y lagunas.» (i) 

El largo sitio que los españoles hubieron de emprender para 
ganar la ciudad, y la necesidad en que se vieron de demoler la 
mayor parte de los edificios para atajar el daño que desde ellos 
recibían, y colmar con los escombros las acequias y cortaduras, 
que tanto entorpecían el avance, y tan fatales les habian sido en 
la retirada de la Noche triste^ fueron causas reunidas de que la an- 
tigua ciudad desapareciera del todo, quedando en pié poco más que 
los grandes templos, cuya solidez se prestaba mal á aquella rápida 
destrucción, pero que después vinieron al suelo á impulso del celo 
religioso de conquistadores y misioneros. Con esto se explica el 
hecho de no haber hoy en México ni una sola ruina del tiempo 
de los aztecas, y se corrobora la opinión de que la generalidad de 
aquellos edificios era de adobe y de poca importancia, pues de otra 
manera no era posible que en breve tiempo hubiera demolido Cor- 
tés siete octavas partes de la ciudad (2). 

Casi destruida y ganada del todo, en fin, la gran capital, quedó 
tan inficionado el lugar con los cadáveres de los innumerables in- 
dios muertos durante el asedio, que los españoles hicieron salir á 
los que quedaban, y ellos mismos fueron á establecerse en Cu- 
yoacan. Allí tuvo principio propiamente la fundación de la ciudad, 
pues allí se organizó el primer ayuntamiento de México. (3). 



1 Grandeza Mexicana, Epílogo. 

2 Carta III, pág. 289. — No solo han desaparecido en México todos 
los edificios aztecas, sino también los primitivos de los españoles. No 
hay iglesia que no haya sido construida dos ó mas veces, y lo mismo ha 
sucedido con las casas particulares. En los principios, lo débil del suelo 
hacia que las fábricas pesadas se hundieran, y como de entonces acá se 
va elevando constantemente el piso, se entierra poco á poco toda la ciu- 
dad. Con lo que se ha gastado en México para levantar las calles y se- 
pultar las fincas, habría habido más de lo necesario para poner el remedio 
radical, haciendo la obra del desagüe directo del lago de Tezcoco. 

3 Confieso no haber hallado datos para fijar, siquiera aproximada- 
mente, la fecha de la traslación del cabildo á México. Bernal Diaz 
(cap. 158) nos dice que Cortés se pasó á México después de la llegada 
de Narvaez á Cuyoacan, y antes de la salida del mismo Cortés para Pa- 
nuco. Esta expedición se verificó en 1522. Cortés escribe al emperador 
(Carta IV, pág. 377), que se trasladó á México cuando estuvo concluida 
la fortaleza de las Ata7-azanas, y por la descripción que hace de ella se 
comprende que fué obra larga. En otro autor encuentro que habiendo 



AL DIALOGO SEGUNDO. 75 

Tratóse luego de la reedificación, y aunque hubo diversas opi- 
niones acerca del lugar en que debia situarse la nueva ciudad, pre- 
valeció al fin la de Cortés que deseaba conservar el nombre y 
asiento de metrópoli tan insigne y tan famosa en toda la tierra. 
Quedó, pues, resuelto que la nueva población ocuparia el lugar de 
la antigua, lo cual se observó con tal exactitud que la iglesia ma- 
yor quedó colocada en el sitio mismo del gran templo de Huitzi- 
lopochtli. Más acertado consejo habría sido adelantarse un poco 
hacia el poniente. Hízose venir de toda la comarca una multitud 
innumerable de indios para trabajar en los edificios de ios espa- 
ñoles, que no fué poca vejación para los vencidos, como lo cono- 
ceremos por los sencillos, pero enérgicos términos con que se 
expresa el P. Motolinia ( i ) : «La séptima plaga (dice) fué la edi- 
«ficacion de la gran ciudad de México, en la cual los primeros años 
«andaba mas gente que en la edificación del templo de Jerusalen, 
«porque era tanta la gente que andaba en las obras, que apenas 
«podia hombre romper por algunas calles y calzadas, aunque son 
«muy anchas; y en las obras, á unos tomaban las vigas, otros caían 
« de alto, á otros tomaban debajo los edificios que deshacían en una 
«parte para hacer en otra, en especial cuando deshicieron los tem- 
«plos principales del demonio. Allí murieron muchos indios, y 
«tardaron muchos años, hasta los arrancar de cepa, de los cuales 
«salió infinidad de piedra.» Aquellos edificios primitivos no de- 
bieron costar mucho á los españoles, porque, como dice el mismo 
padre: «Es la costumbre de esta tierra no la mejor del mundo, 
«porque los indios hacen las obras, y á su costa buscan los mate- 
« ríales, y pagan los pedreros y carpinteros, y si ellos mismos no 
«traen que comer, ayunan.» 

Inmediatamente después de la ocupación de la ciudad, mandó 
Cortés que los indios la limpiasen, y que reedificasen sus casas en 
la parte que les señaló, dejando libre la que destinaba á los edifi- 
cios de los españoles (2). Para proceder con orden, formó el 

llegado en 1523 los PP. Gante, Tecto y Ayora, predicaron primero en 
Tezcoco, «por estar la ciudad de México con la conquista destrozada.» 
(Betancurt, Teatro, Pte. IV, trat. 2, cap. 3, n? 104.) El libro mas an- 
tiguo que existe de las Actas del Ayuntamiento de México, comienza 
en 8 de Marzo de 1524. 

1 Historia de los Indios de Nueva España, trat. I, cap. i. 

2 Bernal Díaz, cap. 157. Cito con este nombre al soldado cronista, 
por seguir el uso común ; pero no puede haber duda de que se llamaba 
Diez del Castillo. Véase á González Dávila, Teatro Ecco. de hidias^ 
tom. I, págs. 176, 177, y el n? 12, tomo I del Avierican Historical 
Record, Philadelphia, Dec. 1872, donde se halla el retrato y facsímile 
de la firma del conquistador. El articulista americano, equivocando el 
patronímico Diez con el numeral Diez, interpreta seriamente el apellido 
Diez del Castillo, por the Ten ofthe Castle ! 



76 INTRODUCCIÓN 

Ayuntamiento un plano que marcaba los límites en que debían 
comprenderse aquellos: lo demás se dejó para los indios, quienes 
colocaron sus casas sin orden, todo alrededor, y cercaron la ciu- 
dad española, quedando ellos á cargo de un gobernador de su na- 
ción, y divididos en cuatro barrios: el de S. Juan, el de Santa 
María, el de S. Sebastian y el de S. Pablo, conocidos respectiva- 
mente con los nombres mexicanos de Moyotla, Tlaquechiucan, 
Atzacualco y Teopan. (i) 

El plano que los españoles formaron era conocido con el nom- 
bre de lá traza, y se menciona con frecuencia en las Actas del 
Ayuntamiento, como que á él se referían muchas disposiciones, 
en especial la concesión de solares á los vecinos. Este plano, que 
tan útil seria para conocer la primitiva forma de la ciudad, no 
existe, y aun son inciertos los límites que por él se señalaron á la 
población de españoles. Según el Sr. Alaman (2), gran investi- 
gador de estas antiguallas, la traza «era un cuadro que abrazaba 
«todo el espacio que limitan al oriente la calle de la Santísima y 
« las que le siguen en su misma dirección ; al sur la de S. Gerónimo 
«ó S. Miguel : al norte la espalda de Sto. Domingo, y al poniente 
«la calle de Sta. Isabel.» Y en nota agrega: «En esta demarca- 
«cion hago uso solamente del nombre de la calle mas conocida en 
«cada rumbo, debiéndose entender que el límite de la traza seguía 
«por las que continúan en la misma dirección, hasta cortarse unas 
«con otras formando el cuadro. » El Sr. Orozco y Berra, persona 
de no menor autoridad en tales materias, difiere del Sr. Alaman, 
en cuanto al lindero del norte, y dice (3), que si por espalda de 



1 Betancurt, Teatro, Pte. IV, trat. ^, cap. 3, n? 63. — El inglés 
Roberto Tomsoii, que estuvo en México en 1556, dice que la ciudad no 
tenia arriba de mil quinientos vecinos españoles, pero que los indios ave- 
cindados en los barrios pasaban de trescientos mil, «México w^as a cítie 
«in my time of not aboue 1500 housholds of Spaniards inhabiting there, 
«but of Indian people in the subui'bs of the said city, dwelt aboue 300000 
«as it was thought, and many more.» Hakluyt, Voyages, tom. III, 
pág. 539. Ribliqué una traducción castellana de esta relación, en el 
Boletín dé la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 2^ época, 
tom. I, págs. 203-213. 

2 Diso-taciones, tom. II, pág. 198. — El autor dice que no hay datos 
bastantes para fijar las dimensiones de los solares que se daban á los ve- 
cinos. Todo lo que en el imrticular he alcanzado á saber es que en las 
ordenanzas dadas en 1601 por el conde de Monterey para establecerlos 
nuevos vecinos de O rizal) a, se dice: «El sitio que á cada vecino de los 

«que nuevamente fueren á poblar se le podrá señalar será un solar de 

«los de México, veinticituo liaras en cuadro &c.)) ( Arroniz, hijo, Hist. 
de Orizaba, pág. lo. ) La noticia, como se ve, es muy posterior á la 
conquista. 

3 Diccioíiario Universal, tom. V, pág. 608, 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 77 

Sío, Domingo se entiende la calle inclinada que corre desde la es- 
palda de S. Lorenzo, Pulquería de Celaya y el Apartado, no está 
conforme con esa línea, y que á su juicio, «la verdadera demarca- 
ación es la que señala la línea de las calles del Puente del Cuervo, 
«Chiconautla, Cocheras, atravesando por medio la cuadra de Sto. 
«Domingo, la calle de la Misericordia, siguiendo derecho por 
«sobre las casas, á la calle del Puente del Zacate.» Las razones 
en que apoya su opinión el Sr. Orozco no carecen de peso; pero 
por otra parte la demarcación del Sr. Alaman tiene á su favor dos 
circunstancias. Una es la anchura de esa calle inclinada del Apar- 
tado, y su mismo trazo irregular, que parecen indicios claros de 
haber corrido por allí una de las primitivas acequias: la otra, que 
si prolongamos el trozo de acequia que todavía llega á la esquina 
de la calle del Carmen, viene á pasar precisamente por esa línea 
hasta juntarse con la acequia de Sta. María en la esquina del Puente 
del Zacate. En este lugar casi se confunden ambas demarcaciones; 
pero como no corren paralelas, la discrepancia va en aumento 
hacia oriente, hasta ser considerable en ese extremo. Acaso pu- 
dieran conciliarse ambas opiniones, admitiendo que hubo allí en 
diversos tiempos dos demarcaciones distintas, pues en el Libro de 
Cabildo hay repetidas constancias de que por ese rumbo se ensan- 
charon los límites de la traza primitiva ( i ). Si la traza era un cuadro 
perfecto, sus ángulos debían quedar, al N. O. en la calle del Puente 
del Zacate, un poco atrás de la i?- calle de S. Lorenzo; al N. E. 
en la esquina de la calle de los Plantados y callejón del Armado; 
al S. E. en la esquina de la parroquia de S. Pablo y calle de Mu- 
ñoz, y al S. O. en la 3?- calle de S. Juan, esquina de la plazuelg 
de las Vizcaínas. Siendo esto así, el perímetro no corre constan- 
temente por calles actuales, sino que en varias partes tiene que 
pasar por lo edificado hoy, como fácilmente puede notarlo el lecr 
tor, teniendo á la vista un plano de la ciudad. No debemos ex- 
trañarlo, porque es de creer que el cuadro, en especial por norte 
y oriente, que es donde mas se notan tales discordancias, no se cu- 
brió de edificios sino mucho tiempo después, cuando ya no se ha- 
cia caso de la traza: si no es que desde el principio se acomodó 
la forma de esta á la de las acequias principales, lo cual juzgo map 
probable, y casi seguro, pues no hay datos bastantes para afirmar 
que el espacio comprendido en dicha traza estuviera cortado por 
líneas rectas y paralelas. 

Fuera de ese espacio no era permitido á los españoles edificar, 
porque lo demás quedó destinado exclusivamente á los indios, y 
aun se anularon algunas concesiones de solares hechas contra ese 



I Véanse las actas de 14 de Enero y 22 de Febrero de 1527. 



78 INTRODUCCIÓN 

regla. Hubo, sin embargo, una excepción. El recuerdo de la No- 
che Triste perseguía á los conquistadores, quienes se veian mal se- 
guros en una ciudad rodeada de agua, y sin otra comunicación con 
la tierra firme, que unas calzadas fáciles de cortar. Quisieron, pues, 
asegurar la salida en cualquier evento desgraciado, resguardando 
una de las calzadas, y eligieron, sin duda por mas corta, la de Ta> 
cuba, la misma que habia sido teatro de aquel desastre. Al efecto, 
se acordó «que para fortificación de esta cibdad se den solares para 
«hacer casas que vayan á casamuro por delante é por las espaldas, 
«para se poder salir de esta cibdad hasta la tierra firme, é que sea 
«una acera de casas de una parte é de otra de la calzada, hasta la 
«alcantarilla que llega á la dicha tierra firme.» (i) Este fué el 
origen de la larga calle que corre desde la esquina del Puente 
de la Maríscala hasta la tlaspana, saliéndose de la traxa^ y que 
hasta el dia forma en su mayor parte una prolongación aislada ha- 
cia poniente. Desde S. Hipólito no tenia salida alguna para el 
lado norte, pues las que existen han sido abiertas en estos últimos 
tiempos. 

Fué muy notable, y no ha sido explicada todavía de una ma- 
nera satisfactoria, la considerable y casi repentina diminución de 
las aguas que rodeaban la ciudad. Todos saben que el estrago de la 
Noche Triste fué ocasionado por la aglomeración del ejército es- 
pañol en la calzada, comparativamente estrecha, que empezaba en 
el Puente de la Maríscala, donde estaba la primera cortadura, de 
manera que desde allí hasta cerca de Popotla habia agua por am- 
bos lados. Pocos años después vemos que se conceden solares para 
casas á uno y otro lado de esa vía, y lo que es más, se señalan 
huertas, no en una sino en varias hileras, unas á espaldas de otras. 
Por el S. O. ocupaba el agua casi todo el terreno desde el cerro 
de Chapultepec hasta invadir una parte de lo que ahora es la Ala- 
meda, y ya en tiempo de Cervantes no se hace mención de aguas 
por allí, sino de ejidos de la ciudad (2). Según Torquemada (3), 
la diminución de las aguas comenzó á notarse desde el año de i 524, 
y la atribuye principalmente á haber atajado los españoles, para 
el riego de sus sementeras, los arroyos y ríos que entraban en las 
lagunas, y también á haberse recogido para el consumo de la ciu- 
dad las aguas de Chapultepec y Santa Fé, que antes se derramaban 



1 No consta la fecha de este acuerdo : se habla de él, como de cosa 
pasada, en el cabildo de 3 de Agosto de 1528. 

2 Sobre la antigua extensión de las lagunas, véase Orozco y Berra, 
Memoria para la Carta Hidrográfica del Valle de México, pág. II2. 

3 Lib. III, cap. 28. — La noticia viene originalmente del P. Motoli- 
nia, Hist. de los Indios, trat. III, cap. 8. 



AL DIALOGO SECUNDO. 79 

en los alrededores. Mas ajuicio de Henrico Martincz (i), la causa 
fué, que como los indios cultivaban poco terreno en las alturas, y 
no tenian caballos ni ganados, ni araban la tierra, esta se mantenía 
dura y apretada, por lo cual los aguaceros no la arrastraban á los 
lugares bajos. Lo contrario sucedia después de la venida de los es- 
pañoles, porque ellos lo araban todo, inclusas las laderas, y sus 
ganados pisaban y removían el terreno, de tal suerte, que las aguas 
llovedizas llevaban mucha lama y tierra á las partes bajas, que por 
lo mismo se iban elevando, mientras los altos se descarnaban y 
dejaban descubierto el tepetate. Este efecto de las aguas llovedizas 
es innegable; pero no conduce á explicar la diminución de las la- 
gunas: el limo que venia de los altos haria elevar el fondo y der- 
ramar las aguas sobre la ciudad, como de hecho habria sucedido, si 
el suelo de ella no se hubiera ido elevando á la par, como lo vemos. 
Concediendo á la labor de la tierra la importancia que le da el 
célebre autor del desagüe, podria decirse que la tierra floja y re- 
movida absorvia una cantidad de agua mucho mayor, y por eso 
recogían menos las lagunas. Las causas de la rápida diminución 
de estas, después de la conquista, fueron sin duda varias, y algunas 
puramente transitorias, pues de haber continuado obrando todas 
con igual eficacia, ya no quedarla de los lagos mas que la memoria. 
De todos modos es notable que se fije el año de esa diminución, 
pues de ello se infiere que se verificó de una manera repentina y 
no gradual. En lo interior de la ciudad los españoles cegaron la 
mayor parte de las acequias, dejando solo algunos ramales princi- 
pales, como el que corria por la calle de la Acequia (ó del Cole- 
gio de Santos), costado del Palacio, Portal de las FÍores &c., é 
iba á juntarse con otro que atravesaba por las calles de S. Juan de 
Letran, Sta. Isabel y demás de la misma línea. Pasaba también 
otra acequia por las calles de Jesús, Arco de S. Agustín, S. Felipe 
Nerí y Puente Quebrado, hasta juntarse con la anterior (2). Es- 
tas acequias principales han ido desapareciendo sucesivamente, y 
las pocas que quedan están en los suburbios. Pero aquellas deja- 
ron un recuerdo de su existencia en los muchos nombres dít puentes 
que aun tenemos en calles donde no hay ya ni señales de canal. 
Carecemos todavía de una historia particular de la ciudad de 
México, en que se refieran las variaciones que ha experimentado 
desde la conquista. Verdad es que el P. Andrés Cavo, jesuíta, 
escribió en Roma una Historia Civil y Política de México, de que 
D. Carlos M?- de Bustamante hizo aquí en 1836 una impresión, 
tan descuidada como todas las suyas, con el título de Los Tres 
Siglos de México durante el Gobierno Español, hasta la entrada del 

1 Reportorio de los Tiempos, trat. IIP, cap. 15. 

2 SiGüENZA, Piedad Heroica, cap. 3, n? 22. 



8o INTRODUCCIÓN 

Ejército Jrigarante (i). Pero esta obra, aunque dedicada al Ayun- 
tamiento de México, y escrita en vista de los datos que se sumi- 
nistraron por su secretaría, no es propiamente una historia de la 
ciudad, pues fuera de la cansada enumeración de los alcaldes y re- 
gidores que cada año eran elegidos, apenas contiene noticias pe- 
culiares á la ciudad, sino que se difunde en las del país entero. 
Solo alcanza hasta 1767, fecha de la expulsión de los individuos 
de la Compañía de Jesús. 

El Sr. Alaman, en sus Disertaciones, fué el primero que ilustró 
de propósito la materia con eruditas y laboriosas investigaciones. 
Las rectificó y amplió en parte el Sr. Orozco y Berra, primero 
en el artículo México del Diccionario Universal, y luego en la 
Memoria para el Plano de la Ciudad de México, que imprimió en 
1867. Pero ni uno ni otro escritor trataron de formar un cuerpo 
completo de historia. Sus estimables trabajos solo se refieren á una 
parte de la ciudad, y no han sido bastantes para fijar algunos pun- 
tos capitales. Todavía se disputa acerca de los verdaderos límites 
del gran templo de Huitzilopochtli, y no se ha hecho de una ma- 
nera satisfactoria la delincación ó restauración gráfica de la plaza 
mayor, cual estaba á mediados del siglo XVI. 

Mas no es de extrañar que tan diligentes escritores dejasen va- 
cíos, y alguna vez incurrieran en equivocaciones. La materia no 
puede ser mas oscura, porque los datos para tratarla son suma- 
mente escasos, y los que hay se hallan esparcidos en multitud de 
obras y papeles, y como perdidos entre un cúmulo de noticias 
agenas al asunto. Aun suponieudo la posibilidad de adquirir todas 
esas obras, muchas de ellas rarísimas, y la paciencia, tiempo y dis- 
cernimiento que se necesitan para la coordinación y examen de 
lo que en ellas se encuentra, tampoco se habría logrado el objeto, 
porque no se tendría lo bastante para aclarar todas las dudas. Mé- 
xico, ya lo hemos dicho, no ha tenido cronistas especiales, que 
preparen materiales bien cordinados: casi todo ha quedado en 
noticias sueltas, ó lo que es peor, encomiCndado á la memoria de los 
vecinos. Las ciudades experimentan continuas variaciones : una ca- 
lle nueva que se abre, unas casas que se reedifican, una acequia que se 
ciega, una plaza que se ocupa con edificios, la menor variación en 
el alineamiento, pueden cambiar totalmente el aspecto de un lugar 
de la ciudad, y meter en mil conjeturas á los pósteros, que no acier- 



I Son 4 tomos en 4? menor: el último es de 1838. Los dos primeros 
comprenden la obra del P. Cavo: los otros dos el Suplemento de Busta- 
mante. Todo se reimprimió en un volumen de letra menuda y pésima, 
(México, Navarro, 1852), y últimamente, con mejor apariencia, en otro 
volumen 4? mayor, (Jalapa, Rui^, 1870). Aun se desea una buena edi- 
ción de esta obra. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 8l 

tan á concordar lo que leen con lo que están viendo, pues los pla- 
nos no están al alcance de todos, ni pueden marcar tampoco ciertos 
pormenores de los lugares. Los contemporáneos se figuran que 
por ser para ellos una cosa tan clara, lo mismo ha de suceder á los 
que vengan después. No hay quien ignore, por ejemplo, la fa- 
mosa historia del salto de Alvarado, de cuyo capitán se cuenta que 
habiendo llegado en la terrible retirada de la Noche Triste á la 
tercera cortadura de la calzada, y no hallando otro medio de sal- 
var la vida, apoyó su lanza en el fondo, y con un desmedido salto 
logró pasar al otro lado del foso. Aunque el hecho es mas que 
dudoso, y parece inventado posteriormente, dio, sin embargo, 
nombre á la calle que todavía se llama del Puente de Alvarado. 
Allí se veía, no ha mucho, una zanja que indicaba el lugar del su- 
ceso. Atravesaba la calle precisamente por el zaguán del Twoli 
del Elíseo y por el jardincito enverjado que queda enfrente y da 
entrada á la casa n9 5 : el puente se hallaba tras de los arcos del 
acueducto, es decir, contiguo á la acera que mira al norte; la parte 
de afuera, al norte de los arcos, estaba empedrada y á nivel. Hoy 
no existen arcos, ni cortadura, ni puente: toda señal ha desapa- 
recido, y cuando hayamos desaparecido también los que hemos 
sido testigos de tal mudanza, perecerá la memoria del lugar donde 
se hallaba el famoso Salto de Alvarado. Así ha sucedido y suce- 
derá con muchos lugares de nuestra capital, unidos á recuerdos 
históricos, porque nadie cuida de conservarlos por medio de una 
senoilla inscripción. Pero qué mucho, si las que existían en varias 
partes se han borrado ó destruido, ya por ignorancia, ya por el 
necio empeño de quitar de la vista todo recuerdo de la domina- 
ción española; como si áella no se debiera casi todo cuanto existe 
en la capital, y algo mas de que nosotros hemos dado después 
buena cuenta. 

Los archivos de las corporaciones religiosas, de algunas civiles, 
y de los establecimientos de caridad, que tanta luz pudieran dar- 
nos, han desaparecido al soplo de las revoluciones. El general de 
la nación contiene poquísimos documentos del siglo XVI, y el 
de la municipalidad, probablemente e) mas rico de todos para nues- 
tro intento, no es accesible sino mediante ciertas formalidades á 
que no todos están dispuestos á sujetarse. Por fortuna el público 
disfruta, aunque solo en pequeña parte, de uno de los principales 
documentos para la historia de las variaciones de la ciudad, como 
son los Libros de Actas del Ayuntamiento, conocidos con el nom* 
bre de Libros de Cabildoy y que comienzan en Marzo de 1 524 (i). 

I Corren varias copias manuscritas de los mas antiguos. Tengo una 
del primero, que ocupa 800 páginas en folio, escrita toda de mi mano, 
cotejada escrupulosamente y adornada con facsímiles de firmas y muestras 



82 INTRODUCCIÓN 

Pero nos faltan los tres años anteriores, que son precisamente los 
mas interesantes para seguir los pasos de la reedificación. Los da-, 
tos que ofrecen los que existen son bastante confusos, porque las 
indicaciones de lugares se refieren á otros tan conocidos entonces 
como ignorados hoy. Las calles tomaban por lo común el nombre 
del vecino principal, y al concederse un solar se demarca expre- 
sando los nombres de los colindantes. Sin embargo, con perseve- 
rancia y sagacidad, pudiera sacarse mucho partido de esos libros. 

Para las investigaciones de que estamos hablando, nada seria 
tan útil como la vista de planos antiguos, pues el mas tosco dibujo 
da en un momento mayor luz que las descripciones mas prolijas. 
Desgraciadamente, todos los planos de la ciudad que existen son 
de fecha comparativamente moderna, y de nada sirven para cono- 
cer lo que existia á mediados del siglo XVL De ese siglo hay á 
la verdad algunos; pero son dibujos de puro capricho, y es lo mis- 
mo que si no los hubiera. Los mas antiguos que menciona el Sr. 
Orozco (i) son de principios del siglo XVIII, y por lo mismo 
inútiles para nuestro objeto. El Sr. Alaman emprendió formar 
uno, comparando «el actual estado y forma de la ciudad con la 
«que se le dio cuando se reedificó» (2); mas no llegó á concluir 
su trabajo, y si algo existe de él, como se asegura, yo no he lo- 
grado tenerle á la vista, aunque lo he procurado. 

La descripción de nuestro Cervantes ofrece, sin duda, datos pre- 
ciosos ; pero no es completa ni tan clara, que pueda comprenderse 
bien sin el auxilio de notas tomadas de otras fuentes. Conforme 
los interlocutores van hablando de los diversos lugares por donde 
pasan, he añadido algunas explicaciones relativas á esos mismos 
lugares. No es mi ánimo completar la descripción de la ciudad, 
sino facilitar la inteligencia del documento que presento para ayu- 
dar á formarla. Pero sea porque realmente falten datos, ó porque 
yo no he sabido aprovechar los conocidos y descubrir otros nue- 
vos, es lo cierto que la mayor parte de mis notas no sirven más 
que para presentar dudas, sin llegar á resolverlas. No me culpe, 
sin embargo, por ello el lector; antes bien agradézcame lo poco 
que le digo, pues le aseguro que me ha costado mas trabajo que 
el que parece haber sido necesario para tan pobres anotaciones. 
Mas lo que deja una verdadera impresión de tristeza, es advertir 



de letra del original. Por lo cual la prefiero á la impresión que moder- 
namente se ha hecho en el aBoletin Municipal,» tan fea como descui- 
dada. En iguales témiinos se ha impreso el segundo libro y se imprime 
el tercero. La publicación de nuestros monumentos históricos ha cami- 
nado con desgracia : se ha hecho poco y mal. 

1 Memoria para el Plano de la Ciudad de México., pág. 6. 

2 Disertaciones, tom. III, pág. XV. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 83 

que casi todas las que se refieren á edificios que acreditaban la pie- 
dad de los beneméritos vecinos de la ciudad naciente, terminen 
con la noticia de su destrucción en nuestros tiempos de ilustración 
y progreso, sin que me haya sido dable templar esa amargura, re- 
firiendo la fundación de otros mas útiles y espléndidos. Cuando 
aun no se conocia el nombre de «Establecimientos de Beneficen- 
«cia,» de hecho se levantaban y dotaban ricamente á impulsos de 
la Caridad; hoy, en nombre de no sé qué civilización, se han des- 
truido muchos, y si se mantienen otros que son indispensables pa- 
ra la vida de una gran ciudad, es con mil fatigas, y no á costa de 
las generosas y libres donaciones de las almas buenas, sino á fuerza 
de impuestos onerosos, que si alivian algunas miserias, llevan en 
cambio á muchas casas la desolación y la ruina. 




^.^^^.^^^^^^^^^^^^^^^ 



DIÁLOGOS SECUNDUS. 

CiviTAs Mexicus Interior. 

ZuAZus, Zamora, incolje: Alfarus, advena. 

e©i 

ZUAZUS. 

)LANE tempus est, Zamora, ut Alfarum 
nostrum, Ulyssem alterum, quod tam 
anxie appetit, per Mexicum deducamus, 
tantas urbis magnltudinem contemplatu- 
rum. Fiet enim inde, ut dum nos quae fuerint prae- 
stantiora docemus, audiamus alia, quae aut omnino 
sint nova, aut si vetera, certiora fiant. 

Zamora. 

Prudenter certe, ut soles omnia; neque unquam 
majori commodo docebimus, quam si alios instruen- 
do, ipsi reddamur doctiores. Verum, utrum ad id 
videtur commodius, pedestres an ut equestres ince- 
damus. 

ZUAZUS. 

Id ipsum viderit Alfarus, cujus hoc unum hodie 
negotium acturi sumus. 




T^TtiA tT» t^^ «.'bx cx^ cxiA exiji. cTiA tv> cti^ ftiA e^ c^j. cxu. ít» <t«í. e^ ¿tiA 



DIÁLOGO SEGUNDO. 

Interior de la Ciudad de México. 

Interlocutores: 
ZuAZO Y Zamora, vecinos; Alfaro, forastero. 

, £^ 

ZuAZO. 

s tiempo ya, Zamora, de que llevemos á 
pasear por México, cual nuevo Ulíses (i), 
á nuestro amigo Alfaro, que tanto lo desea, 
para que admire la grandeza de tan insigne 
ciudad. De este modo, mientras le vamos enseñando 
lo mas notable, él nos dirá algo que no sepamos, ó 
nos confirmará lo que ya sabemos. 

Zamora. 

Bien pensado, como siempre acostumbras, pues 
nunca enseñamos con tanto provecho, como cuando 
al instruir á los demás, aprendemos algo nosotros 
mismos. Mas dime cómo te parece que iremos me- 
jor: á pié ó á caballo. 

ZuAZO. 

Como guste Alfaro, á cuyo obsequio hemos de- 
dicado hoy el dia. 




86 DIALOGUS SECUNDUS. 

Alfarus. 

Prasstabit equis ínsidere, ut vehentes sine lassi- 
tudine coHoquamur: descensuri cum opus fuerit 
aut templa aut regiam ingredi. 

ZUAZUS. 

Quando ita vis, Alfare, mulam ascendito, quae 
te ex itinere defatigatum, sine sucussatione et pla- 
cidissime vehet: nosque equis insiliemus; Zamora 
tibiis contractis et ego extensis, nam ita sunt strati. 



Alfarus. 

Cur non ambo eisdem ephipiis, fraenis, oreis et 
antilenis constrati sunt? 

ZUAZUS. 

Quod ut non ómnibus hominibus omnia conve- 
niunt, ita non ómnibus equis omnia congruunt or- 
namenta: phaleras enim alias generosus et magnus 
equus petit: alias mannus et gradarius. 

Zamora. 

Prodeamus tándem, alias de his loquuturi; Alfa- 
rique claudamus latera, ut ex aequo ipsius coUoquio 
frui possimus. 

Zuazus. 
Cui insistemus viae? 

Zamora. 

Tacubensi, quae et celebrior est, et recta nos in 
foro perducet. 



DIÁLOGO SEGUNDO. 87 

Alfaro. 

Mejor es á caballo, para que vayamos en conver- 
sación y sin cansarnos: cuando fuere necesario nos 
apearemos para entrar en las iglesias ó en palacio. 

ZUAZO. 

Ya que así lo prefieres, y pues vendrás cansado 
del camino, monta en la muía, que te llevará á paso 
suave y sin maltratarte. Nosotros iremos á caballo: 
Zamora con las piernas dobladas, y yo extendidas, 
porque así lo exigen las sillas. (2) 

Alfaro. 

¿Por qué no son iguales las sillas, frenos, bridas 
y pretales? 

ZuAZO. 

Porque así como no todo conviene á todos los 
hombres, así tampoco son propios para todos los ca- 
ballos los mismos jaeces: de unos necesitan los gran- 
des y briosos, de otros los pequeños y de paso llano. 

Zamora. 

En fin salgamos, que de eso hablaremos otra vez. 
Vaya enmedio Alfaro, con eso gozamos igualmente 
ambos de su conversación. 

ZuAZO. 

¿Qué calle tomaremos? 

Zamqra. 

La de Tacuba, que es una de las principales, y 
nos lleva en derechura á la plaza. 



DIALOGUS SECUNDUS. 



Alfarus. 



Quam exhilarat animum et vlsum reficit viae hu- 
jus conspectus! quam et extensa et ampia! quam 
recta! quanta ejus planicies! et ne hiberno tempore 
lutescat et obscena sit, tota lapidibus strata; per 
cujus médium, quod etiam facit ad ejus ornatum et 
civium utilitatem, intra suum canalem, aperta, ut 
magis delectet, aqua decurrit. 

Zamora. 

De domibus quas habet utrinque tanto ordine et 
ad perpendiculum positas, ut nuUa ab alia vel la- 
tum unguem deviet, quid judicas? 

Alfarus. 

Superbse sunt omnes et operosissimae, et quales 
opulentissimis et nobilissimis civibus conveniant: 
singulas non aedes, ita sunt bene materiatae, sed 
arces dixeris. 

ZUAZUS. 

Tales oportuit principio fieri in tanta hostium 
multitudine, cum cingi muris et turribus muniri 
civitas non posset. 

Alfarus. 

Praesens consilium, neque se, ut nihil desiderare- 
tur, plus justo efferunt: idque, ni fallor, tum ut in 
terraemotibus, cujusmodi audio esse aliquot in hisce 
regionibus, concussae, altitudine sua non corruant, 
tum ut ex aequo omnes solem admittant, alias aliis 
nequamquan obumbrantibus. 



DIÁLOGO SEGUNDO. 89 

Alfaro. 

i Cómo se regocija el ánimo y recrea la vista con 
el aspecto de esta calle! ¡Cuan larga y ancha! ¡qué 
recta! ¡qué plana! y toda empedrada, para que en 
tiempo de aguas no se hagan lodos y esté sucia. (3) 
Por enmedio de la calle, sirviendo á esta de adorno y 
al mismo tiempo de comodidad á los vecinos, corre 
descubierta el agua, por su canal, para que sea mas 
agradable. 

Zamora. 

¿ Qué te parecen las casas que tiene á ambos lados, 
puestas con tanto orden y tan alineadas, que no se 
desvian ni un ápice? 

Alfaro. 

Todas son magníficas y hechas á gran costa, cual 
corresponde á vecinos tan nobles y opulentos. Se- 
gún su solidez, cualquiera diria que no eran casas, 
sino fortalezas. 

ZUAZO. 

Así convino hacerlas al principio, cuando eran 
muchos los enemigos, ya que no se podia resguar- 
dar la ciudad, ciñéndola de torres y murallas. 

Alfaro. 

Prudente determinación; y para que en todo sean 
perfectas, tampoco exceden de la altura debida, con 
el fin, si no me engaño, de que la demasiada eleva- 
ción no les sea causa de ruina, con los terremotos 
que, según oigo decir, suele haber en esta tierra; y 
también para que todas reciban el sol por igual, sin 
hacerse sombra unas á otras. 

12 



90 



DIALOGUS SECUNDUS. 



ZUAZUS. 



Decuit etiam et ea ratione, non solum, ut vides, 
amplissimas et spatiosas esse vias, sed domos, uti 
optinie judicasti, non multum surgere; salubrior 
ut esset civitas, non impedientibus editissimis aedi- 
ficiis flantibus et reflantibus ventis, qui una cum 
sole, pestíferos quos palus, quae in próximo est, va- 
pores emittit, discutiunt longeQUE arcent. 

Alfarus. 

iEdium antepagmenta non ex lateribus aut vili 
alia materia, sed ex magnis saxis artificióse positis 
constructasunt,in quorum superliminaribus insignia 
sunt dominorum. Culmina item plana sunt, pro- 
minentibus in viam ex subgrundiis canalibus ligneis 
et fictilibus, pluviam veluti evomentibus. 

Zamora. 

Num aliter hispanas teguntur domus? 

Alfarus. 

Non eodem modo cunctae; plaeraque tamen, in 
utraque prsesertim Castella, nam in Betica varius 
mos est, imbricibus sive tegulis incurvis cooperiun- 
tur, ita Ínter se connexis, ut multis ceu tubis factis, 
imbres excipiant et rejiciant in impluvium: ejus- 
modique aedificiorum culmina, quae alii fastigia, alii 
summitates appellant, ab utroque lato, non trans- 
verso aedificii pariete, in acutum semper fastigiant: 
eminentibus insuper, ornatus gratia, ventorum Ín- 
dice, turriculis et pyramídulis quibusdam : quae 
tecta, quod in duas partes devexa sint, et pluviam 
receptam in utramque partem deducant, a pectinis 



DIALOGO SEGUNDO. 9I 



ZUAZO. 



Por las mismas razones convino, no solamente 
que las calles fuesen anchas y desahogadas, como 
ves, sino también que las casas no se hicieran muy 
altas, según discurriste muy bien: es decir, para que 
la ciudad fuese mas salubre, no teniendo edificios 
elevadísimos que impidieran los diversos vientos 
que con ayuda del sol disipan y alejan los miasmas 
pestíferos de la laguna vecina. 

Alfaro. 

Las jambas y dinteles no son de ladrillo ú otra 
materia vil, sino de grandes piedras, colocadas con 
arte: sobre la puerta están las armas de los dueños. 
Los techos son planos, y en las cornisas (4) asoman 
unas canales de madera ó barro, por donde cae á la 
calle el agua llovediza. 

Zamora. 

Pues qué ¿en España techan de otro modo las 
casas? 

Alfaro. 

No todas del mismo modo. En ambas Castillas 
especialmente (pues en Andalucía es vario el uso), la 
mayor parte de las casas están cubiertas de tejas cur- 
vas, que formando muchas como canales, recogen 
las aguas del cielo y las arrojan al patio (5) ; de suerte 
que la parte mas elevada del edificio, llamada por 
unos cubierta y por otros tejado^ va subiendo desde 
ambas paredes maestras, no desde las transversales, 
hasta terminar en caballete: en lo mas alto llevan 
por adorno veletas, torrecillas ó cualquier otro re- 
mate. Tales techos, porque tienen dos descensos y 
reparten el agua á ambos lados, se llaman de dos 



92 DIALOGUS SECUNDUS. 

simiVitndine pecíinaía dicuntur: quemadmodum ie- 
studinata quae in partes quatuor protenduntur. Haec 
auteni vestra subdialia pavimenta, qualia primum 
Grseci excogitavere et nunc sunt in Campania, ge- 
nuino vocabulo nuncupantur. Sed quaeso, quae est 
hsec quas ad dexteram, transversa item amplissima 
et máxima via, lapidibus strata, in tam longum, 
altior et munitior caeteris, tot infernae tabernas ha- 
bens, domus protenditur et dilatatur? 

Zamora. 

Regiae membrum est, et ejus alterum est hoc 
quod respicit in alteram hanc viam: utrumque, quae 
est in latere copulat turris. 

Alfarus. 
Urbem alteram non palatium mihl narras. 

ZUAZUS. 

Ab hac via quae, uti vides, in latum Tacubensem 
dividit, omnis generis mechanicarum et illiberalium 
artium operarii et artifices, quales sunt fabri lignarii, 
ferrarii, claviles, sutores, textores, tonsores, pisto- 
res, pictores, caelatores, sartores, caligarii, armamen- 
tarii, candelarii, arcuarii, spatharii, pistores dulcia- 
rii, caupones, tornarii et reliqui, ab utraque parte ad 
forum usque, nullo alio alterius conditionis aut artis 
homine admisso, habitant. 

Alfarus. 

Quantus strepitus et quantus obequitantium et 
deambulantium concursus et rumor! dixeris plane 
non viam publicam, sed emporium esse. Superiora 
hujus membri, tam magnis fenestris decorata, qui 
habent? 



DIALOGO SEGUNDO. 95 

aguas, así como techos ¿i cuatro vertientes los que 
bajan por los cuatro costados. (6) Vuestros techos 
planos, inventados por los Griegos, y usados ahora 
enCampania (7), tienen su nombre propio. (8) Mas 
pregunto: ¿qué edificio es aquel, mucho mas eleva- 
do y fuerte que los otros, y con tantas tiendas en 
los bajos, el cual se extiende á mano derecha, pasada 
esa ancha y magnífica calle empedrada? (9) 



Zamora. 

Es un costado del palacio, y otro es el que cae á 
esta otra calle: ambos están unidos por la torre de 
la esquina. (10) 

Alfaro. 
Eso no es palacio, sino otra ciudad. 

ZUAZO. 

Desde esta calle que, como ves atraviesa la de 
Tacuba, ocupan ambas aceras, hasta la plaza, toda 
clase de artesanos y menestrales, como son carpin- 
teros, herreros, cerrajeros (i i), zapateros, tejedores, 
barberos, panaderos, pintores, cinceladores, sastres, 
borceguineros, armeros, veleros (12), ballesteros, 
espaderos, bizcocheros, pulperos (13), torneros (14), 
&c., sin que sea admitido hombre alguno de otra 
condición ú oficio. 

Alfaro. 

¡Qué ruido y qué bulliciosa muchedumbre de 
gente á pié y á caballo! Más parece una gran feria 
que una calle. ¿ Quiénes ocupan este piso alto, ador- 
nado de tan grandes ventanas? 



94 DIALOGUS SECUNDUS. 



rUAZUS. 



Regii consiliarii; et membrum aliud interius, 
quod magnificentius est, Prorex. 

Alfarus. 

Dignum certe tantis viris domicilium. Sed quid 
illa significant pondera ex demissis funibus pen- 
dentia? Vah! non animadverteram; gubernacula 
sunt horologii. 

ZUAZUS. 

Recte ais. In editaque hac turri quse etiam utrum- 
que aedium latus communit, eo est coUocatum, ut 
cum sonuerit, undequaque ab incolis audiatur. 

Alfarus. 

Prudenter factum. 

ZuAZUS. 

Jam adest forum; attentus quasso intuere num 
aliud amplitudine et majestate par huic aliquando 
videris. 

Alfarus. 

Equidem quod meminerim, nullum: nec censeo 
in utroque orbe sequale inveniri posse. Bone Deus! 
quam et planum et capax est! quam hilare! quam 
undique ambientibus superbis et magnificis aediíi- 
ciis illustratum! quse descriptio! quae facies! qui 
positus et situs! Revera, si porticus illae, quae nunc 
contra nos sunt, e medio tollerentur, integrum exer- 
citum capere potuisset. 



DIALOGO SEGUNDO. OC 

ZUAZO. 

La Real Audiencia; y la crujía interior (15), aun 
mas magnífica, es del virey. 

Alfaro. 

Habitación digna ciertamente de personajes tan 
elevados. ¿ Pero qué significan aquellas pesas colga- 
das de unas cuerdas ? ¡ Ah ! No habia caido en cuen- 
ta: son las del reloj. 

ZuAZO. 

En efecto; y está colocado en esa elevada torre 
que une ambos lados del edificio, para que cuando 
dala hora, la oigan en todas partes los vecinos. (16) 

Alfaro. 

Muy bien pensado. 

ZuAZO. 

Estamos ya en la plaza. Examina bien si has vis- 
to otra que le iguale en grandeza y majestad. (17) 

Alfaro. 

Ciertamente que no recuerdo ninguna, ni creo 
que en ambos mundospueda encontrarse igual. Dios 
mió! cuan plana y extensa! qué alegre! qué ador- 
nada de altos y soberbios edificios, por todos cuatro 
vientos! qué regularidad! qué belleza! qué disposi- 
ción y asiento! En verdad que si se quitasen de 
enmedio aquellos portales de enfrente, podría caber 
en ella un ejército entero. 



96 DIALOGUS SECUNDUS. 



Z.UAZUS. 

Tanta fori amplitudo in causa est, quominus in 
aliis res venales aíFerantur. Nam quod Romae Sua- 
rium, Olitorium, Boarium, Livium, Julium, Au- 
relium et Cupedinis erant, hoc unum pro cunctis 
Mexici est. In hoc uno institutse sunt nundinse; in 
hoc fiunt auctiones; in hoc qusecumque sunt vena- 
lia, reperies; et ad hoc totius provinciae mercatores 
suas merces adferunt et important; in hocque, ut 
in summa dicam, quaecumque sunt in Híspanla 
potiora, confluunt. 

Zamora. 

Haec est regalis aulae facies et tertium ejus mem- 
brum. 

Alfarus. 

Etiamsi non praedixisses, id satis superque testan- 
tur superiora illa deambulacra, tam multis et ma- 
gnis columnis speciosa, regiam quandam majestatem 
prae se ferentia. 

ZUAZUS. 

Teretes sunt columnae, nam quadrangulas, et in 
his striatas et medianas, non perinde commendat 
Vitruvius. 

Alfarus. 

Quam convenit in ipsis cum longitudine crassi- 
tudo! 

ZuAZUS. 

Epistylia vide quam sint arte fabricata. 



DIALOGO SEGUNDO. 97 



ZUAZO. 

Hízose así tan amplia para que no sea preciso 
llevar á vender nada á otra parte; pues lo que para 
Roma eran los mercados de cerdos, legumbres y 
bueyes, y las plazas Livia, Julia, Aurelia (i8) y Cu- 
pedinis (19) esta sola lo es para México. Aquí se 
celebran las ferias ó mercados, se hacen las almone- 
das, y se encuentra toda clase de mercancías; aquí 
acuden los mercaderes de toda esta tierra con las su- 
yas, y en fin, á esta plaza viene cuanto hay de me- 
jor en España. 

Zamora. 

Esta es la fachada del real palacio, y tercer lado 
de él. (20) 

Alfaro. 

Aunque tú no lo dijeses, hasta de sobra lo dan á 
conocer aquellos corredores altos, adornados de tan- 
tas y tan altas columnas, que por sí solas tienen 
cierta majestad regia. 

ZuAZO. 

Las columnas son redondas, porque Vitruvio no 
recomienda mucho las cuadradas, y menos si son 
estriadas y aisladas. (21) 

Alfaro. 

I Qué bien se guarda en ellas la proporción de la 
altura con el grueso! 

ZuAZO. 

Advierte con qué primor están labrados los ar- 
quitrabes. 

13 



98 ' DIALOGUS SECUNDUS. 

Alfarus. 

Spirae nihilo inferiores sunt; et qui reddunt so- 
larium seternum, quique ipsum vere regale faciunt, 
sunt arcus ex eodem marmore artificióse facti, tra- 
bium loco columnis impositi, tectum ne unquam 
ruat sustentantes : marmorei sunt etiam cancelli, 
ne quis cadat in praeceps. 

ZUAZUS. 

Tecta hujusmodi aperta, quae tu solaría ab ex- 
cipiendo solem, sive deamhulacra a deambulando 
dicis, antiqui ^Ú2iVCifroc estría dixere. Fiebant autem 
aequalibus columnarum marmorearum latericiarum- 
ve intervallis patula, super quarum epistylia arcus 
curvabuntur, ut in his, speciosior ut foret stru- 
ctura: arcus autem in hisce aedificiis formabatur 
in hemicyclum, quemodmodum et coelestis, quem 
Irim appellant. Muniebantur, ne quis prolabere- 
tur, lorica, aut ex marmore aut ligno; ea in re 
bellica sepimentum fuit, quo obsessores urbes cin- 
gebant. 

Alfarus. 

Doctequidem id. Pérgulas tamen, 2ipergendo for- 
tasse, quibus consimiles sunt patentes exedrae, no- 
minatas audio: quae d^vaedium sive hortos et plateas 
prospectarent, et in quas sol ac luna suos radios 
immiterent. Cancelli, qui murierantccenaculorum, 
ora ab injuria lapsus inibi incedentis defendentes, 
nuncupati sunt, vel peribolí, quos divus Hierony- 
mus septa^ coronas et círcuítus appellat, vel lorícul¿e^ 
eadem metaphora qua loríca. 



DIALOGO SEGUNDO. 99 

Alfaro. 

No les ceden las basas; pero lo que hace solidí- 
simo el corredor, y le da una apariencia en verdad 
regia, son los arcos labrados primorosamente de la 
misma piedra, que puestos sobre las columnas en 
lugar de vigas sostienen el techo para que jamas se 
derrumbe. También hay balaustradas de piedra, 
para que nadie corra peligro de caer. 

ZUAZO. 

A estas salas abiertas, que tú llamas corredores^ 
porque sirven para pasear, ó solanas^ porque en ellas 
se toma el sol, llamaron también los antiguos ^ro- 
cestria (22). Las hacian con columnas de piedra ó 
ladrillo, colocadas á distancias iguales, sobre cuyas 
impostas se formaban los arcos, como aquí, para que 
quedase mas majestuoso el edificio. Los arcos eran 
siempre de medio punto, á semejanza del que vemos 
en el cielo, y llamamos arco-iris. Se ponían también 
antepechos de piedra ó madera, para evitar caídas, 
como las trincheras que usan en la milicia los sitia- 
dores para circunvalar las ciudades. 

Alfaro. 

Hablas doctamente. Sin embargo, también las 
oigo \hm3.r galerías y y por ese estilo son los mira- 
dores que caen á los patíos, jardines ó plazas, y re- 
ciben los rayos del sol y de la luna. Los barandales 
con que se rodeaban las piezas altas, á ñn de evitar 
que por los vanos cayesen quienes andaban en ellas, 
eran llamados ^m<^¿j//, ó como dice San Gerónimo, 
sepia, corona y circuitus; ó también loricul¿e (pretiles), 
por la misma metáfora (\\JiQlorica (parapetos). (23) 



100 DIALOGUS SECUNDUS. 

Zamora. 

Nunc contemplare quanta desuper, quantoque 
cum ordine sit tabernarum multitudo, et ipsas quam 
referías pretiosis mercibus: quot adsint adventores, 
quot emptores, quot venditores, quantus juxta ob- 
equltantium numerus, quanta strepat negotiantium 
turba; ut non immerito possis affirmare, huc con- 
fluxisse quidquid est praeclarum in orbe toto. 

Alfarus. 

Qui est ille tantus hominum concursus, in regia 
pérgula, contente modo, modo lente deambulan- 
tium, subslstentium nunc, nunc festinantium, cla- 
mantium et tacentium invicem, ut furere videantur? 



ZUAZUS. 

Litigatores sunt, negotiorum gestores, procura- 
tores, scribse, et alíi qui a praetoribus urbis ad con- 
siliarios regios, superiores judices, provocant. 



Zamora. 

Est illic statim regium praetorium quo illi conve- 
niunt litigaturi: ipsum autem si libet videre, ab 
equis desiliamus, visuri etiam pedites quae sunt 
circum forum omnia. 

Alfarus. 
Nihil erit gratius. 

ZuAZUS. 

Hoc est vestibulum ; deinde sequitur atrium ; sed 
ad praetorium hi ducunt gradus. 



DIÁLOGO SEGUNDO. lOI 



Zamora. 



Observa ahora ademas qué multitud de tiendas y 
qué ordenadas, cuan provistas de valiosas mercade- 
rías, qué concurso de forasteros, de compradores y 
vendedores. Y luego cuánta gente á caballo, y qué 
murmullo de la muchedumbre de tratantes. Con 
razón se puede afirmar haberse juntado aquí cuanto 
hay de notable en el mundo entero. 

Alfaro. 

¿Qué son aquellas gentes que en tanto número 
se juntan en los corredores del palacio, y que á veces 
andan despacio, á veces aprisa, ora se paran, luego 
corren, tan pronto gritan como se callan, de modo 
que parecen locos? 

ZUAZO. 

Son litigantes, agentes de negocios, procuradores, 
escribanos y demás, que apelan de los alcaldes or- 
dinarios á la Real Audiencia, que es el tribunal su- 
perior. (24) 



Zamo 



RA. 



Allí cerca está la sala del real acuerdo, adonde van 
todos estos á litigar. Si quieres verla, apeémonos, 
para que á pié veamos también todo el ámbito de 
la plaza. 

Alfaro. 
Nada me será mas agradable. 

Zuazo. 

El zaguán es este; sigúese el patio, y aquella es- 
calera conduce al tribunal. 



102 DIALOGUS SECUNDUS. 

Zamora. 

Hoc quod vides cubiculum, tot mensis, scabellis 
et scribis occupatum, tabellariorum praefectus, vir 
satis industrius, possidet. Hicautem qui juxta est, 
sine foribus ingressus, aditum prsebet ad viceregis 
habitationem, et prominet in atrium. In próximo 
est praetorium. Jam caput aperi, et tacitus ac reve- 
renter ingredere, et si quid volueris, submisse dicito. 

Alfarus. 

Amplum sane et ornatissimum prastorium, et 
quod introeuntibus nescio quam imperet reveren- 
tiam. Médium consiliarii quatuor proregem conti- 
nent, sublimes sedent, et cujus est hac hebdómada 
decernendi et jus reddendi munus, duntaxat loqui- 
tur; idque non multis et raro, nam silentium auget 
gravitatem; nunquam caeteri, nisi cum res est con- 
trovertissima, aut nosse rectius quicquam volunt, 
colloquuntur. Vilosis tapetibus superius pavimen- 
tum contectum est, et subselium holoserica cortina 
Attalico texto circum ornata, cui adherent, pen- 
dente et obumbrante cooperitur. 

ZUAZUS. 

Ex bombycino viloso, cui insedet Prorex pulvi- 
nar est, et ejusdem telae est quoque suppedaneum. 
Paulo inferius ad utrumque latus consident advo- 
catus fisci, praetorii summus officialis, pauperum 
advocatus, indorum patronus et tutor, et reliqui 
jurisconsulti qui causas suscipiunt: patrici etiam et 
urbis senatores singuli pro muñere et dignitate lo- 
cum sortiti. 

Zamora. 

Inferna dúo latera, ad quae per gradus descendí- 



DIÁLOGO SEGUNDO. IO3 

Zamora. 

Este aposento que ves, Heno de mesas, bancos y 
escribientes, le ocupa el correo mayor (25), sugeto 
de conocida actividad. Este pasadizo sin puertas, 
que cae al patio, da entrada á la habitación del virey, 
é inmediato está el tribunal. Descúbrete, pues, la 
cabeza, entra callado y con respeto, y si algo se te 
ofrece hablar, hazlo en voz baja. 

Alfaro. 

El salón es por cierto grande y bien adornado, é 
infunde no sé qué respeto al entrar. En lugar ele- 
vado, se sientan alrededor del virey los cuatro oi- 
dores. Solo habla el ministro semanero, y eso rara 
vez y poco, porque el silencio realza la autoridad. 
Los demás no toman la palabra sino cuando el 
punto es intrincado, ó necesitan pedir explicaciones 
para formar juicio mas seguro. El estrado está cu- 
bierto de ricas alfombras, y los asientos quedan bajo 
un dosel de damasco galoneado. 



ZUAZO. 

El virey se sienta en un almohadón de terciopelo, 
y de lo mismo es el cojin que tiene á los pies. Po- 
co mas abajo están sentados á uno y otro lado el 
fiscal, alguacil mayor, abogado de pobres, protector 
y defensor de indios, y los demás letrados que tie- 
nen pleitos. También la nobleza y los concejales, 
cada uno en el lugar que le corresponde, según su 
empleo y dignidad. 

Zamora. 

En sitio inferior, al cual se baja por unas gradas, 



104 DIALOGUS SECUNDUS. 

tur, procuratores et scribas occupant; et e conspectu 
consiliariorum, scribarum praefectus et causarum 
enarrator mensae incumbunt, decreta scribens alter, 
alter rem, uti gesta est, referens. A tergo est ligneus 
clathrus quo dividitur praetorium, ne promiscua 
multitudo et vulgus hominum consideant cum reli- 
quis. Post clathrum stant qui si digni sunt, sedere 
tamen nolunt, et alii qui etiamsi velint, sedere non 
permittuntur, quod sint eo honore omnino indigni. 



Alfarus. 

Qua reverencia surgens, detecto capíte, senex ille 
advocatus, clienti suo patrocinatur! 



Z/UAZUS. 

Animadverte etiam ut e regione stans alter, non 
minus canus, modestissime prius venia petita, re- 
pugnat et contradicit. 

Zamora. 

Jam utrlque praetorii janitor silentium indicit, 
quod sint plus satis altercati. Discedamus, ut quae 
supersunt videnda possimus ante prandium Alfaro 
patefacere. Rursus operiamus capita. 

Alfarus. 

Plane, qui hoc vidit praetorium, non est cur aut 
Granatense aut Vallisoletanum, quas longe gravis- 
sima in Hispania sunt, adire cupiat. 

Zamora. 
Palatioet infernis ejus tabernis continuantur mox, 



DIALOGO SEGUNDO. IO5 

hállanse á ambos lados escríbanos y procuradores: 
frente á los oidores están sentados á una mesa el 
escribano de cámara y el relator: aquel escribiendo 
los acuerdos, y este haciendo relación de los autos. 
Detrás hay un enverjado de madera, que divide la 
sala, á fin de que la gente baja y vulgar no vaya á 
sentarse con los demás: tras este enverjado están en 
pié, tanto los que tienen derecho de tomar asiento, 
pero no quieren tomarle, como los que aun cuando 
quisieran no podrian, porque no gozan de esa pre- 
eminencia. 

Alfaro. 

i Con cuánto respeto se levanta de su asiento, con 
la cabeza descubierta, aquel abogado anciano, y de- 
fiende á su cliente! 

ZUAZO. 

Mira también cómo se alza del lado opuesto, otro 
no menos encanecido, y pedida la venia con gran 
respeto, disiente y contradice. 

Zamora. 

Ya impuso silencio á ambos el portero del tri- 
bunal, porque han disputado mas de lo suficiente. 
Salgamos, pues, para que haya tiempo de enseñar á 
Alfaro, antes de la comida, lo que aun nos falta que 
ver. Volvámonos á cubrir. (26) 

Alfaro. 

En verdad, que habiendo visto esta Audiencia, 
no hay para qué desear ver las de Granada y Valla- 
dolid, que son las más insignes de España. 

Zamora. 

Al palacio y sus tiendas bajas, se siguen, después 
14 



I06 DIALOGUS SECUNDUS. 

interposita via Franciscana, latissimse et longae por- 
ticus, celebriores profecto, quam fuere Romae Co- 
rinthia, Pompeia, Claudia, Livia. 

Alfarus. 

(c Claudia diíFusas ubi porticus explicat umbras.» 

Zamora. 

Ibi est medius Janus, locus mercatoribus et ne- 
gotiatoribus designatus, ut Hispali sunt gradus, et 
Antuerpise marsupium, quibus locis praeest Mer- 
curius. 

Alfarus. 

Supra porticus sunt, ut reor, eorum habitacula 
qui in subjectis tabernis merces venditant. 

Zamora. 
Recte conjectasti. 

Alfarus. 

Quo pertinet via illa quae per lapideum pontem 
excurrit ultra porticus? 

ZUAZUS. 

Ad Augustinianorum coenobium. 

Alfarus. 
Nihilo angustior est Tacubensi. 

ZUAZUS. 

Tales sunt pleraeque, si lapidibus forentconstratae. 
Sed considera, nec obiter, porticus quse sunt in trans- 
verso, orientem respicientes, nam regis aula meri- 



DIALOGO SEGUNDO. IO7 

de pasar la calle de S. Francisco, unos anchos y ex- 
tensos portales, más concurridosquelofueron en Ro- 
ma los de Corinto, Pompeyo, Claudio y Livio. (27) 

Alfaro. 

((Donde el pórtico Claudio extiende su dilatada 
sombra.» (28) 

Zamora. 

Este es el medius Janus (29), paraje destinado á 
los mercaderes y negociantes, como en Sevilla las 
gradas (30), y en Amberes la bolsa: lugares en que 
reina Mercurio. (31) 

Alfaro. 

Las habitaciones que hay sobre el portal creo 
que serán de los dueños de las tiendas de abajo. 

Zamora. 

Justamente. 

Alfaro. 

I Hacia dónde va esa calle que pasa por un puente 
de piedra, mas allá de los portales? (32) 

ZUAZO. 

Al convento de los agustinos. 

Alfaro. 
No es menos ancha que la de Tacuba. 

ZuAZO. 

Otras muchas hay tan buenas como esa, solo que 
les falta el empedrado. Pero contempla detenida- 
mente cuánto adornan y enriquecen la plaza los por- 



I08 DIALOGUS SECUNDUS. 

diem versus est posita, quantum forum illustrent 
ac decorent. 

Zamora. 

Sub ipsis forum est quod appellant inferius, lo- 
cus in quo judicia exercentur: ibi duo consident 
praetores, ab urbis senatoribus quotannis creati, ne- 
cis vitaeque potestatem habentes. 

Alfarus. 

Fora tria judiciaria fuerunt Romae: Mexici au- 
tem quot sint me latet. 

Zamora, 

Totidem sunt, si ecclesiasticum annumeres; ni- 
mium tamen ab illis diversa. 

Alfarus. 

Hinc, ut arbitror, emanavit illud vulgo rece- 
iptumiforo utere, 

Zamora. 

Ita existimo. Superius curia est, procestrio, co- 
lumnis et arcubus ex lapide plateam spectanti, in- 
signis; eaque a tergo contigua est carceri, qui ad 
regii diíFerentiam civicus inscribitur; post quem 
statim adest macellum. 

ZUAZUS. 

A facie mox continuatur regii aerarii domus, cu- 
rias majestate non disimilis. Argentarii intra eam 
domum, loco inferiori et spatioso, argentum caelant, 
veluti conclusi; idem, ut fraus absit, alibi faceré 
prohibiti. Inferius etiam sub porticibus regiae fiunt 
auctiones, et rude argentum a Caesaris officialibus 
libratur, ei ut quinta pars caedat. Quas dominae Ma- 



DIALOGO SEGUNDO. IO9 

tales que viendo al oriente quedan al lado, pues el 
palacio está hacia el mediodía. (22) 

Zamora. 

En ellos está el tribunal inferior, donde adminis- 
tran justicia dos alcaldes que el ayuntamiento nom- 
bra cada año, y tienen facultad de imponer pena 
capital. 

Alfaro. 

En Roma habia tres tribunales: en México no 
sé los que habrá. 

Zamora. 

Otros tantos, incluyendo el eclesiástico; pero muy 
diferentes de aquellos. 

Alfaro. 

De aquí vino sin duda aquella frase vu\ga.r: /oro 
utere. (34) 

Zamora, {^s) 

Creo que sí. Arriba está la sala de cabildo, fa- 
mosa por su galería de columnas y arcos de piedra 
con vista á la plaza. Linda por la espalda con la 
cárcel llamada de ciudad, para distinguirla de la realy 
y junto á esta queda la carnicería. [1^6) 

Zuazo. 

Por el frente vemos en seguida la casa de la fun- 
dición, no menos magnífica que la de cabildo. En 
un amplio local del piso bajo están como encerrados 
los oficiales que sellan la plata; y para evitar frau- 
des tienen prohibición de ejecutarlo en otra parte. 
En los portales bajos del palacio se hacen también 
las almonedas públicas, y los oficiales reales pesan las 



no DIALOGUS SECUNDUS. 



rinae dicunt, cum prominentibus in forum domibus, 
quae sequuntur porticus, alterum tantae plateaelatus 
claudunt. Haecque tam pulchra et solariorum et 
porticuum series, fossa incili quae in paludem influit 
sic juvatur, ut quaecumque sunt incoiis necessaria, 
cavatis trabibus, contis quibusdam, remorum vice 
ab indis acti, a longe importentur. 



Alfarus. 

Venetias Ipsas videra videor. 

Zamora. 

Hoc quidquid est soli in quo posita est civitas, 
olim totum aqua fuit; inexpugnabilesque, et reli- 
quis ómnibus indis superiores, idcirco Mexicani 
fuere. Nam paludem inhabitantes, cavatis magnis 
lignis, quibus pro cymbis utebantur, in finitimos 
tuto excursiones faciebant, nihil ab eisdem cladis 
accipientes; in domos, veluti in munitissima asyla, 
circundante aqua natura munitas, se recipientes. 

Alfarus. 

Qui fieri ergo potuit, ut Cortesius tantam homi- 
num multitudinem loco palustri, nec equitibus nec 
peditibus opportuno, debellare potuerit? 

ZUAZUS. 

Arte illusit artem: constructis opera Martini 
Lupi navigiolis ejusmodi, explorata prius aquae al- 
titudine, ut uno trabes multas indorum et adoriri 
et superare potuisset. 



DIALOGO SEGUNDO. 111 

barras de plata, para cobrar el quinto de S. M. 
Este segundo lado de la gran plaza se cierra con las 
casas llamadas de D"! Marina (37), que siguen á los 
portales. Una acequia que corre hacia la laguna, es 
de grandísima utilidad á esta hermosa hilera de pór- 
ticos y galerías, pues cuanto necesitan los vecinos 
se trae por ella desde muy lejos en canoas goberna- 
das con varas largas, que los indios usan en lugar 
de remos. 

Alfaro. 

Paréceme ver la misma Venecia. 

Zamora. 

El terreno en que ahora está fundada la ciudad, 
todo era antes agua, y por lo mismo los mexicanos 
fueron inexpugnables y superiores á todos los demás 
indios. Como habitaban en la laguna, hacían á man- 
salva excursiones contra los vecinos, valiéndose de 
grandes troncos ahuecados, que usaban por barcas. 
Ningún daño recibían de los enemigos, pudiendo 
recogerse á sus casas como á asilo seguro, defendido 
por la naturaleza. 

Alfaro. 

¿Pues cómo pudo Cortés ganar ciudad tan po- 
pulosa y asentada entre pantanos, igualmente im- 
propios para infantería que para caballería? 

ZUAZO. 

Con una traza deshizo otra; pues reconocida pri- 
mero la profundidad de la laguna, construyó con 
ayuda de Martin López ciertos navichuelos, capa- 
ces de acometer uno solo muchas canoas y vencerlas. 



112 DIALOGUS SECUNDUS. 



Alfarus. 



o virum industrium, et praeter caeteros animo 
excelso, et non nisi ad máxima natum ! 

Zamora. 

Ejus aedes sunt contra regiam positae; quamque 
non obscure auctoris sui invictum et praestantem 
animum testentur, perpende. 

Alfarus. 

Quanta et quam munita facies ! Ex calce, lapide, 
lignisque cedrini totae sunt structse; ab altero latere 
in fossam desinentes; in atria tria, singula magnis 
quatuor membris decorata, divisae. Antepagmentum 
et vestibulum reliquo aedificio respondent. Verum, 
a quo habitantur? nam ipsarum dominus agit in 
Hispania. 

ZUAZUS. 

Ab ejusdem gubernatore Petro Ahumada, viro 
et prudentia et fidelitate claro, dignissimo certe cui 
res tanta demandetur. 

Alfarus. 

Sic accepi a multis, cum agerem in Hispania. 
Quod est tamen templum illud in medio foro po- 
situm? 

Zamora. 

Summum, et urbis supremum, Virgini Matri 
sacrum. 

Alfarus. 
Quid ais? num in quo Archipraesul una cum 



DIÁLOGO SEGUNDO. IIJ 



Alfaro. 



¡Oh héroe ingenioso, de ánimo superior á todos, 
y nacido solo para grandes empresas! 

Zamora. 

Sus casas quedan enfrente del palacio, y mira bien 
cómo pregonan la grandeza del ánimo excelso de su 
dueño. (38) 

Alfaro. 

¡Cuan extensa y fuerte es su fachada! De arriba 
á abajo son todas de calicanto, con viguería de ce- 
dro; por el otro lado dan á la acequia: divídense en 
tres patios, rodeado cada uno de cuatro grandes cru- 
jías de piezas: la portada y el zaguán corresponden 
al resto del edificio. Pero ¿quién las habita? pues 
el dueño está en España. (39) 

ZUAZO. 

Su gobernador Pedro de Ahumada, sugeto no- 
table por su fidelidad y prudencia; digno ciertamente 
de desempeñar tan grave cargo. 

Alfaro. 

Así lo oí decir á muchos cuando estaba yo en Es- 
paña. ¿Qué iglesia es esa que se ve en medio de la 
plaza ? 

Zamora. 
Es la catedral, dedicada á la Virgen María. 

Alfaro. 

¿Qué es lo que dices? ¿Allí es donde el arzobispo 
15 



.114 DIALOGUS SECUNDUS. 

Canonicis, confluentibusProrege, consiliaris et urbe 
tota, sacra peragit? 

ZUAZUS. 

Ipsum, neque alibi melius Deocultus exhibetur. 

Alfarus. 

Dolendum quidem in tanta urbis celebritate, cui 
nescio an alia sit aequalis, et in tanta civium opu- 
lentia, adde et in conspectu populi totius, tam par- 
vum, tam humile et tam parum ornatum, erectum 
esse templum; cum in Hispania nihil tam illustret 
Toletum, urbem alioqui nobilissimam, quam ditis- 
simum juxta et speciosissimum templum. Hispa- 
lim, opulentissimam civitatem, sublimis et longe 
opulentior sacra domus nobilitat. Quid dicam? re- 
liqua vel oppidulorum fana, tam sunt eximia et 
aedificia caetera superantia, ut nihil quam ipsa sit 
aeque visu dignum. 

Zamora. 

Reditus quos habet pertenues, in causa sunt 
quominus pro magnitudine urbis templum stru- 
ctum fuerit: ad quod accessit ut per hos proxime 
exactos quinqué annos, pontifice caruerit: dato ta- 
men nunc Alphonso Montufare, religione et litteris 
Pastore consumatissimo, magna spes est erectum 
iri brevissime quale par est et ipse cupis. 

Alfarus. 

Quo respicit haec via tam spatiosa, et quae ab aedi- 
bus Marchionis domibus caret, et in fine platea fit? 



DIALOGO SEGUNDO. IIJ 

y el cabildo celebran los divinos oficios, con asis- 
tencia del virey, de la audiencia y de todo el vecin- 
dario? 

ZUAZO. 

Ciertamente, y no hay donde se tribute mayor 
culto á Dios. 

Alfaro. 

Da lástima que en una ciudad á cuya fama no 
sé si llega la de alguna otra, y con vecindario tan 
rico, se haya levantado en el lugar mas público un 
templo tan pequeño, humilde y pobremente ador- 
nado; mientras que en España no hay cosa que á 
Toledo (ciudad por lo demás nobilísima) ilustre 
tanto como su rica y hermosa catedral. Sevilla, ciu- 
dad opulentísima, es ennoblecida por su excelso y 
aun mucho mas rico templo. Pero qué mucho, si 
hasta las iglesias de los pueblos son tan notables y 
tan superiores á los demás edificios, que siempre es 
lo mas digno de ver que hay en cada lugar. 

Zamora. 

Por ser muy cortas sus rentas, no ha podido edi- 
ficarse un templo correspondiente á la grandeza de 
la ciudad, á lo que se agrega haber carecido de pre- 
lado en estos últimos cinco años. Mas pues que ya 
tiene á Fr. Alonso de Montúfar, pastor eminente 
en religión y en letras, hay grandes esperanzas de 
que muy pronto quedará hecho como se debe y co- 
mo tú deseas. (40) 

Alfaro. 

¿Adonde va á dar esa calle tan ancha, que desde 
el palacio del marques no tiene casas, y viene á aca- 
bar en plaza? 



lió DIALOGUS SECUNDUS. 



ZUAZUS. 



Ad hospitale affectorum morbo gallico, aedificium 
quidem, si artem expectes, non contemnendum. 

Alfarus. 

Cujus est tam edita illa domus quae est ad sini- 
stram, antepagmento eleganti, et cujus suprema so- 
laria, multo editiores media, turres amplectuntur? 

ZuAZUS. 

Archiepiscopi habitatio est, in qua, quod mira- 
bere, prima illa contignatio seu compages ferréis 
clathris variata, et a solo procul distans, firmo fixo- 
que usque ad ipsas fenestras innititur fundamento. 

Alfarus. 

Nullis diruetur cuniculis. Jam in hac eadem se- 
rie, quae est illa postrema domus, forum terminans, 
tot in superiori et inferiori ad occidentem membro 
fenestris patentibus decorata, ex quibus, veluti cla- 
mantium, voces emissas audio? 

ZuAZUS. 

Minervíe, Apollinis et Musarum domicilium 
est, officinaque in qua rudes adolescentium animi 
et ad virtutem et ad sapientiam formantur: qui vo- 
ciferantur professores sunt. 

Alfarus. 

Et haec quae viam secat, unde aquae canalis? 

ZuAZUS. 

Eadem quse per Tacubensem viam defluebat. 
Sed jam hinc, priusquam equos conscendamus, 



DIÁLOGO SEGUNDO. \ \J 

ZUAZO. 

Al hospital de los enfermos del mal venéreo, edi- 
ficio no despreciable como obra de arte. (41) 

Alfaro. 

¿De quién es aquella elevada casa á la izquierda, 
con elegantes jambajes, y cuya azotea tiene á los ex- 
tremos dos torres, mucho más altas que la del centro? 

ZuAZO. 

Es el palacio arzobispal, en el que hay que ad- 
mirar aquel primer piso adornado de rejas de hierro, 
que estando tan levantado del suelo, descansa hasta 
la altura de las ventanas sobre un cimiento firme y 

sólido. 

Alfaro. 

Ni con minas le derribarán. Pero sin salir de es- 
ta misma acera, ^qué es aquella casa última junto 
á la plaza, adornada en ambos pisos por el lado del 
poniente, con tantas y tan grandes ventanas, y de 
las que oigo salir voces como de gentes que gritan? 

ZuAZO. 

Es el santuario de Minerva, Apolo y las Musas: 
la escuela donde se instruyen en ciencias y virtudes 
los ingenios incultos de la juventud; los que gritan 
son los profesores. (42) 

Alfaro. 

¿Y de dónde viene esa acequia que corta la calle? 

ZuAZO. 

Es la misma que corria por la de Tacuba. Pero 
antes de montar á caballo, contempla desde aquí 



Il8 DIALOGUS SECUNDUS. 

quam amplae, quamqu^ protensae sint duas istas viae, 
quae se mutuo dividunt et veluti crucem faciunt, 
considera. Tacubensis haec, quae hoc loco nomen 
amittit, recta ducto canali ad arcem usque, quam 
nos 'Tarazarías dicimus, deducitur; adeo longe de- 
sinens, ut id nec lineéis oculis videri possit. Haec 
altera, non minori amplitudine nec minus longa, 
quae per forum juxta Academiam et Marchionis 
domum, transmisso ponte fornicato, multo ulterius 
quam sit hospitale Marchionis Virgini Matri dica- 
tum, difFertur; nobilissimis ornatissimisque Men- 
dozarum, Zunnigarum, Altamiranorum, Astrada- 
rum, Avalorum, Sosarum, Alvaradorum, Saya^ 
vedrarum, Avilarum, Benavidorum, Castellarum, 
Villafanarum et aliis quas non memini familiis, 
utrinque clara est. 

Alfarus. 

iEdes omnes structura sua paria cum incolarum 
nobilitate faciunt. 

Zamora. 

Istac recta eamus ad Dominicanorum usque mo- 
nasterium, transversas obiter ornatissimas vias in- 
specturi. 

Alfarus. 
Vix hujus fines conspicio, cum apertissima sit. 



ZUAZUS. 

Jam adest secunda, superior! ñeque angustior, 
ñeque brevior; nam ad divi Dominici, si compen- 
dium non fit, tres sunt. 



DIALOGO SEGUNDO. IJQ 

cuan anchas y largas son las dos calles que en este 
lugar se cruzan (43). La de Tacuba, que pierde 
aquí su nombre, va siguiendo la línea recta del ca- 
nal, hasta la fortaleza, que llamamos Atarazanas, y 
tanto se alarga que ni con ojos de lince puede vér- 
sele el fin. Esta otra, no menos ancha y larga, que 
corre por la plaza, delante de la Universidad y del 
palacio del Marques, y pasando por un puente de 
bóveda, se prolonga hasta mucho mas allá del hos- 
pital del Marques, dedicado á la Virgen, ostenta en 
ambas aceras las casas de los nobles é ilustres Men- 
dozas, Zúñigas, Altamiranos, Estradas, Avalos, 
Sosas, Alvarados, Sayavedras, Avilas, Benavides, 
Castillas, Villafañes, y otras familias que no re- 
cuerdo. 



Alfaro. 

La estructura de las casas corre parejas con la no- 
bleza de sus moradores. 

Zamora, 

Por aquí iremos en derechura al convento de 
Santo Domingo, viendo de paso las hermosas ca- 
lles trasversales. 

Alfaro. 

Apenas alcanzo á ver el fin de esta, aunque es 
muy ancha. 

. ZUAZO. 

Llegamos ya á la segunda, no menos ancha y lar- 
ga que la primera. Porque si no se tuerce camino, 
hay que pasar tres calles para llegar á Santo Do- 
mingo. (44) 



20 DIALOGUS SECUNDUS. 



Alfarus. 



Quem habent dominum aedes istae quarum facles 
tanta majestate, quod in aliis non animadverti, ex 
secto marmore et ad perpendiculum continuato sur- 
git? Amplissimum est atrium, et multis etiam ex 
lapide, quse ad latera porticus faciunt, columnis or- 
natum. Hortus, ut apparet, satis amoenus, hinc 
perspicuas fit, januis, ut nunc, apertis. 

Zamora. 

Dominus fuit doctor Lupus, expertissimus et 
reipublicae suse haud parum utilis medicus. Nunc 
habitant liberi quos reliquit, et multos et a paren- 
tis probitate nihil degenerantes. 

Alfarus. 

Non erit igitur cur metuat illud: (cO domus an- 
tiqua, quam dispari domino dominaris!» 



ZUAZUS. 

Ut se aperit haec quae ad divum Dominicum via 
ducit, ab altera parte aedificio non ignobilis! 

Alfarus. 

Ante introitum fit platea, superbaeque satis viam 
terminant ad utrumque latus aedes. 

ZuAZUS. 

Hic siste paululum, ac único intuitu vías duas, 
alteram quae ad forum tendit et nomen habet a coe- 
nobio, omnis generis opificibus refertam, et alteram 
quae ad vestales ducit, contemplare. 



DIALOGO SEGUNDO. I 21 



Alfaro. 

¿De quién son esas casas cuya fachada de piedra 
labrada se eleva toda á plomo, con una majestad 
que no he notado en otras? Hermoso es el patio, 
y le adornan mucho las columnas, también de pie- 
dra, que forman portales á los lados. El jardin pa- 
rece bastante ameno, y estando abiertas las puertas, 
como ahora lo están, se descubre desde aquí. 

Zamora. 

Estas casas fueron del doctor López, médico muy 
hábil y útil á la república (45). Ahora las ocupan 
sus hijos, que son muchos, y no degeneran de la 
honradez de su padre. 

Alfaro. 

No habrá, pues, temor de que se les aplique aque- 
llo de: «¡Oh antigua morada, y cuánto has perdido 
en el cambio de dueño ! )) (46) 

ZUAZO. 

i Qué ancha es esta calle que va á Santo Domingo, 
hermosa también por sus buenas fábricas! 

Alfaro. 

Al frente hay una plaza, y la calle acaba por am- 
bos lados en casas magníficas. 

ZuAZO. 

Detente aquí algo, y de una mirada abraza estas 
dos calles: una que va á la plaza, y tiene el nombre 
del convento, ocupada por artesanos de todas clases, 
y esta otra que va al convento de las monjas. 

16 



122 DIALOGUS SECUNDUS. 



Alfarus. 

Ubique civitas est Mexicus, hoc est, ubique 
clara et insignis, suburbi nescia; sed modo libet 
amplitudinem et situm monasterii attentius inspi- 
cere. Positus aliquantulum erectus est a vía, pla- 
nus, et in quo propterea quam sit multo altius 
templum, videtur. 

ZUAZUS. 

Juvatur loci natura; nam hinc vel ad forum, vel 
ad sacras virgines declive semper solum est. 



Alfarus. 

Ambitus monasterii est maximus, et ante ipsam 
ecclesiam quadratae figurse spatiosa valde platea, pa- 
rietibus cincta, sacellis sive larariis ad ángulos con- 
structis; sed in quem usum non satis intelligo. 

Zamora. 

In magnum, ut scilicet solemnibus et festis die- 
bus Christi Natali, Morte, Resurrcctione, Ascen- 
sione, Virginis Matris Conceptione, Partu, Apos- 
tolorum et divi Dominici festivitate, religiosi et 
cives vota facientes, praecedente cruce et sequenti- 
bus imaginibus, oraturi, factis spatiis ad singula con- 
sistant, claustro huc progressi, quod angustius est 
quam ut tot cives capere possit. 

Alfarus. 

Amplissimum et sublime quidem templum est; 
oportet interiora esse talia. 



DIALOGO SEGUNDO. 1 23 

Alfaro. 

Todo México es ciudad, es decir, que no tiene 
arrabales, y toda es bella y famosa. Mas ahora solo 
quiero examinar atentamente la extensión y asiento 
del monasterio. Está en plano, y un poco mas alto 
que la calle, por cuya causa el templo parece mucho 
más elevado de lo que en realidad es. 

ZUAZO. 

Ayuda á ello la configuración del terreno, que 
desde aquí va siempre en descenso, tanto hacia la 
plaza, como hacia el convento de las monjas. 

Alfaro. 

El monasterio es de grande extensión, y delante 
de la iglesia hay una grandísima plaza cuadrada, ro- 
deada de tapias, y con capillas ú oratorios en las 
esquinas, cuyo uso no comprendo bien. 

Zamora. 

Tienen uno muy importante, á saber, que en las 
fiestas solemnes, como Natividad de nuestro Señor 
Jesucristo, su Muerte, Resurrección y Ascensión, 
Concepción de la Virgen María, su Natividad, dias 
de los Apóstoles y de Santo Domingo, por no ser 
el claustro bastante grande para que quepan tantos 
vecinos, salen rezando ellos y los religiosos, prece- 
didos de la cruz y delante de las imágenes, y van 
dando vuelta para detenerse á orar en cada capilla. 

Alfaro. 

Por cierto es grande y elevado el templo; es na- 
tural que el interior no desdiga. 



124 DIALOGUS SECUNDUS, 



ZUAZUS. 



Hortum, monachorumque domicilium laudasses 
non minus, si modo daretur videre. 

Alfarus. 

Per apertos intubos in hac etiam via quae ad mo- 
niales pertinet, aqua deducitur. 

Zamora. 

Occultis et subterraneis, ut líquida et clara in- 
fluat, uberior multo in monasterium derivatur. 

Alfarus. 

Ex quo fonte aquae tantum? 

Zuazus. 

Ex Chapultepeco, indorum annalibus et aquae 
multitudinepraestantissimo; ad quem, si videbitur, 
ibimus a prandio, ex promontorio quod prope est, 
exteriorem Mexicum, nequid lateat, inspecturi. 

Zamora. 

Haec est domus quam Virgines inhabitant, quas 
se Christo devoverunt. Dei Genitricen supra limen 
positam salutemus: «Salve, mortalium spes máxi- 
ma, quae cum sis quod eras, nec fuisti quod es, jam 
utrumque diceris, Virgo scilicet et Mater; nos per 
antiquam labem irae filios, filio tuo Deo et homini 
concillare dignare, haereditatem aeternam, quam 
amissimus, te favente, ut rursum addire mereamur. 
Amen.» 



DIÁLOGO SEGUNDO. 12$ 

ZUAZO. 

Iguales elogios harias de la huerta y del convento 
si fuera posible verlos. (47) 

Alfaro. 

También corre el agua por caño descubierto en 
esta calle que va al convento de las monjas. 

Zamora. 

Mucha más recibe el convento por otras cañerías 
ocultas y subterráneas, para que llegue clara y limpia. 

Alfaro. 

¿Y cuál es la fuente que produce tanta agua? 

ZuAZO. 

La de Chapultepec, lugar célebre por las histo- 
rias de los indios, y por su abundancia de aguas. 
Si te pareciere, iremos allá después de comer, para 
que desde un cerro que está inmediato veamos per- 
fectamente los alrededores de México. 

Zamora. 

Este es el monasterio de las vírgenes consagradas 
al Señor (48). Saludemos la imagen de Nuestra Se- 
ñora, colocada sobre la puerta: «Salve, firme espe- 
ranza de los mortales, madre sin dejar de ser virgen, 
á quien con ambos títulos invocamos; dígnate, Se- 
ñora, de alcanzar de tu Hijo Dios y Hombre el 
perdón para nosotros, convertidos en hijos de ira 
por la culpa de nuestros primeros padres, á fin de 
que por tu intercesión recobremos la herencia eter- 
na que perdimos. Amén.» 



120 DIALOGUS SECUNDUS. 

Alfarus. 

Quam prasstant structura, quae se mutuo conspi- 
cientes, in próximo sunt aedes. 

ZUAZUS. 

Non minus speciosae quam munitse. 

Alfarus. 

Tales semper commendari audio, sed quae sunt 
ultra incile, hortu quem habent intus et depictis 
summitatibus gratae magis apparent. Verum, quid 
sibi vult ülud ut supra aquam aqua etiam imbutae 
indicae cymbas natent? Enigma quidem CEdipo di- 
gnu m. 

Zamora. 

Davus solvet, nedum CEdipus, nam quae fert 
trabes aqua, non est potui, quae autem fertur, ex 
fonte per ligneam, sicuti continuo inspicies, magnam 
canalem in subjectas cymbulas, ex alto, magno stre- 
pitu cadit. 

Alfarus. 

Intellexi, video quod admonueras. Proh Júpiter! 
quanta lintrium copia! Hunc autem vicum, quem 
jam ingredimur, tam magnis et praestantibus undi- 
que domibus conspicuum, tam spatiosum, aqua du- 
plicí commendandum, altera irrigandis pavimentis, 
et altera potui satis congruenti, cujusmodi cives 
habitant? 

ZuAZUS. 

Nobiles, et quorum aliqui ignotam historiéis 
regionem Caesaris imperio subjecere: Cervantes, 



DIÁLOGO SEGUNDO. 127 

Alfaro. 

¡ Cómo sobresalen en su fábrica estas dos casas 
cercanas, una enfrente de otra! 

ZUAZO. 

Son tan bellas como sólidas. 

Alfaro. 

Estas son siempre las mas estimadas; pero hacen 
mejor vista las del otro lado de la acequia por sus 
jardines y sus techos pintados (49). ¿ Pero cómo es 
eso que caminan sobre el agua unas canoas llenas 
también de agua? Enigma es digno de Edipo. 

Zamora. 

Davo (50) le adivinará, que no es necesario Edi- 
po. El agua en que navegan las canoas no es pota- 
ble: la que ellas llevan sale de la fuente, y poruña 
gran canal de madera, como pronto vas á verlo, cae 
de alto con gran estruendo sobre las canoas que se 
ponen debajo. 

Alfaro. 

Ahora lo entiendo, y veo en efecto lo que dices. 
Dios mió! qué multitud de canoas! ¿Y quién ha- 
bita este barrio en que entramos, tan notable todo 
él por sus grandes y elevadas casas, tan extenso, y 
que disfruta de dos aguas, una para regar, y otra 
buena para beber? 

ZuAZO. 

Le ocupan vecinos nobles, y entre ellos algunos 
de los que sujetaron al dominio del Emperador es- 



i 28 DIAL0GU8 SECUNDUS. 

Aguilares, Villanuevae, Andradae, Xaramilli, Cas- 
teñedae, Juarei, et alii Avilae, reliquique quos esset 
longum recensere. 

Alfarus. 

Quam elegans deinde sequitur platea, et quae 
aedes ad quas pertinet, non minus elegantes, mirum 
in modum decoret; prospectusque hincper stratam 
viam in agrum amoenissimus est. 

Zamora. 

Quinpotius, quod non erit mlnus gratum, ad 
viam hanc quae Franciscana a coenobio denominatur, 
per cujus médium etiam excurrit aqua, editis et ma- 
gnificis aedibus claram et in forum tendentem ocu- 
Jos converte. 

Alfarus. 

Nihil est Mexici non magnopere laudandum; 
sed haec via perplacet, quod ad Tacubensem quam 
proxime accedat, et eo amplius commendatione di- 
gna, quod declivior procedat, coenum in hyeme 
nunquam admisura. 

ZUAZUS. 

Hac deflectamus, ab altera porta, monasterium 
melius conspecturi. 

Alfarus. 

Quis possidet domum hanc quae est ad dexteram, 
tam operosam et tam altis tabulatis, viae et incili 
eminentibus? 



DIÁLOGO SEGUNDO. 129 

tas regiones desconocidas á ios historiadores: Cer- 
vantes, Aguilares, Villanuevas, Andrades, Jarami- 
llos, Castañedas, Juárez, otros Avilas, y los demás 
que seria largo enumerar. 

Alfaro. 

¡Qué linda plaza se sigue, y cómo embellece las 
casas no menos lindas ! i Qué alegre vista de la cam- 
piña se descubre por esta calle empedrada! 



Zamora. 

Antes bien, y no te causará menos placer, dirige 
la vista á esta otra calle que va á la plaza: es notable 
por sus altos y hermosos edificios, y corre también 
el agua por medio de ella. Llámase de S. Fran- 
cisco, á causa del convento del mismo nombre. (51) 

Alfaro. 

Nada hay en México que no sea digno de gran- 
des elogios; pero me agrada sobre todo esta calle 
por lo mucho que se parece á la de Tacuba, y aun 
le lleva ventaja, porque como tiene mayor declive, 
no se hacen lodazales en tiempo de lluvias. 

ZUAZO. 

Demos vuelta aquí para ver mejor el convento 
desde la otra puerta. 

Alfaro. 

¿De quién es esta casa que se ve ala derecha, la- 
brada á toda costa, y cuyos elevados pisos miran á 
la calle y á la acequia? 

17 



130 DIALOGUS SECUNDUS. 

ZUAZUS. 

Castanneda, unus ex provinciae debellatoribus. 

Alfarus. 

Non facile expugnabitur, muñiente fossa supra 
quam incumbit. 

ZUAZUS. * 

Ex hoc sulco aquario per cuniculos impositis ca- 
nalibus, in monasterium et ejus hortum, opposita 
ex ferro perforata lamina, defecatissima aqua dedu- 
citur. Nunc consiste, nam vector ex foribus paten- 
tibus, aut si mavis descendens, atrii Franciscaniam- 
plitudinem^ et quae sunt potiora, considerabis. 



Alfarus. 

Planicies Dominicanae non cedit, sublimisque in 
ejus medio crux posita coelum videtur attingere: 
oportet profecto procerissimas fuisse arbores ex 
quibus desumpta fuerit. Arbores etiam circumqua- 
que tanto ordine positse et adeo obumbrantes non 
minus oculos pascunt, altitudine cum cruce conten- 
dentes. Lararia quoque sunt in angulis; arbitror in 
eumdem usum. 

ZUAZUS. 

Rem acu tetigisti. 

Alfarus. 

Placet tamen omnium máxime quod est post cla- 
thros ligneos a fronte totum apertum et late patens 
sacellum, cujus tectum longe certe a solo distans. 



DIÁLOGO SEGUNDO. I3I 



ZUAZO. 



De Castañeda, uno de los conquistadores de esta 
tierra. 

Alfaro. 

No sería fácil entrarla por fuerza, con ese foso 
que la ciñe. 

ZuAZO. 

De esta acequia se conduce agua muy limpia para 
el convento y su huerta, por medio de cañerías sub- 
terráneas, y á través de una coladera de hierro. 
Pero detengámonos, para que, bien sea desde á ca- 
ballo y mirando por las puertas abiertas, ó bien 
apeándote, si mejor te parece, puedas comtemplar la 
grandeza del atrio de San Francisco, y lo que tiene 
de notable. 

Alfaro. 

Es tan plano como el de Santo Domingo, y en 
el centro tiene una cruz tan alta, que parece llega 
al cielo. (52) En verdad que debieron ser enormes 
los troncos de que se labró. Todo alrededor del 
atrio hay árboles que en altura compiten con la cruz, 
tan bien ordenados y tan frondosos, que hacen be- 
llísima vista. En las esquinas veo capillas, cuyo uso 
pienso que será el mismo. (53) 

ZuAZO. 

Diste en el clavo. 

Alfaro. 

Pero lo que más me agrada de todo es la capilla 
que está tras un enverjado de madera, con todo su 
interior visible por el frente descubierto. Su elevado 



132 DIALOGUS SECUNDUS. 

sublimibus et se fastigiantibus ex ligno fabre qui- 
dem factis, et m quibus materiam opus commendet, 
columnis sustentatur. 

Zamora. 

Adde et eo pacto dispositis, ut sacra facientem 
sacerdotem undique indorum omnis multitudo, 
quorum huc diebus festis confluit máxima, audire 
et videre possit inofFense. 

Alfarus. 
Templum non est admodum capax. 

ZUAZUS. 

Concionanti praesertim Bustamantio. 

Alfarus. 

Accepi eximium hunc virum magno cum ap- 
plausu a mexicanis audiri. 

ZUAZUS. 

Dignissimus est qui ex aequo ab ómnibus audia- 
tur, quod perspicue doceat, magnopere delectet et 
vehementer moveat. 

Alfarus. 

Absolvisti numeris ómnibus oratorem. Quam 
tamen se extendat hortus, ex parietum longissima 
serie et supra ipsos prominentibus arboribus satis 
quidem apparet. 

Zuazus. 

E regione collegium est promiscuorum puero- 
rum, utrique Joanni consecratum. 



DIÁLOGO SEGUNDO. 133 

techo descansa en altas columnas disminuidas (54), 
hechas de madera labrada, y en las que el arte en- 
noblece la materia. 

Zamora. 

Y agrega que están dispuestas de tal modo, que 
mientras el sacerdote celebra el divinosacrificio, pue- 
dan oirle y verle sin estorbo los innumerables in- 
dios que se juntan aquí los dias festivos. 

Alfaro. 
La iglesia no es muy amplia. 

ZUAZO. 

En especial para cuando Bustamante predica. (55) 
Alfaro. 

Sé que los mexicanos oyen con gran gusto á este 
insigne orador. 

ZuAZO. 

Dignísimo es de que todos le oigan del mismo 
modo, porque enseña con claridad, deleita en gran 
manera, y conmueve profundamente a su auditorio. 

Alfaro. 

Has definido completamente al orador. Bien se 
conoce la gran extensión de la huerta, por esa larguí- 
sima tapia, y por los árboles que sobre ella asoman. 

ZuAZO. 

Enfrente queda el colegio de los muchachos mes- 
tizos, dedicado á uno y otro San Juan. {^6) 



134 DIALOGUS SECUNDUS. 

Alfarus. 
Quos tu appellas promiscuos? 

ZUAZUS. 

JHispano-indos. 

Alfarus. 
Dic explicatius. 

ZUAZUS. 

Orbatos, qui nati sunt ex hominibus hispanis et 
indicis feminis. 

Alfarus. 

Quid ibi conclusi agunt? 

Zamora. 

Legunt, scribunt, et quod est potius, in his quae 
ad Dei cultum pertinent, instituuntun Bini in ta- 
laribus vestibus incedunt, plerumque quaterni, quia 
pueri. 

Alfarus. 

Quid acturi ubi adoleverint? 

ZUAZUS. 

Liberalibus qui ingenio valent, cseteri qui non 
perinde mechanicis et circumforaneis artibus incum- 
bunt, quo fit ut una cum aetate crescente virtute, - 
viri facti, nisi inviti ad malum induci non possint. 

Alfarus. 

Nunquam est reipublicae tam bene consultum, 
quam cum sic formantur pueri, ut virtute quam 



DIÁLOGO SEGUNDO. IJJ. 

Alfaro. 
¿A quiénes llamas mestizos? 

ZUAZO. 

A los hispano-indos. 

Alfaro. 
Explícate mas claro. 

Zuazo. 

A los huérfanos, nacidos de padre español y ma- 
dre india. 

Alfaro. 

¿Qué hacen ahí encerrados? 

Zamora. 

Leen, escriben, y lo que importa más, se instru- 
yen en lo tocante al culto divino. Andan de dos en 
dos, en traje talar, y muchos de cuatro en cuatro, 
porque son pequeños. 

Alfaro. 

¡A qué se dedicarán cuando crezcan? 

ZuAZO. 

Los dotados de ingenio claro se aplican á las ar- 
tes liberales, y los que, por el contrario, carecen de 
él, á las serviles y mecánicas: de modo que crecien- 
do la virtud con la edad, cuando lleguen á ser gran- 
des no se les hará obrar mal sino por fuerza. (57) 

Alfaro. 

Nada es tan provechoso para la república, como 
educar de ese modo á sus hijos, á ñn de que nunca 



136 DIALOGUS SECUNDUS. 

semel imbiberunt, confirmati postea, nunquam pos- 
sint relinquere. 

ZUAZUS. 

Plurimum refert vel ad felicitatem, vel ad mise- 
riam, quibus a teneris imbutus fueris, et in quibus 
obcalueris. 

Zamora. 

Hoc est aliud incile transversum, et cui adhaere- 
mus, coenobium occidentem versus ambit. 

ZUAZUS. 

Hinc redduntur apertae indorum asdiculae, quas J 
quia humiles sunt et humi serpunt, intra nostratia ^ 
sedificia obequitantes, conspicere non potuimus. 



Alfarus. 
Sine ordine. 

ZUAZUS. 

Ita semper tulit ipsorum consuetud©. Ad sini- 
stram non est procul aliud promiscuarum puella- 
rum collegium, non minus quam puerorum celebre. 

Zamora. 

Ibi diligenter asservatse, ubi muliebres artes, con- 
suendi scilicet, acupingendi, edoctae sunt, et in his 
quge ad christianam pietatem attinent instructae, ad 
annosque nubiles pervenere, maritis copulantur. 

Alfarus. 

Magnum sane utriusque sexus remedium com- 
memoras. Illud tamen quod est post aqueductum, 



DIALOGO SECUNDO. I 37 

se aparten del sendero de la virtud en que una vez 
fueron puestos y después encaminados. 

ZUAZO. 

Mucho contribuye á nuestra felicidad ó desgra- 
cia la enseñanza que de niños recibimos y se arraigó 
en nosotros con los años. 

Zamora. 

Aquí atraviesa otra acequia, y la que seguimos 
ciñe el convento por la parte del poniente. (58) 

ZuAZO. 

Desde aquí se descubren las casuchas de los in- 
dios, que como son tan humildes y apenas se alzan 
del suelo, no pudimos verlas cuando andábamos á 
caballo entre nuestros edificios. 

Alfaro. 
Están colocadas sin orden. 

ZuAZO. 

Así es costumbre antigua entre ellos. A la iz- 
quierda queda muy cerca un colegio de niñas mesti- 
zas, donde hay tantas como varones en el otro. (59) 

Zamora. 

Sujetas allí á la mayor vigilancia, aprenden artes 
mujeriles, como coser y bordar, instruyéndose al 
mismo tiempo en la religión cristiana, y se casan 
cuando llegan á edad competente. 

Alfaro. 

Me das noticia de dos asilos útilísimos para jó- 
venes de uno y otro sexo. ¿A qué santo está dedi- 

iS 



138 DIALOGUS SECUNDUS. 

albicans et eminens templum, tanta in amplitudine 
positum, cui ex divis nuncupatum est? 

Zamora. 

Joanni Baptistae. 

ZUAZUS. 

Jani superbum valde et elegantissimum, siquod 
aliud in orbe toto, asdificium considera: nomen est 
ei taberna 'Tejada, ab usu et auctore nomen tenens. 



Alfarus. 

Nihil unquam vidi praeclarius. Triangularis est 
structionis figura: duo latera porticus et latae et 
longse nimium, columnis aeque magnis distinctae, 
claudunt: tertium fossa redundans aqua circuit. In- 
tra porticus tabernse sic inter se similes sunt, ut 
nisi numero, nulla ab alia distinguí possit. Interiora 
tabernarum etiam nihil invicem differentia, tam 
sunt arte constructa, ut, quod miror, in parvo solo 
integra sit domus, ut ñeque vestibulum, ñeque 
atrium, ñeque stabulum, ñeque culinam, ñeque 
triclinia et coenationem, ñeque quae sunt reliqua, 
desiderare possis. 

Zamora. 

Supraporticus superna sunt tabernarum membra, 
quse solem et lucem magnis fenestris in omnia pene 
superiora cubicula inferunt. A tergo incile est ta- 
bernis ómnibus commune, quod ad duo porticuum 
latera tantopere ampliatur düataturque, parietibus 
undequaque clausum, ut plane speciem duorum 
portuum reddat, ad quos per gradus marmóreos 
descensus est. 



DIALOGO SEGUNDO. I 39 

cado aquel blanco y elevado templo que se ve en 
lugar despejado, mas allá del acueducto? 

Zamora. 

A San Juan Bautista. 

ZUAZO. 

Mira ahora ese soberbio y hermoso edificio, co- 
mo habrá pocos en el mundo, que se llama, (das 
tiendas de Tejada» (6o), cuyo nombre toma del 
uso á que está destinado y de la persona que le le- 
vantó. 

Alfaro. 

Nunca vi cosa mas bella. La planta del edificio 
es triangular: forman dos de sus lados unos anchos 
y extensos portales, sostenidos por grandes colum- 
nas equidistantes, y al otro lado le ciñe un foso 
lleno de agua. Debajo de los portales hay tiendas 
tan iguales entre sí, que á no ser por sus números, 
no pudieran distinguirse una de otra. La parte 
interior de ellas, también igual en todas, está dis- 
puesta con tal arte, que admira ver cómo en tan 
corto terreno hay una casa completa, en que no falta 
zaguán, patio, caballeriza, comedor (6i), cocina, y 
todo lo demás. 

Zamora. 

Encima del portal se ve el segundo piso de las 
tiendas, y por esas grandes ventanas reciben sol y 
luz casi todos los aposentos del dicho piso. A la 
espalda corre la acequia común á todas las tiendas. 
Está cerrada con tapias por todas partes, y se en- 
sancha tanto á los extremos de los portales, que 
forma como dos pequeños embarcaderos, á los que 
se baja por escalones de piedra. 



140 DIALOGUS SECUNDUS. 



Alfarus. 



Quanta est ibi lintrium copia, quam multae one- 
rarise trabes, importandisque mercibus optimse, ve- 
netias ut non sit cur desideres. In próximo, contra 
tertium latus, indorum est amplissimum emporium, 
in cujus medio, edito loco positum, pulsatur cym- 
balum. Ad latus adest patibulum, ad quod per ja- 
nuam et gradus aliquot introitus et ascensus est; a 
longe satis conspicuum, quod a térra non parum 
tollitur. Quam multi omnis generis et omnis aeta- 
tis huc indi empturi et vendituri confluunt ! Quan- 
tus est vendentium ordo, et quam multa venduntur, 
quse ipse alibi venalia nunquam reperi! 

Zamora. 

Ut sunt hominum diversi mores et linguae, ita 
terrarum non est idem ingenium, nec eadem natura. 

Alfarus. 
«Mille hominum species, et rerum discolor usus.» 

Et illud, 

«India mittit ebur, molles sua thura Sabei.» 

Verum quas sunt ista quae sedentes indi indaeque 
venditant ? nam specie apparent vilia et Ínfima 
pleraque. 

ZUAZUS. 

Quse térra suggerit, agi, frisóles, aguacates, gua- 
iavse, mamei, zapotes, camotes, gicamae, cacomitae, 
mizquites, tunse, gilotes, xocotes et alii id genus 
fructus. 



DIÁLOGO SEGUNDO. I4I 



Alfaro. 



Es tal la abundancia de barcas, tal la de canoas 
de carga, excelentes para conducir mercancías, que 
no hay motivo de echar menos las de Venecia. Allí 
cerca, y frente al tercer lado, tienen los indios un 
amplísimo mercado, en cuyo centro tocan una cam- 
pana puesta en alto. Al lado está la horca, á la que 
se entra y sube por una puerta con su escalera; y á 
causa de su elevación se descubre desde lejos. ¡ Qué 
gran número de indios de todas clases y edades acude 
aquí para comprar y vender! i Qué orden guardan 
los vendedores, y cuántas cosas tienen, que nunca 
vi vender en otra parte! (62) 

Zamora. 

Así como los hombres varían tanto en idioma y 
costumbres, del mismo modo no todas las tierras 
son de la misma naturaleza y calidad. 

Alfaro. 

((Tan vario en rostro como en gusto el hombre.» (63) 

Y el otro: 

((La Inedia marfil nos envia; 
((Su incienso el muelle Sabeo.» (64) 

¿Pero qué es lo que venden esos indios é indias 
que están ahí sentados? Porque las más parecen á 
la vista cosas de poco precio y calidad. 

ZUAZO. 

Son frutos de la tierra: ají, frijoles, aguacates, 
guayabas, mameyes, zapotes, camotes, gícamas, ca- 
comites, mezquites, tunas, gilotes, xocotes y otras 
producciones de esta clase. [6^) 



142 



DIALOGUS SECUNDUS. 



Alfarus. 



Inaudita nomina, ut nunquam visi fructus! At 
quae sunt potiones illae, in magnis testaceis vasibus? 



AUAZUS. 

Atole, chian, zozol, ex seminum quorundam fa- 
rinis confectae. 

Alfarus. 

Peregrina vocabula. 

ZUAZUS. 

Ut nostra ipsis. 

Alfarus. 

Quid rei est ater ille liquor, quo, ceu bitumi- 
ne, crura obliniuntur, et fiunt magis nigra quam 
iEthiopum? Ejusdem etiam coloris, quid est illud 
quo veluti coeno aliquo capita illiniuntur et quasi 
argilla incrustantur? Quorsumque id fiat exponite. 

ZUAZUS. 

Liquamen indice apellatur ogitl^ eoque utuntur 
indi adversus frigus et scabiem. Argilla vero ipso- 
rum linguasive zoquitlsw^ quahtepuztli nuncupatur; 
utilis ad denigrandos capillos, et pediculos interi- 
mendos. 

Alfarus. 

Ignota quidem Hippocrati, Avicenae, Dioscoridi 
et Galeno medicamina. Vermiculorum etiam con- 
spicio venalem copiam, et quidem magnam: rogo 
quorsum, nam concitor ad risum. 



I 



DIALOGO SEGUNDO. I43 

Alfaro. 

Nombres tan desconocidos como los frutos. ¿Y 
qué bebidas son las que hay en esas grandes ollas 
de barro? 

ZUAZO. 

Atole, chian, zozol, hechas de harina de ciertas 
semillas. (66) 

Alfaro. 

¡Vaya unos nombres extraños! 

Zuazo. 
Como los nuestros para los indios. 

Alfaro. 

Ese líquido negro con que se untan las piernas co- 
mo si fuera un betún, y se las ponen más negras que 
las de un Etíope, ¿ qué es ? ¿Y qué es aquella cosa, 
negra también, que parece lodo, con que se untan 
y embarran la cabeza? Dime para qué hacen esto. 

Zuazo. 

Al líquido llaman los indios ogií/, y le usan con- 
tra el frió y la sarna. Al barro llaman en su lengua 
■zoquitl ó quahtepuztli, muy propio para teñir de ne- 
gro los cabellos y matar los piojos. (67) 

Alfaro. 

Medicinas desconocidas á Hipócrates, Avicena, 
Dioscorides y Galeno. Veo también de venta una 
gran cantidad de gusanos: deseo saber para qué sir- 
ven, porque es cosa de risa. 



144 



DIALOGUS SECUNDUS. 



Zamora. 



Aquatil.es sunt, et ex palude afFeruntur: indico 
sermone oquilin dicuntur: eisque et ipsi yescuntur 
et passerculos suos alunt. 

Alfarus. 

Mira narras: quis unquam crederet hominibus 
obsonium esse vermes, cum vermibus sint homines, 
vita functi? 

Zamora. 

» Semina item, variae quoque virtutis, expósita 
sunt: qualia sunt chia, guahtli: herbarumque et 
radicum prostrant mille genera, nam iztacpatli a 
phlegmate purgat; tlalcacaguatl et izticpatli a febri 
liberant; culuzizicaztli capitis gravedinem levat; 
ololiuhqui ulcera et latentia vulnera sanat: et quam 
nos Mechuacanensem radicem appellamus, indi pa- 
riter et hispani ad evacuandos humores experti sunt 
adeo salutarem, ut ruibarbo, scamoncae et cassiae 
pupulae, quem medici benedictam medicinam no- 
minant, non sit tantus usus et utilitas. 

Alfarus. 

Genuit ubique terrarum natura, rerum parens, 
pro soli varietate,* varia et mira, quae accolis suis 
ut sunt utilia, ita exteris perniciem afferunt. Illa 
tamen tam ampia et crassa folia, quae utrinque spi- 
nis hórrida sunt et in acum desinunt, supra quae 
tot herbae, tot radices, et alia multa imponuntur, 
ex qua desumpta sunt arbore? 



Zamora. 
Ex ea quíe Maguei a nostris, et ab indis Metí 



DIALOGO SEGUNDO. I45 

Zamora. 

Son gusanos del agua, y los traen de la laguna. 
Los indios les llaman oquilin; ellos los comen y tam- 
bién los dan á sus aves. (68) 

Alfaro. 

Es cosa extraña. ¿Quién habría creído que ios 
gusanos habían de ser alimento á los hombres, cuan- 
do estos, apenas fallecen, sirven de pasto á aquellos.^ 

Zamora. 

Véndense también otras semillas de virtudes va- 
rias, como chia, guahtli, y mil clases de yerbas y rai- 
ces, como son el iztacpatli, que evacúa las flemas, 
el tlalcacahuatl Y el izticpatli que quitan la calentura, 
el culuzizicaztli que despeja la cabeza, y el ololiuhqui 
que sana las llagas y heridas solapadas. (69) Tam- 
bién la raíz que llamamos de Michoacan (70), de 
cuya virtud purgativa tienen tan benéfica experien- 
cia indios y españoles, que ni el ruibarbo, escamo- 
nea y casia púpula, que los médicos llaman medicina 
bendita, son de tanto uso y utilidad. 

Alfaro. 

La naturaleza, madre universal, produce en to- 
das partes, conforme á la diferencia del suelo, cosas 
varías y admirables, tan provechosas á los indígenas 
como perjudiciales á los extrangeros. Mas aquellas 
hojas tan grandes y gruesas, terminadas en una agu- 
da púa, y guarnecidas de terribles espinas en ambas 
orillas, sobre que ponen tantas yerbas, raíces y otras 
muchas cosas, ¿de qué árbol son? 

Zamora. 
Del que nosotros llamamos Maguey, y los indios 



146 DIALOGUS SECUNDUS. 

nuncupatur, m tot ac tantos usus necessaria, ut non 
in plures fueritolim gladius Delphicus: ac nisi ejus 
tanta foret in indico solo copia, nihil tam accederet 
admiratione dignum. 



Alfarus. 

Consuetudo pariendi toUit admirationem, cum 
nihil sit tam admirabile; atque ita ea in rebus cae- 
teris aut adimit, aut minuit mirationem: unde opti- 
me ille: «quod tu miraris ridet alter.» 

ZUAZUS. 

Arbor est, ut eam primum tibi depingam, quae se 
nimium ad radicem multis et magnis folüs, crassis- 
simis et acuminatis a lateribus rigentibus aculéis 
diíFundit: deinde recta, veluti columna aut pinus 
ramis nudata, ad hastae altitudinem surgit: crassior 
fit in fine, et cum satis est matura, paludos mittit 
flores. Abscisa, numquam renascitur; relicta, post 
annum arescit; sed exfolio rursus sato, arbor pro- 
dit altera. 

Alfarus. 

Ut ex combusta Phoenice Phcenix. Sed jam ad 
commoda venito. 

Zamora. 

Ex foliis viridibus, in aqua et supra saxa contu- 
sis et erasis, veluti canabis fit, ex qua fili, et ex filis 
telae linteorum loco, et funes, tam crassi quam te- 
nues; acuum vice sunt spinae, rigidiores quam si 
ferrese forent, in quas singulas singula desinunt fo- 
lia, quae pro tegulis etiam imponuntur domibus te- 
gendis: Ínfima ipsorum albicant et teñera sunt, sicque 



DIALOGO SEGUNDO. I47 

Metl^ el cual sirve para tantos usos y tan impor- 
tantes, que no le igualó en esto la antigua espada 
de Belfos. (71) Y si no fuera porque es comuní- 
simo en Indias, nada habria en ellas que causara ma- 
yor admiración. 

Alfaro. 

Lo mas admirable deja de serlo, si cada día se 
repite, y así es que en todo la frecuencia quita ó 
disminuye la maravilla; por lo que con razón se di- 
jo: ((de lo que uno se admira, otro se burla.» 

ZUAZO. 

Comenzando por describírtele, te diré que es un 
árbol que desde la raiz arroja á todos lados muchas 
hojas grandes, gruesas y puntiagudas, cercadas de 
espinas durísimas: crece luego recto hasta la altura 
de una lanza, á modo de columna ó de pino sin ra- 
mas. Es más grueso en la punta, y cuando llega á 
la madurez, echa unas flores pajizas. Si se corta, 
vuelve á brotar; si se deja, se seca al cabo de un 
año; pero sembrando una hoja, renace un nuevo 
árbol. 

Alfaro. 

Como el Fénix de sus propias cenizas. Pero di- 
me ahora para qué aprovecha. 

Zamora. 

De las hojas verdes, machacadas y deshebradas 
en el agua sobre unas piedras, se hace una especie 
de cáñamo, y de él, hilo con el cual se tejen telas 
que suplen por las de lino, y se tuercen también 
cuerdas gruesas y delgadas. La espina, tan dura 
como si fuera de hierro, en que remata cada hoja, 
hace oficio de aguja. Las hojas sirven de tejas para 



148 DIALOGUS SECUNDUS. 

ab indis condiuntur, ut palato accedant gratissima. 
Haec eadem, si arida sint combusta, loco sunt acap- 
norum, ignemque sine fumo edunt placidissimum. 
Cinis commendatur magnopere ad varias utilita- 
tes. Eradicata quae tendit in altum arundo trabis 
vice subponitur sedibus: eoque loco ex quo est 
evulsa, liquoris fit receptaculum, foliis clausum un- 
dique; ex eoque liquore mel primun, deinde vi- 
num, postremo acetum conficitur: et ex durato 
mele, saccharum, multoque alia plura (nam tam 
multa suntj ut contineri memoria nequeant) confi- 
ciuntur, quae neque Plinius, neque Aristóteles, na- 
turae diligentissimi indagatores, vel somniarunt, ne- 
dum tradiderunt. 

Alfarus. 

Nova certe et inaudita refers, et quibus, nisi ex- 
pertus, vix fidem habeat; credibiliaque hinc fiunt 
quse aut portentosa aut fabulosa arbitramur anti- 
quos scripsisse. 



Zamora. 

Quid tibi dicam de 'Tuna^ quam indi nochtli 
nominant? quse cum amplissimis et spinosis sine 
ordine foliis, latitudine potius quam longitudine 
fructificet, primum tunas saporis scitissimi, magnis 
prunis crassiores, fert, et in ipsarum floribus quos- 
dam veluti vermículos gignit, qui ciñere necati 
coccum sunt pretiosissimum, ut nullum aliud prae- 
stantius; ejusque ingens copia magno tamen pretio 
importatur in Hispaniam. Folium hujus arboris 
ubi ubi ceciderit, brevi fit arbor alia; et quod est 
admirandum, in tempore ejusmodi gumi haeret 



DIALOGO SEGUNDO. 1^9 

techar casas: las mas inmediatas á la tierra son blan- 
cas y tiernas, y los indios las aderezan de tal modo, 
que resultan gratísimas al paladar. Estando secas, 
son leña que da un fuego manso y sin humo: dí- 
cese que las cenizas son excelentes para varios usos. 
Arrancado el tallo del centro, se coloca en los te- 
chos en vez de vigas: en el hueco que deja, cercado 
de hojas, se deposita un licor de que primero se ha- 
ce miel, luego vino, y por último vinagre. De la 
miel cocida se hace azúcar; y en fin otras muchas 
cosas que por ser tantas no pueden retenerse en la 
memoria, y que ni Plinio ni Aristóteles pensaron 
ni menos escribieron, con haber sido tan diligentes 
escudriñadores de Ja naturaleza. 

Alfaro. 

En verdad que son cosas extrañas é inauditas las 
que me refieres, y con dificultad podrá creerlas quien 
no las vea. Con ellas se hacen ya creibles las que 
juzgamos portentosas ó fabulosas, entre las que los 
antiguos escribieron. 

Zamora. 

¿Pues qué te diré de la tuna, que los indios lla- 
man nochtlP. (72) Después de echar sin orden, y 
mas bien en ancho que en alto, unas hojas grandí- 
simas y erizadas de espinas, produce primero tunas 
de sabor exquisito, mayores que muy grandes ci- 
ruelas, y luego en las flores de las mismas cria unos 
como gusanitos, que matados en el rescoldo son 
una grana finísima, la mejor que se conoce. A Es- 
paña se lleva una gran cantidad de ella, y á pesar 
de eso se vende muy cara. Donde quiera que cae 
una hoja de este árbol, forma en breve otro árbol 



I50 



DIALOGUS SECUNDUS. 



foliis, quod nos alquitira dicimus, ut ejus in con- 
cinnandis ex saccharo bellariis magna sit utilitas. 

Alfarus. 

Expertia fidei narras. Sed quae sunt illse vestes 
tam albae, diversis adeo coloribus variatse? 

Zamora. 

Nagüe, güipiles, mulierum indicarum indumenta, 
et alia quae viris pro paliis sunt; pleraque ex gossy- 
pio, nam viliora texuntur ex nequen^ filo magueio. 



Alfarus. 

Cuneta sunt et nomine et re diversa et quae mérito 
Novo, in quo sunt nata, Orbi respondeant. Sed 
quaeso, praeter hoc, estne aliud Mexici emporium? 

Zamora. 

Dúo alia, alterum ad divum Hyppoiitum, et al- 
terum ad sanctum Jacobum, quod ab hoc, cui nomen 
est divus Joannes, per milliare et eo amplius dis- 
jungitur, amplitudine tanta in quadratam figuram, 
ut construendae urbi locus non sit angustus. Ad 
Septentrionem, quod quartum latus claudit, Fran- 
ciscanorum positum est monasterium, et in ipso 
indorum collegium, qui latine loqui et scribere do- 
centur. Magistrum habentejusdem nationis, Anto- 
nium Valerianum, nostris grammaticis nequáquam 
inferiorem, in legis christianae observatione satis 
doctum et ad eloquentiam avidissimum. E regione 
eorumdem gubernatoris quem ipsi cacique vocant, 
permagnifice erectae sunt aedes, quibus adhasret car- 
cer, in quem, cum peccant, detruduntur indi. Re- 



DIALOGO SEGUNDO. 



semejante; y lo admirable es que á su tiempo apa- 
rece pegada en las hojas una goma que llamamos 
alquitira^ de que se aprovechan mucho los confiteros. 

Alfaro. 

Cosas increibles me refieres. ¿Qué vestidos son 
esos tan blancos, y con labores de diversos colores? 

Zamora. 

Enaguas y huípiles (73), ropas de las indias, y 
mantas que los hombres usan por capas. La mayor 
parte son de algodón, porque las más ordinarias se 
hacen de nequeUy ó hilo de maguey. 

Alfaro. 

Todas son cosas tan peregrinas como sus nom- 
bres, y así es natural que suceda, pues son produc- 
ciones de un nuevo mundo. Pero deseo saber si hay 
en México otros mercados además de este. 

Zamora. 

Hay otros dos: uno en San Hipólito y otro en 
Santiago (74), el cual dista una milla, ó más, de es- 
te, llamado de San Juan. Es cuadrado, y tan gran- 
de, que no faltaria allí terreno para edificar una ciu- 
dad. Ciérrale por el lado del norte un convento de 
franciscanos en que hay un colegio donde los indios 
aprenden á hablar y escribir en latin. Tienen un 
maestro de su propia nación, llamado Antonio Va- 
leriano, en nada inferior á nuestros gramáticos, muy 
instruido en la fe cristiana, y aficionadísimo á la 
elocuencia. Enfrente está el magnífico palacio de 
su gobernador, que ellos llaman ¿"¿zr/^^^, y contigua 
queda la cárcel para los reos indios. Los otros dos 
lados son de portales de poca apariencia: en el cen- 
tro, á manera de torre, se levanta un patíbulo de 



152 DIALOGUS SECUNDUS. 

Jiqua latera, humilibus porticibus continuantur; in 
medio, ad turris instar, ex lapide erigitur patibulum. 
Ad hunc mercatum ea confluit indorum venden- 
tium ac ementium multitudo, ut ad viginti millia 
et eo amplius accedant. 

Alfarus. 

Qua pecunia, quae, Aristotele auctore, venalium 
rerum pretium est, ante hispanorum adventum ute- 
bantur indi? 

ZUAZUS. 

Permutatione rerum, et quibusdam glandibus 
quas ipsi cacahuatl vocant, fuereque tune in pretio 
magno, quod et numisma et potus cibusque forent; 
nunc etiam eodem suntin honore, locoque minutae 
pecunias, assis scilicet et dupondii, habentur, argen- 
teisque nummis comparantur; visque ingens ipso- 
rum quotannis in potu et cibo absumitur: incor- 
rupti non diu durant. 

Alfarus. 
Mira est in rerum natura varietas. 

Zamora. 

Augustiniani coenobii, quod solum videndum 
supererat, quantus sit ambitus, quam prseclara 
structio, quantus ornatus, et quanta altitudo, ocu- 
latissime et vigilantibus ocuiis intuere; nam máxi- 
mum est futurum civitatis ornamentum. 

Alfarus. 

Oportet cementa alta esse et ex materia firmissi- 
ma, quae molem tantam, tantopere surgentem, reci- 
pere supra se tuto possint. 



DIALOGO SEGUNDO. 



153 



piedra. Es tal la muchedumbre de indios tratantes 
que concurren á este mercado, que llegan á veinte 
mil y aun más. 



Alfaro. 

¿Qué moneda usaban los indios antes de la lle- 
gada de los españoles? Porque, según Aristóteles, 
la moneda representa el precio de todo lo vendible. 

ZUAZO. 

Cambiaban unas mercancías por otras, y además 
se valian de una especie de bellotas, que ellos lla- 
man cacahuatl: estas eran tenidas entonces en mu- 
cha estimación, porque no solo servían de moneda, 
sino también de comida y bebida. Aun hoy se es- 
timan lo mismo; sirven de moneda menuda y cám- 
bianse por las de plata. Consúmese anualmente en 
comida y bebida una cantidad enorme, y no duran 
mucho sin echarse á perder. (75) 

Alfaro. 

[Cuan admirable es en su variedad la naturaleza! 

Zamora. 

Mira con toda atención y cuidado el convento de 
San Agustín, único que nos faltaba que ver, y ha 
de ser con el tiempo uno de los mas bellos orna- 
mentos de la ciudad: observa qué hermosa fábrica, 
qué alta y adornada. (76) 

Alfaro. ' 

Profundos y muy sólidos debieron ser los ci- 
mientos, para que pudiesen sostener sin peligro tan 
inmensa y elevada mole. 



54 



DIALOGUS SECUNDUS. 



Zamora. 



Ab ipsa aqua, organis pneumaticis exhausta, calce 
et magnis saxis conjectis, parietes quos vides lati- 
tudinis tantae, ad hanc summitatem deducuntur: 
tecta omnia, quod nullibi invenies, camerata sunt, 
ex quibus declivis est admodum in viam publicam 
per stillas pluvia. 

Alfarus. 

Fastigia ita devexa et incurva, modo uti conve- 
nit sint materiata, plurimum gedificia nobilitant. 

ZUAZUS. 

Concava tectorum quibus templum et clauStrum 
teguntur, ordine miro implicatis et transversis inter 
se lapidéis arcubus, opere testudinato emblemata 
facientibus, magnopere decorantur. 

Alfarus. 

Lacunaria fornicata, et ad eum modum variata, 
caeteris ómnibus longe elegantiora sunt. 

Zamora. 

Quid tibí dicam de interioribus duobus membris 
quae religiosi habitant, et ipsi dormitoria nominant? 
Quam sese extollunt et efferunt! quantis et quam 
multis cellis ornata sint! quam gratus ex earum fe- 
nestris prospectus! quam longae lataeque viae, lapi- 
déis reticulis, per quae lux transmittitur, illustratae! 
In eisdem membris inferiora superioribus, fornicato 
etiam opere, non minus excellunt. Sacella in ipso 
templo utrinque construuntur, Toletanis praestan- 
tiora, nobilium futura sepulchra. Ante ipsum tem- 



DIALOGO SEGUNDO. I55 

Zamora. 

Agotada primero el agua por medio de bombas, 
se asentaron luego grandes piedras con mezcla, pa- 
ra levantar desde allí hasta esa altura las gruesas 
paredes que estás viendo. Todos los techos (cosa 
que no hallarás en otra parte) son de armaduras, 
por las cuales escurre fácilmente á la calle el agua 
llovediza. 

Alfaro. 

Tales techumbres curvas y abovedadas ennoble- 
cen mucho los edificios, con tal de que las maderas 
estén labradas con arte. 

ZUAZO. 

Ricamente adornado de casetones está, en el tem- 
plo y claustro, el interior de los techos que á manera 
de bóvedas descansan sobre arcos de piedra, cruza- 
dos y entrelazados con maravilloso artificio. 

Alfaro. 

Las bóvedas artesonadas y matizadas de diversos 
colores, son mucho más elegantes que todaslas otras. 

Zamora. 

¿Qué te diré de las dos crujías interiores que 
ocupan los religiosos, y ellos llaman dormitorios? 
¡Cuan eminentes y especiosas! ¡Cuántas y cuan 
grandes celdas las adornan! ¡Qué hermosas vistas 
se logran desde sus ventanas! ¡Qué tránsitos tan 
largos y desahogados, para comunicar la luz que 
entra por los calados de piedra! Y el piso bajo, que 
es asimismo abovedado, en nada cede al de arriba. 
Dentro del templo se construyen á ambos lados ca- 
pillas, mejores que las de Toledo, para que sirvan 



156 DIALOGUS SECUNDUS. 

plum, hoc quod vides spatii tantum, platea erit, ad 
quam per gradus aliquot fiet ascensus, et ab ea ad 
templi aditus planicies aequa, undique marmoreis 
columnis justo spatio inter se disjunctis claudetur: 
per superiora, férrea magna catena copulatis, lapi- 
déis veluti servantibus insuper leonibus positis. 



Alfarus. 

His praestantiora et excellentiora multo pollicen- 
tur quae sunt inchoata; eritque, ni fallor, ubi con- 
sumatum fuerit opus hoc vere operosum, ejus no- 
minis ac dignitatis, ut ad septem illa, historicorum 
et poetarum testimoniis celebratissima, orbis mira- 
cula, octavum jure óptimo accederé possit. 



Zamora. 
«Unum pro cunctis fama loquetur opus.» 

ZUAZUS. 

Si diutius vixisset Cortesius, non dubito quod 
tam superbe coeptum reliquit hospitale Virgini Ma- 
tri consecratum, aequale aliis ejusdem viri operibus 
futurum. 

Alfarus. 

Máxima certe quae sunt coepta hoc in aedificio 
promittunt. 

Zamora. 

Praestabuntur propediem ea pecunia quae hacte- 
nus est congesta ex vectigalibus quibus hospitale in 
dies augetur. 



DIALOGO SEGUNDO. 1 57 

de entierro á la nobleza. Ese gran espacio que ves 
delante de la iglesia, ha de ser una plaza, á la que 
se subirá por varias gradas; y de allí á la entrada 
de la iglesia quedará un suelo perfectamente plano, 
cercado con postes de piedra á distancias proporcio- 
nadas, y encima sus leones de lo mismo, á guisa de 
guardianes, unidos por una gruesa cadena de hierro. 

Alfaro. 

Lo comenzado promete cosas mucho mayores y 
más bellas; y si no me equivoco, cuando esté aca- 
bada será una obra verdaderamente magnífica, de 
tanto mérito y fama, que con toda justicia podrá 
contarse por la octava maravilla del mundo, aña- 
diéndola á las siete tan celebradas por historiadores 
y poetas. 

Zamora. 

«Obra que la^fama ensalzará sobre todas.» (77) 

ZUAZO. 

Si más hubiera vivido Cortés, no dudo que el 
hospital dedicado á la Virgen, que dejó tan sober- 
biamente comenzado, habría sido igual á sus otras 
obras. (78) 

Alfaro. 

Los principios de este edificio anuncian ya su 
grandeza. 

Zamora. 

Muy pronto se adelantará la obra con el dinero 
que hay ya reunido de los tributos destinados al au- 
mento de este hospital. 



158 DIALOGUS SECUNDUS. 



Alfarus. 



Elegans profecto facies, et óptima domus descri- 
ptio. Verum, quod ad laudem operis magis facit, 
dicite, quaeso, numquid in ipso excipiantur infirmi, 
quaque indulgentia et industria curentur? 

ZUAZUS. 

Admittuntur hispani omnes quotquot correpti 
sunt febri: eaque diligentia et humanitate morbo 
levantur, ut non melius neque indulgentius divites 
domi, quam ibi pauperes foveantur. 

Alfarus. 

O terque quaterque beatum Cortesium! cui con- 
tigit in ea provincia, quam Marte feroci sub Caesa- 
ris imperium redegit, ejusmodi pietatis documenta 
relinquere, quae ipsum perire nunquam patientur. 
— At quorsum equos sic acriter urgetis? 

Zamora. 

Ut ad prandium veniamus tempori, nam hora 
est ultra duodecimam. 

Alfarus. 

Irritasti desidem et semi exstinctum appetitum. 
Cujus tamen sunt aedes istae quas cursim et veluti 
per transennam, tam magnis valvis cum annulis 
deauratis, domini aut auctoris facultates ostentan- 
tes conspicimus? 



Zamora. 

Dominus et idem conditor est Alfonsus Villase- 
ca, qui unus industria sua tantam pecuniae vim, sine 



DIÁLOGO SEGUNDO. 159 

Alfaro. 

Hermosa es la fachada y excelente la disposición 
del edificio. Pero ruégote me informes de lo que 
realmente constituye el mérito de tales fundaciones, 
¿qué enfermos se reciben y qué asistencia se les pro- 
porciona.^ 

ZUAZO. 

Admítese á todos los españoles que tengan calen- 
tura, y son curados con tal caridad y esmero, que 
no están asistidos mejor ni con mas cariño, los ri- 
cos en su propia casa, que los pobres en esta. 

Alfaro. 

i Oh una y mil veces dichoso Cortés ! que habien- 
do ganado esta tierra para el Emperador a fuerza de 
armas, acertó á dejar en ella tales testimonios de su 
piedad, que harán imperecedero su nombre. — Mas 
¿porqué apresuráis tanto el paso de los caballos? 

Zamora. 

A ñn de llegar á tiempo para la comida, porque 
ya son más de las doce. 

Alfaro. 

Has despertado con esto el apetito dormido y 
medio apagado. Dime por último ¿de quién son 
esas casas que hemos visto á la ligera y como de 
paso, cuyos grandes portones con argollas doradas 
atestiguan la riqueza del dueño ó del que las mandó 
edificar? 

Zamora. 

El dueño y quien las labró es Alonso de Villa- 
seca, que con solo su industria y sin perjuicio de 



l6o DIALOGUS SECUNDUS. 

cujusque injuria (quod proverbium negat posse 
fieri) comparavit, ut m ditissima regione alter ha- 
beatur Crassus aut Midas. 

Alfarus. 

Is plane nihil erit quod ad veram et germanam 
felicitatem expetere queat, si quam est dives argen- 
to, tam vixerit pauper spiritu. 

ZUAZUS. 

Absolvisti hominem, et etiam fecisti obequitandi 
finem: quapropter descende rogo, nam hoc com- 
mune amicis meum domicilium, unaque dignare 
nobiscum prandere: commodius ut hinc nos Cha- 
pultepecum conferamus, exteriorem Mexicum per- 
spicuam et apertam undequaque conspecturi. 

Alfarus. 

Non patiar scindi mihi psenulam, praesertim ab 
amico candido ac sincero. 

Zamora. 

Jam accumbe, conviviumque, ut spero, facito 
nobis urbanum pariter et fabulosum, et in summa 
quale petit Varro. 



DIÁLOGO SEGUNDO. l6l 

nadie (cosa que el adagio niega ser posible) ha jun- 
tado tal caudal, que en tierra tan rica es tenido por 
un Craso ó un Midas. (79) 

Alfaro. 

Indudablemente que nada podrá faltarle de lo que 
constituye la verdadera y efectiva felicidad, si po- 
seyendo tantos bienes sabe vivir pobre de espíritu. 

ZUAZO. 

El hombre es tal como le pintas; y con esto dio 
fin nuestro paseo. Ruégote, pues, que te apees, 
porque esta es mi casa y la de mis amigos. Haznos 
también el favor de comer con nosotros, para que 
de aquí vayamos con más comodidad á Chapulte- 
pec, y descubramos de allí sin estorbo ni dificultad 
todos los contornos de México. 

Alfaro. 

No me gusta hacerme de rogar, y mucho menos 
de un amigo fiel y verdadero. 

Zamora. 

Ponte, pues, á la mesa, y cuento con que tu com- 
pañía hará que la comida sea tan cortés como ale- 
gre: tal en suma cual Varron la quiere. (80) 



21 



\S<>--^<iy>^'^--C<U' 



Notas al Diálogo Segundo. 



-&s^- 



Nota I, pág. 85. 

Ignoro, en verdad, porqué Zuazo compara á Alfaro con Ulí- 
ses, como no sea una alusión á las peregrinaciones de este perso- 
naje, y al largo viaje que Alfaro habia hecho de España á México. 

Nota 2, pág. 87. 

Según esto, Zamora montaba á la jineta y Zuazo á la brida, (i) 
«En la brida se llevaban los estribos largos, y las piernas tendi- 
«das: t\ jinete parecía estar en pié, las camas del freno eran lar- 
«gas. En la jineta los frenos eran recogidos, los estribos cortos, 
«el caballero parecia ir sentado, y sus piernas no bajaban de la 
«"barriga del caballo.» (2) 

Nota 3, pág. 89. 

He tenido que dar á hiberno tempore la traducción «tiempo de 
aguas,)) porque en México no llueve en invierno, sino en verano. 
Realmente el hibernus de los latinos no solo significaba lo que 
pertenece al invierno, sino también, por analogía, «lluvioso, tem- 



1 CovARRUBlAS, TesoTo de la Lengtia Castellana, VV, Brida y Ginete. 

2 Clemencin, Comentario al Quijote, tom. I, pág. 34. Hoy se llama 
jinete á todo el que monta á caballo; antiguamente solo se daba ese nom- 
bre al que montaba á la jineta: el que montaba á la brida, era llamado 
bridón. 



NOTAS AL DIÁLOGO SEGUNDO. I63 

(cpestuoso.)) Véase en \l0r2ic\0 hibernum juarCy que los comenta- 
dores explican tempestatibus agitatum. (ij 

Nota 4, pág. 91. 

Subgrunda es el alero del tejado, que sobresale de las paredes 
y las defiende de la lluvia (2); mas como no le hay en las casas 
de azotea, he usado el equivalente «cornisas,» que desempeñan 
oficio análogo, y en las cuales se encuentran colocadas ordinaria- 
mente las canales. 

Nota 5, pág. 91. 

Las casas de tejado en España carecen por lo común de patio. 
Si están aisladas, como en los pueblos, las aguas caen al espacio 
vacante alrededor de cada casa; y si están contiguas unas á otras, 
los derrames van á un albañal, situado generalmente á la espalda. 
El impluvium no era en rigor lo que nosotros entendemos por «pa- 
«tio, » sino un receptáculo, más bajo que el piso, colocado en el 
centro del atriuní^ y destinado á recoger las aguas llovedizas que 
entraban por el compluvium ó abertura del techo. (3) Mas como 
el impluvium no tiene equivalente en nuestras casas modernas, he 
preferido la traducción «patio,» dejando para esta nota las expli- 
caciones necesarias. Lo cierto es que por impluvium debe enten- 
derse aquí el receptáculo de las aguas llovedizas, sea cual fuere. 

Nota 6, pág. 93. 

Es imposible traducir al pié de la letra el original latino, por- 
que los nombres de los tejados y sus etimologías quedarían inin- 
teligibles. Así pues, el techo pectinatus, se llama técnicamente 
«techo de dos aguas» (4), porque realmente reparte el agua á dos 
lados, y ya se ve que este nombre no puede derivarse de «peine» 
{pectén) que es la etimología de la denominación latina. El íe- 
studinatusy ó techo de cuatro lados, se llama «tejado á cuatro ver- 
« tientes.» (5) Las palabras testudo y testudinatuSy se hallan frecuen- 
temente en los autores latinos, pero con significación muy varia. 
Aplícanse en general á toda cubierta cóncava, sea de bóveda ó de 
armadura, y así lo advierte el P. Márquez. Por consiguiente, pu- 

1 Epod., XV, 8. (Edición de Didot, cum novo Conunentario ad 7/10- 
díiffi Joannis Bond, Parisiis, 1855, 12?, pág. 129,) 

2 Ortiz y Sanz, traducción de Vitriivio, lib. II, cap. 9, pág. 54. 

3 RiCH, Dict. des Antiquités, V. Impluvium. 

4 Bails, Dice, de Arquitectura, pág. 8. 

5 P. MÁRQUEZ, Apuntamienios de Arquitectura, MSS., VV. Testu- 
dinatus y Testudo. 



164 NOTAS 

do denotar Cervantes con esta palabra todo tejado de cuatro lados, 
ya fuese piramidal, esto es, de planta cuadrada y terminada en 
punta, ó de planta cuadrilonga y terminando en caballete. De 
todos modos resulta un tejado «á cuatro vertientes.» 

Nota 7, pág. 93. 
Hoy la Tierra de Labor, en el antiguo reino de Ñapóles. 

Nota 8, pág. ^i^. 
No expresa Cervantes qué nombre propio era este. 

Nota 9, pág. (^i^. 

Aquí llegaban los interlocutores á la esquina de las calles de 
Tacuba y S. José el Real; esta-y la de Manrique deben ser la 
«ancha y magnífica calle empedrada» que atravesaron. El gran- 
dísimo edificio á mano derecha era el costado de las casas de Cor- 
tés que formaba la acera de la calle de Tacuba que ve al norte. 
Para la inteligencia de este pasaje, y de otros que se irán ofrecien- 
do, no se olvide que en aquella época eran palacio del gobierno 
las casas pertenecientes á Cortés que ocupaban la gran manzana 
comprendida entre las calles de Tacuba, el Empedradillo, i?- y 2?- 
de Plateros y S. José el Real, aunque no todo ese grande espacio 
estaba edificado, sino que habia en el interior varios corrales, (i) 
Las casas ó palacio de Cortés eran el que hoy es Palacio Nacio- 
nal, aunque no tenia entonces la extensión que ahora. 

D. Antonio de Mendoza habia entendido ya en empedrar la 
ciudad. (( Ruy González, regidor de México, tiene á cargo lo del 
«empedrado de las calles, que es una cosa muy provechosa para el 



I Tasación y Autos de las casas que tenia el Marques del Valle en Mé- 
xico y Nueva España, Año 1531, apud Doc. Inéd. del Archivo de Indias y 
tom. XII, pág, 520. Este curioso avalúo, que permanecía desconocido, 
fué hecho en 7 de Junio de 1531 por Francisco de Herrera y Alonso de 
Ávila, en cumplimiento de uno de los capítulos de la instrucción dada á 
la segunda Audiencia en 12 de Julio de 1530, por el cual disponía el rey 
que se tomasen dichas casas para establecer en ellas la Audiencia. (Pu- 
GA, fol. 37 vto.), aunque más adelante se mudó de parecer, y no se com- 
praron esas casas, sino las nuevas, ó sea el Palacio. El avalúo subió á 
48449 pesos, 4 tomines de tepuzque, equivalentes á unos 77500 pesos ac- 
tuales: suma enorme para aquellos tiempos y que da idea de lo mucho 
que estaba ya fabricado. El famoso corredor á la plaza, de que habla Cer- 
vantes, existía ya, y fué avaluado en estos términos: «Otrosí: que en el 
«corredor grande de las danzas de arcos de piedra que cae sobre la pla- 
«za, está labrado de manos de españoles, de toda costa, con sus perfiles 
« de claraboyas de canterí : puede valer cuatrocientos é ochenta pesos de 
«lo que corre.» 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 165 

«remedio de los lodos y polvos, que es lo que más fatiga en esta 
«ciudad. V*í- S?^ mande que se continúe, porque el tiempo le mos- 
«trará lo que se padece con ellos: por la orden que está comen- 
«zado, se hará muy fácilmente y muy en breve, w (i) 

Nota lOj pág. 93. 

En los cuatro ángulos de la gran manzana ocupada por las ca- 
sas de Cortés se ven todavía unas piezas más elevadas que el resto 
del edificio, como recuerdo de esas torres. Y digo recuerdo, por- 
que las casas que describe Cervantes no son las que hoy existen, 
habiéndose quemado aquellas en 1636. 

Nota II, pág. 93. 

Claviles es voz que no encuentro en diccionario alguno, ni aun 
en Ducange. He traducido como si el texto dijera clavicarii. 
Consta que aun años después, la calle de Tacuba era lugar favo- 
rito de los herreros. El poeta González de Eslava, en su colo- 
quio de «Los cuatro Doctores», entre las maldiciones que los pas- 
tores gestión y Capilla echan al diablo, pone la siguiente : 

«Y en la calle de Tacuba 
«Que fuelle en cas de un heiTero.» 

Eslava escribía sus coloquios hacia 1580. 

Nota 12, pág. 93. 

Candelarius se encuentra en el Glosario de Ducange: qui facit 
vel vendit candelas. Tal vez seria mejor traducir «cerero.» 

Nota 13, pág. (^2- 

He traducido caupones por «pulperos», siguiendo el parecer de 
una persona muy competente: yo habria preferido «taberneros» 
ó «bodegoneros.» Cuando la palabra latina tiene varias acepcio- 
nes, no es fácil acertar con la que eligió Cervantes. 

«Pulpería» según el Diccionario de la Academia, es la «tien- 
«da, en las Indias, donde se venden diferentes géneros para el 
«abasto, como son vino, aguardiente ó licores, y géneros perte- 
«necientes á droguería, buhonería, mercería y otros; pero no pa- 
«ños, lienzos ni otros tejidos.» De las pulperías se habla varias 
«veces en las Leyes de Indias (2), y esta voz, olvidada ya en 

1 Avisos que dio á D. Luis de Velasco, apud Colee, de Doc. Inéd. pa- 
ra la Hist. de España^ tom, XXVI, pág. 296. 

2 L. 12, tít. 8, lib. IV; L. 14, tít. 18, lib. IV, &c. 



1 66 NOTAS 

México, es todavía de uso común en Veracruz. La etimología 
del nombre nos la da el Inca Garcilaso, diciendo : « Cada dia ha- 
« bia muchas pendencias singulares, no solamente de soldados prin- 
((cipales y famosos, sino también de mercaderes y otros tratantes, 
«hasta los que llaman Pulperos; nombre impuesto á los más po- 
(cbres vendedores, porque en la tienda de uno de ellos hallaron 
«vendiéndose un pulpo.)) (i) 

Nota 14, pág. g^. 

Tornariüs (equivalente á tornator) es voz de la baja latinidad (2) . 
Parece imposible que en la calle de Tacuba se encontrasen talle- 
res y tiendas de tantos oficios y tratos, pues con dos ó tres de cada 
clase habia lo suficiente para llenar la calle. 

Nota 15, pág. 95. 

((Crujía)) es «la fila de muchas piezas ó puertas que están en 
«una misma línea y piso, pasándose de unas á otras en derechu- 
«ra.)) (3) Tenga á bien el lector recordar esta definición cuando 
más adelante encuentre la misma palabra. 

Nota 16, pág. 95. 

El reloj estaba, pues, en la torre ó pieza alta de la esquina de 
las calles de Tacuba y el Empedradillo. En las Ordenanzas de 
Audiencia, dadas en México á 23 de Abril de 1528 (4), se man- 
da que para guardar mejor y más ordenadamente lo prevenido res- 
pecto á la asistencia de los oidores «esté continuamente un reloj 
«en lugar conveniente para que lo puedan oír.)) Acaso á esta dis- 
posición se debió la colocación del reloj en la torre de la esquina. 
Después, cuando la Audiencia se trasladó al actual palacio, pasó 
con ella el reloj, y dio su nombre á seis calles de las que corren 
hacia el norte en la misma línea del frente de palacio. 

Nota 17, pág. 95. 

Llegados los interlocutores á la esquina de las calles de Tacuba 
y el Empedradillo, descubrían ya la plaza. Las notables variacio- 
nes que esta ha tenido desde la reedificación de la ciudad hasta 
nuestros dias, darían asunto á una disertación bien curiosa, si tu- 

1 Hist. Gen. del Perú, (2* parte de los Comeníarios Reales), lib. VI, 
cap. 20. 

2 Maigne d' Arnis, Lexicón Mannale nd Scnptoi'es Media: et InfimcB 
Latinitatis, col. 2205. 

3 Bails, Dice, de Arquitectura, pág. 30. 

4 PuGA, Cedulario, fol. 28 vto., 58 vto. — L. 20, tít. 15, lib. II, Rec. 
de Ind. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 167 

viéramos los materiales necesarios para formarla. La descripción 
de Cervantes no es bastante pormenorizada, ni tan clara como la 
quisiéramos. El Sr. Alaman trato de propósito esta materia en su 
Disertación VIII, y me parece que incurrió en algunas equivoca- 
ciones, originadas de haber dado demasiado crédito á las opinio- 
nes del P. Pichardo, y de no haber distinguido las obras de di- 
versos tiempos. Por las noticias que da en esa parte de su obra 
se viene en conocimiento de que admitía la existencia de varios 
grupos ó manzanas de casas en lo que ahora es plaza, de tal ma- 
nera que esta quedaba dividida en dos: una frente á las casas de 
Cortés en el Empedradillo, y otra delante del que ahora es Pa- 
lacio Nacional. En esta última, al lado que ve al sur estaba for- 
mado «por la línea de edificios que formaba la continuación de la 
«calle de Plateros, entre cuyos edificios estaba la catedral primi- 
«tiva, formando todos una manzana, limitada al sur por la línea 
«expresada; al oriente por la que formaba la continuación de la 
« calle del Seminario, hasta cortar la "dicha al sur : por el norte, por 
(da calle que seguía desde la del Arzobispado hasta el callejón de 
«la Alcaicería, y al poniente por la calle del Empedradillo.» 
(Pág. 231.) Sigüenza (i) afirma también la existencia de esa man- 
zana «en tiempo de Cervantes.» Según el Sr. Alaman, había ade- 
mas otra en el lugar que después ocupó el Parían (pág. 233), cu- 
ya manzana no se sabe cuándo ni por qué motivo desapareció. 
(Pág. 235). Por último, resume su descripción en los términos 

siguientes (pág. 260): «Hecha la conquista el terreno que 

«ocupaba (el templo de Huitzilopochtlí) se repartió para casas 
«particulares: levantáronse estas, no solo en el contorno de la pla- 
«za, sino que ocuparon también una parte de ella, formando una 
«manzana en lo que era el Parían, y otra más en el centro, que 
«parece duró poco tiempo, separada de la del Parían por una ca- 
«lle que correspondía con la de la Callejuela.» Aquí tenemos 
otra manzana más, y en medio de tal cúmulo de edificios en la 
plaza, nada se nos dice acerca de lo que habia tras de la manzana 
comprendida entre las líneas de la calle de Plateros y la del Ar- 
quillo de la Alcaicería. Allí habia algo sin duda, porque de otro 
modo, la placeta del Marques resultaría enorme, comprendiendo 
el espacio entre el Empedradillo y el Seminario, lo cual es inad- 
misible. Lo más probable, como explico en la nota 40, es que 
allí estaba la manzana formada por los solares que en 8 de Fe- 
brero de 1527 se repartieron entre sí los concejales, y venia á ali- 
near, poco más ó menos, con la calle del Arquillo. Al sur, hasta 
la línea de la calle de Plateros, próximamente, quedaba la man- 
zana de la iglesia mayor y edificios contiguos. La que ocupaba el 

I Piedad Heroica, cap, 10, n? 96. 



l68 NOTAS 

lugar del Parían es dudosa, aunque no cabe duda en que se deter- 
minó fabricarla. En cabildo de 7 de Noviembre de 1533 (i), 
Gonzalo Ruiz, regidor y procurador, dijo, (cque por razón que 
«esta ciudad no tiene propios, se ha platicado algunas veces de to- 
«mar solares para propios de esta ciudad en que se hagan tien- 

(ídas é que ha parecido es conveniente que se tome para lo 

«susodicho, junto á la plaza mayor desta cibdad enfrente de las 
«tiendas de los portales^ que son de Morales é de Pedro de Paz y 
«de otros vecinos, la cantidad que para hacer las dichas tiendas 
« fuere menester. » En 1 1 del mismo mes se dio á Gonzalo Ruiz, 
en representación de la ciudad, la posesión del sitio para las tien- 
das, y sus linderos fueron («en la plaza, enfrente de los portales y)^ 
«por la una parte linderos los dichos portales, y que entremedias 
«quede y se deje una calle muy ancha, y de la otra parte linde- 
«ros las casas del Cabildo é fundición, con que asimismo quede 
«calle entremedias, é por las espaldas linderos como dice la calleja 
«que sale^íjr entre la fundición y casa de Francisco Verdugo, hacia 
«la iglesia mayor, y por la otra parte linderos la calle de S. Fran- 
« cisco, que va á dar á las casas del Marques del Valle. » La desig- 
nación conviene exactamente á la manzana del Parlan; pero no 
encuentro datos suficientes para afirmar que llegara á construirse el 
edificio proyectado; antes los hay para negarlo. Llama desde luego 
la atención que esta manzana desapareciera, sin saberse cuándo ni 
por qué motivo, como dice el Sr. Alaman, quien, no habiendo 
hecho uso del Libro Tercero de Cabildo, donde se encuentra el 
acta de posesión, arriba citada, no pudo deducir la existencia de 
dicha manzana, sino del embrollo que hizo el P. Pichardo en las 
Notas al Primer Libro de Cabildo, por haberse empeñado en 
colocar allí, en la esquina nordeste, la casa de Pedro González 
de Trujillo, que no estuvo sino en la esquina de las calles del 
Seminario y Arzobispado, según probaré en la nota 40 (2). No 
negaré que en el sitio en cuestión, enfrente de las casas de Ca- 

1 Libro Tercero de Cabildo. 

2 Hablando el Sr, Alaman (pág. 240) del proyecto presentado en 
1695 por el correo mayor D. Pedro Jiménez de los Cobos para la cons- 
trucción del Parían, dice que entre las razones en que se fundó «para la 
«forma y dimensiones que propuso se diese al edificio, es de notar la de 
« que con ella se consultaba á la hermosura y perfección de la plaza ma- 
«yor, que quedaba con ciento setenta y seis varas por todos cuatro cos- 
«tados, que es la misma figtn^a y dimensiones que en su principio fuvo.n 
Esto último haría alguna fuerza para creer en la existencia de la manzana 
en cuestión, pues Cobos, como obrero mayor de la ciudad, y casi dos siglos 
más próximo que nosotros á la época de la reedificación de ella, seria auto- 
ridad de peso; pero el caso es que no dijo tal cosa, y las palabras subrayadas 
no se hallan en su informe, el cual corre impreso en el cuaderno de Docu- 
mentos of dales 7-elativos á la construcción y demoliciondel Partan, pág, 17. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 1 69 

bildo, hubiera algunos edificios, pero no hallo pruebas para admi- 
tir que llegaran á ocupar todo el cuadro de que se dio posesión 
á Ruiz, y formaran una manzana regular. Mucho menos admito 
la existencia de la otra que se supone al oriente de la del Parian, 
porque á mi entender, no tiene otro fundamento que la nota 6o 
del P. Pichardo al Primer Libro de Cabildo, en la cual no nos 
da prueba alguna de su aserto. La calle que supone entre ambas 
manzanas, no es otra que la callejuela que atravesaba entre los 
solares de la manzana al norte de la catedral. 

Como nuestro objeto no es historiar las variaciones habidas en 
la plaza, sino determinar la forma que tenia en tiempo de Cer- 
vantes, claro es que debemos atenernos principalmente á su des- 
cripción. Nótase desde luego que él no habla mas que de una 
plaza, aunque en el acta de Cabildo de 19 de Febrero de 1532 
se mencionan dos (í). Pero la noticia es veintidós años anterior 
á la de Cervantes, y no hay duda de que si en tiempo de este hu- 
biera habido dos plazas, no habria dejado de distinguirlas. 

Al llegar los interlocutores á la esquina de las calles de Tacuba 
y del Empedradillo, dice Zuazo : « Estamos ya en la plaza,)) y en 
seguida se habla deJa muchedumbre de tratantes que habia en ella, 
se pondera su mucha extensión y se dice que si se quitaran los por- 
tales de enfrente, podria caber en la plaza un ejército. Tales se- 
ñas no convienen á Va placeta del Marques, pues aunque era bas- 
tante grande para que pudieran jugarse cañas en ella (2), el nom- 
bre át pl/iceta bien indica que era la menor, y así en el citado 
cabildo de 19 de Febrero de 1532 se distinguen ambas plazas con 
los nombres de mayor y menor. ¿ Es creíble que Cervantes hablara 
tanto y con tantos elogios de la plaza menor, y no dijera palabra de 
la mayor P Debemos concluir de esto, que en 1 554 no habia sino 
una sola. Conhrman esta conclusión otros datos. La catedral, se- 
gún Cervantes, estaba en medio de la plaza, no entre las dos, como 
dice el acta de 1532. Los interlocutores, al salir de la Audiencia, 
toman por los portales de Mercaderes hasta la esquina de la Mon- 
terilla, y allí encarecen lo que hermosean la plaza los portales de 
la Diputación: mal pudieran hermosearla si existiera la manzana 
del Parian, pues tendrían su frente á ella, no á la plaza. En fin, 
dicen que el segundo lado de la gran plaza se cierra con las casas 
de D?- Marina, al extremo oriental del Portal de las Flores, y 
el primer lado no puede ser otro que el del portal de Mercaderes 
por donde acaban de pasar: luego no habia manzana en el ángulo 
que forman estas dos lineas. 

Aquí nos conviene detenernos para examinar un pasaje oscuro 

1 Allí se dice que la catedral estaba « entre las dos plazas, » 

2 Cabildo de 8 de Febrero de 1527. 



I yo NOTAS 

del Diálogo i que dice así (pág. io6): v. Sed considera nec obiter, 
aporíicus qu¿s sunt in transverso orientem respicientes, nam regís 
maula meridiem ver sus est posita, quantum forum illustrent ac de- 
ncorent.-» El que así se expresa estaba en el portal de Mercade- 
res, y probablemente, cerca de la esquina de la Diputación: de 
consiguiente, se trata de otro portal que estaba in transverso, es 
decir, de través, á un lado. La dificultad está en las palabras 
orientem respicientes, que pueden aplicarse igualmente á los por- 
tales y á los interlocutores: en el primer caso la designación no 
cuadra á los portales de la Diputación, que ven al norte y no al 
oriente, sin que haya otros á que aplicarla; mientras que si se 
adopta lo segundo, toda dificultad desaparece, porque estando los 
tres amigos en el portal de Mercaderes, veian en realidad á oriente. 
Lo que Cervantes sigue diciendo, no deja duda de que los porta- 
les de que habla son los de la Diputación. 

La mayor dificultad consiste en situar los otros portales que 
estando Alfaro en la esquina del Empedradillo quedaban enfrente 
é impedian que en la plaza cupiese un ejército. Al doblar esa es- 
quina, viniendo por la calle de Tacuba, se ve al sur y al oriente. 
A este viento quedaba la manzana que llamaremos de los conce- 
jales, y aunque es posible que alguna de sus casas tuviera portales, 
estos no ocupaban lugar en la plaza, ni puede referirse á ellos lo 
que dice Alfaro. Lo más probable es que los interlocutores esta- 
ban mirando hacia el sur, y que los portales en cuestión pertene- 
cían, bien á alguna fábrica que habría delante de la iglesia, ó á 
otra que se hubiera levantado en el terreno déla manzana del Pa- 
rian, sin que por eso sea necesario admitir que dicha manzana lle- 
gara á edificarse por completo. 

Nota 1 8, pág. 97. 

La palabra /í?r//;:^ tiene dos significaciones principales: designa 
la plaza en que se venden las mercancías, y el lugar en que se 
administra justicia ó se tratan negocios. í( ^0 conferrent suas 
(Controversias, et qvcs venderé vellent quo ferrent, forum appella- 
arunt.y) (i) Cervantes, en su enumeración de las plazas de Roma, 
parece haber confundido estas dos acepciones. Las plazas ó mer- 
cados Suarium, Olitorium y Boarium eran, como lo indican sus 
nombres, los lugares en que se vendían los cerdos, las verduras y 
los bueyes: estos mercados, y otros, se reunieron en uno solo, al 
cual se dio el nombre de Macellum (2) ó Macellum magnum. (3) 



1 Varron, De Lingtia latina, V, 145. 

2 Id., ib., 147, 

3 Sexto, De Reg. Urb. Rom., IL 



AL DIALOGO SEGUNDO. I7I 

Los foros en que se administraba la justicia eran tres: el llamado 
Forum Romanum por excelencia: el de Augusto y el de Julio Ce- 
sar, de que habla Suetonio. (i) El Forum Livium de Cervantes 
será el Macellutn Livianiim de Sexto (2) El Forum Aurelium era 
un tribunal que estaba en el Forum Romanum. (3) Festo men- 
ciona también el Forum Julium. 

Nota 19, pág. 97. 

El Forum Cupedinis se llamaba así, según Festo (4), porque 
en él se vendian cosas regaladas ó golosinas. Véase también á 
Varron. (5). 

Nota 20, pág. 97. 

Al volver la esquina de las calles de Tacuba y el Empedradi- 
11o, vieron los interlocutores la fachada del palacio, y la llaman 
«tercer lado» de él, porque ya hablan visto otros dos: el de la 
calle de Tacuba, y el de la de S. José el Real. 

Nota 21, pág. 97. 

Nuestro compatriota el P. jesuíta Márquez (que por cierto te- 
nia bien estudiado el texto de Vitruvio) dice que las columnce me- 
diancs son las columnas aisladas, en cualquiera parte que estén, á 
distinción de las empotradas en la pared, (ivollendo signijicare col- 
ada voce medianas quelle che sonó in mezxo all^ aria et attorniate 
(íd^ aria da per tutto o isolate, perche colla voce mediae e chiaro che 
(.{significa le colonne che sonno tramezzo ad altre colonne. Vitr., 
«Lib. IV, c. 3 e 7.W (6) Conforme á esta explicación he tradu- 
cido el mediana. Por lo demás, no recuerdo si Vitruvio condena 
las columnas cuadradas, ni la averiguación hace al caso. 

Nota 22, pág. 99. 

No hallo otra definición de procestria que la de Festo. (7) 
(( Procestria dicuntur quo proceditur in muro, ^lius procestria edi- 
nficia dixit esse extra portam ; Artorius procestria qucs sunt ante 



1 Ccvs., XXVI. 

2 De Reg. Urb. Rom., V. 

3 Cicerón, /rí7 Cluenf., 34. — Ad Quir., 5. 

4 V. Cuppcs. 

5 De Ling. Lat., V, 146. 

6 Delle Case di Cittá degli Antichi Romani, pág. 204. 

7 O mas bien de Paulo Diácono, De Significatione Verborttm. 



172 NOTAS 

« castra. Etiam qui non \pabent castra^ propugnacula, quibus pro 
(( castra utuntur, ¿edificante w 

Nota 23, pág. 99. 

Peribolus ó Peribolum es voz puramente griega ( 7rí?p/6oZoc ) : se 
halla en la Vulgata (i) in peribolo sanctorum, que Scio tradujo «en 
(da galería del Santuario,)) y Amat « en el pórtico ó galería del tem- 
«plo.» (V. también Ezech. XLII, 7, 10, donde ambos traductores 
interpretan «recinto.))) Otros \\dLQe.n i peribolus sinónimo de sa- 
cellum f lugar pequeño consagrado á una divinidad, rodeado de 
pared, pero sin techo. El P. Terreros, en su Diccionarioy traduce 
«antepecho, parapeto,)) y en ese sentido, que pertenece á la baja 
latinidad, le emplea Cervantes. — Septum significa «cerca)) en ge- 
neral, y en nuestra lengua tenemos «setO)), por cercado de palos 
ó varas entretejidas. Especialmente se llamaban septa unos cor- 
rales en que se reunían las tribus y centurias en los comicios ro- 
manos, antes de votar. — Se daba el nombre de corona á los bor- 
dos de tierra que circundaban los campos. (2) — La voz circuitus 
ha pasado á nuestro idioma, reteniendo su significación. 

Nota 24, pág. 1 01. 

Cualquiera creerá de pronto que Cervantes exajeraba al pon- 
derar la multitud de curiales y litigantes que obstruía los corre- 
dores de la Audiencia; pero le dará entero crédito cuando recuerde 
que los pleitos fueron una verdadera plaga en aquella época. En- 
carécelo con vehementes y sentidas razones el P. Fr. Gerónimo 
de Mendieta en la carta que escribió en 1562 á su provincial 
Fr. Francisco de Bustamante: «Que no parece otra cosa el ejer- 
«cicio y tráfago de la Audiencia de la Nueva España, sino imá- 
«gen y figura del mismo infierno)) &c. (3) Sin embargo, en años 
anteriores sucedía lo contrario, y en cabildo de 21 de Julio de 
1533, acordó el ayuntamiento que se hiciera saber á S. M. que 
los oidores no tenían que hacer, porque no había pleito alguno. 

Nota 25, pág. 103. 

Tabellariorum prísfectus no puede significar mas que «gefe de 
«los correos)) ó «correo mayor. )) Mas no tengo datos positivos 
para afirmar que ese oficio existiera ya en México el año de 1554. 



1 I Maccii., XIV, 48. 

2 Catón, De Re Riist., 6. 

3 Col. de Doc. para la Ilist. de México, tom. II, pág. 533. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 



«73 



Aunque el de correo mayor de las Indias data, por lo menos, de 
1520 (i), del de México no hallo noticia anterior á 1582, en 
cuyo año tuvo voto en el cabildo Martin Olivares «correo ma- 
yor.» (2) No es, por otra parte, extraño cjue el correo mayor 
de México tuviera su despacho tan inmediato á la Audiencia, pues 
ese oficio era uno de los de ella. (3) 

Nota 26, pág. 105. 

Riirsus aperiamur capita^ dice el original; pero me parece er- 
rata evidente por operiamury y así he leido y traducido. 

Nota 27, pág. 107. 

Estos portales no pueden ser otros que los de Mercaderes^ y 
hasta el nornbre que hoy conservan concuerda con el destino que 
tenian en tiempo de Cervantes. El Sr. Alaman asegura que se cons- 
truyeron «á principios del siglo XVII, y por eso en el plano de 
(da manzana que fué palacio viejo de Moctezuma se les llama /os 
{(.portales Tiuevos. » (4) Para admitir la existencia de estos desde 
el siglo anterior tenemos, además del testimonio de Cervantes, el 
acuerdo de 15 de Abril de 1524, para que (dos vecinos que ovie- 
uren solares en la redonda de la plaza pudieran tomar veintiún 
(cpiés delante de dichos solares para hacer soportales.» El Sr. Ala- 
man inserta este acuerdo, pero añade que « no parece, sin embargo, 
(cque se construyesen mas que en el costado del portal de las Flo- 
(cres.» ¿Y por qué no también en el de Mercaderes que estaba 
en igual caso? El acta del cabildo de 7 de Noviembre de 1533, 
que he citado en la nota 17, prueba sin réplica que ya existían 
esos portales, y á mayor abundamiento hay otra mención de ellos 
en el cabildo de 3 de Enero de 1536. Tal vez en el siglo XVII 
fueron reedificados, como ha sucedido en varias épocas con todos 
los edificios de México, y por eso se les llama los portales nuevos j 
dando esa obra ocasión al pleito de que habla en seguida el Sr. Ala- 
man, movido entre ambos cabildos, eclesiástico y secular, acerca 
de la propiedad del terreno en que se encuentra dicho portal; 
aunque no alcanzo qué derecho podia alegar la iglesia á un terreno 
tan distante de ella, y contiguo á casas particulares. 



1 León Pinelo, Tmi. de Coiifinn. Reales, Pte. II, cap. i. — V. tam- 
bién SoLóRZANO, Pal. Ind.y lib. II, cap. 14, n? 25.— Herrera, Déc. III, 
lib. 7, cap. I. 

2 Cavo, Tres Siglos de México, año 1582, 

3 Diez de la Calle, Memorial y N'oticias, fol. 49 vto. — BetAN- 
CURT, Trat. de la Ciiul. de Aléxico, cap. V, n? 142. 

4 Disertaciones, tom. II, pág. 245. 



74 



NOTAS 



En cabildo de lo de Enero de 1530, el procurador Gonzalo 
Ruiz denunció la obra de unos portales que el contador Albor- 
noz hacia «en la plaza mayor de esta cibdad, á la entrada de la 
calle de las «casas deste dicho cabildo,» y que al procurador le 
«parecían ser en perjuicio é inconveniente hacerse, porque ocupa 
«la entrada de la dicha calle é de la puente de ella á la dicha plaza, 
«lo cual ha de estar exento. » Diego Hernández de Proaño, dando 
su opinión, dijo «que el inconveniente que se pone no es ninguno, 
«porque hecha la puente que cubre toda la acequia, como se ha 
«de hacer, hasta la pared de la cárcel, queda mucha entrada é sa- 
« lida é muy derecha, é antes le parece que hechos los portales 
«que se hacen, queda la plaza con más proporción, é se quita un 
«rincón que agora está sin ellos.» Me parece que las señas con- 
vienen al extremo sur del portal de Mercaderes: el puente de la 
calle de las Casas de Cabildo á la plaza, será el de los pregoneros 
en la esquina de la Monterilla; y al hablarse del puente que se 
habia de hacer para cubrir toda la acequia hasta la pared de la cár- 
cel, se da á entender que la acequia que pasaba por delante de las 
Casas de Cabildo, se habia de cubrir en toda la extensión del frente 
de estas hasta la Callejuela. 

Los pórticos Claudio y Livio, en Roma, que menciona Cer- 
vantes como distintos, eran uno solo en sentir de varios autores. 

Nota 285 pág. 107. 

Este verso es de Marcial {Spect., 2) : el P. jesuíta Morrell (i) 
le tradujo así, con sobrada libertad: 

«Donde el pórtico Claudio se dilata 
«En fria sombra, al caminante grata.» 

Nota 29, pág. 107. 

"Janus era llamado en Roma un edificio del Foro donde se reu- 
nían usureros y mercaderes. Dividíase en tres partes: summus, 
medius é imus. El medius Janus era el lugar favorito de los usu- 
reros. 

« Postquam oimiis res mea Janwn 

II. Ad inedhim fracta est, aliena negotia ctiro 
(( Exciissiis propriis. » 

« Cuando en la Bolsa me quedé perdido 
«Y mis propios negocios vi ir á menos 
«Me dediqué á cuidar de los ágenos.» (2) 

1 Poesías Selectas de varios Autores Latinos traducidas en verso cas- 
tellano, pág. 133. 

2 Horacio, Sat., II, 3 ; trad. de Burgos. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 1/5 

Nota 30, pág. 107. 

Antes que en 1598 construyera el célebre arquitecto Herrera 
la grandiosa Lonja de Sevilla (_hoy Archivo de Indias), los mer- 
caderes se juntaban para sus tratos en las gradas de la Iglesia ca- 
tedral, y á esa costumbre alude Cervantes, (i) 

Nota 31, pág. 107. 

Todos saben que Mercurio era el dios de los comerciantes. 

Nota 32, pág. 107. 

La calle de la Monterilla. El puente de piedra (llamado «de 
«los pregoneros») era el que daba paso sobre la acequia que venia 
por frente de las Casas de Cabildo y seguia por la calle del Re- 
fugio. 



Nota 



33, pag. 109. 



Véase la nota 17. Situados los interlocutores en el portal de 
Mercaderes, miraban al oriente, y los portales de que hablan son 
los de las Casas de Cabildo, que efectivamente están en el lado sur 
de la plaza. Con la descripción de Cervantes se prueba que los 
tenian las primitivas Casas de Cabildo incendiadas en 1692, con- 
tra lo que dice el Sr. Alaman en su Disertación VIII, pág. 230. 

Nota 34, pág. 109. 

Foro uti era una locución proverbial, derivada de lo que hacían 
los mercaderes, quienes no acostubraban pedir precio por sus mer- 
cancías sino hasta que llegaban al lugar de la feria, y tomaban in- 
formes del estado de los negocios, para resolver si debían vender 
desde luego y á qué precio. (2) Usábase también metafóricamente, 
por «acomodarse á los tiempos, obrando con precaución y cau- 
«tela.)) Así el famoso Pedro Simón Abril tradujo Scisti uti foro, 
por «hiciste cuerdamente.» (3) Pero no comprendo la oportuni- 
dad del proloquio en este lugar, ni la causa de haber cambiado 
Cervantes el infinitivo en imperativo. 

Nota 3^, pág. 109. 

El original dice aquí Zuazo; pero es errata evidente por Za- 
mora, pues además de que á este le tocaba responder, Zuazo es 

1 ZuÑiGA, Anales de Sevilla. 

2 Erasmo, Adagia, Ch. I, cent, i, ad. 92. 

3 Traducción de Terencio, Fhorm., Act. I, se. 2. 



176 NOTAS 

quien habla en el párrafo siguiente, y resultan dos juntos de un 
mismo interlocutor. 

Nota 2^, P%- 109. 

Por esta descripción de la antigua Casa de Cabildo (i) se ve que 
abajo tenia portales, y arriba un corredor abierto, ó mirador, lo 
mismo que el palacio de Cortés en el Empedradillo. En la ree- 
dificación hecha después de 1692, con motivo de haberla incen- 
diado la plebe en el tumulto de 15 de Enero de aquel año, se 
conservó esa misma disposición, como se advierte claramente en 
el actual edificio, sin otra diferencia que la de haberse cerrado, 
entonces ó después, los arcos, quedando un balcón en cada uno. 

Si la cárcel de ciudad estaba á espaldas de la casa de Cabildo, 
venia á quedar poco mas ó menos donde hoy está. — La carnice- 
ría, esto es, el despacho principal del obligado al abasto, ó sea el 
contratista que se obligaba á dar toda la carne necesaria para el con- 
sumo de la ciudad, estaba en la Callejuela, donde hasta hace poco 
existió, como en tiempo de Cervantes, junto á la cárcel, una gran 
tabla ó despacho de carnes. No omitiré una noticia curiosa, que 
da idea de los modestos principios de nuestra ciudad.. En cabildo 
de 9 de Marzo de 1528, Alonso Herrero y Bartolomé de Mora- 
les hicieron proposiciones para abastecer de carne la ciudad, y 
una de ellas fué la de dar «de quince á quince dias un novillo, 
«é más si fuere menester.)) — El Sr. Alaman dice que la fundi- 
ción estaba en la esquina de la i?- calle de la Monterilla, y que 
cuando se quitó de allí, compró el ayuntamiento el lugar que ocu- 
paba (2); pero la descripción de Cervantes, y sobre todo el acta 
del cabildo de 7 de Noviembre de 1533, que se citó en la nota 17, 
no dejan duda de que estaba al otro lado, en la esquina de la Ca- 
llejuela. 

Nota 37, pág. III. 

Es lástima que Cervantes no exprese el apellido ú otra seña de 
la D?" Marina, para que supiéramos si estas casas eran de la célebre 
india intérprete de Cortés, ó de la mujer del tesorero Alonso de 
Estrada, que tenia el mismo nombre. Esta figuraba lo bastante 
para dar fundamento á la creencia de que las casas fueran conoci- 
das con su nombre, y no con el de su marido. Tenemos el ejem- 
plo de que habiéndose acordado en cabildo de 22 de Noviembre 
de 1533, se notificara á los dueños de molinos, que los pusieran 



1 El día 10 de Mayo de 1532 se celebró en ella el primer cabildo. 

2 Dise7-taciones, tom. II, pág. 228. 



AL DIALOGO SEGUNDO. I77 

en corriente, la notificación tocante al que poseia el tesorero, se 
hizo á su mujer D^^ Marina. También se le nombra en el ////^r- 
r¿7^/';/¿7r/í' de D. Antonio de Mendoza (preg. 32). La otra D^ Ma- 
rina, casada con Juan Jaramillo, tenia casas en otra calle de la 
ciudad. Sea lo que fuere, no estará por demás reunir aquí las no- 
ticias que hemos hallado de la vida de esta célebre india, tan co- 
nocida entre nosotros con el nombre de «la Malinche. » 

Discrepan los autores acerca del lugar de su nacimiento. Según 
Gomara (i), «era de hacia Xalisco, de un lugar dicho Viluta.» 
Así se lee en las ediciones españolas; pero en la que hizo Busta- 
mante (2) está corregida la ortografía y añadida la interpretación: 
«Era natural de hacia Jalluco (3) ó Xallisco, de un lugar llamado 
«Huilotlan, que quiere decir, lugar de tórtolas.» (O «junto á las 
«tórtolas.))) Herrera (4) dice que «era de hacia Xalisco, al po- 
«niente de México,)) y lo mismo Torquemada (5). Mota Padi- 
lla (6) sostiene esa opinión, y su principal razón es que cuando 
Herrera lo dijo, sus fundamentos tendría para ello, «y pues dicho 
«Herrera lo afirma, debo abrazar su opinión, corno que redunda en 
ü glorias de la Galicia!)) Ixtlilxochitl (7) expresa también que era 
de Huilotlan; mas pone este pueblo, no en Jalisco, sino «en la 
«provincia de Xalacingo,)) que no es poca diferencia. Oviedo (8) 
la hace natural de la ciudad de México. Ya Clavigero (9), notó, 
y con razón, la inverosimilitud de que D?- Marina hubiera veni- 
do á dar á Tabasco desde una provincia tan remota como Xalis- 
co (10), y sigue á Bernal Díaz (11), quien dice era de Painalla, 



1 Crónica de Nueva España, cap. 26, apud Barcia, Historiadores 
Primitivos, tom. II. En el cap, 59 la llama Marieta de Vihita, como si 
fuera ese su apellido. — Prefiero citar la edición de Barcia, porque tiene 
numerados los capítulos, cosa que no sucede en las anteriores y posteriores. 

2 México, 1826, 2 toms. 4?; tom. I, pág. 41. 

3 Este JaUíico es sin duda errata por Jalisco: la 7i seria is en el MS., 
y no es temerario suponer que la equivalencia que sigue es añadidura de 
Bust amante. 

4 Déc. II, lib. 5, cap. 4. 

5 Lib. IV, cap. 16. 

6 Conq. de la N'ueva Galicia, cap. 42. 

7 Historia Chichimeca, cap. 79, apud KlNGSBOROUGH, tom. IX., 
pág. 287. 

8 Hist. Gen.yNat. de las Indias, lib. XXXIII, cap. i. 

9 Stor. Ant. del Messico, tom. III, pág. 12, nota. 

10 En Jalisco no encuentro otro pueblo cuyo nombre se asemeje al de 
Hziilotlan, si no es Jilotlan, en el partido de Zapotlan el Grande, dis- 
trito de Sayula. Es verdad que los mercaderes mexicanos corrían mucha, 
tierra; mas todas las circunstancias de la vida de D^ Marina desmienten 
ese origen lejano. 

11 Cap. 37. 



178 NOTAS 

en la provincia de Guazacualco. Por último, D. Carlos M. de Bus- 
tamante (i) nos informa de que en Acayucan decian que la pa- 
tria de D?- Marina era Xaltipan, en aquella provincia, y aun en- 
señaban su casa (2). — Bernal Diaz es quien nos refiere con más 
extensión la historia de D?- Marina, y merece todo crédito, por 
haberla conocido bien, lo mismo que á su familia. Dice que era 
hija de un cacique de la provincia de Guazacualco, y que siendo 
aun niña, perdió á su padre. La madre casó con otro cacique, 
de quien tuvo un hijo, y deseando ambos que este heredase el 
señorío, determinaron deshacerse de la hija, como lo verificaron, 
haciéndola pasar por muerta, y entregándola á unos indios de 
Xicalanco, quienes á su vez la dieron ó vendieron á otros de Ta- 
basco. Cuando llegó Cortés á aquella provincia, notando el señor 
de ella que no traia mujeres para aderezar la comida del ejército, 
le regaló veinte esclavas, entre las cuales acertó á hallarse D^ Ma- 
rina, nombre que después recibió en el bautismo. «Como era de 
«buen parecer, y entremetida y desenvuelta,» la dio Cortés á 
Alonso Hernández Portocarrero, sin sospechar entonces los gran- 
des servicios que más adelante le habia de hacer aquella esclava. 
Convienen todos en que era de notable belleza, y Muñoz Camargo 
refiere que cuando unos enviados de Moctezuma volvieron á dar 
cuenta de su comisión, dijeron que los españoles traian consigo 
una mujer «hermosa como diosa, porque hablaba la lengua me- 
«xicana y la de los dioses.» (3) Llegado el ejército á las playas 
de Veracruz, y mientras Cortés luchaba con la dificultad de no 
tener intérprete para entenderse con aquellas gentes, pues Geró- 
nimo de Aguilar que habia desempeñado ese oficio en Tabasco, 
no entendía ya el idioma del nuevo pueblo, notaron algunos que 
la D?- Marina hablaba con los enviados de Moctezuma. Supo en- 



1 Teoamoxfli, carta i% pág, 16. — Edición de GOMARA, tom. I, 
pág. 41, nota. 

2 Mi estimado amigo, el Sr. Dr, D. C. H. Berendt, me comunica la 
curiosa nota siguiente, que parece corroborar la opinión de Bustamante. 
«Todavía subsiste esta tradición en aquella costa. Hay un cerrito en la 
«salida del pueblo de Xaltipan, que lleva el nombre de la Malinche. Por 
«lo físico y por lo moral de las indias de Xaltipan, bien podria la Ma- 
« linche ser de allá. Son nombradas por su belleza, y la fama las distin- 
«gue por su ligereza, en medio de la inmoralidad general del Istmo. Un 
«extranjero se dirigió á una indita, en la calle de Minatitlan, con una 
«pregunta que mal interpretada le valió esta respuesta: N'o soy de Xal- 
v.tipan, señor. ^-^ 

3 Hist. de Tlaxcala, MS. — D^ Marina sabia las lenguas mexicana 
y maya; mas ¿por qué los enviados mexicanos hablan de llamar lengua 
de los dioses al idioma maya, que les era casi desconocido? Nada tendría 
de extraño la frase, aplicándola al castellano; pero dudo que á esa fecha 
le hablara ya D* Marina. 



AL DIALOGO SEGUNDO. I 79 

tonces el general que la lengua nativa de aquella mujer era la me- 
xicana, y como durante su residencia en Tabasco habia aprendido 
la de esa provincia, que era la maya, podia hablarla con Aguilar, 
que la sabia también, á consecuencia de su larga cautividad en Yu- 
catán. Por aquí se halló el deseado medio de comunicación, pues 
Cortés hablaba en castellano con Aguilar, este en maya con D^> Ma- 
rina, y esta en mexicano con los indios de aquella costa, volviendo 
Ja respuesta por el mismo camino. Pero pronto pudo evitarse tan 
penoso rodeo, porque D?- Marina aprendió en breve la lengua 
castellana. Poco después marchó Portocarrero á España, comisio- 
nado para llevar los presentes al Emperador, y desde entonces 
quedó D?- Marina con Cortés, sirviéndole de intérprete, y tam- 
bién de dama, por desgracia. De ella hubo el conquistador un 
hijo, llamado D. Martin Cortés. Durante toda la guerra, D^ Ma- 
rina acompañó fielmente á Cortés, con ánimo varonil (i), ha- 
ciéndole notables servicios, entre ellos el de haberle dado aviso 
de la conjuración de los cholultecas. Tuvo la fortuna de escapar 
del estrago de la Noche Triste, lo cual fué no poco satisfactorio 
para Cortés, Cuando este marchó á la expedición de las Hibue- 
ras (1524) llevó consigo á D?- Marina, y en un pueblo inmediato 
á Orizaba la casó con Juan Jaramillo, estando borrachoy agrega el 
desenfadado Gomara, cosa que Bernal Diaz contradice indirecta- 
mente. (2) Siguiendo adelante, al pasar por Guazacualco, hizo 
convocar Cortés á todos los caciques de la comarca, y entre ellos 
vinieron la madre y hermano de D?- Marina: caso que prueba 
bien que ella era de aquella comarca, y no de Jalisco. Al punto 
notaron todos la semejanza de D?- Marina con aquellos caciques: 
siguióse el reconocimiento, y el consiguiente temor de que ella 
aprovechase su posición actual para vengar el agravio recibido. 
Mas no fué así, sino que los tranquilizó, les hizo algunos regalos, 
y los perdonó, diciéndoles «que Dios le habia hecho mucha mer- 
«ced en quitarla de adorar ídolos, y ser cristiana, y tener un hijo 



1 «Digamos cómo D^ Marina, con ser mujer de la tierra, qué es- 
((' fuerzo tan vai-onil tenia, que con oir cada dia que nos habían de matar 
«y comer nuestras carnes,, y habernos visto cercados en las batallas pa- 
«sadas, y que ahora todos estábamos heridos y dolientes, jamas vimos 
«flaqueza en ella, sino muy mayor esfuerzo que de mujer.» Bernal 
Díaz, cap. 66. 

2 Este suceso inspiró á Salazar y Olarte una de sus mas estrambóti- 
cas frases: «En una aldea poco distante (de Orizaba) celebró matrimo- 
«nio D* Marina, con el capitán Juan Xaramillo, con consentimiento de 
« Hernán Cortés, cuya novedad dio á la 9?nir??niracion, lo qite pudo qui- 
ntarle á la decencia, n Lib. III, cap. 12. — Según Arróniz [Ilisí. de Dri- 
zaba, pág. 171), ese matrimonio se verificó en el antiguo pueblo de Os- 
toticpac, que estaba donde hoy el Ingenio. 



1 8o NOTAS 

nde su amo y señor Cortés, y ser casada con un caballero, como era 
«su marido Juan Jaramillo;)) con cuyo motivo, y no sin funda- 
mento, recuerda el buen Bernal Diaz la historia de José en Egipto: 
aunque es fuerza convenir en que hay gran diferencia en la casti- 
dad de los protagonistas. El historiador Prescott (i) dice que se 
hizo merced de tierras á D?- Marina en su provincia nativa, donde 
probablemente pasó el resto de sus dias, y que desde entonces 
desaparece su nombre de la historia. Lo de las mercedes de tier- 
ras creo que es cierto, mas no que pasara allá el resto de sus dias, 
pues en 14 de Marzo de 1528 se hizo merced á ella y á su ma- 
rido, de un terreno inmediato á Chapultepec. Obtuvo además un 
solar para huerta en la calzada de S. Cosme, y en 20 de Julio de 
1528 se le dio una huerta que habia sido de Moctezuma. Las 
casas de su habitación estaban en la calle de Medinas, según las 
investigaciones del Sr. Alaman. (2) Después de 1528 no encuen- 
tro ya noticias de D?- Marina, y todo induce á creer que terminó 
su vida en México, rica y estimada, pues su marido era uno de 
los principales vecinos, y desempeñó diversos cargos de impor- 
tancia, como los de regidor, procurador y alférez real. Ignoro si 
D? Marina dejó descendencia legítima: en la Residencia de Cor- 
tés se hace mención de «una hija de Marina la lengua,» (3) pero 
sin hablar del padre, tal como si fuera ilegítima. — Muñoz Ca- 
margo, en su Historia de Tlaxcalay MS., cuenta de una manera 
embrollada y muy singular la historia de nuestra D?- Marina. 
Dice, entre otras cosas, que cuando Gerónimo de Aguilar y Gar- 



1 Conq. o/ Jllexico, book VII, ch. 3. 

2 Disertaciones, tom. II, págs, 293, 294. — Según D. Carlos de Si- 
güenza y Góngora, se dio á Juan Jaramillo y á su mujer D^ Marina, para 
su habitación, la mayor parte del sitio que ocupó después el convento de 
Jesús María, lo cual, dice, le constaba «por escrituras antiguas y otras 
«memorias.» Paraíso Occidental, lih. I, cap. Ii. — En el art. Alalintzin 
áel Diccioitario Universal de Historia y de Geografia (Apéndice, tom. II, 
pág. 777), se dice que obtuvo terrenos en Xilotepec; pero desconfio de 
las noticias de ese artículo, porque contiene suposiciones aventuradas, 
y equivocaciones evidentes, como la de llamar á la esposa de Cortés 
D^ Juana Suarez, confundir los dos hijos de Cortés, el legítimo y el 
bastardo, porque ambos llevaban el nombre de Martin, &c. En la His- 
toria de Drizaba (pág, 182), hallo que á Xaramillo «le tocó parte del va- 
«lle comprendido en las tierras del Sumidero, hacia el N. E. de Orizaba.» 
El dato está tomado de unas escrituras de tierras del Sr, D. V. Madrazo, 
donde se lee que «Moyuapan, Sumidero y el molino de la puente que 
«está cabe el camino que va deste lugar á la Veracruz, perteneció al ca- 
« pitan Juan de Xaramillo, marido de D?- Marina la lengua. » 

3 Tom, I, pág. 123; tom. II, págs, 70, loi. — Las señas que dan los 
declarantes, y que no son para copiadas, no dejan duda de que se trata 
de nuestra D^í Marina; y es preciso admitir que esta hubo la hija antes de 
entrar á poder de los españoles. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. I 8'I 

cía del Pilar (sic!) (i) naufragaron en las costas de Yucatán, ya 
estaba allí D?- Marina, y el cacique la dio por mujer á Aguilar. 
A la llegada de Cortés, salió á su encuentro Aguilar «con gran 
((muchedumbre de canoas,» y con el carácter de embajador del 
cacique, en cuya ocasión fueron recogidos los esposos en la armada 
española. También Ixtlilxochitl (2) casó á Aguilar con D?- Ma- 
rina; pero no entonces, sino ((andando el tiempo.» Inútil es im- 
pugnar la historia de tal casamiento. Ya el P. Figucroa, colector 
de los MSS. de Ixtlilxochitl, anotó el pasaje, advirtiendo que 
((Aguilar era clérigo subdiácono, y así no casó ni pudo casar con 
((Marina.» Todos saben, por otra parte, las duras pruebas á que 
puso el cacique de Tabasco la virtud de Aguilar, sin lograr ven- 
cerla. 

Quédanos por tratar un punto curioso. Están contestes los au- 
tores en que el nombre de MarÍ7ia fué impuesto á nuestra india 
en el bautismo (3) ; este fué, pues, el nombre cristiano ; pero in- 
dudablemente tuvo antes otro gentil: ¿cuál era este? El origen 
del nombre Malinche, con que fué y es conocida, y que los me- 
xicanos aplicaron también á Cortés (4), se atribuye á que por ca- 
recer de la letra r el alfabeto de la lengua mexicana, los indios la 
sustituyeron con la /, como la mas análoga, y Marina se convir- 
tió en Malina, á cuyo nombre agregaron la terminación tzin, que 
denota cariño ó respeto, resultando Malintzin, como quien dice 
Marinita ó D-? Marina, y corrompido por los españoles, como 
acostumbraban, vino á quedar en Malinche. (5) Pero otros (6), 
al parecer mejor fundados, creen que el cambio del nombre siguió 
camino inverso. En la explicación de la lám. X del Códice Tel- 
leriano-Remense (7), explicación que remonta á la época del pri- 



1 Qué tiene que ver en esto el intérprete é instrumento de las mal- 
dades de Nuiío de Guzman, y de dónde sacó Muñoz Camargo tal má- 
quina de disparates, son cosas difíciles de explicar. 

2 Ubi supra. 

3 ((Que así se llamó después de vuelta cristiana.» Bernal DiAZ, 
cap. 36. 

4 «La causa de haberle puesto aqueste nombre (á. Cortés) es que co- 

«mo D? Marina nuestra lengua estaba siempre en su compañía por 

(( esta causa le llamaban á. Cortés el capitán de Marina, y para más breve 
(de llamaban Malinche; y también se le quedó este nombre á un Juan 

{(Pérez de Arteaga por causa que siempre andaba con D? Marina y 

(( con Gerónimo de Aguilar deprendiendo la lengua, y á esta causa le 11a- 
((maban Juan Pérez Malinche.» Pernal Díaz, cap. 74. 

5 Alaman, Disertaciones, tom. I, pág. 59, nota. — ClAVIGERO, Stor. 
Ant. del Mcssico, tom. III, pág. 13, nota. 

6 El finado Sr. D. José F. Ramírez, en nota manuscrita que me co- 
municó. 

7 Apud KiNGSBOROüGH, tom. V, pág. 150. 



1 82 NOTAS 

mer virey de México, se lee lo que sigue: «En este año sujetaron 
(dos mexicanos á la provincia Coatlastla (Cuetlaxtla), que está 
«veinte leguas de Veracruz, dejando sujetos todos los demás pue- 
(cblos que quedan de allí atrás. Esto fué el año de 8 casas y de 
«1461, que es esta Guazacualco, que es la provincia donde halla- 
(cron los españoles á la india Malinale, que constantemente llaman 
n Marina.)) De aquí podemos inferir que el nombre de Marina 
se le impuso en el bautismo, tal vez por analogía con el que an- 
tes llevaba, y de este, y no del nuevo, salió directamente, sin sus- 
titución de letras, el de Malintzin, con solo poner el reverencial 
tzin en cambio de la terminación, según lo pide el genio de la 
lengua. Malinalli es el nombre ó símbolo de uno de los veinte 
dias del mes mexicano, y se interpreta por «retorcedura,» del 
verbo malina, «torcer cordel encima del muslo.» (i) Es sabido 
que los mexicanos daban á los niños el nombre del dia en que na- 
cían (2), y más adelante les anadian otro, sin quitarles el que ya 
tenian. (3) En el Gomara de Bustamante leemos que «Marina 
«ó Malintzin Tenépal, que era su propia alcuña, que después se 11a- 
«mó Marina, dijo» &c. (4) Vese aquí que el nombre de Marina 
vino después, esto es, en el bautismo, y que su propia alcurnia, ó 
sea el nombre gentil, era Malintzin Tenépal. El Malintzin ó Ma- 
linalli, seria el nombre primitivo, tomado del dia del nacimiento, 
y el Tenépal (cuya interpretación no alcanzo) el que tomó ó 
agregó después, según la costumbre general, referida por el P. Mo- 
tolinia. 

Nota 38, pág. 113. 

Por cédula fechada en Barcelona á 6 de Julio de 1529, se hizo 
merced á Cortés de las casas viejas y nuevas át Moctezuma. Aque- 
llas formaban, como atrás queda explicado, la manzana limitada 
por las calles del Empedradillo, Tacuba, S. José el Real, i^ y 2^ 
de Plateros; y el sitio de las nuevas era el que hoy ocupa el pa- 
lacio nacional, perteneciéndoles también la plaza del Volador y 
la manzana de la Universidad y casas contiguas. (5) Primero las 



1 Molina, Vocabulario. — Motolinia, J/íz^z/jí:;'//!?, pág. 47, inter- 
preta «escoba.» 

2 MoTOLlNIA, Ilisí. de los Indios, trat. I, cap. 5. 

3 El señor de la provincia de Tlachquiauhco, vencido y sacrificado 
por Moctezuma I, se llamaba Malinal ó Malinalli. TorquemadA, Mon. 
Ind., lib. II, cap, 69. — Betancurt, Teatro Mexicano, Pte. II. trat. I, 
cap. 15, n? 106; cap. 19, n? 144. 

4 Ubi supra. — Sigüenza y Góngora le da también el nombre de Te- 
népal. Paraíso Occidental, lib. I, cap. II. 

5 Alaman, Disertaciones, tom. II, pág. 203. 



i 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 183 

audiencias y luego los vireyes, ocuparon las casas viejas, que el rey 
trató de adquirir, y aun dio alguna cantidad en cuenta de ellas. 
Pero luego desistió de su proyecto, y resolvió comprar las nuevas, 
como se verificó, haciéndose la escritura de venta en Madrid á 29 
de Enero de 1562, por precio de 34000 castellanos, y sus linde- 
ros se marcan del modo siguiente: 

«De la una parte, delante de la puerta principal, la dicha pla- 
«za; é por la otra parte por el un lado, que es el derecho, la calle 
«que dicen del arzobispo, é por la otra parte el acequia é agua 
«que viene por delante de la audiencia de los alcaldes ordinarios 
«y casas de cabildo é fundición, é pasa adelante por el dicho lado 
«de las dichas casas; é por el otro lado la calle real que viene del 
«hospital de las bubas, que á la esquina é remate de la calle están 
«las casas que solian ser de Domingo Gómez, que agora son de 
«Juan Guerrero y tienen una torre, y en la misma acera de dicho 
«Juan Guerrero están las casas arzobispales: de manera que tienen 
«estas casas de suso nombradas (^esto es, las vendidas,') por linde- 
«ros la calle en medio, é por las espaldas casas de vecinos parti- 
«culares, calle en medio, de manera que todo está en cuadra, y el 
«remate de dicha casa confina, esquina con esquina, con las casas 
«de Martin de Aranguren, que es lo que está por labrar y edificar 
nde las dichas casas,)) Los linderos por el frente y los dos costa- 
dos no ofrecen dificultad; pero no sucede lo mismo con el otro, 
porque hallándose entonces el hospital de las bubas ó del Amor 
de Dios en el sitio que hoy ocupa la Academia de Bellas Artes, 
la calle que viene de allí no puede ser lindero de la espalda de pa- 
lacio, siendo, como es, perpendicular á ella. Se dice también que 
«á la esquina é remate de dicha calle w están las casas «que agora 
«son de Juan Guerrero,» cuyas casas «están en la misma acera 
«que las casas arzobispales;» señas que convienen á las casas de 
Juan Guerrero donde se fundó la Universidad, en la esquina del 
Arzobispado y Seminario, y que primitivamente fueron de Pedro 
González de Trujillo. Tropiézase, sin embargo, con el incon- 
veniente de que ya se mencionó ese lindero al lado derecho, con 
el nombre de «calle del Arzobispo,» y al parecer se trata ahora 
del lindero por la espalda. 

Pero bien mirado, ¿es seguro que ese lindero de «la calle real 
«que viene del hospital de las bubas» sea en la escritura el de la 
espalda de las casas de que se trata? Leyendo atentamente el texto, 
notaremos: i9, que después de fijar el lindero hacia el sur en la 
acequia que corría por allí, prosigue diciendo: i(.é por el otro lado 
«la calle real que viene del hospital de las bubas:» no dice á las 
espaldas, y la expresión /'í7r el otro lado parece indicar oposición; 
29, que luego recapitula la demarcación, diciendo, que las dichas 
casas tienen por linderos «la calle en medio,» é inmediatamente 



184 NOTAS 

prosigue V.Í por las espaldas casas de vecinos particulares, calleen 
«medio.)) Obsérvese que en esta recapitulación junta los tres lin- 
deros norte, sur y poniente, diciendo solo «la calle en medio,)) y 
distingue el de la espalda ú oriente expresando ser de casas de ve- 
cinos particulares, también «calle en medio,)) de manera que todo 
está «encuadra,)) es decir, aislado. No seria, pues, aventurado, 
suponer que hay una doble designación del lindero al norte, pri- 
mero con el nombre de «la calle que dicen del arzobispo)) y luego 
con el de «la calle real que viene del hospital de las bubas,)) con 
cuya suposición desaparecerla toda dificultad, y quedarla claro que 
las casas de Juan Guerrero eran las de la esquina del Arzobispado 
y Seminario. Se exceptuó expresamente de la venta lo que estaba 
al otro lado de la acequia, es decir, la plaza del Volador, y el ter- 
reno de la manzana de la Universidad. 

El Sr. Alaman (i) publicó la vista del antiguo palacio, que era, 
según su dibujo, una especie de fortaleza, formada de cuatro gran- 
des patios rodeados de fábricas, con cinco torres, cuatro en las 
esquinas y una en el centro. En el entresuelo no habla ventanas, 
sino aspilleras, y los baluartes de las esquinas tenian troneras para 
artillería. En este dibujo aparece el palacio con cuatro patios: 
Cervantes solo habla de tres; probablemente el patio marcado F 
no existia en tiempo de Cervantes, pues corresponde al ángulo 
N. E. que estaba por edificar. En todo caso, el primitivo edificio 
era mucho menor que el actual. El palacio fué reedificado con 
motivo del incendio de 1692, y desde entonces no ha cesado de 
sufrir costosas variaciones. 

Probablemente no existia en tiempo de Cervantes la manzana 
de casas limitada hoy por las calles de Santa Inés, del hospital del 
Amor de Dios, Cerrada del Parque de la Moneda, y parte de la 
del Puente del Correo mayor, cuyo espacio vacío, unido á lo que 
allí estaba «por labrar y edificar)) de las casas vendidas, formarla 
una plaza no muy pequeña. Esta suposición se corrobora con lo 
que dice poco después Cervantes, es á saber, que la calle del Ar- 
zobispado acababa en plaza. 

Nota 39, pág. 113. 

Este dueño era D. Martin Cortés, que andaba efectivamente 
en España cuando se imprimieron estos DiálogoSy y no regresó 
sino hasta 1562. 

Nota 40, pág. 115. 

Mala debia ser, en verdad, la catedral primitiva, cuando Cer- 
vantes, propenso siempre á elogiar, la censuraba tan severamente. 

I Disertaciones, tom. II, pág. 197. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. %$^ 

No era más aventajado el juicio que por la misma época formaba 
de ella el P. Motolinia, como adelante veremos. El Sr. Arzo- 
bispo Montúfar escribía por su parte al Consejo de Indias en 1570 
ó 1 57 1, lo siguiente: « Dicen asimismo importa mucho se entienda 
«en la obra de esta santa iglesia, por ser esta ciudad cabeza de esta 
«Nueva España, donde hay muchos y muy suntuosos templos en 
«pueblos de indios muy pequeños, y ser la iglesia que de presente 
«tiene muy pequeña, y de muy pobres y viejos edificios, donde 
«no cabe la gente que á ella concurre las fiestas principales, y 
«siendo la matriz donde el Virey y Audiencia Real y gente prin- 
«cipal de esta ciudad concurre casi todas las fiestas y domingos 
«del año. Y cerca de esto hemos escrito muchas veces á S. M., 
«refiriendo estas y otras muchas razones, por ser cosa tan nece- 
«saria é importante.» (1) 

La investigación del origen de esta antigua catedral, está enla- 
zada con la de cuál fué la primera iglesia de México; punto muy 
oscuro, que hasta ahora no se ha resuelto de una manera satisfac- 
toria. 

Por primera iglesia no hemos de entender el lugar que al prin- 
cipio se dispuso para la celebración de los divinos oficios, sino la 
primera fábrica levantada expresamente para ese objeto. En tal 
sentido usaremos siempre la palabra iglesia. Por Bernal Diaz (2) 
sabemos que desde la primera llegada de los españoles á México 
se comenzó á decir misa en un altar formado con unas mesas que 
concluido el sacrificio se quitaban, y que después acordaron pedir 
albañiles á los mayordomos de Moctezuma, para que en el cuartel 
se hiciera una iglesia. Vino en ello Moctezuma, y en tres dias 
quedó terminada la iglesia, donde se dijo misa diariamente hasta 
que se acabó el vino : entonces se redujeron á rezar de rodillas de- 
lante del altar é imágenes. El cortísimo tiempo que se empleó 
en hacer lo que Bernal Diaz llama iglesia, manifiesta que la obra 
se redujo á arreglar uno de los aposentos y construir el altar. Co- 
mo el edificio en que se alojaron los españoles á su llegada fué el 
palacio de Axayacatl, situado en la esquina de las calles de Sta. Te- 
resa y 2?- del Indio Triste, debemos admitir que en aquel lugar 
se dijo en México la primera misa. Igualmente es de creer que 
los mexicanos destruirían aquel oratorio, al recobrar la posesión del 
palacio, después de la salida y derrota de sus molestos huéspedes. 

Vueltos estos de asiento á la ciudad, después de expugnarla, re- 
pitieron la instalación de un oratorio, no ya en sus cuarteles, pues 



1 Descripción del Arzobispado de México^ MS. — Tal vez esta carta 
del Sr. Montúfar acabó de determinar la resolución de construir la nueva 
catedral, comenzada en 1573. 

2 Cap. 93. 

24 



1 86 NOTAS 

no los tenían determinados, sino en una sala baja de las casas del 
capitán. Así lo declaran unánimes los testigos de la Residencia (i), 
y algunos agregan que Cortés hizo desocupar después la sala, para 
poner en ella las armas, quedando la iglesia debajo de un corre- 
dor que se aumentó con un cobertizo de paja para que la gente 
no estuviera al descubierto. 

Ninguno de estos dos oratorios ó capillas debe contarse por pri- 
mera iglesia de México: necesitamos, como al principio dijimos, 
buscar el primer edificio construido expresamente para el culto 
público. 

El Sr. Alaman, impugnando la opinión de Torquemada, quien 
atribuye la prioridad á la iglesia de S. Francisco, se apoya prin- 
cipalmente en la razón de no ser «de ningún modo probable que 
«Cortés, que habia hecho establecer una capilla para la celebra- 
«cion de los divinos oficios en el templo de Huitzilopochtli, antes 
«de la conquista de la ciudad, dejase á esta por varios años sin 
«iglesia hasta la venida de los franciscanos,» (2) y asegura que 
antes de la de estos hubo otras dos: «la parroquia que se formó 
«en la plaza,» y la iglesia del hospital de Jesús. Desde luego 
haremos notar que la traslación del cabildo, de Cuyoacan á Mé- 
xico, se verificó, cuando más temprano, á fines de 1522 ó princi- 
pios de 1523, y como los frailes franciscanos llegaron en Junio 
de 1524, no habia estado la ciudad varios años sin iglesia, sino 
poco mas de uno. Verdad es que aun antes de la traslación habia 
habido tiempo para hacer la grande obra de las Atarazanas^ y 
pudo haberle para hacer iglesia; pero sin duda Cortés consideró 
mas urgente la construcción de una casa fuerte, pues lo primero era 
mantenerse en una tierra recien conquistada y todavía mal segura. 

También D. Carlos de Sigüenza y Góngora se empeña en sos- 
tener (3) que Cortés hizo iglesias en la ciudad de México tan 
luego como la hubo conquistado; mas no aduce otra prueba de su 
dicho, que un pasaje del cap. 162 de Bernal Diaz, en que ha- 
blando este de la venida de Francisco de Garay á México, dice 
que «yendo (el Garay) una noche de Navidad del año de 1523 

«juntamente con Cortés á maitines después de vueltos de la 

í(. iglesia, almorzaron con mucho regocijo.» Me parece que este 
pasaje nada prueba al caso: la iglesia en cuestión seríala sala baja 
de la casa de Cortés. Bernal Díaz no halló otro nombre que darle, 
y ya vimos que también llama iglesia, á lo que no pudo ser más que 
un oratorio improvisado en el palacio de Axayacatl. Cuando más 



1 Tom. I, págs. 91, 162, 201, 257, 337; tom. II, págs. 38, 117, 134, 
[58, 197. Véase también MOTOLINIA, Hist. de los Indios, trat. II, cap. I. 

2 Disertaciones, tom. II, pág. 90. 

3 Piedad Heroica, cap. i, núms. 6, 7. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. I 87 

adelante hubo ya verdadera iglesia, la designa con el nombre de 
iglesia mayor, (i) 

Más fuerza hace á primera vista otro pasaje del mismo autor (z)^ 
donde dice que Cortés estaba siempre entendiendo «en que en la 
«población de los españoles tuviesen hechas iglesias y hospitales, m 
Pero reflexionando un poco se advierte que esta noticia se refiere 
á los tiempos inmediatamente anteriores á la llegada de los fran- 
ciscanos, y pues entonces estaba Cortés entendiendo en que hu- 
biera iglesias, es más bien una prueba de que aun no las habia. 

El cronista Herrera (3), á quien han seguido otros autores, es 
mas explícito, pues asienta que fué Cortés quien afundó la iglesia 
«mayor, y puso por basas de las columnas unos ídolos de piedra 
«que hoy se ven.» Si ^^ox fundar se ha de entender (f poner los 
«fundamentos,» no negaremos que Cortés echara los cimientos 
de la catedral antigua y pusiera en ellos los ídolos en cuestión ; pero 
que tuviera concluida iglesia alguna antes de su salida para la ex- 
pedición de las Hibueras en Octubre de 1524, es cosa que no 
puede probarse, porque ni las conjeturas de Alaman, ni las razo- 
nes de Sigüenza, resisten á la declaración expresa de los testigos 
de la Residencia: todos están contestes en que Cortés no hizo edi- 
ficar iglesia en forma; y aun cuando eran enemigos suyos, no es 
admisible que se atrevieran á mentir descaradamente, tratándose 
de un hecho tan reciente y público, tanto más cuanto que tenían 
otros muchos caminos más fáciles para perjudicar al conquistador. 
Es ademas muy notable el silencio de este, pues en ninguna de sus 
cartas habla de construcción de iglesia; cosa más importante para 
realzar sus servicios, que otras de que hace mérito en su corres- 
pondencia con el Emperador. 

El fundamento que el señor Alaman tiene para suponer, en tér- 
minos vagos, la existencia de una parroquia en la plaza, anterior 
á la catedral vieja (4), se reduce á que «cuando los franciscanos 
«vinieron habia en esta capital una parroquia de que era cura el 
«P. Pedro de Villagran, al cual en cabildo de 30 de Mayo de 1525 
«se le hizo merced de una suerte de tierra para una huerta, y en 
«el acta en que se asentó esta concesión se le intitula cura de la 
aiglesia de esta ciudad, de donde resulta probado que habia igle- 
«sia parroquial antes de la venida de los franciscanos; que nece- 



1 Cap. 185. 

2 Cap. 170. 

3 Desc7'ipcion, cap. 9; Hist. Gen., Déc. III, lib. 4, cap. 8. 

4 Llamóla catedral, porque lo fué después, y para distinguirla de la 
otra iglesia parroquial que se supone anterior á, ella y á la venida de los 
franciscanos; pero no habiendo sido erigida en catedral s\no hasta 1530, 
ya se entiende que de 1525 á 1530, solo fué iglesia 7nayor ó parroquial. 



l88 NOTAS 

(c sanamente había en ella depósito (i), y que aquellos religiosos 
«nunca administraron en esta capital como curas de los españo- 
«les.» (2) No entraré á averiguar si los franciscanos fueron alguna 
vez curas de los españoles; pero lo que no alcanzo á comprender 
es de qué manera una merced hecha en Mayo de 1525 conduzca 
á probar que habia cura «antes de la venida de los franciscanos,» 
que llevaban un año de estar en México. Por otra parte, la exis- 
tencia de un cura no incluye necesariamente la de una iglesia en 
forma con depósito: podia tener el P. Villagrá ó Villagran el tí- 
tulo de cura y ejercer las funciones de tal con los españoles, usando, 
para la administración, de la iglesia provisional de la casa de Cor- 
tés. Por último, hacia la fecha de la merced hecha al cura, se 
comenzaba (como luego veremos) la construcción de la iglesia 
mayor, y no seria difícil que con tal motivo se hubiera dado el 
nombramiento de cura al P. Villagran. Lo cierto es que en vano 
se buscaría una mención de iglesia mayor ó parroquia, antes de 
Mayo de 1525; que en ninguna parte se halla noticia expresa de 
ella, y que el P. Motolinia, testigo irrecusable, asegura que en el 
primer año de la llegada de los franciscanos, los indios se juntaban 
los domingos y fiestas en sus salas antiguas, «porque iglesia aun 
«no la habia, y los españoles tuvieron también, obra de tres años, 
«sus misas y sermones en una sala de estas que servían por iglesia, 
«y ahora es allí en la misma sala, la casa de la moneda; pero no 
«se enterraba allí casi nadie, sino en S. Francisco el viejo, hasta 
«que después se comenzaron á edificar iglesias. » (3) El testimo- 



1 Como en el Diccionario de la Academia no se encuentra la acep- 
ción que da á esta palabra el Sr. Alaman, parece oportuno advertir que 
en México se dice que hay depósito cuando se guarda constantemente en 
el sagrario de una iglesia el Santísimo Sacramento, á diferencia de otras 
en que solo se celebra el sacrificio de la Misa, consumiendo el sacerdote 
la ofrenda que ha consagrado. 

2 Disertaciones, tom. II, pág. 133. El Sr. Alaman pudo haber citado 
un cabildo anterior: el del dia 2 del mismo mes de Mayo, en que ya se 
habla del cura Villagran. — El Sr. Lorenzana {^Concilios Primero y Se- 
gundo, pág. 9) afiraia también que habia iglesia antes de la venida de los 
franciscanos, y que era cura de ella en 1523 el P. Pedro Villagrá. En 
comprobación de esto último cita los Libros de Cabildo, el Teatro Ecle- 
siástico de Indias de Gil González Dávila, y la Vida del Sr. Aguiar y 
Seixas. La primera cita no tiene lugar, porque los Libros de Cabildo 
comienzan en 1524. La segunda nada prueba, porque González Dávila 
( tom. I, pág. 7 ) solo dice, sin señalar fecha, y equivocando el apellido 
del cura, que « El primer cura de esta nueva Iglesia, que la sirvió seis 
«años, fué el Br. Pedro de Villagarcia, sacerdote clérigo, de vida ejem- 
« piar y de cumplida virtud. » La tercera se refiere al Prólogo de la Vida 
del Apóstol Santiago, por el Lie. D. José de Lezamis, autor muy posterior 
al suceso, y que no apoya su dicho en ninguna autoridad de peso. 

3 Historia de los Indios, trat. II, cap. I. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. I89 

nio no puede ser mas concluyentc. Si contamos desde la conquista 
esos tres años, durante los cuales no hubo iglesia, venimos á dar 
á mediados de 1524, que fué cuando debió de comenzar á levan- 
tarse la de S. Francisco. 

Desechada la pretensión de esa parroquia de la plaza, que á mi 
entender nunca existió, pasemos al examen de los derechos que 
se alegan en favor de la iglesia del hospital de Jesús. Sigüenza, en 
su obra Piedad Heroica de D. Fernando Cortés^ escrita expresa- 
mente para dar la historia y descripción de dicho establecimiento, 
solo pudo probar la mucha antigüedad del hospital : no que se 
hubiera fundado desde 1524. Esta fecha no tiene otra prueba que 
el acta del cabildo de 26 de Agosto de dicho año en que se hace 
mención de un hospital: «Este dia Hernando de Salazar dio una 
«petición por la cual pidió que le recibiesen por vecino, y le hicie- 
«sen merced de un solar que es en esta dicha cibdad, detrás de las 
«casas de Alonso de Grado, que es al presente hospital.)) Tam- 
poco el Sr. Alaman, con tener á su cargo el establecimiento como 
apoderado de los descendientes de Cortés, disponer de su archivo, 
y haber dedicado una buena parte de la Disertación 6?- á esa fun- 
dación piadosa, pudo presentar documento fehaciente de que da- 
tara de 1524. Pero dando por hecho que así sea, no hay dato 
alguno que nos convenza de que hubiera iglesia en él desde su 
fundación. El acta del cabildo no la menciona, ni tampoco nues- 
tro Cervantes, aunque se le ofreció ocasión para ello, y lo más 
que puede deducirse de la relación de Sigüenza es que las cere- 
monias del culto se celebraban en una sala baja. (:) 

Todos los datos que hemos examinado concurren á persuadir 
que cuando llegaron los franciscanos en Junio de 1524 no existia 
en México edificio alguno construido expresamente para servir de 
iglesia, y que la primera que hubo fué la de S. Francisco. Así lo 
afirma Torquemada (2), á quien impugna Alaman (3). Pudo este 
desechar tal afirmación por ser el cronista bastante posterior al 
suceso; pero indudablemente habría pesado más en su ánimo, si 
en su tiempo se hubiera sabido que el pasaje no es de Torque- 



1 « En la descripción de México de Francisco de Cervantes Salazar, ya 
«citada, no se hace expresa mención de que en su tiempo tuviese iglesia 

«este hospital Pero no obstante, para enterrar los enfennos que allí 

«muriesen, y para que fácilmente se les administrasen los sacramentos 
lureo que al fabricarse allá en sus principios este hospital, se le destinó 
«para iglesia el lugar mas decente y capaz que entonces hubo, y fué d qtie 
« hoy tiente la que llaman vieja, y son los bajos de la mayor parte de la 
usala grande de la enfermería que dije arriba, n SiGÜENZA, Piedad He- 
roica, cap. II, núms. 116 y 117. 

2 Lib. XV, cap. 16. 

3 Disertaciones, tom. IT, págs. 90, 133. 



igO NOTAS 

mada, sino de un cronista anterior. En efecto, es tomado del li- 
bro III, cap. 1 8 de la Historia Eclesiástica Indiana de Fr. Geró- 
nimo de Mendieta, que vino á la Nueva España en 1554. Pero 
esto aun es poco, porque tenemos el testimonio irrefragable de 
uno de los doce primeros predicadores apostólicos, llegado en 1 5 24 
y que escribía hacia 1540. Este testigo contemporáneo es el 
P. Fr. Toribio de Motolinia, quien, en el tratado II, cap. 9, de 
su Historia de ios Indios de Nueva España, dice en términos ex- 
presos: «S. Francisco fué la primera iglesia de toda esta tierra, y 
«adonde primero se puso el Sacramento.)) Si el Sr. Alaman hu- 
biera conocido este pasaje, su buena crítica le habría hecho admi- 
tirle sin discusión. Por más que se alegue (como se acostumbra 
cuando un texto destruye una opinión preconcebida) la parciali- 
dad de un religioso en favor de su orden, y su empeño en darle 
la primacía en todo, es imposible admitir que un escritor afirme 
una notoria falsedad á la faz de los contemporáneos, aun sin to- 
mar en cuenta la virtud y gravedad de un varón tan ilustre como 
el insigne misionero Fr. Toribio de Motolinia (i), cuyo testi- 
monio es para mí de tal peso, que no vacilaría en adherirme á él, 
aun cuando no estuviera apoyado por el resultado del examen que 
hemos hecho de las opiniones contrarías. 

Es, pues, seguro, á mi entender, que la primera iglesia de Mé- 
xico fué la de los franciscanos. Mas ¿dónde estuvo situada? Aquí 
comienzan de nuevo las dificultades. Si los primeros religiosos se 
establecieron en la plaza ó en la calle de Sta. Teresa la Antigua, 
es punto dudoso que discutiremos en la nota 51 ; pero es cierto 
que antes de establecerse en el sitio en que permanecieron hasta 
su extinción, habían ocupado otro. Para nuestro intento lo que 
conviene indagar es si en ese lugar primitivo edificaron iglesia. 
Convento é iglesia son cosas muy distintas, y no hay que consi- 
derar inseparable su construcción, á semejanza de lo que hizo Si- 
güenza tratando del hospital é iglesia de Jesús. Por más que he 
investigado, no encuentro mención alguna específica de la iglesia 
de S. Francisco el viejo. El cronista Betancurt (2) dice que «el 
«célebre convento mexicano, dedicado á N. P. S. Francisco, tuvo 
«su primer sitio en el lugar donde hoy está la iglesia catedral.)) 
Poco más adelante (n9 34) dice que «luego que los primeros 
«fundadores llegaron, trataron de hacer iglesia; y con mucha bre- 



1 El P. Mendieta, varón no menos respetable, atestigua la veracidad 
del P. Fr. Toribio de Motolinia, en estos términos : « El cual fué mi guar- 
«dian, y lo traté y conocí por santo varón, y por /lombre que por ninguna 
iuosa dijera sino la mera verdad, covio la mis7na razón se lo dice.y> Hist. 
Ecl. Ind., lib. III, cap. 22. 

2 Teatro Mexicano, Pte. IV, trat. 2, cap. 3, n? 2)3' 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. I9I 

«vedad, por el calor que puso el gobernador Fernando Cortés, se 
«acabó el año de 25, que fué la primera iglesia de todas las Indias.» 
Mendieta(cap. i8)dicelomismo, y señala la propia fecha de 1525. 
Torquemada incorpora en su texto el de Mendieta. Ahora pues: 
en el cabildo de 2 de Junio de 1525 se hace la primera mención 
de S. Francisco el tiuevoy y p'or ello se viene en conocimiento de 
que ya para esa fecha se hablan trasladado los frailes á su nueva 
habitación, por estar acabada la iglesia construida allí, según consta 
del testimonio de Mendieta, corroborado por Torquemada y Be- 
tancurt. ¿Es creíble que hicieran iglesia en el lugar primitivo, 
para abandonarla á poco tiempo? Si la hubo allí, ¿cómo es que 
los cronistas no la señalan por primera, puesto que el honor re- 
dundaba igualmente en favor de su orden? ¿Cómo es que no ha- 
blan de la construcción de dos iglesias, sino de una sola? Es per- 
mitido, por lo mismo, conjeturar que llegados los frailes en 1524 
se hospedaron por de pronto en cualquiera de los edificios exis- 
tentes, pues no habían de permanecer al raso mientras se cons- 
truían otros, y que acomodaron algún aposento para la celebración 
de los divinos oficios, sin tratar de levantar iglesia tal, sino hasta 
que eligieron sitio conveniente para la fundación definitiva. Esta 
suposición es muy natural, y solo por su medio se explica la falta 
de mención de iglesia en la primitiva habitación, y la fecha de 
1525 que los escritores de la orden señalan á la construcción de 
la primera. 

Los principios de ella se debieron sin duda á Cortés, pues así 
consta por testimonio de Fr. Gerónimo de Mendieta. (i) De un 
gobernador que tan devoto se mostraba de los frailes y tanta honra 
les hacia, era de esperarse que apenas llegados tratara de edificarles 
templo en que celebrasen los divinos oficios y administrasen los 
sacramentos; mas el corto tiempo de cuatro meses que trascurrió 

I « La primera iglesia que hubo en todas las Indias, de lo que se lla- 
«ma Nueva España y Pirú, fué la de San Francisco de México, la cual 
use edificó el año de mil y quinientos y veinte y cinco con mucha breve- 
«dad, porque el gobernador D. Fernando Cortés puso en la edificación 
«mucha calor, y por poca que pusiera bastara, según era la multitud de 
«la gente. Cubrióse el cuerpo de la iglesia de madera, y la capilla mayor 
«de bóveda, y en ella pusieron las armas de Cortés; no porque él la 
«oviese edificado á su costa, (que en aquellos tiempos ni muchosaños 
«después, no se les pagaba á los indios lo que trabajaban en edificio de 
«iglesias, sino que cada pueblo hacia la suya, y aun á las obras de Mé- 
« xico otros muchos pueblos ayudaron á los principios sin paga, y cuando 
«mucho daban de comer en los monesterios á los trabajadores); mas pu- 
«siéronse en aquella capilla por el mucho favor que daba á los frailes, 
«no solo en aquella obra, sino en todo lo que se les ofrecía, así de nece- 
«sidades temporales, como para la conversión y ministerio de los indios.» 
Historia Eclesiástica Indiana, lib. III, cap. 18. 



92 



NOTAS 



entre la llegada de los misioneros y la partida del mismo Cortés 
á las Hibueras no era bastante para que la fábrica llegara á su tér- 
mino. Esa circunstancia aprovechó sin duda Antonio Serrano de 
Cardona para decir, declarando en la Residencia de Cortés (i), 
que el factor y veedor en el tiempo que gobernaron, «ficieron igle- 
«sia á S. Francisco.)) Lo que hicieron seria acabar lo comenzado 
por Cortés, y no pudo ser de otro modo, pues ellos entraron en el 
gobierno á fines de 15 24 y los frailes ocuparon su nuevo local por 
Mayo de 1525, tiempo que tampoco bastaba para fabricar la igle- 
sia por entero. 

Como esta fué demolida posteriormente, no es fácil señalar el 
lugar preciso que ocupaba en el extenso terreno que poseyeron 
los franciscanos. El deseo de aclarar este punto me hizo entrar 
en una larga y prolija investigación, que fué trabajo perdido, por 
no haberme conducido á una conclusión enteramente satisfactoria. 
En la nota 51, donde se discute cuál fué el sitio que primitiva- 
mente ocuparon los franciscanos, expondré las razones de dudar 
acerca de la ubicación de la primera iglesia de S. Francisco, pues 
ahora nos hemos desviado <lemasiado del asunto principal de esta 
nota, que es averiguar cuándo y dónde se construyó la catedral 
vieja, y es ya tiempo de volver á él. 

Bien podemos creer que Cortés echó los cimientos del edificio, 
poniendo en ellos los ídolos de que habla Herrera; pero la fecha 
de su conclusión, á lo menos hasta poderse celebrar allí las cere- 
monias del culto, corresponde alano de 1525. Tenemos, en pri- 
mer lugar, á nuestro favor el testimonio de Fr. Toribio de Mo- 
tolinia, quien escribiendo al Emperador Carlos V, con fecha 2 
de Enero de 1555, le decia : «Demás desto, la iglesia mayor de 
«México, que es la metropolitana, está muy pobre, vieja, arre- 
«mendada, que solamente se hizo de prestado veinte é nueve años 
(iba: razón es que V. M. mande que se comience á edificar y la 
«favorezca, pues de todas las iglesias de la Nueva España es ca- 
«becera, madre y señora.)) (2) Si de 1555, fecha de la carta, 
restamos 29, tendremos 1526; mas como el padre escribía en el 
segundo dia de aquel año, es seguro que no le incluyó en la cuenta, 
y entonces venimos á dar en 1525. 

Confírmase este cómputo con otros testimonios fehacientes. 
Varios testigos de los que declararon en la Residencia de Cortés 
dijeron que los oficiales reales dieron principio :\ la fábrica del 
templo, lo cual ha de entenderse en el sentido de que le alzaron 



1 Tom. I, pág. 192. 

2 Colección de Documentos para la Historia de México ^ tom. I, pág. 
266. — Colección de Varios Documentos para la Historia de la Florida y 
Tierras adyacentes^ tom. I, pág. 79. 



AL DIALOGO SEGUNDO. I^^ 

sobre los cimientos echados por Cortés; y Antonio Serrano de 
Cardona precisa más la fecha, diciendo, que el factor y veedor « en 
(reí tiempo que gobernaron, que era ya ido ZuazOy ficieron iglesias 
«áS. Francisco, é comenzáronla iglesia mayor de esta dicha cibdad, 
uque antes no la había, y) (i) Zuazo fué preso y desterrado el 23 
de Mayo de l 525, y aquellos gobernadores cesaron el 29 de Enero 
de 1526. Así es que en este intermedio se levantó la fábrica, lo 
cual conviene perfectamente con la noticia del P. Motolinia. 

Ya desde entonces son frecuentes las menciones de la iglesia. 
En ella se celebraron en 1525 las honras de Cortés, cuando los 
gobernadores se empeñaron en hacerle pasar por muerto (2). El 
3 I de Mayo de l 526, estando los concejales en la iglesia para salir 
en la procesión del Corpus, les llegó la carta de Cortés en que les 
avisaba su arribo á Veracruz; en ella estaban también reunidos 
cuando presentó Luis Ponce sus provisiones el 4 de Julio (3), y 
lo mismo el dia de su entierro. (4) 

No son pequeñas las dependencias que requiere una iglesia ca- 
tedral, por pobre que sea. Las agitaciones de aquellos tiempos no 
daban lugar á ocuparse en proseguir la fábrica, ni tampoco se dis- 
tinguían por su piedad los individuos de la primera audiencia. 
Así es que el presidente de la segunda, D. Sebastian Ramírez de 
Fuenleal, llegado en 1530, tuvo que atender á la continuación 
de la obra (5), la cual no llegó á su término, según dicen, sino 
durante el gobierno del primer virey D. Antonio de Mendoza. (6) 
Aquella iglesia se consideró siempre como provisional. Vimos ya 
que el P. Motolinia dice que se hizo de prestado^ y en el cabildo 
de 19 de Febrero de 1532 se señalaron para propios de la ciudad 
unos solares inmediatos á la iglesia, comenzando el acuerdo por 
estas palabras: «Por cuanto entre las plazas de esta dicha cibdad 
«está hecha la iglesia mayor de ella, la cual se ha de hacer de 
V. nuevo, y) 

Fijada aproximadamente la fecha de la construcción de la ca- 
tedral vieja, réstanos averiguar su situación. En un manuscrito de 



1 Residencia de Cortés, tom. I, pág. 192. Las últimas palabras de la 
cita constituyen una nueva prueba de que no existió la supuesta parro- 
quia de la plaza. 

2 Bernal Díaz, cap. 185. 

3 Libro Primero de Cabildo, 

4 Carta de Diego de Ücaña, apud Col. de Doc.para la Hist. de Mé- 
xico, tom. I, pág. 529. 

5 HerreRx\, Descripción, cap. 9, — Betancurt, Trat. de la Ciudad 
de México, cap. 2, n? 25. 

6 Sariñana, Dedicación de la Iglesia de México, fol. 4. 

25 



194 



NOTAS 



D. Francisco Sedaño (i) se encuentra la singular noticia de que 
para la fábrica de la catedral «se eligió el sitio que ahora es es- 
« quina de provincia (2) y palacio arzobispal, y habiéndose co- 
cí menzado los cimientos, se abandonó el sitio en la persuasión de 
(( que el peso de la fábrica se llevarla el palacio real, que ya es- 
ataba comenzada su fábrica desde el año 1530.» Tal especie no 
está comprobada con autoridad alguna, y ofrece tantas dificulta- 
des, que no vacilo en desecharla. Yo no he hallado semejante cosa 
en ningún otro autor: el palacio real existia antes de 1530, pero 
lo labrado de él no llegaba á la esquina de provincia ; y estando 
hecha la catedral desde 1525, mal podria haber habido temor de 
que al hacerla se llevara el edificio que según el mismo autor se 
comenzó en 1530. 

Dejando, pues, á un lado la opinión de Sedaño, lo indudable 
es que la catedral estaba entre las dos plazas, como dice el Libro 
de Cabildo, esto es, entre la placeta del Marquesy frente á las ca- 
sas de este en el Empedradillo, y la plaza mayor, que quedaba 
delante de las casas nuevas, ó sea el Palacio Nacional: de manera 
que no hay duda de que estaba en alguna parte del terreno que 
hoy ocupa la catedral con su cementerio. Precisando mas la ubi- 
cación, hallaremos que era en el atrio de la actual. Aquí me per- 
mitirá el lector una digresión necesaria para determinar la posición 
de los solares que se dieron en la plaza, y por ella la de la igle- 
sia, cuya investigación conducirá también á ir fijando la forma de 



1 Noticias de México recogidas por D. Francisco Sedaño, vecino de 
esta ciudad, desde el año de 1756, coordinadas, escritas de nuevo, y ptiestas 
por orden alfabético en este año de 1800. No he visto este MS., de que 
tampoco tuvo conocimiento Beristain, á pesar de haber sido amigo del 
autor, y debo la comunicación de las noticias que uso, á mi estimado ami- 
go el Sr. D. J. M. Andrade, quien á su vez las recibió del Sr. D, José 
de Agreda. — El autor no cita sus autoridades, y hacen bastante falta para 
comprobar especies tan raras como algunas de las que arriba menciono, y 
otras por el estilo de las dos siguientes, i^ Que mientras ase daba pro- 
« videncia de fabricar catedral, se hizo una iglesia parroquial en la plaza, 
«en el sitio que los franciscanos hablan dejado.» Ellos, si es que tuvie- 
ron ese sitio, le dejaron en 1525, para pasarse al nuevo, y la catedral se 
hizo el mismo año, de modo que no hay cabida para tal parroquia. 2^ Que 
se comenzó la fábrica de la primera «catedral, á diligencias de D. Fer- 
«nando Cortés y el Ven. Illmo. Sr, D. Fr. Juan de Zumárraga.» Llegó 
este en 1528, y ya desde 1526, por lo menos, se encuentran repetidas 
menciones de la iglesia mayor. No tiene lugar el arbitrio de suponer que 
hubo en la plaza dos iglesias, una después de otra, porque el pasaje antes 
citado del P. Motolinia en su Carta al Emperador, prueba sin réplica 
que la catedral que existia en 1555 era la misma que se labró en 1525. — 
Todo esto me hace desconfiar en gran manera de las noticias de Sedaño. 

2 Dábase, y aun suele darse este nombre, á la esquina del Palacio 
que mira á norte y poniente. 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. I95 

la plaza antigua, que ofrece tantas dificultades. Para mayor clari- 
dad he formado un ligero diseño, que solo tiene por objeto pre- 
sentar la situación relativa de los solares y la distribución general 
de la antigua plaza. El lector juzgará por sí mismo, si este borrón 
va ajustado á las noticias contenidas en estas notas, y á las que 
constan en el acta del cabildo de 8 de Febrero de 1527, que con 
tal motivo me veo precisado á extractar. 

«Los dichos señores,)) (siguen los nombres de los presentes) 
«dixeron, que por quanto los dias pasados, al tiempo que el fator 
((é veedor se llamavan governadores de esta nueva España, dieron 
«ciertos solares en esta cibdad, que son frontero del Uchilobos,)) 
(el gran templo de.Huitzilopochtli) «los cuales á cabsa que des- 
ee pues de venido el señor governador, juntamente con el cabildo 
«de esta cibdad, lo repusieron é dieron por ninguno para lo tornar 
«á repartir, están despoblados é por edificar é cercar, é porque lo 
«susodicho es en perjuicio del noblecimiento de esta cibdad, é 
«porque poblándose estará mas noblecida, hizieron repartimiento 
«del dicho sytio de solares, dexando primeramente diez solares 
«para la iglesia, é cementerio, é para caseria (i), en esta manera: 

« Primeramente dixeron, que señalaban é señalaron por plaza, 
«demás de la principal que está delante de las casas nuevas del se- 
«ñor Governador, el sytio é espacio que está desocupado delante 
«de los corredores de las otras casas del señor Governador, donde 
«suelen jugar á las cañas, del mismo tamaño que agora está. 

«De pedimento de Cristóbal Flores, alcalde, los dichos señores 
«le hizieron merced en el dicho sytio de un solar que es en la es- 
« quina, frontero de las casas de Hernando Alonso herrero, é las 
«calles reales, el qual dixeron que le davan é dieron por servido.» 

Siguen las demás mercedes en iguales términos, á saber : 

A Alonso de Villanueva otro solar «linde con el dicho Cris- 
«tóbal Flores, frontero de solar del padre Luis Méndez, la calle 
« real en medio.» 

Otro á Luis de la Torre, «linde con el dicho Alonso de Villa- 
« nueva, é frontero de solar del padre Villagrá, la calle en medio.» 

Otro al escribano Pedro del Castillo «linde del dicho Cristó- 
«bal Flores, frontero de casas de Pedro de Maya, la calle real que 
«va á Iztapalapa en medio.» 



I Esta frase no quiere decir que la iglesia estuviera por hacer, sino 
que se le dejaba ese terreno para que en él se levantasen las oficinas ne- 
cesarias. Parte se destinaba para labrar las casas arzobispales, como se 
ve por el cabildo de 3 de Setiembre de 1529, en que se dispuso «que si 
«trazado la iglesia mayor é casas del obispo en el sitio que está señalado 
« donde ha de ser lo susodicho,» sobrare algún solar, que se dé á Cristó- 
bal de Barrios, 



,96 



NOTAS 



Otro al Lie. Marcos de Aguilar «linderos de el dicho es- 

(ccribano, frontero de solar de Pedro González de Trujillo.» (i) 

Otro á Juan de la Torre «linde con solar del dicho señor licen- 
« ciado, é por delante el sitio de la iglesia.» 

Otro á Gonzalo de Alvarado « linde del dicho Juan de la Torre, 
«é por delante la iglesia.» 

Otro al Dr. Hojeda, «linderos de una parte con el solar del 
«dicho Alonso de Villanueva, é de la otra con solar de Juan de 
«la Torre, é por delante la calle nueva.» 

Otro á Juan de Hinojosa, «linderos por una parte solar de Luis 
«de la Torre, é de la otra solar de Gonzalo de Alvarado.» 

« E luego los dichos señores alcalde é regidores dixeron que se- 
«ñalaban é señalaron por calle para salida é servicio de los dichos 
«solares, porque no se estorben los unos á los otros, é por ser mas 
«noblecimiento de la dicha cibdad, espacio de catorce pies, la 
«cual ha de pasar entre solar de Alonso de Villanueva é de Luis 
«de la Torre, é va á salir al sytio de la iglesia, quedando de una 
«parte solar de Juan de la Torre, é de la otra solar de Gonzalo 
«de Alvarado. 

«Este dia los dichos señores de pedimento del procurador de 
«la cibdad, dixeron : que por cuanto demás de los dichos solares, 
«sobra de la dicha traza, házia la placeta nueva, quedando del ta- 
«maño qu-e agora está, tres medios solares á la larga, que son donde 
«agora están las tendezuelas de los tañedores, que estos tres dichos 
«medios solares, como están, señalavan é señalaron para propios 
«de la dicha cibdad, por ser, como es, lo mejor é mas provechoso 
«de los dichos solares.» 

Del tenor de esta concesión se deduce que la mitad de aquel 
sitio ó poco menos se dejó para la iglesia, y la otra mitad se la re- 
partieron entre si los concejales. Porque á la iglesia se destinaron 
diez solares, y los mercedados (inclusos los tres medios aplicados 



I En cabildo de 4 de Marzo de 1527, muerto ya Aguilar, se dio este 
mismo solar á Gonzalo de Sandoval. « Este dia, de pedimento del Sr. Gon- 
ce zalo "de Sandoval, le hicieron merced de un solar que estaba dado al 
« Lie. Marcos de Aguilar, difunto, que haya gloria, que es en el sitio que 
«está tras de la iglesia, frontero de Pedro González de Trujillo.» «&c. — 
Por ambas mercedes se ve claramente que la casa de Pedro González de 
Trujillo estaba en la calle del Seminario, esquina á la del Arzobispado, 
contra la opinión del P. Pichardo, que en sus notas al Primer Libro de 
Cabildo la supone en «los cajones de fierro que miran á Palacio,» es decir, 
en la manzana que luego fué el Parían. La merced hecha á Cortés en 
1529 de las casas nuevas de Moctezuma, ó sea el Palacio, expresa que 
uno de los linderos de dicho edificio era « la calle de Pedro González de 
«Trujillo,» (Alaman, Diserí., tom. II, pág. 204); cosa muy clara estando, 
como estaba, esta casa en la esquina del Arzobispado; pero incompren- 
sible si fuera cierta la ubicación que le da el P. Pichardo. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 



'97 



Arquillo 



n 



Padre Villagrá. 



Padre L. Méndez. 



Sitio 
para Tiendas, 

de que 
se di6 posesión 

á 
Gonzalo Ruiz 

en II 

de Noviembre 

de ¡5:S3, 



Casa» de Cabildo, 



PLAZA MAYOE. 



Portal de las Floree. 







Luis 




Ahmso 


Cristóbal 






de la Torre. 




de Viltanutva. 


Flores. 


^i 


2 












1 




















1 


tí 




íí 






K 


Juan 




Doctor 


Pedro 


1 


•2 


de Ilin ojosa. 


1 


Ilvjeda. 


del Castillo. 
















2 




o 








1 










s: 






Lie. Marcos 






Gonzalo 
de Alvarado. 




Juan 
de la Torre. 


de Arrullar, 
y luego 
Gonzalo 

de Sanduval. 




Sol 


AEKS PAKA LA 


Iglesia. 





1^ -aj 



I! 



íll 



198 



NOTAS 



á los propios de la ciudad) fueron diexy medio. Si conociéramos 
con certeza las dimensiones de lo que entonces se llamaba solary 
y si estas hubieran sido siempre las mismas en todos los lugares 
de la ciudad, podríamos resolver fácilmente la cuestión propuesta 
por el Sr. Alaman (i), de si la catedral quedaba al norte ó al sur 
de la línea de la calle del Arzobispado. En otro lugar (pág. 76) 
presenté el único dato que hasta entonces tenia acerca de las di- 
mensiones de los solares, fijadas allí en veinticinco varas en cuadro. 
Pero continuando después el examen de los Libros de Cabildo, 
encontré en el acta de 9 de Febrero de 1537, que tratando de re- 
gularizar la medida de los solares se acordó lo siguiente: «Este 
«dia dijeron que por cuanto en los solares que están edificados en 
«esta cibdad, en la mayor parte de ellos son de ciento é cincuenta 
<ípiés en cuadra, é porque los solares que en principio del funda- 
amento desta cibdad se mandaron é dieron por medida de solares 
«setenta pasos en cuadra, según el tamaño é medida de los dichos 
«solares edificados, é se midió cada paso, el primero tres pies é 
«los demás á dos, que son en los dichos setenta pasos ciento é qua- 
«renta y un pies, de la cual medida asimesmo hay algunos de los 
«dichos solares edificados; é porque sobre las dichas medidas ha 
«habido é hay diferencias, acordaron é mandaron que los solares 
«que de aquí adelante se dieren e los que estuvieren por labrar y 
«edificar en ellos que se ovieren de medir, se den é midan de ta- 
«maño de ciento é cincuenta pies de marca en cuadra, é si por 
«respeto de las calles no oviere para dar el dicho tamaño, que se 
«dé lo que oviere, é que las dichas medidas se hagan comenzando 
«á medir de la parte de hacia la plaza mayor desta cibdad hasta 
«el solar que así se midiere; y desta manera se midan los dichos 
«solares, sin que en ello se haga perjuicio á ninguna de las partes, 
«ni á las calles.)) Estas medidas se confirmaron después en cabildo 
de 20 de Febrero de 1 543, cuya acta dice lo que sigue : « En este 
«dia dijeron los dichos señores justicia y regidores, que por cuanto 
«está mandado que los solares que se dieren é midieren, é se han 
«dado é no están edificados se den é midan en cantidad de á ciento 
«é cincuenta pies, é porque no haya diferencia sobre el tamaño 
«de los dichos pies, mandaron hacer é se hizo una vara que tiene 
«diez pasos de á doce puntos escasos, la cual mandaron que se se- 
«ñale é selle con el fierro desta cibdad, é que esta sea medida para 
«que se midan los dichos solares, los dados é que se dieren, é que 
«en cada uno haya é tenga por cabezada é por todas partes quince 
«varas de la susodicha, é mandaron que desta vara se haga otra 
«medida del mismo tamaño é sellada, que esté en la casa del ca- 
«bildo desta cibdad por padrón: tiene la dicha vara tres de medir 

1 Disertaciones, tom. II, pág. 176. 



AL DIALOGO SECUNDO. l.^^ 

(íé un dozavo, de lo cual y^ el dicho escribano doy fé que lo vi.» 
Hallamos, pues, que la mayor parte de los solares era de 141 pies 
ó 47 varas en cuadro, y que en lo sucesivo hablan de ser de 150 
pies; y si bien la medida que se fabricó, repetida quince veces, 
solo da 14614^ pies, la diferencia pudo consistir en la diversidad de 
varas que entonces habia. Pero también vemos que no todos los 
solares eran de igual tamaño, y que cuando por causa de' las calles 
no alcanzara el terreno para la medida expresada, se daria lo que 
hubiere. Así debió suceder con los solares de la plaza, ó tal vez 
por ser en lo mejor de la ciudad se señalaron más pequeños, pues 
contando los veintiuno y medio solares á 47 ó 50 varas en cuadro, 
no alcanza el terreno. La ubicación relativa de los solares merce- 
dados, hace creer que por el frente sur venian á alinear con las 
calles del Arquillo y el Arzobispado; y como la distancia entre 
esta linea y la de la calle de S. Francisco es menor, si los solares 
de la iglesia ocupaban la misma área que los otros, no hay más 
remedio que aumentarles de oriente á poniente lo que les falta de 
norte á sur. De esta manera queda bien formada y separada de la 
plaza mayor, \?i placeta del Marques, y se explica que la propie- 
dad de la iglesia llegue hasta cerca de la esquina de la calle de 
Plateros, según asegura el Sr. Alaman. Como no toda la exten- 
sión de los solares de la iglesia estaba cubierta de edificios, bien 
podían los interlocutores de Cervantes ver la plaza mayor desde 
la esquina del Empedradíllo y Tacuba, y las dos plazas venian á 
ser en realidad una sola. 

Hechas estas explicaciones, ya se advierte que la iglesia tenía 
que quedar en el atrio de la actual, y al sur de la línea de la calle 
del Arzobispado, porque al norte no habia lugar para ella. Así 
es que no era necesario demolerla para levantar la nueva, y si se 
resolvió su destrucción en 1626, seria para despejar el atrio, y 
porque estando ya acabada la nueva sacristía, se juzgó conveniente 
colocar el Santísimo Sacramento y celebrar las ceremonias del 
culto en un edificio que según todos los indicios era mejor y más 
decente que la iglesia vieja, (i) 

Parece indudable que esta estuvo situada de oriente á poniente. 
Dícelo expresamente Betancurt (2), y Torquemada, testigo ocu- 
lar, hablando de la plaza principal se expresa en estos términos: 
«A la parte del norte le corresponde la plazuela del Marques, en 
«la cual están sus casas, y sale la puerta del Perdón de la iglesia 
«mayor.» (3) Todos saben que altar del Perdón se llama toda- 



1 SariñANA, op. cit.^ fol. 7. — Alaman, Disertaciones, tom. II, 
261. — MS. de Sedaño. 

2 Teatro Mexicano, Pte. IV, trat. 2, cap. 3, n? 37. 

3 Lib. III, cap. 26. 



iÓO NOTAS 

vía el de la espalda del coro, en los pies de la iglesia: por tanto, 
esta tenia la puerta principal al poniente, aunque tenia otra al cos- 
tado, hacia la plaza mayor, como se acostumbra en las iglesias, 
cuando la disposición del sitio lo permite. De ambas puertas se 
habla en el cabildo de lo de Junio de 1533, expresándose que la 
una estaba «á la plaza mayor» y la otra «hacia el corral de los 
«toros.» No es la única vez que se habla de este corral. 

La catedral y sus dependencias no llenaron, según parece, el 
terreno que se les habia destinado, y en derredor de ella queda- 
ron solares vacíos, que el Ayuntamiento, en cabildo de 19 de Fe- 
brero de 1532, señaló para proptos de la ciudad. Sin duda se fa- 
bricó en ellos después, y con el tiempo vino á formarse un grupo 
de edificios en que quedó incluida la iglesia. 

Tan destituida de fundamento juzgo la especie de haber estado 
primero dedicada á Santiago Apóstol, que ni haria mención de 
tal cosa, á no tener en su apoyo una autoridad de tanto peso, para 
muchos, como la de D. Carlos de Sigüenza y Góngora. No se 
halla esa opinión en ninguno de sus escritos conocidos, sino que 
ha llegado á nosotros por medio de su amigo el cura de la cate- 
dral. Lie. D. José de Lezamis. Este, en el Prólogo de su Vida d^l 
Apóstol Santiago el Mayor ^ impresa el año de 1699, uno antes de 
lá muerte de Sigüenza, escribió lo que sigue : « También, tratando 
«de la Devoción que el Arzobispo, mi Señor, tenia al Apóstol 
«Santiago, dixe que la Cathedral de México en su principio y 
«origen, antes que fuese erigida en Cathedral, se llamó de San- 
«tiago; y entonces por la brevedad que pedia la relación que iba 
«haciendo, y por no la interrumpir con digresión larga, no hize 
«más que apuntar la noticia, la cual me pareció el aclararla agora 
«algo más. Dióme dicha noticia D. Carlos de Sigüenza y Gón- 
«gora, Cathedrático Jubilado de Matemática, y Cosmógrafo ma- 
«yor del Reino; el cual, con la grande pericia que tiene de todas 
«las historias y antigüedades de estas tierras de las Indias, en un 
«libro que intitula Tribunal Histórico, y que se está perficio- 
«nando cuando esto se imprime, con autoridades de Antonio de 
«'Herrera, Fr. Juan de Torquemada, Fernando Cortés en su se- 
«gunda y tercera carta, Bernal Diaz del Castillo en su historia de 
«la Conquista, cap. 92 y 185, y de otros autores y papeles anti- 
«guos, prueba con mucho fundamento que la primera iglesia que 
«se erigió en México fué la Parroquial en el mismo sitio donde 
«hoy está el cimenterio de la Cathedral, y qué se llamaba San- 
« tiago. Deduciendo esto, no solo de las autoridades dichas, sino 
«de varias razones y disposiciones que ha hallado en los primeros 
«libros de Cabildo de la Ciudad de México, que 70 llamé tam- 
«bien el Bezerro, de donde también infiere celebraban entonces 
«al santo como Patrón, juntamente con S. Hipólito Y esto 



AL DIALOGO SECUNDO. 20 1 

«de llamarse la iglesia de Santiago, fué á los principios de la con- 
« quista, que después perdió el nombre, ó se acabó esta iglesia, y 
«hizieron otra con título de Nuestra Señora, que servia de Par- 
«roquia. » 

Dejemos á un lado lo relativo á si hubo ó no parroquia en la 
plaza antes de la catedral, por ser punto discutido ya, y tratemos 
solamente de averiguar si en efecto la primitiva iglesia tuvo al- 
guna vez la advocación de Santiago. Creemos que todo el funda- 
mento de esa opinión estriba en el cap. 92 de Bernal Diaz, donde 
narra la visita de Cortés al templo mexicano, en compañía de 
Moctezuma. Los historiadores de la conquista (i), y también Si- 
güenza, según se advierte, han entendido que esta visita fué al 
templo mayor de México ; mas por la narración de Bernal Diaz 
se viene en conocimiento de que no fué sino al templo de Tía- 
telolco. Comienza diciendo que Cortés quiso ir á la plaza mayor 
á ver el gran adoratorio de Huitzilopochtli; que al efecto pidió 
permiso á Moctezuma, y que este se ofreció á acompañarle, te- 
meroso de que los extranjeros cometieran algún desacato contra 
sus dioses. Hasta aquí parece que se trata de la plaza mayor de 
México; pero el historiador prosigue refiriendo que Moctezuma 
se adelantó, y luego Cortés, á caballo, con la mayor parte de los 
españoles, fueron «al Tatelulco, w y cuando llegaron « á la gran 
aplaza que se dice el Tatelulco,)) quedaron admirados de lo que 
vieron en ella. Aquí describe largamente Bernal Diaz aquel fa- 
moso mercado, y concluye diciendo que en un dia no se podía 
ver todo, «y fuimos al gran cu, é ya que íbamos cerca de sus gran- 
ndes patios, é antes de salir de la misma plaza, estaban otros mer- 
((caderes, que según dijeron eran que tenian á vender oro en gra- 
«nos, j) &c. Sigue la descripción del templo y de los ídolos, y 
añade que «desde que ganamos aquella fuerte y gran ciudad, y se 
«repartieron los solares, que luego propusimos que en aquel gran 
«cu habíamos de hacer la iglesia de nuestro patrón y guiador San- 
«tiago, é cupo mucha parte de solar del alto cu para el solar de 

«la santa iglesia Dejemos esto, y digamos de los grandes y 

«suntuosos patios que estaban delante del Huichilobos, adonde 
zahora está el señor Santiago, que se dice el Taltelulco, que así se 
«solía llamar.» Extraño, como es, que la primera visita del con- 
quistador fuera al templo de Tlatelolco y no al de México, que 
era el principal y estaba más cerca, no puede deducirse otra cosa 
de esta relación de un testigo ocular. Mas sí se pretende que con 
el trascurso del tiempo confundió las especies, y la visita no fué 
al Tlatelolco, á lo menos las últimas palabras citadas son decisi- 
vas, en cuanto á que allí habia un templo con su ídolo Puitzilo- 

I Prescott, Conq. o/ México, book IV, ch. 2. 

26 



202 NOTAS 

pochtli, y que en su patio y no en el templo de México, se hizo 
la iglesia de Santiago. Eso se corrobora con otro pasaje del ca- 
pítulo 185, donde cuenta Bernal Diaz, que ayendo un vecino 
((una noche pasada cerca del Taltelulco, que es la iglesia del se- 
«ñor Santiago, donde solia estar el ídolo mayor, que se decia 
«Huichilobos, que vio en el patio,» &c. Esto se refiere al año 
de 1525, y de paso confirma que en Tlatelolco hubo templo é 
ídolo de Huitzilopochtli. Podría alegarse que Bernal Diaz escri- 
bió muchos años después, cuando ya existia en aquel lugar el con- 
vento é iglesia de los franciscanos con la misma advocación de 
Santiago, que aun conserva, y que á esa iglesia se referia. Pero si 
la primitiva estuvo en la plaza de México, ¿ cómo es que nadie la 
menciona, ni se encuentra tampoco la menor alusión á ella en los 
Libros de Cabildo? Debemos concluir de todo, que la iglesia de 
la plaza estuvo desde su origen consagrada á la Virgen María, 
como consta de la Bula de su erección en catedral, dada en 1530, 
y que si los conquistadores tuvieron intención de erigir allí su 
iglesia de Santiago, no la llevaron á efecto. La advocación que 
tomó el convento franciscano de Tlatelolco, es también un indicio 
de que á aquel lugar se referia el propósito de los conquistadores. 

Nota 41, pág. 117. 

Por cédula de 29 de Noviembre de 1540 admitió y declaró el 
Emperador por de su patronato el hospital real del Amor de Dios, 
y el Sr. Zumárraga hizo la fundación jurídica á 13 de Mayo de 
1 541, ante Juan de Zarago*za, siendo testigos el chantre Diego 
de Loaysa, el Dr. Rafael de Cervantes, y los canónigos Juan Juá- 
rez, Diego Velazquez, Rodrigo de Ávila y Francisco Rodríguez 
Santos. En ese documento expresa el señor obispo, que había 
dispuesto privadamente ese hospital algunos años antes, porque no 
recibían en el hospital que había en México á los bubosos, ó sea 
enfermos del mal venéreo (i). Para formar idea de la necesidad 
de ese hospital, y de cuan benéfica fué su fundación, conviene re- 
cordar la furia con que en aquellos tiempos se cebaba ese mal en 
todas las clases de la sociedad indistintamente. Nada hay mas común 
que leer de cualquier conquistador que «estaba malo de bubas. w (2) 
El médico Cárdenas, que vino á la Nueva España hacia 1577, é 



1 SiGüENZA, Piedad Heroica, cap'. 2, n? 10, 

2 «E luego nos bajamos las gradas abajo, y como eran ciento y ca- 
« torce, é algunos de nuestros soldados estaban malos de bubas, ó humores, 
«les dolieuon los muslos de bajar.» Bernal Díaz, cap. 92. En la enu- 
meración de los conquistadores (cap. 204) menciona muchos enfermos 
de ese mal. 



AL DIALOGO SEGUNDO. ZOj 

imprimió su obra en 1591, nos hace ver que aun entonces con- 
servaba la enfermedad mucho de su primitiva fuerza, y entre otras 
muchas cosas dice: «Esta enfermedad, no poco infernal, maligna 
«y perniciosa.... tan deveras aflige, apremia y atormenta á los 
«hombres, sin hacer excepción alguna, que ya se usa decir en las 
«Indias, que no es hombre honrado el que no tiene un cierto 
«ramillo ó rastro deste achaque; y así es tan negro de usado un 
«parche de terciopelo negro en el rostro, un chichón en una 
«sien, una señal con falta de hueso en la frente, que casi no se 
«echa de ver en ello. » (i) 

El hospital del Amor de Dios se refundió en el de S. Andrés, 
en 1788, según Carrillo y Pérez (2). Ocupaba el sitio en que 
hoy está la Academia de Nobles Artes de S. Carlos. 

Nota 42, pág. 117. 

Este pasaje confirma lo dicho en las notas al Diálogo anterior, 
es á saber, que la Universidad fué fundada en las casas de la es- 
quina de las calles del Arzobispado y del Seminario. 

Nota 43, pág. 119. 

Estaban los interlocutores en la esquina de las calles de las Es- 
calerillas y el Seminario, y vcian por consiguiente las calles de las 
Atarazanasy esto es, las de Sta. Teresa la Antigua, Hospicio de 
S. Nicolás y siguientes, así como la de Iztapalapan, ó sean las del 
Seminario, frente del Palacio, Flamencos, Bajos de Portaceli, y 
demás en la misma línea: el puente de piedra era el que daba paso 
sobre la acequia que venia cruzando por el costado del palacio. 
Esta calle de Iztapalapan era entonces la principal de México, y 
en la que tenían sus casas los vecinos más notables, según dice des- 
pués Cervantes. Las Atarazanas eran la fortaleza ó arsenal que 
Cortés mandó construir inmediatamente después de la toma de la 
ciudad, para guardar los bergantines. Descríbela en su Cuarta Re- 
lación, § XVI. Hoy no queda de ella ni rastro que ayude á fijar 
su situación : debió estar en algún lugar inmediato á la garita de 
S. Lázaro. 

Nota 44, pág. 119. 

Las tres calles que había que pasar para llegar á Sto. Domingo 
eran la i^ del Reloj, 2^ de id., y Sta. Catalina de Sena; pero 

1 Primera Parte de los Problemas y Secretos maravillosos de las In- 
dias, fol. 190. No he logrado ver este libro: tomo la cita de un apunte 

^ MS. del Sr. D. J. F. Ramírez. 

2 México Católico, MS., lib. IX, cap. 2. 



lÓzj. NOTAS 

propiamente hablando, no bastaba pasar aquellas tres calles para 
llegar á Sto. Domingo, sino para ponerse en la misma línea que 
el convento, pues para llegar á él aun quedaba por andar la calle 
de la Perpetua, como en efecto la anduvieron los interlocutores. 

Nota 45, pág. 121. 

Desde 1524 vemos figurar al Dr. Pedro López como médico 
de Cortés en la expedición de las Hibueras. Envióle este desde 
Trujillo á la isla de Santo Domingo en busca de socorros, y en la 
travesía padeció naufragio, de que escapó en una tabla (i). Hubo 
de ser tenido en México por muerto, como todos los de aquella 
expedición, porque durante ella, el 15 de Diciembre de 1525, su 
mujer, Ana de Castellanos, pidió al cabildo que le diese por ser- 
vida una tierra para huerta que estaba dada á su marido, porque 
«agora con necesidad que tenia para criar y sustentar ciertos hijos 
«suyos é del dicho su marido, la había vendido. » Volvió, sin em- 
bargo, el licenciado, asistió á Luis Ponce en su última enferme- 
dad (1526), y fué el primer protomédico de México, recibido 
por tal en cabildo de 1 1 de Enero de 1527. Tres días después, 
el 14, se le hizo merced de un solar en la calle de la Perpetua, 
donde labró las casas de que habla Cervantes. Ya desde 27 de 
Abril del año anterior, antes de recibirle por protomédico, se le 
había dado una huerta en la calzada de Chapultepec: no sabemos 
si fué una revalidación de la que se le había concedido antes, ó 
una nueva merced. 

Aunque la cátedra de medicina de la Universidad de México 
no se fundó sino hasta el zi de Junio de 1578, el Líe. Pedro Ló- 
pez fué el primero que se graduó de doctor en dicha facultad á 
principios de Setiembre de 1553. Su muerte debió ocurrir poco 
después, puesto que en 1554, 7^ ocupaban sus hijos la casa de la 
calle de la Perpetua. Aunque no tengo fundamento seguro para 
ello, creo cierto que entre esos hijos hubo uno del mismo nom- 
bre y profesión del padre. Hallo que en el cabildo de 4 de Agosto 
de 1536 fueron nombrados protomédicos y visitadores de boticas, 
el licenciado Pedro López y el doctor Méndez. El otro Pedro 
López era doctor y no licenciadoy y había sido nombrado proto- 
médico cerca de diez años antes. Fuera de esto, es imposible atri- 
buirle lo que vamos á referir, sin suponer que muriera centenario, 
y sin desechar un testimonio de tanto peso como el de nuestro 
Cervantes. El hijo, pues, « tan docto como dado á la caridad, w ( 2) 
seria el que fundó en 1572 el hospital de S. Lázaro, y diez años 

1 Bkrnal Díaz, caps. 174, 183. 

2 Prólogo de los Estatutos de la Universidad. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 20^ 

después, en 1582, el de S. Juan de Dios, con el título de la Epi- 
fanía, para curación de mulatos y mestizos: luego estableció allí 
mismo una casa de niños expósitos, y una cofradía de personas 
distinguidas que los recogiesen y cuidasen. Grata debe sernos la 
memoria del caritativo Dr. Pedro López, por haber sido el pri- 
mero que fundó entre nosotros un asilo para esos seres desvalidos, 
más de sesenta años antes de la memorable asamblea en que el glo- 
rioso S. Vicente de Paul los colocó bajo la protección de las pri- 
meras damas de París, y casi dos siglos antes de que el lllmo. Sr. 
Arzobispo Lorenzana inmortalizase su nombre con la creación del 
establecimiento de que hoy goza la capital (i). Er^tregó el hos- 
pital en 1604 el Dr. D. José López, hijo del fundador, á los re- 
ligiosos de S. Juan de Dios, quienes le dieron el nombre de su 
patrono, y la Cuna permaneció allí, por lo menos hasta 1694 (2). 
El Dr. López se retiró á acabar sus días en el hospital de S. Lá- 
zaro que habia fundado. Vivía aun en i 596, año en que otorgó su 
testamento, instituyendo por sus herederos y patronos del hospital 
á sus hijos el Dr. D. José, cura del Sagrario, el Dr. D. Agustín, 
D. Nicolás, D?- Catarina, D?- María y D?- Juana, habidos legíti- 
mamente, de la Sra. D'^ Juana de León (3); nueva prueba de que 
el médico de Cortés, y el autor de estas fundaciones son dos per- 
sonas diversas, aunque iguales en nombre y profesión. La mujer 
del primero se llamaba Ana de Castellanos, y la del fundador de 
los hospitales Juana de León; esto se explicaría á todo rigor, ad- 
mitiendo dos matrimonios sucesivos, aunque no deja de hacer 
fuerza en contra la circunstancia de que todos los hijos nombrados 
en el testamento son de D?- Juana, constando que D^^ Ana los tuvo 
también; pero lo imposible de concordar, si no hubo mas que un 
Dr. Pedro López, es que en 1554, muchos años antes de que 
fundara el hospital en que fué á acabar sus días, hable de él Cer- 
vantes en pretérito, dando á entender que ya era fallecido: inter- 
pretación que se confirma con la noticia de que sus hijos eran los 
que entonces ocupaban la casa. 

1 TORQUEMADA, Moil. Illd., lib. III, Cap. 20. — OROZCO Y BeRRA, 

apud Dice. Univ. de Hist. y de Geog., tom, V, págs. 751, 760. 

2 En un sermón intitulado Tránsito gloriosisinio de la Virgen Maria^ 
que predicó el P. Fr. Pedro Antonio de Aguirre en la fiesta de la Cofra- 
día del Tránsito de Nuestra Señora, en la iglesia de S. Juan de Dios, el 
22 de Agosto de 1694, se halla una dedicatoria, donde el mayordomo de 
la Cofradía, Nicolás de Navanete, dice lo que sigue: «Esta es la coro- 
«nada feliz Cofradía de el Tránsito de Nuestra Señora de los Desampa- 
«rados, que mas ha de ciento diez años, mas ha de un siglo que florece 

«y dura Cuidó desde su cuna la Ccjfradía de los inocentes niños, y de 

«la sepultura de los ajusticiados malhechores.» 

3 Memoria de la Corporación Municipal que funcionó en 1 85 1, 
pág. 256. 



206 NOTAS 



Nota 46, pág. 121. 

Cicerón, De Officiis, lib. I. — El texto citado es á su vez una 
cita de Ennio en Cicerón. Dice así el pasaje : « Odiosum est enim 
(( cum a prcetereuntibus dicitur : 

« Oh D0771US antiqua^ heu ! quam dispari 
« Dominare domino. 

« ^od quidem his temporibus in multts licet dicere : » cuya obser- 
vación es tan aplicable hoy á muchas casas como en tiempo de 
Cicerón. Se ve que el Dr. Cervantes alteró algo las palabras del 
texto : probablemente citó de memoria. 

Nota 47, pág. 125. 

Discrepan algún tanto los autores acerca de las circunstancias 
que determinaron el establecimiento de la orden de Predicadores 
en México. Su principal cronista, Dávila Padilla (i), dice que 
habiendo llegado á noticia del general Fr. Francisco Silvestre de 
Ferrara la conquista de México, escribió en 1526 al provincial 
de Castilla mandándole que enviase frailes á la nueva tierra, y que 
se ofrecieron voluntariamente al viaje cinco religiosos, entre ellos 
Fr. Tomás Ortiz. El P. Remesal (2) refiere que estaban en Es- 
paña á negocios graves de la orden, Fr. Tomás Ortiz y Fr. An- 
tonio Montesinos, del convento de la isla Española, cuando lle- 
garon en 1522 las nuevas de las victorias de Cortés, quien pedia 
religiosos para doctrinar á los indios, y con tal motivo el obispo 
de Osma D. Fr. García de Loaysa, dominico, que ya en 1523 
entendía en las cosas de las Indias, aunque no fué nombrado pri- 
mer presidente del Consejo de ellas sino hasta el año siguiente 
de 1524, determinó enviar doce religiosos de su orden y otros 
doce de la de S. Francisco. Nombró al P. Fr. Tomás Ortiz por 
vicario general de los dominicos; y al P. Montesinos, que se ha- 
bía de quedar en la Española, se le dieron ademas seis religiosos 
para fundar un convento en Puertorico. Fr. Juan José de la Cruz 
y Moya (3), aunque generalmente sigue á Remesal, discrepa en 
un punto importante, pues asegura que el prelado de la Española, 
noticioso de lo ocurrido en México, despachó expresamente á los 
PP. Ortiz y Montesinos para solicitar el envío de una misión de 
la orden á la Nueva España, y ellos lo consiguieron. 

Fr. Antonio Montesinos y sus frailes se embarcaron, y vinie- 

1 Hist. de la Prov. de México, lib. I, cap. introduct. 

2 Hist. de la Prov. de Chiapa, lib. I, caps, 5 y 6. 

3 Hist, de la Prov. de Santiago^ MS., lib. I, cap. 3. Este autor es- 
cribía en 1757. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 207 

ron juntos con los franciscanos hasta Santo Domingo. Estos prosi- 
guieron luego su viaje, y los dominicos se quedaron allí en espera 
de Fr. Tomás, detenido en España por disposición del obispo 
Loaysa, que queria consultarle algunos asuntos graves relativos á 
Indias, de los muchos que entonces se ventilaban. Alargóse la de- 
tención más de lo pensado, y el embarque de Fr. Tomás no se 
verificó sino hasta el 2 de Febrero de 1526, en el mismo navio 
que traia al Lie. Luis Ponce, encargado de tomar residencia á 
Cortés. Vinieron voluntariamente con el P. Ortiz cuatro religio- 
sos de la provincia de Castilla, llamados Fr. Vicente de Santa 
Ana, Fr. Diego de Sotomayor, Fr. Pedro de Santa María y Fr. 
Justo de Santo Domingo. Al pasar por Andalucía se les agrega- 
ron otros tres, que fueron Fr. Pedro Zambrano, Fr. Gonzalo 
Lucero, diácono, y Fr. Bartolomé de Calzadilla, lego. No quiso 
el vicario traer consigo mas que estos siete, porque esperaba com- 
pletar el número de doce en la isla de Sto. Domingo, donde sabia 
que estaban, ademas de los que el P. Montesinos habia llevado, 
el célebre P. Fr. Domingo de Betanzos y otros discípulos del fun- 
dador Fr. Pedro de Córdoba. Juntáronsele allí en efecto el P. Be- 
tanzos y los PP. Fr. Diego Ramírez, Fr. Alonso de las Vírgenes 
y Fr. Vicente de las Casas, novicio (i). Mas según dice Reme- 
sal (2), debieron venir en aquellos dias otros padres, porque en 
el libro de las profesiones aparecen por entonces las de Francisco 
de Mayorga, recibido por Fr. Reginaldo de Morales; de Fr. Fran- 
cisco de Santa María y de Fr. Bartolomé de Santo Domingo. Pero 
estos profesos pudieron ser de los vecinos de México, como lo 
indica Dávila Padilla. (3) 

Este mismo cronista dice que llegaron los primeros padres á 
México el 23 de Junio de 1526, víspera del precursor S. Juan, 
lo cual contradice Remesal con buenos fundamentos; y sin fijar 
día, se inclina á creer que fué uno de los inmediatos á la fiesta de 
Santiago, 25 de Julio, de donde vino que la provincia tomase por 
patrono á este santo apóstol (4). El P. Cruz y Moya es de la 
misma opinión, y según una nota que copia del libro antiguo de 
profesiones, la llegada á Veracrux fué el dia de S. Juan Bautista, 



1 Mendieta {Hist. Ecl. Ind., lib IV, cap. i ) llama Ridz al P. Ra- 
mírez; pone entre los primeros á Fr, Tomás de Berlanga, qne llegó des- 
pués; omite á Fr. Alonso de las Vírgenes, y cambia algunos de los que 
vinieron de España por otros de los agregadpsen Sto. Domingo. 

2 Lib. I, cap. 7. 

3 Lib. I, cap. 15, al principio. — BuRGOA, Palestra Historial, cap. 4, 
fol. 12. 

4 Otros dicen que esta advocación vino de que el P. Betanzos llegó 
á México el 24 de Julio de 1533, trayendo la patente del general para 
erigir esta provincia. Diccionario Universal, tom. V, pág. 681. 



■208 NOTAS 

habiendo consistido el error de Dávila Padilla en haber tomado 
el dia de la llegada á Veracruz por el de la entrada en México. 
Concuerdan bien estas fechas con las del viaje de Luis Ponce, 
pues habiendo venido este por la posta, á instigación de los ému- 
los de Cortés, que le persuadían ser muy necesaria su presencia 
en la capital para evitar graves males, llegó á ella el 2 de Julio; 
y los padres dominicos, que venian á pié y no tenían motivos para 
apresurarse, no es extraño que gastaran casi un mes en el camino: 
tanto más, que es probable se detuvieran en algunos pueblos para 
descansar ó para ir tomando conocimiento de la tierra. 

Llegados á México, se hospedaron en el convento de los fran- 
ciscanos, donde permanecieron tres meses; y por Octubre se pa- 
saron á habitar en una casa que les donó la devota familia de 
Guerrero, y estaba en la esquina de las calles de la Perpetua y 
Sepulcros de Sto. Domingo, en el mismo lugar donde después se 
levantó el edificio de la Inquisición^ que hoy sirve de Escuela de 
Medicina. El clima probó tan mal á los recienvenidos, que den- 
tro de un año murieron cinco, á saber, Fr. Pedro de Santa María, 
Fr. Justo de Santo Domingo, Fr. Vicente de Santa Ana, Fr. Diego 
de Sotomayor, y el lego Fr. Bartolomé de Calzadilla. Otros ase- 
guran que el navio de Luis Ponce se apestó, y murieron muchos 
de los pasajeros en la travesía, entre ellos dos de los religiosos do- 
minicos (i), y que desde entonces vinieron contagiados los que 
después murieron en México. Algo de ello pudo haber, porque 
no se observa que el clima causara igual estrago en los otros mi- 
sioneros; pues si bien, años adelante enfermaron igualmente los 
padres jesuítas al llegar á México, y falleció el P. Bazan, medió 
también la circunstancia de haberse apestado la flota en que vi- 
nieron (2). Viendo aquello, determinó el vicario Fr. Tomás Or- 
tiz volverse á España, como lo verificó á fines del mismo año de 
1526 (3), llevándose consigo á Fr. Pedro Zambrano, Fr. Diego 
Ramírez y Fr. Alonso de las Vírgenes, y perdiendo así el glo- 
rioso título de fundador de la provincia mexicana, adjudicado por 
unánime consentimiento al P. Fr. Domingo de Betanzos, que 
quedó en México solo con Fr. Gonzalo Lucero y Fr. Vicente 
de las Casas, ya profeso. Fr. Tomás Ortiz obtuvo en España el 
obispado de Santa Marta, y nunca volvió á México. No puede 
menos de notarse la diferencia entre las misiones de franciscanos 
y de dominicos, y entre sus respectivos prelados. Bernal Díaz nos 



1 Herrera, Déc. III, lib. 9, cap. 8. — Ninguno de los cronistas de 
la orden habla de la muerte de estos religiosos en el mar. 

2 Florencia, Historia, lib. III, cap. 2, 

3 Los cronistas dicen que en 1527; pero de carta de Cortés, fechada 
el 12 de Enero de 1527, consta que ya se había marchado el P. Ortiz. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 



209 



refiere que todos los que vinieron con Fr. Tomás Ortiz decian 
«que era mas desenvuelto para entender en negocios, que para e'l 
«santo cargo que traia, )> y le atribuye una parte activa, nada hon- 
rosa por cierto, en las negociaciones entre Cortés y Luis Ponce (i). 
Tal acusación irritó sobremanera al P. Cruz y Moya (2), y le 
hizo escribir denuestos contra el pobre Bernal Diaz, á quien trata 
de rudo hombre, codicioso, ciego, embustero, insipientísimo, &c., 
y de paso se llevó de encuentro á su editor el P. Fr. Alonso Re- 
mon, haciéndole cargos por no haber quitado de la obra aquellas 
cosas «que conocidamente eran imposturas, calumnias y falseda- 
« des, )) así como añadió otras « según en muchos pasajes lo muestra 
«la variedad del estilo.)) Medrados estábamos con que los edito- 
res tuvieran la facultad (que harto mal se arrogan) de descartar á 
su arbitrio lo que juzgaran falso; y en el presente caso se habría 
equivocado redondamente el P. Remon, si hubiera obrado con- 
forme á los deseos del P. Cruz, porque habría quitado lo verda- 
dero y no lo falso. Intentó el P. Cruz probar la coartada, fundado 
en que los padres dominicos llegaron á México después de muerto 
Luis Ponce, y por lo mismo no pudo tener parte el vicario en las 
pláticas entre el visitador y Cortés. Llevado del celo por la honra 
de su hábito, no reflexionó el cronista que el vicario pudo venir 
por la posta con Ponce, dejando atrás los demás frailes; y por des- 
gracia para el acusado y su defensor, no solo está probada con 
documento irrefragable la venida del P. Ortiz en compañía de 
Ponce, sino todo cuanto dice de él Bernal Diaz, y aun más. Véase 
la carta que el mismo Hernán Cortés dirigió al obispo de Osma 
desde Cuernavaca, con fecha 12 de Enero de 1527 (3), y allí se 
encontrarán cosas que no quiero repetir aquí. Perdóneseme esta 
digresión en defensa de la veracidad de nuestro inestimable cronista 
Bernal Diaz. 

Viéndose casi solo en México el buen Fr. Domingo de Betan- 
zos, llegó á temer que por su muerte acabase la fundación, y aun 
convino con Fr. Martin de Valencia, superior de los franciscanos, 
que en tal evento este recogería los frailes que quedaban desampa- 



1 Cap. 191. — El sacudido Gomara no se detiene en decir que para 
« religioso eva escandaloso, «y añade: «Quería el íVaile con esto (sus in- 
« trigas entre Cortés y Ponce) ganar con el uno gracias, y con el otro 
«blancas.» CVí?«íV<z, cap. 179. 

2 Lib, I, cap. 5. 

3 Esta carta está en la Colección de Documentos Inéditos para la His- 
toria de España, tom. I, pág. 27 ; en las Antiqtdties of México de KiNGS- 
BOROUGH, tom. VIII; en la colección de Gayangos, pág. 493, y en los 
Escritos sueltos de Hernán Cortés. — Véanse ademas la Relación de los 
servicios del\Marqiies del Valle, apud Colección de Docu77ientos para la 
Historia de México, tom. II, pág. 43, y el pasaje arriba citado de Gomara. 

27 



2IO NOTAS 

rados. Afortunadamente no se realizaron sus temores, y habiendo 
llegado Fr. Vicente de Santa María con seis compañeros, el año 
de 1528, se sostuvo la fundación, y fué creciendo hasta formar 
provincia separada, erigida en 1532, con título del Apóstol San- 
tiago. 

El convento primitivo era estrecho y desacomodado, si bien 
dio lugar para formar, ademas de las viviendas de los padres, una 
pequeña iglesia y una cárcel segura para los reos del Santo Oficio. 
Deseando mejorar la fundación, obtuvo Fr.' Tomás Ortiz (i) una 
real cédula fecha 28 de Junio de 1527, en que se mandaba que á 
los dueños de los solares donde se pretendía hacer la dicha funda- 
ción se diesen otros equivalentes, y que se ayudase á los religiosos 
con mil quinientos pesos para la obra (2); pero habiéndose re- 
tardado la llegada de la cédula, poseyeron los religiosos el sitio, 
no en virtud de ella, sino en parte por compra de cuatro solares 
hecha en 13 de Octubre de 1527 á Alonso García, Blas Hernán- 
dez, Alonso y Francisco de Lara; y en parte por donación que 
el Sr. obispo Garcés hizo á su favor, de dos solares que le dio la 
ciudad el 4 de Abril de 1528 (3). Con eso completaron el cuadro, 
y tuvieron también derecho ala plazuela, que les concedió la cé- 
dula citada, prohibiendo edificar en ella, para que el convento 
quedase desahogado, y se pudieran celebrar con mayor pompa las 
solemnidades religiosas. 

La fábrica del convento é iglesia se adelantó lo bastante para 
que en 1529 se mudasen los religiosos al nuevo local. La obra se 
hizo á costa del trabajo de los indios, por lo cual la reina repren- 
dió severamente á los religiosos (4). A esta iglesia debe referirse 
la descripción de Cervantes. Pocos años después amenazaba ruina, 
y se mandó reedificar á costa de la real hacienda (5). Tan libe- 
ral anduvo la corona, que solo Felipe II gastó en la obra mas de 
ciento sesenta mil pesos, según consta de una cédula de Felipe III, 
fecha 29 de Septiembre de 1602. Esta explicación concilia los dos 
hechos de haber iglesia en tiempo de Cervantes, y de haberse de- 
dicado en 1575 y consagrado en 1590, como se lee en el Diccio- 
nario Universal de Historia y de Geografía (6) pues se trata de 



1 P. Cruz y Moya, lib. I, cap. 16. 

2 Herrera, Déc. IV, lib. 2, cap. 2. 

3 P. Cruz y Moya, ubi supra. — Libro Primero de Cabildo. 

4 Medina del Campo, á 19 de Diciembre de 1531. PuGA, Cedulario, 
fol. 73. 

5 «Me ha sido fecha relación que la iglesia del dicho moneste- 

«rio se cae toda, y que assí los religiosos del como el pueblo, pasan cada 
M dia gran peligro, con temor que se ha de caer estando en ella. » Madrid, 
á 12 de Mayo de 1552. PuGA, Cedulario^ fol. 185. 

6 Tom. V, pág. 681. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 211 

dos iglesias distintas. Las obras continuaron en el siglo siguiente; 
pero á pesar del esmero que se puso en afirmar los cimientos, el 
edificio se fué hundiendo y llenando de agua, hasta que el 6 de Julio 
de 1 716 llegó á anegarse de tal manera, que le fué preciso al pro- 
vincial Fr. Francisco Aguirre pensar en hacer todo de nuevo, como 
lo ejecutó con un costo demás de doscientos mil pesos, quedando 
sepultada la mayor parte de lo antiguo, según lo dicen los cronis- 
tas, y lo han comprobado las excavaciones que allí se han hecho 
(y entiendo se continúan) en busca de un pretendido tesoro. La 
magnífica iglesia que hoy existe se dedicó el 3 de Agosto de 1736. 
Los religiosos fueron exclaustrados en 1861 ; el convento ven- 
dido en parte, y en parte derribado para abrir una sucia, irregular 
é inútil calle ó basurero, que va de la plazuela de Santo Domingo 
á la calle de la Puerta falsa. El templo escapó como por milagro, 
perdiendo sus campanas, y hoy está abierto al culto católico. No 
tuvo igual fortuna la hermosa y rica capilla del Rosario, anexa al 
templo: después de despojada, fué demolida totalmente en 1867, 
so pretexto de regularizar la malhadada calleja. 

Nota 48, pág. 125. 

El monasterio de que aquí se trata es el de la Concepción. — 
«El primer monasterio fué el de la Concepción Purísima de Nues- 
((tra Señora, que tuvo principio de cuatro doncellas virtuosas que 
«recogidas en la casa de Andrés de Tapia, capitán conquistador á 
«quien le cupo este sitio, hicieron en manos del Sr. Illmo. Zu- 
« márraga los votos. El año de 1530 el P. Fr. Antonio de la Cruz, 
«del orden de N. P. S. Francisco, trajo tres religiosas de la Con- 
«cepcion, del convento de Santa Isabel de Salamanca, que según 
«está en el libro de Archivo del convento fueron las Madres Paula 
«de Santa Ana, Luisa de San Francisco, y Francisca Evangelista. 
«El Mtro. Gil González dice fueron tres, y no mencionando los 
«nombres de las dos, dice que vino por cabeza de ellas Elena de 
<i Mediano. Fué creciendo el número de religiosas: por acudir á 
«la administración de los conventos, donde por la muerte de mu- 
«chos, necesitaban de sugetos (causa de dejar algunos) entró en la 
«administración del ordinario.» Esto dice el P. Betancurt (i). 
La cita que hace del Mtro. Gil González Dávila, es al siguiente 
pasaje de su Teatro Eclesiástico de Indias (2). « Las primeras mon- 
«jas que pasaron á la Nueva España fueron tres naturales de Sa- 
«lamanca. La cabeza de ellas se llamaba Elena de Medrano, que 
«tomó el hábito en el convento de Sta. Isabel de su patria, y fué 



1 Tratado de la Ciudad de México^ cap. VIII, n? 201. 

2 Tom. I, pág. 7. 



212 NOTAS 

«en santidad y vida religiosa de lo mas estimado de aquel tiempo. 
«Y el que las llevó se llamaba Fr. Antonio de la Cruz, religioso 
(( de la orden de S. Francisco ; y esto fué en 14 de Enero de 1530.)) 
El Sr. Orozco y Berra, en su Memoria para el Plano de la Ciu- 
dad de M'exicoy nos da noticias más detalladas en estos términos : 
« Parece que el lugar donde existió el convento pertenecía á An- 
«drés de Tapia, antiguo conquistador, y que Fr. Juan Zumárraga 
«estableció allí un colegio con cuatro doncellas. Vinieron des- 
(cpues de España, con la marquesa esposa de D. Hernando, unas 
«beatas de S. Francisco y S. Agustín, á quienes D. Sebastian Ra- 
«mirez de Fuenleal puso en recolección en aquella casa. Dudas 
«hay acerca de estos hechos; pero la verdad es que desde 1530 
«existe una real cédula permitiendo la fundación de un convento 
«de monjas. En consecuencia en 1541 Fr. Antonio de la Cruz, 
«franciscano, trajo tres religiosas del convento de Santa Isabel en 
«Salamanca, comenzando con ellas el de la Encarnación {Con- 
acepción?') : no fué aprobado por la Santa Sede hasta 1586. Fa- 
«bricaron casa é iglesia, que arruinadas, las sacó de cimientos 
«hacia 1644 el patrono D. Tomás Suaznaba, y después Simón 
«de Haro y D?- Isabel Barrera, su mujer, y con el costo de dos- 
« cientos cincuenta mil pesos llegó á dedicarse el templo el 13 de 
«Noviembre de 1655. El convento fué creciendo en proporción 
«de la comunidad y del aumento de sus rentas, haciéndose nuevas 
«obras, una de las cuales se concluyó el 19 de Octubre de 1809. 
«La iglesia fué reparada en la obra material y en los adornos in- 
«teriores, bendiciéndose por el Sr. Arzobispo el 5 de Diciembre 
«de 1854.» 

En la Descripción del Arzobispado de México, MS., hecha hacia 
1570, se dice que el fundador habia sido Fr. Juan de Zumárraga 
treinta años antes, lo cual nos hace retroceder al año 1540, que 
es próximamente la fecha que el Sr. Orozco asigna á la venida de 
Fr. Antonio de la Cruz. Se expresa que hacia veintiocho años que 
hablan comenzado las profesiones: que dio una cantidad en nom- 
bre de dote un fulano Islas, ya difunto, cuyo nombre de bautismo . 
nadie sabia cuál fué: que tenian la casa é iglesia por hacer; que 
eran setenta y siete religiosas, y que «han pasado hasta el pre- 
« senté gran penuria é inopia.» Deben tenerse por seguros estos 
datos, pues los enviaba al rey el Sr. Montúfar, sucesor inmediato 
del Sr. Zumárraga en el arzobispado. 

Las beatas de que habla el Sr. Orozco, no hay duda de que 
vinieron en 1530, y con ellas Fr. Antonio de la Cruz, como ve- 
remos en la nota 59; de modo que si este mismo padre vino en 
1540 ó 41 con las monjas fundadoras, es evidente que hizo otro 
viaje. 

Las religiosas de la Concepción fueron trasladadas al convento 



AL DIALOGO SEGUNDO. 2I3 

de Regina el 13 de Febrero de 1861 : el suyo fue en parte demo- 
lido, abriéndose dos calles al través de él: lo demás fué dividido 
en lotes. Luego fueron exclaustradas las monjas el 8 de Marzo 
de 1863. Vivieron en casas particulares hasta el 2 de Agosto del 
mismo año, que volvieron á ocupar una parte de su convento. 
En Junio de 1867 tuvieron que abandonarle en virtud del triunfo 
de la Reformay y quedó consumada la destrucción del monasterio. 
El templo permanece abierto al culto católico. 

Nota 49, pág. 127. 

No es fácil declarar con certeza el significado de las palabras 
depictee summitates. Siendo planos los techos en México, no hay 
para qué pintarlos, y en efecto no lo están, ni aunque lo estuvie- 
ran, podrían verse desde la calle. Tal vez las casas que quedaban 
en los suburbios, ultra inciley no serian de azoteas como las del 
centro, sino de tejado, á uso de España, lo cual convenia mejor 
para casitas de campo con jardines, y por eso diria Alfaro que las 
otras (de azotea) eran más estimadas; pero estas (de tejado) más 
agradables á la vista. 

Nota 50, pág. 127. 

Davo era nombre común de esclavos, en la comedia latina. 
Edipo como todos saben, adivinó el enigma de la Esfinge, cuya 
fácil hazaña, le ha creado una reputación de agudeza. Por eso se 
contraponían los nombres de ambos personajes en el dicho, vulgar 
que trae Cervantes. En Terencio (i) el esclavo Davo dice al viejo 
Simón: «En verdad que no te entiendo,» y Simón le pregunta: 
((¿•Que no? Eh!» «No, replica el esclavo, i<que soy Davo y no 
Edipo.)) — En cuanto al modo de conducir el agua en las canoas, 
hállase referido también en la Segunda Carta de Cortés, § 32. 

Nota 51, pág. 129. 

Aunque doy breve noticia de la fundación en México de las 
otras órdenes religiosas cuyos conventos vieron nuestros interlo- 
cutores, no haré lo mismo tratándose de la de los franciscanos, 
por ser tan conocida. Me limitaré á formar un resumen de la dis- 
cusión relativa al sitio antiguo del convento, y al de la primera 
iglesia del nuevo. 

Comenzaremos por un pasaje de Torquemada (2), que con= 



2 



Andria, Act. I, se. 2, traducción de Abril. 
MoJiarquia Indiana, lib. XV, cap. 16. 



214 



NOTAS 



viene copiar á la letra: «El primer sitio que tomaron nuestros 
«frailes para la edificación de su casa é iglesia, no fué el que ahora 
«tienen, sino otro, en el cual está ahora edificada la iglesia mayor 
«de esta ciudad, el cual se les dio por estar junto á las casas del 
«Marques, que entonces eran las que ahora son reales, y también 
«porque las del Emperador Moctezuma estaban allí junto de este 
«sitio, y au7i cogia parte de ellas ^ que esta fué costumbre de los 
«primeros evangelizadores del Santo Evangelio en estas Indias, 
«poner sus iglesias y casas junto de las de los señores y caciques, 
«para tener más entrada con ellos en las cosas de la conversión. 
«Pero pareciéndoles á nuestros frailes que aquel lugar estaba muy 
«metido en la ciudad que ahora es de españoles, y que los indios 
«estaban á trasmano, para doctrinarlos con más facilidad (que era 
«el pió que sus benditas ánimas tenian) lo dejaron y se pasaron 
«al que ahora tienen, en cuyo contorno estaba el mayor gentío 
«de ios naturales, y el sitio primero se vendió por el síndico del 
« convento en cuarenta pesos, no porque los religiosos quisieran que 
ase vendiera, sino porque el que se lo apropió no se aseguraba en 
«su posesión hasta que por algún precio lo conociese por suyo. 
«Y así dio cuarenta pesos por él (que si ahora se comprara no 
«tenia precio), y el recaudo de este traspaso y venta he tenido en 
« mi poder, w 

Más de treinta años después repetía Betancurt (i) lo mismo 
con diversas palabras, y al hablar de la escritura de venta del sitio, 
decía: «Vendió el síndico el primer sitio donde está la catedral, 
«en cuarenta pesos, no porque los religiosos quisieron venderlo, 
«sino porque quisieron asegurar la propiedad con algún precio y 
«escritura, la cual dice el P. Torquemada tuvo en sus manos, 
«y ámí me dijo el Sr. Dean D. Juan de Poblete estar en el archivo 
«de la iglesia.» Y añade en seguida, en apoyo de haber sido de 
los frailes el sitio de la catedral: «Algunos años se cantó la misa 
«y predicó domingo de capítulo en la catedral, porque por haber 
«sido de la religión aqUel sitio, cortesanamente daban el altar y 
«pulpito á los frailes; y por causa de la inundación y ser molestia 
«desde el convento en procesión, se dejó de ir á la celebración 
«ir del capítulo á la catedral, si bien el dia de S. Felipe de Jesús 
«en que va á vísperas y á misa el convento, dan las sillas del coro 
«á los religiosos, y lugar entre los señores prebendados á los pre- 
« lados, y el pulpito á la religión.)) 

Parecería que visto el testimonio de dos historiadores célebres, 
individuos de la orden, no debía quedar duda de que la primitiva 
fundación de S. Francisco se hizo en el lugar de la plaza que des- 



I Teatro, Pte. IV, trat. 2, cap. 3, 



AL DIALOGO SEGUNDO. 2I5 

pues ocupó la catedral vieja, (i) En efecto, muchos escritores de 
los tiempos siguientes, hasta nuestros dias, han dado por induda- 
ble el hecho de que los franciscanos edificaron su primer convento 
é iglesia de la plaza, sin tener en cuenta las dificultades que ofrece 
la confrontación de ese hecho con los datos que suministran otros 
documentos, y sin advertir tampoco que el texto de Torquemada 
no es tan concluyente como á primera vista parece. 

Aunque en las Actas del Cabildo no se halla la concesión de 
aquel sitio á los franciscanos, no haremos mérito de tal omisión, 
porque tampoco consta la del nuevo sitio de la calle de S. Fran- 
cisco; pero es notable que en las mercedes de solares en la plaza 
no se haga mención alguna del convento, siendo costumbre mar- 
car la ubicación de los solares con referencias á los edificios más 
notables de las inmediaciones. Convenimos en que este argumento 
negativo no es de gran peso, aunque tiene alguno; pero hallare- 
mos otros en las circunstancias de la venida de los misioneros. 

A su llegada á México fueron recibidos con grande honra por 
Cortés y los demás españoles, y una vez a aposentados los nuevos 
«huéspedes» (2), el gobernador dirigió una alocución á los caci- 
ques é indios principales, recomendándoles que tuvieran ((mucha 
((estima y reverencia» á aquellos mensajeros del muy Alto Señor. 
Aquí vemos confirmado lo que en otra parte dijimos, es á saber, 
que los frailes, como era natural, fueron á posar desde luego en 
alguno de los edificios ya construidos. Esto pasaba en Junio de 
1524. Y ((habiendo estado en México por espacio de quince dias 
« después que llegaron, ocupados dia y noche en oración y contem- 
(.(.piacion (3)», se reunieron en capítulo el dia de la Visitación de 
Nuestra Señora (2 de Julio), para nombrar custodio. Electo el 
P. Valencia, dispuso inmediatamente que los religiosos se repar- 
tieran por las provincias inmediatas, quedándose él en México 
con cuatro. Nadie creerá que en los quince dias que precedieron 
al capítulo, y fueron empleados dia y noche en oración, se ocupa- 
sen los frailes en fabricar convento, ni menos que los cinco que 
quedaron en México se pusieran apresuradamente á esa tarea, an- 
tes de tomar conocimiento de la ciudad y sus moradores, á fin de 
elegir con buen acuerdo el sitio mas conveniente para la funda- 
ción. Lo más que harían, como tenemos dicho, seria arreglar al- 
guno de los aposentos para celebrar en él los divinos oficios. Once 
meses pasaron desde su llegada hasta su traslación al nuevo local: 



1 Creo haber demostrado en la nota 40 que esa iglesia estuvo en el 
atrio de la actual, y con eso tenemos ya precisado el sitio en que se dice 
estuvo el primer convento de S. Francisco.^ 

2 Mendieta, Historia Eclesiástica Indiana, lib. III, cap. 12. 

3 Id., op, cit. lib. III, cap. 14. 



2l6 NOTAS 

algún tiempo tardarían en levantar allí el convento é iglesia, por 
pobres que fuesen, y como tampoco hablan de haber hecho en 
un dia el convento que se supone primitivo, vendremos á tener 
que apenas acabado este, comenzaban ya á levantar el otro que 
habia de sustituirle. 

Es también muy creíble que su primer intento fuera estable- 
cerse en la plaza mayor, para estar en el centro del vecindario, y 
poder desempeñar con más facilidad las funciones de su ministerio. 
Tampoco tiene nada de extraño que se les concediera el sitio, si 
le pidieron, vista la estimación "y respeto de que gozaban ; pero 
que fuera el mismo de la catedral vieja, ofrece ya dificultades. 
Ellos llegaron bien entrado Junio: Cortés salió para las Hibueras 
á mediados de Octubre, y hay, por lo menos, fundadas presun- 
ciones de que para entonces habia echado ya los cimientos de la 
iglesia mayor. ¿Cómo pudo darse el mismo terreno á los francis- 
canos, y estos edificar en él? ¿Cómo pudieron estar allí hasta 
Mayo de i 525, cuando poco después estaba ya hecha la catedral? 

Pero si examinamos bien el texto de Torquemada, hallaremos 
que no autoriza á suponer la existencia de un convento en el sitio 
de la catedral. Dice simplemente que el primer sitio (cque torna- 
virón los frailes para la edificación de su casa e iglesias fué el de la 
plaza, y que por parecerles que estaba muy metido en la ciudad 
de los españoles «lo dejaron, y se fueron al que ahora tienen.» 
Nada dice de haber edificado en el otro, sino que (do tomaron» 
para edificar, (i) Me parece, pues, que el sentido de las palabras 
de Torquemada es que los frailes, ocupando todavía los aposentos 
en que habían ido á alojarse al llegar, eligieron «para la edifica- 
ación de su casa é iglesia» un terreno en la plaza mayor; pero 
habiendo reflexionado que allí estarían metidos entre el bullicio 
de los españoles, y que les convenia mucho más quedar cerca de 
los indios, cuya conversión era el objeto de su venida, cambiaron 
de dictamen, y antes de edificar nada en la plaza, se fijaron en el 
sitio de la calle de S. Francisco, que en efecto está inmediato al 
barrio principal de los indios, que era el de S. Juan, y allí cons- 



I En 19 de Enero de 1530, ^Segundo Libro de Cabildo, pág. 33), el 
oidor Matienzo renunció un solar que se le habia dado « que es en los 
iisolzx&s que primero se to7)iaro}i para hacer el monasterio de S. Fran- 
« cisco, el de la esquina de la calle de Francisco Dávila.» Casi tenemos 
aquí las palabras mismas de Torquemada. — El Sr, Alaman censura se- 
veramente á este autor, por todo lo que refiere acerca de la fundación 
de los franciscanos, y concluye por asentar a que en toda esta parte de su 
«historia hay muy graves equivocaciones.» En otro libro he censurado 
yo con mayor severidad todavía á Torquemada, hasta capitularle de pla- 
giario; pero creo que el cargo del Sr. Alaman es infundado, y que Tor- 
quemada pudiera devolvérsele. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 217 

triiyeron su primer convento é iglesia, (i) Ni Motolinia, ni 
Menciieta, ni Torquemada nos dan la más ligera idea del otro 
convento de la plaza, ni aun siquiera presentan una frase por donde 
conste de un modo positivo su existencia: antes bien, alguno de 
ellos llama primera iglesia de S. Francisco á la de la calle del 
mismo nombre. (2) 

Mas en el Primer Libro de Cabildo se habla varias veces de 
« S. Francisco el viejo » y de « los solares donde solia estar S. Fran- 
(( cisco.)) Si esto prueba la existencia de un convento, ó debe en- 
tenderse de las casas que ocuparon los frailes á su llegada, juzgúelo 
el lector. 

La elección que los frailes hablan hecho del sitio de la plaza, 
y más si intervino merced en forma, les daba derecho á él, y por 
lo mismo el que adquirió después la propiedad hizo bien en que- 
rer asegurarla por medio de una compra. ¿Pero á quién fué hecha 
esa venta? Torquemada no lo dice: el Sr. Alaman (aunque con 
otro fin, y tratando de otro terreno, según luego veremos) opina 
que la venta se hizo al contador Albornoz, cuando este tenia mano 
en el gobierno por la ausencia de Cortés á las Hibueras. A la 
verdad, decir Torquemada que los religiosos no quisieran que se 
vendiera, y que ce el que se lo apropió no se aseguraba en su posesión, 
«hasta que por algún precio lo conociese por suyo,)) produce 
vehemente presunción de que se trata de una venta forzada, hecha 
á un usurpador, bastante poderoso para mantener por entonces 
su posesión, pero que temeroso de las consecuencias ulteriores, 
trata de ponerse á cubierto de ellas, á costa de una cantidad mi- 
serable. No debemos suponer que la iglesia catedral se encontraba 
en tal caso. En esta parte de la relación de Torquemada se nota 
cierto misterio, pues no dice á quién ni cuándo se hizo la venta, 
aunque lo sabia bien, por haber tenido en sus manos la escritura. 
Si esta paraba en el archivo de la catedral, como dijo el deán Po- 
blete á Betancurt, solo probaria lo dicho, es á saber, que algún 
derecho tuvieron los franciscanos á terreno en la plaza; mas no 
que levantaran en él su primer monasterio. El hallazgo de este 
famoso documento disiparla probablemente las dudas; pero no he 
logrado registrar el archivo de la iglesia, y aun dudo que haya es- 

1 En la nota 52, al hablar de la cruz que estaba en el atrio de S. Fran- 
cisco el nuevo, verá el lector otro pasaje de Torquemada, con el cual se 
confirma que aquella casa fué la primera de los religiosos, pues dice que 
luego qtie enirarojt y ttivieron casa, levantaron aquella cruz. Es decir 
que antes no habían tenido otra casa, 

2 « En México hizo edificar ( Fr. Pedro de Gante) la suntuosa y so- 
« lemne capilla de S. José, á las espaldas de la humilde y pequeña iglesia 
^.primera de S. Francisco,» dice el P. Mendieta, {Hist. Ecl. Ind., lib. V, 
pte. I, cap. 18) ; y nadie ha pensado que esa capilla estuviera en la plaza. 

28 



21 8 NOTAS 

capado al vandalismo que ha destruido nuestros depósitos litera- 
rios, y hecho pasar al extrangero sus más preciosos y venerables 
documentos. Lo demás que añade Betancurt sobre los obsequios 
que el cabildo eclesiástico hacia en los primeros tiempos á los 
franciscanos, puede explicarse sin necesidad de atribuirlo á la fri- 
vola circunstancia de «haber sido de la religión aquel sitio,» 
recordando el grande y debido influjo que entonces gozaban las 
órdenes monásticas, especialmente la franciscana, como primera 
en la conquista evangélica, gue aquellas distinciones continuaran 
hasta la época de Betancurt, en la fiesta de S. Felipe de Jesús, 
nada tiene de extraño, por tratarse de un santo mexicano indi- 
viduo de la orden. 

El P. Pichardo primero, y el Sr. Alaman después (i), admi- 
tiendo la existencia de dos conventos de S. Francisco, negaron, 
sin embargo, que el antiguo hubiera estado en la plaza, y sostu- 
vieron que se fundó en la calle de Sta. Teresa la Antigua, acera 
que "mira al sur, en el terreno ocupado por la casa n9 17 y parte 
de las contiguas. Extractaré brevemente las razones del segundo de 
los autores citados, que comprenden también las del otro. Por 
el cabildo de 2 de Mayo de 1525 aparece que se dio á Alonso de 
Ávila un solar que estaba entre su casa y el monesterio de Señor 
S. Francisco de esta ciudad. La casa de Alonso de Ávila estaba 
en la i?- calle del Reloj, esquina á la de Sta. Teresa la Antigua, 
y «consta ser la misma que se mandó derribar y sembrar de sal, 
«poniendo en ella un padrón de infamia, cuando fueron conde- 
« nados á la pena capital los hijos de Alonso de Ávila, por com- 
«plicidad en la conspiración atribuida á D. Martin Cortés.» El 
sitio de estas casas fué dado después por el rey á la Universidad, 
para fundar allí las escuelas, y no habiendo tenido efecto, le ven- 
dió la Universidad al convento de Sta. Isabel, que hasta estos úl- 
timos tiempos poseyó las casas núms. i y 2 de la calle del Reloj, 
construidas en aquel terreno. Por los títulos que examinó el 
P. Pichardo, de una casa que el convento de S. Gerónimo tenia 
en la calle de Montealegre, aparece que Bernardino de Albornoz, 
«hijo, sin duda, del contador Albornoz» (2), era dueño de las ca- 
sas que seguían á la de Alonso de Ávila, en la calle de Sta. Teresa ; 
y en el acta del cabildo de 3 1 de Enero de 1 529 se ve « que esa casa 
«de Albornoz se construyó en el terreno en que estuvo S. Fran- 
« cisco el viejo,» y del cual, á falta de título legítimo del poseedor. 



1 P. Pichardo, Noias al Primer Libro de Cabildo. — Alaman, Di- 
sertaciones, tom. II, pág. 142. 

2 Por la pregunta 258 del Interrogatorio de la Visita de D. Antonio 
de Mendoza, consta que este Bernardino de Albornoz era sobrino del 
contador. {Col. de Doc. para la Hist. de México, tom. II, pág. 133.) 



.AL DIALOGO SEGUNDO. . Zig 

se creia autorizado el Ayuntamiento á disponer, como baldío, 
trasladado ya el convento. « Los dichos señores (dice el acta) man- 
«daron notificar al contador Rodrigo de Albornoz, que para el pri- 
«mer cabildo traiga é presente en el cabildo el título que tiene á 
(dos solares donde solía estar S. Francisco, para que la ciudad lo 
«vea, con apercibimiento que no lo mostrando, proveerá de ellos 
«como de vacos. w Juzga Álaman, como arriba apuntamos, que 
la venta fué hecha á Albornoz cuando gobernaba, y por eso el 
Ayuntamiento no tenia constancia del título en virtud del cual 
poseía el contador aquel terreno. 

Las razones del Sr. Alaman son plausibles, pero no concluyen- 
tes. Conviene, ante todo, distinguir los tiempos : distingue témpora. 
La merced á Alonso de Ávila fué hecha en 2 de Mayo de 1525, 
y está concebida en estos términos :« Este día Alonso de Avila, 
«vecino de esta cibdad, pidió por su petición á los dichos seño- 
«res un pedazo de solar que dijo estar entre su casa y el mones- 
«terio de Señor S. Francisco de esta dicha cibdad. Los dichos 
«señores se lo mandaron dar sin perjuicio, y con tanto que no tome 
« de la parte del agua hacia el dicho monesterio. » Nótase desde 
luego que no se expresa de cuál monasterio se trataba, si del nuevo 
ó del viejo. Un mes después y el 2 de Junio, se nombra por pri- 
mera vez á S. Francisco el nuevo, y es evidente que cuando se 
hizo la merced á Ávila, ya estaba ese convento, si no del todo 
concluido, que es lo mas probable, á lo menos muy adelantado. 
El 22 de Mayo de 1524, casi un año antes, se había dado á Be- 
nito de Bejer «un solar que está en la calle que va de la plaza 
«desta cibdad hacia el tianguis de la casa de Juan Velazquez, que 
«es que alinda con solar de Alonso de Ávila, la calle real en me- 
«dio. )) Es sabido que el tianguis de Juan Velazquez quedaba 
donde ahora la Alameda, y por lo mismo la calle que iba de la 
plaza al dicho tianguis no puede ser otra que la de S. Francfsco, 
la cual no tenia entonces tal nombre, pues ni aun habían llegado 
los franciscanos. Luego Alonso de Ávila tenia solar en esa calle 
frontero al de Bejer. 

De otro solar de Alonso de Ávila se habla cuatro días después, 
el 26 de Mayo de 1524; pero como estaba «en la calzada de 
«Atacuba, el postrero de la traza,» no hace al caso en esta ave- 
riguación. Parece ademas que ese solar no era ya de Ávila, pues 
se dice «que fué dado á Alonso de Ávila.» 

En 26 de Agosto del mismo año de 24 se dio á Martin Tiem- 
blo «un solar que es en esta dicha cibdad en la acera de Alonso de 
«Ávila, que alinda con solar de Hernando de Xeres, é con la ca- 
«lle del agua que sale á la casa del contador.» La merced á Xeres 
no se halla, pero en 15 de Abril de 1524 se presentó pidiendo 
se le permitiera disponer de un solar que se le había dado «que 



220 NOTAS 

«ha por linderos de la una parte solar de Juan Navarro, y de la 
{(Otra la calle del agua.)) En todas estas mercedes, inclusa la del 
mismo Alonso de Ávila, vemos que se^^^habla de agua, y de calle 
del aguüy expresándose en la de Tiemblo, que esa calle era (( la que 
(ísale á la casa del contador.)) Que cerca del convento nuevo ha- 
bla agua, ademas de la acequia que pasaba por la calle de S. Juan 
de Letran, se ve por la merced que el 2 de Junio de 1525 (pre- 
cisamente en el mismo cabildo en que por primera vez se nom- 
bra á S. Francisco el nuevo) se hizo al comendador Leonel de 
Cervantes, de «un sokr que es en la laguna , hacia S. Francisco;)) 
y según el P. Pichardo, este solar es el mismo que hoy ocupa la 
casa n9 9 de la i?- calle de S. Francisco; casa que en nuestros dias 
reedificó el Conde de Santiago, descendiente de los Cervantes, y 
actualmente posee el Sr. Barron. Por este mismo Diálogo de Cer- 
vantes se prueba también que la calle de S. Francisco era de agua: 
{(.per cujus médium etiam excurrit aqua ; )> y solo nos falta saber si 
«salia á la casa del contador,)) lo cual se prueba con el cabildo de 
28 de Noviembre de 1525, donde se ve que el contador tenia so- 
lar «en la esquina donde estaba la plaza, frontero de las casas del 
(f señor gobernador.)) 

De lo expuesto me parece resultar fundamento bastante para 
creer que la merced hecha á Alonso de Ávila del pedazo de solar 
entre su casa y el convento de S. Francisco, más bien debe refe- 
rirse al convento nuevo que al viejo, con lo cual pierde su fuerza 
la primera razón del Sr. Alaman. 

La identidad que se establece entre las casas del conquistador 
Alonso de Ávila y las derribadas á consecuencia de la «Conjura- 
ación del Marques del Valle)) no está bien comprobada. Los 
Avilas ajusticiados el 3 de Agosto de 1566, no eran hijos de aquel 
conquistador, sino sobrinos, hijos de su hermano Gil González (i). 
A este, en cabildo de 22 de Febrero de 1527, se dio un solar 
«que pidió por su petición, el cual es en esta cibdad, linderos con 
«solar é casas de Alonso de Ávila, su hermano, que es en la ter- 
«cia parte donde estaba el Uchilobos.)) El Sr. Alaman declara 
no saber «qué origen tiene esa repartición del templo en tres par- 
«tes que parece indicada con esta expresión.)) (2) Eso no obs- 
tante, afirma que el solar de Gil González de Benavides estaba en 
la I?- calle del Reloj, porque las casas de Alonso de Ávila, «queda 

1 Orozco y Berra, Conjuración del Marques del Valle, pág. -¡t, de 
los Documentos. 

2 Alaman, Disert., tom. II, pág. 247. — A mi entender esto no quiere 
decir que el Uchilobos estuviera dividido en tres partes; sino que des- 
pués de destruido, quedó el terreno dividido de esa manera, y se quiso 
precisar más la ubicación del solar, expresando en qué parte quedaba: 
pero no sabemos cuál era lo que llamaban tercia. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 221 

(i demostrado en la séptima disertación que eran las dos primeras 

«de la !?• calle del Reloj, dando vuelta á la de Sta. Teresa 

«y por esta seguia la casa del contador Albornoz.» Como el tem- 
plo de Huitzilopochtli abrazaba una grande extensión de terreno, 
es aventurado asegurar que esa tercia parte (denominación cuyo 
origen se confiesa ignorar) venia á corresponder á las calles i?- del 
Reloj y de vSta. Teresa. La opinión de que las casas de Alonso 
de Ávila estaban en la esquina de esas calles, solo descansa, que 
yo sepa, en la aseveración del P. Pichardo, quien dice constar así 
por los títulos de Jas dichas casas que paraban en el archivo de 
Sta. Isabel. Como no he visto esos títulos, no puedo juzgar de su 
valor en el presente caso. El solar que dejaron las casas, después 
de derribadas se dio á la Universidad; pero ni en la cédula de 
concesión, ni-en las diligencias practicadas para ejecutarla, se ha- 
bla palabra de la ubicación de él. Asegura el Sr. Alaman que la 
Universidad le vendió á censo enfitéutico al convento de Sta. Isa- 
bel : lo que yo encuentro es que en 1645 le tenia á censo D?- Ana 
Carrillo por ciento setenta y dos pesos anuales, (i) 

Mas demos por cierto que las casas de Alonso de Ávila eran 
las que se dicen: ¿-es del todo seguro que después de los treinta y 
nueve años corridos desde 1527, data de la merced hecha á Gil 
González, hasta 1566 en que fueron ajusticiados sus hijos, ocu- 
paba todavía el uno la primitiva casa de su padre, y el otro la del 
tio? ¿Es seguro que la casa que Alonso el conquistador tenia en 
1525 junto á S. Francisco fuera la misma que habitaba su sobrino 
en I 566 ? i Es seguro ademas que el S. Francisco de que se habla 
en aquella merced fuera el viejo y no el nuevo? Me parece que 
nadie se atreverá á contestar afirmativamente á tales preguntas, y 
que los argumentos sacados de la situación de las casas de Alonso 
de Ávila, no son bastantes para probar que S. Francisco el viejo 
estuvo en la calle de Sta. Teresa. 

De mayor peso son los títulos de la casa que el convento de 
S. Gerónimo tenia en la calle de Montealegre, y por los cuales 
constaba (según el P. Pichardo) que las casas que seguían á las de 
Ávila en la calle de Sta. Teresa eran de un Albornoz, pues no 
cabe duda de que el contador poseyó alguna vez el sitio de S. Fran- 
cisco el viejo, según el cabildo de 31 de Enero de 1529. Pero de 
estos títulos digo lo mismo que de los otros: no los he visto, y 
no puedo examinar los datos que presten. No siendo Bernardino 
de Albornoz hijo sino sobrino del contador, hay menos razón para 
afirmar que precisamente habia de ser dueño de un terreno que 
fué de su tio. Tampoco se nos da la fecha en que Je poseía. ¿No 



Véase arriba, pág. 12, nota 2. 



222 NOTAS 

pudo el sobrino, que era persona principal, y casado con sobrina 
de un conquistador tan distinguido como Bernardino Vázquez de 
Tapia, á quien este dotó, tener casa por si? Es cierto que tam- 
bién el tio Albornoz dotó al sobrino (i) y en este dote pudo en- 
trar la casa en cuestión. No niego, pues :, solo expreso los funda- 
mentos de dudar, porque á pesar del respeto que por su carácter 
y literatura me merece el P. Pichardo, no dejaré de notar que 
escribía con alguna ligereza, y que en el punto mismo que se dis- 
cute no habia fijado su juicio. En la nota 34 al Primer Libro de 
Cabildo (2) habia dicho esto: «S. Francisco el nuevo, esto es, 
«el que se hizo donde ahora existe S. Francisco. El viejo es lia- 
amado en otra parte el que estuvo en la p laxa. Vinieron los frai- 
«les, según Torquemada, en Junio de 1524, y en Mayo de 1525 
«ya los hubo en su convento nuevo; luego vivieron once meses en 
(da plaza y mientras que hicieron su convento, y el de la plaza 
«fué casa ó convento interino.» Pues si los frailes vivieron en la 
plaza once meses, que fueron los trascurridos entre su llegada y 
su traslación al convento nuevo ¿-cuándo estuvieron en la calle de 
Santa Teresa? Sin embargo, en la nota 113 asegura que el con- 
vento estuvo en esa calle «y no en la plaza', luego es falso que el 
«sitio en que está ahora la catedral se vendió por el síndico, co- 
«mo dice Torquemada. Más: en todos los solares de plaza no 
«hay la mas leve mención del monasterio de S. Francisco.» Hasta 
aquí el P. Pichardo, y no hallo cómo concordar sus dos opiniones. 
La del Sr. D. José F. Ramírez seria de gran peso en nuestro 
caso, si la tuviéramos expresada con claridad. En sus Notas á 
Prescott (3) dice, refiriéndose á lo asentado por el Sr. Alaman: 
«He examinado sus pruebas, y me parecen concluyentes é irre- 



1 Interrogatorio de D. Antonio de Mendoza, preg. 244. 

2 Estas notas, impresas últimamente con el Libro, no son todas del 
P. Pichardo, sino que están mezcladas, sin distinción alguna, con otras 
del Lie. Bustamante y del Lie. D. Ignacio López Rayón, oficial mayor 
que fué del Archivo General. Estoy seguro de ello, porque vi en poder 
del Sr, D. J. M. Andrade un extracto MS. del Libro con las notas ori- 
ginales del P. Pichardo, quien firmó y rubricó la 154. Son de Busta- 
mante las siguientes: la 35 desde las palabras «En esta casa» hasta el 
fin: las 69, 95, 106, 142, 146, y la 84 desde el principio hasta «Tepeaca.» 
De Rayón hay la 55 desde «memorable» hasta el fin: las 73, 82, 89, 91, 
96, 98, 104, 107, 108, 114 (desde el principio hasta «Ponce de León»), 
118 (solo las palabras «enfrente del Portal de Mercaderes y la Diputa- 
«cion»), 125, 126, 130, 131, 133, 135 (las palabras «este licenciado fué 
«apoderado de Cortés en la residencia que se le tomó, y según parece» ), 
138, 145, 147, 151, 159, i66yi67. Lo mas singular es que hay una mia, 
que no adivino cómo pasó de mi copia manuscrita al impreso: (la 155, 
desde «No lo creo» hasta el fin.) Todo corre ahora anónimo. 

3 Tom. II, pág. 104 del Apéndice. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 22$ 

«cusables;» pero añade en seguida: «mas no juzgo incompatible 
«este hecho con el aseverado por el P. Torquemada.w No ex- 
presa el Sr. Ramirez en qué razones fundaba ese juicio. ¿"Creeria, 
como yo, que el texto de Torquemada no prueba que los fran- 
ciscanos tuvieran convento en la plaza, sino únicamente que ha- 
bian pensado edificarle alli? No lo sé; pero de los datos que en 
seguida presenta, sin sacar de ellos consecuencia alguna, se deduce 
que admitia la existencia del convento de la plaza. Siendo así no 
se comprende cómo calificaba de «concluyentes é irrecusables» 
las pruebas del Sr. Alaman. Veamos los datos del Sr. Ramirez. 

En el acta del cabildo de 9 de Abril de 1529 se dice lo si- 
guiente : « Los dichos señores dijeron, que mandaban é mandaron 
«que se pregone públicamente que todas las personas que tienen 
«derecho ó título á los solares que están en la plaza é sitio donde 
ií solía estar el rnonesterio de S. Francisco, que para el cabildo que 
«se hará el viernes los traigan é muestren &c. » «A esto podría 
«contestarse (habla el Sr. Ramirez), que siendo sinónimos en el 
«lenguaje antiguo sitio y plaza, y muy común en aquel tiempo la 
«sinonimia, seria dudoso, cuando menos, que por la segunda se 
«hubiera querido designar la plaza de la ciudad,)) Para destruir 
esa interpretación, aduce el mismo autor el acta de 10 de Mayo 
siguiente, en que se dice: «Los dichos señores, á pedimento del 
«Sr. Lie. Diego Delgadillo, le hicieron merced de un solar, que 
Vi es en los solares donde so lia estar el rnonesterio de S. Francisco, 
«que es junto é linde del solar de Juan Pelaez de Berrio, hermano 
«de dicho licenciado, é la calle real por delante, é le mandaron 
«dar título en forma: é la dicha calle es la que va hacia la casa de 
« García Olguín. » 

«Siguiendo estas indicaciones (prosigue el Sr. Ramirez) para 
«fijar el asiento de S. Francisco tenemos, como punto de partida, 
«el solar del oidor Delgadillo; como rumbo de dirección la calle 
«real que corria por su frente, y como punto de término la casa de 
«García Olguin, que quedaba en la misma línea. Ahora bien: 
«por las actas de los dias 8 de Marzo y 3 de Abril de 1527, y 
« i9 de Enero de 1528 consta que la casa de Olguin estaba cerca 
a del monasterio de Sto. Domingo: luego la del Lie. Delgadillo y 
«solares de S. Francisco estaban en el punto opuesto de la misma 
«línea ó calle, y este no podía ser otro, según las tradiciones, sino 
«el de la plaza. Así lo confirma el acta de 22 de Febrero de 1527, 
«donde se encuentra una merced hecha á Pedro de Meneses de 
«un solar en los que se añadieron en la traza hacia el monesterio 
i< que se hace de Sto. Domingo, el cual es el quinto solar contando 
«desde la esquina de la calle que va de S. Francisco al Tatilulco, 
«en la calle que va desde allí á Sto. Domingo, en la misma acera 
((del dicho monesterio.)) «Esta misma redacción, sin otras difcren- 



224 



NOTAS 



«cías que las de sustituir cabe por háciay y sexto por quinto, se usó 
«en la merced de Bernardino de Santa Clara, que sigue á continua- 
«cion, añadiéndose que su solar lindaba con el de Meneses. De 
«esta conformidad de contexto y de sus términos, deduzco la con- 
«ñrmacion relativa al punto de la ubicación, que me parece muy 
((claramente denotado por las preposiciones de y desde que deno- 
((tan simultáneamente un punto de partida y una línea de direc- 
((cion, que solo pueden adaptarse al terreno de la plaza, y no al 
((antiguo ni al nuevo asiento de S. Francisco.)) 

Las citas del Sr. Ramírez demandan alguna rectificación. La 
del acta del cabildo de 8 de Marzo de 1527 está equivocada: es 
la del 11: en esta consta efectivamente que se dio á Pedro del 

Castillo un solar ((cerca del monesterio de Sto. Domingo 

(( linderos de la una parte solar de García Olguin, é de la otra parte 
((solar que se dio á Alonso de Peñaranda.» En la de 3 de Abril 
del mismo año no se dice que el solar de García Olguin estuviera 
cerca de Sto. Domingo, sino que se dio á Alonso Lúeas un solar 
((linderos de García Olguin, é las calles reales por delante é al 
(dado : » luego quedaba en esquina. En el cabildo de i9 de Enero 
de 1528 no hay nada relativo al asunto, y ni aun se nombra á Ol- 
guin. El último dato que presenta el Sr. Ramírez, tomado del 
cabildo de 22 de Febrero de 1 5 27, y que parece decidir su opinión, 
no tiene importancia alguna: los solares dados á Meneses y á Santa 
Clara estaban en la calle de S. Lorenzo, acera que ve al sur, como 
lo dice el P. Pichardo. El S. Francisco de que se habla es el nuevo, 
y la calle qae va de allí el Tatilulco, es la de Sta. Isabel con las 
siguientes, rumbo al norte, hasta la esquina de la Concepción, 
donde se da vuelta para ir á Sto. Domingo. Hay otra mención 
del solar del Lie. Delgadillo. En cabildo de 12 de Julio de 1529 
se dio á Andrés de Barrios un solar en los solares que solía tener 
S. Francisco el viejo, lindero del Líe. Delgadillo y de Diego de 
Soria. 

Si pudiéramos averiguar á punto fijo dónde estaba la casa de 
García Olguin, algo habríamos avanzado; pero no lo he conse- 
guido. Hemos visto que en 3 de Abril de 1527 se dio á Alonso 
Lúeas un solar, en esquina, contiguo al de Olguin ; y al año justo, 
en 4 de Abril de 1528, se concedieron al Sr. Garcés, obispo de 
Tlaxcala, dos solares ((junto al monesterio de Sto. Domingo, que 
((era el uno de Alonso Lúeas.)) Sí este no tenia varios solares en 
diversas partes de la ciudad, como sucedía con otros vecinos, el 
de Olguin, contiguo al mercedado en 1527, estaba en la manzana 
misma de Sto. Domingo. Porque los del Sr. obispo de Tlaxcala, 
según dice el P. Cruz y Moya (i), (c corren desde el noviciado 

I Cap. 16. 



Ai- DIALOGO SEGUNDO. 225 

«hasta la esquina frontera á la Inquisición, y de esta iiasta el 
«puente que llaman de Sto. Domingo,» es decir, que quedaban 
en la calle de los Sepulcros (ó 3^^) de Sto. Domingo, y en ella la 
casa de Olguin. La calle real que iba hacia esta casa y pasaba de- 
lante del solar del oidor Delgadillo, ó sea del antiguo S. Francisco, 
tiene que ser la del Empedradillo y siguientes hacia el norte, y 
S. Francisco quedaba en la plaza, frontero á las casas del Mar- 
ques; pero entonces ¿á qué marcar la ubicación del solar con la 
designación de un punto tan lejano como la casa de Olguin, te- 
niendo á mano otra señal tan notable, como la de estar enfrente 
de las casas del Marques? Por otra parte, desde el 8 de Febrero se 
habían repartido los solares que quedaban enfrente de esas casas: 
dos años después, 9 de Abril de 1529, el ayuntamiento exigia la 
presentación de los títulos de los solares « donde solia estar S. Fran- 
cisco el viejo,)) y un mes después daba uno de ellos al oidor Del- 
gadillo. Componga estos datos quien pueda, y solo añadiré que 
en los libros de Actas he hallado otras dos menciones de S. Fran- 
cisco el viejo. La una es del 16 de Marzo de 1527, en cuyo dia 
se hizo merced á Antonio de Villagomez «de un solar que dijo le 
({fué dado por el Sr. Gobernador, el cual es en el sitio de S. Fran- 
(( cisco el viejo, linderos de una parte solar de Alvaro Maldonado, é 
« de la otra parte solar de Francisco Maldonado. )) La otra mención 
es la del solar, que estaba también allí, y que renunció el oidor 
Matienzo, del cual se habló ya en la nota de la pág, 216. (i) 

El lector dirá, y con justicia, que he gastado mucho papel para 
embrollar más la cuestión, dejándola al fin indecisa. No es culpa 
mia no haber alcanzado á resolverla. He querido, á lo menos, 
presentar reunidos los datos que conozco, para que no siga cor- 
riendo como averiguado lo que no lo está, y también para faci- 
litar el trabajo al que emprenda de nuevo una investigación tan 
interesante como es la de saber en qué punto de esta capital co- 
menzó á brillar para los indígenas la luz de la verdadera fe. 

Aquí doy fin á la primera parte de esta larga nota, y entro en 
la segunda que tiene por objeto determinar la situación de la pri- 
mera iglesia de S. Francisco el nuevo, que á mi juicio fué también 
la primera de México, según expuse en la nota 40. 

Debemos distinguir en S. Francisco tres iglesias: la primitiva. 



I Para salvar las dificultades que presenta esta investigación y con- 
tentar á todos, han apelado algunos al arbitrio de suponer que hubo dos 
conventos de S. Francisco, antes del último: pero esto no disipa las con- 
tradicciones, ni se aviene con los datos conocidos. Relación descriptiva 
de la Fioidacion de las Iglesias y Conventos de México, pág. 65, nota. — 
Ramírez Aparicio, Los Conventos suprimidos en México, pág. 197. — 
V. también Diccionario Universal, tom. V, pág. 6S0. 

29 



220 NOTAS 

que fué demolida pronto, pues el P. Mendieta habla de ella como 
de cosa pasada; la que la sustituyó, y la que aun existe, hecha en 
el siglo pasado. Betancurt, cronista de la orden, y que tuvo á su 
disposición los archivos de ella, confiesa ignorar dónde estuvo la 
primera. «El sitio donde se hizo esta primera iglesia con las ar- 
omas del Marques, no se ha podido averiguar cuál sea : unos pien- 
((san que fué la iglesia vieja de la catedral, por estar en la forma 
«que se dice de oriente á poniente, como acostumbran á fabricar 
«los religiosos; pero según más ligitimo discurso, seria el sitio 
«donde está hoy la capilla de S. José de Españoles, porque estaba 
«junta y contigua con el convento primero, que fué la enfermería 
«vieja, que llamaban, donde habia un claustro pequeño con celdas 
«y pila, que todos conocimos.» (i) 

Si Betancurt, con las ventajas que derivaba de su profesión en 
la orden y su carácter de cronista de ella, no acertaba en 1690 á 
fijar el sitio de la primera iglesia, presunción seria atreverme á de- 
cidir magistralmente la duda, cerca de dos siglos después, y sin 
los documentos que él pudo tener á la vista. Añadiré solamente 
algunas observaciones. 

La capilla de S. José de Españoles á que se refiere, y que no 
conviene equivocar con la famosa parroquia de S. José de los Na- 
turales, edificada por Fr. Pedro de Gante, ocupaba el lugar de la 
que después se llamó de El señor de Burgos (2) en la calle de 
S. Juan de Letran: hoy se han fabricado allí casas particulares, 
y no quedan ni vestigios de la capilla. Si esta fué la primera iglesia, 
no llenaba la condición común de las iglesias franciscanas, que es 
la de estar situadas de oriente á poniente, pues quedaba de norte 
á sur. Esta condición parecía tan necesaria, que, según dice Be- 
tancurt, la razón en que algunos se fundaban para opinar que la 
catedral antigua había sido de los franciscanos, era que corría de 
oriente á poniente. 

El P. Mendieta (3) nos suministra un dato importante, di- 
ciendo que el P. Gante «hizo edificar la suntuosa y solemne capi- 
«11a de S. José, á las espaldas de la humilde y pequeña iglesia de 
«S. Francisco.» Si, pues, supiéramos á punto fijo donde estuvo esa 
capilla, sabríamos también hacia donde quedaban las espaldas de 
la primera iglesia, pero es cosa singular que siendo aquella tan fa- 
mosa, estemos todavía averiguando su ubicación. El Sr. Couto (4) 
asienta que estaba «á la banda de oriente del atrio actual, hacíala 
«parte que ocupa ahora la capilla de Servitas, » y cita en apoyo 



1 Teatro, Pte. IV, trat. 2, cap. 3, n? 37. 

2 Carrillo y Pérez, México Católico, MS., lib. III, cap. i, ^ 8. 

3 Historia Eclesiástica Indiana, lib. V, pte. i*, cap. 18. 

4 Diálogo sobre la Iíisto7'ia de la Pintura en México, pág. 17. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 227 

de ello á Betancurt, Teatro Mexicano^ Pte. IV, trat. 2, cap. 3, 
n9 6^. Del pasaje citado no se deduce en verdad tal ubicación; 
pero por otros datos, creo fundado el sentir del Sr. Couto. 

Ocurramos de nuevo al P. Mendieta. En el lib. IV, cap. 20, 
de su Historia Eclesiástica Indiana, nos ha dejado de esa capilla 
las noticias siguientes: «El convento de S. Francisco de México 
«tiene edificada en las espaldas de la iglesia, á la parte del norte, 
«una solemne capilla dedicada á la vocación del glorioso S. José.... 
«Es la capilla de siete naves, y conforme á ellas tiene siete alta- 
«res, todos al oriente, el mayor, á do suben por escalera, en medio, 
«y tres á cada lado.» Betancurt nos completa esta descripción: 
«Hizo (el P. Gante) de muchas naves, á modo de pórtico sin 
«puertas, una iglesia, para que aunque fuese el concurso grande, 
«pudieran desde lejos gozar con la vista el sacrificio. Tenia en su 
«primera fundación muchas naves, porque era la gente mucha: 

«con el tiempo se redujo á cinco naves y se le echaron cua- 

«tro puertas grandes.» (i) 



I En la ciudad de México, renovada variíis veces, no queda ya mo- 
numento que nos dé idea de las construcciones del siglo XVI ; pero en 
otras partes se encuentran todavía. En Cholula, por ejemplo, existe y he 
visto la que llaman Capilla real, y es exactamente igual, en forma y si- 
tuación á la de S. José de Naturales, de México. Está en el fondo del 
inmenso atrio de la iglesia de S. Francisco, y en la misma situación res- 
pecto á ella, que la capilla de los Servitas respecto á la iglesia principal 
de México. Tiene por el frente siete naves, y nueve por el costado, for- 
mando como un bosque de columnas, detestablemente embadurnadas, lo 
mismo que todo el interior del edificio. Por el lado que da al atrio se 
conoce perfectamente que estaban abiertos los arcos, siendo los muros 
que hoy los cierran, una añadidura posterior, que amenaza ruina. Aun 
se ven los altares en el frente opuesto, alguno de ellos muy notable, y el 
mayor con su gradería, como en S. José. Busqué alguna fecha que ates- 
tiguara la antigüedad de la fábrica y no la hallé; pero todo ello, atrio é 
iglesias, aparece representado, tal como hoy existe, en el plano que acom- 
paña á la descripción de Cholula hecha en 1581 por su corregidor Ga- 
briel de Rojas, que se halla original en mi colección de MSS. Acabada 
de hacer la bóveda de esa capilla, vino al suelo, según consta de la des- 
cripción del corregidor, de la cual (por ser desconocida) me perdonará 
el lector que copie el siguiente párrafo: 

«36. Hay en esta ciudad un monesterio de la orden del señor sant 
«Francisco muy sumptuoso y bien alzado, assi la iglesia del como la casa 
«y claustros de los religiosos. Tienen un hernioso retablo principal (sin 
«cuatro colaterales buenos) que costó mas de diez mil pesos. Residen 
«ordinariamente en él veinte religiosos, porque hay estudio de gramática, 
«Aquí administran los sacramentos á los indios y españoles, porque no 
«hay otra perroquia ni iglesia en esta ciudad. Este monesterio se fundó 
«luego que se descubrió esta tierra, y porque el gran concurso de los na- 
«turales no cabia en esta iglesia, hicieron junto á ella, dentro de su mes- 
«mo circuito, una capilla grande casi en cuadra, con dos torres á los la- 
« dos, fundada sobre muchos arcos, y estando ya acabada de bóveda, para 



228 NOTAS 

De esta descripción se deduce claramente: i9 que el atrio ó 
patio de S. Francisco quedaba dela?ite de la capilla, pues así era 
necesario para que la gente reunida en él viera los oficios divinos: 
29 que estando los altares al oriente y á este viento quedaba la ca- 
pilla, respecto al atrio ; circunstancias que concurren puntualmente 
en el lugar ocupado después por la capilla de los Servitas (i), y 
se confirman con la descripción de nuestro Cervantes, pues en- 
trados los interlocutores en el atrio vieron desde allí la capilla 
abierta, tal como la pinta Betancurt. 

El rumbo que señala el P. Mendieta, diciendo que la capilla 
estaba á las espaldas de la iglesia , al ñor te ^ no debe tomarse al pié 
de la letra, pues seria necesario suponer que la iglesia tenia la 
puerta al sur, cosa inadmisible, porque entonces resultaba la es- 
palda á la calle principal que tomó el nombre del convento; pero 
consúltese cualquier plano antiguo de la ciudad, (el de García 
Conde, por ejemplo), y se verá, que estando la iglesia primera 
en el mismo lugar en que estuvo la última, y la capilla de S. José 
en los Servitas, esta resulta á la espalda de la iglesia, al nordeste; 
aproximación que me parece bastante satisfactoria. 

De todo deduzco, que la primera iglesia de los franciscanos y 
primera de México estuvo (tal vez con corta diferencia) en el 
mismo lugar que ocupa la que hoy existe desmantelada. Aquella 
habia desaparecido antes de terminar el siglo XVI, como se com- 
prende por los términos en que habla de ella Mendieta: la se- 
gunda, techada de artesón y plomo, está descrita en el Teatro 
Mexicano de Betancurt (2): por haberse hundido el terreno, 
hubo que fabricar la tercera, que se dedicó el 8 de Diciembre 
de 1716. (3) 

El convento de S. Francisco fué desapareciendo poco á poco. 



«celebrar una fiesta solene en ella le quitaron las cimbrias de los arcos 
«y bóvedas, y aquella noche, después de celebrada la fiesta, como la obra 
«estaba tierna, dio en el suelo toda la bóveda, sin quedar mas que las 
«paredes, que fué milagro que Dios obró en que cayese de noche, que á 
«ser el dia antes hiciera estrago notable, por haber Días de cuatro mil 
^^personas dentro. Estas ruinas se han quedado así, porque como los in- 
udios van en diminución, no la tornan á reedificar. Esta fábrica era la 
«mas sumptuosa que en estas partes entre los naturales se habia edifi- 
(( cado. )) Ignoro cuándo y por quién se reedificó en la misma forma. 

1 Esta capilla, dedicada en 12 y 13 de Noviembre de 1791, era de 
tres naves, con techos de viguería sostenidos por columnas, y se subia á 
ella por una escalinata bastante amplia y elevada. Fué derribada en 1861 
para abrir la calle de Gante. Una parte del terreno que ocupaba queda 
en esta calle: la otra, donde estaba el altar mayor, en las casas que for- 
man la acera al poniente de la misma. 

2 Pte. IV, trat. 2, cap. 3, n? 34. 

3 Orozco, Memoria para el Plano de la Ciudad de México, pág. ro2. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 229 

En Setiembre de 1856 se prolongó al través de una parte de el 
la calle cerrada llamada callejón de Dolores o de las Diligencias, 
hasta salir á la calle de S. Juan de Letran: la nueva se llamó de 
la Independencia, y con su apertura quedó el convento dividido 
en dos partes. Desde entonces fué extinguida la comunidad, y 
restablecida después (Febrero de 1857), fueron de nuevo exclaus- 
trados definitivamente los religiosos á fines de 1860. En Abril 
de 1 86 1 fué desmantelada la iglesia, derribándose otra parte del 
convento y la capilla de Servitas, para abrir de norte á sur la nueva 
calle de Gante; poco después se comenzaron á fabricar casas par- 
ticulares en el terreno ocupado por las capillas del atrio, de las 
que solo queda la de Aranzazu, al norte, convertida en taller de 
cobrería. La hermosa iglesia mayor permanece todavía en pié, 
aunque destrozada: sirvió algún tiempo de caballeriza, y en parte 
de ella (capilla de Balvanera) está hoy un templo protéstame: allí 
donde enseñaron y predicaron un Gante, un Motolinia y un Sa- 
hagun ! 

Nota 52, pág. 131. 

Encontramos la historia de esta célebre cruz enTorquemada. (i) 
((Estaba en el patio de este convento.... una cruz, más alta que 
<(la más alta torre de la ciudad, y se divisaba antes de entrar en 
.(ella, por todos los caminos y alrededores, y era grande alivio 
((para los caminantes verla tan alta y levantada: la cual se hizo de 
((un muy alto y crecido ciprés que se habia criado en el bosque 

«de Chapultepec y luego que entraron los religiosos y tuvieron 

(.(.casa^ cortaron el dicho ciprés, y levantáronlo en cruz en medio 
((del atrio.)) Los que conozcan los sabinos de Chapultepec, no 
tendrán á exageración lo que dice Torquemada del tamaño de la 
cruz. Era natural que habiendo levantacdo los franciscanos tantas 
cruces, quisieran tener en su convento principal la más procer y 
singular de todas. 

Refiere en seguida que cuando se trató de levantarla, el diablo 
lo estorbaba, y concluye diciendo: ((Derribáronla, después de he- 
((cha la iglesia nueva, porque decían los maestros que declinaba 
(( sobre ella, y llevaban por reliquia sus astillas.)) 

Nota S3^ P%- 131- 

Es decir, ((será el mismo que el de las que vimos en Sto. Do- 
mingo. )) 

I Monarq. Ind.^ lib. IIT, cap. 26. 



230 



Nota 54, pág. 133. 



Columnas disminuidas son aquellas que van en diminución de 
abajo arriba, como el tronco de un árbol, (i) El P. Márquez (2) 
las llama columnas cónicas. El ser hechas de madera las mencio- 
nadas en el texto, y la expresión se fastigiantesy me hace creer 
que se trata de esa clase de columnas. Ya se entiende que la ca- 
pilla á que pertenecian era la de S. José de los Naturales. 

Nota c^c^, pág. 133. 

Fr. Francisco de Bustamante era natural de Toledo, y recibió 
el hábito en la provincia de Castilla. Vino á la Nueva España 
en 1542: fué dos veces Comisario General de Indias, en 1547 y 
1 56 1, y dos veces provincial de la provincia del Sto. Evangelio 
de México, en 1555 y 1560. En principios de 1562 volvió á 
España, y falleció en Madrid el i9 de Noviembre del mismo 
año. (3) «Era buen poeta latino» dice el P. Mendieta, «y exce- 
« lente y acepto predicador.» 

Nota c^G, pág. 133. 

Este colegio « dedicado á uno y otro San Juan, » es decir, el Bau- 
tista y el Evangelista, llevaba, desde 1567, por lo menos, el 
nombre de «S". Juan de Letran con que fué conocido hasta su des- 
trucción: así consta de un libro de acuerdos de la audiencia, que 
está en el Archivo General. Tal vez la circunstancia de estarde- 
dicada también á ambos santos la célebre basílica de S. Juan de 
Letran en Roma, hizo que el nombre pasara al colegio. 

El primer origen del establecimiento consta en el siguiente 
acuerdo que está en el segundo Libro de Cabildo : En este dia (12 
«de Julio de 1529) los dichos señores á pedimento é suplicación 
«del guardián é convento del monesterio de señor San Francisco 
«de esta cibdad, le hicieron merced de un sitio que está cerca de 
«la dicha casa de señor S. Francisco, de la otra parte del agua, 
«donde se solia hacer un tianguis, para en que estén é residan é 
«sean curados los mochachos naturales de esta tierra que están en 
«el dicho monesterio é vinieren á él para ser dotrinados y enseña- 
«dos en las cosas de nuestra santa fe católica, en el cual dicho 



1 Bails, Dice, de ATijuitcctura. — Cortina, Dice, Manual de Voces 
técnicas de Bellas Artes. 

2 Apnntatnientos &c., MS. 

3 Mendieta, Hist. Ecles, Ind. lib. IV q?^. 42; lib. V, pie. ^^ cap. 
52.— Betancurt, Menologio. 



I 



AL DIALOGO SEGUNDO. 23 1 

«sitio puedan hacer alguna casa donde estén c sean recibidos los 
«dichos mochachos enfermos, la cual ellos tienen comenzada á 
«hacer; é dieron licencia para que se pueda hacer é acabar la di- 
«cha casa de enfermería que está comenzada: é mandaron dar al 
((dicho monesterio título de ello en forma.» Como corría una ace- 
quia por la calle de S. Juan de Letran, el sitio para el colegio que- 
daba en efecto de la otra parte del agua, respecto á S. Francisco. 

Apenas llegados á México los franciscanos, trataron de enseñar 
la doctrina cristiana y las primeras letras á los niños indios, y al 
efecto hicieron levantar junto á cada convento un edificio á pro- 
pósito para escuela, con una gran sala baja en que se juntasen y 
viviesen los hijos de los principales. Pidiéronlos con tal objeto á 
sus padres; pero muchos de estos, no queriendo entregarlos ni 
osando tampoco desobedecer á los frailes, apelaron al arbitrio de 
enviar, en lugar de sus propios hijos, y como si fueran ellos, otros 
muchachos hijos de sus criados ó vasallos. ((Y quiso Dios, dice 
((el P. Mendieta, que queriendo engañar, quedaron ellos enga- 
« nados y burlados, porque aquellos hijos de gente plebeya, siendo 
((allí doctrinados en la ley de Dios y en saber leer y escribir, sa- 
(dieron hombres hábiles, y vinieron después á ser alcaldes y go- 
((bernadores y mandar á sus señores.)) (i) Ejemplo bien notable 
de las ventajas de una buena educación. De esas escuelas, la más 
famosa fué la de la capilla de S. José de Naturales de México, 
donde el inmortal lego y padre de los indios, Fr. Pedro de Gan- 
te, no solo enseñó la religión y las letras, sino también las artes 
y oficios. 

Según el contexto de la merced de 1529, el sitio de S. Juan de 
Letran se concedió para enfermería de los niños indios recogidos 
en el monasterio. Por entonces, estando tan reciente la conquista, 
aun no se resentían mucho los males originados del abandono en 
que se encontraba una generación nueva, cual era la de los mes- 
tizos, 6 hijos ilegítimos de español é india, que á poco fueron lle- 
nando la tierra, y como dice una real cédula, ((andan perdidos 
((entre los indios, y muchos de ellos por mal recaudo se mueren 
((y los sacrifican.)) (2) El mal fué en tal aumento, que llamó al 
fin la atención del gobierno de la metrópoli, y por esa misma cé- 
dula, fecha en Monzón á 3 de Octubre de 1533, (3) dirigida á la 
segunda audiencia, se mandó que los mestizos se recogieran en 
lugares á propósito, juntamente con las madres; y que si los pa- 



1 Historia Eclesiástica Indiana^ lib. III, cap. 15. 

2 El Sr. D. Vasco de Quiroga en su testamento, MS., dice que las 
madres mataban á sus hijos mestizos porque su extremada pobreza no les 
permitía criarlos. 

3 PüGA, Cédula rio, fol. ^S,. 



232 



NOTAS 



dres eran conocidos, fueran obligados á recoger y sustentar á sus 
hijos. Igual orden se repitió muchas veces al virey D. Antonio 
de Mendoza, quien la ejecutó, instituyendo «un colegio de niños 
«donde se recogen, no solo los perdidos; mas otros muchos que 
«tienen padres los ponen á deprender la doctrina cristiana y á leer 
«y escribir, y á tomar buenas costumbres.)) (i) Con este motivo 
se trasformó sin duda Letran en colegio de mestizos, cuyo destino 
tenia en tiempo de Cervantes. Corrió al principio á cargo del 
Dr. Quesada, y el rey le hizo varias mercedes. Por cédula dada 
en Valladolid á i9 de Octubre de 1548, le cedió por diez años 
la mitad de todo el ganado mostrenco, mayor y menor, que se 
hallara en la Nueva España; cuya donación prorogó y amplió 
en cédula de 4 de Diciembre de 1552. En el intermedio, por 
otra de 20 de Noviembre del mismo año, le habia señalado una 
renta anual de seiscientos pesos de minas (2); asignación consi- 
derable, si se compara con la de mil pesos hecha por entonces á 
la Universidad. En 8 de Setiembre de 1557 repetía Felipe II las 
aprobaciones y recomendaciones del colegio, el cual, según la mis- 
ma cédula, no se limitaba ya á ser una escuela para los huérfanos, 
sino que se esperaba que los educandos formados en él salieran á 
fundar otros colegios en la Nueva España, dándosele así el carác- 
ter de una escuela normal. Al mismo tiempo se le dieron cons- 
tituciones, confirmadas por la L. 14, tít. 23, lib. i9 de la Rec. 
de Indias. 

A principios del siglo actual habia venido el colegio á tal deca- 
dencia, que fué preciso reunirle con el de S. Ramón, igualmente 
decaído, formando de ambos uno solo. Así continuó hasta hace 
pocos años, que fué en gran parte demolido para abrir una calle, 
y el resto se vendió á particulares, que han comenzado á labrar 
allí casas. 

Nota 57, pág. 135. 

Esta es otra reminiscencia de la Introducción ;^ Camino para la 
Sabiduría, de Luis Vives : « Ut non possit, nisi coactus et reluctans, 
i(.ad male agendum pertrahi.)) (§ VIII.) Y poco mas abajo otra: 
aJota reliqua vita ex hac puerili educatione pendet.)) — Cervantes 
llama huérfanos á los mestizos, porque siendo casi en su totalidad 
ilegítimos, sus padres los abandonaban. La división de los niños 
en dos clases, para que según su capacidad tomasen diversas car- 
reras, fué después mandada expresamente en las constituciones 

de 1557- (3) 

1 Mendoza, Avisos, pág. 289. 

2 PuGA, Cedtilario, fs. 143 vto., 144, 145. 

3 Diccionario Univeisal, tom. II, pág. 369. 



AL DIALOGO SECUNDO. 



Nota 58, pág. 137, 



233 



Esta acequia atravesada era la que corría por el costado de Pa- 
lacio, Portal de las Flores, Scc, á juntarse con la que seguían los 
interlocutores en la calle de S. Juan de Letran. 

Nota 59, pág. 137. 

Desde el tiempo de la gentilidad estaban sujetas las hijas de los 
indios principales á una disciplina tan severa, que destruía los víncu- 
los de la familia, y debía hacerles casi insoportable la vida, (i) 
Los frailes franciscanos las recogieron igualmente, y las pusieron 
á aprender la doctrina en los patios, fuera de las iglesias. Divi- 
díanlas en grupos, y para cada uno de ellos salía un niño de los 
que ya sabian la doctrina, á enseñarla, hasta que hubo entre ellas 
mismas algunas que la aprendieron, y estas enseñaban á las de- 
mas. Informada la Emperatriz D^ Isabel por el venerable obispo 
Sr. Zumárraga, de las buenas disposiciones de los naturales, de- 
terminó enviar mujeres devotas y recogidas que sirvieran de maes- 
tras á las niñas, no solo de doctrina y de ejercicios cristianos, sino 
también de labores mujeriles. En las instrucciones dadas á la se- 
gunda audiencia (12 de Julio de 1530) (2) hay al efecto un capí- 
tulo que dice así : « Porque como veréis, deseando que los naturales 
((de la dicha tierra, ansí hombres como mujeres, sean instruidos 
((en las cosas de nuestra sancta fee católica, por todas las formas 
((que para ello se pudieren hallar, y ha pareci(do que será cosa con- 
(( viniente que aya casa de mujeres beatas, para que con ellas se 
((rijan las niñas y doncellas que tuvieren voluntad para ello; y 
((Como veréis van al presente seis beatas, las cuales habemos hecho 
((algunas limosnas, ansí para sustentamiento como para las casas 
((en que han de morar. Por ende, yo vos mando que tengáis cui- 
«dado cómo sean bien tratadas é favorecidas, y que veáis cómo la 
((casa en que hubieren de estar, sea lo más cerca que ser pueda 
((de la iglesia mayor de México, y encomendareis la filiación de 
((ellas al diocesano, porque pues al presente no han de ser profe- 
((sas ni encerradas, no han de estar subjectas á ningunas de las re- 
«ligiones.» 

Las beatas vinieron con Fr. Antonio de la Cruz, quien el 10 
de Julio de 1531 pidió á nombre de ellas ((cierto pedazo de solar 
((que está junto á la casa de Gaspar de Ávila que está tomada para 
((hacer un m.onesterio para las dichas beatas.» Dividiéronse los 



1 Mendieta, //isí. Ed. Indiana, lib. II, cap. 23. 

2 PUGA, Cédula rio, fol. 42. 



234- 



xNOTAS 



pareceres de los capitulares, y no llegó á resolverse nada acerca 
de la petición; mas por la discusión á que dio lugar, aparece que 
el sitio en cuestión venia á quedar por la calle de S. José el Real. 
La enseñanza de las beatas no duró' mas que unos diez años, es 
decir, hasta 1540, poco mas ó menos, pues el P. Motolinia, que 
escribió hacia esa fecha, habla de ello como de cosa pasada, di- 
ciendo, que como las niñas solo se educaban para ser casadas, no 
pudo durar esa clausura, (i) Mas esas niñas, salidas de allí para 
tomar estado, sirvieron para enseñar á otras, y algunas continua- 
ron viviendo á manera de beatas, dedicadas á la enseñanza y al 
servicio de los templos. (2) 

Es de considerarse también que si las niñas indias exigían en 
los principios ese cuidado para su instrucción, no fué ya tan ne- 
cesario luego que adelantó la conversión de los naturales, pues te- 
niendo ellas familia, podían ser enseñadas en sus propias casas, al 
cuidado de sus padres, ya convertidos. Las mestizas fueron las que 
entonces llamaron la atención, pues sí de la multitud de varones 
abandonados resultaban tantos inconvenientes como arriba hemos 
dicho, mayores debían ser y eran los del desamparo de las niñas. 
Por eso D. Antonio de Mendoza fundó otro asilo para ellas, se- 
mejante al de los varones, y le puso á cargo del benéfico Lie. Te- 
jada. (3) Que D. Antonio de Mendoza fué autor de esta funda- 
ción, consta de la cédula de 18 de Diciembre de 1552, así como 
que servia no solo para las mestizas sino también para las españo- 
las (4), «que andaban perdidas por la tierra,» las cuales «se re- 
acogieron y pusieron con ellas una ó dos mujeres españolas vir- 



1 Hist. de los Ind. de /V. E., trat. III, cap. 15. — También Mendie- 
lA, Hist. EcL Ind., lib. III, cap. 52. 

2 Mendieta, Op. cit., lib. IV, caps. 16, 29. 

3 Avisos, pág, 289. 

4 PUGA, Ccdulario, fol. 145. Dos errores materiales hay en esta ce- 
dula. El pi-imero citarse al principio otra de i? de Octubre de 1558, de- 
biendo ser 1548. El segundo decirse en seguida que en esa cédula se 
habia hecho merced de la mitad del ganado mostrenco al colegio de las 
¡liñas de la doctrina, siendo claro que debe leerse, de los niños. 

Tan necesario era recojer las españolas como las mestizas, porque ya 
debia empezarse á sentir entonces el mal que más adelante (1561) la- 
mentaba el P. Mendieta en estas sentidas frases: «Cuanto más que de 
«venir de España tanta gente hay grandísimos inconvenientes y males, 
«como es haber en jMéxico (según estotro dia me dijeron) diez ú once 
«mil doncellas hijas de españoles, si no me engaño, por cuenta, que cuasi 
«todas no tienen con que se casar, ni se sabe cómo podellas remediar; y 
«sabe Dios lo que así doncellas como casadas hai'án, por no tener un pan 
«que comer; y los varones habrán necesariamente de venir á robar y 
«saltear púl)licamente los caminos.» Carta al P. Busiamanfc, ap. Col. 
de Doe. para la Hist. de Mé.xico, tom. II, pág. 541. 



AL DIALOUO SEGUiNDO. 235 

«tuosas para que las enseñasen en todas las cosas de virtudes ne- 
«cesarias. )) La casa se sostenía de limosnas, y no eran tantas, que 
las niñas no pasasen «mucha necesidad,» por lo cual se les hizo 
merced de la mitad del ganado mostrenco que se hallase, así como 
se había concedido la otra mitad al colegio de los niños. Por otra 
cédula de la misma fecha se recomendó mucho á D. Luis de Ve- 
lasco el cuidado de la casa de las niñas, ordenándosele que la vi- 
sitaran alternativamente, un año el virey mismo, y otro el oidor 
que él nombrara, así como que continuara favoreciendo con dinero 
ó empleos á los que quisieran casarse con alguna de aquellas niñas, 
según lo acostumbraba su predecesor D. Antonio de Mendoza. 

De estos datos se deduce que en 1548 llevaba ya algún tiempo 
de fundado el colegio, y aun consta que existía en 1542, porque 
entre las instrucciones que en ese año se dieron al visitador Tello 
de Sandoval está la de «que procurase que la buena obra de la 
«casa que se hizo para el recogimiento de las niñas mestizas, se 
«conservase y llevase adelante.» (i) 

Según el Sr. Orozco y Berra, el asilo que hemos conocido con 
el nombre de Colegio de Niñas fué fundado en 1548 por la archi- 
cofradía del Santísimo Sacramento (2), y en la Descripción del 
Arzobispado de México, MS., leemos: «Hay otro colegio de don- 
« celias huérfanas cuya administración tiene la cofradía de la Ca- 
«ridad, y se intitula de la Concepción de Nuestra Señora: fundóse 
«este colegio por la dicha cofradía, y por personas que ayudaron 
«con sus limosnas.» Esto se escribía en 1570. Parece que estas 
noticias se refieren al establecimiento fundado por D. Antonio de 
Mendoza hacia 1540: tal vez en 1548 le puso á cargo de la ar- 
chícofradía del Santísimo Sacramento, y de ahí viene que á esta 
se atribuya la fundación en dicho año. Pero por otra parte, cuando 
en 1550 dejaba Mendoza los Avisos á su sucesor, todavía habla 
de estar el colegio encargado al oidor Tejada, y recomienda que 
se le deje en el puesto. 

Torquemada (3) atribuye la fundación de este colegio, así co- 
mo la del de los niños, á los religiosos de su orden. «Hay (dice) 
«otras iglesias, y entre ellas el colegio de los niños de S. Juan de 
«Letran, donde al principio se criaban niños pobres y otras gen- 
«tes hijos de españoles habidos en indias. ... los cuales todos se 
«recogían con mucho cuidado en este colegio Hay otro que 



1 Herrera, Déc. VII, lib. 6, cap. 7. 

2 Memoria para el Plano de la Ciudad de México, \)i\g. 190. igual 
noticia da Carrillo y Pérez en su México Católico, MS., añadiendo que la 
citada archicofradía fué fundada en la Iglesia Metropolitana, con auto- 
ridad apostólica, el año de 1538. 

3 Monarquía Indiana, lib. III, cap. 26. 



236 NOTAS 

«llaman de las niñas, que se fundó con el mismo intento, y ahora 
«hay recogidas en él muchas doncellas y nobles, y de allí las sacan 
«para casarlas y darlas estado. Estos dos colegios cogen en medio 
«á S. Francisco: el de los niños á la parte del poniente, y el de 
«niñas á la del oriente, y están espaldas con espaldas, y es la ra- 
«zon, porque por orden de los frailes de esta orden fueron edifi- 
«cados é instituidos, y aun al principio administrados.» 

Las señas de Cervantes corresponden bastante bien al s-itiodel 
Colegio de Niñas (que estaba en la misma manzana que S. Fran- 
cisco), y lo mismo las de Torquemada, salvo que los dos colegios 
no estaban espalda co?i espalda: para esto seria preciso que el de 
Letran estuviera al revés, con la fachada al poniente. Que Tor- 
quemada atribuya la fundación de ambos á los frailes de su orden, 
nada tiene de extraño. Respecto al de Letran, tiene razón, y tal 
vez consideraba el otro como una continuación del de las niñas 
indias, que también debia su origen á los franciscanos. Sea como 
fuere, el Colegio de Niñas cambió de destino con el tiempo. En 
el de Betancurc estaba destinado á veinticuatro españolas^ con dote 
de á quinientos pesos. El colegio se conservó hasta 1861, en que 
despojado por el gobierno de casi todos sus cuantiosos bienes, no 
pudo ya sostenerse, y las colegialas pasaron al de S. Ignacio, ó de 
las Vixcainas. El grandioso edificio que ocupaban fué vendido, y 
aunque se comenzó en él una grande obra para trasformarle en 
hotel, hace muchos años que está suspensa, y todo abandonado. 
La iglesia, despojada hasta del coro, continúa abierta al culto 
católico. 

Nota 60, pág. 139. 

El Tejada de que habla Cervantes, debe ser el licenciado Lo- 
renzo de Tejada, oidor de la Audiencia de México, á quien 
D. Antonio de Mendoza llama « buen republicano y labrador,» (i) 
que poseia terrenos en varios puntos de las inmediaciones de la 
ciudad, abrió acequias, construyó puentes y molinos, &c. Cono- 
cido su carácter emprendedor, es natural suponer que él fuera 
quien fabricó las casas de que habla Cervantes, y que han conser- 
vado hasta el dia la memoria de su dueño. Aun existe la calle 
con el nombre de Portal de Tejada, bien que ya no hay en ella 
portal alguno; pero se nota que el alineamiento de su frente al 
sur avanza respecto al de las dos calles, de uno y otro lado en la 
misma acera (calle de las Vizcaínas y 2?- de Mesones), por donde 
se conoce que el portal estaba avanzado, como hay todavía otros 
en la linea del de Agustinos, y que al edificar de nuevo (pues la 

I Intervoí^aforio de la Visita, ]'>reg-. 209. 



.\r. DIÁLOGO SEGUNDO. 237 

actual fábrica no es la misma del tiempo de Cervantes) se tomó 
también el terreno que ocupaba el portal. De la forma triangular 
de la planta no hay ya señales, pues la manzana es cuadrada co- 
mo las demás; pero de la acequia que corria por la espalda queda 
memoria en el nombre de «calle del Puente Quebrado,)) que con- 
serva la que se halla á la espalda del «portal de Tejada.» 

Nota 61, púg. 139. 

TrUlifíium y ccenaüo eran dos especies de comedores: el pri- 
mero estaba siempre situado en el piso bajo, y el segundo ordi- 
nariamente en la parte alta de la casa. El Lie. Gerónimo de la 
Huerta (i) traduce ccenatio por cenadero » voz ya desusada, y el 
Lie. Folgueras Sion (2) por comedor. No sé que correspondencia 
castellana daria el mismo Cervantes á estas dos voces, si hubiera 
de traducirlas, cuando ni aun está bien clara la diferencia entre 
ellas. Dudo que en las casas del Portal de Tejada hubiera el lujo 
de dos comedores, aunque, según la hipérbole de Cervantes, fuera 
un edificio siquod aliud in orbe toto. 

Nota 62, pág. 141. 

Los mercados de los indios eran tres: el de Santiago, el de San 
Juan y el de San Hipólito, ó de Juan Felazquez, de que se ha- 
bla en el Diálogo siguiente. Parece que la iglesia dedicada á S. Juan 
Bautista estaba en el mismo lugar que ahora la de S. Juan de la 
Penitencia. (3) 

Nota 61,, pag. 141. 

Persio, Sat. V, V. 52. 

Nota 64, pág. 141. 

Virgilio, Georg., I, 57. Los Sábeos, (vasallos, según dicen, 
de la reina de Sabá) habitaban en la Arabia Feliz. Comerciaban 
en aromas, y especialmente en incienso. Vives habia ya citado 
estos versos en su diálogo Convhium. 

Nota 6c^^ pág. 141. 

ví^ATzesvozdelas islas: los mexicanos le llamaban ri'////, de donde 
viene el nombre chile que tiene entre nosotros: le hay de varias 

1 Traducción de Plinio, Historia iVatural, lib. XXXVI, cap. 7. 

2 Traducción de las Sátiras de JuvenAL, Sát. VII, v. 181. 

3 Betancurt, Teatro, Pte. TV, trat. 4, cap. 2, n? 17. 



238 NOTAS 

especies {capsicunf). — Los frijoles ójudías, en mexicano <?// (^pha- . 
seolus vulgaris^y con el chile y las tortillas de maiz, tlaxcalli, 
forman todavía el principal alimento del pueblo bajo, y se sirven 
como plato final en todas las mesas. — El aguacate, ahuacatl, es el 
fruto ^qS. persea gratissima. — La guayaba, xalxocotly lo es áú psi- 
áium pommiferum. — Mamey es también nombre isleño: en me- 
xicano se llama tetzonízapotl ó tetzapotl {^lúcuma mammosa). — 
Del zapote, tzapotl, hay muchas variedades: el blanco, amarillo, 
prieto (^dyospiroSy nigra?'): entre ellas se cuentan también el ma- 
mey y el chicozapote ó zapotillo {zapota achras'). — El camote, 
ca?notlj no es mas que la batata europea {corwohulus battatas'). — 
Gícama, xicama, catzotl, {doUchus tuberosus') es un tubérculo se- 
mejante al nabo, de sabor dulce, casi insípido. — Cacomite es 
nombre mexicano, cacomitl {tigriáia cacomite') : produce una flor 
bellísima, y la raiz ó tubérculo se come. — También el nombre 
del mezquite es mexicano, mitzquitly {inga circinalis) ; produce 
este árbol unas bayas comestibles, y una goma que sustituye á la 
arábiga en la medicina y en las artes. — Tunas, voz de las islas, 
son los higos chumbos; el nombre mexicano es nochtUy como más 
abajo lo expresa Cervantes {cactus opuntia). — Xilotes, ó %z2,xilotly 
son las mazorcas tiernas del maiz. El P. Motolinia (i) distingue 
perfectamente los nombres que los indios daban á este grano, según 
sus diversos esrndos. « En esta lengua (mexicana) cuando el pan 
«se coge y todo el tiempo que está en mazorca, que así se con- 
(c serva mejor y más tiempo, llámanle centli: después de desgranado 
(íllámanle tlaulli: cuando lo siembran, desde nacido hasta que está 
«de una braza, llámanle tloctli: una espiguilla que echa antes de 
«la mazorca en alto llámanla miyauatl: esta comen los pobres, y 
«en año falto todos.» Y luego añade: «Cuando la mazorca está 
«pequeñita en leche, muy tierna, Wimanh xilotl: cocidas, las dan 
«como fruta á los señores. Cuando ya está formada la mazorca 
«con sus granos tiernos y es de comer, ahora sea cruda, ahora asa- 
«da, que es mejor, llámase elotl {2). Cuando está dura, bien ma- 
«dura, llámanla centli, y este es el nombre más general del pan de 
«esta tierra. Los españoles tomaron el nombre de las islas, y llá- 
«manle maiz.)) — Los xocotes, xocotl {spondias purpurea') son unas 
ciruelas silvestres, rojas ó amarillas, de un sabor agridulce : tienen 
muy poco que comer, porque casi todo es hueso. Oviedo (3) da 
una curiosa descripción de este árbol, y cuenta una estupenda 
virtud curativa de su albura. 



1 Alamiscrito, pág. 410. 

2 Nuestros elotes, de que tanto consumo se hace. 

3 Ilist. Gen. y Nat. de las Indias, lib. VIH, cap. 21. 



AI. DIALOGO SECUNDO. 239 

Nota GG, pág. 143. 

Atole, titolli ó atul/iy preparación de harina de maiz desleída 
en agua y hervida, á manera de puches, ó 7naxamorray como dicen 
los antiguos cronistas. Es el desayuno ordinario de la gente pobre, 
y el alimento de los enfermos. Se hace asimismo con leche, y de 
ese modo es muy agradable. — De la chia, chiariy {jahia chiati) 
hay dos variedades: una negra y pequeña, de que se saca un aceite 
excelente para la pintura: otra blanca, más gruesa, que puesta á 
infundir en agua endulzada forma una bebida mucilaginosa, muy 
usada como refrigerante. — No conozco el zozoly tal vez será el 
chiantzotxolatolli de que habla Clavigero (i), bebida compuesta 
de chia y maiz. Hernández (2) distingue la semilla de chian de 
la de chiantzotzolli, y de esta dice lo que Clavigero de aquella. 

Nota 67, pág. 143. 

« Oxitly ungüento hecho de trementina,» (^Foc. de Molina.) 
Según Herrera (3), los indios se untaban las piernas con aceite 
de chia para que no les dañase el agua. Lo mismo dicen Tor- 
quemada y Betancurt. (4) « ZoquHly barro ó lodo.» {Voc. de Mo- 
lina.) — Ignoro la significación de la palabra quahtepuztli. — 
« Crian las mujeres largo el cabello (dice Gomara), hácenlo negro 
((Con tierra por gentileza, y porque les mate los piojos.» (5) 

Nota 68, pág. 145. 

(( Ocuilifiy gusano generalmente, ó cebo para pescar.» (^Foc. de 
Molina.) A estos gusanos dedicó el Dr. Hernández un capítulo 
que nos ha conservado Recchi en su extracto: «De OcuiliztaCy 
«ó gusanos blancos. — Así acostumbran llamar los mexicanos á 
«ciertos gusanos que se crian en las lagunas de Tenochtitlan, no 
«muy desemejantes á los que produce la putrefacción de las car- 
«nes. Crudos son negros: pero tostados en cazuelas ó comales, 
«al punto se ponen blancos. Cómenlos con sal los naturales, y 
«dicen ser de tan buen sabor, que compite con el de nuestras al- 
«mendras. Todos los años, en cierto tiempo, tienen gran cosecha 
«de tales gusanos, y especialmente cuando son más copiosas las 



1 Lib. Vil, \ 64. 

2 Opera, tom. I, pág. 135, 

3 Déc. II, lib. 7, cap. ló. 

4 Monavijiiia Indiana, \\h. XIV, cap. 14. — 7\'atro Mexicano, V\Q. 
II, trat. 3, cap. 16, n? 117. 

5 Cap. 209, cd. líarcia. 



2A.0 NOTAS 

«lluvias. Son de mal sabor, y deben contarse entre los platos as- 
(íquerosos y viles, por lo cual no se ven en las mesas de los hom- 
«bres acomodados y cultos, sino en las de aquellos que no tienen 
(fotra cosa mejor ó más grata de que alimentarse, ó para cuyo pa- 
(dadar nada es de perder, por repugnante y asqueroso que sea, 
«con tal de que tenga sabor. Entre los que aborrecen tal comida, 
(cno faltan quienes la den abundantemente á las aves de corral que 
«engordan, como ánades, pollos y ánsares.» (i) 

Nota 69, pág. 145. 

Guabtli, parece corrupción de huauhtUt que en el Vocabulario 
de Molina se traduce bledos. — aHuautii es una semilleja como 
«ajonjolí: dase morada y amarilla, de unas matas á manera de ar- 
« bolillos, con la hoja como la lengua de vaca: da en el pendón 
«de arriba, que llaman quaulzontliy como un plumaje de semilleja 
«muy junta: de ellas se hacen unos tamalillos que llaman tzoales, 
«que son para los naturales de regalo.» (2) — Iztacpatli, ó me- 
dicina blanca. V. Hernández, lib. X, caps. 59,61-65, 68, 71, 
72, 74, 76, 130-146; XiMENEz (Fr. Francisco), Pte. i?- del 
lib. II, caps. 24-26, Pte. 2?- del lib. II, cap. 28. — Tlalcacahuatly 
es el cacahuate ó avellana americana (arachis hypog¿ea). V. Her- 
nández, lib. VI, caps. 89-93; XiMENEz, Pte. 2?- del lib. III, 
cap. 30. — Izhcpatli, medicina fria. V. Hernández, lib. III, 
cap. 12; XiMF.rvEz, Pte. III del lib. I, cap. 21. — Coloízitzicaztli 
seu Única scorpionis. V. Hernández, lib. III, caps. 86, 87. — 
Ololiuqui. V. Hernández, lib. XIV, cap. i ; Ximenez, Pte. i'> 
del lib. II, cap. 14; Betancurt, Teatro, Pte. I, trat. 2, cap. 11, 
n9 210; Sahagun, Hist. Gen., (ed Bust.), tom. III, pág. 241. 

Nota 70, pág. 145. 

La raiz de Michoacan {convohulus Mechoacana) es un pur- 
gante que después de haber disfrutado de gran reputación, ya casi 
no tiene uso en la medicina. Es semejante á la raiz de Jalapa. De 
la de Michoacan trata largamente y con grande elogio el Dr. Mo- 
nardes (3). Los mexicanos la llamaban TlalantlacacuitlapilH. 
V. Hernández, lib. XVII, cap. 28. — Entre las muchas espe- 
cies de cassia no encuentro la cassia pupula, de Cervantes, y he 
preferido dejar el nombre sin alteración en ambas lenguas. 



1 Thesaurns, Lib. de Animalib., tr. V, cap. 12, pág. 79. 

2 Betancurt, Tealro Mex., Pte. I, tr. 2, cap, 8, n? 151. í.os huan- 
sontles se comen hoy en diversas salsas. 

3 Historia Medicinal y Pte. T. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 



241 



Nota 71, pág. 147. 

(( Ae?.(}>iKbv ^í<l>or, id est, Dclphiciis gladiuSy de re dicebntur ad di- 
li versos usus accornodabili.yí «Se da el nombre de Espada de Del- 
«fos á una cosa que puede aplicarse á varios usos,» dice Erasmo, 
y prosigue: aporque la espada de Delfos estaba fabricada de tal 
«modo que serviu igualmente para inmolar las víctimas y para ajus- 
«ticiar á los criminales» (i). — Es tanto lo que se ha escrito acerca 
del maguey y de sus usos, que juzgo inútil hablar más de ello. 

Nota 72, pág. 149. 

Siete especies de tunas ó vochtli cuenta Hernández (2). Nochtli 
es el nombre del fruto : el del árbol es nopalli. La grana ó cochinilla 
que se cria en las hojas (y no en las flores como dice Cervantes) 
se llama en mexicano Nocheztli, palabra compuesta de nochtli, 
fruto del riopalli, y de ezí/i, que significa (f sangre, » como parece 
en efecto la mancha roja que deja la cochinilla estrujándola entre 
los dedos. De la goma de nopal hablan Hernández y Ximenez (3). 
Este dice: «Echa de sí esta planta una goma que templa el calor 
«de los ríñones. Llámanla los españoles alquitira de la tierra.)) (4) 

Ya que de gomas se trata, no dejaré de copiar, aunque no venga 
muy á cuento, un curioso pasaje de Betancurt (5), del cual consta 
que por lo menos desde 1690 se empleaba en México la goma 
elástica (^óllin ó úllin de los mexicanos) para hacer telas imper- 
meables. «De él usan los nuestros para encerar las capas que re- 
«sisten los aguaceros, pero no para el sol, porque á su calor se 
« derrite. » 

Nota 73, pág. 151. 

El huipil ó hueipilli es una especie de camisa de colores sin 
mangas, que todavía usan las indias. Los hombres llevaban las 
mantas á la espalda, sujetándolas con un nudo sobre el pecho. Las 
habia muy finas y valiosas. 



1 Adagia, oh. II, cent. 4, ad. 93. 

2 Lib. VI, cap. 106. 

3 Ubi supra. — Pte. '¿\ del lib. I, cap. 44. 

4 Sustituye á la goma tragacanto ó alquitira en las boticas. {^Ensayo 
para la Mafcria Médica Mexicana, pág. 43.) Ya no se hace uso de ella 
en la confitería. 

5 Teatro, Pte. I, trat. 2, cap. 10, n? 182. 

31 



242 



Nota 74, pág. 151. 

En muchos autores antiguos, empezando por las Relaciones de 
Cortés, se encuentran largas descripciones del mercado de San- 
tiago Tlatelolco, y no hay para qué repetirlas. 

El célebre indio D. Antonio Valeriano, fué natural de Azca- 
potzalco, hijo de caciques nobles y pariente de Moctezuma. No 
se sabe el año de su nacimiento. Cuando en i 537 fundó D. Anto- 
nio de Mendoza el colegio de Santiago Tlatelolco (i), Valeriano 
fué uno de los primeros colegiales, y estudió con tal aprovecha- 
miento, que sucedió á sus maestros en la cátedra de gramática (2). 
El padre Fr. Juan Bautista, en el Prólogo de su SermonariOy trae 
una carta suya en latin, y asegura que era uno de los mejores la- 
tinos y retóricos, y que «hablaba ex tempore con tanta propiedad 
«y elegancia, que parecía un Cicerón ó Quintiliano, » Torque- 
mada, que le tuvo por maestro de lengua mexicana, dice que era 
«buen latino, lógico y filósofo,» y que tuvo el rey noticia de él 
y le escribió una carta muy favorable, haciéndole en ella mucha 
merced. Fué gobernador de los indios de México por espacio 
de treinta y cinco ó cuarenta años, y murió de edad avanzada 
en Agosto de 1605. A su discípulo Torquemada dejó varios 
manuscritos, entre ellos el Catón cristiano, traducido en lengua 
mexicana. 

Nota 75, pág. 153. 

El cacao, de que tanto consumo se hace hoy en ambos mun- 
dos, fué desconocido en el antiguo hasta el descubrimiento del 

1 Al hablar de esta fundación el Sr, Alaman {Disert.^ tom. II, pág. 
157), incurrió en la equivocación de decir que en la apertura se predi- 
caron tres sermones, «uno de ellos por el célebre Dr. D. Francisco Cer- 
«vántes Salazar, primer catedrático de Retórica de esta Universidad, y 
«autor de varias obras muy importantes para la historia nacional, de mu- 
«chas de las cuales no nos queda más que la noticia de sus títulos.» 
Nuestro Cervantes no habia llegado todavía á México. Torquemada solo 
dice que predicó uno délos sermones «el doctor Cervantes» [Mon. Ind., 
lib. XV, cap. 43), noticia que tomó de Mendieta [Hisi. EcL Ind., lib. IV, 
cap. 15), quien tampoco menciona el nombre del doctor. Fué probable- 
mente el Dr. Rafael Cervantes, tesorero de la Metropolitana, y pariente 
de nuestro autor, según Beristain. 

2 Rectificaremos de paso un error de Beristain. Dice que Valeriano 
enseñó la lengua mexicana á Fr. Juan Bautista y á Fr. Juan de Torque- 
mada. Respecto á este último, es cierto; pero no respecto á Fr. Juan 
Bautista. Este, en su citado Prólogo menciona á sus maestros Fr. Fran- 
cisco Gómez, Fr. Miguel de Zarate y Fr. Gerónimo de Mendieta, De 
Valeriano solo dice que le ayudó en la composición de sus obras. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 



243 



nuevo. Cógese principalmente en las regiones de la América Cen- 
tral, y aun se encuentra silvestre en ciertos lugares (i). El de 
nuestro pais se cosecha en los Estados de Tabasco y Chiapas, 
siendo reputado el de Soconusco por el mejor de cuantos se co- 
nocen. En tiempo de la conquista sobresalía por su riqueza en 
cacao la provincia de Izalcos en la costa de Guatemala, donde, 
según dice el Lie. Diego García del Palacio (2), ocupaban dos 
leguas cuadradas los plantíos de ese árbol, y producían cincuenta 
mil cargas de fruto, que valían quinientos mil pesos de oro de 
minas. En el día ha decaído allí mucho la producción. 

El árbol de cacao se siembra en tierras muy fértiles, y como 
suele agostarse con el calor excesivo, plantan previamente al lado 
otro árbol más alto, conocido, por su especie, con el nombre de 
atlinaTiy y por el oficio, con el de cacahuanantli^ ó «madre del ca- 
«cao,» porque tales árboles sirven para preservarle del ardor del 
sol con su follaje, y al efecto cortan las ramas bajas, de manera 
que no estorben al cacao, y dejan las altas para que den la sombra 
requerida. Como esos árboles pierden las hojas en invierno, de- 
jan penetrar entonces los rayos del sol, y cubriéndose de follaje 
en verano, los interceptan. En Nicaragua sembraban con este ob- 
jeto un árbol Uamado y¿?guaguíí, muy estimado por su madera os- 
cura, recia é incorruptible (3). El fruto del cacao aparece en el 
tronco, casi desde el suelo, y en las ramas. Es una especie de ma- 
zorca ó cápsula, verde rojiza, en figura de melón, señalados los 
gajos, y contiene de veinte á treinta granos envueltos en una sus- 



1 HUMBOLDT, V¿í7je á las Regiones Eipiinocciales, lib. V, cap. 16. — 
También en Cotasta, según el P. Álzate, Gaceta de Literatura, 19 de 
Noviembre de 1789. 

2 Descripción de Guate7?iala, por el Lio. PALACIO, 1576. El MS., ori- 
ginal)' Jirí/iado, de esta curiosísima relación existe en mi poder. Mr. Ter- 
naux-Compans insertó una traducción francesa de él en su Recneil de 
Docu??ienis et Mévioires originaiix sur Vhistoire des Possessions Espagno- 
les de r Amériqne á diverses époqiies de la Conquéte (Paris, 1840, 8? Este 
volumen no forma parte de la conocida Colección de dicho autor en 20 
volúmenes.) Publicó el texto español, con traducción inglesa al frente, 
notas y un mapa, Mr. E. G. Squier (N. York, 1860, 4? mcn.) en un vo- 
lumen primorosamente impreso al estilo antiguo, que es el primero (y 
hasta ahora el único) de una Collection of rare and original Dociunejits 
and Relations concernhig the Discovery and Conqtiest of A7ne7-ica, chiefly 
from the Spanish Archives. Es lástima que la corrección del texto no 

corresponda á la belleza de la impresión. — El mismo Lie. Palacio, tan 
letrado como guerrero, siendo después oidor de México (donde recibió 
el grado de doctor el 24 de Enero de 1581) publicó unos Diálogos Mi- 
litares (México, P. Ocharte, 1583, 4?) y una Instrucción A'áutica para 
el buen uso y regimie7ito de las Naos (Ib., id., 1 587, 4?); libros suma- 
mente raros, que he visto. 

3 Oviedo, lib. VIH, cap. 30. 



244 NOTAS 

tancia blanca y dulce que también se come (i). Hácense dos co- 
sechas: una por Junio, que es la principal, y otra por Diciembre. 
Sacados los granos, puestos algún tiempo á fermentar, y secados 
luego al sol, pasan al comercio. 

Los mexicanos llamaban al cacao cacahuatr{jz), y según Her- 
nández (3), conocían cuatro especies, que enumera por orden de 
tamaño, á saber: el quauhcacahuatly el mecacacahualt, el xochica- 
cahuatly y el tlalcacahuatly ó «cacao humilde)) el mas pequeño de 
todos. Tenían ademas otro árbol llamado quauhpatlachtli, de gé- 
nero semejante, que á veces sembraban en las huertas de cacao: 
daba un fruto parecido, aunque de inferior calidad, que los in- 
dios solían mezclar con el cacao verdadero, y también se comia 
confitado. Todos los cacaos tenían las mismas propiedades y usos; 
pero para la bebida empleaban de preferencia el tlalca<:ahuath 
Los otros servían de moneda que corría generalmente en la tierra, 
no solo en el imperio mexicano, sino también en los países veci- 
nos. De lo mismo servía el fruto del quauhpatlachtliy y se daba 
de limosna á los pobres: llamábase <jízzq2íO paila chtli.y) (4) Con- 
forme al sistema numeral de los mexicanos, la base para contar 
los cacaos era el número 20: así, 400 cacaos (20X20) form.aban 
un xontle (5): veinte zontles, ó sean 8000, un xiqíñpilliy y tres 
xiquipilli una carga, la cual, por consiguiente, tenía 24000 granos. 
Como esta cuenta era difícil y daría lugar á abusos, se prohibió 
en cabildo de 28 de Enero de 1527 «vender cacao por cuenta, 
«salvo por medida sellada con el sello de la ciudad, é colmada;)) 
aunque años después prevaleció otra opinión y en 24 de Octubre 
de 1536 se mandó vender contado «é no de otra manera.)) Los 
indios falsificaban esa moneda, llenando las cascaras vacías con 
greda, y en 1537 enviaba D. Antonio de Mendoza al rey, mues- 
tras de esa falsificación. (6) 



1 ToRQUEMADA, lib, XIV, cap. 42. — Era lo único que los indios del 

Orinoco aprovechaban del cacao silvestre. «Quest'indiani non ne 

«fanno altro uso que sugarne, quand' é matura, 1' esterna saporitissima 
«carne. La mandorla, non curata per nulla da essi, giacea.... per térra.» 
GiLLij, Saggio di Storia Americana, tom. I, lib. IV, cap. 4. 

2 No hay que equivocar el cacao con el cacahuate (el maní de las 
islas), cosa fácil por la semejania de los nombres, y más porque al ca- 
cahuate llamaban tlalcacaJuiatl, cuyo nombre daban también á una de las 
especies de cacao. Hernández (lib. VI, cap. 89) los distingue bien. — 
Véase Ximenez, fol. 162 vto. 

3 Lib. VI, cap. 87. 

4 Betancurt, Teatro, Pte. I, tr. 2, cap. 10, n? 165. 

5 Zc;?/// quiere decir en mexicano «cuatrocientos,» y hasta hoy es 
costumbre vender en Mézico la leña por zontles de cuatrocientas rajas. 

6 Carla de D. Antonio de Mendoza, 10 Diciembre 1537, apud Colec- 
ción de Varios Documentos para la Ilist. de la T'lorida, tom. I, pág. 1 28, 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 245" 

No es posible asignar valor á esa moneda de cacao, porque los 
autores discrepan mucho en su estimación, y realmente no le te- 
nia fijo, en razón á que el precio de la carga variaba mucho, según 
la abundancia ó escasez de la cosecha, y conforme á la distancia 
del lugar en que se cogia. (i) Dicha moneda no solo servia para 
comprar las cosas menudas, sino aun paralas de precio, como los 
esclavos; y en cantidades pequeñas se ha usado casi hasta nuestros 
tiempos. Aunque corruptible é incómoda, tenia á lo menos la 
ventaja de poder servir de alimento. Por eso Pedro Mártir de An- 
gleria exclama: «¡Dichosa moneda, que proporciona al hombre 
(cuna bebida agradable y provechosa, y á sus poseedores preserva 
«de la peste infernal de la avaricia, porque no pueden enterrarla 
«ni guardarla mucho tiempo!)) (2) 

El doble uso del cacao hacia que fuese considerado entre los 
mexicanos como una de las principales riquezas. En los tiempos 



y Doc. Inéd. del Arch. de Ind., tom. II, pág. 1 79. (Hay traducción 
francesa en el tomo XVI de la colección de Ternaux-Compans.) Habla 
también en esta carta de dos tostones (piezas de cuatro reales) falsos, 
hechos por los indios, añadiendo que habían sido vanas todas sus diligen- 
cias para descubrir el falsificador. 

1 El Conquistador anónimo (pág. 381) dice que cada grano valia 
medio marchetío. Según su traductor francés, Ternaux-Compans, elmar- 
chetto valia 2 céntimos de franco: siendo esto así, cada grano equivalía 
á I céntimo, y salen á 535 por uno de nuestros pesos, ó sea á 44 ps. 85 es. 
la carga. El Lie. Palacios dice que 200 almendras valían un real, y la 
carga de 24000, «diez pesos de minas» (26 ps. 40 es.) El P. Motolinia 
(tr. III, cap. 8) expresa que «adonde se coge vale la carga cinco ó seis 
«pesos de oro.» Oviedo (lib. VIII, cap. 30) estima en 100 almendras el 
valor de un esclavo; estimación inadmisible porque equivaldría á dar 240 
esclavos por una carga de cacao, y cada uno de ellos solo valdría medio 
real, puesto que según el Líe. Palacios, el precio de 200 almendras era 
un real. Herrera dice primero (Déc. II, lib. 9, cap. 3) que la carga va- 
lía 40 castellanos; y luego incorpora en su texto la relación de Palacio, 
con su estimación de 200 almendras por un real: verdad es que este pre- 
cio era el del lugar de la producción (Izalcos), y el otro el de México. 
Torquemada (lib. XIV, cap. 42) dice así : « A los principios solía valer 
«donde se coge cuatro ó cinco pesos la carga: en México y lo demás de 
« la tierra, diez y doce. Después ha subido por allá á quince, y por acá á 
«veinticinco ó treinta: en los tiempos presentes no baja de cincuenta, y 
«años hay que pasa de sesenta. » Lo mismo, en sustancia, había dicho el 
P. Motolínia, V. también Relación de algunas cosas que sucedieron al 
P. Fr. Alonso Fonce, tom. I, pág. 295. EÍ P. Ximenez (fol. 23) "os da 
una singular evaluación del cacao. «Como en toda la Galicia y Guada- 
«lajara usaron una moneda de unos trapos de red que cada uno valia diez 
« cacaos, que llamaban tapatio. » 

2 «/ Ofaliccjii monetam, qiuv suavcnt, tttilemque prcabet humano ge- 
uneripoíuvi, ct a tartárea peste avariíice suos immuncs serval possessores, 
nquod suffodi aut din servari ncqjceat!)) De Orbe Novo, Déc. V, cap. 4. 
— Id., Déc. VIII, cap. 4. 



246 NOTAS 

antiguos solo los señores y principales le consumian en bebida, 
porque, como observa Oviedo (1), «la gente común no osa ni 
«puede usar con su gula ó paladar tal brevaje, porque no es mas 
(fque empobrecer adrede é tragarse la moneda é echalla en donde 
«se pierde. » Los pueblos que cogían cacao pagaban tributo de él, 
y los reyes gastaban cantidades enormes. Cuenta Torquemada (2) 
que en el palacio del célebre rey de Tezcuco, Netzahualcotl, se 
gastaban anualmente 2.744,000 fanegas de cacao: lo cual no es 
creíble, por mas que diga haber visto los libros del gasto autori- 
zados por un nieto de aquel rey. El mismo Torquemada (3) y 
el cronista Herrera (4) refieren que los indios auxiliares de Cor- 
tés robaron una troje de cacao perteneciente á Moctezuma, donde 
habia más de cuarenta mil cargas; estaba guardado en cestos de 
mimbres, tan grandes que seis hombres no podian abarcarlos. El 
robo fué de seiscientas cargas, y no se vaciaron más que seis va- 
sijas, lo cual quiere decir que en cada una cabian cien cargas. 

El chocolate^ tal como ahora le usamos, no era conocido de los 
indios (5) : lo que ellos tomaban venia á ser lo que hoy llamamos 
«cacao frio)) ó «espuma de cacao,)) y que aun se vende en los 
tianguis ó mercados de los pueblos. Mezclaban con el cacao va- 
rias yerbas, especias, chile, miel, agua rosada, granos del pochotl 
ó ceiba, y especialmente maiz. Conocían varios métodos para 
preparar la bebida; pero siempre en frio, y así se tomaba. Lo 
general era moler el cacao y demás semillas, desleír la pasta en 
agua, separar una parte y ponerla en mayor cantidad de agua, ba- 
tir el líquido y pasarle varias veces de un vaso á otro, dejándole 
caer desde alto, para que formase espuma. Las opiniones acerca 
del mérito de tal brevaje estuvieron al principio divididas. Pedro 
Mártir le llama «bebida digna de un rey)) (6), y en otro lugar, 
«bebida de ricos y nobles)) (7); pero el P. Acosta dice «que 



1 Ubi supra. 

2 Lib. II, cap. 53. 

3 Lib. IV, cap. 57. 

4 Déc. II, lib. 9, cap. 3. 

5 El famoso Tomás Gage, fué, á lo que entiendo, el inventor de la 
singular etimología del nombre chocolate, que dice es compuesto de la 
palabra mexicana atl, agua, y de una onomatopeya del ruido que hace 
el líquido cuando se bate con el molinillo, y parece que repite choco, 
choco. ( Viages, tom. I, pág. 355.) Mayans [Orige7ies de la Lengtia cas- 
tellana, n? 108) dice que chocolate, viene de cacahitqitahiiitl, y no da la 
traducción de esta palabra que parece ser «árbol de cacao.» — V. Men- 
doza, Apuntes para un Catálogo, &c., pág. 26, donde se apunta la eti- 
mología más probable de xocoatl, (« agua fermentada, picante ») que según 
Molina es «cierta bebida de maiz.» 

6 v^Poctihtm rege digmtm.y^ Déc. V, cap. 4, 

7 íiPociilufn divitiitn ac nobilium.)) Déc. VIII, cap. 4. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 247 

«cierto es menester mucho crédito para pasar por ello,)) y que 
(dos españoles y más las españolas hechas á la tierra, se mueren 
«por el negro chocolate; pero los que no se han criado con esta 
(( opinión, no le apetecen. )) (i) Más explícito es el italiano Ben- 
zoni, quien le caliñca de bebida más propia de cerdos que de hom- 
bres. (2) Los médicos tampoco le eran favorables: ajuicio del 
Dr. Farfan es «una bebida hecha de muchas cosas entre sí muy 
«contrarias, gruesas y malas de digerir.)) (3) Pero es cierto que 
los españoles se acostumbraron muy pronto al uso del chocolate, 
y hoy en dia ellos y sus descendientes consumen una cantidad in- 
comparablemente mayor que los indígenas puros, que rara vez 
le usan. 

Gomara asegura que los mexicanos hacían del cacao, vino, «y 
«es mejor y no emborracha.)) (4) De su contexto se deduce que 
da tal nombre á la espuma del cacao; pero Pedro Mártir avanza 
más, pues asegura que embriaga (5), propiedad que no sé que 
ningún otro escritor atribuya al chocolate, ó á alguna otra prepa- 
ración del cacao. 

Por Gonzalo Fernandez de Oviedo sabemos de un extraño uso 
que los de Nicaragua hacían de este fruto. Después de molido 
con bija ó achiote, para darle un color rojo, embarrábanse con 
aquella pasta carrillos, barba y nariz: «é después que lo han así 
«tendido ellos é las mujeres, aquel piensa que va mas galán, que 
«mas embarrado va, é así se van al mercado ó á hacer lo que les 
«conviene, é de rato en rato chúpanse aquel su aceite, tomándolo 
«poco á poco con el dedo. Ello á la vista de los cristianos, pa- 
«rece y es mucha suciedad; mas á aquellas gentes ni les parece 
«asqueroso ni mal fecho, ni cosa inútil, porque con aquello se 
«sostienen mucho, é les quita la sed é la hambre, é los guarda del 
«sol é del aire la tez é la cara.)) (6) 

Produce el cacao un aceite que se cuaja naturalmente, y es co- 
nocido con el nombre de «manteca de cacao,)) por su semejanza 
con la manteca de leche (mantequilla). Antiguamente gozaba de 
gran reputación para curar las heridas, y aun se empleaba para 



1 Hisi. Nat.y Mor. de las Indias', lib. IV, cap. 22. 

2 V. II quale pin pare beveraggio da porci che da /ucomini.i) Ilist. del 
Mondo Nuovo, lib. II, fol. 103 vto. 

3 Tradado breve de Medicina, lib. I, cap. 6. 

4 Conq. de México, cap. 230. — Lo mismo dice Herrera, Dcscrip., 
cap. 10. 

5 « Poius cst suavis nec mitltum inebrians, licet qiii intemperanter bi- 
iiberit seusns eum turbare percipiant, til famosa nostra vina. » Déc. VIII, 
cap. 4. 

6 Ubi supra. 



24.8 NOTAS 

guisar (i). Hoy se usa en la medicina como remedio de grietas, 
quemaduras, &:c., y en la perfumería para la confección de poma- 
das y cosméticos. (2) 

Nota 76, pág. 153. 

Los frailes agustinos fueron los terceros, en orden de llegada á 
la Nueva España, y á esta causa no eran al principio tenidos en 
tanta estima como los franciscanos y dominicos, sus predeceso- 
res (3). En número de siete, y regidos por Fr. Francisco de la 
Cruz, entraron á México el 7 de Junio de 1533. Se hospedaron 
primero en el convento de Sto. Domingo, y luego en una casa de 
la calle de Tacuba. El 16 del mismo mes nombró el Ayunta- 
miento una comisión que fuera á hablarles, y á saber dónde que- 
rían «hacer su vivienda:)) el 30 se presentaron dos de los frailes 
en el cabildo con varios vecinos, y pidieron se les señalara sitio 
conveniente para edificar, y los ayudaran con limosnas. Se dio 
parte á la audiencik de la petición, y respondió que la ciudad pro- 
veyera como le pareciera. No consta la resolución: mas es de su- 
ponerse que entonces se les dio el terreno que aun ocupan la iglesia 
y el convento (4), y era llamado por los indios Zoqulpan, que 
quiere decir «en el lodo,)) porque á causa de un manantial estaba 
aquello siempre cenagoso. Dieron principio á la obra el 28 de 
Agosto de I 54 1, y como hablan obtenido cédula del rey en que 
mandaba darles la renta de un pueblo para ayuda de la fábrica, el 
virey D. Antonio de Mendoza designó el pueblo de Tezcoco 
«para que acudiese con sus tributos al convento de S. Agustín, y 
«con peones para la obra, señalando de jornal de seis dias de tra- 
«bajo dos reales, que era el jornal que entonces corria comun- 
« mente.)) (5) Después obtuvieron del rey que tomara ásu cargo 



1 Oviedo, ubi supra. — Es de notar que en las dos ediciones anti- 
guas de la primera parte de la Histo7-ia de Oviedo (Sevilla, 1535, y Sa- 
lamanca, 1547, fol. got. ) no se hace mención de una planta tan impor- 
tante como el cacao. El largo capitulo en que se trata de él, solo se 
encuentra en la magnífica edición completa" de la Real Academia de la 
Historia. 

2 D'Orbigny, Did. Univ. d^ Hist. N'at., tom. III, pág. 4. 

3 «Ya V. S? sabe cómo la orden de S. Agustin no es tan tenida en 
(da Nueva España como las de Santo Domingo é S. Fi-ancisco: los i'eli- 
(ígiosos de esta orden .... han aprobado y aprueban bien, y tenido gran 
«cuidado en la conversión y doctrina de los indios, tanto como las de- 
«mas, y en ellos no ha habido falta.» MENDOZA, Avisos, pág. 306. 

4 Otros dicen que le compraron con las limosnas de los vecinos. 
(Mendieta, Hist. Edes. Ind., lib. IV, cap, 2.) 

5 La mezquindad de este jornal se hace difícil de creer; pero se en- 
cuentra confirmada por un pasaje de los Avisos que D. Antonio de Men- 



AL DIÁLOGO SEGUNDO. 249 

el costo, y aseguran que gastó en la obra 162,000 pesos. El 
convento quedó acabado en 1587, y aunque para asegurarlos 
cimientos se tomaron las precauciones que refiere Cervantes, pa- 
rece que no surtieron el efecto deseado, porque el P. Mendieta, 
escribiendo algunos años después, decia que por ser lugar bajo 
«se les ha hundido por veces lo que tenian curiosa y costosa- 
(( mente edificado (cosa de grandísima lástima) ; mas con todo esto 
«tienen allí muy suntuosa iglesia y monesterio. » Según la des- 
cripción de Cervantes, la iglesia estaba techada de armadura y no 
de bóveda, lo mismo que una parte, á lo menos, del convento, sin 
duda para disminuir el peso que cargaba sobre terreno tan débil. 
El cronista Grijalva ofreció dar una extensa descripción de la 
iglesia y convento en la Quinta Parte de su obra; mas como no 
llegó á publicarla, no tenemos documento con que comprobar las 
noticias de Cervantes, ni tampoco existe nada de la fábrica anti- 
gua. La noche del 11 de Diciembre de 1676 fué consumida la 
iglesia por un incendio. Duró el fuego tres dias, y el estrago que 
causó, así como el haber comenzado «por la plomada del reloj,» 
comprueba que los techos eran de madera. El lunes siguiente sa- 
lieron los frailes á recoger limosnas para la reedificación, y en 
ese dia reunieron cuarenta mil pesos. Eso les sirvió para comen- 
zar los trabajos, y los prosiguieron con tal actividad, que estre- 
naron su nueva iglesia el 14 de Diciembre de 1692. En la nueva 
construcción no siguieron el estilo de la antigua, porque es toda 
de bóveda, y el conjunto de convento, iglesia y capillas constituye 
una de las fábricas mas extensas, sólidas y pesadas de la ciudad. 



doza dejó a su sucesor, «A los indios que entienden en desherbar y otras 
«cosas de heredades se les tasó de jornal por cada un dia ten aiartillo de 
uplaia á (jada indio. Agora S, M. tiene mandado que se les crezca el 
«jornal, porque le parece que es poco. Cuando ello se hizo, y aun al pre- 
«sente, según la calidad de los indios é lo poco que trabajan, bastaba el 
«cuartillo; pero porque han crecido entre ellos los mantenimientos, si 
«le pareciere á V. S'.S les podrá acrecentar el jornal á diez maravedís, j 
use les da demasía do. i^ ( Pág. 315.) 

La orden del rey á que Mendoza se refiere, ha de ser la cédula de 22 
de Febrero de 1549, repetida á D, Luis de Velasco el 28 de Febrero de 
1551, en la cual se trata de la tasación de los tributos, y entre otras co- 
sas se dice que la causa de que los indios no se presentaran á trabajar 
voluntariamente era porque no se les pagaba por jornal mas que ocho y 
medio maravedís (que hacen el cuartillo de que habla Mendoza), de los 
cuales habían de comer, «y esto parece tan poca paga, que difiere poco 
«de trabajar de balde.» En consecuencia se manda que se les tase «un 
«competente jornal de que puedan sustentarse é ahorrar para otras sus 
«necesidades,» ( Puga, Cedulario,io\. 123 vto.) A razón del aiartillo, 
los peones de S. Agustín debían ganar real y medio á la semana; tal vez 
se les aumentó algo por trabajar fuera de su casa. 



250 



NOTAS 



Aquella mole parece más bien una fortaleza. Pero la poca firmeza 
del suelo no pudo sufrir tan gran peso, y la iglesia está notable- 
mente inclinada al poniente. No contentos los religiosos con ha- 
ber ocupado toda una manzana bien extensa, tomaron ademas para 
noviciado una casa á la espalda; y para atravesar cómodamente la 
calle, sin bajar á ella, construyeron sobre un arco un pasadizo 
cubierto, al nivel del primer piso. El arco fué demolido en 1821, 
pero aun queda el nombre de «Calle del Arco de San Agustín.» 
Largo tiempo hace que la orden comenzó á vender lo que ya no 
necesitaba del convento, y se construyeron allí varias casas parti- 
culares. Por último, las leyes de Reforma acabaron por exclaus- 
trar los religiosos, y vender lo que restaba del edificio. La iglesia 
fué también vendida, y recobrada después por m.edio de una con- 
fiscación. Se ha gastado en ella una suma enorme á fin de conver- 
tirla en Biblioteca Nacional, para cuyo destino será siempre im- 
propia. La obra dista todavía mucho de su conclusión, y si llega 
á ella, recibirá entonces lo que reste de los libros de los conventos 
suprimidos, de las bibliotecas de la Catedral y la Universidad, y 
de una rica biblioteca de un sabio sacerdote, confiscada también. 
Lo más notable que habia en la iglesia de S. Agustín era la si- 
llería del coro, que dicen existe, aunque incompleta, en el Mu- 
seo Nacional, (i) 

Nota 77, pág. 157. 

Marcial, De Spect., I. — Las mejores ediciones \ttxi pr¿s en 
vez de pro^ y todas loquatur en vez de loquetur. Supongo que 
nuestro autor hizo intencionalmente el cambio del tiempo del 
verbo, porque hablaba de una obra no concluida, y Marcial de 
otra ya acabada. 

Nota 78, pág. 157. 

El Sr. Alaman, en su Disertación VI, trae por menor la his- 
toria y descripción de este establecimiento, fundado por Cortés, 
y que aun corre á cargo de sus descendientes. Tuvo al principio 
la advocación de la Purísima Concepción; pero hace tiempo que 
es conocido con la de Jesús Nazanero. 



I Mendieta, Hist. Ed. Ind., lib. IV, cap. 2. — Grijalva, Crónica, 
Edad I, caps. 6, 7, 30; Edad II, cap. 3. — Torquemada, Mon. Ind., 
lib. XV, cap. 26. — González Dávila, Tcat. Ecles. de Ind., tom. I, 
pág. 24. — Betancurt, Trat. déla Ciud. de México, cap. 7. — Diario 
de Robles, apud Doc. para la Hist. de México, i*? Ser., tom. II, págs, 
225, 226. — Carrillo y Pérez, México Católico, MS., lib. III, cap. 6. 



AL DIALOGO SEGUNDO. 25I 



Nota 79, pág. 161. 

Comunmente se elige para modelo de hombres ricos, al rey de 
Lidia, Creso; pero Cervantes prefirió tomar á Marco Licinio 
Craso, el más opulento de los romanos de su tiempo. Solia decir 
que no era rico el que no podia sostener un ejército, y pereció al 
fin á manos de los Partos el año 699 A. C. 

Las casas de D. Alonso de Villaseca que vieron los interlocu- 
tores serian algunas de las muchas que poseia en México, pues 
las principales de su habitación estaban cerca del colegio de S. Gre- 
gorio. Fué D. Alonso de Villaseca el vecino más notable de 
aquella época por sus grandes riquezas é insignes liberalidades. 
Era natural de Arcícola, lugar pequeño de la diócesis de Toledo, 
é hijo de Andrés de Villaseca y de Teresa Gutiérrez de Toranzo, 
hidalgos. No se sabe de fijo el año de su venida á la Nueva Es- 
paña; pero fué antes de 1540. Casó aquí con D? Francisca Mo- 
rón, hija de padres tan ricos, que entre las varias haciendas que 
poseian habia una en que se marcaban anualmente veinte mil crias 
de ganado mayor. D. Alonso llegó á ser el rico de la Nueva Es- 
paña por excelencia, y para ponderar la riqueza de alguno se decia 
«es un Villaseca.» No aumentó su caudal con el comercio, ni 
hacia gran diligencia para sacar producto de sus bienes: sus ma- 
yordomos le daban lo que querían, y él tomaba lo que ellos le 
daban. Poseia haciendas de labor y de ganado mayor y menor, 
muchas casas en México, y ricas minas en Pachuca é Ixmiquilpan: 
los esclavos eran tantos, que no los conocía, y solia preguntarles 
de quién eran. Su caudal se estimaba en millón y medio de pesos, 
y las rentas en ciento cincuenta mil ducados: cantidades muy cre- 
cidas, si se considera el mayor valor de la moneda en aquella 
época. Era de carácter desapacible : ((gustaba de dar, pero su sem- 
«blante no mostraba mucho gusto en que le pidiesen, y menos en 
«que le diesen gracias por algún beneficio recibido.» Huía del 
trato y amistad con los grandes y personas distinguidas, viviendo 
casi siempre retirado en su hacienda de minas de Ixmiquilpan, 
donde al fin le sorprendió la muerte el 8 de Setiembre de 1580. 
Embalsamado el cadáver, se trajo á México, y estuvo depositado 
tres días en la iglesia de Ntra. Sra. de Guadalupe, mientras se 
disponía el entierro, que fué solemnísimo, con asistencia del vírey, 
audiencia, tribunales, arzobispo y ambos cabildos, eclesiástico y 
secular. Al salir el entierro, se presentaron para cargar el cuerpo 
los principales padres jesuítas, y por otra parte acudieron al mis- 
mo tiempo, con igual pretensión, los oidores de la real audien- 
cia: acción bien extraordinaria, dice con razón un cronista. Los 
jesuítas alegaban los beneficios que debían al finado, y la audíen- 



252 NOTAS 

cía el gran servicio que el mismo habia hecho al rey, «cuando 
«estando en una ocasión que gobernaba la real audiencia, ame- 
«nazando un alzamiento ó tumulto á la ciudad de México, Alonso 
«de Villaseca apareció de repente en la plaza á vista del palacio, 
«con un escuadrón de á caballo de doscientas lanzas, de sus fa- 
« miliares y criados españoles de sus haciendas, todos muy pre- 
« venidos de armas, pagados y sustentados á sus expensas; y capi- 
« taneándolos él, armado de todas armas, se ofreció con toda aquella 
«gente por entonces y siempre que S. M. se quisiese servir de él.» 
Decidió el virey la contienda en favor de los jesuítas, quienes to- 
maron el cadáver y le condujeron con gran pompa á su primitiva 
iglesia de Xacalteopají^ fabricada por los indios de Tacuba, en el 
lugar que habia donado Villaseca, y era donde ahora está el co- 
legio de S. Gregorio. Allí estuvo el cuerpo, hasta que habiéndose 
concluido en 1603 la nueva iglesia de la Compañía, (llamada hoy 
de Ntra. Sra. de Loreto), fué trasladado á ella, y se le erigió, por 
su yerno Agustín Guerrero, un suntuoso sepulcro de mármol 
blanco, coronado con el escudo de sus armas. Este monumento 
ha desaparecido, como todos los de aquella época. 

Los jesuítas fueron quienes más experimentaron la liberalidad 
de Villaseca. Fué el primero que pensó establecerlos en México, 
y al efecto envió fondos é instrucciones á España; pero en el in- 
termedio vinieron á costa del rey. Llegados aquí, los socorrió 
con cien pesos, siendo esta la primera limosna que recibieron, y 
á poco les cedió para su fundación los solares de que hemos ha- 
blado, agregando sucesivamente otros auxilios de materiales y di- 
nero para la obra, ó de ornamentos y vasos sagrados para el culto. 
Pero no acababa de decidirse á formalizar la fundación del cole- 
gio, como esperaban los Padres. «Siempre austero, y al parecer 
«intratable, vendía muy cara á los padres la confianza que habian 
«concebido de su piedad, despedidos siempre con dureza, bien 
«que luego les mandaba mucho más de lo que habian tenido la 
«mortificación de pedirle.» En fin, por escritura otorgada en Ix- 
miquílpan á 29 de Agosto de i 576, les hizo donación de cuarenta 
mil pesos de oro común, para la fundación del Colegio Máximo de 
S. Pedro y S. Pablo. Después envió cuatro muías cargadas con 
veinticuatro mil pesos: los diez y seis mil destinados para la obra 
del colegio, y los ocho mil restantes para hospitales y obras pías. 
Más adelante regaló unos magníficos relicarios de plata para las 
reliquias que los jesuítas habian recibido de Roma. Finalmente, 
en su última enfermedad hizo donación de dos escrituras: una de 
ocho mil pesos para el colegio, y otra de veintidós mil ciento 
once, de los cuales destinaba cuatro mil al Hospital Real, dos mil 
al del Marques (hoy de Jesús), tres mil á las Recogidas, dos mil 
ochocientos á varias personas pobres y doncellas para tomar es- 



AL DIALOGO SECUNIDO. 253 

tado, y el resto á disposición del rector, para los objetos que le 
tenia comunicados. Lo que en todo dio al colegio pasó de ciento 
cuarenta mil pesos. A la iglesia de Ntra. Sra. de Guadalupe re- 
galó una imagen de plata vaciada, con peso de treinta y nueve 
marcos, una colgadura de terciopelo de Granada, y otras cosas. 
El fué quien trajo á México la famosa imagen conocida con el 
nombre de «Señor de Santa Teresa.;) En la Universidad dotó 
una cátedra de Escritura, con quinientos pesos anuales. Sü libe- 
ralidad no se limitó á la Nueva España, sino que pasando los ma- 
res llevó cerca de cuarenta mil pesos á los pobres y parroquia de 
su patria; más de otro tanto dio á los Santos Lugares de Jerusa- 
len, y excedió de diez mil pesos lo que destinó á la redención de 
cautivos. Después de su muerte se halló entre sus papeles una 
carta del Papa S. Pió V, en que le agradecía una limosna de ciento 
cincuenta mil pesos hecha á la iglesia de S. Pedro de Roma, y á 
los pobres de aquella ciudad; así como también se hallaron otras 
del Gran Maestre de la orden de S. Juan en que le daba las gra- 
cias por más de sesenta mil pesos que le habia remitido para re- 
parar los daños causados por los turcos en el largo sitio de Malta. 

Tuvo D. Alonso de Villaseca una hija única, llamada D?- Ma- 
riana, que fué pretendida por los principales señores de México. 
Su padre la dejó en libertad de elegir, «presentándole al efecto 
«los retratos de todos sus pretendientes.)) El escogido fué Agus- 
tín Guerrero, hijo de Juan Guerrero de Luna, vecino muy rico 
también. D. Alonso fundó en favor de su hija un mayorazgo que 
valia más de un millón de pesos; pero ese caudal, enorme para 
aquellos tiempos, fué decayendo tan rápidamente, que en 1692 
decia el cronista de los jesuítas: «Aquella poderosa parte de ha- 
«cienda, apenas y con mucha escasez, sustenta ya una sola familia 
«de marido, mujer y tres criaturas.)) Hoy no queda ni memoria 
de ella. 

El hijo primogénito de D?- Mariana, D. Alonso Guerrero y 
Villaseca, nació en 1576. Heredero del opulento mayorazgo de 
su abuelo, que ya administraba, y de una gran parte de los bienes 
de su padre: perito en las tres lenguas, latina, griega y hebrea, 
así como en las matemáticas: estimado generalmente, no solo por 
su caudal, sino por su gallardía, erudición y bellas prendas, re- 
nunció al brillante porvenir que le ofrecía el mundo, y entró en 
la Compañía de Jesús á la edad de treinta y cinco años, el i9 de 
Febrero de 161 1. Profesó de cuarto voto el 17 de Octubre de 1621 
en el colegio de S. Pedro y S. Pablo de México, donde desem- 
peñó por tres años las cátedras de Filosofía y Escritura. Falleció 
el 18 de Marzo de 1639, con fama de santidad. (l) 

1 Grijalva, Edad III, cap. 19. — Florencia, Ilist. de ¡a Comp. de 



254 NOTAS AL DIALOGO SEGUNDO. 

Nota 8o, pág. i6i. 

Esta alusión de Cervantes parece referirse al pasaje que nos ha 
conservado Aulio Gelio (i), de las Sátiras Menipeas ó Cínicas, 
obra perdida de Varron. Allí no se expresa que el convite ha de 
ser fabulosum. « Nec loquaces autem convivas, nec muios legere 
aoportet,)) es lo que Varron dice á este respecto. Si Cervantes se 
refirió á otro lugar, yo no le he hallado. 'EXfabulosus de que usó, 
derivándole acaso de fabulor, denota según el contexto, que el 
convite debia ser alegre, regocijado, amenizado con una conver- 
sación agradable; pero no veo tal acepción en la latinidad. 



Jesiis, núms. 70, 120, 304-335. — Alegre, Hist. de la Coinp. de Jesús, 
toni. I, págs. 61, 70, 113, 144, 145; tom. II, pág. 24. 
I NocLA(í.,X.lll, 11. 




\S^ K3^- 



Introduccion al Diálogo Tercero, 



-=íí=- 




L itinerario de este Diálogo es el siguiente. Los interlo- 
cutores, después de comer, salieron de la casa de Zuazo, 
situada, según parece, en la calle de Santa Clara, y ca- 
minaron en línea recta hasta el que ahora es y se llama Cemen- 
terio de los Ingleses, en la Tlaxpana. Torcieron á la izquierda, 
por la calzada de la Verónicay y llegaron á Chapultepec: visitaron 
la albercüy subieron al cerro, y volvieron á la ciudad por otro ca- 
mino, que no se especifica, pero que fué, probablemente, la cal- 
zada de los Arcos de Belén-, aunque por otra parte dudo si para 
entonces estaba ya hecha esa calzada. Desde que salen de Cha- 
pultepec, ya no mencionan ningún punto del tránsito, sino que 
entretenidos los interlocutores con la descripción de la Nueva 
España, que hace Zamora, y con la relación de las antigüedades 
de los indios, que el autor pone en boca de Zuazo, llegan á un 
lugar, no determinado, donde Zuazo se despide, para irse de allí 
á su casa. 

El cerro y bosque de Chapultepec, punto adonde los interlo- 
cutores dirigieron su paseo, se halla á menos de una legua al S. O. 
de la capital, y es lugar notable por sus manantiales de excelente 
agua, que abastecen una parte de la ciudad; por su cerro aislado, 
desde cuya cima se goza una magnífica vista de todo el valle de 
México, y por los enormes y venerables sabinos que se encuen- 
tran en el bosque, alrededor del cerro. Es también célebre en las 
historias de les indios, por la larga mansión que hicieron allí á su 
llegada al valle. Fortificaron desde luego el cerro con «muchas 
«albarradas de piedra, las cuales á trechos iban subiendo unas tras 



256 INTRODUCCIÓN 

«Otras, á manera de escalones anchos, de un estado de ancho, los 
«cuales en la cumbre venían á hacer un espacioso patio donde 
«todos se recogieron y fortalecieron. » (i) Fué prudente medida, 
porque no tardaron en atacarlos allí sus enemigos. Parece que 
estas albarradas ó escalones se conservaron hasta después de la 
conquista, y que los emperadores aztecas los habían llenado de 
tierra, convirtiéndolos en jardines, por no tener ya objeto como 
obras de fortificación. A lo menos, se habla de una cosa análoga 
en la descripción de Cervantes. Sin duda con el tiempo, las cer- 
cas, que serían de piedra seca, se fueron derrumbando, y las aguas 
arrastraron piedras y tierra al pié del cerro; el caso es que hoy no 
queda rastro de semejante obra. 

Establecidos después los mexicanos en las lagunas y fundada la 
ciudad de México, quedó Chapultepec como lugar de recreación 
de los Emperadores, quienes tenían allí una casa ó palacio al pié 
del cerro, y probablemente inmediata á la alberca. En lo alto del 
cerro había un pequeño adoratorio de ídolos (2), y los indios 
cuidaron siempre con esmero aquel bosque, teniéndole por cosa 
sagrada. (3) 

Moctezuma I, viendo cercano el término de sus días, quiso de- 
jar de sí una memoria perpetua, mandando esculpir su efigie y la 
de su hermano ó tío Tlacaelel, en una de las rocas del cerro que 
ven al oriente, y en efecto fueron ejecutadas ambas en brevísimo 
tiempo (4). El emperador Ahuitzotl dispuso lo mismo (5); y 
según Gama, también se esculpió la de Axayacatl, y aun las de 
otros reyes de México. Unas de estas figuras fueron destruidas á 
principios del siglo XVII, otra se conservó hasta el principio del 
XVIIl, y la de Moctezuma desapareció por los años de 1753 ó 
54. (6). 

Hecha la conquista, se puso en Chapultepec un pequeño des- 
tacamento de tlaxcaltecas que custodiasen el punto; y Chapul- 
tepec sirvió desde luego, como hasta el día, para lugar de paseo 
y desahogo de las familias de México, que suelen ir á almorzar ó 
merendar al bosque. En 5 de Junio de 1528 el cabildo dio licen- 



1 Duran, Hist. de las Lidias de iV. España, cap. 3. 

2 Panes, Cronol. de los Vinyes de México, MS.; gobierno de D. B. de 
Galvez. 

3 TORQUEMADA, Mou. lud., lib. III, cap. 26. 

4 Tezozomoc, Crónica, MS., cap. 102. DuRÁN, cap. 31. — En la 
lám. 9 de la imparte están representados los maestros indios esculpiendo 

<" la figura de Moctezuma. Entiendo que este dibujo es la única represen- 
..tacion que nos queda de esa estatua, que por cierto no está conforme con 
r la descripción que hace de ella Tezozomoc. 

5 DuRÁN, cap. 50. 

6 Gama, Descripción de las dos Piedras, Pte. II, pág. 80. 



AL DIALOGO TERCERO. 257 

cia á Juan Diaz del Real, para que pudiera «vender allí á los que 
«fueran á holgar, pan c vino é otros mantenimientos.)) Los vi- 
reyes, siguiendo el ejemplo de los emperadores mexicanos, eli- 
gieron á Chapultepec para sitio de recreo (í) : se edilico una casa 
en el mismo lugar que ocupaba el antiguo palacio, cuya casa pa- 
rece ser la que describe Cervantes, con su corredor á la albcrca, y 
el adoratorio del cerro se convirtió en una ermita dedicada á San 
Francisco Javier (2). Por este Diálogo vemos que D. Luis de 
Velasco dedicó el bosque al Emperador Carlos V. El misrpo vi- 
rey puso allí dos perros lebreles que trajo de España el Sr. Ar- 
zobispo Montúfar, y se multiplicaron de tal modo, que se extendió 
la raza por todo el vireinato. Puso también dos soldados que cui- 
dasen de los lebreles; pero uno de ellos amaneció ahorcado en 
uno de los árboles más corpulentos, y creyéndose que habia sido 
asesinado por su compañero, fué este reducido á prisión. Ya ha- 
bia comenzado á sufrir el tormento, cuando se encontró una carta 
del difunto en que constaba que se habia suicidado por desdenes 
de una señora Francisca Padilla, con lo cual el presunto .reo fué 
puesto en libertad. (3) 

Veinte años después se destinó el antiguo palacio para una fá- 
brica de pólvora, bajo la dirección del perito Esteban Pruneda. (4) 
Esta fábrica, que habia sufrido ya varios incendios, se voló el 19 
de Noviembre de 1784, con pérdida de cuarenta y siete vidas. (5) 
La casa del bosque se reediíicó en tiempo del virey Duque de 
Alburquerque. Durante el gobierno del Marques de Croix estaba 
inhabitable, y creyéndose poder reedificarla con el costo de doce 
mil pesos, se hizo presente á la corte, y efectivamente el rey 
mandó que supuesto el costo referido se procediese á la obra. 
Esta real orden vino cuando ya gobernaba el Sr. Bucareli, quien 
viendo lo deteriorado que estaba el edificio, y considerando seria 
mucho mayor el costo de repararle, determinó con prudencia que 
se suspendiera, y así quedó hasta la época del virey D. Matías de 
Calvez. Este propuso de nuevo al rey la restauración de todo. 



1 TORQUEMADA, Monarq. Ind., lib. I, cnp. 19. 

2 Panes, ubi supra 

3 Calendario de Galvan para 1838. — Hay en él una curiosa noticia 
de Chapultepec, formada, según se dice, por D. Ignacio Cubas, director 
del Archivo General, en vista de los documentos del mismoi Bien me- 
recía una reimpresión integra en algún volumen de más duración que 
un Calendario. 

4 Calendario citado. 

5 Bustamante, Suplemento á los Tres Siglos de México del P. Cavo, 
tom. III, pág. 54. — Gacela de México del i? de Diciembre de 1784, su- 
plemento. 



258 INTRODUCCIÓN 

para lo cual contribuía el Consulado con veinte mil pesos, en el 
supuesto de que allí se verificaría en lo sucesivo el recibimiento 
y entrega del bastón á los vireyes, y no en S. Cristóbal Ecatepec 
como estaba mandado. El rey consintió en la reedificación, acep- 
tando el auxilio del Consulado, y señalando para cubrir el resto 
del costo algunos arbitrios que resultaron impracticables; pero 
negó la petición de que se verificase allí la entrega del bastón á 
los vireyes. Con tal motivo el Consulado manifestó no estar en 
el caso de cumplir lo ofrecido, puesto que se veía precisado á em- 
plear el dinero en construir una casa en S. Cristóbal, para dicha 
ceremonia. Entonces el virey, que lo era ya D. Bernardo de Gal- 
vez, tomó la arriesgada resolución de prescindir de la reparación 
del palacio antiguo, y levantar uno de nuevo en la cima del cerro, 
tomando al efecto, en calidad de suplemento, los fondos de las 
cajas reales (i): determinación que le acarreó muchos disgustos 
en la corte, donde llegó á sospecharse de su fidelidad, por la dis- 
posición que se dio al edificio, semejante á la de una fortaleza. 
La obra duró muchos años, y quedó sin concluir casi hasta nues- 
tros dias. (2) 

Después de la independencia continuaron las obras en Chapul- 
tepec. Se formó al pié del cerro un jardín botánico (1826) y se 
agregó al palacio un observatorio astronómico; pero ni jardín ni 
observatorio llegaron nunca á su conclusión. Por fin se estableció 
en el palacio el Colegio Militar, destino que tuvo por muchos 
años, y que aun tenia cuando el ejército americano le bombardeó 



1 BUSTAMANTE, Op. cit., págS. 48, 59. 

2 Es imposible hablar de Chapultepec, sin mencionar el famoso su- 
ceso de la loba que en el año de 1824 se introdujo al bosque, sin saberse 
de dónde vino. El guarda la descubrió al pié de la subida al palacio, y 
corrió tras ella al oir los gritos de su familia. Al llegar se le presentó 
el horrible espectáculo de las víctimas de la fiera. Le disparó un tiro, 
que por desgracia no le acertó, y la loba se arrojó sobre él. Entablóse 
una lucha cuerpo á cuerpo: la loba, parada sobre los pies traseros, aco- 
metía al rostro, y el hombre, por defenderle, presentaba los brazos, en 
que recibió terribles heridas. Hubiera sucumbido, si una hermana suya 
no se le hubiera acercado á darle una navaja, con la que al fin consiguió 
degollar la loba. En el acto ó á resultas de las heridas, fueron víctimas 
de aquella tragedia una anciana de setenta años, un hombre de treinta 
y seis, una joven de veintiséis, y tres niños de once, seis y cinco años. 
El guardabosque Ignacio González sobrevivió á sus heridas, después de 
haberse visto á orillas del sepulcro. Alguna vez le oímos referir esta his- 
toria, cuando ya anciano y enfermo, cuidaba todavía del bosque, y agre- 
gaba, que aunque todos llenaron de elogios al impávido guardabosque, 
por su arrojo, nadie se movió á darle un socorro para su curación, si no 
fueron tmos ingleses que estuvieron á visitarle, le hicieron referir el su- 
ceso, y le dejaron un auxilio de veinticinco pesos. 



AL DIALOGO TERCERO, 



259 



y tomó por asalto el 13 de Setiembre de 1847. Años adelante, 
Chapultepec fué la residencia favorita del Emperador Maximi- 
liano, quien gastó sumas considerables en restaurar y embellecer 
palacio y bosque, habiendo hecho, entre otras muchas cosas, una 
nueva subida á la cima del cerro. A la caida de este infortunado 
príncipe, desaparecieron las obras de embellecimiento del bosque; 
y los presidentes de la república, que como todos sus predeceso- 
res, tienen por lugar de recreo á Chapultepec, continúan disfru- 
tando del palacio. 



ckiA. eXiJí ct^ CvM. CtlA ttíA ctL*. ¿tlA ctlA ctlA cttJ. CW. ¿t^ ctvA ¿tlA ctíA ct^ Ct^ ctiA 



DIALOGUS TERTÍUS. 



MEXICUS EXTERIOR. 



Zamora. — Zuazus. — Alfaí 



-5^^ 




Alfarus. 

ION apud Zuazum, sed apud Lucullum, et 
•'quidem ad Apollinem, prandio excepti 
sumus. 

Zamora. 



Quanto ipse id verius dixisses, si paulo post- 
quam est provincia debellata adventasses! 

Alfarus. 

Num supra summum aliud est incrementum? 

Zuazus. 

Non Sybariticíe ñeque Syracusance splendidiores 
fuere coense. 

Alfarus. 

O igitur coenae noctesque deorum ! 



<XíÁ ftiA ctu. ct> A Ct^ CXiJ. CXjA, Ct ^ ctLA <t^ CtiA <tíA CtlA CtiA <\1A CXíX CX>M CZ iA CtlA 



DIALOGO TERCERO. 

ALREDEDORES DE MÉXICO, 

Interlocutores. — Zamora, Zuazo, Alfaro. 

^® 



Alfaro. 

EMos comido, no en la casa de Zuazo, si- 
no en la de Lúculo, y aun en la sala de 



1^1 Apolo, (i) 

Zamora. 

Con cuánta mas razón hablarías así, si hubieras 
llegado poco después de conquistada esta tierra. (2) 

Alfaro. 

Pues qué ¿en lo sumo cabe todavía aumento? 

Zuazo. 

No fueron mas suntuosas las cenas de los Siba- 
ritas ni las de Siracusa. (3) 

Alfaro. 

¡Oh cenas y noches divinas! (4) 



202 DIALOGUS TERTIUS. 



ZUAZ 



us. 



De his plus satis. Jam exeamus, nam et a meri- 
die sonuit secunda, et videnda multa supersunt 
Alfaro. 

Alfarus. 

Optime mones. Egrediamur tamen, si placet, ea 
parte quae amoeniores habeat secessus: quibus plu- 
rimum óptima quaeque urbs commendari solet. 

Zamora. 

Ita fiet, nam Chapultepecum usque juxta aquae- 
ductum, obiter multa considerantes, iter faciemus. 

ZUAZUS. 

Jam omnia diligenter observa, non hac postea 
rediturus. 



Qua igitur? 



Alfarus. 



Zamora. 



Alia non minus grata via. Huc usque a fonte 
individua pene defluit aqua; sed mox, uti vides, 
in partes tres distribuitur, a lateribus et recta, neu- 
tiquam exigua profluens. 

Alfarus. 
Hodie mane, ni fallor, istac deambulavimus. 

Zamora. 
Vera praedicas. Nunc vide quanta sit stratse viae 



DIÁLOGO TERCERO. 263 

ZUAZO. 

Demasiado hemos hablado de esto. Salgamos ya, 
porque han dado las dos de la tarde, y aun tiene 
Alfaro mucho que ver. 

Alfaro. 

Muy bien pensado. Pero vamos, si te parece, 
por el rumbo en que haya sitios más amenos, que 
son los que mayor realce suelen dar á una gran 
ciudad. 

Zamora. 

Así será, porque iremos á Chapultepec, siguiendo 
el acueducto, para ver de camino otras muchas cosas. 

ZuAZO. 

Y mira todo con cuidado, porque no has de vol- 
ver por aquí. 

Alfaro. 

¿Pues por dónde? 

Zamora. 

Por otro camino igualmente agradable. Desde la 
fuente hasta aquí, viene el agua casi toda reunida; 
pero mas adelante se divide, como ves, en tres par- 
tes, una en el centro y dos á los lados: todas de no 
escaso caudal. 

Alfaro. 

Si no me engaño, esta mañana anduvimos por 
aquí. 

Zamora. 

Dices verdad. Nota ahora cuan ancha es esta cal- 



264 DIALOGUS TERTIUS. 

hujus amplitudo, ita ut aquceductu per médium 
secata, utravis pars contrarios capere currus possit. 

Alfarus. 

Non adeo celebris fuit Appia, cujus pro Milone 
honorificam Cicero multis locis nientionem facit. 
Tolliturque intervallo justo ab agris, ne hybernis 
imbribus una cum ipsis inundetur. Ad dexteram 
posita sunt duo templa, non parvo spatio ad invi- 
cem distantia. Ad sinistram indorum est mercatus, 
et quidem mercibus et hominibus refertissimus. 

ZUAZUS. 

Postremum fanum Sancto Hyppolito sacrum, 
quotannis ejus die, magna cum pompa et celebritate 
ab urbe tota frequentatur, quod eo die a Cortesio 
et ejus commilitonibus Mexicus expugnata fuerit. 
Vexillum in ea pompa unus ex curiae et urbis sena- 
toribus eques et armatus defert, prseeunte magna 
civium obequitantium turba, tanti triumphi ut po- 
steris memoria refricetur, et Hyppolito gratia ha- 
beatur, quod in expugnatione hispanis adjumento 
fuerit: a cujus templo indorum emporium, quia in 
conspectu est, nomen accepit. Sequuntur statim, 
qui vise subjecti sunt, agri compascui, perpetua vi- 
riditate gratissimi, et multis pecorum millibus satis. 



Alfarus. 

Quam sunt spatiosi et amoeni! quamque oculos 
reficiunt, et animum exhilarant! 

ZuAZUS. 

Planicies illa quíe est inter prasdia urbana, locus 



DIÁLOGO TERCERO. 265 

zada, que con dividirla por medio el acueducto, 
todavía á cada lado queda paso para dos carruajes 
encontrados. 

Alfaro. 

No fué tan concurrida laVia Apia, de que Cice- 
rón hace honorífica memoria en varios lugares de 
su defensa de Milon. (5) Tiene suficiente altura 
sobre los campos, para que en tiempo de aguas no 
se inunde al par de ellos. A la derecha hay dos 
iglesias, no poco distantes una de otra. A la iz- 
quierda está el tianguis de los indios, y henchido, 
por cierto, de gentes y mercaderías. 

ZUAZO. 

En el templo mas distante, dedicado á S. Hipó- 
lito, cada año, el dia de la fiesta titular, se juntan 
todos los vecinos con gran pompa y regocijo, por- 
que ese dia fué ganada México por Cortés y sus 
compañeros. Con la misma pompa lleva el estan- 
darte uno de los regidores, á caballo y armado, pre- 
cedido de una multitud de vecinos, también á ca- 
ballo, para que la posteridad conserve la memoria 
de tan insigne triunfo, y se den gracias á S. Hipó- 
lito por el auxilio que prestó á los españoles en la 
conquista. (6) Del templo tomó nombre el mer- 
cado de los indios que está delante. Síguense luego, 
abajo del camino, los egidos de la ciudad, muy agra- 
dables por su perpetuo verdor, y suficientes para 
muchos miles de cabezas de ganado. 

Alfaro. 
¡Cuan extensos son y amenos! ¡Cómo recrean 
la vista y alegran el ánimo! 

ZuAZO. 

Aquel llano que está entre las casas de campo es 

34 



206 DIALOGUS TERTIUS. 

est in quo equites, qui agilítate et obequitandi pe- 
ritia caeteros omnes reliquarum provinciarum longe 
superant, ad Trojanorum ludum exercentur, et fi- 
ctam pugnam, ut cum serio res poposcerit strenui 
sint, meditantur. Potreadero appellant nostri, quod 
etiam ibidem pulli equi sive equini a sessoribus 
domantur. Nam^(?/r^^r verbum hispanum est ídem 
quod latine juniorem equum currendi et parandi 
freno expertem ac rudem sic formare et docere agi- 
tando, ut quod dixit Horatius : (kequo freyíato sit 
ikauris in ore.y> 

Alfarus. 

Deus optime! quaní magna, quamque magnifica 
structura, et quam multa ab utraque stratas viae 
parte surgunt urbana prsedia, in maximis et amoe- 
nissimis hortis ex aquaeductu per canales irrigatis! 
Quod est in Hispania spectaculum, quod cum hoc 
aut asquari aut comparari possit? Ad amplissimas 
sedes has via secatur in duas alias, ambas quidem 
umbrosas. 

Zamora. 

Altera ad Tacubam, altera ad Chapultepecum 
ducit, et hujus tam magnificse domus, dominus est 
Cortesius. 

Alfarus. 

Nihil sane vir heroicus asdificavit, quod non ani- 
mi ejus magnitudinem posteris quam testatissimam 
faceret. Aquastamen tubus, sive euripus, quo aqua 
derivatur in urbem, opere camerato, apertis insuper 
per intervalla fenestris, ut ventus et sol admittan- 
tur, contectus hactenus fuit: jamque hinc ad fon- 
tem usque detectus et subdialis durat. 



DIÁLOGO TERCERO. 267 

el lugar en que los caballeros, que en agilidad y 
maestría en la equitación aventajan mucho á los de 
todas las demás provincias, se adiestran en ejerci- 
cios ecuestres, y se ensayan en combates simulados, 
para estar listos cuando se ofrezcan los verdaderos. 
Entre nosotros se llama Potreadero (7), porque los 
picadores (8) doman allí los potros; pues el verbo 
español potrear significa amansar y adestrar de tal 
modo en los movimientos á los potros brutos y no 
enseñados al freno, que como dice Horacio: el ca- 
ballo enfrenado tenga el oido en la boca. (9) 

Alfaro. 

¡Gran Dios! cuántas, qué grandes y qué magní- 
ficas casas de campo adornan ambos lados de la 
calzada, en extensas y amenísimas huertas regadas 
por caños sacados del acueducto! ¿Qué vista hay 
en España que pueda igualarse ó compararse con 
esta? En esta gran casa se parte el camino en dos, 
y bien umbrosos ambos. (10) 

Zamora. 

Uno va á Tacuba y otro á Chapultepec; y esa 
casa tan magnífica pertenece á Cortés. 



Alfaro. 

Nada edificó este heroico varón que no diese á 
la posteridad amplio testimonio de la grandeza de 
su ánimo. Pero el canal ó acueducto que lleva el 
agua á la ciudad habia sido hasta aquí de bóveda, 
con lumbreras á intervalos en la parte superior, para 
dar entrada al sol y al airo; y ahora, de aquí á la 
fuente, va todo descubierto. 



208 DIALOGUS TERTIUS. 

Zamora. 

Id ita factum est duplici ex causa: et quod hac 
minus sit turbae, et quod defecatior, vento et sole 
ferientibus, intra fornicem aqua ducitur. 

Alfarus. 

Prudenter judicas. Sed jam rursus ab utraque 
vise parte compascui agri se quam latissime aperiunt 
et diffundunt, armentis multis hinc inde pascenti- 
bus referti. Oppositl sunt colles feracissimi, sege- 
tibus et sylvis placidissimi, in quibus conspiciendis 
oculi non sine voluptate conquiescunt. 

ZUAZUS. 

Versus Cujacanum via strata, planitie et agrorum 
amcEnitate nobilis, excurrit. Hoc est nemus, et in 
ipso fons, ex quo in euripum aqua influit: pro- 
peque fontem surgit, ut vides, altitudine magna 
promontorium, a quo perspicuus est in Mexicum 
prospectus. 

Alfarus. 

Quorsum tamen circumquaque altis adeo muris 
septum est nemus, ñeque ad ipsum nisi perpaucis 
aditus patet? 

ZuAzus. 

Ne et fons conturbetur, confluentibus indis; et 
damae, cervi, cuniculi et lepores, quibus abundat, 
venatoribus insequentibus, aut interimantur aut 
fugiant. 

Alfarus. 

Quod est lema super liminaribus januae lapidi- 
bus scultum ? 



DIÁLOGO TERCERO. 269 

Zamora. 

Se hizo así por dos razones: porque desde aquí 
no es ya tanta la gente que transita, y para que re- 
cibiendo antes de lleno el sol y el aire, camine mas 
purificada el agua dentro de la bóveda. 

Alfaro. 

Juzgas con acierto. Mas ya desde aquí vuelven 
á descubrirse hasta muy lejos por ambos lados del 
camino los egidos, llenos de ganado que pace á una 
y otra parte. Enfrente quedan unas lomas feracísi- 
mas, muy agradables por sus bosques y sementeras, 
en que descansa la vista con deleite. 

ZUAZO. 

Corre para Cuyoacan (ii) una calzada, notable 
por ser tan llana, y por la amenidad de su campiña. 
Este es el bosque (12), y en él se halla la fuente 
que provee de agua al acueducto. Cerca de ella se 
levanta, como ves, un cerro muy alto, desde donde 
se otea perfectamente la ciudad de México. 

Alfaro. 

¿Con qué objeto está el bosque cercado de tapias 
tan altas, y solo á muy pocos se permite la entrada 
áél? 

Zuazo. 

Para que no ensucien el agua los indios que pa- 
san, y para que los cazadores no maten ó ahuyenten 
la mucha caza que hay de gamos, ciervos, conejos 
y liebres. 

Alfaro. 

¿Qué inscripción es la que está en una lápida so- 
bre la puerta? 



270 DIALOGUS TERTIUS. 

Zamora. 

NEMVS 

/edificio. et. amcenitate. pylchrvm 

delitias. popvli 

lvdovicvs. velascvs 

hvjvs. rrovinci^. prorex 

Cví:sari. svo. consecrat. 

Alfarus. 

Sapit antiquitatem, et quod ipsum commendat, 
verum est. Ecquis tamen fuit auctor? 

ZUAZUS. 

Sicuti accepi, Cervantes Salazarus, institutor no- 
ster, qui quantum consequi potest dat operam ut 
adolescentes mexicani diserti facundique evadant, 
et clarissima provincia nostra, scriptorum inopia, 
quibus hactenus caruit, non sit in obscuro. 

Alfarus. 

Plurimum certe ipsi debetis qui vos, quod est 
omnium máximum, a mortalitate et interitu ven- 
dicare conetur. 

Zamora. 

Proceris et patulis arboribus ad fontem introitus 
opacus est: unaque duntaxat ad ipsam aquam ja- 
nua patet. Ac ne lapides et saxa, immundities ac 
sordes in fontem ex promontorio quod proximum 
est relabantur, editis parietibus circunscribitur. 
Jam ingrediere, et in podio sede, cuneta melius con- 
templaturus. 

Alfarus. 
Nihil unquam, etsi multa vidi, perinde vlsu di- 



DIALOGO TERCERO. lyi 

Zamora. 

DON LUIS DE VELASCO 

VIREY DE ESTA NUEVA ESPASA 

DEDICA A SU SOBERANO 

ESTE BOSQUE 

LUGAR DE RECREO PÚCLICO 

HERMOSO POR SU FRONDOSIDAD Y FABRICAS. (13) 

Alfaro. 

Tiene sabor antiguo, y lo mejor es que dice la 
verdad. ¿Quién la compuso? 

ZUAZO. 

Según he sabido, Cervantes Salazar'^(i4), uno de 
nuestros profesores, que en cuanto puede procura 
que los jóvenes mexicanos salgan eruditos y elo- 
cuentes, para que nuestra ilustre tierra no quede en 
la oscuridad, por falta de escritores, de que hasta 
ahora habia carecido. 

Alfaro. 

Mucho debéis al que procura lo principal de 
todo, que es libraros de quedar sepultados en el 
olvido. 

Zamora. 

Una sola puerta da paso á la fuente, y árboles 
altos y copados sombrean la entrada. Y para que 
no caigan dentro las piedras y peñascos, las basuras 
é inmundicias que puedan bajar del cerro cercano, 
está el manantial rodeado de una alta tapia. Entra, 
y siéntate en el poyo, para que examines mejor todo. 

Alfaro. 
Aunque he visto mucho, jamás hallé cosa tan 



272 



DIALOGUS TERTIUS. 



gnum quam hunc fontem vidi. In ipso nanique 
ingressUj continuo et oculos et animum mira qua- 
dam et prope incredibili voluptate pavit, recreavit 
et refecit. Quam est magna et late diffusa fontis 
amplitudo! quanta ejusdem altitudo, ut multis lo- 
éis solum desit! Plane et capere et sustinere one- 
rariam navim potest. Adde aspectu quam sit aqua 
translúcida, ut hinc facile possis in tanta profundi- 
tate scrupulos inspicere. Potu non est minus suavis. 



Zamora. 

Mille trahit varios feriente solé et inumbrantibus 
arboribus colores; ac quoniam non eadem est ubi- 
que aquEe altitudo, lucente solé multae miraeque in- 
tus species rerum eduntur, quibus magis quam Iris 
variatur. 

ZUAZUS. 

Sedilibus ex lapide et calce ad parietes undequa- 
que ambitur: a fontisque margine ad ipsa usque 
spatia sequa interjacent, per quas bini aut terni ho- 
mines deambulare possint. 

Alfarus. 

Illud ut congruat óptima navigatio juxta terram, 
et óptima deambulatio juxta mare. Occidentem 
versus, aut prope, primum porticus est ex marmore, 
non procul a fontis margine: deinde supra ipsum 
incumbit solarium, cubiculis elegantissimis, conti- 
guum, ex quibus in fontem suavissimus est con- 
spcctus. Denique, sic natura et arte fons commen- 
datur, ut ñeque Chabura, ñeque CiíFusa, ñeque 
Aganippe, aut Clitorius fontes scriptorum testi- 



DIALOGO TERCERO. 273 

digna de verse como cst;i fuente. Apenas se acerca 
uno á ella, cuando ya admira, recrea y conforta la 
vista y el ánimo con extraño y casi increible deleite. 
¡Cuan grande y dilatada es la extensión de la al- 
berca! ¡Cuánta su profundidad, y tal que en mu- 
chas partes no se descubre el fondo! Cierto que 
tiene ámbito y hondura suficientes para una nave 
de carga. Añádase ser el agua tan clara, que á pesar 
de ser tanta su profundidad, pueden verse desde 
aquí las piedrecillas del fondo. Y para beber no es 
menos agradable. 



Za 



MORA. 



Los rayos del sol y la sombra de los árboles la 
tiñen de mil colores, y como la profundidad no es 
igual en todas partes, se reflejan dentro, cuando 
luce el sol, muchas y admirables figuras, con mas 
colores que el arco-iris. 

ZUAZO. 

Todo alrededor de la tapia hay asientos de mam- 
postería, y entre ellos y la orilla de la alberca queda 
espacio bastante para que puedan pasear dos ó tres 
personas de frente. 

Alfaro. 

Así se combina la mejor navegación, que es la de 
junto á la tierra, y el mejor paseo que es el de junto 
al mar. Al poniente, ó casi, y no lejos del agua, 
está primero un. pórtico de piedra, y encima una ga- 
lería de bellísimos aposentos, desde donde se goza 
muy agradable vista de la alberca. En fin, tanto mé- 
rito dan á esta fuente la naturaleza y el arte, que 
ya sea que atiendas al caudal y utilidad de sus aguas, 
ya á su limpieza y situación, no pueden serle com- 

35 



274 



DIALOGUS TERTIUS. 



moniis celeberrimi, cum ipso, modo aquae magnitu- 
dinem et utilitatem, modo perspicultatem et posi- 
tum consideres, conferri possint. 

Zamora. 

Si óptima est aqua quae sit aeri perquam similli- 
ma, quaeque calefiat et refrigeretur celerius, quae de- 
cocta vasis crustas non relinquit, quse legumina 
citius percoquit, et demun quae levior est, ut sentiré 
videntur Avicennas et Hyppocrates, nulla praestan- 
tior hac nostra. 

Alfarus. 

Plinius ad stateraejudicium perraro aliquam dicit 
leviorem inveniri; fontanam tamen aquam, qualis 
haec vestra est, caeteris salubriorem, et maxin^e terrae 
liberse, Avicennas testatur. Laudatur ea máxime, 
quse nullum saporem, odoremve ad cibos condien- 
dos habeat. 

ZUAZUS. 

Quas sine colore sit, etiam laude sua non caret, 

Alfarus. 

Qua est ad promontorium ascensus? nam dudum 
est quod animus prurit Mexicum totam oculis ex- 
positam conspicere. 

Zamora. 

Hac ascendemus equites, nam pedites delassa- 
bimur. 

Alfarus. 

Quinimo, si videtur, pedimus consccndamus, 
sessuri cum libuerit; nam descensus, si equis veha- 
mur, non perinde tutus erit. 



DIÁLOGO TERCERO. 275 

paradas las fuentes Cabura, Cifusa, Agapine, 6 Cli- 
toria, tan celebradas por los escritores. (15) 



Zamora. 

Si como parecen pensarlo Avicena é Flipócrates, 
la mejor agua es la que más se asemeja al aire; la 
que más presto se calienta y se enfria; la que cocida 
no deja costras en las vasijas; la que cuece en menos 
tiempo las legumbres, y en fin, la más ligera, en- 
tonces no hay ninguna preferible á esta nuestra. 

Alfaro. 

Plinio dice (16) que pesando las aguas es muy 
raro que una sea más ligera que otra; pero según 
afirma Avicena el agua de fuente, como esta, es la 
más saludable, sobre todo, la de lugares despejados. 
La que no tiene olor ni sabor alguno es la más es- 
timada para guisar. 

ZUAZO. 

Tampoco carece de mérito la que no tiene color. 

Alfaro. 

¿ Por dónde está la subida al cerro? Porque hace 
ya rato que estoy impaciente por tener á la vista 
toda la ciudad de México. 

Zamora. 

Por aquí subiremos á caballo, pues á pié nos 
cansariamos. 

Alfaro. 

Antes bien, si te parece, subamos á pié, sentán- 
donos cuando nos agrade; porque si vamos á ca- 
ballo, la bajada no será igualmente segura. 



276 DIAL0GU3 TERTIUS. 

ZUAZUS. 

Consuíis prudenter; tradamus igitur servis pen- 
nulaSj expeditiores ut ad acclivia simus. 



Alfarus. 

Ouorsum tam lati et ampli gradus ad monticuli 
summitatem, qui fere ipsum totum ambiunt? 

Zamora. 

In his ceu in hortis Motezuma arbores conseve- 
rat, ad eundenique modum in procursu et descensu 
alibi multos id genus videbis hortos; nam acclivi- 
bus magis quam plañís indi gaudebant. 

Alfarus. 
Pensiles, ut video, struere voluerunt. 

Zamora. 
Propemodum. 

Alfarus. 
Ouam fastigiatur ad aediculam usque promonto- 



rium : 



Zu 



AZUS. 



Ita oportuit, ut quas sunt subjecta oculis latera 
nequeant. Scias tamen, quod et cognitu non minus 
dignum est, montículo hoc multo sublímíora ma- 
nufacta promontoria assurgere, quorum ad hoc 
temporís exstant aliquot; ad eorumque fastigia, quss 
in planíciem desinebant, per scalas lapídeas ascen- 
sus erat; supra quae, non secus quam in macello 
pécora, homines foeminique idolaes sacrificati pro 
hostiis, evulsis primum cordibus, offerebantur. Id- 



DIÁLOGO TERCERO. 277 

ZUAZO. 

Es prudente consejo. Dejemos, pues, nuestras 
capas á los criados, para ir mas desembarazados en 
la subida. 

Alfaro. 

¿Para qué son estas gradas tan anchas y largas, 
que llegan hasta arriba, y rodean casi todo el cerro? 

Zamora. 

Aquí cultivaba Moteczuma árboles como en un 
jardin: y asimismo mas adelante y en la bajada verás 
por otras partes muchos huertos semejantes, por- 
que los indios preferían las cuestas á los llanos. 

Alfaro. 
Parece que quisieron hacer unos pensiles. 

Zamora. 
Una cosa así. 

Alfaro. 

¡Cómo se va adelgazando el cerro hasta la ermi- 
ta! (17) 

ZuAZO. 

Así vino bien para que se pudiera ver todo lo 
que está abajo. Has de saber, sin embargo, otra 
cosa no menos digna de ser sabida, y es que habia 
otros cerros mucho más altos que este, hechos á 
mano, y de que aun existen algunos. Subíase por 
escalones de piedra hasta el remate, que era una pla- 
ceta; y en ella, como reses en un rastro, sacrificaban 
y ofrecian á los ídolos víctimas humanas, sacándo- 
les primero el corazón. Y esto es notorio que no 



278 DIALOGUS TERTIUS. 

quenon singulis annis modo, sed prope singulis men- 
sibus fieri celebre fuit, quo sacrificii genere, quod 
vix fidem capiat, innúmera hominum millia periere. 

Alfarus. 

O modo beatissimos hispanorum adventu indos, 
qui ex summa illa miseria ad prassentem felicitatem, 
et ex pristina servitute ad hanc veram libertatem 
translati sunt! O millies etiam fortunatum Caesa- 
rem, cujus setate et auspiciis novus orbis antehac 
incompertus, innúmera diis falsis tanta cum perni- 
cie et strage obsequium prsestantium hominum 
multitudine pullulans, et debellatus et ad christia- 
nam religionem conversus fuerit! 

Zamora. 

Jam circunspice ac undequaque patentem Mexi- 
cum contemplare. 

Alfarus. 

O Deum immortalem! quam bellum, quam gra- 
tum et oculis et animo, quantaque varietate jucun- 
dum se hinc spectaculum exhibet! ut summa cum 
ratione affirmare ausim orbem utrumque hoc loco 
circumscriptum et circumductum esse; et quod de 
homine gr^ci tradunt, Microcosmon^ id esf, parvum 
mundum, ipsum appellantes, idem de México dici 
posse. Loco plano et latissimo tota posita est, et 
omnis undequaque visui objecta. Hispanorum asdi- 
ficia superba et sublimia, et quas magnam soli par- 
tem occupant, altissimis turribus et surgentibus 
templis praestantissima, indorum domicilia subur- 
biorum loco, confusa et minime ordine distributa, 
e quibus magnifica structura non minus prsestantia 
fana emergunt, undequaque continent et claudunt. 



DIALOGO TERCERO. 2/9 

acostumbraban hacerlo solamente cada año, sino casi 
cada mes; en cuyo género de sacrificio, cosa apenas 
creíble, perecieron millares de hombres. (i8) 

Alfaro. 

¡Oh y cuan grande fortuna ha sido para los in- 
dios la venida de los españoles, pues han pasado 
de aquella desdicha á su actual felicidad, y de la an- 
tigua servidumbre á esta verdadera libertad! Y 
también ¡mil veces dichoso el soberano en cuyo si- 
glo y en cuyo nombre se conquistó y convirtió á la 
fe cristiana este Nuevo Mundo, antes desconocido, 
y poblado de innumerables gentes que con tal es- 
trago y matanza rendian obsequios á sus mentidos 
dioses! 

Zamora. 

Tiende ahora la vista, y abarcarás por entero la 
ciudad de México. 

Alfaro. 

i Dios mió ! qué espectáculo descubro desde aquí; 
tan grato á los ojos y al ánimo, y tan hermosamente 
variado, que con toda razón me atrevo á afirmar 
que ambos mundos se hallan aquí reducidos y com- 
pendiados, y que puede decirse de México lo que 
los griegos dicen del hombre, W^mindole Mkrocos- 
mos (19), ó mundo pequeño. Está la ciudad toda 
asentada en un lugar plano y amplísimo, sin que 
nada la oculte á la vista por ningún lado. Los so- 
berbios y elevados edificios de los españoles, que 
ocupan una gran parte del terreno, y se ennoblecen 
con altísimas torres y excelsos templos, están por 
todas partes ceñidos y rodeados de las casas de los 
indios, humildes y colocadas sin orden alguno, que 
hacen veces de suburbios, entre las que también so- 



28o DIALOGUS TERTIUS. 

Ad eamque amplitudinem et hispanorum et indo- 
rum habitatio se explicat et extendit, ut circuí nul- 
lismuris queat. Ambitur deinde montibus, collibus 
et jugis non pariter declivibus: quorum quidam 
sylvis horridi et materiae abundantes, alii ferendis 
segetibus producendisque fructibus feracissimi sunt; 
in ómnibus prsedia rustica apparent multa, urbem 
et circumadjacentes agros mirum in modum deco- 
rantia. 

Zamora. 

A collibus ad civitatem, quod etiam plus ipsam 
commendat, interjacentes agri irriguis aquis, fossis, 
fluminibus et fontibus rigati, undique per triginta 
et eo amplius milliaria paient, in quibus indorum 
máxima oppida, qualiasuntTezcucus, Tlacuba, Te- 
peaquilla, Escapuzalcus, Cujacanus, Istapalapa, et 
alia multa posita sunt, quorum albicantia sunt illa 
quse Mexicum prospectant templa. 

ZUAZUS. 

Ex agris, qui proxime urbem accedunt, quidam 
compascui sunt, pecoribus, jumentis et armentis 
herbam multam ferentes: alii fecundi frugiferarum, 
arborum et omnis culturas sic patientes, ut, praster 
vites, quascumque seruntur, incredibile cum foenore 
aucta ferant. In his et rustica et urbana praedia, 
singula tanta elegantia et feracitate, ut ánimos pa- 
riter reficiant, et familias abunde satis alant. 

Alfarus. 

Nequid deesset quo spectaculum foret omnium 
gratissimum, piscosissima, ut intelligo, palus ex 
montium radicibus ab Oriente versus Meridiem et 



DIÁLOGO TKRCERO. 28 I 

bresalen iglesias de tan magnífica construcción como 
las otras. Y es tanto el terreno que ocupan las ha- 
bitaciones de indios y españoles, que no es asequi- 
ble cercarle con muros. Más lejos rodean la ciudad 
lomas, collados y montes de desigual altura, unos 
naturalmente selvosos y abundantes de madera, 
otros cultivados y fértilísimos. En todos se ven 
muchas haciendas que embellecen admirablemente 
la ciudad y los campos. circunvecinos. 

Zamora. 

Desde las lomas hasta la ciudad (cosa que realza 
su mérito), hay por cualquier lado diez leguas, y 
aun más, de campos de regadío, bañados por las 
aguas de acequias, ríos y manantiales. En ellos tie- 
nen asiento grandes ciudades de indios como Tetz- 
coco, Tlacopan, Tepeaquilla, Azcapotzalco, Cuyoa- 
can, Iztapalapan y otras muchas. (20) De ellas son 
esas iglesias blanqueadas, desde las cuales se dis- 
fruta la vista de México. 

ZUAZO. 

De los campos más cercanos á la ciudad, unos son 
ejidos de abundantes pastoá para el ganado lanar, 
caballar y vacuno: otros son de árboles frutales, y 
tan propios para cualquier cultivo, que á excepción 
de la viña, cuanto allí se siembra produce cosechas 
increíbles. En ellos hay haciendas y casas de campo, 
tan bellas todas y feraces, que al mismo tiempo que 
esparcen el ánimo, mantienen decentemente á mu- 
chas familias. 

Alfaro. 

Y porque no falte cosa para que este cuadro ex- 
ceda á todos en belleza, entiendo que es muy abun- 
dante de pesca la laguna que desde el pié de los 

36 



282 DIALOGUS TERTIUS. 

Occidentem longe lateque patens diftunditur, indica 
navigiola cum retibus ad capiendos pisces, multa 
ferens. In ea, promontoria duo inter Occidentem et 
Meridiem, ambitu et altitudine prsestantissima na- 
scuntur. 

Zamora. 

In altero quod proprius accedit ad Orientem, 
fons est perpetuo calidus, perpulchro et eodem ca- 
merato sedificio contectus, salubre infirmis balneum. 
In altero quod ad meridiem vergit, leporum, cuni- 
culorum, cervorum et agrestium anserum mira est 
copia. Assurgunt in ipso, quo sit commendatius, 
Marchionis Cortesi sedes praestantissimse. 

ZUAZUS. 

Caeterum, quod veré munit et proinde urbem no- 
bilitat, animadverte ut ambiente et campos alluente 
palude, Mexicus difficilem habet oppugnationem: 
nam ad ipsum nisi per vias stratas, quas multas, am- 
plissimíe et ab adjacentibus campis elatse sunt, in- 
gressus neutiquam patet; cum campi qui ad ipsas 
pertinent, fossis multis dividantur, et hiberno tem- 
pore toti pene sic inundentur, ut non paludis sed 
maris speciem prsebeant. Prope plerasque vias quae 
aditum ad urbem prasstant, fossae seu rivuli ex ma- 
gnis fluminibus in urbem longissime derivantur; 
egressiquepaludem intrant: unde fit utnec saeviente 
canícula ab integritate sua discedat. 



Alfarus. 
Montes et juga sunt qui incolant? 



DIÁLOGO TERCERO. 283 

montes se extiende y dilata mucho de oriente hacia 
el poniente y sur, cubierta de embarcaciones de in- 
dios con sus redes de pescar. Dentro de ella nacen, 
entre oriente y sur, dos cerros bien gruesos y ele- 
vados. (21) 

Zamora. 

En el de oriente, que es el más próximo, hay un 
manantial siempre caliente, encerrado dentro de un 
primoroso edificio abovedado, y es un saludable 
baño para los enfermos. En el otro, que queda al 
sur, hay maravillosa cantidad de liebres, conejos, 
ciervos y patos cimarrones; y le adorna un magní- 
fico palacio del marques. 

ZUAZO. 

Observa, fuera de eso, una cosa que ciertamente 
sirve de defensa á la ciudad, y por lo mismo le da 
mérito, y es que no puede fácilmente ser tomada 
por fuerza, á causa de la laguna que rodea y baña 
sus campos. Porque no es posible llegar á la ciudad 
sino por las calzadas, que son varias, muy anchas, 
y elevadas sobre el resto del terreno, estando todos 
los campos inmediatos á ellas cortados por muchas 
zanjas, de manera que en tiempo de aguas se inun- 
dan de tal modo, que aquello no parece laguna, sino 
mar. Junto á algunas de las calzadas que conducen 
á la ciudad, vienen de muy lejos hasta el interior 
de ella acequias ó arroyos sacados de los rios ma- 
yores, y al volver á salir entran en la laguna, de lo 
cual resulta que nunca bajan sus aguas, ni aun en 
el mayor rigor de la canícula. 

Alfaro. 

¿Hay habitantes en las lomas y montañas.^ 



284 DIALOGUS TERTIUS. 



Zam 



ORA. 



Indi quamplurimi, ínter quos sunt villae hispa- 
norum multae, stancias apellant mexicani; pleraeque 
sic feraces ut et pécora nutriant, et tritricum alia- 
que semina abunde ferant. Rura locis inferioribus 
irriguis aquis coluntur et óptima fiunt. — Nosti pie- 
raque, Alfare: jam descendamus, alia via Mexicurn 
reversuri. 

Alfarus. 

Recte mones: quod tamen cognoscendum mihi 
supremum et ultimum restat, dum alio iter fací- 
mus, de Novse Hispaniae, cujus primatum tenet 
Mexicus, temperie et ingenio, deque indorum mo- 
ribus et vita, quando locus est, nisi aliud vultís, 
me docete. 

ZUAZUS. 

Experieris nos íii ómnibus obsequentes, hacque 
incedentes via, quse recta Mexicum vergit, pauca 
(nam multa qui poterimus?) de Nova Hispania 
et ejus incolis colloquemur: ac primum de solo 
et coelo. Est igitur Nova Hispania, ex sententía 
Joannoti Durani, magnse Hispanise pars. Certa 
figura caret, nam ñeque quadrata, ñeque quadran- 
gularis, ñeque triangularis, ñeque rotunda, lon- 
gior tamen quam latior est, quod in longitudine a 
portu Nativitatis ad Soconuscum, ducentes et ví- 
ginti leucis, et a Septentrione per Zacatecas ad flu- 
mem Cupilci centum et quinquaginta pateat. La- 
titudinis vero ab amne Palmarum ad mare Merí- 
dianum id habet, ut centum et sexaginta leucis paulo 
minus terminetur. Deinde paulatim ad eam angu- 
stiam perstringitur et coarctatur, ut ad Guazacual- 
cum per quadraginta duntaxat lencas protendatur. 



DIÁLOGO TERCERO. 28^ 



Zamora. 



Muchísimos indios, y entre ellos gran número 
de granjas de españoles, llamadas estancias por los 
mexicanos; varias de ellas tan productivas, que man- 
tienen ganados, y dan con abundancia trigo y otras 
semillas. Las tierras bajas gozan de riego, que las 
fertiliza. — Tehedicjio ya casi todo: bajemos ahora 
para regresar á México por otro camino. 

Alfaro. 

Dices bien. Mas puesto que hay ocasión, mien- 
tras vamos por ese otro camino, informadme, si os 
parece, de lo último que me resta saber, esto es, 
del clima y naturaleza de la Nueva España, cuya 
cabeza es México, así como de la vida y costum- 
bres de los indios. 

ZUAZO. (22) 

En todo nos hallarás dispuestos á complacerte. 
Yendo por este camino, que va en derechura á Mé- 
xico, trataremos brevemente (pues por extenso no 
seria posible) de la Nueva España y sus habitantes, 
y primeramente de la tierra y del clima. Es, pues, 
la Nueva España, según dice Juanoto Duran (23), 
una parte de la gran España. (24) No tiene figura 
determinada, porque ni es cuadrada, ni cuadrilonga, 
ni triangular, ni redonda; pero sí mas larga que an- 
cha, pues tiene de largo desde el puerto de la Na- 
vidad á Soconusco doscientas veinte leguas; y desde 
el Norte por los Zacatecas al rio Cupilco (25), hay 
ciento cincuenta. La anchura, desde el rio de las 
Palmas hasta el Mar del Sur, es poco menos de 
ciento sesenta leguas. Desde allí se va angostando 
y recogiendo tanto, que en Guazacualco no llega á 
cuarenta. Tiene por límite al norte la provincia de 



286 ' DIALOGUS TERTIUS. 

A Septentrione provincia Guachachilum termina- 
tur: ad Meridiem mari ulterioris Oceani alluitur: 
orientaleque ejus litus mari Novse Hispanias clau- 
ditur, et ab Oriente Guatemala provincia contine- 
tur: ejusdem Occidentem partem Compostellae re- 
gnum finit. Ac praeter casteras provincias quas in 
se Nova Hispania continet, Taxcala praecipue, Me- 
chuacane et Guaxaca clariores. Multis locis mon- 
tuosa, sed non infrugífera: casteris planicie máxima, 
perennibus fontibus et fluminibus, non tamen maxi- 
mis, frequens est: populosa valde: auro et argento, 
aliisque metallis ditissima. Bonam soli partem 
otiosam et incultam habet, quod indi terrae mul- 
tum occupent et parum colant: iidem irriguis aquis 
plurimum utuntur. In universum, solum est fera- 
cissimum, et quod multis suis partibus messem 
longe auctissimam mittat; quodque vix fiet ulli 
credibile, ad Angelorum civitatem centena segete 
redundet toto indifferenter anno; ita ut hic fru- 
mentum pullulet; proxime aliud paulo ante satum, 
spicas producat; aliud quod justo tempore prseces- 
sit reliquum, maturum et falci opportunum sit. 
Indicis pariter et hispanis fructibus abundat, etiamsi 
vini et olei sterilis. Lana, gossypio, coceo, saccharo, 
melle, pecoribus et armentis, exquibus coria multa 
transvehuntur in Hispaniam, plus satis fertilis. 
Omnis generis venationis sic affluit, ut non aucu- 
pantibus et venantibus aquilas, ardeae, albardeolae, 
anseres sylvestres; et in quadrupedibus lepores, 
cuniculi, damas, cervi, ursi, leones et tigres se pas- 
sim oíFerant; nam sylvis et nemoribus tota fere 
regio amoena est. Ac ne plura dicam, quod de Asia 
scripsit Cicero, de Nova Hispania scriptum putato, 
nam ut ille dixit, et ubertate agrorum, et varietate 
fructuum, et magnitudinepastionis, et multitudine 
earum rerum quse exportantur, facile ómnibus ter- 



DIÁLOGO TERCERO. 287 

los Guachichiles (26) : báñanla al sur las aguas del 
océano ulterior (27), y ciñe sus costas occidentales 
el mar de la Nueva España. La provincia de Gua- 
temala forma el límite al oriente, y por el occidente 
termina el reino en Compostela. Entre las provin- 
cias que comprende la Nueva España, las mas fa- 
mosas son Michoacan, Oajaca, y principalmente 
Tlaxcala. (28) Es montuosa la Nueva España en 
muchos lugares, aunque no infructífera: lo demás 
es un gran llano. Tiene muchos manantiales pe- 
rennes y rios, aunque no muy grandes. Está muy 
poblada, y es riquísima de oro, plata y otros me- 
tales. Una buena parte del terreno está erial é in- 
culto, porque los indios ocupan mucha tierra y cul- 
tivan poca; aprovéchanse mucho de las aguas de 
riego. En general el suelo es feracísimo, y tal que 
en muchas partes produce cosechas desmedidas. 
Apenas es creíble que cerca de Puebla las mieses 
rindan ciento por uno en cualquier tiempo del año; 
de manera que aquí brota la planta; más allá es- 
piga la que se sembró un poco íintes; y ¡a otra 
que le precedió el tiempo necesario, está ya ma- 
dura y á propósito para la siega. (29) Es fértil en 
frutas (30), tanto indígenas como de España, y solo 
es pobre de vino y aceite. Pero produce con abun- 
dancia lana, algodón, grana, azúcar, miel, ganado 
menor y mayor, del que se lleva á España gran can- 
tidad de cueros. (31) Es tan abundante de caza, que 
aun los que no lá buscan ni son cazadores, encuen- 
tran á cada paso águilas, garzas reales, garzotas (32) 
y ánsares salvajes; ó bien liebres, conejos, gamos, 
ciervos, osos, leones y tigres, porque lo más de esta 
tierra es muy frondosa de bosques y selvas. En una 
palabra: considera dicho de la Nueva España lo 
que Cicerón escribió del Asia {3^), pues como él 
dijo, aventaja sin disputa á todas las naciones del 



288 DIALOCUS TERTIUS. 

ris antecellit: digna denique quse una cum Fortu- 
natis insulis, ob aeris miram temperiem, coelique 
clementiaiTi, Fortunata appelletur; quae etsi callidior 
alibi, alibi frigidior sit, modum tamen nunquam 
excedit. Mexicus vero ea est temperie, et quaecum- 
que ipsi adjacent oppida, ut ex asquo hieme vereque 
eadem veste et eodem cubiculo uti possis. Ad Me- 
choacanensem provinciam paludes habet, et magni- 
tudinis et altitudinis rarae, in quibus non secus 
quam in Océano tempestates oboriantur: praeter 
fidem piscosae sunt. In toto, praster castera, Novae 
Hispanise solo equi nascuntur generosissimi, per- 
nicitatis mirae, et qui nunquam pene aut cursu aut 
gradiendo defatigentur: in summa elegantioresquam 
sint in Hispania. Unum tamen ad integram pro- 
vinciae felicitatem deest. 



Alfarus. 
Ecquid? nam vinum et oleum solum desidero. 

Zamora. 

Ut scilicet Florida, ad quam per mare facilis et 
brevissima navigatio, térra vero ñeque longum ñe- 
que difficile iter est, ab hispanis debellaretur, domi- 
numque C^sareni agnosceret. 

Alfarus. 

Quid ea ex re provincia vestra commodi et emo- 
lumenti caperet? 

Zamora. 

Plurimuní; nam quaecumque habet vetus Hispa- 



DIÁLOGO TERCERO. 289 

mundo en la fertilidad de su suelo, en la variedad 
de sus productos, en la extensión de sus pastos, y en 
el gran número de géneros de contratación: digna 
en fin de que por la admirable templanza del clima 
se le llame también la Afortunada^ como á las islas 
de este nombre (34) ; pues aunque en partes es algo 
caliente, y en otras algo fria, nunca excede de lími- 
tes moderados. Es tal la temperatura de México y 
de los lugares vecinos, que así en invierno como en 
verano puede usarse la misma ropa en la persona y 
en la cama. En la provincia de Michoacan hay la- 
gunas de gran extensión y profundidad, en las cua- 
les se levantan tempestades como pudiera en el mar, 
y producen pescado con increíble abundancia. Fuera 
de lo demás, críanse en toda la Nueva España ca- 
ballos excelentes, de admirable agilidad, y que casi 
nunca se cansan de correr ó andar: son, en suma, 
más hermosos que los de España. — Una sola cosa 
falta para completar la felicidad de esta provincia. 

Alfaro. 

¿Y cuál es? Porque solo echo menos el vino y 
el aceite. 

Zamora. 

Que los españoles conquisten y pongan bajo el 
dominio del Emperador la Florida, á la cual se va 
pronto y fácilmente por mar, y por tierra tampoco 
es difícil el camino. 

Alfaro. 

Y de ello, ¿qué comodidades y riquezas pueden 
venirle á esta provincia? 

Zamora. 

Muchas; porque todo cuanto produce la antigua 

37 



•90 



DIALOGUS TERTIUS. 



nia in orbe altero posita, ex qua in nostram tanto 
temporCj et tanta cum difficultate merces importan- 
tur, ea omnia abundantius multo, quae nobis confinis 
est. Florida prseberet. 

Alfarus. 

Fiet id spero aliquando. 

Zamora. 

Fiet cum primum visum fuerit Csssari, que nun- 
quam solet magna sine magno etiam consilio ag- 
gredi. Csetera vero quae ad coelum solumque Novae 
Hispanise pertinent, quoniam non nisi multis ex- 
plicari possuntj latius ac melius ex Novi hujus Or- 
bis Geographia, quse auctore Joannote Durano, 
viro ea in re absolutissimo, brevissime prodibit in 
lucem, intelliges et cognosces. De moribus autem 
et institutis indorum, quantum temporis angustia 
patietur, nam et advesperascit et prope est civitas, 
Zuazus, qui tamdiu tacuit, et diligens est rerum 
indagator, ut semper facit, et eleganter et vere dis- 
seret. 

Alfarus. 
Id te rogo, Zuaze, facias 

( Desiderantur paginoe duce.) 
[ZUAZUS.] 

otiosus viveret, omnium máxime curabant 

principes: intelligentes nimirum non posse non 
male agere qui otiosus fuerit. Magnatum etregum 
superba nimium palatia, plebis contra depressa et 
humilia erant domicilia; pleraque ex crudis lateri- 
bus, ut nunc, procul inter se posita et absque ulla 
serie. Metu magis quam amore eos parere, dixit 
ssepe Moteczuma; quod esse verum experientia de- 
clarat. Jumentorum nullus illis usus fuit: humeris 



DIALOGO TERCERO. 29 I 

España, situada en el viejo continente, de donde 
nos vienen las mercancías con tanto retardo y difi- 
cultad, se traeria de la Florida, confinante con no- 
sotros, donde todo abunda mucho más. 
Alfaro. 

Confío en que así se verificará algún dia. 
Zamora. 

Será tan pronto como lo determine el Emperador, 
que no acostumbra acometer las grandes empresas 
sin madura reflexión. Lo demás que toca al clima 
y suelo de la Nueva España, y de que no seria po- 
sible dar noticia sin alargarse demasiado, lo puedes 
ver mejor y con más extensión en la Geografía de 
este Nuevo Mundo que muy pronto dará á luz 
Juanoto Duran, persona versadísima en ello. De 
las costumbres y leyes de los indios, Zuazo, que 
hasta ahora ha callado, y es diligente investigador 
de esas cosas, podrá informarte con verdad y ele- 
gancia, como acostumbra, aunque con la brevedad 
que pide la escasez de tiempo, pues comienza á ano- 
checer y estamos cerca de la ciudad. 

Alfaro. 

Ruégote, Zuazo, que así lo hagas 

(Faltan dos páginas del original.) 
[ZuAZO.] 

Los reyes cuidaban sobre todo de que [nadie] es- 
tuviese ocioso, sabiendo que era imposible dejase 
de obrar mal el que viviese en la ociosidad. Los pa- 
lacios de los reyes y principales eran sumamente 
magníficos, y por el contrario humildes y bajas las 
casas de los pobres, apartadas como ahora, y sin 
orden alguno. Muchas veces dijo Moteczuma que 
obedecían más por temor que por amor, lo cual ha 
confirmado la experiencia. No conocían las bestias 



292 DIALOGUS TERTIUS. 

ac tergo, ex plebe viri foeminaeque a capite penden- 
tia pondera deferebant, quo in usu ateneris assue- 
vere. Uxores habebant quas possent alere, sed in 
ipsis unam praecipuam, ex qua, veluti ex justis nu- 
ptiisj liberi legitimi et haeredes nascebantur. Calidis- 
simis, pipere quodam, quod axl dicitur, conditis, 
cibis vescebantur: vinum ipsis, quod vehementius 
quam nostrum inebriat, ex radicibus Maguey fuit, 
quo e potu mente capti, nefanda quaeque tentabant. 
Pedibus pugnabant, nam equos numquam viderunt: 
ratique sunt, cum primum hispanos equites con- 
spexere, nt sederent ita natos esse: cibosque postea 
eosdem quos insedentibus, equis porrigebant. Pro 
ensibus macanis ex ligno gladiis, utrinque ad cuspi- 
dem insertis novaculis, utebantur: clypeis se prote- 
gentes, ictus excipiebant: nudi decertabant. Mon- 
ticulis, aut nativis aut manufactis, pro arcibus et 
castellis se adversus hostes muniebant: in bello 
morí magniücum ducentes. Litterarum loco, ani- 
malium figuras, papyris quibusdam exaratas, -^gy- 
ptios imitati, ad absentesmissitabant. Aperto capite, 
sine calcéis et nudatis tibiis, nisi primarii viri fo- 
rent, cuncti incedebant. Quominus autem quemad- 
niodum coepi in reliquis pergam, quse sermonem 
dirimit nox impedit. Quare dabis veniam, potius 
temporis brevitati quam animo in te meo, et quae 
sunt alia, dum expectas in crastinum, cum Zamora 
felix abi: nam istac mihi domum eundum est. 



Alfarus. 
Bene igitur vale. 



DIALOGO TERCERO. 



293 



de carga: los hombres y mujeres del pueblo lleva- 
ban las cargas sobre la espalda, pendientes de la ca- 
beza, á lo cual se acostumbraban desde pequeños. 
Tenian cuantas mujeres podían mantener; pero en- 
tre ellas una era la principal, cuyos hijos eran los 
legítimos y herederos, como si nacieran de matri- 
monio. Usaban alimentos muy cálidos, condimen- 
tados con una especie de pimienta que llaman ají. 
De las raices del maguey sacaban un vino que em- 
briaga más que el nuestro; y trastornados con esa 
bebida, intentaban toda suerte de crímenes. Pelea- 
ban á pié, porque no conocieron los caballos. Cuan- 
do vieron por primera vez los jinetes españoles, 
pensaron que eran así por naturaleza, de suerte que 
luego ofrecieron á los caballos la misma comida queá 
los jinetes. En vez de espadas usaban macanas de 
madera, con navajas de pedernal encajadas por am- 
bos lados hasta la punta, y se servían de rodelas para 
resguardarse: peleaban desnudos. Para hacerse fuer- 
tes contra los enemigos, aprovechábanse de cerros 
naturales ó hechos á mano, como de fortalezas ó cas- 
tillos, teniendo á gran honra morir en la guerra. Se 
comunicaban con los ausentes, no por medio de le- 
tras, sino de figuras de animales pintadas en ciertos 
papeles, á imitación de los Egipcios. Todos, excepto 
los principales, andaban con la cabeza descubierta, 
y descalzos de pié y pierna. — La noche, que corta 
nuestra conversación, me impide continuar como 
había comenzado. Así pues, me harás favor de ex- 
cusarme, más por falta de tiempo, que de buena 
voluntad; y mientras aguardas á mañana para lo 
que resta, ve con Zamora en ahora buena, pues desde 
aquí tengo que irme á casa. 

Alfaro. 
Pues que te vaya bien. 



ítlA C\ÍA<tiA CZíÁ. ftlACtiA CtiA CtiA CtiA CtiA ft^ ctiA ítiA ítiA ctiA ftlA CtiA ctiA ct^ 



ALFONSUS GUMEZIUS ALFARUS 
FRANCISCI CERVANTIS SALAZARI DISCIPULUS, 

LECTORI SALUTEM. 

Daninabit aliquis scio, candide Lector, praece- 
ptorem minime poenitendum Cervantem Salazarum, 
quod aut non elegantioribus characteribus, aut cor- 
rectlori ortographia, ampliorique forma hoc suum 
opus evulgari passus fuerit. Cur culpam omnino 
deprecemur non invenio, cum purgatius prodire in 
médium potuisset; eamdem confiteri prorsus, cum 
elevari possit, inhumanum etiam existimo. Noverit 
igitur quicumque morderé voluerit, meliores cha- 
racteres non fuisse datos, et Cervantem Salazarum 
theologicis studiis, quibus modo incumbit, et tra- 
denda Rhetorica, cujus est professor, scribendisque 
alus multo gravioribus operibus distractum, chal- 
cographicam officinam nunquam fuisse ingressum; 
dictantem pleraque successivis horis quae ad Vivem 
reperies addita, quae cum praeter opinionem cresce- 
rent, justo crassiusfactum est volumen. Responsum 
est ad omnia, et quidem veré, ita me Deus amet. 
Tu jam qui hactenus institutorem culpasti, una me- 
cum in posterum defende; nam qui idem quod ipse 
subscripsi asserant sunt ejus discipuli, et qui cum 
eo familiariter egerunt: sunt autem plurimi et lo- 
cupletissimi testes. Bene vale. 



ÍXÍA ftiA CXtt- kVlA ÍVlá ítiA CviA t'tlA ftiA CvlX ftí>fc CVU. ítlA ttiA ttiA CtiA itiA ftiA ítiA 



ALFONSO GÓMEZ ALFARO, 

discípulo de FRxVNCISCO CERVANTES SALAZAR, 

AL LECTOR. 

Sé, amigo Lector, que no faltará quien censure á 
un profesor distinguido, como Cervantes Salazar, 
por no haber estorbado que esta obra suya viera la 
luz pública, á no ser impresa con caracteres mas ele- 
gantes, con mejor ortografía y en tamaño mayor. 
No me parece que debemos pretender la total abso- 
lución del cargo, pues pudo el libro salir á luz más 
castigado; pero tampoco hallo justo que se acepte 
toda la culpa, pudiendo ser atenuada. Sepan, pues, 
los que pretendan censurarle, que mejores caracteres 
no los hubo, y que Cervantes Salazar jamás entró 
á la imprenta, hallándose ocupado en los estudios 
teológicos á que ahora se dedica; en enseñar la re- 
tórica, de que es catedrático, y en escribir otras obras 
de mucha mayor importancia. Escribiendo de or- 
dinario en horas sueltas lo que ves añadido á Vives, 
vino á alargarse más de lo que se figuraba, y resultó 
un volumen más grueso de lo que debiera. He sa- 
tisfecho á todo, y á fe que con verdad. Tú que antes 
culpabas al profesor, únete á mí desde ahora para 
defenderle; pues los que atestiguan lo dicho son 
discípulos suyos que le han tratado familiarmente, 
y por lo mismo hay de ello testigos numerosos é 
irrecusables. Adiós. 



<tlA ítiA eXU. ctiA ctlA ftiA ÍXiA ÍAiA <tlA CtiA ítiA CtlA CtiA CViA fvlA ftlA ctiA ftlA ctlA 



JOANES PAULUS BRISSENSIS 

TIPOGRAPHUS, 

LECTORI SALUTEM. 

Cutn nihii perinde optarem, candide Lector, au- 
spicio et expensis Cassaris Mexici Academia erecta, 
quam ut ex chalcographica oficina nostra aliquid 
prodiret quo et humaniores litteras, quse in dies 
magnis prefecto accesibus florent, juvarem, et opti- 
me proinde de scholasticis mererer, votis multo 
quidem melior accessit. Cervantes Salazarus, vir, ut 
caetera omittam quse non epistolam sed librum pe- 
tunt, eloquentia singulari et extemporalitate haud 
temeré credibili; qui non solum doctissimis et eo 
nomine dignissimis suis Elucidationibus, quibus 
anfractus, ambages in via perplexa et innaccessafe- 
liciter explicuit, solvit et superávit, Vivem illustra- 
tum excudendum nobis tradidit; verum quam 
proxime ad ipsum accedens, ejusdem consilium se- 
quutus, septem adjecit Diálogos, quibus ludosquos- 
dam qui Vivi deerant, et internam externamque - 
Mexicum docte adeo et facunde conscripsit, ut non 
dicere, sed rem ob oculos possuisse videatur. Quas 
tu omnia, quoniam sat scio expertus, majora esse 
longe quam dixerim comperies, verbum non am- 
plius addam. Illud tamen omissum nolo, laboribus 
ut alienis fruaris, non invideas, et conatus nostros, 
qui semper in rem tuam inclinant, ne unquam con- 
temnas. Bene vale. 



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ktlA Ctií. ftlA t'^ ctiA CtiA i^ <ÍiA 4Íi;k ítlA ttlA tTiA ftiA <tlA C^ ct>> ftiA CTlA ctlA 



KL IMPRESOR 



JUAN PABLOS, DE BRESCIA, 

AL LECTOR. 

Cuando, fundada ya en México la Universidad, 
bajo los auspicios y á expensas del Emperador, nada 
deseaba yo tanto, lector amigo, como que saliese de 
nuestra oficina tipográfica algo que por ser de pro- 
vecho para las buenas letras, que cada día florecen 
con tan grandes aumentos, fuese también útilá los 
escolares, se cumplió con exceso mi deseo. Porque 
Cervantes Salazar, persona de rara elocuencia, y do- 
tada de tal habilidad para improvisar, que es teme- 
ridad creerlo (dejando aparte sus demás prendas, 
que no pedirian una epístola sino un libro), no solo 
nos trajo á imprimir un Vives con comentarios doc- 
tísimos y muy dignos del autor, en que explica, 
aclara y resuelve los pasajes difíciles y equívocos en 
materia intrincada é inculta, sino que para acercarse 
más al modelo, y siguiendo el mismo plan, añadió 
siete Diálogos en que trató de ciertos juegos que 
faltan en Vives, y deécribió tan erudita y copiosa- 
mente la ciudad de México y sus alrededores, que 
no parece que describe, sino que pone las cosas á la 
vista. Y porque estoy cierto por experiencia, de 
que la obra es mucho mejor de lo que digo, no 
quiero añadir una palabra más. No dejaré, sin em- 
bargo, de decir una cosa, y es que para gozar de los 
trabajos ajenos, no has de verlos de mal ojo, y que 
nunca desprecies nuestras fatigas, enderezadas siem- 
pre á tu provecho. Adiós. 

3S 



f 



Impositus est finis huic operi, anno ab asserto m 
libertem genere humano millesimo quingentésimo 
quinquagesimo quarto. Die vero sexta mensis No- 
vembris. 

Ex commissione Proregis et Archiepiscopi Mexi- 
cani probatum est opus Doctori Matheo Sedeño 
Arevalo, Decretorum Interpreti, et Magistro Al- 
fonso a Vera Cruce, Theologias primario Modera- 
torij Mexicij anno, mense et die ut supra. 



I 



f 



Acabóse la presente obra el dia seis de Noviem- 
bre del año de la Redención humana de mil quinien- 
tos cincuenta y cuatro. 

Por comisión del Virey y del Arzobispo de Mé- 
xico fué aprobada esta obra por el Dr. Mateo Se- 
deño Arévalo, Catedrático de Decreto, y por el 
Maestro Fr. Alonso de la Veracruz, Catedrático de 
Prima de Teología. — En México, dicho dia, mes 
y año. 



I 



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Notas al Diálogo Tercero. 



Nota I, pág. 261. 

Bien famosas son las cenas del romano Lúculo, y es sabido que 
el gasto de ellas se regulaba conforme al aposento ó comedor en 
que se servían. La sala de Apolo era la que requería mayor sun- 
tuosidad en la cena; y á este propósito refiere Plutarco en la FiJ¿2 
de Lúculo y la siguiente anécdota: 

((Viéndole un dia desocupado en la plaza, se le llegaron Cice- 
«ron y Pompeyo: aquel era uno de sus mayores y más íntimos 
(( amigos ; y aunque con Pompeyo había tenido alguna desazón con 
«motivo del mando del ejército, solían, sin embargo, hablarse y 
«tratarse con afabilidad. Saludándole, pues. Cicerón, le preguntó: 
«;sí podían tener un rato de conversación? y contestándole que 
«sí, con instancias para ello; pues nosotros, le dijo, queremos ce- 
«nar hoy en tu compañía, nada mas que con lo que tengas dis- 
«puesto. Procuró Lúculo excusarse, rogándoles que fuese en otro 
«día: pero le dijeron que no venían en ello, ni le permitirían ha- 
«blar á ninguno de sus criados, para que no diera la orden de que 
«se hiciera mayor prevención; y solo á su ruego condescendieron 
«con que dijese en su presencia á uno de aquellos: hoy se ha de 
«cenar en Apolo, que era el nombre de uno de los más ricos sa- 
« Iones de la casa : en lo que no echaron de ver que los chasqueaba; 
«porque, según parece, cada cenador tenía arreglado su particular 
«gasto en manjares, en música y en todas las demás prevenciones, 
«y así con solo oír los criados donde quería cenar, sabían ya qué 



NOTAS AL UIALÜGO TERCCRÜ. 30I 

«era lo que hablan de prevenir; y con qué orden y apáralo se 
«habla de disponer la cena; y en Apolo la tasa del gasto era cin- 
« cuenta mil dracmas. Concluida la cena, se quedó pasmado Pom- 
«peyo de que en tan breve tiempo se hubiera podido disponer un 
«banquete tan costoso.» (l) 

Según Letronne (2) la dracma ática valia 92 céntimos de fran- 
co, de manera que el gasto de las cincuenta mil era igual á cua- 
renta y seis mil francos, ó sea unos nueve mil pesos de nuestra 
moneda. Otros autores asignan un valor algo mayor á la drac- 
ma ática. Por lo demás, las cenas de los romanos eran más bien 
comidas, pues comenzaban ordinariamente antes de las cuatro de 
la tarde. (3) 

Nota 2, pág. 261.' 

Según se expresa Zamora, los convites eran todavía más sun- 
tuosos en los años inmediatos á la conquista, lo cual parece ex- 
traño, porque los españoles no habían de usar para tales fiestas 
los alimentos propios del pais, y los que se traían de España, co- 
mo el vino, debían ser entonces más escasos y caros. Tal vez la 
licencia y prodigalidad propias de la gente de guerra, hacían que 
no se reparase en el gasto; pero después, los vecinos ya estable- 
cidos y que trataban de hacer caudal, vivían con más economía. 

Nota 3, pág. 261. 

Los sibaritas, habitantes de Sybaris, ciudad situada en el golfo 
de Tarento, cerca del rio Gratis (hoy Crati), y de la cual solo 
queda la memoria, fueron famosos en la antigüedad por su lujo y 
afeminación, así como por su refinamiento en las comidas. Su 
nombre ha venido á ser un apodo injurioso. «Tratar de frugalí- 
«dad entre los sibaritas, no seria bien admitido,)) dice Quintilia- 
no. (4) El tipo de esos afeminados es Mindíridas, quien viendo 
á un hombre que al cavar la tierra levantaba demasiado el azadón, 
le mandó suspender el trabajo, porque la sola vista de él le cau- 
saba fatiga. El mismo solía quejarse de tener el cuerpo acardena- 
lado por haberse acostado sobre hojas de rosa dobladas. (5) 

A las cenas siracusanas alude Cicerón, diciendo : « Encuéntrese 



1 Traducción de Ranz Romanillos, tom. III, pág, 1S2. 

2 Kclaircisscmenis historiqíics faisant sititc aiix QLuvrcs de KoUiu^ 
tom. XXX, pág, 20. 

3 Dezobry, Rome ati Siécie d^Augtisie, tom. I, pág. 335. 

4 ^^Frugalitas apiid Syharitas,forsitan odioforef.)) Lib. III, cap. 7. 

5 Séneca, De Ira, lil). IT, cap. 25. 



302 NOTAS 

«en buena hora igual deleite en comer aquel mastuerzo de que, 
«según dice Xenofonte, acostumbraban alimentarse los persas, 
«que en las mesas siracusanas, censuradas por Platón con tanta 
«vehemencia. » (i) 

Nota 4j pág. 261. 

«O 7ioctes ccenaque Deüm,)) Horat., Sat. 6, lib. II. 

Nota 5, pág. 265. 

La Fia Apia, llamada así por haberla comenzado el censor Apio 
Claudio 312 años antes de Jesucristo, era la más célebre de las 
grandes calzadas de los romanos. Dábasele también el nombre de 
Regina Viarum. Comenzaba en la puerta Capena é iba á termi- 
nar á Brindis, distante 558 kilómetros. A ambos lados de ella, á 
la salida de la ciudad, estaban los sepulcros de las principales fa- 
milias de Roma. En la Via Apia fué donde Milon dio muerte al 
detestable tribuno Clodio, y por eso la nombra Cicerón con fre- 
cuencia en la defensa que hizo de aquel. 

Aquí salían ya los interlocutores de los límites de la traza ó 
recinto primitivo de la antigua ciudad, que por este rumbo ter- 
minaba en la calle de Santa Isabel. Desde allí comenzaba la cal- 
zada conocida con el nombre de Tacuba, y eran muy pocos los 
edificios que había á ambos lados, si es que había alguno á la iz- 
quierda. De las dos iglesias que quedaban á la derecha, la primera 
era la Santa Veracruz, muy antigua, pues en 1526 ya existia. Fué 
erigida en parroquia el 5 de Diciembre de 1568, y reedificada 
en 1730. La otra era la de San Hipólito: primeramente fué una 
ermita levantada en el lugar donde murió mayor número de espar 
ñoles en la desastrosa retirada de la Noche triste. Atribuyese ge- 
neralmente su construcción al portero del cabildo Juan Garrido, y 
aun llevó al principio su nombre : pero Bernal Díaz (2), hablando 
de ella dice: «una iglesia que nosotros hicimos.)) Probablemente 
Juan Garrido fué el promovedor de la obra, y contribuyeron á 
ella los demás conquistadores. Después se llamó de los Mártires, 
aplicando gratuitamente ese nombre á los que allí perecieron, 
aunque, como dice Betancurt, «mal les vino el título de mártires 
«á los que por la codicia faltaron al valor,)) (3) aludiendo á ha- 



1 (( Sit voluptas non minor in nastiirtio illo, quo vesci Persas esse soli- 
v.tos scribit Xcnop/ioJt, qtiam in Syracusanis mensis qucr a Platonc gravi- 
uter vitupcraiitur.n De Finibus, lib. II, cap. 28. 

2 Cap. 155. 

3 Teatro, Pte. III, tnxt. i, cap. 15, n? 133. 



M, DIAI-ÜC.Ü 'I'HRCliRO. 305 

ber quedado allí los que se carg^.ron con el oro que Cortés no 
pudo llevar. Al último tomo aquella iglesia la advocación de San 
Hipólito, que hasta el dia conserva. Junto á ella fundó en 1567 
el V. Bernardino Alvarez un hospital, que hoy es casa de locos. 
Habiéndose arruinado la ermita, se trasladó el culto á una sala 
baja del hospital, donde estuvo mucho tiempo, hasta que á costa 
de la ciudad se fabricó la nueva iglesia, que fué dedicada en 1739. 
Ni la manzana de casas en que está la que fué iglesia de Santa 
Isabel, ni la Alameda, existían en tiempo de Cervantes. Ese ter- 
reno vacío era conocido con el nombre de «tianguis de Juan Ve- 
(ílazquez, )) y después con el de tianguis ó mercado de S. Hipólito. 

Nota 6, pág. 265. 

La primera disposición para solemnizar la fiesta data del 31 de 
Julio de 1528. En cabildo de ese dia se acordó «que las fiestas 
«de S. Juan é Santiago é Santo Plipólito, é Ntra. Sra. de Agosto 
«se solemnice mucho, é que corran toros, é que jueguen cañas, 6 
«que todos cabalguen, los que tovieren bestias, so pena de diez 
«pesos de oro.» A 14 de Agosto del mismo año se mandaron 
«librar é pagar cuarenta pesos é cinco tomines de oro, que se gas- 
«taron en el pendón y en la colación del dia de S. Hipólito, en 
«esta manera: cinco pesos é cuatro tomines á Juan Franco de 
«cierto tafetán colorado: á Juan de la Torre seis pesos de cierto 
«tafetán blanco: á Pedro Jiménez, de la hechura del pendón é 
«franjas, é hechura, é cordones é sirgo (seda), siete pesos é cinco 
«tomines: de dos arrobas de vino á Diego de Aguilar, seis pesos: 
«á Alonso Sánchez de una arroba de confite, doce pesos y medio: 
«á Martin Sánchez, tres pesos de melones.» Por este acuerdo se 
viene en conocimiento de que el Pendón que se sacaba en el pa- 
seo, no era el que liabia traído Cortés, como generalmente se cree, 
sino otro nuevamente hecho, cuyos colores eran rojo y blanco. (9) 
Aquí no se habla todavía del paseo, aunque es de suponerse que 
para él se hizo el Pendón; pero al año siguiente de 1529 se fijó 



9 Parece que en esto de los colores del Pendón no había determina- 
ción fija. En el acta de 18 de Junio de 1540 se lee lo que sigue; «Este 
«dia acordaron que se haga un Pendón para esta cibdad, que sea de da- 
« masco verde ó colorado con sus armas de la cibdad, porque el Pendón 
«que tiene al presente, de leonado é pardo, se hizo porque no se hallaron 
«otros colores, é mandaron que se venda el dicho Pendón viejo, ó se 
«aproveche lo mejor que se pueda, y lo que más valiere el nuevo que se 
«oviere de hacer se pague de los propios de esta cibdad; é mandaron 
« que la letra de la orladura del Pendón nuevo sea : Ávn in innititudine 
v.exercitiis consistit victoria, sed in volúntate Dei.n La leyenda se tomó, 
en parte, del Primer libro de los Macabeos, cap, III, v. 19. 



^04 NOTAS 

ya el orden que con corta diferencia se siguió observando en lo 
sucesivo. He aquí lo que se dispuso en el cabildo de 1 1 de Agos- 
to: «Los dichos señores ordenaron y mandaron que de aquí ade- 
«lante todos los años, por honra de la fiesta de Señor Santo Hi- 
«pólito, en cuyo dia se ganó esta ciudad, se corran siete toros, é 
«que dellos se maten dos, y se den por amor de Dios á los mo- 
«nasterios é hospitales, y que la víspera de la dicha fiesta se saque 
«el Pendón de esta ciudad de la Casa del Cabildo, y que se lleve 
«con toda la gente que pudiere ir á caballo acompañándole hasta 
«la. iglesia de S. Hipólito, y allí se digan sus vísperas solemnes, 
«y se torne á traer dicho Pendón á la dicha Casa del Cabildo, é 
«otro dia se torne á llevar el dicho Pendón en procesión á pié 
«hasta la dicha Iglesia de S. Hipólito, é llegada allí toda la gente 
«y dicha su misa mayor, se torne á traer el dicho Pendón á la 
«Casa del Cabildo, á caballo, en la cual dicha Casa del Cabildo 
«esté guardado el dicho Pendón, é no salga de él; é en cada ün 
«año elija é nombre el dicho cabildo una persona, cual le pare- 
«ciere, para que saque el dicho Pendón, asi para el dicho dia de 
«S. Hipólito, como para otra cosa que se ofreciere.» (i) Y el 
dia 27 del mismo mes se mandaron «librar é pagar á los trom- 
« petas doce pesos de oro, por lo que tañeron é trabajaron el dia 
«de Santo Hipólito.)) Este año, tal vez por estreno, fueron lar- 
gamente recompensados los trompetas; pero lo desquitaron al si- 
guiente, porque en cabildo de 28 de Agosto de 1530 se acordó 
«que no se les diese cosa ninguna.)) 

Esta ceremonia del Paseo del Pendón se verificaba también en 
otras ciudades de las Indias, y señaladamente en Lima el dia de 
la Epifanía. El orden que debia guardarse en el paseo fué materia 
de varias disposiciones de la Corte, con las cuales se formó una de 
las leyes de Indias. (2) Veamos cómo se practicaba en México, 
según refiere un antiguo libro: (3) «Tiene ya esta fiesta tan gran 
«descaecimiento (1651) como otras muchas cosas insignes que ha- 
«bia en México, y aunque uno ú otro año, por la diligencia y 
«industria del regidor que saca el estandarte real, se adelante mu- 
«cho, en ninguna manera puede llegar á lo que fué antiguamente, 
«aunque se pudieran nombrar algunos regidores que en esta era 
«han gastado más de veintidós ??iil pesos en adelantar y celebrar 



1 Libros !?_;' 2? de Cabildo. 

2 Es la 56 del tít. XV, lib. III. 

3 Lib7'o PrimcTo (segundo, tercero y cuarlo) del Próximo Evangélico 

cxe7nplificado en la Vida del V. Bernardino Alvarez Comp7testo por 

D. Juan Diaz de Arce. (México, 1 65 1, en 4?) lib. I, cap. 40, — La reim- 
presión hecha en 1762 está abreviada. Entre lo suprimido se cuenta lo 
relativo al Pendón. 



AL DIALOGO TERCERO. 305 

(cpor su parte esta festividad. Mas para que se crea lo que fue 
«cuando se vea lo que es al presente, será bien traer á la memoria 
«algo de la descripción que á lo retórico hizo el P. Fr. Diego de 
«Valadés en la parte IV, capítulo 23 de su Retórica Cristiana^ 
«que vio en México lo que algunos años después escribió en Ro- 
«ma en latin, año de 1578. (1) Dice lo siguiente: En el año de 
«nuestra Redención humana de 1521, el mismo dia de S. Hipó- 
«lito, 13 de Agosto, fué rendida la ciudad de México, y en me- 
«moria de esta hazaña feliz y grande victoria, los ciudadanos ce- 
«lebran fiesta y rogativa aniversaria en la cual llevan el pendón 
«con que se ganó la ciudad. (2) Sale esta procesión de la Casa 
«del Cabildo hasta un lucido templo que está fuera de los muros 
«de la ciudad de México, cerca de las huertas, edificado en honra 
«del dicho santo, adonde se está agora edificando un hospital. 
«En aquel dia son tantos los espectáculos festivos y los juegos, que 
«no hay cosa que allí llegue {id nihil suprd): juéganse toros, ca- 
«ñas, alcancías, en que hacen entradas y escaramuzas todos los 
«nobles mexicanos: sacan sus libreas y vestidos, que en riqueza y 
«gala son de todo el mundo preciosísimos, así en cuantoson adornos 
«de hombres y mujeres, como en cuanto doseles y toda diferen- 
« cía de colgaduras y alfombras con que se adornan las casas y calles. 
«Cuanto á lo primero, le cabe á uno de los regidores cada año 
« sacar el Pendón en nombre del regimiento y ciudad, á cuyo cargo 
«está el disponer las cosas. Este alférez real va en medio del vi- 
« rey, que lleva la diestra, y del presidente, que va á la mano si- 
«niestra. Van por su orden los oidores, regidores y alguaciles, y 
«casi todos los nobles y hombres buenos. Va el alférez armado 
«de punta en blanco, y su caballo á guisa de guerra, con armas 
«resplandecientes. Todo este acompañamiento de caballería, os- 
« tentando lo primoroso de sus riquezas y galas costosísimas, llega 
«á S. Hipólito, donde el arzobispo y su cabildo con preciosos or- 
«namentos empieza las vísperas y las prosiguen los cantores en 
«canto de órgano, con trompetas, chirimías, sacabuches y todo 
«género de instrumentos de música. Acabadas, se vuelve, en la 
«forma que vino, el acompañamiento á la ciudad, y dejado el vi- 
«rey en su palacio, se deja el Pendón en la Casa de Cabildo. Van 



1 El libro citado es este : Rhctorica Christiana ad concíonandi et 
orandi usiim accoinodata, iitrhisqiie facidtatis cxemplis stio loco msertis, 
qucc quidem ex Indortini máxime dep7'ompta sicnt Historiis, taide pi'íxter 
doctrinam, sianina qtioqiie dclcctatio co7iiparabiíur. En 4?, con muchas 
láminas. Impreso primero en Perusia, 1579, luego luego allí mismo, 1583, 
y por tercera vez en Roma, 1587. En el pasaje citado por el Dr. Arce 
conservo su traducción, aunque no es siempre clara ni absolutamente fiel. 

2 Ya hemos visto que no era este. 

39 



306 NOTAS 

«á dejar el alférez á su casa, en la cual los del acompañamiento 
«son abundante y exquisitamente servidos de conservas, colacio- 
«nes, y de los exquisitos regalos de la tierra, abundantísima de 
«comidas y bebidas, cada uno á su voluntad. El dia siguiente, con 
«el orden de la víspera, vuelve el acompañamiento y caballería á 
«la dicha iglesia, donde el arzobispo mexicano celebra de ponti- 
«fical la misa. Allí se predica el sermón y oración laudatoria con 
«que se exhorta al pueblo cristiano á dar gracias á Dios, pues en 
«aquel lugar donde murieron mil españoles, ubi millia virorum 
i{decubuere, donde fué tanta sangre derramada, allí quiso dar la 
«victoria. Vuelve el Pendón y caballería, como la víspera ante- 
«cedente. Y en casa del alférez se quedan á comer los caballeros 
«que quieren. Y todo el dia se festeja con banquetes, toros y 
«otros entretenimientos. Hasta aquí Valadés. 

«En la víspera y dia de S. Hipólito se adornaban las plazas y 
«calles desde el palacio hasta S. Hipólito, por la calle de Tacuba 
«para la ida, y por las calles de San Francisco para la vuelta, de 
«arcos triunfales de ramos y flores, muchos sencillos y muchos 
«con tablados y capiteles con altares y imágenes, capillas de can- 
«tores y ministriles. Sacábanse alas ventanas las más vistosas, ri- 
«cas y majestuosas colgaduras, asomándose á ellas las nobles ma- 
«tronas, rica y exquisitamente aderezadas. Para el paseo, la no- 
«bleza y caballería sacaba hermosísimos caballos, bien impuestos 
«y costosísimamente enjaezados: entre los más lozanos (que en- 
«tonces no por centenares, sí por millares de pesos se apreciaban) 
«salían otros no menos vistos, aunque por lo acecinado pudieran 
«ser osamenta y desecho de las aves, aunque se sustentaban á 
«fuerza de industria contra naturaleza, que comían de la real caja 
«sueldos reales por conquistadores, cuyos dueños, por salir aquel 
«dia aventajados (por retener el uso del Pendón antiguo) sacaban 
«también sus armas, tanto más reverendas por viejas y abolladas, 
«que pudieran ser por nuevas, bien forjadas y resplandecientes. 
«Ostentaban multitud de lacayos, galas y libreas. Clarines, chiri- 
«mias y trompetas endulzaban el aire. El repique de todas las 
«campanas de las iglesias, que seguían las de la Catedral, hacían 
«regocijo y concertada armonía.)) 

Como esa solemnidad se verificaba en lo más fuerte de la esta- 
ción de las lluvias, sucedía á veces que la comitiva, sorprendida 
por el agua, se refugiaba en los primeros zaguanes que encontraba 
abiertos, hasta que pasada la tormenta, continuaba su camino. Sa- 
bido por el rey, despachó una cédula en términos muy apremian- 
tes, prohibiendo que tal cosa se hiciera, sino que á pesar de la 
lluvia continuase adelante la procesión, y así se cumplió. 

Por ser muy grandes los gastos que la fiesta ocasionaba al regi- 
dor encargado de llevar el Pendón, la ciudad le ayudaba con tres 



AL DIÁLOGO TERCERO. 307 

mil pesos de sus propios, (i) Andando el tiempo decayó tanto el 
brillo de esa conmemoración anual de la conquista, que en 1745 
el virey, por orden de la corte, hubo de imponer una multa de 
quinientos pesos á todo caballero que siendo convidado dejase de 
concurrir sin causa justa. La ceremonia, que en sus principios fué 
muy lucida, vino después á ser ridicula, cuando el pasco se hacia 
ya en coches, y no á caballo, y el Pendón iba asomando por una 
de las portezuelas del coche del virey. Las Cortes de España la 
abolieron por decreto de 7 de Enero de 181 2, y la fiesta de San 
Hipólito se redujo á que el virey, audiencia y autoridades asistie- 
ran á la iglesia, como en cualquiera otra función ordinaria. (2) 
Inútil es decir que hasta esto cesó con la independe/icia. 

Nota 7, pág. 267. 

Las ^2L\dhr&s potreadero y potrear usaáíis ya en México en tiempo 
de Cervantes Salazar, no han pasado todavía á España, ni hallado 
cabida en el Diccionario de la Academia. Potrear se usa hoy en 
México, no solo en el sentido recto, sino también en el figurado de 
«fatigar y aburrir á alguno con repetidas dilaciones y dificultades.» 

Nota 8, pág. 267. 

El original dice assesoribus domantury lo cual me ha parecido 
error evidente por a sessoribus domantur, y así he corregido. 

Nota 9, pág. 267. 

HoRAT., Epist. 15, lib. L 

Nota 10, pág. 267. 

Los dos caminos que aquí se apartaban son la calzada cede la 
«Verónica,» que va á Chapultepec, siguiendo la dirección del 
acueducto, y la de S. Antonio de las Huertas que continúa en 
línea casi recta hasta Tacuba. Se hallaban, pues, los interlocuto- 
res, en la esquina de «la Tlaxpana.» La gran casa de Cortés es- 
taba sin duda donde ahora el « cementerio de los ingleses, n Cuándo 
desapareció, no lo sé. De estos terrenos se hizo merced á Cortés 
por cédula dada en Barcelona á 6 (23 ó 27) de Julio de 1 529. (3) 
El rancho «de Tepetates» cuyos terrenos llegaban á las calzadas 



1 De muy antiguo venia dar una ayuda de costa al regidor. En 28 
de Julio de 1533 se mandaron dar veinticinco pesos de oro de minas á 
Bernardino Vázquez de Tapia para ayuda de gastos de sacar el Pendón. 

2 Alaman, Historia de México, tom. III, pág. 266. 

3 Colcccio7i de Documentos para la Ilist. de México, tom. II, pág. 28, 



308 NOTAS 

de la Verónica y S. Antonio de las Huertas perteneció hasta es- 
tos últimos tiempos á sus descendientes; mas no he podido cer- 
ciorarme de si comprendian la parte ocupada por el cementerio. 

Nota 1I5 pág. 269. 

La calzada que «corre para Cuyoacan» será tal vez el camino 
que de Chapultepec va para aquel punto, pasando por Tacubaya. 
En los Libros de Cabildo se menciona con frecuencia la calzada 
de Chapultepec á Cuyoacan. 

Nota 12, pág. 269. 

Antes de la conquista, los manantiales de Chapultepec surtian 
de agua potable á la ciudad de México. «Por la una calzada que 
«á esta gran ciudad entran, vienen dos caños de argamasa, tan an- 
ee chos como dos pasos cada uno, y tan altos casi como un estado, 
«y por el uño de ellos viene un golpe de agua dulce muy buena, 
«del gordor de un cuerpo de hombre, que va á dar al cuerpo de 
«la ciudad, de que se sirven y beben todos. El otro que va vacío 
«es para cuando quieren limpiar el otro caño, porque echan por 
«allí el agua en tanto que se limpia; y porque el agua ha de pasar 
«por las puentes, á causa de las quebradas por do atraviesa el agua 
«salada, echan la dulce por unas canales tan gruesas como un buey, 
«que son de la longura de las dichas puentes, y así se sirve toda 
«la ciudad. » (i) Este acueducto habia sido reedificado por Moc- 
tezuma II (2), y parece que traia el mismo camino que los arcos 
de S. Cosme. Luego que Cortés puso cerco á México trató ante 
todo de quitar el agua á los sitiados, como lo verificó, á costa de- 
una reñida escaramuza, de suerte que no volvió á entrar el agua á 
la ciudad hasta que fué ganada por los españoles. Entonces Cor- 
tés dio orden de que los indios volvieran á poner en corriente el 
acueducto que se les habia cortado. (3) 

Sea que los caños de los indios hubiesen quedado muy maltra- 
tados con la destrucción casi general que se hizo de la ciudad para 
tomarla, ó que los españoles no los considerasen suficientes para su 
objeto, el caso es que desde los principios de la nueva población 
se trataba ya en el cabildo de las obras para traer el agua á la 
ciudad. Así se ve en el acta del 13 de Enero de 1525, en que se 
dio comisión para ello al Lie. Zuazo y al factor Salazar. En 16 
de Junio se mandó pagar á Rodrigo de Paz el importe de las man- 



1 Cortés, Carta Segunda, ?¿ 32. 

2 Betancurt, Teatro, Pte. Ü, trat. I, cnp. 19, n? 15 1. 

3 Bernal Díaz, caps. 150, 157. 



AL DIÁLOGO TERCERO. 3O9 

tas y maiz que habia dado á ciertos indios de ¡Vléxico (cque han 
«guardado la dicha acequia hasta el dia que se comenzó á labrar 
«la dicha acequia, é Jejo de venir el agua á esta cibdad.y) De 
aquí se infiere que el nuevo caño era una reposición o recons- 
trucción del antiguo, pues de ser distinto, no habria sido necesaria 
esa interrupción del agua. Un mes después, el 21 de Julio, pidió 
Jorge de Xexas que se le pagara el resto de la cantidad en que 
habia contratado la conducción del agua, y ademas las albricias 
que se le habian prometido «haciendo venir el agua, como habia 
« venido, w El resto del importe de la obra se mandó pagar, y que 
las albricias quedaran «para adelante.)) Diremos de paso que el 
famoso acuerdo para cortar los árboles de la fuente de Chapulte- 
pec «porque quitaban el sol,)) y las hojas que caian en el agua «la 
«tiñen é dañan, á cuya cabsa es doliente é no tan sana como si 
«los dichos árboles se cortasen,)) lleva la fecha de 28 de Enero 
de 1527. 

Consta por varias noticias, que este primer acueducto de los es- 
pañoles que solo era una atarjea baja, venia por las calzadas de la 
Verónica y S. Cosme, lo mismo que la arquería actual. Hasta 
la esquina de la Tlaxpana estaba descubierto, y desde allí á la 
ciudad tenia una bóveda con sus lumbreras: así lo dice Cervantes. 
Parece que á los principios no pasaba de la esquina de la calle de 
Sta. Isabel, donde comenzaba la traza, pues el 6 de Setiembre 
de 1527 se sacaba á remate «la hechura del rollo, é fuente, é pi- 
«lar que se ha de hacer en la plaza de esta dicha cibdad, é la tráe- 
te dura del agua de la fuente de Chapultepec á la dicha plaza.)) La 
obra aun no estaba terminada el 5 de Febrero de 1529. 

En el cabildo de 14 de Marzo de 1530 se habla de un caño 
nuevo «que agora se hace,)) y en 12 de Agosto se dio licencia al 
monasterio de S. Francisco para que tomase agua del caño viejo 
«hasta tanto que llega el caño nuevo,)) y en 2 de Enero del año 
siguiente se repitió la merced, casi en iguales términos. Confieso 
ignorar cuál era ese caño nuevo, asi como lo que significa la di- 
visión de la agua en tres partes, que se verificaba en la esquina de 
Sta. Isabel, según dice Cervantes. 

Hasta aquí solo se trata del agua de Chapultepec. El aumento 
de la ciudad hizo que esa agua fuera ya insuficiente, y el Marques 
de Falces (i 566-1 568) intentó traer las de la fuente de Acue- 
cuexcad, inmediata á Cuyoacan; pero aunque se hicieron gastos 
considerables, no pudo llevarse á cabo el proyecto. Su sucesor 
D. Martin Enriquez (i 568-1 580) habia ya traído en I 576 la de 
Sta. Fe (i), no sabemos de qué m.anera. La arquería que hoy 



I Saiiagun, Ilist. Gen., lili. XI, cap. 12, \ 2. 



3IO NOTAS 

conocemos fué empezada por el Marques de Montesclaros (1603- 
1607), y concluida por el de Guadalcázar en 1620. Se componía 
de cerca de mil arcos, y para acabarla se gastaron más de ciento 
cincuenta mil pesos. Terminaba primitivamente en la esquina 
de la calle de Santa Isabel; pero en 1851-52 fueron derribados 
los arcos hasta S. Fernando, y en 1871 hasta la garita de S. Cos- 
me, tratándose ahora de continuar la demolición hasta la Tlax- 
pana ó sea al principio de la calzada de la Verónica (i). La 
parte derribada ha sido sustituida con caños subterráneos. Esta 
arquería es doble: por la parte superior corre el agua de Sta. Fe, 
llamada agua delgada, que en tiempo de lluvias viene muy entur- 
biada : por la atarjea inferior hpmos visto pasar el agua gorda de 
una délas fuentes de Chapultepec: hace muchos años que dejó 
de correr, y no sabemos qué se hizo. 

México tiene ademas otro acueducto: el que trae el agua gorda 
de los manantiales de Chapultepec, limpia en todo tiempo. Co- 
mienza en aquel lugar, recorre la calzada de Belén y termina en 
la fuente del Salto del Agua. Consta de 904 arcos, menos eleva- 
dos que los de San Cosme. No hemos hallado noticia de la época 
de su construcción: solo consta que en tiempo de Betancurt (1690) 
ya existia, y por una inscripción puesta cerca de la fuente, sabe- 
mos que la obra de la arquería y caja se acabó el 20 de Marzo 
de 1779. 

El que desee más noticias de los acueductos de México las ha- 
llará en la interesantísima Memoria para la Carta Hidrográfica 
del Valle de México y escrita por el Sr. D. Manuel Orozco y Berra, 
pág. 81 y sig. 

Nota 13, pág. 271. 

Esta inscripción no existe, y sin la noticia de Cervantes, hasta 
ignoraríamos que alguna vez existió. Es lamentable nuestra ne- 
gligencia en conservar unos monumentos históricos de tanta im- 
portancia, y no solo ha habido negligencia, que seria hasta cierto 
punto perdonable, como simple pecado de omisioriy sino empeño 
pueril de los partidos políticos en destruir las memorias de sus 



I En el último de los arcos que hoy existen se lee esta inscripción, 
próxima sin duda á desaparecer : 

«Reynando en las Españas la Catholica Mag. del Rey ntro. Señor 
D. Phelipe V. el animoso que Dios guarde. Governando esta Nueba Es- 
paña el Exnio, S. Conde de Fuenclara. siendo Superintendente Juez 
COservador de los propios de la Novilissima Ciudad de México el 
Sr. D. Domingo Trespalacios y Escandon, Cavall? del Ordé de Santiago, 
seredificaron estos setenta y siete Arcos, los quarenta y dos al Oriéte y 
los treinta y sinco al Poniste. Año de 1745. 



AL DIALOGO TliRCERO. 3II 

adversarios. ¡ Cómo si fuera posible borrar la liistoria! En el mis- 
mo Chapultepec, en la nueva subida al cerro por el lado del norte, 
hubo una inscripción que ha sido quitada, y que por eso y no ca- 
recer de mérito, quiero copiar aquí: 

MAXIM1LL\NVS. IMl*. 

FRACTO. MONTE. CLIVVM 

APERVIT. MVNIVIT 

MDCCCLXIV. 

Por la misma razón de haber desaparecido, copiaré las inscrip- 
ciones que adornaban el pedestal de la estatua de Morelos en la 
plazuela de Guardiola, (hoy en la de S. Juan de Dios), arranca- 
das de su lugar el 13 de Julio de 1867. 

ínclito, dvci. i. m. morelos 

aris. erepto. ad. prcelia. et. trivmphos 

mortemqve. pro. patrlí:. libértate 

maximilianvs. imperator 

mdccclxv. 

2?- 

Al íf.clito Morelos 

Que dejó el altar 

Para combatir, vencer y morir 

Por la libertad de su patria 

Maximiliano Emperador. 

Año de MDCCCLXV. 

3^ 

José María Morelos 

nació en Valladolid 

El 30 de Setiembre de 1765 

Murió por la patria en Ecatepec 

á 22 de Diciembre de 181 5. 

4^ 

Maximiliano Emperador 

á Morelos 

En el centesimo aniversario 

de su nacimiento. 

MDCCCLXV. 



312 NOTAS 

He aquí otra inscripción grabada con destino á la Casa de Ma- 
ternidad, que no llegó á ser colocada en su lugar : 

MAXIM, ET. CAROL. IMPERAT. 
MEXICANORVM. VOTIS. ADNVENTES 

Pío. ERGA. POPVLVM, DESIDERIO 

HOC. MATERNITATIS, HGSPITn'M 

QVOD. DEVS. IN. PERPETVVM. FOVF.AT 

INSTRVXERVXT. ANNO 

MDCCCLXVI. 

Nota 14, pág. 271. 

Ya comprenderá el lector, que este Cervantes Salazar no es otro 
que el autor de estos Diálogos, que gustaba de aprovechar las oca- 
siones de recomendar sus servicios. 

Nota 15, pág. 275. 

De la fuente Cabura hace mención Plinio. (i) k IJnus in tota 
Vi orbe traditur fons aqu^e jucunde olentis in Mesopotamia, Chabura, 
v.Fabul¿e rationem afferunt quoniam eo Juno per/usa sit. w « En todo 
«el mundo se dice haber una fuente de agua que huele agradable- 
(cmente, y está en Mesopotamia, en Cabura. Traen por causa de 
«esto una fábula, y es porque en ella se bañó Juno.» 

La fuente Aganipe, situada al pié del monte Helicón, en la Beo- 
cia, estaba consagrada á las Musas é inspiraba á los poetas. Aonie 
Aganippe, dice Virgilio (2), porque la Beocia se llamaba también 
Aonia, 

La Clitoria estaba cerca de Clitorium ó Clitor, ciudad de la 
Arcadia (3). Ovidio (4) dice de ella: 

« Clitorio qtdcnmque sitiin de fo7itc Icvarii 
« Vina fiigit, gandetqiie vicris abstemius iindis.n 
«El que las aguas de Clitoria bebe, 
(( Huye del vino y busca el agua pura, » 

porque se creía que las de esta fuente tenían la propiedad de ha- 
cer aborrecer el vino á los que las bebían. 

De la fuente Cifusa no tengo noticia: hallo solo la Cefisía, tam- 
bién en la Arcadia. (5) 

1 Ilist. Nat., lib. XXXI, cap. 22; trad. de Huerta. 

2 Ecl. X, V. 12. 

3 T. Livio, lib. XXXIX, cap. 35. 

4 Metamoph., lib. XV, v. 322, — Plinio, Hisi. AT?/., lib. XXXI, 
cap. 13. 

5 Plinto, Hist. Kaf., lib. IV, cap. 11. 



AL DIALOGO TLRCI'RO. 3I3 

Nota 16, pág. 275. 

n^:iJi¡m statcra judicant de salubritate (^aquarum,) fnistnintc 
ixdiligcntiay quando perrarum est ut levior sit aliqua.)) «Algunos 
«juzgan de su salubridad pesándolas con peso, siendo diligencia 
«impertinente y sin provecho, porque es cosa muy rara que haya 
«alguna más liviana que otra.» (i) 

Nota 17, pág. 277. 

jEdicuIíi significa igualmente casita y capilla. Se toma aquí en 
la segunda acepción, por constar que en la cumbre del cerro ha- 
bia una ermita, según se dijo en la Introducción á este Diálogo. 

, Nota 18, pág. 279. 

A juzgar por las noticias que da Cervantes de la forma y uso 
de estos promontorios artificiales, más altos que el cerro de Cha- 
pultepec, no habla solamente de las pirámides de Teotihuacan y 
Cholula, sino de los templos ó ieocalUs de los mexicanos en gene- 
ral. Averiguar el número de víctimas humanas que los mexicanos 
sacrificaban anualmente á sus dioses, ha sido objeto de grandes 
discusiones, y continuará siéndolo, porque no hay datos seguros 
en que fijarse. Pero basta con saber que las fiestas eran muy fre- 
cuentes, y que no habia fiesta sin sacrificio humano, amen de las 
matanzas extraordinarias en las grandes ocasiones, como la dedi- 
cación del templo mayor de México. Los panegiristas de la ci- 
vilización de los aztecas no pueden hacer más que rebajar algunos 
millares; pero por más que quiten, aun resta sobrado para confe- 
sar que los males de la conquista quedaron largamente compen- 
sados con la supresión de aquella bárbara costumbre. La facilidad 
con que los mexicanos se sometieron á la dominación española, 
una vez tomada la capital, y la prontitud con que abrazaron la 
nueva religión que se les predicaba, pueden explicarse, en mucha 
parte, por el alivio que sentían al verse libres de aquella horrible 
contribución de sangre que pesaba exclusivamente sobre el pueblo. 

Nota 19, pág. 279. 

Microcosmos, mundo en pequeño, de ¡uKpu-, pequeño, y kóú/w-, 
mundo. Este nombre dieron muchos médicos y filósofos antiguos 
al hombre, considerándole como un compendio del universo. 
Parece que Aristóteles fué el primero que empleó este término. 

I Id., i¿>., lib. XXXT, cap. 23, Irad. de Huerta. 

40 



3H 



NOTAS 



Nota 20, pág. 281. 



Las grandes ciudades que menciona Cervantes, son hoy pueblos 
miserables, excepto Tetzcoco, que si bien no conserva ni sombra 
de su pasada grandeza, mantiene algún comercio, y cuenta con 
mayor vecindario. 

Nota 21, pág. 283. 

Estos Peñoles son dos cerros aislados y bien distantes entre sí. 
Hállase el uno cerca de la garita de S. Lázaro, y se llama el Pe- 
ñol de ¡os Baños (en mexicano Acopilcó), á causa de sus fuentes 
termales, de que hacen mucho uso los vecinos de México. El 
otro, en el camino de Puebla y Veracruz, á unas tres leguas de la 
capital, es conocido con el nombre de El Peñol del Marques^ y 
más comunmente por El Peñón, á secas. De este peñol y de otro 
situado en una isleta del lago de Chalco, se hizo merced á Cortés 
por cédula dada en Barcelona á ó de Julio de 1529. (l) Allí se 
expresa que se llamaban Tepetpules (Tepepulco) y Xico, y que 
habia en ellos «caza de venados y conejos, y otras cosas de re- 
« creación,» lo cual confirma Cervantes, á lo menos respecto al 
Peñol del Marques, agregando que habia en él un magnífico pa- 
lacio de Cortés. La caza ha quedado reducida á las aves acuáticas 
de la laguna inmediata, y el palacio de Cortés está sustituido por 
un miserable mesón, frente al cerro. Lo único que da alguna im- 
portancia á aquel triste lugar, casi. desierto, son las canteras de 
piedra tetzontliy excelente para edificar. 

Nota 22, pág. 285. 

De lo que precede y sigue, se deduce que este interlocutor no 
es Zuazo sino Zamora. Este, y no el otro, es el que venia ha- 
blando, y el que continúa respondiendo á las preguntas de Alfaro. 
Al concluir dice: «Zuazo, que hasta ahora ha callado» &c., lo 
cual no diria si este hubiera hecho la larga descripción de la 
Nueva España, que precede. 

Nota 23, pág. 285. 

Son escasísimas las noticias que nos quedan de este Duran y 
de su obra. La más antigua que hallamos, después de la de Cer- 



I Doc. Inéd. del Archivo de Indias, tom. XTI, pág. 38c. 



AL DIALOGO TERCHRÜ. 3 I 5 

vántcs, es la de Lcon Pinclo. (i) D. Nicolás Antonio (2) solo 
dice de él lo siguiente: «loannotus Di\'-an, scripsisse refcrtur: 
(i Geografía de toda la Nueva España. Cum XVI II tabulis Geo- 
«grapliicis, MSS. ad hoc tempus.» Y Barcia, al reimprimir el 
Epítome de León Pinelo, copió el artículo de aquel, añadiendo: (3) 
«Refiérele Cervantes en su Chronica de las Indias^ cap. i, lib. i. 
«D. NícolÍ2s Antonio en su Biblioteca Española.y> En ninguna otra 
parte he hallado noticia de ese geógrafo, pues no cuento por tal 
la de Beristain, quien le llama el «primer geógrafo de México.» 
Su obra parece haber sido escrita en México, donde la veria Cer- 
vantes, y por otro pasaje de este mismo Diálogo^ se sabe que se 
trataba de publicarla, lo cual no tuvo efecto. Juzgo que ni An- 
tonio ni Barcia la vieron, y que las noticias que dan son tomadas 
de la Crónica de nuestro Cervantes. 

Nota 24, pág. 285. 

Acaso fuera mejor traducir: «Una parte de Ja gran monarquía 
«española.» 

Nota 25, pág. 285. 

Al hacer el autor esta descripción de la Nueva España, tendría 
acaso á la vista los mapas del geógrafo Duran, á cuya obra acaba 
de referirse. Parece que quiso marcar la extensión de la Nueva 
España por una y otra costa. Señala primero en la de poniente 
la distancia del puerto de la Navidad (en la costa de Jalisco) á 
Soconusco; pero no adivino por qué tomó aquel puerto como 
punto de partida, pues en la fecha de la impresión de estos Diá- 
logosy ya las expediciones de Ñuño de Guzman y sus tenientes 
habían dado á conocer la tierra adelante. Probablemente copió á 
su geógrafo Duran, quien, por haber escrito antes, no alcanzó ma- 
yores noticias. Y en efecto, pone luego Cervantes en Compostela 
los límites del reino. En seguida marca la extensión por la costa 
oriental «desde el norte por los Zacatecas hasta el rio Cupilco» 
(uno de los de Tabasco). La expresión a Septentriones puede 
significar también «por la parte del norte,» siguiendo las deno- 
minaciones impropias de «Mar del Norte» y «Mar del Sur,» 
aunque por no ser Zacatecas provincia marítima, parece no con- 



1 «Juanole Duran Gcoo-rafia de toda la Nueva España, con diez i 
ocho tablas Geográficas. MS., fol.» Por el índice de los autores, se ve 
que estaba en íatin. — Epitome de la Bibl. Oriental, &c., Madrid, 1629, 
pág. 172. 

2 Bibl. Ilisp. Nova, tom. I, pág. 800. 

3 Tom. Til, col. 1333. 



3l6 NOTAS 

venir esta interpretación. Pero debe tenerse presente que eran 
entonces muy vagas las noticias que se tenian de los pueblos del 
norte, y bajo la denominación de uno de ellos solian compren- 
derse regiones muy extensas, que conforme se iban conociendo 
mejor, se fueron subdividiendo y señalando con diversos nombres. 
Así, por ejemplo, en los primeros tiempos siguientes á la con- 
quista, se daba el nombre común de Chichimecos á los muchos 
pueblos ó tribus que poblaban de Querétaro para el norte y oeste. 
— El Rio de las Palmas parece ser el de Soto la Marina, (i^ 

Nota 26, pág. 287. 

Guachichiles o Cuach'ichiles: indios de los Estados de S. Luis, 
Coahuila, Nuevo León, Zacatecas y Jalisco, 

Nota 27, pág. 287. 

Océano ulterior ó del otro lado, se toma aquí sin duda por el 
Mar del Sur. 

Nota 28, pág. 287. 

El original dice literalmente: «Tlaxcala precipue, Mechacane 
<(& Guaxaca clariore,)) y aquí termina la línea. La abreviatura 
de la tilde sobre la vocal indica ordinariamente en las ediciones 
antiguas, la supresión de una m ó n ; pero agregando aquí la my 
¿á quién aplicamos el acusativo singular que resulta? Tal vez el 
cajista, urgido por la falta de espacio (que en efecto no le hay), 
suprimió la última letra, é indicó la supresión con la tildey sin 
cuidarse de lo que esta iba á representar. En el Diálogo primero 
hay ejemplo de e por est. Me parece que con haber añadido la/ 
queda corriente el sentido, supliendo el verbo sunt, que con tanta 
frecuencia se omite en latín. 

Nota 29, pág. 287. 

Aunque el autor diga en gtwtxzX frumentum, creo que sus no- 
ticias se refieren al trigo y no al maíz; lo primero, porque /ta;- 
mentuniy si bien comprende todos los cereales, se aplica especial- 
mente al trigo, y así lo hizo el autor mismo, diciendo al fin del 
Diálogo primero: (.iNon est in Sicilia tanta frumenti copia.)) &c. 
Lo segundo, porque escribiendo un español, era más natural que 
se fijara en la semilla que servia de alimento á los de su raza. Lo 



I Orozco y Berra, Apuntes para la Historia de la Geografía en 
A/éxico, publicados en el periódico <iZ(7 Enseñanza,)) Año 3?, n? 35. 



AL DIALOGO Tf.RCERO. 3 I/ 

tercero, porque la ponderación del producto del ciento por uno, 
seria ridicula refiriéndola al niaiz, que da eso en cualquiera parte, 
y muchas veces doble y triple. Si lioy se nos liace increible lo 
que dice Cervantes del producto del trigo, asi como de la conti- 
nua sucesión de sus cosechas, debemos considerar que entonces 
todas las tierras eran nuevas para esta semilla, y era natural que 
produjeran más, que después de tres siglos largos de labor casi con- 
tinua. Por lo demás, las noticias de Cervantes están confirmadas 
y aun aumentadas por otros autores. 

En la Nota 4 del Diálogo primero hicimos notar la extraor- 
dinaria baratura del trigo hacia 1540, lo cual demuestra su abun- 
dancia. Allí citamos al conquistador Andrés de Tapia, y aquí 
nos conviene repetir su testimonio, ampliándole con la curiosa 
noticia del origen de esa planta entre nosotros. «Al Marques, 
«acabado de ganar México, estando en Cuyoacan, le llevaron del 
«puerto un poco de arroz: iban entre ello tres granos de trigo: 
«mandó á un negro horro que los sembrase: salió el uno, y como 
«los dos no sallan, buscáronlos y estaban podridos. El que salió 
« llevó cuarenta y siete espigas de trigo. De esto hay tanta abun- 
« dancia, que el año de 39 yo merqué buen trigo, digo extremado, 
«á menos de real la hanega, y aunque después al Marques le lle- 
« varón trigo, iba mareado y no nació. Deste grano es todo, y 
«hase diferenciado por las tierras do se ha sembrado, y uno pa- 
«rece lo de cada provincia, siendo todo deste grano, (i) 

Gomara nos refiere lo mismo, con corta diferencia: « Un negro 
«de Cortés, que se llamaba, según pienso, Juan Garrido, sembró 
«en un huerto tres granos de trigo que halló en un saco de arroz. 
«Nacieron los dos, y uno de ellos tuvo ciento y ochenta granos. 
«Tornaron luego á sembrar aquellos granos, y poco á poco hay 
«infinito trigo. Da uno ciento, y trescientos y aun más lo de re- 
tí gadío y puesto á mano : siembran uno, siegan otro, y otro está 
«verde, y todo á un mesmo tiempo, y asi hay muchas cogidas por 
«año: á un negro y esclavo se debe tanto bien.» (2) En otro 
lugar, hablando del reino de Michoacan, dice: « Españoles han 
«puesto morales para seda, sembrado trigo y criado ganados, y 
« todo se da muy bien : que Francisco de Terrazas cogió seiscien- 
«tas hanegas de trigo de cuatro que sembró.» (3) 

Tenemos también el testimonio de nuestro célebre historiador 
Torquemada: «En tierras donde se ejercita la labranza del trigo, 
«se ven en todo el tiempo del año, un trigo que lo están segando. 



1 Relación de la Co?iq. de México, apud Coi. de Doc. para Ja Hist, 
de México, tom. II, págs. 592, 593. 

2 Crónica, cap. 231, ed. de Barcia. 

3 Id., ih., cap. 147. 



31» NOTAS 

«y otro que va madurando, y otro más verde, y otro que acaba 
«de nacer, y otro que van sembrando, y ahora, que es por el mes 
«de Noviembre, se verifica esta verdad en el trigo que se está se- 
« gando de temporal, y el que va creciendo de riego en el valle 
«de Atrisco, y otras partes, y otro que se va sembrando : cosa que 
«podria causar admiración, viendo tanta fertilidad de tierra. » (l) 
El P. Motolinia pondera también el rendimiento del trigo ; pero 
limita á las tierras templadas del valle de Atlixco la sucesión con- 
tinua de las cosechas. (2) 

De todos modos es extraño que hablando tanto Cervantes de 
la fertilidad de la tierra y de sus producciones, pase en silencio 
el maiz, que era, y aun es, la principal de todas. 

Nota 30, pág. 287. 

El \^ún fructusy es común á los frutos en general, y á \z fruta 
en particular. Esta no tiene, que yo sepa, nombre especial, y lo 
mismo sucede en los principales idiomas modernos. El latin ^¿?- 
mtim no es tan general como el castellano /}"¿//^. Habiendo men- 
cionado el autor w?iños frutos de la tierra, parece que no habia 
para qué repetir « es fértil en frutos de Indias y de España, )) siendo 
así que nada habia dicho de \diS frutas, parte tan principal de los 
productos de la tierra, y que tanto abundan en México. Por eso 
he traducido /;7//rfj. 

Nota 31, pág. 287. 

La asombrosa multiplicación del ganado vacuno en América 
seria increíble, si no estuviera perfectamente comprobada con el 
testimonio de muchos autores y documentos irrecusables. Desde 
los primeros tiempos siguientes á la conquista, los indios, poco 
acostumbrados á la vista y vecindad del ganado, padecian á causa de 
él mucho daño en sus personas y sementeras, lo cual dio lugar á re- 
petidas disposiciones de la corte, que vacilaba entre la conveniencia 
de que los ganados se aumentasen, y el deseo, que en ella era cons- 
tante, de procurar el bien de los indios. Entre esas disposiciones 
es notable la relativa á la gran cerca que se labró en el valle de 
Toluca para encerrar el ganado de los españoles. Consta en la 
cédula real de 3 de Junio de 1555, que por su interés histórico, 
y por hallarse únicamente en un libro rarísimo (3), me resuelvo 
á copiar, apesar de su mucha extensión. Dice así : 



1 Mo7iarq. Ind., líb. I, cap. 4. 

2 Hist. de los Ind. de N. España, trat. III, cap. 18, págs. 237 y 241. 
53 vto. 



AL DIALOGO TERCERO. 3I9 

«El Rey. — Nuestro Presidente é Oidores de la Audiencia 
«Real de la Nueva España. A Nos se ha hecho relación que 
« D. Luis de Velasco, nuestro visorey de esa tierra, salió á visitar 
«el valle de Matalcingo, que está doce leguas desa ciudad de Mé- 
«xico, cerca de un lugar que se llama Toluca, que es en la cabe- 
acera del valle, é que tiene el dicho valle quince leguas de largo, 
«é tres y cuatro y cinco de ancho en partes, y por medio una 
«ribera, y que hay en él más de sesenta estancias de ganados, en 
« que diz que hay más de ciento y cincuenta ?nill cabezas de vacas 
((.'e yeguas y y que los indios le pidieron que hiciese sacar el dicho 
«ganado del valle, porque recibían grandes daños en sus tierras y 
«sementeras y haciendas, y que no las osaban labrar, ni salir de sus 
«casas, porque los toros los corrían y mataban, y que los espa- 
«ñoles dueños de las estancias, y el cabildo de la Iglesia mayor 
« desa ciudad, por otra, le pidieron que no se sacase el ganado de la 
«Iglesia, que perdia lo más sustancial de sus diezmos, y á los oi- 
'( dores y á la ciudad que se les quitaba de su provisión y entreteni- 
« miento lo más y lo mejor que tenian. E que visto lo que los unos 
«y los otros decían, y mirada y tanteada toda la dicha tierra, y 
«comunicado con ciertos religiosos y con los dichos indios prin- 
«cipales naturales del dicho valle y todas sus comarcas, trató que 
«se hiciese una cerca que dividiese las tierras de los indios de las 
« de esas estancias, cada una conforme á la cantidad de ganado que 
«tuviese, que la cerca se tasase por buenos hombres, y que la di- 
«cha cerca se hizo, la cual tiene más de diez leguas, medidas por 
«cordel, y que los indios tienen por bien que del precio della se 
«compre censo para tenerla reparada siempre, por estar seguros 
« de los daños de los ganados, y que se tasó la cerca en diez y siete 
«mili y tantos pesos de oro común, y que al tiempo del pedir la 
«paga á los dueños de las estancias, apelaron para esa Audiencia 
«de mandarles el dicho visorey pagar, y que han hecho el negocio 
«pleito, con fin de dilatarlo todo lo más que pudieren, porque los 
«indios no sean pagados, ni la cerca no se conserve, que es lo que 
«pretenden, y que convernia mandásemos que los que tienen ga- 
«nado en el valle pagasen la cerca ó sacasen los ganados, porque 
«con ello se contentarían los indios, aunque lo más conviniente 
«para el sustento y conservación de la una república y de la otra 
«era que la cerca se pagase, porque el ganado se conservase sin 
«daño de los naturales. E visto todo lo susodicho, y entendido 
«que es cosa conviniente que la dicha cerca se conserve, envío á 
«mandar al dicho visorey, que en lo del pagar la dicha cerca los 
«españoles, ejecute luego lo que en ello tiene ordenado. Por ende, 
«yo vos mando que vosotros ayudéis c favorezcáis á la ejecución 
«de ello, sin que pongáis estorbo alguno: é si los dichos españo- 
«les ó alguno dellos se agraviare, mandamos que se ejecute el dicho 



320 



NOTAS 



«repartimiento sin embargo dello, é vosotros veréis los agravios, 
«y haréis sobre ello, llamadas é oidas las partes á quien tocare, 
«brevemente justicia, y avisarnos heis de lo que en ello se hiciere. 
«Fecha en la villa de Valladolid, á tres dias del mes de Junio de 
«mili é quinientos é cincuenta é cinco años. — La Princesa. — 
«Por mandado de su Majestad, su Alteza en su nombre, Francisco 
nde Ledesma, w 

De esta grande obra nada queda, y entre las circunstancias que 
la hacen notable es una la rapidez con que fué ejecutada, pues ha- 
biendo entrado D. Luis de Velasco al gobierno en 1550, bastaron 
cinco años para hacer la visita, practicar las averiguaciones nece- 
sarias, determinar la obra, ejecutarla, dar aviso á la corte, y reci- 
bir la resolución de esta. 

Los datos para probar la rápida multiplicación de los ganados, 
abundan en los documentos de la época. En la nota 56 del Diá- 
logo segundo se ha hecho mención de la cédula de 1548 que con- 
cedió la mitad del ganado mostrenco á los niños del colegio. 
Mucha seria la abundancia de las reses, para que ya se encontraran 
sin dueño, y en tal número que la mitad fuera bastante para ser 
materia de una merced real. En la nota 79 del mismo Diálogo^ 
vimos que D. Alonso de Villaseca casó con una señora que le llevó 
en dote una hacienda en que anualmente se marcaban veinte mil 
crias de ganado mayor. Este dato se refiere próximamente á la 
época en que Cervantes escribía. 

En las Tablas Cronológicas del P. Claudio Clemente (i) se 
encuentra esta noticia: «Han multiplicado tanto las vacas en las 
«Indias, adonde llevaron algunas de España (que antes no las ha- 
«bia), que en la flota del año 1587 trajeron de Sto. Domingo 
«35,444 cueros, y de la Nueva España aquel mismo año 74,350 
«cueros vacunos, que por todos son 99,794.;) 

Hablando el P. Torquemada (2) de las limosnas que se hacían 
al convento de S. Francisco de México, dice: «Y entre los que 
«más se aventajaron por más de treinta ó treinta y cinco años, fué 
«Juan Nieto, que ha sido mucho tiempo obligado (3) y tenido á 
«cargo el abasto de las carnicerías de esta ciudad, el cual daba al 
«convento la carne de todo el año, donde eran entonces los reli- 
«giosos más de setenta y ochenta, sin los huéspedes ordinarios. Y 
«después, porque fué teniendo muchas pérdidas, dio la mitad, ha- 
« hiendo crecido también el número de los religiosos que son los 
«ordinarios á ciento, y de aquí para arriba. Pero como las cosas 



1 Tág. 188. 

2 Monarq. Ind., lib, XVIÍ, cap. 4, 

3 Dábase este título al que se obligaba á, dar la carne necesaria para 
el abasto, de la ciudad. 



AL DIÁLOGO TERCERO. 321 

«de la vida no tienen permanencia, tuvo este buen hombre, en solo 
«un tumbo de mar, de pérdida gran suma de hacienda, que en- 
te viando á España ochenta mil cueros de vaca, que allá valian á cua- 
(( tro ducados, los perdió todos, sin lograr uno solo, y por acá 
«muchos menoscabos en gruesísimas haciendas que tenia, así de 
«labor como de ganados mayor y menor, y quedó adeudado en 
« muchos dineros, y á su mucha vejez retraído su cuerpo en S. Fran- 
« cisco hasta componer sus deudas, y allí se le administra una ra- 
«cion de carnero, de las muchas que él antes dio á todos, y se la 
«dan con tan buena voluntad como él las daba, w 

El buen Nieto habría evitado el golpe que consumó su ruina, 
si hubiera asegurado sus ochenta mil cueros ; género de contrato 
que á la verdad n? se conocía aun en México (i), pero que en Es- 
paña estaba hacia tiempo en uso (2), especialmente respecto á los 
navios, y á cuya sombra se cometían los mismos abusos y críme- 
nes que hoy se lamentan, como puede verse por un curioso pasaje 
del cap. 49 de la Relación que en 1570 envió al Visitador Ovando 
el arzobispo de México D. Fr. Alonso de Montúfar (3), y dice 
así: «En el cuarto capítulo que trata de oficios y oficiales de ca- 
«pitanes generales, almirantes, tenientes de capitanes de flotas y 
«de armadas de mar y tierra; en este y en el sexto, que trata de 
«navegación, se entiende haber descuido en la provisión de los ofi- 
«cios de la mar, especialmente en pilotos y maestres, porque se 
«dice que muchos dellos no son hábiles ni experimentados, sino 
«que ó por favor ó por ahorrar del estipendio que se debe dar á 
«los que son bastantes, los proveen de poca espiriencia y aun con- 
« ciencia, y que muchos traen los navios acensuados, y con cambios 
«y recambios _v aseguras , y que de malicia podrían, como se pre- 
«sume y entiende que lo han hecho muchos, dar con los navios 
«al través, salvando ellos sus haciendas, con gran pérdida y riesgo 
«de las vidas de los pasajeros y haciendas que traen, porque con 
«la pérdida del navio quedan libres de los cambios y censos, y 
« pagando lo que prometieron por el aseguro del navio, cobran por 
«entero el tal aseguro, y así, viendo que está cascado, y que ha- 
« ciendo aquel viaje que viene asegurado, no se podrían aprovechar 



1 Ordenanzas del Consulado de la N. España (1597), pág. 20. 

2 En una carta de D. Antonio de Mendoza, fechada en 1537 se ha- 
bla de un piloto que por traer asegurada su nao, que hacia agua, no quiso 
sui-gir junto á la tierra. {Col. de Doc.para la Ilist. de la Florida, tom. I, 
pág. 125. Está también en la Colección de Doc. del Archivo de Indias, 
tom. II, pág. 189.) De los seguros trata el lít, 39 del Lib. IX de la Rec. 
de Indias, que comprende las ordenanzas hechas en Valladolid á 14 de 
Julio de 1556. 

3 Está en mi poder, original y firmada por su autor. Forma parte de 
la Descripcio7i del Arzobispado de México, MS. 

41 



322 NOTAS AL DIALOGO TERCERO. 

«de é], procuran de dar con él al través, por no perder lo que el 
((navio les costó, y salir de las deudas que trujesen sobre él; y que 
«cerca desto se debe poner gran diligencia en saber la verdad, y 
«rigor en el castigo.» 

Esto explica en mucha parte la frecuencia de naufragios en la 
carrera de Indias. 

Nota 32, pág. 287. 

Albardeola, Tal nombre de ave no se halla ni en Valbuena, ni 
en Quicherat, ni en Forcellini, ni en Freund, ni en Maigne d'Ar- 
nis. Vine á encontrarle en el tom. IV del Diccionario del P. Ter- 
reros, con la interpretación de « cierta garza blanca.» — El nombre 
árdea es el genérico de las innumerables especies de garzas. Re- 
solví traducir «garzas reales y garzotas,» porque son las aves que 
entre otras menciona el P. Motolinia en su descripción del « Es- 
« tanque de Dios.» (i) 

Nota 1,2^ pág. 287. 

« Asia vero tam óptima est et fertilisy ut et ubertate agror um et 
« varietate fructuum et magnitudine pastionisy et multitudine earum 
« rerum qu¿e exportantury facilé ómnibus terris antecellat, » Cice- 
rón, /rí? Lege Manilla y VI. 

Nota 34, pág. 289. 
Las islas Canarias. 



Hist. de los indios de N'iieva España, trat. III, cap. II. 



bibliografía 



AUTORES Y EDICIONES QUE SE CITAN EN LA 

INTRODUCCIÓN Y NOTAS. 

^-g* 



( Las obras marcadas con * no se hallan en mi poder.) 

Acosta (P. José de).— Historia Natural y Moral de las Indias. 
Sevilla, Juan de León, 1590. i tomo en 49 

*Adame y Arriaga (Josephus). — Imperialis Mexicana Vni- 
versitas Illustrata ipsius per Constitutionum Scholia, Académico 
Generaü Commentario, Theorico Practico, Fundationis, Patro- 
natus, Instituti, Privilegiorum, Exemptionum, Consuetudinum, 
Pontificii ac Cassarei Universi Juris Studia concernentes, et rerum 
ejus insignium. Hispali, Ex Typographia Hasredum Thom<e 
López de Haro, 1698. i tomo en fol. 

Aguirre (Fr. Pedro Antonio de). — Tránsito gloriosísimo de 
Ntra. Sra. la Santísima Virgen María. (Sermón predicado en la 
iglesia del Hospital de San Juan de Dios el 22 de Agosto de 1694.) 
México, Guillena Carrascoso, s. a. 1 tomo en 4? 

Alaman (D. Lúeas). — Disertaciones sobre la Historia de la 
República Megicana, desde la época de la Conquista que los Es- 
pañoles hicieron á fines del siglo xv y principios del xvi, de las 
Islas y Continente americano, hasta la independencia. México, 
Lara, 1 844-1 849. 3 tomos en 4? 

— Historia de Méjico, desde los primeros movimientos que 
prepararon su Independencia en el año de 1808, hasta la época 
presente. México, Lara, 1849-1852. 5 tomos en 4? 



3H 



BIBLIOGRAFÍA. 



Albornoz (Rodrigo de). — Carta al Emperador, en la « Colec- 
«cion de Documentos para la Historia de México,» tomo I. 

Alcedo (Ant. de). — Diccionario Geográfico-Histórico de las 
Indias Occidentales ó América: es á saber: de los Reynos del 
Perú, Nueva España, Tierra Firme, Chile, y Nuevo Reyno de 
Granada. Madrid, Cano, 1 786-1 789. 5 tomos en 49 

Traducido al inglés con adiciones por G. A. Thompson, Londres, 1812- 
181 5. 5 tomos 4? gr. y Atlas. 

Alegre (P. Freo. Javier). — Historia de la Compañía de Jesús 
en Nueva España.... Publícala.... C. M. de Bustamante. México, 
Lara, 1 841-1842. 3 tomos en 49 

Álzate (P. José Ant.) — Gazeta de Literatura de México. 15 
de Enero de 1783 á 22 de Octubre de 1795. 3 tomos en 49 

Reimpresas en Puebla, 183 1. 4 tomos en 4? 

American Historical Record (The) and Repertory of Notes 
and Queries concerning the History and Antiquities of America 
and Biographies of Americans. Edited by Benson J. Lossing, 
LL.D. Phiiadelphia, Chase & Town. En 49 

Angleria. — DE ORBE NOuo -pctrf IDartfrísabanglcria 11)c- 
»iolancnll0 •protonotaríj Ccfariú fcnatorí0 Dccanea. /:omplutí apu^ 
iPícljaclé í5 ^guía. auno 23).jD.fíí. — i tomo en fol. 

Id. opus. — Labore & industria Richardi Haklvyti. Parisiis, G. Auvray, 1587. 
I tomo en 8? 

Arce. — Libro Primero (Segundo, Tercero y Cuarto) del 
Próximo Evangélico, exemplificado en la Vida del Venerable 
Bernardino Alvares, Español, Patriarca de la Orden de la Cari- 
dad, instituida en su Hospital General, que fundo en S. Hypolito 

de México Compuesto por D. luán Dias de Arce, Doctor 

Theologo Mexicano.... México, luán Ruiz, 1651; Hipólito de 
Ribera, 1652. 2 tomos en 49 

Antonio (D. Nicolás). — Bibliotheca Hispana Nova sive Hi- 
spanorum Scriptorum qui ab Anno md. ad mdclxxxiv floruere 
Notitia. Matriti, Ibarra, 1 783-1 788. 2 tomos en fol. mr. 

La primera edición es de Roma, 1672, s tomos en fol. 

Arróniz, hijo (Joaq.) — Ensayo de una Historia de Orizaba. 
(Orizaba), J. B. Aburto, 1867. i tomo en 89 mr., est. y plano 
de la ciudad, que se halla en pocos ejemplares. 

Ausonio. — GEuvres completes d'Ausone. Traduction nouvelle 
(avec texte) par E.-F. Corpet. Paris, Panckouche, 1842. 2 
tomos en 89 mr. 

Bails. — Diccionario de Arquitectura Civil. Obra postuma de 
D. Benito Bails. Madrid, Viuda de Ibarra, 1 802. i tomo en 49 



BIBLIOGRAFÍA. 325 

Balbucna (Dr. Bernardo de). — Grandeza Mejicana. Cuarta 
edición. Madrid, Burgos, 1837. i tomo en i69 

Reimpresa varias veces. He aquí la portada de la rzrh'ima eJitio princeps : 
"Grandeza Mexicana del Bachiller Bernardo de Balbucna. Dirigida al Ilustrif- 
simo y Reuerendifsimo Don Fr. Garcia de Mendoza y Zuñiga Ar^obifpo de Mé- 
xico. Del cülejo de su Magellad. «I* Con Previlegio. En México. Por Mel- 
chior Ocharte. Año De 1604." i tomo en 8? 

Barcia. — Historiadores primitivos de las Indias Occidentales, 
que junto, traduxo en parte, y saco á luz, ilustrados con eruditas 
Notas, y copiosos índices, el Ilustrissimo Señor D. Andrés Gon- 
zález Barcia, del Consejo y Cámara de S. M. Madrid, Año 
MDCCXLix. 3 tomos en fol. 

Esta Colección, muy rara hoy, se formó con los diversos autores que separa- 
damente habia hecho imprimir Barcia, y se les pusieron portadas en 1 749, seis 
años después de la muerte del editor. Véase una curiosa noticia de esta obra en 
RiCH, Bibliothcca Americana Nova (London, 1846), tom. I, pág, 95. 

Basalenque (Fr. Diego). — Historia de la Provincia de S. Ni- 
colás de Tolentino de Michoacan del Orden de N. P. S. Augus- 
tin. México, Viuda de Bernardo Calderón, 1673. i tomo en 4? 

Bautista. — A lesu Christo S. N. ofrece este Sermonario en 
Lengua Mexicana. Su indigno fieruo Ff. lo.in Baptiíla de la Or- 
den del Seraphico Padre Sanct Francifco de la Prouincia del 
Sanólo Euangelio. Primera parte (única publicada). México, 
Diego López Daualos, 1606. i tomo en 49 

Beaumont(Fr. Pablo). — Crónica de la Provincia de los Santos 
Apóstoles S. Pedro y S. Pablo de Michoacan de la Regular Ob- 
servancia de N. P. S. Francisco. México, I. Escalante, 1873- 
1874. 5 tomos en 89 

Primera edición completa. — Forma los tomos XV á XIX de la Biblioteca 
Histórica de la Iberia. 

Benzoni. — La Historia del Mondo Nuovo di M. Girolamo 
Benzoni, Milanese. Venezia, Tini, fratelli, 1572. i tomo en 129 

Beristain de Souza (Dr. D. J. Mariano). — Biblioteca Hispano- 
Americana Septentrional, ó Catálogo y Noticia de los Literatos 
que ó nacidos, ó educados, ó florecientes en la América Septen- 
trional Española, han dado á luz algún escrito, ó lo han dejado 
preparado para la prensa. México, Calle de Sto. Domingo y Es- 
quina de Tacuba, 18 16; Oñcina de D. Alexandro Valdés, 18 19, 
1821. 3 tomos en fol. 

*Bermudo. — Zlrrc Xrípij.irí.i. Osuna, Juan de León, 1550. i 
tomo en 49 qoi. 

Betancurt. — Teatro Mexicano. Descripción Breve de los Su- 
cessos Exemplares, Históricos, Políticos, Militares y Religiosos 
del nuevo mundo Occidental de las Indias. México, D?- María 
de Benavides, 1698. — Chronica de la Provincia del Santo Evan- 

41* 



326 BIBLIOGRAFÍA. 

gelio de México. Quarta parte del Teatro Mexicano de los Su- 
cessos Religiosos. Ib., id., 1697. — Menologio Franciscano de 
los Varones mas señalados, que con sus vidas exemplares, perfec- 
ción Religiosa, ciencia, predicación Evangélica, en su vida, y 
muerte ilustraron la Provincia del Santo Evangelio de México. 
(Absque nota.) — Tratado de la Ciudad de México y las gran- 
dezas que la ilustran después que la fundaron Españoles. — Tra- 
tado de la Ciudad de la Puebla de los Angeles y grandezas que la 
ilustran. Id. i tomo en fol. 

Reimpreso todo (con muchas erratas) en México, I. Escalante y C^, 1870- 
1871, 4 tomos en 8?, que forman los tomos 7 á 10 de la Biblioteca Histórica 
de la Iberia. — El padre de nuestro autor era originario de Tenerife ( Teatro^ 
Pte. I, trat. 2, n? 103). ¿No seria descendiente de algún individuo de la fami- 
lia del famoso Juan de Béthencourt ó Béthancourt, conquistador de las Canarias ? 
Del conquistador mismo no pudo ser, porque este murió sin dejar sucesión. 

Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. 
México, 1850-1873. La colección consta ya de 17 voK, á saber: 
!?• Época, 12 vol. (el 12? se compone solamente de 2 cuadernos, 
y quedó trunco.) — 2?- Época, 4 vol. — 3?- Época, tomo i9 

*Bravo. — Opera Medicinalia, in qbus c^ plurima extant fcitu 
medico neceíTaria in 4. li. digeíla, qu^ pagina versa cotinentur, 
Authore Francifco Brauo Orfunenfi doctore, ac Mexicano me- 
dico. ^ Mexici, apud Petrum Ocharte. Cum priuilegio, 1 570 (?). 
1 tomo en 89, texto en Icr. qox. 

Brócense. — Francisci Sanctii Brocensis Opera Omnia, una 

cum ejusdem scriptoris Vita, auctore Gregorio Maiansio, Gene- 
vae, apud Fratres de Tournes, 1766. 4 tomos en 89 mr. — Mi- 
nerva, seu de Causis Linguce Latinas Commentarius. Lugduni, 
apud Piestre et Delamolliére, 1789. i tomo en 89 mr. 

Burgoa (Fr. Francisco de). — Palestra Historial de Virtudes y 
Exemplares Apostólicos. Fundada del zelo de insignes Héroes 
de la Sagrada Orden de Predicadores en este Nuevo Mundo de 
la América en las Indias Occidentales. México, Juan Ruiz, 1670. 
I tomo en fol. 

Bustamante (C. M.) — Crónica Mexicana, Teoamóxtli, ó Li- 
bro que contiene todo lo interesante á usos, costumbres, religión, 
política y literatura de los antiguos Indios Tultecas y Mexicanos. 
México, 1821-1822. 12 cartas ó números en 49 La Carta 13?- 
existe manuscrita en mi poder. 

Cabrera y Quintero (D. Cayetano). — Escudo de Armas de Mé- 
xico. Celestial protección de esta Nobilísima Ciudad, de la Nueva 
España, y de casi todo el Nuevo Mundo, María Santissima en su 
Portentosa Imagen del Mexicano Guadalupe, milagrosamente ap- 
parecida en el Palacio Arzobispal el Año de 1531, y jurada su 
principal Patrona el passado de '1737, en la angustia que ocasiono 



bibliografía. 327 

la Pestilencia, que cebada con mayor rigor en los Indios, mitigo 
sus ardores al abrigo de tanta sombra. México, Viuda de Hogal, 
1746. I tomo en íol. 

Es la historia de la gran peste del Matla-zahuatl. Libro que contiene noticias 
curiosas; pero insufrible por su enmarañado estilo. Su publicación dio motivo á 
un juicio centra el autor, que terminó con una orden del virey para que se re- 
cogieran y quemaran los 800 ejemplares impresos: orden que sin duda no se 
llevó á efecto, pues el libro no es raro. 

Calendario de Calvan para el año'de 1838, arreglado al Me- 
ridiano de México. En 1 29 

Camargo ( Diego Muñoz). — Historia de Tlaxcalla. MS. fol. 
^Cárdenas. — Primera parte de los Problemas y Secretos mara- 
villosos de las Indias. Compuestos por el Dr. Juan de Cárdenas, 
Médico. México, P. Ocharte, 1591. i tomo en 89 

^Carrillo y Pérez (Ignacio). — México Católico. MS. en fol. 
de 219 fojas. 

D, Ignacio Carrillo y Pérez, marcador de la Casa de Moneda, autor de va- 
rias obras impresas, escribió á principios de este siglo una historia y descripción 
completa de la Ciudad de México, que por falta de medios no llegó á imprimir. 
Dividíase en tres partes : México Gentil^ México Católico y México Sagrado. Solo 
he logrado ver, en poder del Sr. D. J. M. Andrade, el México Gentil^ y el to- 
mo I, de los dos que formaban el México Católico. Beristain da razón de toda 
la obra. 

Catalogus Librorum Doctoris D. loach. Gómez de la Cortina, 
March. de Morante, qui in aedibus suis exstant. Matriti, Aguado, 
1854-1862. 8 tomos en 4? 

Catón. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Cavo (P. Andrés). — Los Tres Siglos de México durante 
el Gobierno Español, hasta la entrada del Ejército Trigarante. 
Obra escrita en Roma por el P. Andrés Cavo, de la Compañía 
de Jesús. Publícala con Notas y Suplemento, el Lie. Carlos Ma- 
ría de Bustamante, México, L. Abadiano y Valdés, 1 836-1 838. 
4 tomos en 4? 

Cervantes. — Obras que Francisco Cervantes de Salazar, ha he- 
cho, glossado y traducido. Madrid, Sancha, 1772. i tomo en 4? 

Cicerón. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Clavigero ( P. Feo. J.) — Storia Antica del Messico, cavata da* 
migliori Storici Spagnuoli, e da' manoscritti, e dalle pitture an- 
tiche degl' Indiani. Cesena, Biasini, 1780-1781. 4 tomos en 4? 

Clemencin (D.Diego). — Elogio de la Reina Católica D^ Isa- 
bel, leído en la Junta Pública que celebró la Real Academia de 
la Historia, el dia 31 de Julio de 1807. 

Ocupa todo el tomo VI de las Memorias de la Real Academia de la Historia^ 
Madrid, Sancha, 1821, 4? mr., y se imprimió también por separado. 

Clemencin. — El ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha, 



328 BIBLIOGRAFÍA. 

compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, y comentado por 
D. Diego Clemencin. Madrid, Burgos, 1833 -1839. 6 tomos 
en 4? 

Clemente (P. Claudio). — Tablas Cronológicas. Valencia, Bor- 
dazar, 1689. i tomo en 4? 

Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, 
por D. Martin Fernandez Navarrete, D. Miguel Salva y D. Pedro 
Sainz de Baranda (y después por otros). Madrid, Viuda de Ca- 
lero, 1842-1872. 58 tomos en 4? 

Contiene documentos relativos á la América, Continúa publicándose, á razón 
de dos tomos anuales. 

Colección de Documentos Oficiales, relativos á la construcción 
y demolición del Parlan, y á la propiedad reconocida é incontes- 
table que tuvo el Excmo. Ayuntamiento de México en aquel edi- 
ficio. México, Cumplido, 1843. i cuaderno en 8? mr. 

Colección de Documentos para la Historia de México, publi- 
cada por Joaquín García Icazbalceta. México, 1858-1866. 2 
tomos en 4? mr. 

Colección de Documentos relativos al Descubrimiento, Con- 
quista y Colonización de las Posesiones Españolas en América y 
Oceanía, sacados, en su mayor parte, del Real Archivo de Indias. 
Madrid, 1 864-1 871. 15 tomos en 4? 

Esta colección contiene documentos de importancia, en parte desconocidos 
antes; pero impresos con sumo descuido. Se continúa. 

Colección de Varios Documentos para la Historia de la Flo- 
rida y Tierras adyacentes. Tomo i. Se han tirado 500 ejem- 
plares por José Rodríguez. Madrid, Año de 1857. i tomo en 
4? mr. 

Publicó este volumen el finado Sr. Buckingham Smith, y no continuó. Bajo 
la denominación de Florida y Tierras adyacentes^ comprendió á México. 

Concilios Provinciales Primero y Segundo celebrados en la 
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de México, presidiendo el 
Illmo. y Rmo. Sr. D. Fr. Alonso de Montúfar en los años de 
1555 y 1565. Dalos á luz el Illmo. Sr. D. Francisco Antonio 
Lorenzana, Arzobispo de esta Santa Metropolitana Iglesia. Mé- 
xico, J. A. de Hogal, 1769. I tomo en fol. 

Apéndice á los Concilios Primero y Segundo Mexicanos (Abs- 
que nota). 2 fs. y 53 pp. en fol. 

Este interesante Apéndice^ que contiene una Carta de los Obispos sobre la ida 
al Concilio General &c., y las Actas de la Junta celebrada en 1539, se encuen- 
tra en muy pocos ejemplares. 

Conquistador anónimo (El). — Relación de algunas cosas de la 
Nueva España y de la gran Ciudad de Temextitán México. Es- 



I 



BIBLIOGRAFÍA. • 329 

crita por un compañero de Hernán Cortés, apud (f Colección de 
Documentos para la Historia de México,» tomo I, pág. 368. 

Constituciones de la Universidad de México. — Véase Estatutos. 

Cortés. — Historia de Nueva España, escrita por su esclarecido 
Conquistador Hernán Cortés, aumentada con otros Documentos 
y Notas, por el Illmo. Sr. D. Francisco Antonio Lorenzana, Ar- 
zobispo de México. México, J. A. de Hogal, 1770. i tomo 
en 4 ? mr. 

Cortés. — Cartas y Relaciones de Hernán Cortés al Empera- 
dor Carlos V. Colegidas é ilustradas por D. Pascual de Gayan- 
gos. Paris, imp. central de los ferrocarriles, 1866. i tomo en 
4.° mr. 

Cortés. — Escritos sueltos de Hernán Cortés. Colección for- 
mada para servir de complemento á las «Cartas de Relación» 
publicadas en el tomo I de la Biblioteca. México, I. Escalante 
y C^, 1 87 1. I tomo en 8? 

Biblioteca Histórica de la Iberia, tom. XII. — Esta es la única colección que 
tenemos de los Escritos de Cortés, exclusive de las Cartas de Relación. Faltan 
algunos, publicados en el tomo XII de la "Colección de Documentos del Ar- 
chivo de Indias." 

Cortina. — Diccionario Manual de Voces Técnicas de Bellas 
Artes. Por el Conde de la Cortina y de Castro (D. Joaquín Gó- 
mez de la Cortina). México, V. G. Torres, 1848. i tomo en 
89 menor. 

Couto (D. José Bern.) — Diálogo sobre la Historia de la Pin- 
tura en México. México, I, Escalante y C^, 1872. i tomo en 
89 mr. 

Obra postuma del autor, publicada por su Sra. Viuda. Libro interesante, y 
bella edición, de que se tiraron muy pocos ejemplares, y ninguno se puso en 
venta. 

Covarrúbias (Seb.) — Tesoro de la Lengua Castellana ó Espa- 
ñola. Añadido por el P. Benito Remigio Noydens. Madrid, M. 
Sánchez, 1674-1673. 2 partes en i tomo en fol. 

Cruz y Moya ( Fr. Juan José de la). — Historia de la Santa y 
Apostólica Provincia de Santiago de Predicadores de México en 
la Nueva España. Ilustrada con la Vida y Apostólicos trabajos 
de los Varones insignes que en ella han florecido en santidad y 
doctrina, 1757. MS. 

La copia que tengo y perteneció á D. C. M. de Bustamante, no está completa. 

Cueto (Excmo. Sr. D. Leopoldo Augusto de) — Bosquejo 
Histórico-Crítico de la Poesía Castellana en el Siglo xviii. AI 
frente del tomo 61 de la «Biblioteca de Autores Españoles desde 
(da formación del Lenguaje hasta nuestros dias.w Madrid, Riva- 
deneyra, 1869. En 49 mr. 

42 



330 



BIBLIOGRAFÍA. 



Dávila Padilla (Fr. Agustín). — Historia de la Fundación y 
Discurso de la Provincia de Santiago de México, de la Orden de 
Predicadores, por las Vidas de sus Varones insignes y casos no- 
tables de Nueva España. Madrid, Madrigal, 1596. I tomo en fol. 

Reimpresa, Bruselas, Meerbeque, 1625. en fol. ; y Valladolid, 1634, en fol,, 
con el titulo de "Varia Historia de la Nueva España y Florida." &c. 

Descripción del Arzobispado de México. — Informaciones he- 
chas en 1570 de orden de S. M. por el Sr. Arzobispo de Mé- 
xico D. Fr. Alonso de Montúfar, con la Descripción del Arzo- 
bispado, fundaciones, censos, diezmos, &c. MS. original de 201 
fojas en fol. 

Pertenece á mi colección de MSS. 

Dezobry. — Rome au Siécle d'Auguste. Paris, 1846-1847. 4 
tomos en 89 mr. 

Diario del Imperio. i9 de Enero de 1865, á 19 de Junio de 
1867. 5 tomos en fol. 

Diaz del Castillo (Bernal). — Historia Verdadera de la Con- 
quista de Nueva España. Escrita por el capitán Bernal Diaz del 
Castillo, uno de sus conquistadores. Sacada á luz por el P. M. Fr. 
Alonso Remon. Madrid, en la imprenta del Reyno, 1632. i to- 
mo en fol. 

Primera edición. 

Diccionario de la Lengua Castellana en que se explica el ver- 
dadero sentido de las Voces, su naturaleza y calidad, con las Phra- 
ses ó modos de hablar, los Proverbios ó Refranes y otras cosas 
convenientes al uso de la Lengua. Compuesto por la Real Aca- 
demia Española. Madrid, Francisco del Hierro, 1726- 1739. 
6 tomos en fol. 

El mismo. Undécima Edición. Madrid, Rivadeneyra, 1869. l tomo en fol. 

Diccionario Universal de Historia y de Geografía Obra 

dada á luz en España por una Sociedad de Literatos distinguidos, 
y aumentada considerablemente para su publicación en México 
con noticias históricas, geográficas, estadísticas y biográficas sobre 
las Américas en general, y especialmente sobre la República Me- 
xicana, &c. México, Andrade, 1853-1855. 7 tomos. Apéndice, 
1855-1856. 3 tomos. Total, 10 tomos en 4? mr. 
*Diez de la Calle (Juan). — Memorial y Noticias Sacras y 
Reales del Imperio de las Indias Occidentales.... Comprende lo 
Eclesiástico, Secular, Político y Militar que por su Secretaría de 
la Nueva España se provee: Presidios, gente y costas, valor de las 
Encomiendas de Indios, y otras cosas curiosas, necesarias y dignas 
de saberse. Escribíale por el año de 1646. — I .tomo 4? 



BIBLIOGRAFÍA. 33I 

Documentos para la Historia de México, i^ Serie. México, 
Navarro Scc, i 853-1 854. 7 tomos en 89 mr. — 2'> Serie. Méxi- 
co, Escalante y Cumplitio, 1854-1855. 5 tomos en 89 mr. — 3?- 
Serie. México, V. G. Torres, 1856. 1 tomo en fol. — 4? Serie. 
México, V. G. Torres, 1856-1857. 7 tomos en 4? men. Total, 
20 temos, diversos tamaños. 

Colección rarísima, publicada, con gran descuido, en el folletín del "Diario 
Oficial." El tomo 5? de la 2'^ serie quedó cortado en la pág. 228. 

*Ducange. — Glossarium ad Scriptores Mediae et ínfimas Lati- 
nitatis. Parisiis, 1733. 6 tomos en fol. 

Duran. — Historia de las Indias de Nueva España y Islas de 
Tierra Firme, por el P. Fr. Diego Duran, religioso de la Orden 
de Predicadores (escritor del Siglo xvi ). La publica con un Atlas 
de Estampas, Notas é Ilustraciones, José F. Ramírez. Tomo I. 
México, Andrade y Escalante, 1867. i tomo en 4? mr., láms. 

La continuación de esta obra importante permanece inédita. Se imprimieron 
todas las láminas; mas parece que se han extraviado algunas. 

Eguiara. — Bibliotheca Mexicana, sive Eruditorum Historia 
Virorum qui in America Boreali nati, vel alibi geniti, in ipsam 
Domicilio aut Studiis asciti, quavis linguá scripto aliquid tradide- 
runt. Authore D. Joanne Josepho de Eguiara et Eguren. Tomus 
Primus. Exhibens Litteras A. B. C. Mexici, Ex nova Typogra- 
phiá in ^dibus Authoris editioni ejusdem Bibliotheca destinatá, 
1755. I tomo en fol. 

No se imprimió más. Los borradores del autor, que llegaban á la letra J, se 
conservaron en la biblioteca de esta Catedral hasta que desapareció. 

Ensayo para la Materia Médica Mexicana, arreglado por una 
Comisión nombrada por la Academia Médico-Quirúrgica de esta 
Capital, quien ha dispuesto se imprima por considerarlo útil. 
Puebla, imprenta del Hospital de S. Pedro, 1832. i tomo en 4? 

Enseñanza (La). — 1 872-1 874. 2 tomos en fol. 

Periódico que continúa publicándose. 

*Erasmus. — Adagia. Parisiis, 1579. i tomo en fol. 

Estatutos y Constituciones Reales de la Imperial y Regia Uni- 
versidad de México. México, Viuda de B. Calderón, 1688. i 
tomo en fol. 

Constituciones de la Real y Pontificia Universidad. Segunda edi- 
ción. México, F. de Zúñiga y Ontiveros, 1775. i tomo en fol. 

En esta segunda edición se omitió la reseña histórica de la Universidad, es- 
crita por el Dr. Fr. Marcelino de Solis y Haro, que está al principio de la pri- 
mera. En su lugar se puso la continuación de la misma reseña, y una descrip- 
ción del edificio. Para mayor claridad y brevedad, cito la primera Edición con 
el nombre de Estatutos, y la segunda con el de Constituciones. 



332 BIBLIOGRAFÍA. 

Farfán (Fr. Agustín). — Tractado breve de Medicina y de to- 
das las enfermedades. México, P. Ocharte, 1592. i tomo en 4? 

La primera ed-.'on es de 1579. Reimpreso 1604 y 1610. Todas las edicio- 
nes son en 4? 

Fernandez-Guerra y Orbe (L.) — Don Juan Ruiz de Alarcon 
y Mendoza. Obra premiada en público certamen de la Real Aca- 
demia Española, y publicada á sus expensas. Madrid, Rivade- 
neyra, 1871. i tomo en 4? mr. 

Festo. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. , 

Florencia (P. Franc. de). — Historia de la Provincia de la Com- 
pañía de Jesús de Nueva España. Tomo primero (y único). Mé- 
xico, Guillena Carrascoso, 1694. I tomo en fol. 

Forcellini. — Totius Latinitatis Lexicón, consilio et cura Ja- 
cobi Facciolati, opera et studio ^gidij Forcellini, alumni Semi- 
narii Patavini lucubratum. Secundum tertiam Editionem cujus 
curam gessit Josephus Furlanetto, alumnus ejusdem Seminarii. 
Correctum et auctum labore variorum. Editio in Germania pri- 
ma. Schneebergas, Schumann, 1831-1839. 4 tomos en fol. 

Freund. — Grand Dictionnaire de la Langue Latine, sur un 
nouveau plan, par le Dr. Guill. Freund, traduit en franjáis par 
N. Theil. Paris, Didot, 1858-1865. 3 tomos en fol. 

Gage. — Nueva Relación que contiene los Viajes de Tomás 
Gageen la Nueva España. Paris, Rosa, 1838. 2 tomos en 89 

Gama (D. Antonio de León y). — Descripción Histórica y 
Cronológica de las dos Piedras que con ocasión del nuevo empe- 
drado que se está formando en la plaza principal de México, se 
hallaron en ella el año de 1790. Dala á luz Carlos M?- de Bus- 
tamante. Segunda edición. México, A. Valdés, 1832. i tomo en 4? 

Garcilaso de la Vega. — Primera Parte de los Commentarios 
Reales que tratan del origen de los Yncas, Reyes que fueron del 
Perú, &c. Lisboa, Crasbeeck, 1609, — Historia General del Perú. 
Trata del Descubrimiento del, y cómo le ganaron los Españoles. 
Las guerras civiles que hubo entre Pi^arros y Almagros sobre la 
partija de la tierra, &c. Córdoba, viuda de A. Barrera, 16 17. 2 
tomos en fol. i?- edición. 

Gayangos. — Véase Cortés. 

Gazetas de México, Compendio de Noticias de Nueva Espa- 
ña, desde principios del año de 1784. Por D. Manuel Antonio 
Valdés. 

Principian en 14 de Enero de 1784 y concluyen en 29 de Septiembre de l8ai. 
Se encuadernan comunmente en 40 tomos en 4? 

Gilij ( P. Filippo Salvadore). — Saggio di Storia Americana, o 
sia Storia Naturale, Civile, e Sacra de' Regni, e delle Provincie 
Spagnuole di Terra-ferma nelT America Meridionale. Roma, 
eredc Salvioni, 1780-1784. 4 tomos en 89 mr. 



BIBLIOGRAFÍA. 333 

Gomara (Fraiic. López de). — Crónica de la Nueva España, 
apud Barcia «Historiadores Primitivos,» tom II. — Id. Medina 
de] Campo, Millis, 1553. i tomo en fol., Ict. got. — Historia de 
las Conquistas de Hernando Cortés, escrita en español por Fran- 
cisco López de Gomara, traducida al mexicano y aprobada por 
verdadera por D. Juan Bautista de San Antón Muñón Chimal- 
pain Quauhtlehuanitzin, indio Mexicano. Publícala para instruc- 
ción de la juventud nacional, con varias notas y adiciones, Carlos 
M?- de Busiamante. México, testamentaría de Ontiveros, 1826. 
2 tomos en ^9 

González Dávila (Gil). — Teatro Eclasiástico de la Primitiva 
Iglesia de las Indias Occidentales. Vidas de sus Arzobispos, Obis- 
pos, y cosas memorables de sus Sedes. Madrid, Diego Diaz de la 
Carrera, 1649-1655. 2 tomos en fol. Mapa del obispado de Mi- 
choacan. 

^'González de Eslava. — Coloquios Espirituales y Sacramentales 
y Canciones Diuinas, compuestas por el Diuino poeta Fernán 
González de Eslaua Clérigo Presbítero. Recopiladas por el R. P. 
Fr. Fernando Vello de Bustamante, de la orden de S. Austin. 
México, Diego López Dávalos, 1610. i tomo en 4? 

Grijalva (Fr. Juan de). — Crónica de la orden de N. P. S. Au- 
gustin en las prouincias de la Nueua España. En quatro edades 
desde el año de 1533, hasta el de 1592. México, Juan Ruíz, 
1624. I tomo en fol. 

Hakluyt. — Collection of the Early Voyages, Travels and Dis- 
coveries of the English Nation. A new Edition, with Additions. 
London, Evans, 1809-1812. 5 tomos en 4? mr. 

[Harrisse]. — Bibliotheca Americana Vetustissima. A Descrip- 
tion of Works relating to America, published between the years 
1492 and 1 55 1. New York, Philes, 1866. — Additions. Paris, 
Tross (imprimé par W. Drugulin á Leipzig), 1872. 2 tomos 
en 49 

[Harrisse]. — D. Fernando Colon, Historiador de su padre. 
Ensayo Crítico. Por el Autor de la Bibliotheca Americana Ve- 
tustissima. Sevilla, Tarascó, 1871,. i tomo en 49 

— Fernand Colomb. Sa Vie, ses CEuvres. Essai Critique. Par 
PAuteur de la Bibliotheca Americana Vetustissima. Paris, Tross, 
1872. I tomo en 49 mr. 

La edición francesa es mucho más amplia que la española. 

Hernández. — Rerum Medicarum Novae Hispanis Thesaurus, 
seu Plantarum, Animalium, Mineralium Mexicanorum Historia, 

ex Francisci Hernández relationibus in ipsa Mexicana Urbe 

conscriptis, a Nardo Antonio Reccho collecta ac in ordinc 

digesta. Romae, Mascardi, 165 1. i tomo en fol. 

42^^ 



334 



BIBLIOGRAFÍA. 



Hernández. — Francisci Hernandi, Medici atque Historici Phi- 
lippi II, Hisp. et Indiar. Regis et totius Novi Orbis Archiatri, 
Opera, cum edita, tum inédita, ad Autographi fidem et integrita- 
tem expressa, impensa et jussu Regio. Matriti, ex typ. Ibarrse He- 
redum, 1790. 3 tomos en 4? mr. 

Herrera (Ant. de). — Historia General de los Hechos de los 
Castellanos en las Islas y Tierra y Firme del Mar Océano. Ma- 
drid, imp. real, 1601 ; Juan de la Cuesta, 161 5. 4 tomos en fol. 

Reimpresa por D.Andrés González Barcia (Madrid, Rodriguez Franco, 1730, 
4 tomos en fol.), con una excelente Tabla Alfabética; pero sin las notas, que 
copiándose unos á otros, han dado en atribuirle los bibliógrafos y redactores de 
catálogos, empezando por el "Manuel du Libraire." 

Horacio.' — CEuvres completes (latin-fran^ais). En la Colec- 
ción de Nisard. Paris, 1850. i tomo en 49 mr. 

— Quinti Horatii Flacci Opera cum novo Commentario ad 
modum Joannis Bond. Parisiis, Didot, 1855. i tomo en i89 

— Las Poesías de Horacio, traducidas en versos castellanos, con 
notas y observaciones críticas, por D. Javier de Burgos. Paris, 
Salva, 1 841. 4 tomos en I29 — Segunda edición, refundida y con- 
siderablemente aumentada. Madrid, Cuesta, 1844. 4 tomos en 49 

Humboldt y Bonpland. — Viaje á las Regiones Equinocciales 
del Nuevo Continente, hecho en 1799 hasta 1804. Paris, Rosa, 
1826. 5 tomos en 89 mr. 

Humboldt (Al.de). — Ensayo Político sobre Nueva España. 
Traducido al castellano por D. Vicente González Arnao. Paris, 
Lecointe, 1836. 5 tomos en 89 mr. 

Ixtlilxochitl. — Historia Chichimeca. En el tomo IX de las 
{( Antiquities of México» de Kingsborough. 

Juarros. — Compendio de la Historia de la ciudad de Guate- 
mala. Escrito por el Br. D. Domingo Juarros, Presbítero Secular de 
este Arzobispado. Guatemala, Beteta, 1808-18 18. 2 tomos en 49 

La obra está dividida en seis tratados: tres en cada tomo, cada uno con su 
portada. Traducida al inglés por J. Baily, Londres, 1823, 8? 

Juvenal. — En la Colección de Nisard. 

— Sátiras de Juvenal, traducidas en verso por el Illmo. Monse- 
ñor Lie. D. LuisFolgueras Sion. Madrid, D?- C. Piñuela, 1817. 
I tomo en 49 

Kingsborough (Lord). — Antiquities of México, comprising 
facsimiies of the Ancient Mexican Paintings and Hieroglyphics 
&c. London, 1 830-1 848. 9 tomos en fol. máx. 

Hay diferencias en las portadas de los ejemplares. 

La Rea. — Chronica de la Orden de N. Seraphico P. S. Fran- 
cisco, Prouincia de S. Pedro y S. Pablo de Mechoacan en la Nueva 
España. México, Viuda de B. Calderón, 1643. i tomo en 49 



BIBLIOGRAFÍA. 335 

Lexarza. — Análisis Estadístico de la Provincia de Michuacan 
en 1822. Por J. J. L. México, imprenta nacional, 1824. i to- 
mo en 49 

D. Juan José de Lejarza nació en Morclia el año de 1785, y murió (en Mé- 
xico?) el iV de Setiembre de 1824. Una breve biografía suya se encuentra al 
frente del Fasciculus II, de la obra que empezó á publicar en compañía del 
Dr. D. Pablo de la Llave, intitulada: "Novorum Vegetabilium Descriptiones. 
In lucem prodeunt opera Paulli de la Llave.et Joannis Lexarza. Reip. Mexic. 
Clv. Mexici: apud Martinum Riveram, Ann. Dom. 1825." En 4? prolongado. 
Solo tengo dos cuadernos, bien difíciles de hallar. 

Lezamis (Lie. D. José de). — Vida del Apóstol Santiago el Ma- 
yor, uno de los tres mas amados y familiares de Jesu-Christo, 
único y singular Patrón de España, con algunas antigüedades, y 
excelencias de España, especialmente de Vizcaya. México, Do- 
ña María de Benavides, 1699. i tomo en 49 

Muy raro y curioso. 

Libros de Cabildo. — Traducción paleográfíca del Primer Li- 
bro de Actas de Cabildo de la Ciudad de México, publicadas por 
acuerdo de fecha 27 de Diciembre de 1870. México, imp. y lit. 
del Colegio del Tecpan de Santiago, 1871. i tomo en fol. (219 
págs.) 

Segundo Libro. 1871. 207 págs. 

Tercer Libro. 1873. 136 págs. 

Cuarto Libro. 1874. En publicación. 

Aunque de impresión tan reciente (y muy mala) estos libros son muy difíci- 
les de hallar, por haberse publicado como/o//íí/n del "Boletín Municipal." 

*Lobera de Ávila. — Vergel de Sanidad, ó banquete de caballe- 
ros y orden de vivir. Alcalá, J. Brocar, 1542. I tomo en fol. 

Macrobio. — En la Colección de Autores Latinos, de Nisard. 

Maigne d'Arnis (W.-H.) — Lexicón Manuale ad Scriptores 

Mediae et Infimse Latinitatis ou Recueil de Mots de la Basse 

Latinité, dressé pour servir á l'intelligence des Auteurs, soit sa- 
cres, soit profanes, du Moyen Age. París, Migne, 1858. i tomo 
en 49 

Maneiri (Joannis Aloysii), De Vita Antonii Lopezii Portilli, 
Mexici prinium, deinde Valentías Canoníci. Bononiae, ex typo- 
graphia Laelii a Vulpe, 1791. — En 89, 56 pp. 

Marcial. — En la Colección de Autores Latinos, de Nisard. 
*Marquez ( P.) — Delle Case di Cittá degli Antichi Romani, 
secondo la dottrina di Vitruvio. Roma, Salomoni, 1795. i to- 
mo en 49 

— Apuntamientos por orden alfabético pertenecientes á la Ar- 
quitectura, donde se exponen varias doctrinas de M. Vitruvio Po- 
llón. Obra compilada por D. Pedro Joseph Márquez (de laComp. 



336 BIBLIOGRAFÍA. 

Jesús.) Se coordinó en Roma del 1784 al 1800. MS. original. 
3 tomos en fol. 

Martinez (Enrico). — Repertorio de los tiempos, y Historia 
Natural desta Nueva España. México, en la emprenta del mesmo 
autor, año de 1606. i tomo en 4? 

Martinez. — Historia de las Islas Philipinas, compuesta por el 
P. Lector Fr. Joaquín Martinez de Zúñiga, del Orden de San 

Agustín Impreso en Sampaloc, por Fr. Pedro Arguelles de 

la Concepción, religioso francisco, 1803. i tomo en 49 

Traducida al inglés por J. Mayer, Londres, 18 14, 2 tomos en 8? 

Mayans y Sisear (D. Gregorio). — Orígenes de la Lengua Es- 
pañola. Madrid, 1737. 2 tomos en 89 — Segunda edición, Ma- 
drid, 1873. ^ tomo en 49 

Medina (Fr. Baltasar de). — Chronica de la Santa Provincia 
de San Diego de México de Religiosos Descalzos de N. S. P. S. 
Francisco en la Nueva España; Vidas de ilustres y Venerables 
Varones que la han edificado con excelentes virtudes. México, 
Juan de Ribera, 1682. i tomo en fol.: frontis grabado y mapa. 

Memoria de la Corporación Municipal que funcionó en el año 
de 1851. México, V. G. Torres, 1852. i tomo en 49 

Mendieta (Fr. Gerónimo de Mendieta). — Carta (al Provin- 
cial Fr. Francisco de Bustamante, i9 de Enero de 1562.) En el 
tomo II de la «Colección de Documentos para la Historia de 
México» (1866). 

• — Historia Eclesiástica Indiana. La publica por, primera vez, 
Joaquín García Icazbalceta. México, Díaz de León y White, 
1870. I tomo en 49 

Mendoza. — Fragmento de la Visita hecha á D. Antonio de 
Mendoza. Interrogatorio por el cual han de ser examinados los 
testigos que presente por su parte D. Antonio de Mendoza. En 
el tomo II de la «Colección de Documentos para la Historia de 
de México» (1866). 

— Relación, Apuntamientos y Avisos que por mandado de S. 
M. di al Señor D. Luis de Velasco, visorey, y gobernador y ca- 
pitán general desta Nueva España. En el tomo XXVI de la 
« Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España. » 

Mendoza (Eufemio). — Apuntes para un Catálogo razonado 
de las Palabras Mexicanas introducidas al Castellano. México, 
imp. del Gobierno, 1872. i tomo en 49 mr. 

Molina. — Vocabulario en Lengua Castellana y Mexicana, com- 
puesto por el muy Reverendo Padre Fray Alonso de Molina, de 
la Orden del bienauenturado nuestro Padre Sant Francisco. — Vo- 
cabulario en Lengua Mexicana y Castellana, compuesto &c. Mé- 
xico, Antonio de Spinosa, 1571. 2 tomos en i, en fol. 



BIBLIOGRAFÍA. 337 

Monardes. — Primera y Segunda y Tercera Partes de la His- 
toria Medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Oc- 
cidentales que sirven en Medicina por el Doctor Monardes, 

Médico de Sevilla. Sevilla, Alonso Escribano, 1 574. i tomo en 49 

Moreno (Lie. D. Juan José). — Fragmentos de la Vida y Vir- 
tudes del V. Illmo. Rmo. Sr. Dr. D. Vasco de Quiroga, Primer 
Obispo de la Santa Iglesia Cathedral de Michoacan. México, 
imp. del Colegio de S. Ildefonso, 1766. i tomo en 4^ 

Morrell ( P. José). — Poesías Selectas de Varios Autores Lati- 
nos, traducidas en Verso Castellano, é ilustradas con Notas de la 
Erudición que encierran. Tarragona, José Soler, 1684. i tomo 
en 49 

Mota Padilla. — Historia de la Conquista de la Provincia de la 
Nueva Galicia, escrita por el Lie. D. Matías de la Mota Padilla 
en 1742. Publicada por la Sociedad Mexicana de Geografía y 
Estadística. México, imp. del Gobierno, 1870. i tomo en 49 mr. 

Motolinia (Fr. Toribio de). — Historia de los Indios de Nue- 
va España. En el tomo I de la «Colección de Documentos para 
la Historia de México.» (1858.) 

— Carta al Emperador Carlos V. Enero 2 de 1555. En el 
mismo tomo. 

— Manuscrito. 

Con este nombre designo el códice sin titulo de que di noticia en la introduc- 
ción á la "Historia Eclesiástica Indiana" de Fr. Gerónimo de Mendieta, pág. 
XXVIII, nota. 

Moya. — Arithmética práctica y Speculatiua del bachiller Juan 
Pérez de Moya. Agora nueuamente corregida &c. Alcalá, A. Án- 
gulo, 1569. I tomo en 89 

El privilegio es de 1562, en cuyo año se hizo la primera edición. 

Noticia Crítica de varios Libros Curiosos impresos por D. An- 
tonio de Sancha, Mercader de Libros é Impresor en esta Corte. 
Al fin del tomo I de las «Obras Poéticas de D. Vicente García 
de la Huerta.» Madrid, Sancha, 1778. En 89, 40 pp. 

Ocaña (Diego de). — Carta. En la « Colección de Documentos 
parala Historia de México,» tomo I. (1858.) 

Oliva. — Las Obras del Maestro Fernán Pérez de Oliva, na- 
tural de Córdoba. Madrid, Cano, 1787. 2 tomos en 89 

Orbigny (Ch. d'). — Dictionnaire Universel d'Histoire Na- 
turelle. París, 1 841-1849. 16 tomos en 49 

Ordenan9as del Consulado de la Vniversidad de los Mercade- 
res de esta Nueva España. México, Viuda de B. Calderón, 1652. 
I tomo en fol. 

Estas Ordenanzas fueron hechas en 2 de Octubre de 1597. 

Orozco y Berra (M.) — Noticia Histórica de la Conjuración 

43 



338 BIBLIOGRAFÍA. 

del Marques del Valle. Años de 1 565-1 568. México, R. Ra- 
fael, 1853. ^ tomo en 49 

— Memoria para la Carta Hidrográfica del Valle de México, 
formada por acuerdo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Es- 
tadística. México, A. Boix, 1864. i tomo en 4?, mapas. 

Hállase también en el tomo IX, i^ época, del "Boletín" de la Sociedad. 

— Memoria para el Plano de la Ciudad de México, formada 
de orden del Ministerio de Fomento. México, White, 1867. i 
tomo en 89 

— Apuntes para la Historia de la Geografía en México. En el 
periódico «La Enseñanza.» 

Ortiz y Zúñiga (D.) — Anales Eclesiásticos y Seculares de la 
Ciudad de Sevilla. Madrid, 1677. i tomo en fol. 

Ovidio. — En la Colección de Autores Latinos de M. Nisard. 

Oviedo. — Historia General y Natural de las Indias, Islas y 
Tierra-firme del Mar Océano, por el Capitán Gonzalo Fernan- 
dez de Oviedo y Valdés, primer cronista del Nuevo Mundo. 
Madrid, imp. de la Real Academia de la Historia, 185 1-1855. 
4 tomos en fol. 

Bella edición, única completa. 

— Lamisma. Sevilla, 1535, y Salamanca, 1547. i tomo en fol. 

Palacio (Lie.) — Descripción de la Provincia de Guatemala, 
enviada al Rey en 8 de Marzo de 1574. MS. original, en fol. 

Panes. — Cronología de los Vireyes que han gobernado esta 
Nueva España. Con noticias particulares de los sucesos acaecidos 
en sus tiempos. Desde el invicto Conquistador D. Fernando Cor- 
tés, hasta el que al presente Gobierna (1787). Obra dedicada al 
Rey N. S. Don Carlos IV. Compúsola D. Diego Panes y Abe- 
llan, teniente coronel de Infantería, y Capitán del Real Cuerpo 
de Artillería. MS. en fol. 

Parras (Fr. Pedro José). — Gobierno de los Regulares de la 
América. Madrid, Ibarra, 1783. 2 tomos en 49 

Persio. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 
*Pinelo. — Epítome de la Biblioteca Oriental i Occidental, Náu- 
tica y Geográfica. Por el Lie. Antonio de León, Relator del Su- 
premo i Real Consejo de las Indias. Madrid, J. González, 1629. 
I tomo en 49 

— Epítome de la Bibliotheca Oriental y Occidental, Náutica 
y Geográfica, de D. Antonio de León Pinelo añadido y en- 
mendado nuevamente. Madrid, Martínez Abad, 1737-1738. 3 
tomos en fol. 

Barcia hizo esta edición, y es el autor de las Adiciones. 

• — Tratado de Confirmaciones Reales de Encomiendas, Oficios, 



BIBLIOGRAFÍA. 339 

y casos en que se requieren para las Indias Occidentales. Madrid, 
J. González, 1630. i tomo en 49 

El autor no usaba su segundo apellido Pinelo^ con que hoy es universalmente 
conocido y citado. 

Plinio. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

— Historia Natural de Cayo Plinio Segundo. Traducida por 
el Lie. Gerónimo de Huerta, Médico y familiar del Santo Oficio 
de la Inquisición. Madrid, Sánchez, 1624-1629. 2 tomos en fol. 

Plutarco. — Las Vidas paralelas de Plutarco, traducidas del ori- 
ginal griego en lengua castellana por el Consejero de Estado D. An- 
tonio Ranz Romanillos. Madrid, imp. nacional (y real), 1821- 
1830. 5 tomos en 89 

Prescott (W. H.) — History ofthe Conquest of México, with 
a preliminary Vievv of the Ancient Mexican Civilization, and 
the Life ofthe Conqueror Hernando Cortes. New York, Harper, 
1847. 3 tomos en 49 

— La misma, traducida al Español por Joaquín Navarro. Mé- 
xico, Cumplido, 1 844-1 846. 3 tomos en 49 Al fin del 29 se 
hallan las «Notas y Esclarecimientos á la Historia de la Con- 
quista de México, del Sr. W. Prescott, por José F. Ramírez, 
Ciudadano Mexicano, w 

Puga. — C •prouiíióc0 cctmlaí? 5nftnicionc3 í)c fu üJagcrtiit) : orfecná- 
ca0 í5 oífúto0 f ¡auoiccia, ^a la buena cj:pe&ící5 De \oo ncQocios^ f aími- 
iiiftració í5 juftícía: f goueruació íJfta nucua ^fpaña: f ^a el bué trata- 
míéto f pfcruací5íJlo0yuoío0,í)cn&c el auo 1525 llalla eílcprefcnte&c. 63. 
EN MÉXICO EN CASA De Pedro Ocharte M.D.LXIII. 
I tomo en fol., Ict. got. 

Este libro es conocido generalmente con el nombre de "Cedulario de Puga," 
por haberle compilado el oidor D. Vasco de Puga, de orden del Virey D. Luis 
de Velasco. Es rarísimo, y aunque hace pocos años se pensó en reimprimirle, 
como lo merece, no se llevó á cabo el proyecto. 

Quíntiliano. — Instituciones Oratorias del célebre Español M. 

Fabio Quíntiliano. Traducidas al castellano y anotadas por 

el P*** de las Escuelas Pías. Madrid, imp. de la Administra- 
ción del Real Arbitrio de Beneficencia, 1799. ^ tomos en 49 

*Quiroga (Illmo. Sr. D. Vasco de). — Su Testamento. MS. 
en fol. 

Ramírez (J. F.) — Notas y Esclarecimientos á la Historia de 
la Conquista de México del Sr. W. Prescott. — Hállanse al fin 
del tomo II de la traducción española de dicha obra, hecha por 
Joaquín Navarro. México, Cumplido, 1844-1846. 3 tomos en 49 

Ramírez Aparicio (M.) — Los Conventos suprimidos en Mé- 
xico. Estudios biográficos, históricos y arqueológicos. México, 
J. M. Aguilar y C^^ 1861. i tomo en 49 

Recopilación de las Leyes de los Reynos de Indias, mandadas 



34° 



bibliografía. 



imprimir y publicar por la Majestad Católica del Rey D. Carlos 
II. Tercera Edición. Madrid, Andrés Ortega, 1774; Antonio 
Pérez de Soto, id. ; Andrés Ortega, id. ; Barí. Ulloa, id. 4 tomos 
en fol. 

Relación breve y verdadera de algunas cosas de las muchas que 
sucedieron al Padre Fray Alonso Ponce en las Provincias de la 

Nueva España, siendo Comisario General de aquellas partes 

Escrita por dos religiosos sus compañeros. Ahora por primera 
vez impresa. Madrid, Viuda de Calero, 1873. 2 tomos en 49 

Se refiere esta Relación al año 1584 y siguientes. Forma los tomos 57 y 58 
de la " Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España," y se pu- 
blicó también por separado. 

'''Relación de los Clérigos que hay en el Arzobispado de Mé- 
xico, por el Arzobispo D. Pedro Moya de Contreras, dirigida á 
S. M., y por su mandado hecha reservadamente, á 24 de Marzo 
de 1575. — MS. 

Relación descriptiva de la Fundación, Dedicación &c. de las 
Iglesias y Conventos de México. Con una reseña de las variacio- 
nes que han sufrido durante el gobierno de D. Benito Juárez. 
México, Villanueva, 1863. i tomo en 49 

Remesal (Fr. Antonio de). — Historia de la Provincia de S. Vi- 
cente de Chiapa y Guatemala, de la Orden de Nuestro Glorioso 
Padre Santo Domingo. Madrid, Ángulo, 1619. i tomo en fol. 

Residencia (Sumario de la) tomada á D. Fernando Cortés, 
Gobernador y Capitán General de la N. E., y á otros Goberna- 
dores y Oficiales de la misma. Paleografiado del original por el 
Lie. Ignacio López Rayón. Forma los tomos i y 2 del «Archivo 
Mexicano. Documentos para la Historia de México. » México, 
García Torres, 1 852-1 853. 2 tomos en 49 

Rich. — Dictionnaire des Antiquités Romaines et Grecques, 
accompagné de 2000 gravures d'aprés l'antique. Par Anthony 
Rich. Traduit de l'Anglais sous la direction de M. Chéruel. Pa- 
rís, Didot, 1859. I tomo en I29 

Robles. — Diario de Sucesos Notables, escrito por el Lie. D. 
Antonio de Robles, y comprende los años de 1665 á 1703. — 
Forma los tomos 2 y 3 de la i?- Serie de los «Documentos para 
la Historia de México.» 

Rojas. — Descripción de Cholula, hecha en 1581 por Gabriel 
de Rojas. MS. original. 10 fs. en fol. y mapa. 

Rollin. — GEuvres completes, nouvelle édition, accompagnée 
d'observations et d'éclaircissements historiques par M. Letronne. 
Paris, Didot, 1821-1825. 30 tomos en 89 y atlas. 

Sahagun. — Historia general de las cosas de Nueva España 

Dala á luz con Notas y Suplementos, C. M. Bustamante. Mé- 
xico, Valdés, 1 829-1 830. 3 tomos en 49 



nini-ioGRAFÍA. 341 

— Historia de la Conquista de México (Lib. X\l de la His- 
toria). Publícala por separado C. M. de Bustamante. Mé- 
xico, Galvan, 1829. I cuaderno en 4*? 

— La Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe de México. 
(Segunda redacción del Libro XII de la Historia del P. Sahagun). 
México, Cumplido, 1840. I cuaderno en 49 

La Histori.i del P. Sihagun se encuentra también en los tomos 5 y 7 de la 
grande obra de Kingsborough. 

Salazar. — Historia de la Conquista de México, población y 
progresos de la América Septentrional, conocida por el nombre 
de Nueva España. Segunda Parte. Escrivíala D. Ignacio de Sa- 
lazar y Olarte. Córdoba, Serrano, 1743. I tomo en fol. 

Intitúlase "Segunda Parte," por ser continuación de la Historia de Solís, cu- 
yo mismo titulo lleva. 

Sariñana ( Dr. Isidro). — Noticia breve de la Solemne, desea- 
da, última Dedicación del Templo Metropolitano de México.... 
edificado por la religiosa magnificencia de los Reyes Catholicos 
de España, nuestros Señores, celebrada en 22 de Diciembre de 
1667. México, Rodriguez Lupercio, 1668. I tomo en 4? 

*Sedano. — Noticiasde México, recogidas porD. Francisco Seda- 
no, vecino de esta ciudad, desde el año de 1756, coordinadas, escritas 
de nuevo, y puestas en orden alfabético en este año de 1 800. MS. 

Séneca. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Sepúlveda. — Joannis Genesii Sepulvedse Cordubensis, Opera 
cum edita, tum inédita, accurante Regia Historiae Academia. Ma- 
triti, ex typographia Regia de la Gazeta, 1 780. 4 tomos en 4? mr. 

Entre las Obras de este acérrimo impugnador de Fr. Bartolomé de las Casas 
se encuentran las siguientes relativas á América: 

"De Rebus Hispanorum gestis ad Novum Orbem Mexicumque libri VII. 
"Apología pro libro de justis belli causis suscepti contra Indos." 

Sexto Rufo. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Sigüenza y Góngora ( D. Carlos de). — Triumpho Parthenico 
que en glorias de María Santissima immaculadamente concebida, 
celebró la Pontificia, Imperial y Regia Academia Mexicana. Mé- 
xico, Juan de Ribera, 1683. I tomo en 4? 

— Parayso Occidental, plantado y cultivado por la liberal be- 
néfica mano de los muy Catholicos y poderosos Reyes de España, 
Nuestros Señores, en su magnífico Real Convento de Jesús María 
de México. México, Juan de Ribera, 1684. i tomo en 49 mr. 

— Piedad Heroica de D. Fernando Cortés, Marques del Valle. 

Libro tan raro, que Beristain solo le cita con referencia á Cabrera ( Escudo 
de Armas, n? 663). Yo tjmpoco le he hallado nunca. El Sr. Alaman no pudo 
haber á las manos más que un ejemplar muy incompleto, que perteneció á la 
librería de la Profesa, del cual se sacó la copia MS. de que me he servido. Trata 
de la fundación del Hospital de Jesús, su descripción &c. 



43 



342 



BIBLIOGRAFÍA. 



Solórzano y Pereira (D. Juan). — Política Indiana. Corregida 
é ilustrada con notas por D. Francisco Ramiro Valenzuela. Ma- 
drid, imp. real de la Gazeta, 1 776. 2 tomos en fol. mr. 

Squier ( E. G.) — Collection of rare and original Documents 
and Relations concerning the Discovery and Conquest of Amer- 
ica , chieflv from the Spanish Archives. New York, Ch. B. 
Norton, 1860. I tomo en 49 men., cuadrado. 

Suetonio. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Tapia. — Relación hecha por el Sr. Andrés de Tapia sobre la 
Conquista de México. En el tomo II de la «Colección de Do- 
cumentos para la Historia de México.» (1866). 

Terencio. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

— Las seys Comedias de Terencio, conforme a la edición de 
Faerno, impresas en latin y traduzidas en castellano, por Pedro 
Simón Abril, natural de Alcaráz. Barcelona, Cendrat, 1599. 
I tomo en 89 

Ternaux-Compans (H.) — Voyages, Relations et Mémoires 
Originaux pour servir á l'Histoire de la Découverte de l'Améri- 
que. Paris, Arthus Bertrand, 1837-184.I. 20 tomos en 89 

— Recueil de Documents et Mémoires Originaux sur l'His- 
toire des Possessions Espagnoles dans l'Amérique Méridionale, 
á diverses époques de la Conquéte. Paris, Gide, 1840. I tomo 
en 89 

Terreros (P. Esteban). — Diccionario Castellano con las voces 
de Ciencias y Artes, y sus correspondientes en las tres lenguas 
francesa, latina é italiana. Madrid, Viuda de Ibarra, 1786-1787; 
Cano, 1793. 4 tomos en fol. 

Tezozomoc. — Crónica Mexicana. MS. en fol. 

Hállase impresa en el tomo 9 de la Colección de Kingsborough, y M. Ter- 
naux-Compans la tradujo al francés, Paris, 1847-1849. a tomos en 8? 

Ticknor (G.) — History of Spanish Literature. Boston, 1849. 
3 tomos en 49 

— Historia de la Literatura Española, por Mr. G. Ticknor, 
traducida al castellano con Adiciones y notas críticas, por D. Pas- 
cual de Gayangos y D. Enrique de Vedia. Madrid, Rivadeneyra, 
1851-1856. 4 tomos en 49 

Tito Livio. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Torquemada. — Primera (segunda y tercera) parte de los veinte 
i un Libros Rituales y Monarquía Indiana, con el Origen y Guer- 
ras de los Indios Occidentales, desús PobIa9ones, Descubrimiento, 
Conquista, Conversión, y otras cosas maravillosas de la mesma 
tierra, distribuidos en tres tomos. Compuesta por Fr. Juan de 
Torquemada. Madrid, Rodríguez Franco, 1723. 3 tomos en 
folio. 

La primera edición es de Sevilla, 161 5, también en 3 tomos en fol. 



BIBLIOGRAFÍA. 



343 



Valades. — Rhctorica Christiana ad concionandi ct orandi usum 
accomniodata, utriusque faculcatis exemplis siio loco insertis; quac 
quidem ex Indorum máxime deprompta suiít Historiis, unde prze- 
ter doctrinam, summa quoque delectatio comparabitur. Auctore 
Rdo. admodum P. F. Didaco Valades, tocius ordinis .Fratrum 
Minorum Regularis Observ.:ntiae olim Procuratore Generali in 
Romana Curia. Perusiac, apud Pretumiacobum Petrutium, 1579. 
I tomo en ^.9, láms. 

Varron. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Veiiegas. — c agonía ticl tráfitocc la muerte có loo auifoo y confiic- 
IO0 que cerca oclla fon prouccl?ofo0 : fcríptJ por el zDacílro aicpio Uc- 
ncigao. Toledo, Juan de Ayala, 1547. l tomo en 4.9, ict. got. 

Dije en la nota de la pág. IX que la edición de 1547 era, á mi juicio, la pri- 
mera de este libro. Después he visto en el Boletín de la Librería de Murillo 
(Madrid, Noviembre de 1874) el anuncio de otra edición anterior, hecha en 
Zaragoza, por G. Cocí, 1 544, en 4? 

*Veracruz. — Dialéctica Resolutio cum textu Aristctelis edita 
per Reverendum Patrem Alphonsum a vera cruce. México, Juan 
Pablos, 1554. I tomo en folio. 

— Speculum Coniugiorum aeditum per R. P. Illephonsum a 
Vera-cruce. México, Juan Pablos, 1556. l tomo en 49 

Victoria. — Reverendi Patris F, Francisci de Victoria, ordinis 
Prasdicatorü, sacríe Theologi^ in Salmanticensi Academia quon- 
dam primarii Professoris, Relectiones Theologicae XjI. in dúos 
tomos diuisce: quarum seriem uersa pagella indicabit. Lugduni, 
apud Jacobum Boyerium, 1557. 2 tomos en i 29 

Las relecciones " De Indis prior " y " De Indis posterior " están en el tomo I. 
Reimpresas en Salamanca, 1565, 8Vj Ingoldstadt, iS^^i 8?; León, 1587; Am- 
beres, 1604, 12?, y Venecia, 1626. 

Villaseñor ( D. J. A.) — Theatro Americano. Descripción ge- 
neral de los Reynos, y Provincias de la Nueva-España, y sus 
Jurisdicciones. México, Viuda de Hogal, 1746-1748. 2 tomos 
en folio. 

Virgilio. — En la Colección de Autores Latinos de Nisard. 

Vitruvio. — Los diez Libros de Archítectura de M. Vitruvio 
Folión. Traducidos del Latin y comentados por D. Joseph Ortiz 
y Saenz, Presbítero. Madrid, imp. real, 1787. i tomo en fol. 
mr., láms. 

Magnifica edición. 

Vives. — Diálogos de Juan Luis Vives, traducidos en lengua 
castellana, por el Doctor Cristóbal Coret y Peris. Décima edi- 
ción. Madrid, 1817. I tomo en 89 

Ximenez (Fr. Francisco). — Quatro Libros de la Naturaleza y 
virtudes de las Plantas y Animales que están receuidos en el uso 



344 



BIBLIOGRAFÍA. 



de la Medicina en la Nueua España, y la Methodo, y corrección 
y preparación, que para administrailas se requiere, con lo que el 
Doctor Francisco Hernández escriuió en lengua latina. México, 
Viuda de Diego López Dávalos, 1615. I tomo en 4? 

Yciar. — Arte subtilissima, por la qual se enseña á escreuir per- 
fectamente. Hecho y experimentado por Juan de Yciar Vizcay- 
ro. Arte breve y provechoso de cueta Castellana y arithmetica 
donde se muestra las cinco reglas de guarismo por la cueta caste- 
llana, y reglas de memoria. Zaragoza, Miguel de papila, 1555. 
I tomo en 4? 

Libro rarísimo y curinso, lleno de muestras de letras y alfabetos historiados, 
uno de los cuales representa la Danza de la Muerte. La primera edición es de 1 550. 



O. S. C. S. M. E. C. A. R. 




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